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	<title>Carlos Mira &#187; Hermes Binner</title>
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		<title>El comunismo como enfermedad del alma</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Oct 2013 19:21:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde que Thomas Jefferson escribió “nosotros el pueblo de los EEUU [...] sostenemos estas verdades como autoevidentes: que todo los hombres han sido creados iguales y que tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de su felicidad” han pasado 237 años. El mundo ha conocido desde allí muchas ideas e... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/10/31/el-comunismo-como-enfermedad-del-alma/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que <strong>Thomas Jefferson</strong> escribió “nosotros el pueblo de los <strong>EEUU</strong> [...] sostenemos estas verdades como autoevidentes: que todo los hombres han sido creados iguales y que tienen derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de su felicidad” han pasado 237 años.</p>
<p>El mundo ha conocido desde allí muchas ideas e incluso muchos experimentos extravagantes que costaron tragedias y millones de vidas. Pero<strong> nadie, hasta ahora, había estatizado la felicidad</strong>.</p>
<p>Sin embargo desde la semana pasada ese hito ha sido alcanzado: el hombre que habla con los pájaros, el impresentable presidente <strong>Nicolás Maduro,</strong> ha creado en Caracas el <strong>Viceministerio de la Felicidad Suprema.</strong></p>
<p><span id="more-293"></span>Después de las primeras horas en las que todo el mundo pensó estar frente a un chiste disparatado, el profesor Jirafales confirmó la nueva dependencia del gobierno que se supone debe cristalizar el objetivo de la felicidad colectiva.</p>
<p>Cada uno los venezolanos ya no tendrá -ahora oficialmente- la capacidad individual de decidir con qué es feliz. Ahora será el Estado el que lo decrete.</p>
<p>Por supuesto que el régimen comuno-populista que instauró el dictador fallecido <strong>Hugo Chávez</strong> ya le había arrebatado de hecho, hace muchos años, esas veleidades a sus propios ciudadanos a quienes sencillamente les prohibió el ejercicio físico de la vida.</p>
<p><strong>Pero ahora la altanería comunista ha llevado esa aspiración sobrehumana a los propios escritorios de la administración con la segura intención de que la felicidad pueda ser impuesta por decreto, contra viento y marea.</strong></p>
<p>El ministerio es la encarnación de los deseos del pueblo, debe pensar -con perdón de la palabra- Maduro. El Estado, personificado en él mismo, impone a todos lo que él entiende por felicidad. Se trata de una vuelta de campana completa respecto de los primeros párrafos de la <strong>Declaración de la Independencia de los Estados Unidos</strong>: de una cosmovisión en la que cada uno diseñe el plan de vida que lo haga feliz a otra en donde esos planes son decididos por una nomenklatura burocrática que, desde un escritorio, impone la felicidad a todo el mundo.</p>
<p>¿<strong>Es posible que haya seres humanos que crean que esta concepción pueda ser viable</strong>; que este sistema pueda tener algún viso de lógica y aplicabilidad?</p>
<p>Olvidémonos de los vivos que forman parte de la nomenklatura porque ellos deben ser los primeros que deben reírse en la trastienda viendo cómo hay tantos idiotas que creen sus mentiras, las mismas que les permiten vivir como reyes mientras el pueblo verdadero se debate entre mil privaciones.</p>
<p>Centremos nuestra atención en la gente común; no en los usufructuarios del choreo y de la explotación de millones de zombies. Fijemos nuestro análisis en el pueblo, en los ciudadanos. ¿<strong>Cómo puede ser que siquiera una persona apoye estas notorias estupideces</strong>?</p>
<p>Solo presten atención a la magnitud de la brecha que separa estas maneras de ver la vida y de vivir: Jefferson consideraba que el hecho de que el ser humano tuviera el derecho a “buscar su propia felicidad” es una “verdad autoevidente”, es decir, algo que no necesitaba ser demostrado, una manifestación normal de la naturaleza; <strong>el comunismo en cambio cree que la felicidad es un valor colectivo que el Estado debe definir e imponer por la fuerza</strong>.</p>
<p>¿Cómo puede ser posible que alguien normal caiga en la trampa de este pensamiento? Respuesta: no es posible; no es posible que gente <em>normal</em> caiga en este pensamiento… La que cae no es gente <em>normal</em>, es gente carcomida por la envidia, condición esencial, definitiva y definitoria del comunismo.</p>
<p><strong>Sin envidia el comunismo no puede subsistir.</strong> Precisa de ella para que una mayoría decisiva esté dispuesta a sacrificar su libertad (que Jefferson también consideraba como una verdad incontrastable de la naturaleza) con tal de que el Estado aplique la violencia de su fuerza monopólica para evitar que otros la tengan también.</p>
<p>Este razonamiento se basa en la idea de que el ejercicio de la libertad para buscar la felicidad propia genera desigualdad. Y como esa desigualdad no es tolerada (por la presencia de la envidia) hay que investir a alguien con la fuerza bruta del Estado para que suprima el ejercicio de esa libertad e imponga un modelo único de hombre, sin diferencias y sin cabezas que asomen unas por encima de las otras.</p>
<p>En ese contexto la colectivización de la felicidad y su encarnación en un “viceministro” del Estado es perfectamente compatible con un modelo que no acepta la diferenciación humana, porque toda diferenciación humana es, por definición, envidiosa y condenable.</p>
<p><strong>Ahora el viceministro definirá la felicidad y la impondrá igualitariamente a todos</strong>. Los envidiosos conformes: ya nadie será dueño de elegir cómo ser feliz y tener el incalificable atrevimiento de conseguirlo, mientras otros no lo logren. Ahora mi felicidad será igual a la tuya; será la que el Estado nos entregue a todos: me importa un rábano que no te conforme o que creas que pudiendo elegir libremente serías más feliz, porque probablemente esa felicidad que alcances por las tuyas me ponga verde de envidia. El hecho de que yo disponga de la misma libertad para buscar mi propia felicidad es un argumento que no me conforma porque, en el uso de esa libertad, no soy tan bueno como tú y lo que consigo con su ejercicio es bastante menos de lo que tu consigues. En consecuencia prefiero ser esclavo con tal de que tú también lo seas y de ese modo tampoco tú puedas realizarte y ser feliz a tu modo.</p>
<p>Es muy triste llegar a la conclusión de que pueblos enteros puedan caer presos de estas bajezas. Pero son solo estas bajezas las que explican un sistema siniestro que ha secuestrado la mentalidad de millones y asesinado la vida de otros tantos.</p>
<p><strong>El comunismo no es una ideología política; es una enfermedad del alma:</strong> sólo aquellos que hayan sido contaminados por ese virus malsano pueden servir de apoyo a este engendro que ha superado con creces las otras pestes que ha conocido el mundo. Sólo aquellos dispuestos a entregarle a un burócrata nada menos que la definición de su felicidad pueden ser la carne de cañón para que esta calamidad siga produciendo las mismas penurias que el mundo empezó a conocer de ella hace casi 100 años.</p>
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		<title>De la política a la medicina</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Aug 2013 14:02:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Hermes Binner]]></category>
		<category><![CDATA[Nelson Castro]]></category>
		<category><![CDATA[síndrome de Hubris]]></category>
		<category><![CDATA[Winston Churchill]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>De repente una serie de preocupaciones médicas han surgido alrededor de la presidente. No se trata de inquietudes derivadas de complicaciones físicas. Todas esas turbulencias apuntan al estado emocional de la señora de Kirchner. El ex gobernador y candidato santafecino <strong>Hermes Binner</strong>, que es médico, dijo que necesitamos “una presidente equilibrada” y que si este es el tono con que nos vamos a manejar los dos años que faltan hasta 2015, “es para preocuparse”.</p>
<p>Mi colega <strong>Nelson Castro</strong>, también médico y neurólogo, confirmó que los médicos presidenciales “están preocupados” por la actual situación de la presidente. Desde la pantalla le diagnosticó el “<strong>síndrome de Hubris</strong>” por el cual las <strong>personas enfermas de poder tienen una visión desvirtuada de la realidad y tienden a creer que son el centro del Universo</strong>, con toda la razón y ningún defecto o equivocación. Nelson dijo que los médicos no necesitan una consulta para advertir esos rasgos; que con sólo ver a las personas que padecen el mal se dan cuenta de que han caído en él.</p>
<p><span id="more-241"></span>También hay verificaciones prácticas que están al alcance de los que no somos médicos. Estos síntomas no son una novedad. Hace rato que la presidente muestra los estragos que han causado en sus facciones los remolinos de furia que sacuden su interior. Esas tensiones -que superan holgadamente aquellas a las que están normalmente sometidos los que cargan con responsabilidades públicas de primer nivel- afloran en gestos destemplados, en vulgaridades del lenguaje, en ataques feroces, sin red, sin cuidado alguno.</p>
<p>En efecto, el <strong>equilibrio emocional</strong> es esencial para las personas que tienen la responsabilidad de la conducción. Sin esa condición las personas pierden el sentido de las proporciones y se colocan a sí mismas en una posición ajena a la realidad; los términos de sus premisas son falsos, los minuendos y cocientes por los que resuelven las sumas algebraicas de la política están distorsionados y las decisiones que toman pasan muy lejos del blanco ideal.</p>
<p>El constante desafío al que los somete la inclaudicable realidad los enoja y enfurece y creen que todo el mundo conspira contra ellos. Al suponer conspiraciones, su ira se agiganta y se sumergen sin esfuerzo en un círculo vicioso de errores y enojos que sólo profundiza su mal.</p>
<p>El aislamiento y la desconfianza son compañeros inseparables de estos sufrimientos: “<strong>Todo el mundo está equivocado y estoy rodeado de inservibles</strong>”, es la conclusión verborrágica que repiten ante un espejo que les devuelve la única imagen que reconocen como correcta y verdadera. El mundo va, poco a poco, camino a convertirse en una isla donde solo hay un habitante: yo.</p>
<p>Es de la mayor urgencia que esta situación sea encarada y resuelta. Un país en manos de alguien que no distingue la realidad de la fantasía es un verdadero peligro. La Argentina no tiene otro presidente que no sea <strong>Cristina Fernández</strong>. Ella es única en ese sentido. Sus funciones, su poder, su legitimidad y sus responsabilidades no pueden ser reemplazadas ni transferidas. Solo ella ocupa el sitial del Poder Ejecutivo unipersonal que ha organizado la Constitución.</p>
<p>Pero estas perogrulladas enfrentan un enemigo mortal: la negación propia y el miedo ajeno. El afectado negará tajantemente padecer esas perturbaciones y los que lo rodean no se animarán a sugerírselo.  Se trata de un segundo círculo vicioso tan peligroso como el primero.</p>
<p><strong>¿Cómo salir de esta encrucijada? Falta mucho tiempo para 2015.</strong> El país necesita calmarse, no solo desde su ánimo sino desde sus medidas. La Argentina necesita <strong>abandonar la épica y abrazar la normalidad</strong>. ¿Cómo dialogar con un exaltado? Es imperioso calmarlo antes. Pero la presidente reúne cada vez más las condiciones que <strong>Winston Churchill</strong> advirtió en un fanático: <strong>no está dispuesto a cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.</strong></p>
<p>Quienes rodean a la presidente no le hacen ningún favor mostrando una condescendencia estúpida. Ese allanamiento sólo puede entenderse por los bolsillos que están cuidando. Envolverse en la bandera al grito de “Argentina, Argentina…” y sobar el ego presidencial para que nadie les saque sus millonarios puestos, es una táctica vieja pero que no hace más que contribuir a que las dificultades de este tránsito hacia las elecciones presidenciales sea más árido y peligroso.</p>
<p>Da la impresión de que gran parte de lo que pueda ocurrir queda en manos de los médicos que, en honor a su juramento, puedan hacer a un lado el servilismo y hablar con la señora de Kirchner con la mayor seriedad, severamente.</p>
<p>Quizás la presidente pueda reconocer en ellos a personas sin intereses políticos sino a profesionales que quieren hacer lo mejor para ella recupere su centro; el centro de su salud y de sus emociones. En esa palabra equilibrada y en su poder de convencimiento se juega gran parte del futuro de todos nosotros.</p>
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