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	<title>Carlos Mira &#187; Kicillof</title>
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		<title>La caricatura argentina</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Mar 2015 09:01:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[atentado embajada de Israel]]></category>
		<category><![CDATA[Clientelismo]]></category>
		<category><![CDATA[facción]]></category>
		<category><![CDATA[Kicillof]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La Presidente echó mano de una excusa barata para no asistir al acto en conmemoración de un nuevo aniversario del atentado a la embajada de Israel. Dijo que el día era el 17 y no hoy. Como todo el mundo sabe ese día se celebraron elecciones en Israel y por ese motivo el recuerdo –al que vino especialmente el Ministro de Agricultura israelí- se pasó para hoy. El día 17, la señora de Kirchner recibió a familiares de las víctimas, pero <b>los que fueron tienen la común característica de ser partidarios del gobierno dentro de las distintas organizaciones judías de la Argentina. </b>Ese dato confirma que, aun en circunstancias penosas como ésta, <b>la Presidente sigue gobernando para una facción (y es la Presidente de una facción)</b> y no para todos los argentinos.</p>
<p>Ese dato sigue profundizándose en un aquelarre plagado de “nosotros” y “ellos”, “patria” y “no patria”, “los de arriba” y “los de abajo”. Una enorme proporción del país está harto de esa lógica; ya no soporta esa asfixia. En el fondo <b>todos los modelos totalitarios son, en definitiva, encarnados por minorías que, por medio de la utilización variada de la fuerza</b>, logran imponerse sobre las mayorías liberales.<span id="more-822"></span></p>
<p>Muchas veces esa dominación se logra por el miedo, por el esparcimiento del terror, por el copamiento de lugares estratégicos de poder que permiten, con menos, dominar más; por la presión económica y por amenazas de inteligencia.</p>
<p>Si bien se observa, el kirchnerismo no ha dejado de poner en práctica ninguna de estas herramientas: <b>ha esparcido el miedo, los aprietes, ha copado lugares sensibles del poder</b> para dominar más con menor necesidad de recursos humanos, en fin, una pléyade de instrumentos propios de los gobiernos -cuando menos- autoritarios.</p>
<p>Pero ha llevado estas estrategias al mismo grado de extremos al que llevó su <b>limosnismo y su clientelismo socioeconómico. </b>Y eso ha provocado un hastío de tal magnitud en la sociedad que probablemente su mayor contribución a la Argentina haya sido el profundizar tanto los costados más perversos de nuestras tradiciones que nosotros mismos hemos terminado asqueados.</p>
<p>En efecto, por nuestra historia y por nuestros precedentes (Ortega decía “España no podía darle a sus colonias algo que ella misma no tenía”), no pertenecemos, precisamente, a esa tradición emprendedora, librecambista, individual, privada y repelente del Estado a la que se integran otras culturas que hoy están en la avanzada mundial. <b>Nuestra formación es “fiscalista” y “rentista”. Para nosotros la riqueza es una ecuación de suma cero y el Estado es el gran arbitro en la definición de quiénes son los ganadores y perdedores.</b></p>
<p>Por lo tanto hemos sido históricamente permeables a teorías que, justamente, se apoyan en la supremacía del Estado para que, desde esas Altas Torres, se nos indique qué podemos hacer, quién lo puede hacer, cuándo lo puedo hacer y cómo lo puede hacer.</p>
<p>Pero el kirchnerismo ha llevado ese costado dependiente de la sociedad a extremos de tal magnitud que, ahora, un número cada vez mayor de argentinos se siente sin oxígeno en este sistema. La Argentina se ha transformado en un país en donde lo que no está prohibido, es obligatorio. No hay nada en el medio, solo el Estado decidiendo lo uno o lo otro.</p>
<p>Las encuestas demuestran -mal que le pesen <b>al carrero Kicillof</b> (la forma en que se expresó el ministro respecto del supuesto “plan bomba” tenían, efectivamente, los modales de un “carrero”)- que <b>el kirchnerismo se ha transformado en lo que probablemente siempre fue: una facción sectaria que desconoce la posible coexistencia con los demás.</b></p>
<p>Eliminado Scioli del concepto “kirchnerista”, está claro que lo que José Ottavis ha dicho con todas las letras (“A nosotros nos gustaría que fuera Máximo [Kirchner] el Presidente, o Wado [de Pedro], el Cuervo [Larroque] o Axel, porque estamos orgullosos de esta generación”) es lo que dejaría conforme al kirchnerismo de verdad: es decir rescatar su identidad facciosa y sectaria. Nótese que Ottavis habla de “generación” <b>como si, efectivamente, una generación completa de argentinos pensara como ellos:</b> no hay lugar para la disidencia, como seguramente lo postulaba la “juventud maravillosa”, otra “generación” que directamente fusilaba al desacatado.</p>
<p>Si esta tesis fuera cierta (<b>que el kirchenrismo ha sido una especie de caricaturista que ha exagerado tanto nuestros propios rasgos que hasta nosotros mismos nos espantamos al vernos reflejados en la caricatura terminada</b>) entonces habría que reconocerle lo que decíamos más arriba. Le ha hecho un enorme favor a la Argentina: al glotón le han dado tanto dulce que ahora está desesperado por una feta de jamón crudo.</p>
<p>El carrero Kicillof -quizás sin darse cuenta- haya sido el gran vehículo de este hartazgo sociológico. Como bien han explicado muchos, <b>a veces, lamentablemente, es la mishiadura económica la que termina abriendo los ojos de los que no advertían lo mal que estábamos yendo</b>. Pues bien: el PBI per capita desde que él es ministro ha caído; <b>el crecimiento del PBI ha sido superado por primera vez en décadas por el crecimiento vegetativo de la población</b>. De 150 países emergentes, la Argentina de los años 2011-2015 figura 140 en crecimiento del PBI y solo ha sido superada en inflación por un país: Venezuela.</p>
<p><b>La facción ha vuelto millonarios a sus operadores y ha mantenido en una felicidad zombie a enormes franjas sociales pauperizadas</b> <b>(a lo mejor) a propósito</b>. Pero un centro cada vez más preponderante ha comenzado a sentir asco por esta caricatura y no ve la hora de recuperar su propio destino; que el horizonte de su vida vuelva a estar en sus manos y no en la de un conjunto de iluminados que, hace rato, han escogido ocupar los rincones purificados de las minorías.</p>
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		<title>Es la cultura, estúpido</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jun 2014 11:14:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Axel Kicillof]]></category>
		<category><![CDATA[cortes internacionales]]></category>
		<category><![CDATA[derechos individuales]]></category>
		<category><![CDATA[deuda no reestructurada]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[holdouts]]></category>
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		<category><![CDATA[Kicillof]]></category>
		<category><![CDATA[NML Elliot]]></category>
		<category><![CDATA[Paul Singer]]></category>
		<category><![CDATA[razones de Estado]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>El gobierno argentino está jugando con fuego. Creyendo que el mundo se mueve con las prácticas que lo hacemos nosotros fronteras adentro, toma decisiones que ponen en serio riesgo a la economía y al bienestar de todos.</p>
<p><strong>Lo que está pasando con el tema de los holdouts,  Griesa y las decisiones de la justicia norteamericana, es una especie de enorme choque cultural entre dos concepciones irreconciliables de ver el mundo y las relaciones entre los individuos. </strong></p>
<p>La Argentina (y no es una apreciación que le cabe sólo a la administración Kirchner, aunque, claramente, los ribetes de esta última década han profundizado esa cosmovisión) cree básicamente en la fuerza del poder. No logra procesar la idea de que el poder debe someterse al Derecho y que las razones de Estado tienen una jerarquía jurídica inferior a los derechos individuales.</p>
<p><strong>El mundo occidental en general y los Estados Unidos en particular tienen la concepción opuesta: creen básicamente en la supremacía del Derecho y en la preeminencia de los derechos individuales por sobre las razones de Estado. </strong></p>
<p><span id="more-551"></span></p>
<p>Estas maneras de ver y entender la vida están produciendo un fenomenal choque de planetas en el caso de la deuda no reestructurada. Desde un principio la Argentina creyó que era efectivamente posible forzar a los acreedores que no habían aceptado los canjes de 2005 y 2010 a someterse a la voluntad argentina, porque ella así lo había dispuesto. Fue tal su altanería que sancionó unilateralmente la llamada “ley cerrojo” según la cual aquellos que no habían aceptado las condiciones impuestas por el país, caían en el destierro: la Argentina jamás los reconocería y nunca les pagaría nada.</p>
<p>El primer choque frontal de esa concepción contra el muro del Derecho, obviamente lo produjo el fallo del juez Griesa a favor de NML Elliott, el fondo que maneja Paul Singer. La decisión se apeló dos veces ante la corte de apelaciones y ante la instancia suprema y en ambos caso se refrendó el fallo de primera instancia.</p>
<p>Ante esa circunstancia el país volvió a reaccionar de acuerdo a sus patrones culturales y cada día que pasa aumenta el peligro de un nuevo default.</p>
<p>Si bien hubo en el medio de estas últimas dos semanas algunos amagues negociadores, <strong>la regla general fue la confrontación y la convicción de que el fallo debe ser enfrentado con y por la fuerza</strong>. Es la fe ciega en la eficacia de la fuerza lo que se halla por detrás de las posturas argentinas.</p>
<p>Siguiendo esa lógica, el ministro Kicillof dispuso el pago de $ 833 millones de dólares a los bonistas del canje sin esperar a que el juzgado o el mediador Pollak llegaran a un acuerdo genérico. La movida fue acompañada  por un comunicado –que es, sugestivamente, una especie de emblema de la fuerza- y por una solicitada en todos los diarios que traslucían claramente la manera en cómo el gobierno estaba entendiendo esta cuestión.</p>
<p>Por un lado -en otros términos, claro está- el gobierno decía “Yo te pagué… Ahora arréglate vos… Animate a embargar el dinero de los bonistas”. Una especie de esgrima de taita de esquina que chucea bajo el farol.</p>
<p>En el mismo escrito <strong>hacía responsable a los Estados Unidos “por las consecuencias que pudieran tener los fallos de su poder judicial” y adelantaba que “se reservaba el derecho de acudir a las cortes internacionales</strong> en defensa de sus intereses en tanto miembro de la comunidad internacional”.</p>
<p>En la solicitada, por su parte, declaraba como ya perteneciente al patrimonio de los bonistas que entraron al canje, el dinero depositado por la Argentina en las cuentas del Bank of New York.</p>
<p>Se trata de frases que vuelven  a reafirmar la esencia “cultural” de este conflicto. La pretensión de hacer responsable a los EEUU como país, por las consecuencias del fallo de la Justicia, es confesar tácitamente una falta de mundo muy pronunciada y un aldeanismo francamente preocupante en cuanto al entendimiento de cómo funcionan las instituciones en el mundo. Es también una manera indirecta de confirmar una vez más el <strong>escaso respeto por el sistema de la división de poderes</strong> que –cuando menos- tiene el ministro Kicillof y la reafirmación de que el país pretende que el mundo se mueva según las formas que nosotros (o el gobierno actual de la Argentina) le aplica a estas cuestiones.</p>
<p>Insinuar que el gobierno de los Estados Unidos debería “llamar al orden” al juez Griesa para hacerle entender cómo son las cosas, es confesar una supina ignorancia sobre los más mínimos palotes institucionales de aquel país y sobre el esquema que hace 300 años Montesquieu ideó para las democracias. El gobierno no termina de entender la idea de la independencia de la Justicia y expresándose cómo se expresa, dando a entender lo que da a entender y suponiendo que las cosas deben ser como el gobierno supone que son, no hace otra cosa más que entregar a los extranjeros razones de mayor peso para probar que <strong>en la Argentina el Estado de Derecho no se respeta </strong>y que el mundo tiene una especie de deber moral en enseñárselo.</p>
<p>Kicillof probablemente olvida que, antes de la sentencia, el gobierno norteamericano se expresó en más de una oportunidad a favor de una solución negociada con los holdouts  que le permitiera a la Argentina dejar en pie lo convenido en los canjes. Pero esa postura de la Administración Obama es completamente inoponible por la fuerza a las decisiones de un tribunal de justicia, cuando éste tiene –apoyado en la ley- una opinión diferente. Lo que Kicillof y el gobierno no entienden es que, en ese caso, prevalecerá el criterio del tribunal y que “el hombre más poderoso del mundo” no puede hacer nada al respecto: de nuevo el choque cultural entre la fe en la fuerza y el poder y la fe en el Derecho. Kicillof cree que Obama puede levantar el teléfono y decirle al juez: “Che, Griesa, metete el fallo el traste y déjate de joder”. Eso pasa acá, Kicillof, pero en el mundo es diferente. Y confesando que usted cree que esa es una opción efectivamente posible en EEUU, refrenda la idea que el mundo tiene de la Argentina como un país al margen de la ley que no entiende el mecanismo de las repúblicas.</p>
<p>Otra de las costumbres autóctonas del gobierno que la movida de Kicillof perece querer trasladar a este caso es la teoría de la culpa. Efectivamente, <strong>estamos ya muy habituados a la técnica oficial de buscar un culpable de los problemas antes que una solución. Al gobierno no le importan las soluciones, le importa encontrar un culpable</strong>. Con el pago efectuado, Kicillof buscaba forzar a Griesa a quedar como el culpable del default o como el culpable de que los bonistas no cobren. Más allá de que el juez hoy a la mañana no hizo ni una cosa ni la otra, sino que dispuso que esos fondos retornen a Buenos Aires, sería bueno que Kicillof entendiera que Griesa no tendrá ningún complejo de culpa por embargar proporcionalmente los pagos que haga la Argentina tal como los dispuso en su fallo. De nuevo: esas estocadas no se registran en el exterior; llegado el caso lo único que hará Griesa es actuar de acuerdo a la interpretación que él le ha dado a la ley. Y esa interpretación ha sido ratificada como correcta en segunda y tercera instancia.</p>
<p>Probablemente sea esta conclusión “cultural” la peor de todas las que puedan extraerse de este infortunado manejo de la deuda. Hemos dado muestras de una ignorancia, de una falta de mundo, de una carencia de formación, francamente alarmantes. El ombliguismo de creer que las cosas se pueden hacer en cualquier lado de la manera que las hacemos nosotros y de que la manera que nosotros hacemos las cosas es trasladable al mundo exterior nos ha traído de nuevo al borde de un abismo tan estúpido como evitable. Es penoso.</p>
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