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	<title>Carlos Mira &#187; Martín Insaurralde</title>
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		<title>El hablador</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Nov 2013 11:39:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>jefe de Gabinete</strong> habrá asegurado que no iba a hacer anuncios grandilocuentes pero de lo que no caben dudas es que<strong> él es grandilocuente.</strong> En la inauguración de una costumbre que hasta podría calificarse de saludable -el hablar con los periodistas- <strong>el viernes por la mañana comentó algunas cuestiones que tienen que ver con lo que será la agenda de ahora en más.</strong></p>
<p>Por empezar dijo que el gobierno tiene <strong>200 metas que se ha propuesto cumplir</strong>. Uno no sabe bien si está en los albores de una especie de “<strong>plan quinquenal</strong>” (que en este caso sería “bienal”) o si lo que <strong>Capitanich</strong> pretende es inaugurar una ensalada de cuestiones en la que todo se mezcla de manera tal que nadie entienda nada.</p>
<p>El gobernador del <strong>Chaco</strong> en uso de licencia insistió con la idea de profundizar lo que se viene haciendo y no caben dudas de que está en esa línea porque habiendo podido inaugurar un <strong>período de apertura</strong> siguió refugiándose en los lugares en los que el gobierno ya lo venía haciendo. Así, por ejemplo ha llamado a <strong>reuniones de gremios y empresarios amigos</strong>, pero sigue <strong>excluyendo al campo y a los gremios críticos.</strong></p>
<p><span id="more-303"></span>En <strong>materia cambiaría</strong>, adelantó el establecimiento de un impuesto a la compra de bienes suntuarios, seguramente para desalentar el uso de divisas para esos fines, pero <strong>no delineó una política sistémica respecto del dólar</strong> <strong>y de su tasa de cambio.</strong> No hay indicios aún sobre si esos impuestos alcanzarán a los viajes, a las compras con tarjetas en el exterior o al uso <em>online</em> de éstas.</p>
<p>Insistió con un <strong>tratamiento de la inflación</strong> desde el lado de los costos, volviendo a remarcar lo que a su juicio son distorsiones en la cadena de valor, pero sin mencionar una palabra sobre el océano de pesos en el que flotamos. En una palabra, <strong>el jefe de Gabinete declara al Estado inocente de toda culpa inflacionaria y cree que el aumento de los precios se debe a que algunos vivos se queda con lo que no les corresponde</strong> en algún punto del camino que él define como la matriz “insumo-producto”. Como se ve tampoco hay demasiados cambios ni sorpresas en esta concepción como mínimo anticuada de la economía.</p>
<p>No llegó a decir lo que alguna vez afirmó <strong>Kicillof</strong> -que el comunismo había fracasado porque en la época de los <strong>soviets</strong> no existía el “<strong>Excel</strong>”- pero le faltó poco. Obviamente a Kicillof habría que preguntarle por qué, si el <strong>marxismo</strong> daba origen a un sistema de vida tan genial, no inventó el Excel 60 años antes que<strong> Bill Gates</strong>, pero bueno eso será materia de otra discusión. Lo cierto es que el dúo <strong>Capitanich-Kicillof</strong> cree que si alguna “variación de precios” existe, se debe a que no están bien aceitados los controles sobre la cadena de valor (a la que habrá que someter a la fiscalización de los nuevos burócratas de la planificación central) y no a que<strong> el peso vale cada vez menos porque se imprime cada vez más.</strong></p>
<p>Como consecuencia del teorema de la teoría del valor (“el valor de una cosa es inversamente proporcional a su cantidad”) la moneda argentina puede adquirir cada vez menos bienes con las mismas unidades porque esas unidades (por su abundancia) cada vez valen menos. En consecuencia hay que agregar más unidades para comprar lo que antes se compraba con menos. Esta es la inflación. Por supuesto que, desatado el incendio, puede haber vivos que se aprovechen, pero la mecha del problema no son los vivos, sino la emisión.</p>
<p><strong>De la emisión el único responsable es el Estado</strong>, al comando del cual parece estar ahora el nuevo jefe de gabinete. Atacar a los vivos no solucionará el problema porque sería como ponerse a arreglar los cuadros de una pared cuando la casa se incendia. Pero<strong> siempre es mejor encontrar un culpable en el sector privado que en el Estado</strong>. Como se ve, aquí también hay más de lo mismo.</p>
<p>El gobierno tiene un déficit de 80 mil millones de pesos porque gasta más de lo que recauda. Financia ese déficit con emisión, es decir le pasa el problema a la gente, vía inflación y<strong> presión cambiaria</strong>. Y por lo que se ve, más allá del intrincado lenguaje que Capitanich use para explicarlo, <strong>no parece que vaya a haber cambios en esos frentes.</strong></p>
<p>El jefe de Gabinete no parece estar preguntándose por qué la gente de repente comenzó a comprar autos de lujo o paquetes turísticos. Sólo parece inclinado a reprimir esas conductas pero no a tomar medidas que solucionen el origen del problema. En ese sentido, claro está, también comparte la <strong>visión persecutoria de Kicillof</strong> que como buen marxista se mueve por el principio de “<strong>orden-obediencia-sanción”.</strong></p>
<p>Para el nuevo dúo dinámico el problema del control es que no ha sido suficiente el que se ejerció hasta aquí. Habrá que bajar y meterse aún más en la vida privada de los ciudadanos para que las cosas se arreglen.</p>
<p>En el otro capítulo que más preocupa a la sociedad -la seguridad ciudadana-, Capitanich también pareció hacer un enorme “oleeee”: dijo que ese es un problema de las <strong>jurisdicciones provinciales</strong> y que <strong>no está de acuerdo con bajar la edad de imputabilidad</strong> como había propuesto <strong>Martín Insaurralde</strong> -hoy en <strong>St. Barths</strong> junto a <strong>Jessica Cirio</strong>- en la campaña.</p>
<p>En lo que sí puede considerarse una sorpresa, Capitanich confirmó que la ley de responsabilidad del Estado y la reforma y unificación de los códigos civil y comercial pasan al año 2014.</p>
<p>Se trata no sólo de un cambio en el tiempo sino del sentido de la urgencia con la que hasta ahora el gobierno y sus bloques legislativos habían manejado el asunto. De repente todas las “explicaciones” que se habían dado para justificar el apuro han caído y lo que debía sacarse por un trámite “<em>express</em>” ha pasado a la agenda legislativa del año que viene.</p>
<p>El jefe de gabinete no dio su opinión sobre el fondo de esas materias (sobre que le parece  que de ahora en más el Estado no deba reparar los daños que le cause a los ciudadanos privados, que los derechos individuales queden supeditados a lo que se llama<strong> “derechos de incidencia colectiva”</strong> o a que quien contrajo una deuda en moneda extranjera pueda cancelarla en pesos al tipo de cambio oficial) pero desde ya que la sola postergación de la aprobación de esta megarreforma es una señal sugestiva que no puede soslayarse.</p>
<p><strong>Más allá de eso no caben dudas que estamos frente a un proceso de profundización de un modelo estatista</strong>, <strong>colectivista, restrictivo de derechos civiles, que se inmiscuye cada día más en la vida de todos nosotros</strong>, que nos asfixia con impuestos y que pronto se declarará inmune frente a nuestros reclamos. No hay nada nuevo bajo el sol, sólo la aparición de un nuevo personaje con ambición presidencial que se ha presentado ante todos con una catarata de palabras difíciles detrás de la que seguramente pretende ocultar una realidad que pronto le pesará sobre sus propios hombros.</p>
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		<title>Entre la locura y el Tigre</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Aug 2013 04:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las PASO ya son historia</strong>. Pero su resultado recién comienza. <strong>La rotunda derrota del gobierno en prácticamente todo el país electoralmente útil plantea interrogantes serios para el futuro de la Argentina</strong>. Si estuviéramos frente a un gobierno normal, lo más lógico sería suponer una recepción del mensaje, un ajuste del rumbo para ponerlo más acorde a lo que la votación arrojó y una apuesta a que esa corrección sea percibida por la sociedad para recuperar, en la elección de octubre, algo de lo perdido ahora.</p>
<p><strong>Pero el país no tiene un gobierno normal</strong>. El país tiene un <strong>gobierno sectario</strong>; un gobierno que, sentado en las instituciones de todos, gobierna para una facción. Como todo gobierno faccioso siempre se atribuirá el triunfo: cuando gana porque gana; cuando pierde porque esa es la señal de que su lucha contra los verdaderos poderes enquistados en el conservadurismo argentino no está terminada y que deben redoblarse los esfuerzos para vencerlos definitivamente.</p>
<p>Del discurso de la presidente de ayer por la noche se deduce eso. La señora de Kirchner no admite nada, ni un error, ni una culpa, ni una falla. Nada. Ellos ganaron, “porque estas eran elecciones nacionales” y porque<strong> “son el David que lucha contra todos los medios y gobierna todos los días”</strong>.</p>
<p><span id="more-234"></span>La sociedad no puede esperar nada bueno de semejante abstracción de la realidad, de tanto autismo, de tamaña concepción ciega. La presidente reivindicó los proyectos más agrios de su gobierno y reclamó que prontamente se los ponga en práctica. Increíblemente, exigió que tenga plena vigencia su capricho de que dejen de existir las medidas cautelares oponibles al Estado, haciendo gala de una ignorancia llamativa acerca de cómo funciona el sistema constitucional y de cómo se entiende la democracia en la Argentina.<strong> Casi con tono de incrédula incomprensión se preguntó cómo esas medidas pueden detener las leyes que dicta “el Parlamento”</strong> (no hay nadie que pueda convencer a la presidente de que no diga “Parlamento”, porque el país no tiene “Parlamento”, tiene <strong>Congreso</strong>). <strong>Se llama “Derechos y garantías”, señora presidente</strong>. Es el capítulo uno de la Constitución. Es fácil leerlo. Ésta a su alcance. Puede hacerlo.</p>
<p>En la Argentina, la república y la democracia consisten -al menos mientras rija esta Constitución- en que, justamente,<strong> los ciudadanos pueden oponer defensas judiciales contra las leyes que dicta el Congreso</strong>. De eso se trata la vida libre, y en eso consiste la gracia de que los individuos no queden presos de decisiones totalitarias de mayorías circunstanciales. Por encima de las mayorías de hoy está la ley de siempre. Se trata de un principio que la presidente se niega a procesar.</p>
<p><strong>Son cegueras como ésta las que la condujeron a la implacable derrota de ayer.</strong> Pero son esas mismas cegueras las que hacen poco probable que la derrota de ayer tenga alguna influencia del tipo que la gente desearía en su gobierno.</p>
<p><strong>El mando de la señora de Kirchner se hará más sectario de ahora en más.</strong> El encierro en una<strong> burbuja irreal</strong> se convertirá más que nunca en la única escenografía habitada por el poder. Un poder que cree que no dispone de ningún medio (cuando en realidad dispone de todos, a excepción de aquellos a los que la gente escucha, mira o lee), <strong>un gobierno que está convencido de que no es el poderoso sino el representante de aquellos a quienes el verdadero poder oprime</strong>; una presidente que vive creyendo que dice la verdad cuando, por otro lado, la sociedad ha escuchado historias que van desde <strong>la “abogada exitosa”</strong> hasta <strong>“comer con $ 6 por día”</strong>, pasando por los “20.000 millones de dólares de inversiones chinas” hasta <strong>“el tren bala”</strong>, el “aquí va a llover gasoil” y “la inflación es del 9,8 anual”.</p>
<p><strong>“Nunca les mentí”, dijo ayer la presidente,</strong> cuando el país se va convenciendo cada día más de que, justamente, parte de la millonada de dólares que entró aquí la última década fue utilizada para construir una escenografía de cartón piedra, irreal, mentirosa.</p>
<p>Esas desconexiones del contexto real desembocaron ayer ruidosamente en las urnas y le hicieron perder más de 25 puntos porcentuales de votos al kirchnerismo en todo el país. <strong>Hasta cofradías irreductibles como Jujuy, San Juan, Catamarca y Santa Cruz también cayeron por efecto de un cansancio monocorde de un cuento que ya no resiste el peso de la realidad.</strong> Pero sin dudas, la derrota en la provincia de Buenos Aires y por el margen por el que se verificó es la nota que indica una alarma notable para la manera que tiene el peronismo de entender el poder. Nadie sabe en cuanto se convirtió el lunes a la mañana la diferencia de casi 6 puntos del domingo a la noche. Los vasos comunicantes del peronismo siempre han sido muy “fluidos” frente a mensajes tan claros.</p>
<p>La <strong>señora de Kirchner</strong> hizo una<strong> referencia a 2009</strong>. <strong>Fue el único momento en donde su discurso entabló un vínculo con la derrota.</strong> La presidente dijo que habían superado aquella instancia y que también la superarían ahora. Pero el país debe recordar a que precio el gobierno recuperó el centro del ring: su avance sobre la nueva mayoría fue desenfrenado en el periodo de Congreso que mediaba hasta el 10 de diciembre, para <strong>sacar las leyes que quería</strong> (entre las que se incluía la de <strong>Medios</strong>) con su vieja mayoría. No sería extraño esperar una embestida similar.</p>
<p>La presidente no dio ninguna muestra de tender ninguna mano. No admitió nada que nos permita deducir que episodios como el desagradable espectáculo que dio el fiscal kirchnerista en la mesa en que votó <strong>Macri</strong>, van a empezar a olvidarse. Al contrario: <strong>lo más probable es que ese espíritu divisionista y lleno de rencor se multiplique.</strong></p>
<p><strong>La Capital en ese sentido pudo ser testigo ayer de un día histórico: el inicio de una convivencia civilizada de ideas opcionales pero compatibles.</strong> <strong>UNEN</strong> consiguió la mayoría de los votos (si se sumaran todas sus listas) y el <strong>PRO</strong> ganó la elección contando los candidatos de a uno.<strong> Lilita Carrió</strong> felicitó y dijo que se alegraba porque “su amiga” <strong>Gabriela Micheti</strong> había ganado y<strong> Macri dijo que había “muchos votos PRO” en la interna de UNEN</strong>. El país carece de ese escenario; la Argentina no tiene dos partidos con posibilidades de gobernar, que no se odian entre sí y que son compatibles en muchas de sus visiones. Eso lo tienen los países desarrollados. Y entre otras cosas, son desarrollados por eso.</p>
<p><strong>Los procesos eleccionarios en populismos del tipo del que gobierna hoy en la Argentina no pueden analizarse con la lógica de los procesos eleccionarios de las democracias reales.</strong> Un triunfo como el de Massa en el distrito que todo el mundo mira y una caída libre del gobierno en el resto del país, serían, bajo otras condiciones, elementos suficientes para suponer un retoque en el gabinete, un llamado a una mesa de consenso, una “bajada de copete”.</p>
<p><strong>El gobierno que hizo alarde de la “voluntad mayoritaria” ha visto descender esa mayoría al piso.</strong> El gobierno que tomó como eslogan de campaña la frase “<strong>en la vida hay que elegir</strong>” se encuentra con que <strong>la gente no lo eligió.</strong> Pero en lugar de tomar esos datos de la realidad y procesarlos para elaborar una respuesta racional ha preferido construir de inmediato una realidad paralela. “Son elecciones nacionales”, dijo la señora de Kirchner dando validez a una suma inverosímil. Ya antes <strong>Florencio Randazzo</strong> había suministrado datos que consistían en sumar los votos del <strong>FPV</strong> (y de los demás participantes) en todo el país cuando claramente no todos competían en todas las jurisdicciones. El único que lo hacía era, justamente, el oficialismo. <strong>Darle entidad a ese dato es lo mismo que adjudicarse una victoria futbolera en un partido que nunca se jugó</strong>. La propia presidente endosó la única interpretación válida para estas elecciones (el resultado de la provincia de Buenos Aires) cuando tomó de la mano a <strong>Insaurralde</strong> y lo subió a su propio caballo, hasta para ir a saludar al <strong>Papa</strong>. ¿Acaso fue Cristina a<strong> Río de Janeiro</strong> con <strong>Jorge Obeid</strong>, candidato en <strong>Santa Fe</strong>? No, no,<strong> fue con Insaurralde.</strong></p>
<p><strong>E Insaurralde perdió. Es una derrota que se traslada por carácter transitivo a la presidente</strong>. La señora de Kirchner se encerró en su propios pensamientos hasta posar su dedo incontrovertible sobre la cabeza del intendente de Lomas de Zamora. Será precisamente esa relación entre la decisión tomada y quien la tomó la que diseñe la respuesta a lo que ocurrió ayer. Conociendo los antecedentes de que disponemos no se puede esperar algo distinto a la profundización: <strong>más agresión, más cepo, más descalificaciones, arremetida contra la justicia, posible intervención de medios</strong>. <strong>Habrá que ver cuánta de esta locura es compartida por quienes ya empezaron a calcular cuanta distancia hay desde donde viven hasta Tigre.</strong></p>
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		<title>Las PASO y el corazón común</title>
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		<pubDate>Sun, 11 Aug 2013 13:17:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las elecciones primarias han convocado muy poco interés ciudadano</strong>. Casi la mitad de los argentinos no saben qué se vota, ni que se elige, ni para que sirven; llegarán a las urnas con una alegre inconsciencia.</p>
<p>Se trata de la consecuencia de una doble causa: la explosión natural del sistema de partidos que provocó la crisis del 2001 y la profundización adrede que el gobierno ha buscado de esa circunstancia.</p>
<p>Desde que <strong>Duhalde</strong> suspendió las elecciones internas previas a las elecciones anticipadas del 11 de marzo del 2003, el <strong>peronismo</strong> decidió trasladarle sus propias guerras a la sociedad. El partido ya no arregla dentro de sus propias fronteras los que le sucede internamente sino que exporta esas batallas por fuera de sus límites obligando a la ciudadanía a inmiscuirse en sus entuertos.</p>
<p><span id="more-228"></span>De hecho, desde que esta estrategia está en marcha, <strong>puede decirse que los partidos ya no existen</strong> y que los que hay son personas que forman a su alrededor estructuras dispersas y frágiles que van uniéndose en<strong> nombres de fantasía inventados para la ocasión</strong>. Ninguno de ellos podría llamarse “partido” si uno fuera estrictamente sincero.</p>
<p>Salvo los que nutren sus fuentes en el antiguo radicalismo o en la izquierda, los demás son <strong>variaciones del peronismo</strong>. El <strong>PRO</strong> en la Capital podría ser un fenómeno particular, cuyo precedente más parecido sería el <strong>desarrollismo frondizista</strong>, pero dado que carece aún de una estructura extendida, el partido que fundó <strong>Mauricio Macri</strong> no puede analizarse aún en términos nacionales.</p>
<p>De modo que lo que tenemos delante es, en realidad, <strong>una puja de peronistas que alquilan gratuitamente a la sociedad</strong> para que se expida sobre sus diferencias. Sin embargo, aun con la participación inconsciente del pueblo, ninguno de los candidatos se resigna frente al veredicto: todos irán, de todos modos, a la disputa final en octubre. Esto es, aun cuando la gente se inclinará por <strong>Massa</strong> el domingo, <strong>Insaurralde</strong> y <strong>De Narváez</strong> seguirán en carrera como si fueran de partidos diferentes.</p>
<p>A su vez los “<strong>peronismos no oficialistas” (Massa, De Narváez, Rodriguez Saá, Amadeo, etcétera)</strong> tampoco conforman una alternativa distinta pero unida; van cada uno por su lado. No se sabe muy bien qué diferencias hay entre ellos, ni por qué están separados, pero lo cierto es que la ciudadanía ve multiplicada una oferta en la que no distingue diferencias y sólo sospecha arreglos de conveniencia.</p>
<p>Francisco De Narváez, por ejemplo, lleva como segundo candidato de su lista de diputados a <strong>Omar Plaini</strong>, el <strong>secretario general del gremio de los canillitas</strong>, que llega allí como consecuencia del acuerdo del “Colorado” con <strong>Moyano</strong>. Pero hasta hace poco Plaini era el principal operador en la calle de los bloqueos a <strong><em>La Nación</em> y <em>Clarín</em></strong>, en abierta concordancia con el gobierno kirchnerista.</p>
<p><strong>Massa</strong>, a su vez, ha “vendido” esta mezcolanza como un acto de superación y en su lista conviven intendentes que han sido <strong>oficialistas</strong> hasta anteayer y hombres del <strong>PRO</strong> de la provincia de Buenos Aires.</p>
<p>En el espacio “<strong>UNEN</strong>” de la Capital (que es el único que, en apariencia, ha convocado a una interna verdadera) también conviven corrientes y pertenencias pasadas que hacen difícil que uno imagine cierta coherencia. Así, por un lado <strong>Gil Lavedra y Prat Gay</strong> y, por el otro, <strong>Terragno y Losteau</strong> -que tienen pasados más bien moderados- , comparten un espacio con<strong> Pino Solanas</strong>, un admirador de <strong>Chávez</strong> que, en su momento, se expresó en favor del <strong>pacto con Irán.</strong></p>
<p><strong>La Argentina debe ser el único país del mundo que convoca obligatoriamente a una elecciones que llama “primarias” en donde los electores no pueden elegir</strong>, porque los candidatos ya están elegidos e irán a la elección general aun cuando pierdan la primaria. Ningún estudioso de la ciencia política mundial puede explicar ni conoce un caso igual.</p>
<p><strong>Este panorama confirma que el país vive en una enorme confusión de ideas</strong>. No hay dudas que esa irregularidad fue provocada por el peronismo que, con su impronta, parece obligar a todo el mundo a identificarse como “peronista” para tener alguna chance electoral. Muchos consideran, por ejemplo, que hasta que Macri no haga algún acuerdo importante con el peronismo no tendrá chances. Lo tiene en la Capital con la corriente que lidera<strong> Christian Ritondo</strong>, pero muchos creen que para ser presidente necesita del grueso caudal peronista del resto del país.</p>
<p>E<strong>l peronismo, así, es todo. En el conviven Cristina Fernández y Eduardo Amadeo</strong>; <strong>Massa y Moyano; Santilli y Abal Medina; De Narvaez y Ricardo Forster.</strong></p>
<p>La política argentina, por lo tanto, ha pasado a ser una lucha de personas o, más bien, de egos. Nadie renuncia a nada, ni siquiera después del resultado de una elección. Se arman escenografías con los nombres que otros países usan para denominar a distintos estadios políticos de su proceso electoral pero aquí son meras representaciones; un “como si” que parece dejar contentos a los que ponen esta obra en escena pero que poco tiene que ver con un mecanismo que ayude a mejorar la eficiencia de la administración.</p>
<p><strong>Estos desajustes distorsionan completamente el funcionamiento del sistema constitucional</strong>. En ese sentido, todas las elecciones en el país se han convertido en elecciones “presidenciales”.<strong> Los candidatos del domingo</strong> –que en su gran mayoría serán los candidatos de octubre- <strong>hablan y se expresan no como si lo que estuviera en juego no fuera una banca entre otras 257 sino como si fuera a cambiar el gobierno</strong>. Y eso se debe a que la Argentina no ha sabido hacer funcionar el sistema previsto en la <strong>Ley Fundamental</strong> que está pensado para que las elecciones intermedias compensen el rumbo que el país lleva pero, también, para que dicha compensación en nada signifique una crisis institucional o una imposibilidad de gobernar.</p>
<p>En ese sentido, es curioso lo que hoy confiesa De Narvaez: en 2009 la oposición no pudo hacerse de la presidencia de la <strong>Cámara de Diputados</strong> (como hubiera correspondido) porque<strong> Felipe Soláy Elisa Carrió</strong> argumentaron que semejante movida habría significado un “golpe institucional”. Si eso fue cierto, no caben dudas que los dirigentes más importantes del país no entienden como el sistema constitucional funciona y, al contrario, sólo están preparados para actuar bajo un esquema en donde “<strong>o tengo todo o no tengo nada”</strong>. Nada diferente de lo que piensa Cristina.</p>
<p><strong>Esta es la razón básica por la que el país está dividido: nadie está preparado para “transar”</strong>. Es más, este mismísimo término (“la transa” = “la trenza”) ha sido adoptado como un sinónimo del negociado espurio que esconde el robo, la corrupción y el acuerdo de cúpulas a espaldas de la sociedad.</p>
<p><strong>Si estas distorsiones no se corrigen la Argentina nunca podrá vivir “cordialmente” dentro de un sistema civilizado de discusión racional</strong>. La palabra “cordial” obviamente deriva del latín “<em>cordis</em>” que quiere decir “corazón”, esto es, una referencia clara a la armonía y la concordia (otra palabra derivada del mismo origen). E<strong>l escenario de las PASO más bien confirma un país fragmentado bien lejos de aquel ideal en donde lata un corazón común.</strong></p>
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