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	<title>Carlos Mira &#187; república</title>
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		<title>El default judicial</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Jul 2015 10:15:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde estas columnas hemos trasmitido incesantementew la idea -y la convicción- de que somos nosotros la principal causa de lo que nos pasa y de que somos nosotros los últimos responsables de lo que finalmente termina ocurriendo en la Argentina.</p>
<p>Eso está claro y surge hasta de la lógica democrática que, teóricamente, permite elegir. <strong>Pero también es cierto que algunos estamentos institucionales de la Argentina han fallado completamente a la hora de ejercer su función y no han sabido poner en funcionamiento los mecanismos que la Constitución prevé para que ciertos descalabros que hemos vivido en estos años se evitaran.</strong></p>
<p>Nos referimos concretamente al deslucido papel que han jugado muchos jueces, empezando por la Corte Suprema de Justicia.</p>
<p>El último escalón de esa “sacada del (cuerpo) a la jeringa” ha sido la lavada de manos que se pegó el más alto tribunal cuando un fiscal lo convocó para que se expidiera sobre el caso de Luis María Cabral.</p>
<p><strong>La Corte se sacó el balurdo de encima mediante una formalidad, que es como estar acomodando los cuadros del living en el medio de un incendio.</strong></p>
<p>Resulta francamente triste ver tanta pusilanimidad y especulación política cuando los derechos y las libertades públicas están en juego. Uno no tiene demasiada noción acerca de qué más debería pasar en el país para que, quienes corresponda, se den por enterados de que lo aquí existe es un intento serio y profundo de instaurar un régimen de mano única en donde la división republicana de los poderes desaparezca. Se trata de un verdadero golpe constitucional con el aparente “respeto” por la Constitución.</p>
<p>En efecto, con la incomprensible anuencia de algunos jueces, lo que se intenta es saltear la Constitución, estableciendo un sistema paraconstitucional, que derogue lo dispuesto en 1853 y que lo reemplace por un nuevo orden diseñado por la hegemonía del Gobierno.</p>
<p><strong>Se trata del más sofisticado intento de borrar el orden liberal, democrático y republicano de la Constitución sin pasar por los escabrosos procedimientos de reforma</strong>, para los que, los protagonistas de este anhelo, saben que no tienen los votos: “como no tenemos los votos lo vamos a hacer igual, haciendo como que lo hacemos dentro de la ley…”</p>
<p>El choque entre ese intento y la Constitución debería ser marcado por los jueces y es este el paso que está fallando. Es cierto que ya gran parte de la Justicia ha sido colonizada y que muchos casos que recaen en jueces partidistas son desechados precisamente por eso. Pero otros, que incluso han llegado al más alto tribunal, no han recibido el trato serio y preocupado que deberían haber tenido, sino que fueron respaldados, dándole el gusto a un Gobierno que no siente por las valoraciones republicanas el más mínimo respeto.</p>
<p><strong>Se trata de una verdadera claudicación. El país no ha honrado su organización de reaseguro.</strong> Todas las precauciones habían sido tomadas por los constituyentes para que la Argentina no volviera a caer en el autoritatismo. Las mejores instituciones del mundo habían sido adaptadas en el texto de 1853 para que estuviéramos protegidos contra ese flagelo.</p>
<p>Pero quienes han tenido la responsabilidad de hacer funcionar ese sistema no has estado, evidentemente, a la altura de la circunstancias.</p>
<p>Es cierto que la sociedad tiene su parte gruesa de responsabilidad porque no se ha manifestado con su voto en contra de estos regímenes mesiánicos. Al contrario, ha votado a figuras carismáticas que han ido perfilando un gobierno de culto. Pero aquellas personas que se suponen formadas y que han llegado a ocupar los escaños reservados a la defensa última de la libertad, han defaulteado su deber. No se sabe si el miedo, si el amor a los sillones o si el matonismo han sido más fuertes que el amor por la dignidad y por la vigencia de los derechos civiles. Pero lo cierto es que el resultado práctico final es un páramo desierto cuando el ciudadano que aún le importa vivir en libertad levanta la mirada y busca casi desperadamente un auxilio.</p>
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		<title>La sociedad contraconstitucional</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Nov 2014 10:07:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Normalmente, el término “inconstitucional” se reserva para hacer referencia a leyes o a decretos que contrarían lo establecido por la Constitución. Así, cuando el Congreso o el Poder Ejecutivo aprueban normas que no son compatibles con letra (y, deberíamos agregar, el “espíritu” de la Ley Madre) los particulares tienen derecho a solicitar al Poder Judicial su no aplicación en todo lo que la ley o el decreto contravengan sus derechos. Generalmente, cuando ello ocurre, más allá de que esas declaraciones judiciales solo tienen valor para las partes involucradas en el pleito -el Estado y el individuo privado que pleiteó-, la ley o el decreto terminan cayendo porque la doctrina jurisprudencial lo tornarán inocuo.</p>
<p><strong>Este es el mecanismo que los países republicanos han imaginado para detener el populismo y lo que Tocqueville llamó “tiranía de la mayoría”.</strong> Así, la República, no es solamente el gobierno de quien gana una elección sino el gobierno de la ley, por encima de todas las cuales esta la Constitución.</p>
<p>Esa Constitución protege como una barrera blindada los derechos de las personas individuales del aluvión de las mayorías. Es el secreto para distinguir el gobierno de las masas, del gobierno del pueblo: éste está formado por millones de individuos libres, todos diferentes y desiguales, con intereses, gustos y opiniones distintas que la ley Fundamental se propone privilegiar y proteger. La masa, al contrario, es una muchedumbre informe, indiferenciada y anónima que habla por el grito, se expresa por la fuerza y se representa por el líder.</p>
<p>¿Qué pasaría, entonces, si lo que se opusiera a la letra y al espíritu de la Constitución no fueran las leyes y los decretos sino una sociedad entera? ¿O si la abundancia de leyes y decretos inconstitucionales fuera la consecuencia de una sociedad “contraconstitucional”? ¿Qué pasaría, en definitiva, si la excepción fuera la Constitución y la regla la Contraconstitución?</p>
<p><strong>La filosofía del Derecho ha distinguido históricamente lo que se llama la “Constitución formal” de la “Constitución material”, reservando el primer nombre para el documento escrito, firmado y jurado por los constituyentes soberanamente electos por uan sociedad en un determinado momento, y el segundo para el conjunto de hábitos, tradiciones y costumbres que se enraízan en lo más profundo del alma nacional y que responden a siglos de una determinada cultura.</strong></p>
<p>¿No ocurre en la Argentina este fenómeno? Los partidarios de la cultura de la que la Constitución de 1853 es hija creemos que ella refleja las tradiciones del país y que su espíritu responde a la cultura, a las raíces y a las tradiciones argentinas. Pero, con una mano en el corazón, ¿es así?</p>
<p>Por supuesto que el texto jurado en Santa Fe aquel 1 de mayo receta parte de los ideales de argentinos que creían en ellos y que trataron de expandirlos a partir de los esfuerzos de la Generación del ’37 y de una camada de sucesores que se encargaron de poner en funcionamiento los palotes del nuevo sistema. La generación del 80 vio los primeros brillos de aquel milagro: un desierto bárbaro, entreverado, de repente, entre los primeros países de la Tierra.</p>
<p><strong>Pero aquel esfuerzo descomunal ocultaba los rencores de una venganza. Los restos de la mentalidad colonial, feudal, rentista, caudillesca y, finalmente, totalitaria, no habían sido completamente derrotados.</strong> Como una bacteria latente, en estado larvado, esperando que otra enfermedad debilitara el organismo para ella hacerse fuerte nuevamente e iniciar una reconquista, esperó su turno agazapada, escondida detrás de las luces del progreso.</p>
<p><strong>Cuando la recesión mundial de 1930 dejó a la Argentina tambaleante, el espíritu fascista, del caudillismo anterior a Caseros, renació.</strong> La sociedad no había tomado aun suficientes dosis de “constitucionalidad” como para que esa nueva cultura hubiera reemplazado para siempre las tradiciones de 300 años de centralismo, autoritarismo, prohibiciones, vida regimentada y estatismo. Fue todo eso lo que la Argentina había mamado durante tres siglos; setenta años de la contracultura de la libertad individual y de la república liberal no fueron suficientes para matar el germen del colectivismo. Allí, en medio del miedo al abismo y del terror a lo desconocido, la frágil Argentina de la libertad retrajo su cuerpo de caracol debajo de la coraza que la había cobijado desde el nacimiento: el Estado.</p>
<p>Allí nació la sociedad “contraconstitucional”; la que desafía con sus hábitos las instituciones escritas y juradas en la Constitución: la división de poderes, la libre expresión de las ideas, la libertad individual, el gobierno limitado, la justicia independiente, la libertad de comercio, la inviolabilidad de la propiedad.</p>
<p><strong>Desde ese momento subsisten en el país dos Constituciones: la firmada en Santa Fe en 1853 y la traída desde la Casa de Contratación de Sevilla en el siglo XVI, aggioranada bajo las formas del caudillismo colonial primero y del populismo peronista después.</strong></p>
<p>Como en la previa de mayo del ’53 hay aun bolsones de republicanismo en la sociedad, pero el virus del colectivismo demagógico ha ganado la batalla de las mayorías. Cualquier suma electoral que ponga de un lado la libertad y del otro el dirigismo estatista (peronistas, radicales, socialistas, izquierdistas) terminará en números cercanos a 80/20.</p>
<p>Ese “20” sigue teniendo la “ventaja” de decir “nuestras creencias están escritas aquí ” (señalando un ejemplar de la Constitución); pero el “80” se le reirá en la cara; su aluvión los dejará dando vueltas en el aire, con ejemplar y todo.</p>
<p><strong>La Argentina es hoy un país “contraconstitucional”. Prácticamente nada de lo que ocurre aquí tiene que ver con lo escrito por Alberdi. Todo es exactamente al revés y, sin embargo, rige.</strong> La Justicia no ha estado a la altura de las circunstancias y, nada más que en estos últimos años, ha permitido la consolidación de monopolios estatales, la prohibición del ejercicio del comercio y de la industria lícita; ha tolerado el control de cambios, el cepo, la prohibición de exportar; ha respaldado la retroactividad de las leyes, permitió el menoscabo de la propiedad, avaló la supremacía del Estado por sobre la libertad individual; permitió una explosión de poder del presidente que prácticamente ha borrado el concepto de “gobierno limitado”; ha tolerado la persecución, la confiscación de la propiedad sin indemnización (es decir, el robo), la reducción de las provincias a meras dependencias administrativas del poder ejecutivo y ha validado un sistema de gobierno que solo considera democrático al pensamiento que gana una elección, en tanto ese pensamiento tenga la suficiente desfachatez de “irla de malo” y de ejercer el poder por el terror.</p>
<p>“El tirano no es la causa, sino el efecto de la tiranía”, decía Juan Bautista Alberdi, el padre de la Constitución. La tiranía descansa en nosotros. La inconstitucionalidad no está en la ley sino, principalmente, en la sociedad: es la sociedad argentina la “contraconstitucional”. Y es ella la que sufrirá la miseria, víctima de su propio virus.</p>
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		<title>Entre la locura y el Tigre</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Aug 2013 04:20:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las PASO ya son historia. Pero su resultado recién comienza. La rotunda derrota del gobierno en prácticamente todo el país electoralmente útil plantea interrogantes serios para el futuro de la Argentina. Si estuviéramos frente a un gobierno normal, lo más lógico sería suponer una recepción del mensaje, un ajuste del rumbo para ponerlo más acorde... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/08/13/entre-la-locura-y-el-tigre/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las PASO ya son historia</strong>. Pero su resultado recién comienza. <strong>La rotunda derrota del gobierno en prácticamente todo el país electoralmente útil plantea interrogantes serios para el futuro de la Argentina</strong>. Si estuviéramos frente a un gobierno normal, lo más lógico sería suponer una recepción del mensaje, un ajuste del rumbo para ponerlo más acorde a lo que la votación arrojó y una apuesta a que esa corrección sea percibida por la sociedad para recuperar, en la elección de octubre, algo de lo perdido ahora.</p>
<p><strong>Pero el país no tiene un gobierno normal</strong>. El país tiene un <strong>gobierno sectario</strong>; un gobierno que, sentado en las instituciones de todos, gobierna para una facción. Como todo gobierno faccioso siempre se atribuirá el triunfo: cuando gana porque gana; cuando pierde porque esa es la señal de que su lucha contra los verdaderos poderes enquistados en el conservadurismo argentino no está terminada y que deben redoblarse los esfuerzos para vencerlos definitivamente.</p>
<p>Del discurso de la presidente de ayer por la noche se deduce eso. La señora de Kirchner no admite nada, ni un error, ni una culpa, ni una falla. Nada. Ellos ganaron, “porque estas eran elecciones nacionales” y porque<strong> “son el David que lucha contra todos los medios y gobierna todos los días”</strong>.</p>
<p><span id="more-234"></span>La sociedad no puede esperar nada bueno de semejante abstracción de la realidad, de tanto autismo, de tamaña concepción ciega. La presidente reivindicó los proyectos más agrios de su gobierno y reclamó que prontamente se los ponga en práctica. Increíblemente, exigió que tenga plena vigencia su capricho de que dejen de existir las medidas cautelares oponibles al Estado, haciendo gala de una ignorancia llamativa acerca de cómo funciona el sistema constitucional y de cómo se entiende la democracia en la Argentina.<strong> Casi con tono de incrédula incomprensión se preguntó cómo esas medidas pueden detener las leyes que dicta “el Parlamento”</strong> (no hay nadie que pueda convencer a la presidente de que no diga “Parlamento”, porque el país no tiene “Parlamento”, tiene <strong>Congreso</strong>). <strong>Se llama “Derechos y garantías”, señora presidente</strong>. Es el capítulo uno de la Constitución. Es fácil leerlo. Ésta a su alcance. Puede hacerlo.</p>
<p>En la Argentina, la república y la democracia consisten -al menos mientras rija esta Constitución- en que, justamente,<strong> los ciudadanos pueden oponer defensas judiciales contra las leyes que dicta el Congreso</strong>. De eso se trata la vida libre, y en eso consiste la gracia de que los individuos no queden presos de decisiones totalitarias de mayorías circunstanciales. Por encima de las mayorías de hoy está la ley de siempre. Se trata de un principio que la presidente se niega a procesar.</p>
<p><strong>Son cegueras como ésta las que la condujeron a la implacable derrota de ayer.</strong> Pero son esas mismas cegueras las que hacen poco probable que la derrota de ayer tenga alguna influencia del tipo que la gente desearía en su gobierno.</p>
<p><strong>El mando de la señora de Kirchner se hará más sectario de ahora en más.</strong> El encierro en una<strong> burbuja irreal</strong> se convertirá más que nunca en la única escenografía habitada por el poder. Un poder que cree que no dispone de ningún medio (cuando en realidad dispone de todos, a excepción de aquellos a los que la gente escucha, mira o lee), <strong>un gobierno que está convencido de que no es el poderoso sino el representante de aquellos a quienes el verdadero poder oprime</strong>; una presidente que vive creyendo que dice la verdad cuando, por otro lado, la sociedad ha escuchado historias que van desde <strong>la “abogada exitosa”</strong> hasta <strong>“comer con $ 6 por día”</strong>, pasando por los “20.000 millones de dólares de inversiones chinas” hasta <strong>“el tren bala”</strong>, el “aquí va a llover gasoil” y “la inflación es del 9,8 anual”.</p>
<p><strong>“Nunca les mentí”, dijo ayer la presidente,</strong> cuando el país se va convenciendo cada día más de que, justamente, parte de la millonada de dólares que entró aquí la última década fue utilizada para construir una escenografía de cartón piedra, irreal, mentirosa.</p>
<p>Esas desconexiones del contexto real desembocaron ayer ruidosamente en las urnas y le hicieron perder más de 25 puntos porcentuales de votos al kirchnerismo en todo el país. <strong>Hasta cofradías irreductibles como Jujuy, San Juan, Catamarca y Santa Cruz también cayeron por efecto de un cansancio monocorde de un cuento que ya no resiste el peso de la realidad.</strong> Pero sin dudas, la derrota en la provincia de Buenos Aires y por el margen por el que se verificó es la nota que indica una alarma notable para la manera que tiene el peronismo de entender el poder. Nadie sabe en cuanto se convirtió el lunes a la mañana la diferencia de casi 6 puntos del domingo a la noche. Los vasos comunicantes del peronismo siempre han sido muy “fluidos” frente a mensajes tan claros.</p>
<p>La <strong>señora de Kirchner</strong> hizo una<strong> referencia a 2009</strong>. <strong>Fue el único momento en donde su discurso entabló un vínculo con la derrota.</strong> La presidente dijo que habían superado aquella instancia y que también la superarían ahora. Pero el país debe recordar a que precio el gobierno recuperó el centro del ring: su avance sobre la nueva mayoría fue desenfrenado en el periodo de Congreso que mediaba hasta el 10 de diciembre, para <strong>sacar las leyes que quería</strong> (entre las que se incluía la de <strong>Medios</strong>) con su vieja mayoría. No sería extraño esperar una embestida similar.</p>
<p>La presidente no dio ninguna muestra de tender ninguna mano. No admitió nada que nos permita deducir que episodios como el desagradable espectáculo que dio el fiscal kirchnerista en la mesa en que votó <strong>Macri</strong>, van a empezar a olvidarse. Al contrario: <strong>lo más probable es que ese espíritu divisionista y lleno de rencor se multiplique.</strong></p>
<p><strong>La Capital en ese sentido pudo ser testigo ayer de un día histórico: el inicio de una convivencia civilizada de ideas opcionales pero compatibles.</strong> <strong>UNEN</strong> consiguió la mayoría de los votos (si se sumaran todas sus listas) y el <strong>PRO</strong> ganó la elección contando los candidatos de a uno.<strong> Lilita Carrió</strong> felicitó y dijo que se alegraba porque “su amiga” <strong>Gabriela Micheti</strong> había ganado y<strong> Macri dijo que había “muchos votos PRO” en la interna de UNEN</strong>. El país carece de ese escenario; la Argentina no tiene dos partidos con posibilidades de gobernar, que no se odian entre sí y que son compatibles en muchas de sus visiones. Eso lo tienen los países desarrollados. Y entre otras cosas, son desarrollados por eso.</p>
<p><strong>Los procesos eleccionarios en populismos del tipo del que gobierna hoy en la Argentina no pueden analizarse con la lógica de los procesos eleccionarios de las democracias reales.</strong> Un triunfo como el de Massa en el distrito que todo el mundo mira y una caída libre del gobierno en el resto del país, serían, bajo otras condiciones, elementos suficientes para suponer un retoque en el gabinete, un llamado a una mesa de consenso, una “bajada de copete”.</p>
<p><strong>El gobierno que hizo alarde de la “voluntad mayoritaria” ha visto descender esa mayoría al piso.</strong> El gobierno que tomó como eslogan de campaña la frase “<strong>en la vida hay que elegir</strong>” se encuentra con que <strong>la gente no lo eligió.</strong> Pero en lugar de tomar esos datos de la realidad y procesarlos para elaborar una respuesta racional ha preferido construir de inmediato una realidad paralela. “Son elecciones nacionales”, dijo la señora de Kirchner dando validez a una suma inverosímil. Ya antes <strong>Florencio Randazzo</strong> había suministrado datos que consistían en sumar los votos del <strong>FPV</strong> (y de los demás participantes) en todo el país cuando claramente no todos competían en todas las jurisdicciones. El único que lo hacía era, justamente, el oficialismo. <strong>Darle entidad a ese dato es lo mismo que adjudicarse una victoria futbolera en un partido que nunca se jugó</strong>. La propia presidente endosó la única interpretación válida para estas elecciones (el resultado de la provincia de Buenos Aires) cuando tomó de la mano a <strong>Insaurralde</strong> y lo subió a su propio caballo, hasta para ir a saludar al <strong>Papa</strong>. ¿Acaso fue Cristina a<strong> Río de Janeiro</strong> con <strong>Jorge Obeid</strong>, candidato en <strong>Santa Fe</strong>? No, no,<strong> fue con Insaurralde.</strong></p>
<p><strong>E Insaurralde perdió. Es una derrota que se traslada por carácter transitivo a la presidente</strong>. La señora de Kirchner se encerró en su propios pensamientos hasta posar su dedo incontrovertible sobre la cabeza del intendente de Lomas de Zamora. Será precisamente esa relación entre la decisión tomada y quien la tomó la que diseñe la respuesta a lo que ocurrió ayer. Conociendo los antecedentes de que disponemos no se puede esperar algo distinto a la profundización: <strong>más agresión, más cepo, más descalificaciones, arremetida contra la justicia, posible intervención de medios</strong>. <strong>Habrá que ver cuánta de esta locura es compartida por quienes ya empezaron a calcular cuanta distancia hay desde donde viven hasta Tigre.</strong></p>
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		<title>Gils Carbó y los “Jorges”</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 03:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los que quieran tener una versión adelantada de lo que será la Argentina sin Justicia -o, lo que es lo mismo, el país bajo la “Justicia democratizada”- sólo deberían prestar atención a lo que ha ocurrido con el Ministerio Público Fiscal desde que la presidente echó al procurador Esteban Righi (luego de que Amado Bodou... <a href="http://opinion.infobae.com/carlos-mira/2013/04/17/gils-carbo-y-los-jorges/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los que quieran tener una versión adelantada de lo que será la Argentina sin Justicia -o, lo que es lo mismo, el país bajo la “Justicia democratizada”- sólo deberían prestar atención a lo que ha ocurrido con el <strong>Ministerio Público Fiscal</strong> desde que la presidente echó al procurador <strong>Esteban Righi</strong> (luego de que <strong>Amado Bodou</strong> lo acusara falsamente de tráfico de influencias en el caso <strong>Ciccone</strong> [Righi en realidad "renunció", pero a buen entendedor, pocas palabras]) para colocar allí a <strong>Alejandra Gils Carbó</strong>, luego de que su primer intento de coronar al impresentable de <strong>Daniel Reposo</strong> fracasara abiertamente por la intríseca ignorancia y brutez que el candidato mostró en las audiencias del Senado.</p>
<p><span id="more-53"></span>La señora Gils Carbó, el mismo día que asumió, <strong>se puso a “disposición de lo que la presidente necesitara”</strong> (esas fueron sus palabras textuales) cuando en realidad el Ministerio Público Fiscal es un órgano independiente y autónomo del Poder Ejecutivo cuya principal misión es defender los intereses de la sociedad frente al Estado y generar la actuación de oficio cuando el patrimonio y los recursos de todos los argentinos estén en peligro.</p>
<p>Desde que está en su puesto, Gils Carbó no ha hecho otra cosa que <strong>sobreactuar su genuflexión frente a la presidente</strong>. Es más, desde su sillón encabezó un movimiento público para respaldar el avance del poder ejecutivo sobre el Poder Judicial en lo que finalmente anunció la señora de Kirchner hace una semana.</p>
<p>Desde que el programa <em>PPT</em> de <strong>Jorge Lanata</strong> emitió al aire un informe con muy serias pruebas que involucran al ex presidente Kirchner en maniobras corruptas viabilizadas por su socio <strong>Lázaro Báez</strong> a través del dinero de la obra pública que el Estado le concedía a la empresa del ex empleado bancario santacruceño, la señora Gils Carbó no ha instruido a ningún fiscal para que tome cartas en el asunto e investigue qué se hizo con ese dinero aspirado de los bolsillos inocentes de los argentinos.</p>
<p>A este momento no se conoce una sola iniciativa del Ministerio Público que pretenda indagar sobre los dichos de los “arrepentidos” que declararon por TV el domingo a la noche.</p>
<p>Uno de ellos, <strong>Leonardo Fariña</strong>, llegó a mensurar la fortuna de Baez (a quien no dudó en identificar como socio de <strong>Néstor Kirchner</strong>) en <strong>U$S 5000 millones</strong> que se encontrarían depositados en efectivo en la bóveda del la ex sucursal del <strong>Banco Hipotecario de Río Gallegos</strong> que Baez habría hecho trasladar a su estancia cuando el banco cerró esa dependencia.</p>
<p>La denuncia, con abundante documentación, de estos hechos, sin embargo, no ha hecho que Gils Carbó moviera un dedo. Su movimiento quinta columna “<strong>Justicia Legitima</strong>” sí se cansó de emitir comunicados para respaldar el avance de la presidente sobre la imparcialidad del Poder Judicial, pero de esto no ha dicho ni hecho nada.</p>
<p>En esta realidad se haya resumido el futuro que le espera a los argentinos cuando sus intereses individuales aparezcan en controversia con los del Estado (es decir, de ahora en más, con los caprichos y las ocurrencias de la presidente): <strong>ningún juez actuará, como así tampoco actuaron los fiscales dirigidos por la teóricamente “independiente” Gils Carbo en el caso de Baez/Kirchner</strong>.</p>
<p>Otro costado de esta cuestión es el ingente esfuerzo del gobierno y de sus medios controlados para que lo que claramente es el caso “Baez/Kirchner” (o “Baezgate”, como prefieran) sea presentado como el caso “<strong>Fariña/Rossi</strong>” o, peor aún, como una farandulesca versión de <strong>Karina Jellinek</strong> y de <strong>Ileana Calabró</strong> que termine discutiéndose en <strong><em>Intrusos</em></strong>, el programa de <strong>Jorge Rial</strong>.</p>
<p>La verdad es que a veces el destino cruza tragicómicamente lo que el poder jamás hubiera querido que se crucen. Que el estallido del Baezgate se haya producido en la misma semana en que la presidente pomposamente anunció que la Justicia para ser democrática debe fallar siempre en el mismo sentido que se expresa la voluntad de los funcionarios elegidos por la mayoría circunstancial de una elección, es <strong>una ironía casi sobrenatural</strong>.</p>
<p>Resulta que el mismo poder que se autoatribuye ser la voz inatacable del mismísimo pueblo, frente al que ningún individuo puede retobarse y frente al que ninguna Justicia puede dictar un fallo que lo contradiga, es aquel que desvía fondos que ese mismo pueblo paga trabajosamente a través de sus impuestos para engordar los bolsillos privados de personas privadas que, despojadas de todo su ropaje de poder público, deberían ser iguales que nosotros frente a la ley.</p>
<p>No puede más que seguir resultando paradójico que el gobierno que eleva lo “publico” prácticamente al estadio de la divinidad y condena lo “privado” prácticamente al escarnio de lo inmoral use el resultado dinerario del esfuerzo de millones para enriquecerse privadamente y que luego utilice la misma estructura del poder público para no investigar, para cajonear y para desviar la atención de la causa.</p>
<p>Estamos frente a un momento decisivo de la historia democrática (si es que se le puede dar ese nombre) del país. En muchos otros, <strong>por mucho menos, los gobiernos debieron dar una profunda cuenta de lo que hicieron y señalar con nombre y apellido a los culpables</strong>.</p>
<p>¿Estará la Argentina a la altura de las circunstancias? ¿O lo que se denunció seriamente en el programa de un “Jorge” (Lanata) terminará diluido banalmente entre plumas de vedettes en el programa de otro “Jorge” (Rial)?</p>
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