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	<title>Carolina Azzi &#187; Graciela Fernández Meijide</title>
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		<title>Reflexiones valientes de un período complejo de nuestra historia</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Mar 2015 13:18:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Azzi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[El diálogo]]></category>
		<category><![CDATA[Graciela Fernández Meijide]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En mayo de 2013, Graciela Fernández Meijide viajó a la ciuidad de Florianópolis con el objetivo de conversar durante una semana con Héctor Leis, el intelectual ex montonero que vivía en Brasil desde hacía años. Con la casa de Leis como escenario se encontraron todos los días a discutir y a pensar juntos la violencia política de los 70. Esa charla fue registrada en el documental El Diálogo, que codirigí con Pablo Racioppi.</p>
<p>El estreno de la película en Buenos Aires produjo algún revuelo. Sorprendentemente, la prensa se ocupó del film mucho más en sus secciones de política y opinión que en los suplementos de espectáculos. Luego de pasar por el cine,<a href="https://www.youtube.com/watch?v=l-Hh0wY7ZU0"> subimos el documental a Internet.</a> Hoy lleva más de 50.000 reproducciones desde diferentes sitios con acceso gratuito. ¿Cuál es el motivo de tanta repercusión?</p>
<p>Creo que la respuesta nos la da el título del libro que Pablo Avelluto compiló a partir de las transcripciones completas de aquellas conversaciones: <em>El Diálogo. El encuentro que cambió nuestra visión sobre la década del 70.</em> Avelluto fue el primero en soñar la película y el primero en darse cuenta de la importancia y el potencial del intercambio de ideas entre Graciela y Héctor. Luego fueron los espectadores los que nos convencieron con innumerables comentarios del punto de giro que la película había significado para ellos en sus opiniones sobre ese período tan complejo de nuestra historia.</p>
<p><strong>Hector, que estaba enfermo de esclerosis lateral amiotrófica, falleció en septiembre del año pasado.</strong> Llegó a ver la película terminada y a revisar los borradores del libro. Celebraba cada avance en la difusión de El Diálogo, su objetivo era llegar a la mayor cantidad de gente posible, quería que los demás fueran testigos de lo que a él le había llevado <a href="ttp://www.infobae.com/2014/09/13/1594555-hector-leis-y-los-montoneros-el-duelo-">tanto tiempo comprender</a>.</p>
<p>El séptimo día, al terminar de grabar la última charla, les pedimos a Héctor y a Graciela que se sentaran frente a la cámara por separado. Hasta el momento los habíamos filmado siempre juntos. Nos miraron raro, ya estaban tan acostumbrados a formar un tándem que la idea les pareció casi escandalosa. Así, pudimos preguntarle a cada uno cómo había sido su experiencia durante esa semana intensa.</p>
<p>Lo que surgió entonces fue inesperado, conmovedor y no calzaba en ningún guión tentativo que hubiéramos podido planificar. Tal vez salió así por la relación personal tan profunda que se fue desarrollando entre Graciela y Héctor en esos días. Probablemente influyó el clima de respeto y cercanía entre los protagonistas y nosotros, el <em>crew</em> mínimo que conformábamos Avelluto, Racioppi y yo.</p>
<p><strong>En su breve monólogo, Héctor se estaba despidiendo sin hacer ningún esfuerzo por ocultarlo. Habló de su enfermedad, del amor de su mujer, de lo que le daba placer, de la ausencia de miedo, de Rilke y de la muerte propia.</strong></p>
<p>Esos últimos minutos de Leis filmado solo son lo más real que registré nunca estando detrás de una cámara. Así y todo, ese fragmento no encontró su lugar en la película. No quisimos mezclar la tragedia colectiva de los 70 con la emoción que causa ver a un hombre adulto hablando, con los ojos rojos y con valentía, sobre su muerte cercana. No parecía justo.</p>
<p>Me reconforta que ese testimonio encuentre ahora su lugar en el libro. En el contexto de la conversación completa -que comienza por los recuerdos de ambos sobre su niñez y juventud en Avellaneda- no desentona, al contrario, resulta revelador. Hay mucho que quedó fuera del documental: de las casi veinte horas de material registrado se llegó a una edición final de 93 minutos. Entre muchos otros fragmentos debimos cortar un día entero de conversación que comenzaba en el golpe del 55 y una esclarecedora escena donde Graciela contaba como fue evolucionando la relación entre Alfonsín y los organismos de derechos humanos. Todo era interesante. Cuando dos personas como Graciela y Héctor conversan, hasta lo detalles de la infancia se vuelven significativos y ayudan a comprender lo que pasó después.</p>
<p>En la isla de edición, más de una vez mantuvimos fuertes discusiones cuando alguno de nosotros no podía resignar soltar una escena que le parecía fundamental. Pero cortamos sabiendo que, al priorizar la unidad dramática y la agilidad, fortalecíamos la película y su mensaje. Creo que hicimos un buen trabajo: el libro y el documental son distintos y complementarios. Cada uno saca provecho de su especificidad, la película concentra sentido, narra con gestos y miradas además de con palabras. <strong>Por su parte, el libro permite comprender paso a paso lo que allí se dijo, las emociones y las ideas que Héctor y Graciela fueron pensando juntos, sobre sí mismos y sobre el pasado que aun no hemos aprendido a resolver.</strong></p>
<p><em>El libro será presentado este miércoles a las 18.30 en la librería El Ateneo de Florida 340 con la presencia de Graciela Fernández Meijide, María Matilde Ollier, Jorge Sigal y Pablo Avelluto.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Interrogando al pasado</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Apr 2014 07:23:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carolina Azzi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Años 70]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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		<category><![CDATA[Dictadura]]></category>
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		<description><![CDATA[Vencer al otro no es ponerlo en la cárcel, vencer al otro es perdonarlo.” “Yo lo que no puedo tener es el sentimiento de revancha, de eso escapo, no quiero que esté preso un tipo que está enfermo.” &#8220;Firmenich es un Videla&#8221;. Estas son algunas de las cosas que se escuchan en El diálogo, documental que dirigí junto... <a href="http://opinion.infobae.com/carolina-azzi/2014/04/08/un-cine-incomodo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Vencer al otro no es ponerlo en la cárcel, vencer al otro es perdonarlo.” “Yo lo que no puedo tener es el sentimiento de revancha, de eso escapo, no quiero que esté preso un tipo que está enfermo.” &#8220;Firmenich es un Videla&#8221;.</p>
<p>Estas son algunas de las cosas que se escuchan en <em>El diálogo</em>, documental que dirigí junto a Pablo Racioppi y que tendrá su estreno en el Bafici.<strong> Los protagonistas de la película son Graciela Fernández Meijide y Héctor Leis.</strong> Graciela fue profesora de francés hasta que su hijo Pablo fue detenido y desaparecido en 1976. Sintió que no podía seguir enseñando si continuaba sin saber lo que más le importaba en el mundo: el paradero de su hijo. Dejó la docencia y comenzó a trabajar en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, donde desempeñó un rol central. <strong>Un año después de que el secuestro de su hijo hizo entrar a Graciela de un empujón en la historia, Héctor</strong> <strong>logró escapar exiliándose a Brasil.</strong> Había sido militante comunista, peronista y, finalmente, miembro de la organización armada Montoneros. Durante el exilio estudió filosofía y ciencias políticas. Brasil le dio la oportunidad de mirar y pensar de otra manera la realidad argentina. <strong>Reflexionó durante años sobre lo sucedido, vertiendo el resultado de su análisis en sus últimos dos libros. En ellos, entre otras cosas, pide perdón a la sociedad por su participación en la tragedia.</strong></p>
<p><em>El Diálogo</em> narra la visita que Graciela hizo a Héctor en su casa en Florianópolis, en mayo del año pasado. Durante seis días, todas las mañanas y todas las tardes, se reunieron en living de Leis a conversar. Registramos ese encuentro por iniciativa de Pablo Avelluto, quien supo prever lo valioso de este intercambio. Así nació la película. El tema debatido, los años setenta en la Argentina, no es para nada novedoso. Sin embargo, el punto de vista que los protagonistas dejan planteado en la película, lo es. Tan novedoso que incomoda. Se trata de algo profundamente distinto que puede resultar desconcertante frente a todo lo que escuchamos, leímos y vimos sobre ese período trágico de nuestra historia. Es el cine que me gusta y que me interesa: un cine incómodo.</p>
<p><strong>Mucho de lo que Graciela y Héctor expresaron en esos días es inteligente y conmovedor.</strong> <strong>Nos conmueven porque nos obligan a revisar conceptos que en muchos casos nos parecían incuestionables</strong>. El efecto adictivo de la violencia, la responsabilidad de los intelectuales, el carácter criminal del reclutamiento de menores para la revolución, la pulsión del gobierno de facto a seguir matando, la oposición inicial de los organismos de derechos humanos a la propuesta de juicio de Alfonsín, el número real de desaparecidos, la imposibilidad de hacer justicia con el pasado, la explotación política de los derechos humanos y su uso desigual, el peligro de convertir a los militares en víctimas, son algunos de los temas que recorren <em>El Diálogo</em>.</p>
<p>Los setenta han sido una porción protagónica de la historia argentina. Sin embargo, la superabundancia de novelas, textos periodísticos, películas, series de tv, y ensayos sobre un tema no siempre significa un conocimiento más profundo de la materia tratada. <strong>En los últimos años este período se utilizó como forma de legitimar el presente y, como consecuencia de eso, el discurso se volvió más esquemático y homogéneo</strong>. Sobre los setenta, especialmente en el cine y la televisión subsidiados por el Estado, se terminó por decir casi siempre lo mismo buscando perpetuar una idea preconcebida, repitiendo una tesis que de antemano decidimos acertada.</p>
<p>El resultado fue un imaginario poblado de héroes y mártires en lucha por el bien absoluto, en lugar de retratar seres humanos multidimensionales, en una época compleja, durante la cual las contradicciones entre medios y fines se resolvió siempre de la peor manera. Me gusta considerar <em>El Diálogo</em> como una verdadera expresión de cine político, es decir, un cine que cuestiona e incomoda. Un cine que hace pensar a contramano de los discursos habituales sobre un tema y aporta algo nuevo a la discusión. Que no se enamora del pasado sino que lo interroga en su relación con el presente. Que en lugar de construir y promover héroes interpela a una sociedad democrática. Este inconformismo frente a los dogmas repetidos una y otra vez tiene un propósito tan simple como antiguo: que seamos más libres.</p>
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