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	<title>Carlos Mira &#187; Estatismo</title>
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		<title>Mucho más allá del veto</title>
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		<pubDate>Sat, 21 May 2016 09:51:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Estatismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El Presidente habló hoy en Cresta Roja para explicar su postura respecto de lo que allí llamó “ley antitrabajo”, anticipando la firma de su veto. Hay varios puntos de su discurso que fueron más allá del mero marco de la ley votada en el Congreso.</p>
<p>El Presidente dijo que los gobiernos que ha tenido la Argentina hasta ahora, -incluido y en primer lugar el que acaba de irse-, que creían que los argentinos no podemos vivir en libertad. Que para que tengamos una vida vivible, necesitamos que el Estado poco menos nos venga a lavar los dientes.<span id="more-1369"></span></p>
<p>En efecto, parece mentira pero hasta hace unos días en los medios audiovisuales, todavía teníamos una frase que decía “comienzo de espacio publicitario”, como si los argentinos necesitáramos que venga el Estado para indicarnos cuando empiezan los comerciales en la radio y en la televisión.</p>
<p>Es la primera vez que el presidente se refiere plena y desembozadamente a la libertad. La libertad no ha sido un valor en la Argentina; ha sido menospreciada, considerada subalterna a todo otro valor que ande dando vueltas por ahí.</p>
<p>El Presidente fue claro en ese sentido: su postura es otra; <strong>su postura se basa en la confianza en el individuo argentino</strong>; se basa en que, si el Estado cumple la única función para la que fue creado que es la de organizar normas claras, generales y simples que se apliquen igualitariamente, el argentino, los argentinos, podremos decidir nuestra vida, darles un cauce a nuestros sueños, de acuerdo a nuestras propias valoraciones. Se trataría –si lo logra- de una verdadera revolución, comparable tan solo al comienzo de la vigencia de la Constitución de 1853.</p>
<p>En otro párrafo se refirió a la generación de condiciones para la creación del primer empleo, que es fundamental para mantener la rueda económica funcionando, sacar a los chicos de la calle y darle un horizonte a quienes hoy divagan en las aguas del ni/ni; ni trabajan, ni estudian.</p>
<p>Luego pasó a un capítulo que siempre forma parte del discurso político argentino, muchas veces, lisa y llanamente demagógico, que tiene que ver con las PyMEs. En efecto, en la Argentina lo común es referirse a esa franja de empresas casi con una sensiblería tanguera. E<strong>n todo discurso en donde un político no tuviera más remedio que mencionar a los empresarios, siempre ha hecho, en la Argentina, la salvedad de que se refería a los “pequeños y medianos”, como si ser grande fuera un pecado en el país.</strong></p>
<p>Y adivinen cómo será un país que alaba sensibleramente a lo pequeño y mediano: pues adivinaron, pequeño y mediano.</p>
<p><strong>Hoy Mauricio Macri salió de ese molde</strong>. Dijo que su gobierno avanza en un proyecto para destrabar el trabajo de las PyMEs, para que dejen de estar ahogadas y aspiren – y puedan- ser grandes un día.</p>
<p>Porque ese crecimiento “correrá la sábana” virtuosamente hacia arriba: la mediana será grande; la pequeña será mediana y donde no había nada nacerá una pequeña.</p>
<p>Allí el Presidente dijo algo sintomático. Se preguntó: “¿Qué queremos todos?” Y se respondió: “Que las empresas crezcan, que se transformen en medianas empresas y después en grandes empresas” (con énfasis de tono en la palabra “grandes”). Y aquí, yo me pregunto, con esa base de nihilismo que habita en todo periodista:<strong> ¿todos queremos eso?</strong>, ¿todos queremos que las empresas crezcan? ¿O algunos no lo quieren tanto, porque eso sería ver a algunos teniendo más plata que otros? Sólo lo planteo. Sólo quiero pensar.</p>
<p>El presidente habló de un puente entre lo que somos y lo que podemos ser. Quizás como nunca antes enumeró dos o tres medidas de las que se tomaron para hacerle ese tránsito menos doloroso a los que menos tienen. Hasta ahora el Gobierno había apostado al “la gente sola lo va a reconocer”. <strong>Finalmente parece que han entendido esa lección sobre lo enamorada de las palabras que está la sociedad argentina. De las palabras y de los líderes que se las cuentan. </strong></p>
<p>Está claro que Macri no pertenece a esa clase de políticos. Pero el puente también es para él. No podrá atravesarlo si hace como si ya estuvieran vigentes las nuevas costumbres que él ve brillar en la otra orilla. Aun no brillan para todos, Señor Presidente. Hay muchos que aún viven por y con las costumbres viejas. Y a ellos hay que dirigirse por y con los patrones que entienden, para llevarlos al cambio, pero con las partituras que saben leer.</p>
<p>El Presidente habló de la confianza en nosotros mismos. De un mundo que compite con nosotros pero que también nos da una oportunidad. Les dio la bienvenida a los que quieran llegar.</p>
<p>De nuevo planteo un interrogante socrático: ¿todos estamos dichosos con que vengan?, ¿o el miedo y la necesidad de pedir protección siguen siendo los costados peraltados de nuestra personalidad?</p>
<p><strong>Sobre ese miedo operó el estatismo, para copar los sillones del Estado y desde allí robarnos nuestras fortunas mientras decían que nos ayudaban,</strong> como pobres Cristos que nos consideraban.</p>
<p>El Presidente expuso su convicción de que no somos pobres Cristos. Que podemos.</p>
<p>Ese es el cambio cultural más profundo que debe operarse en la Argentina. Desde las inefables descripciones de Ortega y Gasset -que nos definía como viviendo a la defensiva, porque en el fondo conocíamos la discrepancia que había entre lo que nos creíamos y lo que éramos- hasta ahora <strong>hemos vivido en una burbuja irreal que sólo nos llevó a la decadencia. </strong></p>
<p><strong>De toda esa fantasía, por supuesto, la construida en estos últimos doce años ha sido la más dañina y la más perniciosa.</strong></p>
<p>El veto a la ley anti trabajo es y debe ser sólo una anécdota. <strong>El verdadero norte revolucionario debe estar puesto en salir de la cultura paternal y asistencialista</strong> para pasar a la cultura que cree que los sueños son realizables y que nadie debe vivir una vida que no quiera. Esa vida se hace con libertad y con derechos civiles. No con reglamentos ni con leyes que pretendan convencernos de que las cosas son reales porque están escritas en un pedazo de papel.</p>
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		<title>El inverosímil cambio de Daniel Scioli</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2015 09:30:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Estatismo]]></category>
		<category><![CDATA[Frente para la Victoria]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[No caben dudas de que Daniel Scioli ha operado un cambio sustancial dentro de su propia persona. Hasta su rictus aparece forzado, como emitiendo espasmos de sonrisas programadas que, en más de una ocasión, saltan al protagonismo en un momento inadecuado, como ligeramente desfasadas, para luego dar lugar al regreso de otras muecas de nerviosismo igualmente... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2015/11/13/el-inverosimil-cambio-de-daniel-scioli/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>No caben dudas de que Daniel Scioli ha operado un cambio sustancial dentro de su propia persona. Hasta su rictus aparece forzado, como emitiendo espasmos de sonrisas programadas que, en más de una ocasión, saltan al protagonismo en un momento inadecuado, como ligeramente desfasadas, para luego dar lugar al regreso de otras muecas de nerviosismo igualmente impostadas.</p>
<p>Debe ser que ni él cree lo que ha comenzado a decir. Dicen que cuando uno dice cosas en las que no cree, la química del organismo emite sustancias que transforman las expresiones de la cara. Pues algo parecido le debe estar sucediendo al gobernador, porque las imágenes que entrega su presencia son completamente inéditas. Son tan inéditas como el contenido de sus declaraciones, aun cuando esos mismos dichos sirvan para aclarar un poco más los tiempos que vienen.</p>
<p>Scioli se crió en una familia de comerciantes. Su padre, José, que empezó bien de abajo, se transformó en un gran empresario del retail, con muchas sucursales de su famosa casa de artículos para el hogar. Fue, junto con Héctor Pérez Pícaro, lo que hoy son Garbarino y Frávega.</p>
<p>Esa crianza le enseñó cuántos pares son tres botas. En otras palabras, quién es el que crea la riqueza de un país, de quién depende la creatividad y, fundamentalmente, quién es el principal generador de trabajo en una sociedad.<span id="more-1124"></span></p>
<p><b>Daniel supo desde su primera juventud que ese rol dinámico de la economía, ese papel espontáneo, disruptivo, sorprendente lo desempeña el sector privado</b>. También aprendió que el Estado, cuando se va en vicio y se pasa de su rol constitucional para convertirse en estatismo, es un lastre para la producción, para la inventiva y para la generación de riqueza.</p>
<p>Sus múltiples regulaciones son incompatibles con la velocidad de los cambios, con la innovación y con la rebelde anarquía que alimenta a los emprendedores y, de ese modo, se convierte en una carga no sólo para el que trabaja, sino para la sociedad entera.</p>
<p>Ese Scioli está viviendo una profunda puja interna con el nuevo Scioli, al que obligan a salir a matar a Juan José Aranguren, otro empresario como su padre que, ahora retirado de la Presidencia de Shell, fue llamado por Mauricio Macri para colaborar con Cambiemos.</p>
<p>Desde ese discurso, quiere convencer a la gente de que el importante en la ecuación sociedad-Estado es el Estado y no la sociedad, algo que ni él cree, porque el Scioli de crianza aprendió, de la mano de José, que sencillamente eso es mentira.</p>
<p>El que genera todos los bienes y los servicios de un país es el sector privado: las empresas, las personas, los individuos. El motor de la riqueza de cualquier nación son los empresarios que invierten, los individuos que innovan, las personas que crean.</p>
<p>El Estado es un elefante burocrático, pesado, regulado por miles de disposiciones sencillamente ridículas desde el punto de vista productivo. El Estado para lo único que sirve, para lo único que “sale en la foto”, es para cobrar impuestos y para extraer riqueza que produjeron otros y llevarla a las arcas del Tesoro público.</p>
<p>Esa actividad debe existir, por cierto, en toda sociedad. Se trata del aporte de los ciudadanos al financiamiento de los gastos comunes de defensa, seguridad, educación, salud, cuidado y protección de los retirados y de los que no pueden valerse por sí mismos.</p>
<p>Pero cuando esas finalidades se sobrepasan absolutamente y el Estado —obviamente a través de las personas de carne y hueso que ocupan sus sillones— desplaza del centro de la escena al sector privado y pretende alzarse con el protagonismo exclusivo de la vida de un país, esa sociedad se ahoga y se marchita, como si un tumor impidiera la normal circulación de la sangre.</p>
<p>La exacción de recursos a las empresas y a los individuos para financiar las veleidades de protagonismo estatal secarán los bolsillos de los creativos, de los inventores, de los innovadores y la generación de trabajo y riqueza que ellos producen se irá a pique para desgracia de todos, aun de aquellos que no son creativos, ni innovadores, ni inventores, porque ellos también vivían y se beneficiaban de los recursos producidos por aquellos.</p>
<p><b>Contra ese esquema de funcionamiento social que Scioli mamó en su casa, está hoy en guerra el gobernador de Buenos Aires y candidato a presidente por el Frente para la Victoria</b>. El primero que sabe que las cosas no son como él intenta explicar es él mismo. De allí sus muecas, sus sonrisas desfasadas y su rictus áspero.</p>
<p>Scioli ha elegido como herramienta de su cruzada una campaña de ataque a Mauricio Macri y pretende así ser una especie de exégeta de Cambiemos. Sostiene públicamente frases como estas: “Como dice Macri”, “Como quiere Macri”, “Como pretende Cambiemos”. La mayoría de esas afirmaciones no son ciertas y el resto son interpretaciones amañadas que el nuevo Scioli le quiere vender, antes que a nadie, al viejo Scioli. Pero el viejo Scioli no lo cree y esa encrucijada de contradicción le estalla en la cara.</p>
<p>Si el nuevo Scioli quiere decir que lo que está en juego son dos concepciones del mundo (ya no del país) en donde una supone que el protagonismo productivo y enriquecedor de una sociedad lo desempeña el sector privado y otra sostiene que ese rol está reservado al Estado, el gobernador está efectivamente en lo cierto.</p>
<p>El kirchnerismo en todo este tiempo llevó las cosas al extremo para probar su utopía de que las energías individuales de un país pueden ser disecadas y pasadas a musculatura estatal. Fracasó. El país se empobreció, se llenó de una grisura insulsa, se murió, en un sentido metafórico.</p>
<p>El viejo Scioli sabe que lo que ocurrió es normal, es lo que debía pasar, de acuerdo con lo que José le enseñó: un país va adelante si trabaja, si invierte, si produce, si innova, si inventa, si crea.</p>
<p>El Estado no tiene un cerebro para inventar nada. Todo su funcionamiento depende de organigramas de plomo. Carece de la agilidad para responder a los desafíos en tiempo y forma.</p>
<p>Es por lo tanto normal que una sociedad estatizada se anquilose y poco a poco languidezca. Es preciso revitalizar a la sociedad argentina y eso sólo se logra con las recetas de José, el papá de Scioli, no con las de Cristina Kirchner y Axel Kicillof.</p>
<p>Está claro que el gobernador se ha puesto solo en una disyuntiva de la que no puede salir. Muchas cosas ya son tarde para él. Eligió defender un discurso que no pasaría por el umbral de su propia casa y ha pagado el precio de una cara que ni siquiera le permite vendérselo a aquellos a quienes busca convencer.</p>
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		<title>El secuestro del 25 de Mayo</title>
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		<pubDate>Sun, 25 May 2014 10:30:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En el día de hoy se celebra el 204 aniversario de la Revolución de Mayo, el día en que los habitantes de Buenos Aires se rebelaron contra el autoritarismo, contra la prepotencia real, contra la falta de libertad para comerciar, contra la censura, contra el puerto único, contra el miedo y el terror, contra el centralismo y la concentración del poder, contra una manera de concebir la política basada en el avasallamiento y la fuerza.</p>
<p><strong>Y hoy también el gobierno se prepara para secuestrar lo que debería ser el festejo de todas esas nociones y cambiar la celebración de la idea de la libertad por una celebración partidaria que recuerde el 11 aniversario de la asunción de Néstor Kirchner</strong>, es decir la inauguración de un periodo nunca antes visto de concentración de poder, de unitarismo, de prepotencia, de gobierno por el miedo, de censura, de intimidación y coerción, de atropello, de restricción de los derechos civiles de la Constitución, de división y enfrentamiento.</p>
<p>Alguna vez la presidente tuvo la desafortunada idea de comparar el secuestro y la desaparición de personas con el secuestro de los goles, en las emisiones de fútbol por televisión. Fue una más de las cizañas que han sido sembradas en todos estos años.</p>
<p>Pero aquí estamos ante el secuestro partidario de una idea como posesiva de una sola parte de los argentinos; de aquellos que están con el gobierno. Y con la insalvable paradoja de encumbrar los contravalores de Mayo: el aislamiento, la restricción a las libertades fundamentales de los individuos, el reinado de las prohibiciones y de los permisos, el fiscalismo, el exprimir hasta dejar exhausto el bolsillo privado para alimentar un barril sin fondo encarnado por una Casa Real corrupta en aquellos días y por el Estado insaciable y también corrupto de hoy.</p>
<p><strong>La Revolución de Mayo fue un hito de modernismo que pretendía acabar con la aldea y con la miseria, que apuntaba a las ideas de libertad que comenzaban a dividir al mundo entre la afluencia y la escasez.</strong> A eso apostaron aquellos hombres que, sin embargo, no tuvieron el coraje completo de emancipar definitivamente a la Nación de aquel sojuzgamiento y que la obligaron a mantenerse durante seis años en un limbo jurídico que, como un karma, nos persigue aun hasta nuestros días.</p>
<p>Porque incluso hoy, 204 años después, la Argentina no logra independizarse de la antigüedad, del paternalismo estatal, sigue con sus mejores energías atadas a regulaciones inútiles y a una casta enquistada en el Estado que ha venido a reemplazar el paquidermo Real del siglo XIX.</p>
<p>El 25 de mayo de 2003 es un hito en ese camino de retorno a la Colonia, al encierro, a los reglamentos, a la carga impositiva que exprime los bolsillos de los individuos, a la miseria -que de miseria aldeana pasó a convertirse en la miseria de las villas. Ese día comenzó una enorme involución hacia un régimen del que el país nunca pudo liberarse por completo.</p>
<p>Con el agravante de que en el día de hoy, el gobierno de la Sra. de Kirchner pretende reinvindicar esa contrarrevolución histórica desconociendo las verdaderas razones del pronunciamiento de hombres como Moreno, Paso, Saavedra, Castelli…</p>
<p><strong>La palabra “revolución” ejerce un hipnotismo mágico sobre las cabezas del kirchenrismo.</strong> Creen que bajo la rebelión contra el orden establecido que regía en 1810 afloraba un justificativo a sus visiones de hoy. Parecen convencidos de que aquellos hombres querían reemplazar la dictadura de Madrid por la dictadura de Buenos Aires y consolidar un mero cambio de dueño en las vidas cotidianas de los hombres de la Argentina naciente. No. La Revolución de Mayo persiguió un corte con todo aquello; quería libertad donde había control, derechos donde había sumisión, respeto donde había terror, descentralización donde había concentración, riqueza donde había pobreza, abundancia donde había escasez, permisos donde había restricciones, apertura donde había aislamiento.</p>
<p>Probablemente no haya en toda la historía argentina dos fenómenos sociales más contrapuestos que el kirchnerismo y el Mayo de 1810. Su visión del mundo no podía ser más contradictoria, su concepción de la vida más enfrentada. Los unos pretendían romper las cadenas que mantenían sumergidas las mejores energías del país y los otros, al contrario, pretenden concentrar en un solo puño todo el poder y la facultad de decir qué se puede hacer y qué no.</p>
<p>Que en ese escenario la presidente pretenda apropiarse del festejo es una afrenta que se suma a las otras muchas que el país debió soportar a los largo de esos once años.</p>
<p>Hace poco, el ministro estrella de la presidente, Axel Kicillof, acusó en medio de una increíble conferencia de prensa (increíble porque en la Argentina no hay conferencias de prensa; esa vez no tuvieron más remedio porque el evento incluía a la presidente chilena) a una periodista de “antiargentina”. <strong>En efecto el kirchenrismo ha secuestrado la “argentinidad”. Se cree el resorvorio exclusivo de lo que es argentino y el juez supremo para decidir quién es argentino y quien “antiargentino”.</strong></p>
<p>Si la “argentinidad” debiera definirse por los valores de Mayo, quizás Kicillof debería revisar sus ideas, porque a todas luces es él y el gobierno que integra el que más contradicciones tiene con las ideas que hace 204 años quisieron empezar a darle forma a un país muy diferente y que por obra de la mentalidad colonial que el gobierno actual representa como nadie, nunca terminó ni de formarse, ni de despegar, ni de independizarse de la concepción que lo ha mantenido bajo las formas del fracaso.</p>
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