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	<title>Carlos Mira &#187; Tigre</title>
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		<title>Repensando a Sergio Massa</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Jul 2013 08:27:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Kirchner]]></category>
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		<category><![CDATA[Néstor Kirchner]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El intendente de Tigre ha sido criticado -incluso desde estas mismas columnas- por <strong>no dar una señal clara sobre dónde está parado.</strong></p>
<p>En efecto, desde muchos lugares, la indefinición de Massa ha sido materia de opinión negativa en los lugares de análisis de la política nacional porque en todos ellos se parte de la premisa de que <strong>el país está en un momento en donde se necesitan palabras firmes y posiciones claras</strong>.</p>
<p>La propia presidente ha reclamado eso desde su venerado atril: “<strong>hay que saber de qué lado se está</strong>”, dijo enfervorizada, como siempre.</p>
<p>Y es cierto que en, primera instancia, paracería ser mejor tener una postura transparente y de contornos firmemente marcados, en un momento en que el país se acerca a una elección trascendental para su futuro.</p>
<p>Pero viendo el escenario con algo más de distancia y perspectiva, <strong>quizás haya que darle una oportunidad más</strong> a quien aparece hoy por delante de todos en las encuestas.</p>
<p>El kirchnerismo ha extremado en los últimos 10 años todas la variables posibles de la vida social. No ha hecho otra cosa más que someter a una constante confrontación prácticamente todas las cuestiones nacionales. Con ello ha conseguido dividir y enfrentar fuertemente a los argentinos. No hay medias tintas en la constelación kirchnerista; no se admite la moderación ni la equidistancia. Todas esas grisuras son sacrilegios para el gobierno y, particularmente, para la señora de Kirchner.</p>
<p>Cristina Fernández ha profundizado ese sesgo durante sus dos gobiernos. A la estrategia de confrontación de <strong>Néstor Kirchner</strong>, ella le ha agregado estigmas y anatemas.</p>
<p>Lo natural en esas circunstancias es que se haya formado, efectivamente, un polo absolutamente ceñido a su poder que la sigue incondicionalmente y otro polo que no la puede ver, que desearía verla terminar su período para que se inaugure un riguroso proceso de investigación judicial en el que deba responder todas las dudas que se abren frente a ella.</p>
<p>Este último grupo también sueña con un 2015 en donde comience a revertirse todo lo que se hizo desde 2003, por el simple expediente de comenzar a hacer exactamente lo contrario.</p>
<p>Desde el punto de vista humano y teniendo en cuenta cómo el kirchnerismo se ha manejado con quienes no pensaban como él durante estos años, esa reacción es casi natural. Pero probablemente, <strong>si lo que se persigue realmente es el bien del país y no simplemente la revancha política (como el propio kirchnerismo demostró que ése era el único objetivo de su gobierno) aquella no sea la alternativa más inteligente.</strong></p>
<p>En efecto, es posible que los cambios que gran parte del país reclama no puedan hacerse de golpe, ni mucho menos empujando el péndulo de la soja con una fuerza inmensa hacia su extremo opuesto. Esa reacción visceral conformaría los instintos más bajos del <strong>revanchismo</strong>, pero llevaría al país de nuevo a un enfrentamiento efímero: <strong>sería hacer más kirchnerismo</strong>, sería reconocer que los Kirchner ganaron la batalla cultural de que no puede haber una Argentina unida, sino que siempre debe haber dos países enfrentados, con la necesidad de considerarse enemigos uno del otro.</p>
<p>En este punto la grandeza de la magnanimidad puede hacerle un gran favor a la República. Si quienes derroten al kirchnerismo lograran iniciar un alejamiento gradual de la visión del mundo en la que los Kirchner embarcaron al país en estos últimos 10 años en lugar de pretender producir un cambio copernicano en un período muy corto de tiempo, seguramente las posibilidades de que el país no vuelva a caer nunca más en semejantes desvaríos aumentarán. <strong>Puede que resulte paradójico pero de algunas adicciones sólo se sale si la dosis de adicción no se corta radicalmente.</strong></p>
<p>Lo natural es que quien rechaza visceralemente algo tienda a creer que hay que dejar de hacerlo en la primera oportunidad que se presente. Pero muchas veces la sinuosidades de una estrategia más fría produce efectos más convincentes y duraderos.</p>
<p>Esta interpretación nos obliga a repensar a Sergio Massa. <strong>No estoy diciendo que el intendente de Tigre sea un magnánimo que, estando en la vereda opuesta al kirchnerismo, entienda la conveniencia de empezar a terminarlo de a poco y no de golpe</strong>. Al contrario, es posible que en la mente de Massa sólo figure el cálculo político. Pero <strong>lo que puede ocurrir en este caso es que la avaricia del cálculo político coincida con lo que conviene hacer desde el punto de vista de intereses un poco más elevados</strong>.</p>
<p>Muchos de los efectos de esta táctica de hormiga quizás exasperen a los que reclaman ver al kirchnerismo -y a la presidente en particular- pagando sus cuentas una arriba de la otra y cuanto antes. Pero el futuro de la Argentina es más importante que eso y si el precio a pagar es ser “suave” en la transición, pues soy de la idea de pagarlo.</p>
<p>Hasta es posible que ese precio incluya el que algunas cuentas del kirchnerismo queden sin pagar; que muchos de los que desfilaron por el gobierno en estos años “se salgan con la suya”, incluida la propia presidente. Pero <strong>si queremos salir de la revancha y del péndulo no habrá que descartar cierto olvido</strong>.</p>
<p><strong>Se trata del olvido que el kirchnerimo prefirió no tener</strong>. Como si se tratara de alguien que pudiera subirse a un pedestal inmaculado, libre completamente de culpas, los Kirchner se colocaron a sí mismos en un lugar desde el que juzgaron a Dios y a María Santísima, repartiendo epítetos de todos los colores y adjudicándose el patrimonio de la verdad.</p>
<p>Ese camino sirvió para que lleguemos al lugar en el que estamos hoy: el de un país partido al medio, con posiciones casi irreconciliables. Por eso, si Massa ha decidido ser alguien diferente pero “de a poco”, ojalá su cálculo político coincida con el cicatrizante que estamos necesitando.</p>
<p>No importa que esa táctica impida ir a enrrostarle un triunfo categórico en la mismísima cara de la presidente y de todos aquellos impresentables que se lo tendrían merecido, por la altanería y la soberbia de todos estos años. Después de todo el kirchnerismo ha sido un fenómeno con suerte: es posible que siga teniéndola aun en su caída y que sea la primera víctima política de quien su vencedor no hace una carnicería.</p>
<p>Pero, repito: ese será un precio barato si su contrapartida es salir de la lógica de la revancha.</p>
<p>Los países civilizados han avanzado por “evolución”, no por “revolución”. Habrá que acostumbrarse a salir de la cosmovisión kirchnerista usando dosis homeopáticas y apostar a que ese trabajo lento pero titánico nos liberará definitivamente del fraticidio.</p>
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		<title>La candidatura de Massa</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Jun 2013 05:47:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Mira</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[blanqueo de capitales]]></category>
		<category><![CDATA[Cepo al dólar]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Frente para la Victoria]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El lanzamiento del intendente de <strong>Tigre</strong> como candidato a diputado por la provincia de<strong> Buenos Aires</strong> sólo sirvió para disparar docenas de especulaciones políticas. Porque en realidad,<strong> </strong><strong>Sergio Massa</strong> no ha dado una sola pista acerca de lo que piensa. Salvo su categórica y bienvenida opción por la no-reelección -como concepto político y no como un “no” a Cristina-, en lo demás la nueva estrella política del país ha permanecido en la ambivalencia. <strong>Massa cree en el agotamiento de las personas y de las maneras pero no del rumbo</strong>.<strong> </strong><strong>Supone que la sociedad está harta de las peleas y del enfrentamiento pero entiende que, en general, suscribe las líneas del gobierno.</strong></p>
<p>Y puede no faltarle la razón al intendente. El pequeño detalle que él y, evidentemente, la gente que piensa así no están advirtiendo es que una cosa no es posible sin la otra: este tipo de personas, las peleas, la agresión y el atropello son la consecuencia irascible y necesaria de una línea de gobierno. La continuidad de esa línea generará las mismas consecuencias que las que Massa supone -no sin razón- tienen hastiada a la gente.</p>
<p><strong><span id="more-168"></span>Por lo tanto Masa y la gente tienen un problema: creer que es posible construir un kirchnerismo democrático, respetuoso de la Constitución y noble en los modales y procedimientos. Error. Esa es una contradicción en los términos.</strong></p>
<p>El intendente -que tiene mayores responsabilidades que la gente común- debería hacer un esfuerzo por definirse frente a los temas que hoy concentran la atención de todos. En su edición de ayer el diario<strong> </strong><em><strong>La Nación</strong></em>, requirió la opinión de Massa sobre seis cuestiones de perentoria actualidad: la ley de medios, el cepo al dólar, el blanqueo de capitales, reforma constitucional, reforma judicial y sus proyectos para el Congreso.</p>
<p>Salvo en lo referente a la reelección de la presidente (no necesariamente sobre otros aspectos de la Constitución), Massa no se expidió concluyentemente en ninguno de los casos y en todos respondió con ambigüedades.</p>
<p><strong>La sociedad ya tiene un ejemplo certero sobre cómo terminan los personajes que adhieren a este tipo de rol.</strong> <strong>Daniel Scioli</strong> apostó a la nada durante 10 años. Y se quedó sin nada. Massa debería reflexionar sobre la vida política del gobernador.</p>
<p>Habiendo hecho lo más difícil -presentar una lista por fuera del <strong>Frente para la Victoria</strong>- debería ser más preciso en el perfil social y de país que tiene en mente<strong>. Es obvio que sus aspiraciones presidenciales son inocultables</strong>. Y, develadas, es muy posible que tenga chances. Pero si el intendente cree que el rumbo actual es correcto, estaría produciendo un engaño masivo si creyera que los errores son sólo de formas, de la falta de cierta urbanidad y elegancia.</p>
<p>Es necesario conocer sus opiniones sobre el rol del Estado en la economía, sobre las libertades civiles, sobre el control que el gobierno ejerce sobre la vida individual, sobre las relaciones internacionales de la Argentina y la precisión de sus aliados comerciales y políticos, sobre la vigencia del derecho de propiedad, sobre la división de poderes, sobre la libertad de trabajo y del ejercicio de las industrias lícitas, sobre la eliminación de los índices de pobreza, de inseguridad y de inflación… <strong>Es necesario, en fin, conocer sus ideas de gobierno.</strong></p>
<p><strong>Es correcto que la presente postulación de Massa es a una banca de diputado.</strong> Pero no nos engañemos: el intendente ha comenzado su camino a 2015 y en ese sendero se precisan explicaciones y definiciones certeras; no sanata.</p>
<p>No van más los “siganme que no los voy a defraudar”, o “un país normal”, o “la fuerza de la gente”. Esos eslóganes vacíos deben acabar. La sociedad tiene derecho a saber qué vota y que se propone hacer el votado. Es necesario un compromiso; <strong>la gente está harta de sorpresas.</strong></p>
<p><strong>¿Cuántos votos habría sacado Cristina si hubiera anticipado su cepo al dólar, sus trabas a libertades cotidianas mínimas, su “vamos por todo”, su intento de copamiento a la Justicia, la intensificación de la vigilancia ciudadana a través de la oficina de impuestos? </strong>Si Massa cree que un modelo de intervención en la vida individual como éste se puede llevar adelante con buenos modales y sin empellones, debería revisar sus teorías. <strong>No es posible seguir imaginando semejante nivel de intervencionismo sin la presencia de la violencia</strong>. En todo el mundo ha sido igual: un régimen con semejante pretensión de control debe recurrir tarde o temprano a la fuerza.</p>
<p>Como es lógico esperar que los tocados por la “intervención” (que cada vez son más) pataleen, el que aspira a que el control no se les vaya de las manos debe ejercer el monopolio de la coacción para enervar las rebeliones. Entonces aparece primero el insulto, luego el empellón y final, y eventualmente, la fuerza bruta.</p>
<p>Las maneras son, por lo tanto, una consecuencia necesaria del modelo de opresión. Aunque llegue un “educadito” como Massa, si su pretensión es el control social, deberá ejercer coacción y la coacción no se caracteriza por sus buenos modales.</p>
<p><strong>En el camino hacia 2015</strong> <strong>(que no será posible para nadie sin 2013) la sociedad espera definiciones</strong>. No importa que enfrentemos una elección legislativa de medio término<strong>. La gente empieza a reclamar precisiones</strong>. Ya ha tenido demasiado de la escuela de Scioli para ver al gobernador terminar arrodillado a los pies de la presidente, casi pidiendo perdón, mientras <strong>Cristina</strong> no se priva de seguir castigándolo. <strong>La sociedad necesita un líder positivo. Un líder democrático. Un líder civil, no místico, que asuma el desafío de poner a los individuos delante de él mismo.</strong> Y la sociedad también necesita asumir ese rol de protagonista, no de una sonoridad amorfa y masiva sino de una creatividad individual que multiplique la riqueza y deje atrás los dramas de la pobreza y del subdesarrollo.</p>
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