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	<title>Diego Kravetz &#187; Villa 1-11-14</title>
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		<title>Nélida Sérpico y nuestras fantasías de justicia</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Aug 2014 09:42:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Kravetz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[barrio Rivadavia]]></category>
		<category><![CDATA[delito]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El relato policial es uno de los géneros de ficción que ha ganado más popularidad a lo largo de la historia con un gran caudal de novelas y cuentos primero, y películas y series de televisión después. Ya desde sus inicios la figura del detective amateur era recurrente. Se trata de <strong>un personaje que no tiene participación formal ni en la policía ni la justicia, lo que podríamos llamar un ciudadano común</strong>,<strong> que gracias a sus grandes capacidades de observación y deducción o a su perseverancia logra resolver los casos a los que la policía no logra dar respuesta</strong>. En este tipo de historias (Sherlock Holmes es, sin duda, el ejemplo más conocido y celebrado) las virtudes del detective amateur tienen como contrapunto la ineptitud policial: los policías siempre son representados como incapaces, faltos de atención o a veces lisa y llanamente negligentes. Se trata de ficciones, por supuesto, pero <strong>en las ficciones podemos encontrar las fantasías y ensoñaciones de una sociedad</strong>. La fantasía en este caso es la de <strong>un héroe que puede devolver el equilibrio en la lucha contra el crimen ante una policía y una justicia inoperantes.</strong></p>
<p>¿Con qué fantaseamos los porteños cuando pensamos en el delito y la inseguridad? ¿Cómo nos relacionamos con los canales formales de la justicia?</p>
<p><span id="more-262"></span></p>
<p>Ciertamente hay un gran sentimiento de vacío respecto a la seguridad. Hace unos meses, los lamentables episodios de linchamientos a delincuentes por parte de ciudadanos nos pusieron a hablar sobre dónde debemos trazar los límites entre lo tolerable y lo intolerable. La posición de esta columna era la de entender el fenómeno como un síntoma de algo que no está funcionando bien.</p>
<p>Ayer por la tarde el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 1 sentenció a Facundo Caimo, integrante de la banda de narcos Los Quebrados del barrio Rivadavia (cercano a la villa 1-11-14) por el asesinato de Octavio Gómez, de 16 años.</p>
<p>Octavio fue asesinado en diciembre de 2005. Su madre, Nélida Sérpico, pasó los últimos ocho años deambulando el barrio, disfrazada para que no la reconozcan, mostrando a los vecinos un identikit del asesino confeccionado a partir del testimonio de otro joven que estaba con Gómez el día que lo balearon, y que salió con vida. Ni el testimonio de Patrick, el amigo, ni la denuncia de Sérpico tuvieron efecto en su momento.</p>
<p>El trabajo de inteligencia cuasi-detectivesco de Nélida Sérpico, que recuerda al caso de Susana Trimarco (la madre de Marita Verón, la joven tucumana secuestrada y obligada a prostituirse), finalmente logró dar con el asesino, quien fue <strong>interceptado por Gendarmería, luego de que la policía le pidiera a Sérpico que “llamara en otro momento” cuando se comunicó para indicar el paradero de Caimo.</strong></p>
<p><strong>No todo es informalidad en esta historia. La participación y el compromiso de la fiscal Mónica Cuñarro, del Ministerio Público Fiscal, fue decisiva</strong>.</p>
<p>De acuerdo con Cuñarro, una especialista en delito organizado y narcotráfico, el crimen se circunscribe a las disputas territoriales de los grupos narcos en el sur de la Ciudad de Buenos Aires. Un informe elevado por la fiscal sostiene que <strong>si bien los hechos ocurrieron hace varios años los patrones de conducta y el contexto a los que corresponden persisten en la actualidad</strong>. La precariedad habitacional es el factor fundamental en el que se enmarcan episodios como éste, según el documento.</p>
<p>El caso cobró cierta importancia en la prensa por su excepcionalidad y la figura de Nélida Sérpico fue tomada como &#8220;ejemplar&#8221;. No hay dudas de que lo que hizo esa mujer es admirable. Dejando eso de lado, es importante que su historia no pase a ser otra más de esas fantasías colectivas de las que hablamos al inicio de esta columna. <strong>Que lo admirable no nuble los hechos: los mecanismos formales de detección y castigo del delito están en jaque.</strong></p>
<p><strong>Cuando la Justicia sólo se mueve por la fuerza de los individuos, ya sea los que no tienen una participación institucional formal, como Sérpico, o los que sí la tienen, como Cuñarro, las cosas no están funcionando bien.</strong></p>
<p>El anhelo de la justicia por mano propia, que en este caso tuvo su afortunado desenlace formal, no debe persistir. Contrariamente, lo que <strong>necesitamos es volver a llenar el vacío de protección que es en definitiva el vacío de Estado.</strong></p>
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