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	<title>Carlos Mira &#187; Mauricio Macri</title>
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		<title>Entre el acuerdo y la fortaleza</title>
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		<pubDate>Tue, 24 May 2016 09:34:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Arte del acuerdo]]></category>
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		<description><![CDATA[La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella. Desde que el Presidente anunció el arte del acuerdo en su discurso de... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/05/24/entre-el-acuerdo-y-la-fortaleza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La buena fe ejercida en la política argentina debe siempre pasar por el filtro del peronismo. ¿Qué quiere decir eso? Pues que cualquier iniciativa bienintencionada no puede dejar de lado la posibilidad de que el peronismo haga una explotación malintencionada de ella.</p>
<p>Desde que el Presidente anunció el arte del acuerdo en su discurso de inauguración frente a la Asamblea Legislativa hasta el veto a la ley que impide los despidos por 180 días, ha habido múltiples momentos en que cualquier observador externo podría haber encontrado motivos para ejercer el arte del acuerdo, sin embargo, esa situación sólo se materializó en la votación para cerrar el tema de los holdouts. En todo lo demás, el Presidente debió manejarse por decreto de necesidad y urgencia o por decisiones administrativas que, si bien estaba en todo su derecho a tomar, porque él es el jefe justamente de la administración, hubiera sido no solamente saludable sino también muy conveniente y maduro haber mostrado un acuerdo.</p>
<p>No obstante, esas inocentadas tienen en el peronismo un límite infranqueable. El peronismo es ladino, anda siempre con el puñal abajo del poncho y no pierde ocasión para especular con el asalto al poder.<span id="more-1375"></span></p>
<p><b>Lo que ocurre hoy es que hay al menos seis peronismos diferentes</b>. Uno es el oficial, el que representan José Luis Gioja y Daniel Scioli, casi un sello de goma sobando aún las medias en desuso de Cristina Elisabet Fernández, con declaraciones que sólo pueden salir del que guarda el resentimiento de la derrota.</p>
<p>Otro es el peronismo de Sergio Massa, que oscila entre la civilización y la traición, conforme le indican sus múltiples asesores. Más allá aparece el peronismo de los gobernadores, ese mismo que influye en las decisiones de los senadores y que integran Miguel Ángel Pichetto, Juan Manuel Urtubey y varios de los intendentes de Buenos Aires. Luego, aparece el peronismo sindical, que ni siquiera sabe lo que quiere fuera de lo que siempre fue su leitmotiv: oponerse a todo y hacer un poco de quilombo. Y, por último, el cristinismo decadente, cuyo único horizonte es el caos y su único plan es el helicóptero.</p>
<p><b>Mauricio Macri se debate entre dar señales de fortaleza —como la del veto— o emprender un programa que se parezca a la Moncloa española</b>. No faltan, frente a esta última posibilidad, quienes adviertan que una empresa semejante le daría al peronismo la posibilidad de unificarse, de dejar de estar seccionado en seis barrios que se pelean entre sí para pasar a conformar un bloque único, negociador de esa Moncloa y, por ende, más fuerte y más peronista.</p>
<p>El Gobierno tiene un problema adicional cuando quiere ensayar lo que el Presidente llamó “el arte del acuerdo”: no tiene muy claro con quién hablar. <b>La dispersión peronista es su mejor y su peor noticia: mientras estén separados son más débiles, pero mientras no estén juntos no se podrá celebrar un acuerdo civilizado y duradero que dé señales adultas a la comunidad inversora</b>.</p>
<p>No hay dudas de que para la opción que alienta Jaime Durán Barba —la de gobernar con lo propio buscando el consenso directo de la gente antes que el del peronismo— la suerte económica del país es crucial. Si el Gobierno lograra poner en caja la inflación, mostrar algunas inversiones concretadas y confirmar que no existe ni una ola ni un clima de despidos, es indudable que necesitará menos del peronismo, que, al contrario, deberá someterse a la voz soberana del respaldo popular. Es más, si ese respaldo no continuara existiendo, como de hecho existe (casi el 60% de los argentinos apoya la gestión de Macri), las poleas del plan helicóptero se hubieran puesto a funcionar más rápido (Eso no quiere decir que algunos, como lo han confesado extremos tan diferentes como el Chino Navarro y Ricardo Forster, no quieran forzar la realidad para que el desenlace del plan helicóptero se materialice).</p>
<p>Por eso, conociendo la naturaleza del peronismo, no resultaría descabellado pensar que una de las tácticas que podría poner en práctica sería entorpecer toda iniciativa, cuyo probable resultado sea el éxito económico del Gobierno, aun cuando el fracaso en términos de inflación, empleo, inversiones y consumo vaya en directo perjuicio de las personas que el peronismo dice defender y representar.</p>
<p>El otro sector del Gobierno que se identifica con la búsqueda de un acuerdo está encabezado por Ernesto Sanz, uno de los tres arquitectos de Cambiemos, junto al propio Macri y a Elisa Carrió.</p>
<p><b>En efecto, Sanz, que aparece cada vez más cerca del Presidente en su calidad de asesor, pone sus fichas a un acuerdo histórico de dimensiones épicas</b>. Esta opción debe aún dilucidar qué hará cuando el peronismo intente poner sobre la mesa del acuerdo la indemnidad judicial de algunos de sus capitostes, más aún con la figura de Carrió, que seguramente desea, en el fondo de sus ideales, ver presos a Cristina Kirchner, a Julio de Vido, a Aníbal Fernández, a Amado Boudou y todos los integrantes de la pandilla que ocupó el Estado hasta el 10 de diciembre.</p>
<p>Las opiniones en el mundo económico y empresario respecto del segmento mágico del segundo semestre están divididas. La mayoría se inclina a pensar que efectivamente se detendrá el alza furibunda de los precios, pero que eso no alcanzará para llegar a la meta anual del 25 por ciento. También coinciden en que comenzarán a conocerse inversiones concretas, especialmente en el sector agroindustrial, pero que eso no tendrá un efecto espectacular ni en el consumo ni en el empleo.</p>
<p>Resulta francamente increíble que las fuerzas políticas no tengan la grandeza necesaria y, al contrario, se rijan por las mezquindades que siempre las caracterizaron. Pero eso es lo que hay. Y con eso tendrá que manejarse el Presidente, la sociedad y la comunidad inversora.</p>
<p>Quizás un poco más de magnanimidad de parte de esta última podría producir un punto de inflexión en esta ecuación que comentamos: si los hombres de negocios hicieran un acto de fe que fuera más allá de los algoritmos que guían sus decisiones, tal vez el experimento de cambio podría tener una chance en la Argentina. Aunque es justo reconocer que en el círculo vicioso entre una clase empresaria prebendaria y un Estado interventor y estafador no puede establecerse dónde está el origen y dónde el final, dónde está la causa y dónde la consecuencia.</p>
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		<title>Mucho más allá del veto</title>
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		<pubDate>Sat, 21 May 2016 09:51:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Estatismo]]></category>
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		<description><![CDATA[El Presidente habló hoy en Cresta Roja para explicar su postura respecto de lo que allí llamó “ley antitrabajo”, anticipando la firma de su veto. Hay varios puntos de su discurso que fueron más allá del mero marco de la ley votada en el Congreso. El Presidente dijo que los gobiernos que ha tenido la... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/05/21/mucho-mas-alla-del-veto/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Presidente habló hoy en Cresta Roja para explicar su postura respecto de lo que allí llamó “ley antitrabajo”, anticipando la firma de su veto. Hay varios puntos de su discurso que fueron más allá del mero marco de la ley votada en el Congreso.</p>
<p>El Presidente dijo que los gobiernos que ha tenido la Argentina hasta ahora, -incluido y en primer lugar el que acaba de irse-, que creían que los argentinos no podemos vivir en libertad. Que para que tengamos una vida vivible, necesitamos que el Estado poco menos nos venga a lavar los dientes.<span id="more-1369"></span></p>
<p>En efecto, parece mentira pero hasta hace unos días en los medios audiovisuales, todavía teníamos una frase que decía “comienzo de espacio publicitario”, como si los argentinos necesitáramos que venga el Estado para indicarnos cuando empiezan los comerciales en la radio y en la televisión.</p>
<p>Es la primera vez que el presidente se refiere plena y desembozadamente a la libertad. La libertad no ha sido un valor en la Argentina; ha sido menospreciada, considerada subalterna a todo otro valor que ande dando vueltas por ahí.</p>
<p>El Presidente fue claro en ese sentido: su postura es otra; <strong>su postura se basa en la confianza en el individuo argentino</strong>; se basa en que, si el Estado cumple la única función para la que fue creado que es la de organizar normas claras, generales y simples que se apliquen igualitariamente, el argentino, los argentinos, podremos decidir nuestra vida, darles un cauce a nuestros sueños, de acuerdo a nuestras propias valoraciones. Se trataría –si lo logra- de una verdadera revolución, comparable tan solo al comienzo de la vigencia de la Constitución de 1853.</p>
<p>En otro párrafo se refirió a la generación de condiciones para la creación del primer empleo, que es fundamental para mantener la rueda económica funcionando, sacar a los chicos de la calle y darle un horizonte a quienes hoy divagan en las aguas del ni/ni; ni trabajan, ni estudian.</p>
<p>Luego pasó a un capítulo que siempre forma parte del discurso político argentino, muchas veces, lisa y llanamente demagógico, que tiene que ver con las PyMEs. En efecto, en la Argentina lo común es referirse a esa franja de empresas casi con una sensiblería tanguera. E<strong>n todo discurso en donde un político no tuviera más remedio que mencionar a los empresarios, siempre ha hecho, en la Argentina, la salvedad de que se refería a los “pequeños y medianos”, como si ser grande fuera un pecado en el país.</strong></p>
<p>Y adivinen cómo será un país que alaba sensibleramente a lo pequeño y mediano: pues adivinaron, pequeño y mediano.</p>
<p><strong>Hoy Mauricio Macri salió de ese molde</strong>. Dijo que su gobierno avanza en un proyecto para destrabar el trabajo de las PyMEs, para que dejen de estar ahogadas y aspiren – y puedan- ser grandes un día.</p>
<p>Porque ese crecimiento “correrá la sábana” virtuosamente hacia arriba: la mediana será grande; la pequeña será mediana y donde no había nada nacerá una pequeña.</p>
<p>Allí el Presidente dijo algo sintomático. Se preguntó: “¿Qué queremos todos?” Y se respondió: “Que las empresas crezcan, que se transformen en medianas empresas y después en grandes empresas” (con énfasis de tono en la palabra “grandes”). Y aquí, yo me pregunto, con esa base de nihilismo que habita en todo periodista:<strong> ¿todos queremos eso?</strong>, ¿todos queremos que las empresas crezcan? ¿O algunos no lo quieren tanto, porque eso sería ver a algunos teniendo más plata que otros? Sólo lo planteo. Sólo quiero pensar.</p>
<p>El presidente habló de un puente entre lo que somos y lo que podemos ser. Quizás como nunca antes enumeró dos o tres medidas de las que se tomaron para hacerle ese tránsito menos doloroso a los que menos tienen. Hasta ahora el Gobierno había apostado al “la gente sola lo va a reconocer”. <strong>Finalmente parece que han entendido esa lección sobre lo enamorada de las palabras que está la sociedad argentina. De las palabras y de los líderes que se las cuentan. </strong></p>
<p>Está claro que Macri no pertenece a esa clase de políticos. Pero el puente también es para él. No podrá atravesarlo si hace como si ya estuvieran vigentes las nuevas costumbres que él ve brillar en la otra orilla. Aun no brillan para todos, Señor Presidente. Hay muchos que aún viven por y con las costumbres viejas. Y a ellos hay que dirigirse por y con los patrones que entienden, para llevarlos al cambio, pero con las partituras que saben leer.</p>
<p>El Presidente habló de la confianza en nosotros mismos. De un mundo que compite con nosotros pero que también nos da una oportunidad. Les dio la bienvenida a los que quieran llegar.</p>
<p>De nuevo planteo un interrogante socrático: ¿todos estamos dichosos con que vengan?, ¿o el miedo y la necesidad de pedir protección siguen siendo los costados peraltados de nuestra personalidad?</p>
<p><strong>Sobre ese miedo operó el estatismo, para copar los sillones del Estado y desde allí robarnos nuestras fortunas mientras decían que nos ayudaban,</strong> como pobres Cristos que nos consideraban.</p>
<p>El Presidente expuso su convicción de que no somos pobres Cristos. Que podemos.</p>
<p>Ese es el cambio cultural más profundo que debe operarse en la Argentina. Desde las inefables descripciones de Ortega y Gasset -que nos definía como viviendo a la defensiva, porque en el fondo conocíamos la discrepancia que había entre lo que nos creíamos y lo que éramos- hasta ahora <strong>hemos vivido en una burbuja irreal que sólo nos llevó a la decadencia. </strong></p>
<p><strong>De toda esa fantasía, por supuesto, la construida en estos últimos doce años ha sido la más dañina y la más perniciosa.</strong></p>
<p>El veto a la ley anti trabajo es y debe ser sólo una anécdota. <strong>El verdadero norte revolucionario debe estar puesto en salir de la cultura paternal y asistencialista</strong> para pasar a la cultura que cree que los sueños son realizables y que nadie debe vivir una vida que no quiera. Esa vida se hace con libertad y con derechos civiles. No con reglamentos ni con leyes que pretendan convencernos de que las cosas son reales porque están escritas en un pedazo de papel.</p>
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		<title>Urgente una diagonal</title>
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		<pubDate>Sat, 07 May 2016 09:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ley antidespidos]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[Existe una corriente de pensamiento que cree que lo que votó la sociedad el 22 de noviembre es un proyecto de despresidencialización de la política, entendiendo por eso una nueva forma de relacionamiento entre la gente y el Presidente, según el cual este será más prescindente de la vida cotidiana de las personas y estas... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/05/07/urgente-una-diagonal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Existe una corriente de pensamiento que cree que lo que votó la sociedad el 22 de noviembre es un proyecto de despresidencialización de la política, entendiendo por eso una nueva forma de relacionamiento entre la gente y el Presidente, según el cual este será más prescindente de la vida cotidiana de las personas y estas cobrarán más relevancia en el destino de sus propias vidas. ¡Ojalá Dios oyera a esos que interpretan la realidad de ese modo y les diera la razón en los hechos!</p>
<p>Hace ya seis años que imaginamos en estas mismas columnas lo que llamamos “Discurso imaginario de un presidente”, en donde soñábamos exactamente con eso: un jefe de Estado que nos dijera que no había llegado a ese sillón para ser nuestro papá y que cada uno de nosotros, en medio de un clima generado por sus medidas de razonabilidad económica, delineara su horizonte y su felicidad.</p>
<p>Pero hay que reconocerlo: esa cultura política no está en nuestros genes. Para ser simple: <b>no hay tal cosa como haber votado un proyecto de despresidencialización de la Argentina. Lo que la sociedad votó mayoritariamente fue un cambio por hartazgo de un escenario —en gran medida ya grotesco— en el que desde el robo hasta el mal gusto se habían apoderado de la realidad</b>; la sociedad no lo resistió más.</p>
<p>Pero de allí a concluir que los argentinos renunciaron a tener un papá-presidente hay un trecho inmenso que la sociedad no cruzó.</p>
<p>Frente a esta realidad se conciben dos estrategias:<span id="more-1349"></span></p>
<p>1. Proponer la nueva cultura y a manejarse en gran medida como si la nueva cultura ya estuviera vigente, o</p>
<p>2.- Rescatar de la cultura vieja lo que inteligentemente convenga para que, al mismo tiempo que se le da a la sociedad parte de lo que su idiosincrasia pide, se agreguen dosis cada vez mayores de cultura nueva para operar el cambio.</p>
<p>Es evidente que en Cambiemos estas dos estrategias están en pugna. Hay sectores de la coalición que pretenden manejarse con la estrategia 1 y otros que se inclinan por la estrategia 2.</p>
<p>El Presidente, en lo que va de su Gobierno, tiene más puntos de contacto con la estrategia 1, de lo contrario, no se entendería la manera en que decidió operar ciertas medidas que, aunque necesarias, había que cuidar muy bien su impacto.</p>
<p><b>La manera de hacerlo es con una presencia constante que le dé a la gente la sensación de que alguien se está ocupando de ella. La sociedad argentina precisa que le digan que alguien se está ocupando de ella.</b> No llegará a esa conclusión aunque vea que se están ocupando; necesita que se lo digan.</p>
<p>La cultura paternal-adolescente es una cultura de la palabra; la cultura individual-adulta es una cultura de los hechos. Pelearse contra esa realidad no hará que pasemos de adolescentes a adultos por arte de magia.</p>
<p>En el caso de la ley antidespidos hubiera sido necesaria una mayor actividad del presidente-papá para explicarles a sus ciudadanos-hijos cómo haría él para cuidar el empleo. No hay dudas, porque en el fondo es una verdad de Perogrullo, de que para cuidar el empleo hay que generar empleo y que, desde ese punto de vista, la ley es contraproducente.</p>
<p>El ámbito de discusión natural de estas cuestiones debe ser el Congreso. Pero en una sociedad adolescente, si la familia habla y no se pone de acuerdo, es el papá el que finalmente debe hacerse escuchar, porque allí podrán alardear todos de la democracia, pero cuando las papas queman, todos reclaman un mando.</p>
<p><b>Mauricio Macri es un hombre horizontal y probablemente este modelo no le siente ni a su persona ni a su proyecto. Pero más pronto que tarde deberá encontrar una diagonal que una las dos realidades y que acorte el camino hacia el cambio.</b> Enojarse con la idiosincrasia argentina y creer que el cambio ya se produjo sólo demorará que se produzca realmente.</p>
<p>Si me preguntan cuál es la táctica para mezclar el agua con el aceite, confieso que no la sé. Pero si se quiere que al final de este camino haya solamente agua, habrá que encontrar una forma de retirar el aceite sin que sus amantes se den cuenta. En muchos casos habría, incluso, que tirar un poco de aceite a la mezcla.</p>
<p>La oposición, que no tiene responsabilidades de gobierno, puede darse el lujo de decirlo. Es lo que hace Sergio Massa, que vive diciendo que él puede entregar el país nuevo que promete Macri, pero siguiendo en muchos casos las tácticas viejas que aplicaba Kirchner.</p>
<p><b>Si Cambiemos no encuentra una forma para instrumentar un discurso diagonal, la adolescente argentina seguirá como fue siempre</b>. Y es muy posible, incluso, que en un futuro le recrimine, al mismo tiempo, que no fue ni papá ni un pícaro guía hacia la adultez.</p>
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		<title>¿Y el arte del acuerdo?</title>
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		<pubDate>Tue, 03 May 2016 10:35:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<category><![CDATA[acuerdo]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Mientras los allanamientos en el sur continuaron proporcionando novedades durante el fin de semana y los sindicalistas realizaron su convocatoria por el 1° de mayo, un capítulo de los dichos del Presidente durante la campaña electoral y en su discurso inaugural sigue sin demasiada visibilidad. Se trata de lo que Macri llamó “el arte del acuerdo”.</p>
<p>En efecto, frente a las medidas de notorio impacto en la economía familiar, <strong>el Presidente no ha sido visto como a muchos les hubiera gustado, en reuniones imparables con gremialistas, empresarios, ONGs y otras fuerzas vivas de la sociedad. </strong></p>
<p>La mayoría no recibió ninguna explicación de por qué era necesario hacer lo que se hizo; tampoco nadie fue llamado para negociar una manera de presentarle esto a la gente ni para elaborar algún amortiguador que contara con el consenso de los distintos sectores.<span id="more-1344"></span></p>
<p><strong>Se sabe que el Presidente ha insultado en voz baja y en privado a quienes fueron sus pares empresarios hace unos años y que el ministro de Trabajo viene manteniendo conversaciones con los sindicatos. </strong></p>
<p>Pero lo que espera una sociedad como la argentina es una hiperactividad presidencial  haciendo al mismo tiempo tres cosas:</p>
<p>1.- explicando lo que hay que hacer y por qué hay que hacerlo</p>
<p>2.- teniendo conversaciones con todos los sectores para sumar acuerdos a su estrategia</p>
<p>3.- delineando un camino y una meta a la que se espera llegar en cuánto tiempo.</p>
<p><strong>Esa hiperactividad del Presidente es vital para empatar la necesidad de la sociedad de no sentirse desamparada.</strong> <strong>También es necesaria por la viveza política de no dejar el capítulo “sensibilidad” en manos de quienes no dudaran en explotar políticamente esa veta.</strong></p>
<p>En eso y no en otra cosa consistió, en gran medida, el acto sindical del viernes: señores que se mantuvieron callados cuando toda esta bomba de tiempo se armó con paciencia oriental y que ahora se quejan porque el gobierno “prometió pobreza cero y no cumplió” (sic Piumato)</p>
<p>Cambiemos no podía esperar otra cosa. Mauricio Macri dijo este martes “no sé si es ignorancia o mala fe” refiriéndose a los comentarios sobre que las retenciones beneficiaron a los ricos. El Presidente explicó que esas medidas le devuelven la vida a las economías regionales de las que dependen miles de empleos y que estaban agonizando bajo el gobierno anterior.</p>
<p><strong>Pero el Presidente no puede ceder la iniciativa bajo el argumento de que “el sentido común finalmente será comprendido”.</strong> Hemos explicado hasta el cansancio aquí mismo que no es así, lamentablemente.</p>
<p><strong>La sociedad argentina tiene una proclividad muy marcada a dejarse cautivar por la demagogia</strong>. Si no hay una reacción inteligente a esa estrategia, al Presidente podrá resultarle extrañísimo que la gente no acompañe sus medidas, cuando, a poco de pensar, todo el mundo debería comprender que están dirigidas a crear las condiciones para la generación de trabajo estable y bien remunerado. Lo que ocurre es que no siempre el “debería” se corresponde con los hechos reales: sí, la gente debería entenderlo y deducirlo con un poco de razonamiento. Pero como <strong>pensar no es fácil y es más sencillo escuchar discursos encendidos</strong> y tener a quien echarle la culpa, el gobierno debería tomar nota de esa realidad y operar inteligentemente sobre ella.</p>
<p>¿Cómo? Pues, c<strong>on el arte del acuerdo. Después de todo ese era el ingrediente supuestamente novedoso de la administración del presidente Macri: la constante convocatoria a la conversación</strong>.</p>
<p>Es de toda urgencia que ese camino sea comenzado para cauterizar las heridas proferidas por el sinceramiento económico. El espectáculo de tener a un Presidente que todos los días emite señales de que no tiene todas las respuestas –como repetidamente dijo durante la campaña- y que, al contrario, abre su mano para entregar y recibir respuestas <strong>puede producir un click social que alimente el único hilo del cual depende su éxito: la paciencia</strong>.</p>
<p>Como lo comentamos aquí tan solo 10 días después de la asunción del nuevo gobierno, ese elemento inasible es, paradójicamente, el más formidable y fuerte sujetador que tiene Macri para lograr lo que se propone.</p>
<p>Ya ha habido gente –minoritaria como siempre lo fue, pero que de todas maneras expresa el sentir de algunos- <strong>que ha confesado que desea que a Macri le vaya mal</strong> para que ellos puedan volver. Sí, sí: desean el mal del Presidente, el caos, tal vez muertes, el helicóptero… Con eso serían felices.</p>
<p><strong>Esa gente no debe contar con un terreno cultivable</strong>: <strong>deben ser aislados y borrados del mapa político por una estrategia inteligente.</strong> Lo mejor de esa estrategia es que ya sido anunciada, nada más y nada menos, que por el propio interesado en sus resultados. El único misterio es por qué no está en marcha.</p>
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		<title>Llegó la hora del relato</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/04/21/llego-la-hora-del-relato/</link>
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		<pubDate>Thu, 21 Apr 2016 10:07:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante doce años la sociedad argentina se bancó una monumental mentira que invadió casi todos los rincones de la realidad y sobe la que se construyó una realidad paralela, virtual, completamente mentirosa respecto de lo que ocurría realmente, que tuvo el enorme efecto de un narcótico generalizado que hipnotizó a una mayoría decisiva de argentinos.... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/04/21/llego-la-hora-del-relato/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante doce años la sociedad argentina se bancó una monumental mentira que invadió casi todos los rincones de la realidad y sobe la que se construyó una realidad paralela, virtual, completamente mentirosa respecto de lo que ocurría realmente, que tuvo el enorme efecto de un narcótico generalizado que hipnotizó a una mayoría decisiva de argentinos.</p>
<p>Bajo los influjos de ese estupefaciente nació <strong>una generación de zombies</strong> que siguió, poco menos que ciegamente, un proyecto cuyo único objetivo consistía en el saqueo del Tesoro Público.</p>
<p><strong>El relato se apoyó, básicamente, en dos sostenes fundamentales: una épica revolucionaria, populista, nacionalista, divisoria y antioccidental; y una lluvia de mensajes a repetición que llenaba el espacio público con supuestos logros</strong> que solo aparecían en estadísticas falseadas, en obras que nunca se hacían, y en un copamiento visual constante que no ahorró cadenas nacionales, la construcción de un aparato paraestatal de propaganda fondeado con dinero de todos y una irresponsable emisión monetaria que depreció la moneda local hasta convertir a su billete de máxima denominación en el equivalente a cinco dólares.<span id="more-1334"></span></p>
<p><strong>Toda esta infernal maquinaria tenía como objeto mantener una mentira</strong>; a poco que se retirara la polvorienta superficie poblada de palabras huecas y de histrionismos baratos, no se encontraba nada, solo robo y corrupción.</p>
<p>Sin embargo el modelo no solo funcionó, sino que concitó el 48 por ciento de apoyo electoral en las elecciones de noviembre del año pasado.</p>
<p>Este dato da la pauta de que a una enorme porción de la sociedad le gusta el verso; más allá de que viva como el traste, esté colgada de un plan y su trabajo solo consista en precariedades, <strong>sigue adorando el mito del Estado salvador y de personas que pueden confundirse con la mismísima Patria</strong>. Se trata del mismo sustrato que uno encuentra en las sectas: una irracionalidad tras otra que, sin embargo, producen un fenómeno muy real y contra el que es difícil luchar porque en la mayoría de los casos viene acompañado de una dosis de fanatismo que no entiende razones.</p>
<p>Esta es la naturaleza, nos guste o no, que habita en las creencias y en la idiosincrasia de una parte importante del pueblo argentino.</p>
<p>Frente a esta verificación nos encontramos con lo que sucedió en noviembre: la mayoría cambió de bando y, por escaso margen, retiró del gobierno a los encantadores de serpientes y colocó allí a gente con un discurso diferente; a <strong>gente que cree que su principal misión en el gobierno es generar las condiciones socioeconómicas necesarias para que cada uno salga adelante por sí mismo y no por la ayuda asistencialista del Estado.</strong> Se trata de un cambio enorme. Es el choque de dos mundos completamente incompatibles.</p>
<p>Producido el cambio político, es natural que, quien ganó, saque la rápida conclusión de que lo hizo porque la sociedad entendió su mensaje, cambió de verdad y está dispuesta a emprender esta nueva manera de vivir que consiste en encarar la vida con un plan propio (básicamente fundado en las aspiraciones y en los gustos personales y no en aguantar lo que otro o las circunstancias de la vida dispongan), en ser responsable por los actos y las decisiones propias y en dar por sentado que el gobierno debe ser concebido no como un dador de soluciones llave en mano, sino como un removedor de obstáculos para que cada uno nos demos a nosotros mismos las soluciones que más nos plazcan.</p>
<p>La pregunta entonces es: ¿de verdad la sociedad produjo ese cambio? <strong>¿El resultado electoral fue la consecuencia de que la sociedad cambió el chip y quiere ir hacia esa vida autónoma e individualmente responsable?</strong></p>
<p>Una primera aproximación de respuesta nos la da el propio resultado de las elecciones: 52 a 48. Evidentemente no estamos aquí ante un escenario claro de cambio. Podría decirse incluso que dentro de la nueva mayoría hay mucha gente que votó a Cambiemos porque estaba harta de los Kirchner, de tanta impunidad, de tanto relajo, de tanta corrupción obscena y de tanta soberbia prepotente. Pero puestos esos extremos a salvo, <strong>mucha de esa gente sigue compartiendo la concepción paternalista de la vida según la cual cada uno de nosotros debe aspirar a recibir una vida resuelta</strong> y no simplemente las herramientas para que cada uno la resuelva solo.</p>
<p>Por lo tanto a medida que Mauricio Macri (probablemente convencido de que en la Argentina finalmente se produjo aquel click mágico) avance hacia el alumbramiento de un nuevo contrato social en el que cada argentino debe ser el artífice de su propio destino, con independencia de los planes que el Estado tenga para él, <strong>es posible que aparezcan resistencias culturales a esa pretensión porque ella desafía seriamente los cimientos de una estructura de pensamiento que ha dominado el subconsciente y el sentido común medio de la sociedad durante los últimos 60 años.</strong></p>
<p>Y es aquí en donde se plantea entonces el imperio de una paradoja tal vez inmensamente cínica pero que vale la pena ensayar sabiendo que es para bien de todos y para el bien de la Argentina como proyecto en este mundo. Después de todo si las herramientas que vamos a sugerir aquí se usaron con éxito para hacer el mal, para dar nacimiento a una casta de privilegiados que nos esquilmó y nos dejó en la miseria; si sirvieron para aislar a la Argentina hasta convertirla en un rincón oscuro y muchas veces innombrable en el concierto internacional, <strong>¿por qué no intentarlas por las buenas razones, por los buenos motivos, por el bien, por un futuro mejor? </strong></p>
<p>Me dirán ¿acaso sugiere que las herramientas que se usaron para hacer el mal se usen para hacer el bien?, <strong>¿y parte del mal no eran las propias herramientas?</strong> Veamos…</p>
<p>Empecemos por el llamado “relato”. Si hubo un relato de la mentira, ¿por qué no puede haber un relato de la verdad? El gobierno parece animado por la idea de que la gente “se dará cuenta sola de lo que hacemos bien”. No, muchachos. No es así: hay que repiquetear constantemente con los logros y sus consecuencias. Va un ejemplo: la salida del default después de casi 15 años pasó desapercibida; quedó sepultada por Báez, Chueco y por Cristina Fernández reunida con intendentes del FpV. ¡Es increíble! <strong>¡No se puede regalar la cancha así!</strong> ¡Y menos a un conjunto de sucios que no dudarán un instante en tergiversar los hechos para salirse con la suya!</p>
<p>Otro ejemplo. El Presidente dio a conocer un paquete de medidas tendientes a aliviar la situación económica de más de 10 millones de argentinos, con diferentes paliativos que tienen que ser temporales pero que en este momento son muy importantes. ¿Cuándo lo hizo? ¡Un sábado a la mañana! ¿Pero quién los aconseja? ¿El enemigo?</p>
<p>Esto debe cambiar. Es imprescindible que un equipo profesional que conozca a la perfección la idiosincrasia nacional se haga cargo de la situación y diseñe un plan comunicacional para que, desde la palabra, le gente escuche lo que necesita escuchar AL MISMO TIEMPO QUE, POR OTRO LADO, se van haciendo las cosas para que esa misma gente vaya advirtiendo las ventajas de vivir de acuerdo al otro modelo: al que la invita a diseñar su vida y a intentar concretarla por sí misma.</p>
<p>La imagen que mejor refleja esta idea es la de tomar a cada uno de la mano porque estoy convencido que es mejor que cada uno camine solo. Este es el imperio de la paradoja al que me refería más arriba.</p>
<p>¿Pero cómo voy a tomar a cada uno de la mano si lo que creo –justamente- es que es mejor (antes que nada para él mismo) que camine solo? Porque si creo que de repente ese ser humano acostumbrado poco menos a que le den de comer en la boca, cambió diametralmente y ahora quiere comerse el mundo por sí mismo, me voy a equivocar.</p>
<p><strong>Hay que construir un relato libertario para que el gobierno pueda demostrar en el escenario preferido de los argentinos -la calle- que su concepción del mundo y de la vida cuenta con el apoyo de una mayoría decisiva de la sociedad.</strong> Si se cede ese terreno bajo argumentos tales como “la gente se va a dar cuenta sola”; “no perdamos energía en eso”, etcétera, etcétera, va a llegar un momento en que nos vamos a dar cuenta de que perdimos el objetivo porque desdeñamos y subvaluamos lo que puede ser un mensaje inteligente y cautivador.</p>
<p><strong>Los argentinos prefieren ser seducidos por las palabras antes que por los hechos</strong>. Alguien urgentemente debe darse cuenta de eso en el gobierno. Si de todos modos Cambiemos sabe que lo anima la buena leche de no entregar solo palabras sino también hechos, ¿por qué renunciar a las palabras? Si medio país cayó narcotizado por un proyecto que no tenía más que verso y sanata, ¿por qué no agregarle al eficientismo de los hechos, la humanidad de las palabras? Sería muy estúpido que esta oportunidad se perdiera porque nadie supo desentrañar como conquistarnos.</p>
<p>El kirchnerismo demostró que supo advertir unas cuantas cosas que nos gustan a los argentinos. Las puso en práctica y enamoró a millones que le permitieron robar y saquear al Estado para beneficio propio. ¿No será posible que alguien indague sobre esos gustos y los use inteligentemente para hacer de la Argentina y de los argentinos algo mejor? Estoy de acuerdo en que lo que nos gusta es, justamente, lo que tenemos que cambiar. Pero… ¿quién dijo que esto iba a ser fácil? Lo único que no puede hacerse es subestimar el inconsciente. Imperiosamente hay que encontrar una manera para que, usándolo, alumbremos un país nuevo y una vida mejor.</p>
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		<title>Son estos, no hay otros</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Apr 2016 15:24:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Comodoro Py]]></category>
		<category><![CDATA[Federico Delgado]]></category>
		<category><![CDATA[Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Poder Judicial]]></category>

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		<description><![CDATA[Los cuentos que parecían de ciencia ficción cuando las primeras investigaciones periodísticas daban cuenta de bóvedas, estancias en el sur con dinero enterrado, enormes cajas fuertes del Banco Hipotecario trasladadas a propiedades de los Kirchner, podrían empezar a confirmarse y a cobrar visos de realidad más temprano que tarde. Quizás sea esa expresión de deseos... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/04/08/son-estos-no-hay-otros/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los cuentos que parecían de ciencia ficción cuando las primeras investigaciones periodísticas daban cuenta de bóvedas, estancias en el sur con dinero enterrado, enormes cajas fuertes del Banco Hipotecario trasladadas a propiedades de los Kirchner, podrían empezar a confirmarse y a cobrar visos de realidad más temprano que tarde.</p>
<p>Quizás sea esa expresión de deseos atorada en el ánimo de la mayoría de los argentinos, que daría lo que no tiene para ver las pruebas del robo por una vez en la vida delante de sus ojos. Otros van más allá en sus sueños y piden la restitución de lo robado. Pero lo cierto es que desde hace unas cuantas horas existe un clima de <i>mani pulite</i> que esperanza a muchos y que tiene atentos a otros.</p>
<p>Hace unas semanas el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, emitió una señal hacia todo el Poder Judicial en el sentido de que la meta primordial de esa rama del Estado debía ser la lucha contra la impunidad y que los jueces debían perseguir la corrupción y castigarla.</p>
<p>Algunos dicen que eso explica la súbita aceleración que han tenido algunas causas. Otros indican que esta es la respuesta de los juzgados federales al proyecto del ministro Germán Garavano para reformar esa área de la Justicia, con la creación de juzgados con competencia específica que, necesariamente, recortaría el poder de los jueces actuales.<span id="more-1328"></span></p>
<p>Muchas de esas materias, para las cuales el ministro quiere jueces específicos, tienen que ver con la corrupción, el lavado de dinero, el narcotráfico y el terrorismo. <b>Si los doce jueces que hoy en día trabajan en Comodoro Py pudieran entregar pruebas de que esa reforma no es necesaria porque ellos son capaces de lidiar con esas causas al entregar resultados visibles en plazos razonables, quizás la iniciativa se detenga y ellos conserven su poder.</b></p>
<p>En Estados Unidos Bernard Madoff estaba preso seis meses después de que sus desfalcos financieros se descubrieran. En París, 24 horas después de los atentados tanto en <i>Charlie Hebdo</i> como en el centro de la ciudad se conocía la identidad de los terroristas. <b>Aquí hace más de veinte años que no se sabe nada sobre las voladuras de la Embajada de Israel y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).</b></p>
<p>Esta asociación ideal entre corrupción e impunidad debe terminar. Y no hay dudas de que los jueces son los que están en mejor posición para tirar la primera piedra.</p>
<p>Otras veces deberían ser los propios protagonistas quienes den ese paso, si es que no tienen nada que esconder. En ese sentido, <b>es una pena que el Presidente no se haya presentado espontáneamente a la Justicia para decir: “Aquí estoy, investígenme”</b>. La verdad es que perdió una oportunidad de oro para sorprender con un golpe de efecto inesperado y, desde ya, completamente infrecuente. Que en medio de tanta podredumbre hubiera aparecido el fulgurante contraste de Mauricio Macri poniéndose a disposición de la Justicia, habría llevado ese hecho a la ponderación de todos.</p>
<p>En realidad no se sabe por qué no lo hizo. Varios ministros han contado que el día de la asunción, viendo la gente en las calles que lo saludaba para augurarle suerte, el Presidente los reunió a todos y les dijo: “No le podemos fallar a toda esta gente. Al primero que se mande una macana yo mismo lo voy a llevar de una oreja a Tribunales”.</p>
<p>Por qué no fue él el primero en pedir una investigación que aclarara su situación no se sabe. Hubiera sido lo deseable: un presidente desnudo ante los jueces rindiendo cuentas por las dudas que pudieran haberse generado. Inédito. Y encima con un aprovechamiento político único, si es que lo queremos mirar desde ese ángulo, siempre mezquino, de los costos y los beneficios.</p>
<p>Ahora ya es tarde. <b>Por una denuncia del diputado del Frente para la Victoria (FPV) de Neuquén, Darío Martínez, el fiscal federal Federico Delgado imputó al Presidente en el juzgado de Sebastián Casanello para averiguar si Macri ocultó maliciosamente la declaración de esa sociedad.</b><b></b></p>
<p>De todos modos la Justicia —y particularmente Casanello— podrá dar aquí otra muestra de si está dispuesta a expedirse con celeridad sobre cuestiones que afectan gravemente el estado de ánimo social. La sociedad tiene derecho a saber con prontitud si el Presidente que está pidiendo sacrificios importantes a cambio de un futuro mejor tiene la suficiente autoridad moral para hacerlo. Es cierto que estas son cuestiones del pasado, cuando la vida de Macri era muy distinta a la actual. Pero no importa, el hecho está teniendo consecuencias hoy sobre ese inasible activo que es la confianza y la credibilidad.</p>
<p>Tampoco puede hacerse a un lado la política y no reconocer que, para la oposición, es esencial poner en tela de juicio esa cualidad. Si lo lograra, le habría birlado al Presidente la parte más importante de su capital político. Ese es otro motivo institucional por el que Casanello debe investigar con seriedad y celeridad esta cuestión. Luego de que el juez se expida en un sentido o en otro, no debe quedar la menor duda de que lo que dijo es la verdad.</p>
<p>¿Tiene la Justicia argentina los antecedentes para estar a la altura de estas circunstancias? Lamentablemente, no. A ese poder también han llegado truhanes, vivos, gente que no puede explicar su fortuna, etcétera. Desgraciadamente, parece que en cualquier lugar de la sociedad en donde se meta presión sale pus. Y dije a propósito “sociedad” y no “poder”, porque esta no es una enfermedad solamente del poder. Al poder ha llegado consuetudinariamente una parte representativa de ese coqueteo con la ilegalidad que parece que tienen muchos argentinos. Aquel dicho de que los pueblos tienen los gobernantes que se les parecen cobra un inusitado brillo entre nosotros.</p>
<p>Pero sea como sea, se trata de los jueces que tenemos y será con ellos, o a pesar de ellos, que tendremos que empezar a recorrer este camino de limpieza sin el cual siempre nos acompañaran la miseria y el atraso.</p>
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		<title>Papeles de Panamá: no todo es lo mismo</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Apr 2016 04:45:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[#PanamaPapers]]></category>
		<category><![CDATA[corrupción]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[La necesidad de explicar constituye un problema. Más allá de lo rotundamente convincente que sea la explicación, el solo hecho de que haya que salir a darla es un dolor de cabeza. Y cuando se debe salir a explicar una cuestión que roza la posibilidad de algo, digamos, incorrecto y que encima tiene por protagonista... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/04/06/papeles-de-panama-no-todo-es-lo-mismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La necesidad de explicar constituye un problema. Más allá de lo rotundamente convincente que sea la explicación, el solo hecho de que haya que salir a darla es un dolor de cabeza. Y cuando se debe salir a explicar una cuestión que roza la posibilidad de algo, digamos, incorrecto y que encima tiene por protagonista al presidente que se ve en la obligación de aumentar el precio de los servicios públicos 500% para terminar con una formidable distorsión económica provocada por doce años de demagogia y fantasía, muchísimo peor.</p>
<p>Esta es la situación que domina el ambiente mediático y político desde el domingo a la tarde, cuando se conocieron los pormenores de los llamados “Panama Papers”, que, entre otras cosas, develaron que Mauricio Macri figuraba como director de una empresa offshore con sede en Panamá.</p>
<p>Desde ese momento hasta ahora se han sabido muchos detalles del asunto divulgados de manera bastante inorgánica por el propio Presidente y por otra gente del Gobierno. Según esas aclaraciones, Macri simplemente llenaba un lugar de un requerimiento burocrático necesario para que Franco Macri —su padre— pudiera abrir, en 1998, esta empresa.</p>
<p>También se supo que el titular del grupo familiar había declarado, ante la entonces Dirección General Impositiva (DGI), la existencia de esa empresa y que esta no habría operado ni siquiera para lo que se suponían que eran los objetivos iniciales, esto es, llegar al mercado brasileño con el servicio de cobros exprés Pago Fácil.<span id="more-1321"></span></p>
<p>Luego, Perfil dio a conocer otra empresa —Kagemusha— en donde el esquema se repetía, con un movimiento de 1.950 dólares en total. Ambas compañías ya no existen y fueron dadas de baja.</p>
<p>Hasta aquí, y así explicado, parecería que se trata de una nimiedad en la que no merece perder demasiado el tiempo. Sin embargo, en la Argentina, nada es igual a lo que parecería desprenderse del sentido común. Por principio, lo explosivo de la novedad (explosivo en gran parte por el léxico involucrado: “paraíso fiscal”, “offshore”, “Panamá”, “empresa fantasma”, etcétera) no iba a ser dejado de lado así nomás por una oposición ávida de encontrar un filón por donde equilibrar tantos dardos que se le vienen encima con el tema corrupción.</p>
<p><b>Las citaciones de Cristina Fernández, Julio de Vido, Lázaro y Martín Báez y la detención (con ventilador incluido) de Ricardo Jaime, debían ser contrarrestadas con algo y esto fue un regalo del cielo: poner al Gobierno en la necesidad de dar explicaciones sobre una cuestión que en principio aparece con todos los ribetes de lo sórdido e ilegal </b><strong>es el desiderátum de cualquier político a la defensiva</strong>.</p>
<p>Es más llamativa la reacción de algunos sectores de la propia coalición de Gobierno, que han vuelto a dejar solo al Presidente, como ya lo habían hecho en ocasión de los aumentos de tarifas.</p>
<p>Pero lo realmente importante de toda esta ensalada es qué repercusión tendrá en el ánimo social y cuánto capital de apoyo y confianza ha puesto en juego el Presidente. En ese sentido, se han llegado a escuchar análisis que cuando uno les presta atención dice “cómo puede ser que hayamos llegado al punto de que razonamientos como este no sólo tengan cabida en la Argentina, sino que uno tiene que admitir que tienen razonabilidad entre nosotros”.</p>
<p>Por ejemplo, se ha dicho que, frente a la sociedad, Cambiemos tiene un problema, porque como ha trasmitido la idea de la honestidad y la decencia, la gente le tiene menos paciencia cuando ocurren cosas como esta. En cambio —dicen quienes ensayan este análisis— agrupaciones que han tenido con la corrupción posiciones, digamos, más laxas, cuentan con más plafón de la opinión pública, porque de alguna manera esta se acostumbró a que con ellos la cosa sea así.</p>
<p>Es maravilloso: en lugar de que la sociedad le tenga menos paciencia al que no se cansó de “hacerlas todas”, al que realmente acusamos es al que se manda la primera, incluso en el caso de que ni siquiera “se la haya mandado”. Algo muy profundo debe estar pasando en la psiquis nacional como para que ocurran estas cosas.</p>
<p><b>Sí quedará para la discusión si el Gobierno y el propio Presidente se movieron bien desde el punto de vista comunicacional o si debieron tomar el caso con mayor formalidad</b>. Quizás una de las cosas que Macri y su equipo deberían pensar es en dejar de hacer exactamente lo contrario a lo que se hacía durante el kirchnerismo, sin más razones que no sean que esas cosas las hacía, precisamente, el kirchnerismo.</p>
<p>El uso y el abuso de los medios de comunicación pública que hizo la ex Presidente, con la intensiva utilización del aparato de propaganda paraestatal que había sido creado al efecto, se quieren contrastar ahora con una onda <em>light</em>, que no haga demasiada historia con las cosas y que se conforme con una explicación más o menos bien dada por algún vocero.</p>
<p>Por supuesto que la sobreactuación exagerada del Frente Renovador exigiendo la presencia del Presidente en cadena nacional refiriéndose a su caso personal es un extremo que no pedimos ni recomendamos. Pero <b>quizás una conferencia de prensa, simple, ordenada, aséptica, corta y abundante en documentación habría cortado por lo sano</b> y, en un minuto, tanta especulación, tanta aspiración a estrella (que siempre surge en la mente de ignotos que ven en estas espectacularidades la oportunidad de hacerse famosos) y, sobre todo, tanto malentendido y pseudoespecialistas que hemos visto desfilar en las últimas horas por los medios, hubieran desaparecido.</p>
<p>Es una pena que una circunstancia como esta sea aprovechada para trasmitir a la sociedad la imagen de que todo es lo mismo y, fundamentalmente, que se hayan sacado energías nacionales de la única obsesión que debe perseguirnos: dejar atrás tanta miseria, tanto aislamiento, tanta mentira y tanta frustración. Frustrar una esperanza puede ser el vehículo que muchos vean para salvarse ellos. La sociedad, una vez más, debería ser lo suficientemente perspicaz como para advertir la maniobra. Y el Presidente, lo bastante valiente como para decir la verdad y seguir apostando a que la gente le crea. En esos valores inasibles que muchos —Macri, entre ellos— han definido como “confianza” se halla el secreto para que los años que vienen sean mejores y no peores.</p>
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		<title>Ante una posibilidad histórica</title>
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		<pubDate>Thu, 31 Mar 2016 09:12:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cambiemos]]></category>
		<category><![CDATA[Elisa Carrió]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[El Gobierno de Mauricio Macri se enfrenta a una situación paradójica. Todos dirían que un escándalo en el seno mismo de la oposición (o de una parte importante de ella, que sigue representando el llamado modelo anterior) lo favorecería políticamente. Se trata, para colmo, de un tipo de descomposición de las que hacen más daño... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/03/31/ante-una-posibilidad-historica/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El Gobierno de Mauricio Macri se enfrenta a una situación paradójica. Todos dirían que un escándalo en el seno mismo de la oposición (o de una parte importante de ella, que sigue representando el llamado modelo anterior) lo favorecería políticamente.</p>
<p>Se trata, para colmo, de un tipo de descomposición de las que hacen más daño público: la descomposición moral, la que no trepida en provocar acusaciones de unos contra otros, enfrente de todos; personas que integraban el mismo espacio (para algunos la misma banda) hasta hace algunos meses tirándose con dardos envenenados y calificándose con duros adjetivos, o bien recomendando “no perder la memoria” (como Lázaro Báez le sugirió a la mismísima Alicia Kirchner).</p>
<p><b>Es, al final de cuentas, el escenario político que todo dirigente en el Gobierno desearía ver en el interior de las agrupaciones que se le oponen políticamente.</b><b> </b>Sin embargo, al lado de este panorama en el kirchnerismo más cerril, también se abren disyuntivas en Cambiemos. La Dra. Elisa Carrió ya ha emprendido una avanzada para impulsar las causas de investigación contra funcionarios del Gobierno anterior —empezando, claro está, por Cristina Fernández— o contra empresarios relacionados con ese régimen —Báez y Cristóbal López, principalmente.<span id="more-1306"></span><b></b></p>
<p>A esa postura se han unido desde la vicepresidente Gabriela Michetti hasta funcionarios como Laura Alonso o ministros como Patricia Bullrich o Germán Garavano.</p>
<p>Otra corriente entiende que debe irse con cuidado en ese terreno y —según las denuncias de Carrió— comandados por Daniel Angelici pretenden influir en los jueces para que esos procesos se retarden, al creer que con eso se contribuye a la calma política. Los partidarios de esta tesis sostienen que una avanzada contra el corazón kirchnerista (léase un acorralamiento de la situación judicial de Cristina Fernández) podría derivar en un clima de tensión que se volvería en contra del Gobierno de Macri.</p>
<p>La diputada aliada del Presidente ha sido concluyente: “Es Angelici o Carrió”, con lo que pone a Macri enfrente de una disyuntiva peligrosa.</p>
<p>Más allá de estas cuestiones prácticas que Macri deberá resolver, existe un nivel de deber ser que no tendría que pasarse por alto. En efecto, la Argentina deberá dar, alguna vez en la vida, una pauta de que los cinismos de la política pueden hacerse a un lado para recuperar el valor de la ley y del ejemplo.</p>
<p>Quizás para algunos sea entendible “muñequear” las causas candentes para no ponerse al peronismo en contra, cuando se depende de él para apoyar varios proyectos importantes para el Gobierno en el Congreso. Con esa misma lógica, durante las primeras semanas del nuevo Gobierno, se intentó convencer al Presidente de que no era conveniente revelar el verdadero estado en que recibió el país el 10 de diciembre.</p>
<p>Se entendía que un sinceramiento de ese tipo pondría al peronismo a la defensiva y se generaría una oposición cerrada en el Congreso que impediría la sanción de iniciativas cruciales. Otros creían —y me incluyo como uno de los primeros en eso— que era un acto de completa injusticia permitir que quienes no dejaron desastre por hacer se salieran con la suya, sin que nadie los revelara ante la sociedad.</p>
<p>Finalmente, el 1º de marzo el Presidente eligió una diagonal y enumeró durante veinticinco minutos algo de lo mucho que había para decir en materia de herencia. En un momento, cortó aquel listado bajo el argumento de no aburrir a los legisladores y a los argentinos que seguían el discurso por televisión.</p>
<p>En este momento las cuestiones son más graves. Durante doce años se perfeccionó en la Argentina un sistema de saqueo de los fondos públicos tendiente a convertir en millonaria a una casta minoritaria y privilegiada que se propuso vivir a costillas del pueblo. Ahora, esas inmundicias están saliendo a la luz, incluso por los dichos públicos de muchos de los que fueron sus protagonistas, que, para salvarse, no dudan en mandar al frente a quienes eran sus cómplices hace tan sólo unas semanas, en un dantesco espectáculo de inmoralidades.</p>
<p>El famoso deber ser indica que el Presidente tendría que dar —quizás por primera vez en décadas— una señal de que en el país no es posible hacer cualquier cosa sin pagar el costo de las consecuencias. ¿Habrá algunos que intenten hacer aparecer esa decisión como una persecución política o ideológica? Puede ser. Pero lo que en definitiva deben prevalecer son las pruebas.</p>
<p>El hasta hace pocos meses ministro de la Corte Suprema, Carlos Fayt, siempre afirmó que las “opiniones son libres, pero los hechos son sagrados”. Nadie debería mover un dedo para que un juez demore un proceso o una decisión cuando ese juez tiene en sus manos las pruebas incriminatorias. Como nadie puede ser perseguido por pruebas fabricadas, nadie podría esquivar el accionar de la Justicia si esta cuenta con las evidencias necesarias.</p>
<p>Ni el Presidente, ni Angelici, ni Jaime Durán Barba, ni ningún gurú experto en encuestas y en focus group deberían poder privar a la sociedad de saber la verdad.</p>
<p>Es una señal que la Argentina espera hace mucho tiempo. <b>De los últimos tiempos quizás sea este el momento en que más cerca se está de resolver esa disyuntiva en favor del deber ser y no en favor del cinismo político.</b></p>
<p>Creo que la sociedad —cuando se la informe sobre el peso de las pruebas— recibirá con beneplácito las noticias que le informen sobre lo estúpida que ha sido. Es posible que algunos se nieguen a admitirlo (porque a nadie le gusta reconocerse como estúpido o porque una ceguera ideológica les nubla la claridad de la visión). Pero ese será un problema menor al lado de las ventajas de haber hecho lo correcto y lo que correspondía.</p>
<p>La dureza de las medidas que aún deben tomarse para encarrilar una economía devastada transforma a aquellos que las deben tomar en deudores de la verdad más descarnada. No se les pueden pedir sacrificios a aquellos a los que se engaña.</p>
<p>No se trata aquí de volver a armar el muñeco de la pureza con el que muchas veces se trató de caricaturizar a Elisa Carrió. Se trata, por el contrario, de aprovechar la oportunidad (única quizás) en donde el deber ser tiene una enorme coincidencia oportunista con la conveniencia: <b>hacer lo que se debe hacer esta vez no sólo es moralmente correcto, sino que es políticamente oportuno.</b><b></b></p>
<p>Si el Presidente analiza bien esta cuestión, es posible que, de pronto, lo que parece ser una encrucijada, en realidad sea una liberación. Si eso ocurre, la sociedad podría estar en la antesala de un hecho poco menos que inédito en la historia: que quienes las hicieron las paguen.</p>
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		<title>Seguimos en la ignorancia</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2016 09:59:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[gobierno]]></category>
		<category><![CDATA[Herencia]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Lanata]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>El tiempo pasa y el Gobierno sigue sin dar a conocer el estado en que recibió el país. Es algo que, simplemente, no puede entenderse.<b> Se trata, antes que nada, de un monumental acto de injusticia: permitir que quienes destruyeron los bienes públicos y montaron el que probablemente sea el relato más mentiroso de la historia argentina, se salgan con la suya y no sean desenmascarados frente a la sociedad.</b> Es la confirmación de un país impune.</p>
<p>Porque hay efectivamente una diferencia sustancial entre “mirar para adelante y no buscar culpables”, como parece decir el discurso zen del Gobierno y consolidar un estado de impunidad que la gente votó cambiar.</p>
<p>La sociedad —y en esto incluyo a muchos de los que votaron por Daniel Scioli— está cansada de ver a vivos que se salen con la suya. Los ha visto por años. Los ha bancado con su dinero. Ha visto cómo se le reían en la cara. El presidente Mauricio Macri no tiene ningún derecho a defraudar a esa gente que confió en que él podría ser el inicio de un cambio en ese sentido.</p>
<p>Por lo demás, nadie le reconocerá nada a Macri por no revelar estas informaciones. Nadie se lo agradecerá, ni le concederá ninguna tregua política por ser bueno con ellos. Al contrario, si pueden verlo caer como culpable de lo que ellos hicieron, sentirán una enorme satisfacción. Es más, seguramente ya están trabajando para eso.<span id="more-1293"></span></p>
<p>Mientras el tiempo pasa, las líneas divisorias de las responsabilidades se siguen diluyendo. Las caras de piedra de los que destruyeron todo están agazapadas para volver, aprovechándose de este silencio. En ningún caso interpretarán esta decisión como una invitación tácita a la despedida de la política. No. De ningún modo. Insistirán. Y no descartarán ningún medio para materializar su regreso.</p>
<p>Desde antes de que el Gobierno de Cambiemos asumiera, estamos reclamando desde estas columnas que se revele el estado de cosas del país al 10 de diciembre de 2015. Fuimos los primeros en reclamar e insistir en ese punto. Pedíamos “una gigantesca conferencia de prensa” para que el Presidente dijera lo que encontró. Luego, otros muchos, desde los medios de comunicación, se fueron plegando a ese reclamo.</p>
<p>Hasta Jorge Lanata lo ha pedido en un artículo del fin de semana pasado en el diario <i>Clarín</i>, con palabras muy parecidas a las que nosotros usamos en <b>Infobae</b> en la columna “<a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/02/09/el-discurso-del-1-o-de-marzo/">El discurso del 1° de marzo</a>” hace ya varios días. Es probable que ahora, porque lo dijo Lanata, muchos le presten más atención. Pero, si así fuera, francamente resulta incomprensible cómo fue necesario que lo dijera Lanata para entender el valor de una obviedad más grande que una casa.</p>
<p>También hemos repetido hasta el cansancio que la actitud del Presidente y del ala zen del Gobierno conlleva una enorme subestimación de la sociedad. En efecto, <b>no es posible considerar madura a la sociedad para aceptar los cambios (como dijo Macri) y luego no tener el mismo concepto de ella cuando se trata de informarle cómo están las cosas.</b><b></b></p>
<p>El pueblo tiene derecho a saber por qué se le van a pedir tantos sacrificios. También tendría derecho a conocer, aunque más no sea, una proyección estimada de los resultados de ese sacrificio. Pero pedir el esfuerzo y no explicar por qué se pide no es aceptable.</p>
<p>En los corrillos políticos se decía que esta deuda inentendible se vería parcialmente reparada en el discurso de inauguración del Congreso el 1° de marzo. Se dijo que el Presidente le dedicaría 50 minutos a explicar lo que recibió y 50 minutos a hablar del futuro.</p>
<p>Pues bien, esos rumores han empezado a disiparse. Ahora parece que los 50 minutos de inventario ya no serán tantos. Francamente, no se entiende. La insistencia en esta especie de tara inútil no tiene ningún justificativo.</p>
<p>Nadie creerá que por revelar cómo se encontraron las cosas el día que se asumió el Gobierno, Macri vaya a ser considerado un hijo de tal por cual o alguien que quiere seguir profundizando la división.</p>
<p><b>No hay peor división que aquella que se oculta artificialmente. No hay peor manera de unir que intentar hacerlo con la mentira o con la ocultación de la verdad</b>, que, a los efectos prácticos, es más o menos lo mismo.</p>
<p>La unión de los argentinos —que valientemente el Presidente identificó como uno de sus objetivos de gestión— debe lograrse a partir de que todos sepamos las mentiras a las que fuimos sometidos, el formidable robo a que el país fue expuesto, y el penoso estado en que quedaron las cuentas públicas, gracias, entre otras cosas, al financiamiento, justamente, de un relato fantástico.</p>
<p>Es cierto que muchas porciones de la sociedad ya lo saben y otras lo presumen, aun cuando no tengan los datos duros. Pero eso no basta. Es necesario llegar con la información precisa a quienes se han entregado a un credo vacío que hundió al país en una sombra de la que llevará años salir.</p>
<p>Esa gente debe conocer cómo fue robada, ultrajada, usada, ninguneada, engañada. Debe tener el detalle de cómo se evaporaron años de dinerales públicos que fueron a parar a manos privadas. Debe conocer las fortunas mal habidas, los desfalcos, el crecimiento inexplicable de los patrimonios, la desaparición de miles de millones de dólares y las múltiples fuentes de la corrupción.</p>
<p>El Gobierno que terminó el 10 de diciembre no se privó de nada. Desde las millonadas de Milagro Sala, Lázaro Báez, Cristóbal López y Electroingeniería hasta chorear con las habitaciones de los hoteles de Calafate o adulterar los viáticos de los viajes presidenciales al exterior, el kirchnerismo le entró a todo, sin reparar si lo robado eran grandes sumas o chiquitajes. No hay derecho a que ese mecanismo sistemático de exacción del Tesoro Público quede impune y en el anonimato.</p>
<p>La revelación de lo encontrado debería tener el mismo rango de magnitud: desde los grandes negociados hasta los cuadros y las computadoras que faltaban en la Casa Rosada y en los ministerios cuando dejaron el Estado.</p>
<p>Ninguna postura de equilibrio de las emociones puede justificar la impunidad de lo que aquí ocurrió. Esas armonizaciones del espíritu están bien para alcanzar la paz individual, pero no son trasladables al ejercicio de la jefatura del Estado.</p>
<p>La sociedad no puede seguir siendo tratada como una adolescente, porque si todo el mundo, por razones diversas, la trata así, pues eso es lo que seguirá siendo.</p>
<p>Además, no es cierto que las posturas de dar vuelta la página y mirar para adelante den siempre resultado. Y desde ya ni siquiera deberían ser una opción cuando lo que está en juego es el desenmascaramiento del verso más pernicioso que alguien haya montado jamás en la Argentina. El Presidente, por más zen que sea, no puede darse ese lujo. La sociedad no lo votó para que quiera convencernos de que lo que es bueno para su propio espíritu lo sea para el de todos. La sociedad lo votó para que diga la verdad y para que termine con el malicioso círculo de que, quien las hace, no las paga.</p>
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		<title>El péndulo argentino</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Feb 2016 03:00:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Graciela Bevacqua]]></category>
		<category><![CDATA[Indec]]></category>
		<category><![CDATA[inflación]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
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		<description><![CDATA[La desafectación de Graciela Bevacqua del cargo de directora técnica del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) es un hecho curioso por donde se lo mire. Bevacqua había sido desplazada del Indec por las huestes de Guillermo Moreno, cuando el ex secretario de Comercio —el mismo que hacía poner de pie a la gente... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2016/02/18/una-medida-que-no-se-entiende/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La desafectación de Graciela Bevacqua del cargo de directora técnica del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) es un hecho curioso por donde se lo mire. Bevacqua había sido desplazada del Indec por las huestes de Guillermo Moreno, cuando el ex secretario de Comercio —el mismo que hacía poner de pie a la gente cuando él entraba a un despacho— decidió que los índices profesionales que publicaba el equipo del instituto bajo la supervisión de Bevacqua no le gustaban.</p>
<p>Producido el cambio de Gobierno, el presidente Mauricio Macri decidió reponerla en su cargo bajo la dirección general de Jorge Todesca. Cuando el economista —que había sido uno de los multados por Moreno y que llevó a juicio a “Lassie” por considerar inconstitucional que se impidiera que expresara libremente las conclusiones de sus trabajos, demanda que Todesca ganó— se hizo cargo del instituto, dijo que este estaba destruido, que aquello era “tierra arrasada”, que no quedaba nada. Lo cual era bastante creíble, dados los métodos que todos le conocíamos al “economista” que ahora publica libros prologados por el Papa. (Seguramente Francisco no está al tanto de que este señor hablaba con la gente con un revolver 38 arriba de su escritorio y, por eso, cándidamente, ha accedido a prologar su “obra”).<span id="more-1284"></span></p>
<p>De allí pasamos a la información que decía que elaborar un índice confiable, respetado e internacionalmente reconocido llevaría unos ocho meses. Dicho período era mucho más corto de lo que internacionalmente se conoce como tiempos de elaboración de un índice de precios razonablemente creíble. Los especialistas en la materia dicen que ese tiempo es de entre uno y dos años. Ocho meses parecían, entonces, un tiempo adecuado para la reconstrucción. Más allá de los desvaríos de Moreno, el instituto estaba allí, se suponía que algo podría rescatarse y utilizarse. La mezcla de uno y otro dato daba que <b>ocho meses era un término razonable: ni dos años, como los especialistas dicen que se tarda cuando se empieza de cero, ni un mes, como quien se encuentra tan sólo con problemas menores, de detalle.</b><b></b></p>
<p>Mientras tanto, Todesca anunció que se utilizarían como índices de referencia los de la ciudad de Buenos Aires y el de la provincia de San Luis, que forman parte del sistema nacional de estadísticas y que son organismos confiables.</p>
<p>Pasaron unas semanas y el tema inflación comenzó a ser batido como un parche que no podía esperar. A la cabeza de esos reclamos se ubicaron los muchachos que antes ni siquiera pronunciaban esa palabra, que se enojaban cuando la pronunciaban otros y que te llenaban de insultos cuando tus comentarios hacían centro en la inflación de diez años del Gobierno de los Kirchner. La ex presidente Cristina Fernández nunca pronunció esa palabra en público, ni la palabra ‘inseguridad’, ni ninguna que contraviniera el relato de Walt Disney World. Pero ahora Macri es el primer inflacionario, el demonio insensible que mata a la gente con los precios.</p>
<p><b>El Gobierno asumido el 10 de diciembre fue el primero en hablar del tema y en considerarlo como el problema más grave que tenía la economía. Presentó un programa de metas para llevar la inflación al 5% en el último año de esta administración.</b><b> </b>Pero no alcanzó. Los nacionalkirchneristas, los sindicatos y alguna parte de la oposición peronista acusaron al Gobierno de esconder los índices bajo el argumento de estar arreglando el Indec.<b></b></p>
<p>Entonces, el Gobierno tomó la decisión de desplazar a Bevacqua y sugirió así que, en efecto, no se podían esperar ocho meses. Los efectos de la decisión han sido múltiples. Por empezar, sectores gremiales del Indec resisten la medida. Algunos directores amenazaron con renunciar si Bevacqua no seguía. Los nacionalkirchneristas dicen que los acusaban a ellos de desplazar a directores del Indec y que Macri hace lo mismo.</p>
<p>Se trata de una situación francamente kafkiana, en donde quien parece darle el gusto a otro recibe los cachetazos de ese otro, y en donde la reflexión más a mano consiste en preguntarse si el Gobierno está realmente firme en sus decisiones o se bambolea cuando soplan los vientos de la oposición.</p>
<p>Si realmente elaborar un índice de precios confiable e internacionalmente aceptado y respetado lleva entre 12 y 24 meses, ¿por qué no respaldar a la funcionaria que prometió entregarlo en ocho, sea quien sea el que venga batiendo el parche?</p>
<p>Macri dijo que es falible, que puede equivocarse. Esa realidad contrasta, a su vez, con 12 años en donde la Argentina vivió creída que estaba en manos de seres que dominaban hasta el más diminuto detalle de la sabiduría humana, desde la arquitectura egipcia hasta la abogacía exitosa.</p>
<p>La escena huele al típico péndulo argentino en donde pasamos del blanco al negro sin escalas. <b>Si el Gobierno pretendía confeccionar un sistema de medición de precios confiable, no tenía ninguna necesidad de dejarse patotear por los que le exigían un número ya</b>. Tendría que haberse hecho fuerte alrededor de la idea de que el nacionalkirchnerismo destruyó el Indec (como era cierto) y que levantarlo sobre sus escombros llevaría ocho meses. Que mientras tanto se utilizarían los índices de San Luis y Buenos Aires.</p>
<p>Esos índices dieron 6 y 4% de incremento en enero, respectivamente. Hasta el índice Congreso fue menor (3,6%). De modo que no se podía decir que el Gobierno estaba mandando a utilizar índices que lo favorecían. Además, Bevacqua era una técnica buena, reconocida por toda la profesión seria.</p>
<p><b>La histeria por la inflación debe acabar. A la inflación hay que combatirla, no usarla como argumento político</b>. Encima, por los que la crearon y la ocultaron, por los que la reprimieron. La hipocresía en este campo debe acabar. El Gobierno debe ser consciente de que su mayor activo con la sociedad sana es decir la verdad por más que esta sea dura, lenta o desagradable. Lo decimos una vez más: el Presidente, cuando era candidato, dijo que creía que la sociedad estaba madura para aceptar el cambio. No hay ninguna razón para que ahora dude acerca de nuestra madurez para entender las razones que lo imponen.</p>
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