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	<title>Daniel Muchnik &#187; Adolf Hitler</title>
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		<title>Hablando de Hitler y de insultos</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Aug 2015 09:37:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Varias veces se intentó caracterizar a la administración de Néstor Kirchner y luego de Cristina Fernández. Nunca se llegó a una determinación clara, a una definición sobre el tipo de Gobierno que ejercían. Una autocrítica valedera que merecemos los periodistas es no haber investigado en detalles en 2003 cómo se habían comportado los integrantes de este matrimonio-binomio político en Santa Cruz, sus debilidades o sus grandezas.</p>
<p>A decir verdad, las grandezas no aparecían. Sí, en cambio, sus lados cuestionables: un constante abuso de poder, un manejo arbitrario de los dineros del Estado provincial, decisiones caprichosas, trampas y otras barbaridades. Todo ello fue descrito pormenorizadamente por investigaciones periodísticas que comenzaron a aparecer después de 2006 o poco antes. <b>Pero en el 2003, cuando era necesaria una iluminación acerca de quiénes eran los que tomarían el rol de jefes de Estado, los periodistas no lo hicimos</b>. Algunos de los colegas quedaron encantados por las primeras decisiones de ese matrimonio: la reivindicación del tema de los derechos humanos, por ejemplo, tema al cual nunca antes los Kirchner habían puesto atención. Con el tiempo se percibió la utilización espúmea de ese tema tan sensible después de tanto tiempo. Ya en el 2005 todo aparecía más claro respecto a los detalles políticos de los Kirchner.<span id="more-243"></span></p>
<p>Las organizaciones de derechos humanos fueron captadas como socias, como coparticipantes del Gobierno, como militantes, desnaturalizando entonces sus objetivos. Y se idealizó a los años setenta y a los guerrilleros se los consideró héroes. Se los juzgó como buenos muchachos que estaban dispuestos a tomar el poder para terminar con las injusticias, aunque en los hechos habían demostrado ser categóricos enemigos de la democracia, enemigos de las instituciones, que robaron, secuestraron, mataron a policías, pusieron bombas, se atribuyeron la condición de jueces y de consagrar la vindicta pública.</p>
<p>Después se les concedieron a los Kirchner manejos mágicos para mejorar la crisis económica, cuando en los hechos en el 2003, antes de que habitaran la Casa Rosada, Roberto Lavagna había dado una formidable vuelta de timón junto con el ahorro de las pequeñas y medianas empresas, que ayudaron notablemente, y el apremio por tomar oxígeno de todas las compañías privadas.</p>
<p>En el 2003 Kirchner había prometido todo tipo de reparaciones. Muchas, muchísimas no las plasmó. Quedó debiendo, por ejemplo, la reforma impositiva, que es clave para la marcha de la economía. Dejó todo como estaba, una palpable injusticia, una estructura regresiva. Directamente, cuando empezaron los problemas. Kirchner ordenó, en enero de 2007, intervenir el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en una acción de matones, para evitar que se dieran cifras verdades de la productividad y los males de la inflación; dejó además una estructura productiva que no se diferenciaba de la de 1990. <b>Con las mentiras estadísticas se expandió el agnosticismo en los sectores de la política y del mundo empresario</b>. Nadie podía perfeccionar un proyecto de inversión sin saber dónde estaba parado y qué podría suceder en los años por venir.</p>
<p>Fue en el 2008, en el enfrentamiento con el campo en torno a la Resolución 125 que los Kirchner comenzaron a enfurecerse contra todo signo de madurez y crítica a la decisión oficial. Por primera vez Kirchner utilizó los términos “grupo de tareas” para calificar a los dirigentes rurales, expresión que repitió esta semana Cristina Fernández para calificar a los que investigaron la posible conexión de sector o sectores del Gobierno con el narcotráfico. Utilizar el cargo de grupo de tareas tal vez no llame mucho la atención a la juventud nacida después de la dictadura militar. Se trataba de los grupos de choque que secuestraban y mataban sin miramientos tanto a perejiles como a militantes. La publicidad en el exterior ayudó a crear el fantasma de los 30.000 desaparecidos. En realidad, las denuncias de desapariciones no llegaron a las 10.000 personas. De todas maneras fue un genocidio por parte de los dueños de las armas poderosas y los tanques. Pero en todos esos años nadie fue inocente. Recién en los últimos tres años aparecieron autocríticas de exguerrilleros que dieron vuelta el pensamiento romántico de la lucha para demostrar que estaban militarizados y dispuestos a todo, sin demasiados escrúpulos.</p>
<p>Después del 2008, y solo con la tregua (más piedad por la viuda que tregua) que dio la muerte de Kirchner, se desató una tormenta cada día más intensa de injurias y persecuciones contra los enemigos del Gobierno. <b>Hubo y sigue habiendo ataques contra la libertad informativa, hubo carpetazos contra periodistas críticos, hubo amenazas graves contra responsables de medios de comunicación, hubo persecuciones personales, agresiones de todo tipo y color</b>. El Gobierno actuó con una impunidad absoluta y se abroqueló en un círculo de adeptos ciegos. Esa impunidad fue creciendo a medida que se abría el telón y aparecían las pruebas de una gigantesca corrupción donde pocos en el Gobierno se salvaban.</p>
<p>A esa impunidad, a ese autoritarismo ciego y vehemente algunos lo calificaron de fascismo. En realidad no fue fascismo en estado puro, porque no hubo aceite de ricino de por medio, ni cárcel, ni muertes para los que pensaban distinto. Pero tuvo rasgos fascistas y consagradamente autoritarios. Igual que los amigos de los Kirchner: los que dominaron Venezuela, Ecuador y en gran medida Bolivia. <b>Por la fidelidad a esas amistades Argentina quedó aislada internacionalmente, ignorada, arrinconada</b>.</p>
<p>Cristina Fernández comenzó a desatar sus odios y sus resentimientos en los últimos dos años. Cada día con mayor tenacidad y sin escrúpulos a través de cualquier medio (la cadena nacional, las millonarias sumas en publicidad, la creación de una estructura comunicacional monumental).</p>
<p>Pero además inició una carrera de declaraciones de un alto nivel de agresión. Consideró que las instituciones representativas de la comunidad judía eran aliadas de los fondos buitre, lanzó improperios de todo tipo, irresponsablemente, porque dio pie para que se gestara una campaña antisemita de envergadura. Sin límite alguno se olvidó de todo principio republicano: agredió a la Justicia, a dirigentes políticos, a periodistas, a todo aquel que osara criticarla. Y frente a los micrófonos llegó a decir barbaridades.</p>
<p>Una de las últimas, en una empresa de origen germano, fue decir que Hitler llegó al poder porque los aliados de la Primera Guerra presionaron a Alemania con indemnizaciones desbordadas. Y así le hicieron perder la dignidad. La Presidente conoce un costado parcial de la historia del siglo XX. Adolf Hitler fue un emergente del resentimiento del nacionalismo alemán que no pudo digerir su derrota en los campos de batalla, mientras su pueblo pasaba hambre a raudales. Fue Alemania quien inició la guerra, envidiando a Inglaterra y sus colonias y a Rusia por su increíble e inmenso territorio. La capitulación ante sus enemigos empujó a los militares torpes a condenar a aquellos que habían negociado la paz, algunos de origen judío. Todo lo cual motorizó como nunca una constante ola de antisemitismo que se sumó a una depresión económica profunda y a una inflación pocas veces vista. La República de Weimar, que emergió en 1918, en medio de la depresión general y de nuevos y revolucionarias cambios, mostró que se podía gobernar en democracia, aun en medio de matanzas. Los exmilitares y civiles con dinero exaltaron a Hitler, lo convirtieron en caudillo y mataron a todo izquierdista que asomara su rostro cuando volvieron del frente de la Primera Guerra. Más por miedo al comunismo que ya estaba desarrollado tras la toma del Palacio de Invierno en 1917 que otra cosa.</p>
<p>Hitler no llega a la cumbre porque se había atacado la dignidad de Alemania sino porque la socialdemocracia  que gobernaba Weimar fue acosada por todos los costados. La ahogaron y no supo defenderse El antisemitismo exacerbado hasta el delirio venía gestándose desde la primera mitad del siglo XIX. En 1932 los comunistas se unían a los nazis para declarar las huelgas ante los rebrotes inflacionarios que tomaron mayor dimensión con el poderoso crack mundial financiero de 1929. Hitler, que fue votado en 1933, fue un emergente, no una necesidad. También votaron los comunistas ese año y sacaron 13 millones de adeptos. Qué se hizo de ellos es un interrogante todavía sin respuesta.</p>
<p>Hitler es un fenómeno histórico complejo y la trama de su crecimiento aporta muchas dudas. Pero no llegó por una sola causa a convertirse en un mutilador de toda una generación: porque sus actitudes imperiales provocaron en la Segunda Guerra Mundial 50 millones de muertos y millones de desaparecidos.</p>
<p>La presidente Fernández no habla porque sepa historia, sino porque inserta episodios, anécdotas, sin seriedad en sus discursos.</p>
<p>Se han leído muchos artículos en los últimos días sobre que ya cesa el cristinismo en su existencia. No creo demasiado en esta aseveración. Tengo mis dudas. Lo que sí intuyo es que ella y todo el grupo que la acompaña harán daño y continuarán buscando víctimas hasta el último día de gestión, hasta el último minuto del próximo mes de diciembre.</p>
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		<title>La defensa de la dignidad</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Apr 2015 09:50:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué es lo que distingue al hombre de otros seres vivientes, cuando se dan circunstancias de esclavitud y muerte? Que puede luchar por su libertad, por la defensa de lo que considera suyo. Y además su lucha por el respeto a su dignidad y a la de la sociedad a la que pertenece. Respetarse a sí mismo, un duro ejercicio que no todos empiezan ni terminan.</p>
<p>Una demostración de ello fue el Levantamiento del Guetto de Varsovia entre el 19 de abril de 1943 y el 16 de mayo de ese mismo año. Se gestó a lo largo de los meses, cuando se veía que los judíos eran arriados como ganado. Las listas de los que se irían las confeccionaba el &#8220;Judenrat&#8221; del gueto, integrado por figuras relevantes de la comunidad. Trabajaban de oficinistas selectores al servicio de los nazis. Fue Hannah Arendt quien denunció la complicidad de los &#8220;Judenrat&#8221; en el exterminio de seis millones que habitaban, en su mayoría, todo el este de Europa. En su libro &#8220;Eichmann en Jerusalén&#8221;, donde da detalles de la maquinaria de muerte, acusa a los &#8220;Judenrat&#8221; levantando una polvareda y una intensa polémica que aún no ha terminado.</p>
<p>Los que pelearon en Varsovia fueron jóvenes y gente de mediana edad, dirigidos por Mordechai Anielewicz, casi un adolescente crecido de 24 años, militante del sionismo de izquierda y rodeado de socialistas y comunistas. Se lanzaron a la defensa cuando los alemanes organizaban la segunda oleada de transportes de judíos de ese gueto, donde vivían en condiciones miserables, a los campos de exterminio. <strong>Los que desafiaron al poder destructivo de los germanos sabían de la existencia de esos campos y, por algún relato de sobrevivientes, eligieron la forma de morir.</strong></p>
<p>Eligieron su destino final, sin dudar. Las armas, precarias frente a las de los adversarios. se las suministró de contrabando el Ejército del Estado Clandestino Polaco. En su libro &#8220;Historia de un Estado Clandestino&#8221;, uno de sus líderes, Jean Karski, un arriesgado nacionalista que representaba al gobierno polaco en el exilio en Inglaterra, describió la condiciones de vida de los atrapados en aquel guetto. Porque entró y lo visitó con ayuda de la resistencia interna. Karski también conoció, disfrazado de guardia, uno de los campos de exterminio. Aterrado, viajó a Inglaterra donde habló con los principales funcionarios (entre ellos Churchill), jueces y académicos pidiéndole ayuda para que esta matanza terminara. También cruzó el Atlántico y demostró a los norteamericanos meticulosamente la saña con la que actuaban los alemanes contra judíos, gitanos, homosexuales, Testigos de Jehová y presos políticos. Exigió, con llantos, que bombardearan las vías que llevaban a Auschwitz y a otros centros de muerte.</p>
<p>Ingleses y norteamericanos miraron para otro lado, incluso el presidente F.D. Roosevelt. Los historiadores manejan algunas conversaciones que corren el telón del cruce de brazos: &#8220;no podemos justificar el salvataje de los judíos porque de los contrario los soldados creerán que están muriendo en los frentes de batalla por los judíos&#8221;. Este juicio es una muestra palpable de los extremados cuidados políticos de las autoridades. Roosevelt había tenido infinidad de problemas para entrar en guerra, cuando él lo hubiera deseado desde 1939. Pero Estados Unidos estaba inundado de una ola neutralista y por apologistas del antisemitismo de ciudadanos comunes, héroes y empresarios. Henry Ford, condecorado por Hitler en los años treinta, escribió &#8220;El judío Internacional&#8221;. Charles Lindenberg, as de la aviación, coqueteaba con los nazis, visitaba Alemania y advertía que el verdadero enemigo eran los comunistas y no los alemanes. Varios petroleros se declaraban admiradores de Hitler y aportaron combustible hasta el momento de la Declaración de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p><strong>Hitler bregaba por la expulsión de los judíos de Alemania y luego de Europa. En 1939, declaró a sus admiradores en un encuentro que &#8220;si había una guerra la culpa sería de la confabulación judía, por lo que había que exterminarlos&#8221;.</strong> Desde que los nazis impusieron las leyes de segregación y apartamiento de los judíos en Alemania, los alemanes fueron levantando centros de detención. No era una novedad. El invento de los campos era ruso, creados por Lenin y Stalin para sus contrincantes. Los judíos no podían sacar mucho dinero de Alemania (unos pocos marcos), se les confiscaba la vivienda o bien el propietario debía venderla a precio regalado, las empresas eran apropiadas, tenían prohibido ejercer la docencia en todas sus manifestaciones y todas las profesiones liberales. Fueron, además, expulsados de los estrados judiciales y del aparato del Estado.</p>
<p>Los guetos (lugares cerrados en un rincón alejado de las ciudades, con alto grado de concentración humana, hambre, promiscuidad y mal trato) se iniciaron en 1939 cuando, tras el pacto Von Ribbentrop- Molotov, Polonia fue dividida en dos. Con el Este de Polonia se quedaron los soviéticos. Con el Oeste los alemanes. Muchos de los judíos que moraban en el Este salvaron sus vidas porque los rusos los enviaron en trenes atiborrados a Siberia, a poblarla. Pero los del Oeste fueron obligados a apretujarse en los guetos. Pero esos sitios de encierro forzado comenzaron a ser un problema sanitario porque se propagaban las pestes  a las ciudades enteras. El tifus y el cólera estaban a la orden del día.</p>
<p>Es por eso que en 1941, casi al mismo tiempo de la ruptura del pacto Von Ribbentrop -Molotov y la invasión germana a Rusia, los alemanes evacuan los guetos y transportan a los prisioneros a los campos de trabajos forzados o a los campos de exterminio, como el caso de Auschwitz. Y, ya en Rusia, matan judíos a mansalva. Cavaban fosas gigantescas y les disparaban un tiro en la nuca o con fusilamientos o con incendios de sinagogas y la gente orando adentro, por parte de las tropas selectas de las SS y también con tropas de la Werhmacht (el Ejército). <strong>1941 es el inicio del exterminio que según los cálculos arrastró al abismo negro a 6 millones de judíos, es decir, a gran parte de la población judía en Europa.</strong> Otros 500.000 deambulaban por España y Portugal buscando salir a América o a cualquier destino desde el puerto de Lisboa o conseguir buques que viajaran a China (a Shanghai específicamente), nación neutral, bajo el cuidado después de tropas japonesas aliadas a las germanas. Uno de los que puede contar esta historia es Henry Kissinger, un experto internacional y alta figura del gabinete del presidente norteamericano Nixon, cuya familia logró escapar y encontrar refugio en Shanghai.</p>
<p><strong>Frente a informaciones que aseguran  lo contrario, hubo muchas rebeliones judías en los campos, en los guetos y en los campos bajo la conducción de guerrilleros. No es cierto, como dijeron muchos tiempo después, que no pelearon. Lo hicieron con lo poco que tenían. Si no había armas, con palos y piedras. Dando la cara y el cuerpo a una maquinaria bélica infalible, excepcional. Sabiendo que perderían.</strong></p>
<p>Un libro, titulado &#8220;Tomar a Dios desprevenido&#8221;, de Hanna Krall relata a través de una larga entrevista los pormenores del levantamiento en Varsovia, con la visión de otro dirigente, Marek Edelman, luego médico cirujano en los años posteriores a la Guerra y fiel testigo de los sucedido. Explicó que les faltaron armas y experiencia mientras los alemanes se batían bien. En el relato del Edelman-testigo falta el odio al enemigo, la exaltación de uno mismo, el tono superlativo, es decir, las características de los héroes.</p>
<p>En distintas bibliografías,  como dijimos, se detallan distintas rebeliones contra los germanos. Los muy religiosos preferían no pelear porque &#8220;nuestro destino lo fija Dios&#8221;. Otros se suicidaron. Edelman explicó por qué se hizo resistente. &#8220;En una calle del gueto -escribió- vi a un viejo al que dos oficiales alemanes habían alzado sobre un tonel. Le estaban cortando la barba larga y los verdugos se desternillaban de risa&#8221;. Marek se dijo a sí mismo: &#8220;Comprendí que lo más importante era no dejarse colocar sobre un tonel, nunca y por nadie&#8221;.</p>
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