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	<title>Daniel Muchnik &#187; Dictadura</title>
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		<title>Todo lo que falta hacer</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Mar 2016 09:50:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Visita de Barack Obama]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Como bien dijo el político y ensayista Rodolfo Terragno, en un país no se pueden lograr profundos cambios sin un apoyo social contundente. El problema en la Argentina es que esa impronta, esa imprescindible toma de conciencia no se corresponde con una fractura o varias fracturas que el país carga desde hace mucho tiempo, ensanchadas durante los últimos doce años. Parecería imposible lograr el entendimiento, participar de un proyecto común con ese enredo. Los procesos políticos se alteran y hay que respetar el voto colectivo. Demasiados ciudadanos viven atados a añejos prejuicios, difíciles de desterrar, como si se hubieran enquistado definitivamente.</p>
<p><b>El actual cristinismo, más su antecesor, el kirchnerismo, parecen carecer de una valoración democrática</b>. Les falta aceptar que los cambios pueden suceder, que otros pueden tener otras propuestas, que de pronto se deben ceder posiciones ante una realidad compleja, sin soluciones fáciles. Las redes sociales están cargadas de odio y desprecio al nuevo Gobierno. Sin tregua. Desde el primer momento fue rechazado y así, desde el inicio, muchos lo catalogaron de oligárquico, de derecha, reaccionario, dispuesto a vender el país, de despreciar a los trabajadores. Un encuadre endiosado. Fue para ellos un reflejo inmediato. Golpear, machacar, no entender, no mirar más allá.</p>
<p>Sumándose a ciertos grupos de la izquierda, en un enredo incomprensible, torpedearon la visita de Barack Obama. Están abrazados a una mística donde juegan de víctimas y los verdugos son los otros. <b>Politizaron hasta el extremo los derechos humanos y el recuerdo</b>. Así, en los años setenta, que son paradigmáticos para su mirada, hubo buenos, luchadores con mística de cambios y puros, y, del otro lado, los que estaban dispuestos a acabar con ellos. Y de esa plataforma no se bajan. Algo absolutamente maniqueo.<span id="more-336"></span></p>
<p>Marcos Novaro se encargó de señalar, con otros pocos más, que el golpe de 1976 se llevó a cabo con el apoyo de gran parte de la sociedad civil. Dirigentes políticos, partidos en actividad, empresarios, dirigentes, profesionales, medios de comunicación, en todas las escalas se sentían oprimidos por la angustia que producía una desaforada violencia. Estaban ciegos. La toma del poder por los militares, el 24 de marzo, les mostró la verdadera decisión de esas fuerzas: masacrar, disponerse a llevar adelante un decidido “crimen de Estado”, como el que se llevó a cabo. Entonces, ya era demasiado tarde para arrepentirse. Fue incluso un <i>boomerang</i> para los que habían considerado a los militares como la única salida.</p>
<p>Nadie niega que la Presidencia republicana de Gerald Ford, en Washington y el canciller Henry Kissinger bendijeran aquella opción por el terror, como había sucedido con Chile. Pero al poquísimo tiempo apareció un demócrata en la Casa Blanca. Jimmy Carter, que profesaba una concepción religiosa de los hombres en el mundo y la secretaria Patricia Derian cuestionaron, acosaron y pusieron en evidencia la perversión sin límite de los torturadores. En la visita de Derian a Buenos Aires los automovilistas pusieron un cartel en los autos con el increíble eslogan: “Los argentinos somos derechos y humanos”. Estaba en todas partes. En negocios y en escuelas y en oficinas públicas.</p>
<p><b>La historia fue, ya no se puede cambiar. Pero hay que trazar balances y elevar las autocríticas correspondientes</b>. Que no se generalizaron, en absoluto.</p>
<p>Pocos años después arribó la democracia, como una salvación. Pero con los años no se la respetó, ni se la dignificó, ni se la hizo perdurar en numerosos acontecimientos.</p>
<p>Los antiimperialistas jóvenes y viejos se enfrentaron ahora con la simpatía, la atrayente oratoria, las propuestas concretas y los ofrecimientos de respaldo a la Argentina del matrimonio Obama. Hubo manifestaciones de repudio en vivo, no muy numerosas, pero con potencia de voz. Obama venía de Cuba, de procurar entenderse con un régimen que subsiste, inconmovible desde hace medio siglo. Buscaba acabar con el bloqueo, opinar que sólo los cubanos elaborarán su futuro, fomentar el intercambio, tratar de encontrar la oportunidad para cerrar Guantánamo. Llegaba desde una isla que cierta izquierda y el cristianismo alaban y endiosan, esa con un régimen autocrático y aislado. Pese a todo, la “mala onda” fue difundida con altavoces.</p>
<p>La grieta es mucho más ancha y compleja de lo que se creía. Son varios los que creen que no es así. Sin embargo, están en todas partes. Por supuesto que un peronismo más serio, más constitucionalista y democrático se presta a la negociación, participa de acuerdos parlamentarios.</p>
<p>La Argentina vivía separada del mundo. O mejor dicho, el mundo se había olvidado de la Argentina. Las visitas de altos funcionarios europeos y de Obama generan un deshielo importante. A partir de ahora se pueden crear y recrear las relaciones económicas y políticas con el planeta, que resultan imprescindibles en la puesta a punto de la economía. Aunque todavía se requerirán varios meses para que esto pueda suceder.</p>
<p>Eso sí: <b>sigue faltando una sociedad no resquebrajada y decidida a llevar adelante el gran cambio. Sin violencia</b>.</p>
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		<title>La desmesura final</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Jul 2014 17:58:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil 2014]]></category>
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		<category><![CDATA[Peronismo]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos han gastado fortunas para presenciar en vivo el partido final del Mundial. Desembolsos que se asemejan al precio de un automóvil nuevo. Tickets de entrada al estadio que cuestan de 6 a 9.000 dólares. Trepadas a colectivos que demorarán 40 horas en llegar a Río de Janeiro. Y que sólo van porque se agotaron los vuelos cuyo costo se elevaba a 30.000 pesos. Viajes en auto con los riesgos de las rutas brasileñas, con caminos malogrados por los baches y sin banquina y conductores irresponsables.  <strong>¿Qué está pasando? ¿ Lo justifica la devoción por el fútbol, la cábala de que una presencia personal le dará suerte al equipo de sus amores ¿Es una situación límite?</strong></p>
<p>Son interrogantes que van surgiendo con toda esta fiebre de las últimas horas que lleva a decenas de signos de interrogación. Porque no todo se reduce a la psicología colectiva. Esta fiebre tiene connotaciones sociológicas y, sin duda antropológicas. Cualquiera entiende una pasión por el fútbol ¿pero todos los que se largaron rumbo a Río disponen de esos dineros?¿Rompieron el chanchito con fervor de hinchas desaforados? ¿Están usando ahorros destinados a otros fines? ¿Admite una reflexión todo esto o hay muchas más que terminan siendo inexplicables o de otro planeta?</p>
<p>Por supuesto que todos queremos que Argentina gane el Mundial. Pero ¿cuánto están dispuestos a poner en juego los que invierten estas millonadas? ¿Estarán en sus cabales? ¿No habrá en este tsunami emocional una necesidad de triunfalismo a toda costa?</p>
<p><strong>Los únicos que muestran serenidad y confianza en el esfuerzo por quedarse con la Copa son los jugadores de la selección. </strong>Impresiona la humildad de muchos de ellos, el nivel de cordura y sentido común, si se contrastan sus declaraciones con lo que dicen por la Televisión Pública los profesionales comentaristas.<strong> Con pocas excepciones, esos comentaristas exhiben un patrioterismo rancio, decadente, provocador, despreciativo de los equipos contrarios.</strong> Empujando a un logro a toda costa, a cualquier precio, sin pensar en aquellos que ponen todo en las canchas, en cada partido. Son los jugadores los únicos que pueden opinar, de la misma manera de aquella vez que le preguntaron al boxeador Ringo Bonavena cuál era el momento clave de una pelea en el ring : “ Cuando te sacan el banquito y te quedás solo”, contestó con su sabiduría de barrio porteño.</p>
<p>Hubo otros Mundiales y la Argentina venció, con la felicidad de toda la población, más allá de los hinchas. Incluso ocurrió esta realidad en 1978, en plena represión militar, en plena guerra ideológica con sus víctimas de uno y de otro lado. No recuerdo que nadie haya hablado de política entonces. Más: la Junta Militar fue aplaudida en la cancha.</p>
<p>Después todo aquello se tapó y hasta se tuvo vergüenza de lo ocurrido. Pero los jugadores siempre quedan como héroes.<strong> Las hinchadas todo permitieron, con tal de ganar, pase lo que pase. Como sea.</strong> Después la mano de Maradona en aquel partido con Inglaterra fue, simplemente, soterradamente, “la mano de Dios”, no la mano de la trampa.</p>
<p>En todos esos momentos hubo quienes señalaron que las hinchadas reflejaban el “espíritu verdadero de los argentinos”, el &#8220;carácter argentino”. Si eso se acepta como verdad, estamos hablando de un triunfalismo argentino sin límites y a cualquier costo. <strong>Y eso hace daño, porque se pierde el equilibrio, el sentido común. No en vano, siguiendo esta línea de pensamiento, ha prendido tanto el populismo en la política argentina</strong>, y han aparecido caudillos autoritarios que aseguran actuar porque el &#8220;pueblo” así lo pide. Y es por eso que quizás no se equivocan quienes dicen que el peronismo refleja, de alguna manera, el espíritu del argentino medio. El que desea ganar sin medir las consecuencias y sin meditar lo que se juega y se deja atrás.</p>
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