La jornada nacional de protesta del pasado 29 se constituyó en un rotundo mentís para el presidente Santos por su desafortunada y provocadora declaración en la que se burlaba del “paro inexistente”. Como dice el cuento, “le supo a cacho quemado”.
Colombia parecía al garete. En muchas entidades oficiales, jefes acobardados ordenaron a los empleados públicos suspender labores. Gobernadores, alcaldes y rectores, presas del pánico, abandonaron sus funciones y responsabilidades y descargaron el lío en la fuerza pública, pararrayos de todo lo malo que sucede en este tipo de movilizaciones. Así que esos dignatarios se convirtieron en auspiciadores del paro y el caos por lo que podrían ser investigados por abandono del cargo.