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	<title>Daniel Muchnik &#187; Elecciones</title>
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		<title>Previa caliente</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Nov 2015 03:00:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El debate de esta noche es la primera experiencia argentina de este tipo de confrontaciones visibles, cara a cara. ¿Pero son instancias decisivas para ganar las elecciones a partir de un debate? La respuesta es —según la experiencia internacional— que no influyen en el resultado final, salvo detalles imprevisibles, inmanejables. Es decir, todo depende de... <a href="http://opinion.infobae.com/daniel-muchnik/2015/11/15/la-previa-caliente/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El debate de esta noche es la primera experiencia argentina de este tipo de confrontaciones visibles, cara a cara. ¿Pero son instancias decisivas para ganar las elecciones a partir de un debate? La respuesta es —según la experiencia internacional— que <strong>no influyen en el resultado final, salvo detalles imprevisibles, inmanejables</strong>. Es decir, todo depende de la inteligencia política de cada uno de los que participan.</p>
<p>Hay antecedentes muy  importantes en la historia de los debates. A fines de la década del cincuenta, en plena lucha por el poder (que era entonces el poder mundial), el demócrata John Fitzgerald Kennedy salió triunfante del debate con el republicano Richard Nixon.</p>
<p>En medio de una televisión en blanco y negro (todavía se estaba experimentando tecnológicamente la que vendría después), Nixon mostró dudas y lentitud en las respuestas. Pero lo que más lo perjudicó es que comenzó a traspirar abundantemente y las cámaras lo enfocaron cuando se secaba la frente. Y, por último, un detalle estético. Kennedy estaba bien parado, tenía un porte ganador, seguro, sonreía (aunque no con ironía). Estaba exultante. Colofón: Kennedy fue el que llegó a la Casa Blanca. Pese a que en Estados Unidos el voto no es obligatorio; sólo el 50% de la población tiene deseos de entrar al cuarto oscuro.<span id="more-295"></span></p>
<p>Lo mismo o casi lo mismo ocurrió en Colombia en 2010. Un brillante experto argentino en política internacional me comentó (paralelamente se puede seguir por YouTube) que en Bogotá Antanas Mockus era el preferido, según los encuestadores. Pero cuando llegó el debate, con preguntas abiertas, el periodista le preguntó a Mockus si el Gobierno de Colombia en su gestión estaría dispuesto a entregar al ex presidente Manuel Uribe a los ecuatorianos, tras el ataque contra terroristas en tierra de la administración de Quito. Mockus dudó, balbuceó. En ese ínterin, que fue una eternidad, su opositor en la campaña, Juan Manuel Santos (actual presidente) pidió a las cámaras que lo enfocaran y, sin dudar, dijo: “Colombia jamás entregará a nadie a un ex presidente de la nación”. Conclusión: ganó Santos en las elecciones.</p>
<p>Como se ve, <strong>todo depende de la inteligencia de los que están en el podio, pero también de reflejos en el momento justo.</strong></p>
<p>A diferencia de otros debates internacionales, tanto Daniel Scioli como Mauricio Macri (que tiene esta vez las encuestas a su favor) llegan al enfrentamiento de este domingo muy fatigados por esforzados meses de campañas por todo el país y con discursos que se van polarizando después de un tiempo en el que los técnicos de los dos canditatos explicaban sus pasos de manera parecida. Macri ha cuidado de no devolver a su adversario de la malvada campaña sucia de publicidad preparada por el oficialismo.</p>
<p>Pero esta es la última oportunidad para Scioli, que faltó al anterior debate más amplio, porque —según sus seguidores— le temía a las agresiones y presentó otras excusas que, en su conjunto, eran pueriles.</p>
<p>¿El debate de hoy cambiará la tendencia de lealtad a Scioli o a Macri? Lo dudo. Salvo algún tropezón grande, de esos que dan vergüenza ajena. Saben los asesores de Scioli que cada aparición de su líder junto con Cristina Fernández, en actitud de subordinación (como ocurrió casi siempre), es muy nocivo para su imagen. Por eso, los periodistas informaron que la Presidente, por su cuenta, no le exigirá presencia en los actos que realice hasta el último momento antes de las elecciones.</p>
<p><b>Este debate presencia un gran debate interno dentro del peronismo</b>. Muchos funcionarios de nivel ven, con paranoia, traiciones, intrigas y ataques ocultos, algo así como dagas en los pasillos. Sabe bien Scioli que en este encuentro se juegan muchas más cosas de las que se cree. Por ejemplo, quién ocupará la conducción del peronismo.</p>
<p>Es Sergio Massa quien le hará frente a la presidente Cristina Fernández o a cualquier otro, porque desde allí buscará la revancha en otras elecciones. Massa es un protagonista de peso.</p>
<p>Scioli también llega con una carga pesada que es su identificación hasta ahora con el kirchnerismo-cristinismo.</p>
<p>Él la jugó de kirchnerista bueno, no confrontativo, por lo tanto con el rechazo de los de Carta Abierta y de todos los que añoran un pasado violento que ha sido teñido de romanticismo en la Casa Rosada.</p>
<p><strong>Macri viene actuando con sobriedad. Pero si gana las elecciones, tendrá que demostrar que todo lo que promete lo podrá hacer</strong>. La herencia que recibe es tremendamente pesada y superarla puede devorar a cualquiera. Una inflación del 27%, un déficit fiscal casi nunca visto en la historia económica del país, que está sin dólares, sin contacto con el mundo, solo, aislado, por culpa de una política exterior sin sentido de la realidad y sin ser tenida en cuenta por todos los poderosos del planeta y los que no lo son. Además, con alto nivel de desempleo, con deudas (los holdouts, la de los importadores, la de un comercio exterior llevado a un grado extremo de fragilidad).</p>
<p>En el debate, frente a frente, tendrá que demostrar arrojo y valentía, con los pantalones bien puestos ante lo que vendrá cuando lleguen los tiempos difíciles. Porque hasta ahora todo fue una fantasía, o una suma de estadísticas falsas.</p>
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		<title>Los votos ciegos</title>
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		<pubDate>Sat, 15 Aug 2015 10:14:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En 1995 Carlos Saúl Menem fue reelecto como presidente de la nación. Desde que llegó al poder, fue corrido con las denuncias de corrupción, favoritismo y mal desempeño de algunos funcionarios. Todavía hoy pesan sobre él juicios pendientes en los que, ya anciano y enfermo, tiene que rendir cuentas, aunque de sus gabinetes pocos enfrentaron castigos tribunalicios. Quedó en claro entonces que las acusaciones bien fundadas no importaban. Lo trascendente era el buen vivir, el consumo, la ficción de la convertibilidad, ese sueño idílico del un peso igual a un dólar que dio chances para viajar, comprar y soñar, pero sin sustentación en la realidad.</p>
<p>Los empresarios habían ganado mucho con las privatizaciones. El campo se estaba tecnificando. No se podía explicar que aquello era una ficción, que todo dependía de la entrada de dólares y, si llegaban a faltar, la convertibilidad se caía, se rompía a pedazos.</p>
<p><b>Un grupo pequeño de economistas y algún que otro periodista señalaban el peligro que se avecinaba.</b> Esas sombras atemorizantes aparecieron con el tequilazo mexicano en 1995 y el retiro de inversiones en toda América Latina, incluyendo a la Argentina. Los dólares se esfumaron y la convertibilidad comenzó a pisar terreno resbaladizo, con aceleración.<span id="more-248"></span></p>
<p>La sociedad no escuchó ni leyó, ni se interesó. Siguió abrazada al ensueño del 1 por 1. <b>Todo derivó en atraso del tipo de cambio, despidos, alto desempleo, dificultades económicas de muy distinto tenor</b>. La Alianza arribó a la Casa Rosada en 1999 prometiendo continuar con la convertibilidad. ¿Cómo? ¿De qué manera? ¿En qué condiciones? No fue explicado. Pero hubo intensos debates internos. Rodolfo Terragno, jefe del gabinete, era un crítico del sistema económico vigente. La mayoría de sus colegas, en cambio, lo defendían, muchos por conveniencia política, para conservar los votos ganados. <b>Eduardo Duhalde había perdido la elección porque jugó con la verdad: La convertibilidad, decía, ya no podía continuar ante el cuadro de crisis</b>. A eso se sumó que Menem, por celos o envidia, o intereses, bombardeó la propuesta de Duhalde.</p>
<p>En el 2003 Menem volvió a postularse a la Presidencia. Obtuvo cuatro millones y medio de votos. Una montaña. Pero, como regía el ballotage, tiró la toalla y dejó que Néstor Kirchner, que representaba a la minoría, asumiera. Sin ballotage hubiera sido presidente por tercera vez.</p>
<p><b>Quedó demostrado en todos esos años que las ideologías y los principios elementales ya no pesaban en la decisión del electorado</b>. Para muchos fueron las crisis reiteradas, más los residuos psicológicos de la dictadura militar, más la acumulación de frustraciones, un solo proceso que llevó a la sociedad a votar por conveniencias de bolsillo, o para evitar cambios demasiado bruscos. Otros analistas consideran que ese proceso de evaporación de las ideologías o de las lealtades partidarias no es solo local. Está presente en el mundo.</p>
<p>Mucho antes de la reciente elección de las PASO se sabía que un 35 % de la sociedad consideraba que la gestión de Cristina Fernández era buena y concretaba cosas de gran interés popular: los subsidios sociales sin miramientos, por ejemplo, o el Fútbol para Todos. <b>Todas las denuncias sobre autoritarismo, falta de respeto institucional, ataque a los medios de comunicación, enfrentamiento a otros poderes y en especial el Judicial, arrogancia, prepotencias de todo tipo, no convencían a los que se abrazaban a la sonrisa presidencial y sus acciones, y hasta a su forma de ser. </b>Y consagraron al que ella había nombrado su sucesor, Daniel Scioli, pese a los desplantes y los malos tratos a que lo sometió por larguísimo tiempo.</p>
<p>Scioli también sumó acciones que tuvieron eco social, aunque no pudo superar la inseguridad, la complicidad de varias fuerzas policiales con la delincuencia, la presencia apabullante del narcotráfico que continuará en vertiginoso crecimiento, siguiendo -hay datos que lo confirman- el ejemplo mexicano.</p>
<p>Otro tema posterior demuestra ciertas torpezas intempestivas de Scioli. Viajó a Italia en medio de inundaciones pavorosas en la provincia. Las primeras versiones señalaban que se tomaría un tiempo de descanso tras la fatiga que dejan las elecciones. Después se dijo que en realidad el traslado fue para visitar a los especialistas para perfeccionar la prótesis que lo acompaña y que reemplaza al brazo perdido en el accidente náutico. Vaya a saber.</p>
<p>Tampoco importaron los señalamientos periodísticos sobre Aníbal Fernández, que tuvieron repercusión internacional. Fernández era marcado como titular de una organización dedicada al narcotráfico. A sus votantes las acusaciones no los hicieron cambiar de opinión. Creen en él. O bien lo vivieron como un freno a los partidos de la oposición.</p>
<p><b>Esta apatía ideológica tiene que ver, también, con la fragmentación en la sociedad, con la falta de coherencia de muchos dirigentes políticos, con los dirigentes, en general, </b>porque todos tenían el mismo discurso ante el futuro que se aproxima aceleradamente. Si todos dicen lo mismo, cunde aún más la falta de fe en los partidos como tal. El peronismo, el radicalismo, la centro-izquierda y las izquierdas no están ofreciendo esperanza ni regalan nada. No se vota con la cabeza. Se vota con las identificaciones, con los afectos o la simpatía que establecen con los que les dan, sin importar las consecuencias. Por lo menos a mí este proceso me provoca desazón. A otros, que son numerosos, no tanto. Dale que va.</p>
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		<title>El triunfo del &#8220;hacedor&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2015 02:05:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Daniel Muchnik</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con el 30% de las mesas escrutadas ya estaba clara la ventaja cómoda y aguerrida del PRO, vencedor en estas primeras elecciones del año, rumbo a las presidenciales. ¿Pueden llegar a ser importantes y decisivas las &#8220;primarias&#8221; como indicadores de tendencia? Sí, en cada ámbito geográfico donde se producen lo son. Cada región, cada provincia... <a href="http://opinion.infobae.com/daniel-muchnik/2015/04/26/el-triunfo-del-hacedor/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con el 30% de las mesas escrutadas ya estaba clara la ventaja cómoda y aguerrida del PRO, vencedor en estas primeras elecciones del año, rumbo a las presidenciales. ¿Pueden llegar a ser importantes y decisivas las &#8220;primarias&#8221; como indicadores de tendencia? Sí, en cada ámbito geográfico donde se producen lo son.</p>
<p>Cada región, cada provincia tiene sus impulsos afectivos, de lealtad política o de obediencia a quienes le indicaron, con verticalidad o por proteger su empleo, qué votar. En la Capital, la pugna Rodriguez Larreta-Michetti preocupó a muchos, dentro del partido y fuera de él. A tal punto que la gran mayoría de los votantes, sugestionados o no, convencidos o no, se inclinaron por Rodríguez Larreta, el &#8221; elegido&#8221; como una demostración de apoyo definitivo a la figura de Macri. Además pesaron las consignas publicitarias. <strong>Rodríguez Larreta fue el &#8220;hacedor&#8221;, el que trabajaba incansablemente, el que gestionaba mientras otros se dejaban guiar. Michetti, como senadora, no alcanzó a lucirse ni a aparecer tan intensamente en los medios de comunicación.</strong></p>
<p>De todas maneras, Michetti no quedó postergada en el apoyo de la ciudadanía. Ahora tendrá que encontrar su nuevo lugar, un ámbito más calmo, sin confrontaciones. Tiene que hallar su sitio en el mundo de su agrupación, de la cual fue siempre una de sus puntales. No creo que haya &#8220;pase de facturas&#8221; entre los que apoyaron hasta el último momento a uno o a otra figura. Al PRO no le sobran gestores ni gerentes de todo tipo y color. Como se sabe, Lombardi, Pinedo y Montenegro, responsables de distintas áreas capitalinas, acompañaron a Michetti, que no era la preferida y lo hicieron contra viento y marea y dándoles la espalda las definiciones desafortunadas y agresivas del asesor Jaime Durán Barba.</p>
<p>Entre los candidatos a las PASO de este domingo 26 de abril hubo, sin duda, un grupo signado por la meritocracia. A Rodriguez Larreta le bastó mostrar lo que trabajó estos años. <strong>Pero Martín Lousteau es una promesa de alto valor práctico y académico y al mismo tiempo un hombre que conoce los problemas cotidianos y sabe cuáles son las soluciones, </strong>con un arrastre muy especial con la juventud. Y Guillermo Nielsen, ex- gestor en la negociación de la deuda externa en 2005, quien representó con esquiva fortuna al Frente Renovador de Massa, un técnico que entró tarde en la lucha por conquistar votos, es un profesional reconocido por el mundo empresario y en ámbitos internacionales</p>
<p>Lo que no pude entender fue la euforia en el búnker del Frente para la Victoria, donde se festejaba mientras los números mostraban que sólo arañaban el cuarto lugar. Sus candidatos, Mariano Recalde a la cabeza, repitieron hasta el cansancio un argumento gastado. Si ellos ganaban y obtenían el apoyo popular podían demostrar que los seguidores de este Gobierno podían arrinconar a la &#8220;derecha&#8221;. ¿De qué derecha hablan? ¿Ellos se consideran de &#8220;izquierda&#8221;? Con algunos funcionarios y con algunos respaldos hacia este Gobierno es imposible señalar al oficialismo como de &#8220;izquierda&#8221;. No es necesario convocar a Jorge Altamira o a Vilma Rippol para que los ubiquen en otros casilleros. Son, se sabe, los representantes de una administración oportunista que está dejando un legado peligrosísimo.</p>
<p><strong>Veamos como asoma el 5 de julio cuando llegue el ballotage. ¿Podrán cambiar los sitiales y adhesiones? Yo tengo mis grandes dudas.</strong> Por los fenómenos que estuvieron presente este domingo 26, no habría grandes cambios en los pocos meses que restan para llegar a la mitad del año.</p>
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