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	<title>Diego Rojas &#187; Ballotage</title>
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		<title>Elogio del voto en blanco</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Nov 2015 03:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Rojas</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos días párrafos escritos y charlatanerías políticas mediáticas han planteado que el voto en blanco sería funcional a uno de los dos contendientes del ballotage del próximo 22N. A uno de los dos candidatos que obtendrá la Presidencia de la nación en medio de una crisis no sólo política sino económica y de grado descomunal que promoverá que Mauricio Macri o Daniel Scioli realicen un ajuste que pesará sobre los hombros, las vidas y las existencias de las mayorías populares. <b>El voto en blanco, dicen los comerciantes de la lengua política, sería favorable a alguno de ellos. Una estafa en toda la línea.</b><b></b></p>
<p>Una vulgarización del planteo del Frente de Izquierda y de los Trabajadores indica que para los “trotskistas” —o los izquierdistas en general— Macri o Scioli serían iguales. Una burrada atómica. Uno de ellos podrá ser más gradualista en su programa de ajuste y otro podrá plantear un camino inmediato de ajuste y endeudamiento. Pero ambos van hacia allí. Macri y Scioli devaluarán, se endeudarán y llevarán a las mayorías ciudadanas a una escala menor de sus condiciones de vida, porque están inmersos, ambos proyectos, en una crisis capitalista carácter mundial.</p>
<p>Tal crisis en nuestro país sólo podría ser resuelta a través de una reorganización de la economía que deje de beneficiar a los beneficiados de siempre y que intervenga positivamente sobre quienes producen la riqueza del país, es decir, los trabajadores —y no los empresarios, que hoy desde la Unión Industrial Argentina dicen abiertamente que tal o cual candidato del ballotage les viene igual: ambos devaluarán.<span id="more-655"></span></p>
<p>La sinrazón llega a niveles extremos que podrían medir un derrumbe catastrófico de los parámetros intelectuales de cierto sector que se interesa por la política. Pongamos por caso a los kirchneristas. Llaman a votar a Daniel Scioli como un baluarte de un supuesto Gobierno nacional y popular frente al probable arribo de la derecha. Una opinión que comparte Gildo Insfrán, masacrador del pueblo qom y eterno gobernador de Formosa con tintes feudales. Incluso el show mediático <i>678</i> llama a votar por Scioli, pero hace tres meses apenas consideraba al actual gobernador bonaerense como un siervo de los fondos buitre y del grupo Clarín.</p>
<p>¿Votar en blanco beneficiaría a Macri? Una ridiculez. Es el agente directo de los capitales sojeros y trasnacionales. Que también apoyan al kirchnerismo sciolista, ojo. Sin embargo, Macri indica en sus declaraciones que está dispuesto a llevar la crisis a su culminación de un modo más inmediato y abrupto.<b> Votar en blanco no es estar un poco más a favor de Macri, sino que se trata de señalar con toda la gravedad posible un rechazo a la soga que pende sobre los cuellos de los argentinos y que supone un ajuste más inmediato o más gradualista</b> en cualquiera de los casos.</p>
<p>El voto en blanco marca una perspectiva política ante la llegada dramática de la crisis económica mundial a nuestros lares. Y plantea una fuerte delimitación política con aquellos que se pliegan al sciolismo —o, se podría decir, al kirchnerismo en su etapa superior— cuando la nave se cae a pedazos. Como Adolfo Pérez Esquivel, que denunció furibundamente cómo el gobierno k hizo oídos sordos a las miserias denunciadas por el pueblo qom y otros reclamos de derechos humanos y que hoy llama a votar al ejecutor de esas miserias, o el triste papel de Patria Grande, un grupúsculo estudiantilista que finalmente sale del clóset del kirchnerismo y asume el voto a Scioli, el responsable político de la desaparición de Luciano Arruga.</p>
<p>Hoy el voto en blanco es fundamental. Es un voto contra el ajuste, venga de la mano de quien venga. Es un voto a favor de la organización de las fuerzas de la clase trabajadora y los sectores populares frente a la crisis amenazante, y que ya llegó. Es un voto no de principios (como de alguien que se lava las manos), sino de potente llamado a construir en la Argentina una fuerza política —y un Gobierno— que no atente contra las mayorías que viven de su trabajo en la sociedad. El voto en blanco marca un camino. El voto en blanco inscribe un sonoro “no” a la resignación de la opresión por los tiempos de los tiempos. El voto en blanco dice que hay una hoja abierta dispuesta a que se inscriban en ella las palabras de los protagonistas de la historia. El voto en blanco convoca a los ciudadanos a no ser títeres que se entregan a los ajustadores. Y por eso mismo el voto en blanco abre una senda, un camino, una señal de decisión.</p>
<p>El voto en blanco impugna la obligación de marchar con conciencia hacia el cadalso de la tristeza histórica y del arrepentimiento. Abre, entonces, una perspectiva ante una época en la que los argentinos deberán sucumbir ante los designios de la crisis económica o ante la elección de intervenir políticamente con gran potencia.</p>
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		<title>Ballotage, temblor político y después</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2015 03:00:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Diego Rojas</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>De manera impensada, el fin de ciclo K cobra realidad de un modo dramático. Pero no sólo por la llegada al ballotage entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, que nadie previó. Aníbal Fernández, un compadrito orillero, construyó la derrota del oficialismo en el principal distrito de la nación, la provincia de Buenos Aires. Fernández —uno de los responsables políticos de los crímenes del Puente Pueyrredón y de la liberación de la zona que permitió el asesinato de Mariano Ferreyra— fue derrotado por María Eugenia Vidal, futura gobernadora, que integra una fracción que se presenta como pospolítica y alejada de cualquier vicisitud ideológica o política relevante, más allá de la necesidad postulada de darle fin a la década kirchnerista.</p>
<p>¿Hay un giro a la derecha por parte de la sociedad argentina al votar de ese modo a Cambiemos, el partido de Macri y Vidal? <b>Cambiemos, la alianza que postula a Macri, hizo una campaña que la presentaba como alejada de los ideologismos y sustentada en la necesidad de una renovación del personal político del Estado, a la vez que planteaba mantener los supuestos logros del kirchnerismo</b>. En definitiva, no se trató de una candidatura de derecha para acabar con un movimiento popular ascendente, sino de una construcción del marketing político para posicionar unos candidatos desideologizados contra un supuesto kirchnerismo hiperideologizador.<span id="more-646"></span></p>
<p>¿Implica esto que Cambiemos no defienda un programa político y económico de centroderecha? No. Así como sus pares de España llamados Ciudadanos (que son la continuidad del fenómeno Podemos, pero sin el tinte izquierdizante), el uso de la comunicación política construyó un discurso alejado de definiciones positivas fuertes —que plantearían cuál sería su programa político y económico de Gobierno—, pero que se consolidó como una alternativa de cambio a los doce años de Gobierno kirchnerista.</p>
<p>Por otro lado, si Macri intentaba ocultar cualquier sesgo político derechizante, Scioli planteaba como ministros a Sergio Berni, Ricardo Casal y Alberto Barbieri en Seguridad, Justicia y Educación, respectivamente, a la vez que desarrollaba una campaña chauvinista y clerical, mostrando de este modo su propia adhesión a una derecha consolidada en el peronismo. Macri, evitando definiciones, se mostraba como un camino diferente, aunque el programa de ambos confluya en la misma avenida del ajuste.</p>
<p>En parte, esta consolidación de Macri como alternativa posible al kirchnerismo provocó que el voto a la centroizquierda que postulaba a Margarita Stolbizer huyera en manada hacia esas huestes, lo que provocó el derrumbe “progre”. Los logros electorales de Cambiemos replican la performance de Martín Lousteau cuando casi derrota a Horacio Rodríguez Larreta en su campaña para ser jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires: más que un voto pro Lousteau, se trataba de una rebelión en ciernes —expresada electoralmente— contra el macrismo en el distrito. El 25-O se votó contra el kirchnerismo. La posibilidad del triunfo de Macri fue alentada por la propia Stolbizer, que hizo alianzas con Macri en ocho provincias y cuyo dirigente Gerardo Milman anunció que votaría por Macri en segunda vuelta. Así, Progresistas quedó en el quinto lugar, luego de su derrumbe.</p>
<p>El Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) obtuvo, entonces, el cuarto puesto, dato que implica un nuevo sitial para el sector político que plantea una salida anticapitalista al actual estado de cosas. Sin embargo, alcanzar ese espacio no se debió a que la candidatura presidencial hubiera avanzado frente a las demás sino, principalmente, a que la de Stolbizer se hundió estrepitosamente por el exilio de sus votos hacia la candidatura de Macri. Respecto de las PASO, el Frente de Izquierda obtuvo porcentajes similares e incluso cayó unos puntos (en agosto había obtenido 3,31% y el domingo alcanzó el 3,27%). Si bien es cierto que aumentó la cantidad de votos respecto a las elecciones de agosto hasta alcanzar los 798 mil votos, esto se debería a que el porcentaje de la población que sufragó se incrementó globalmente entre quienes lo hicieron en las PASO y quienes votaron el 25-O. En 2011 el Frente de Izquierda, en su primera presentación, había sacado quinientos mil votos; en 2013, las candidaturas a diputados habían obtenido un millón trescientos mil votos. En 2015, las cifras indican ochocientos mil para presidente, poco más de un millón para parlamentarios.</p>
<p>En los centros urbanos más importantes las candidaturas a diputados del Frente de Izquierda obtuvieron performances notables. El único diputado que ingresó (cuando estaba planteado que pudieran ingresar cuatro diputados de la izquierda para engrosar la actual bancada) fue Néstor Pitrola, que consiguió el favor de 398 mil bonaerenses, la mitad de los que votaron por el FIT a nivel nacional.</p>
<p>En Salta se retomó la tendencia ascendente de la izquierda, que llegó a obtener el 10% a diputados en la capital provincial, cuando la candidatura presidencial alcanzó el 3 por ciento. Lo mismo sucedió en Jujuy, donde la candidatura presidencial obtuvo 2,5% y el candidato a diputado provincial llegó al 7,2 por ciento. En la misma Córdoba que selló el destino de ballotage de Macri (más del 50% del electorado votó por Cambiemos), Liliana Olivero obtuvo con su candidatura a diputada nacional un 9% de los votos en la capital cordobesa que no logró equilibrarse con los porcentajes del interior para determinar su ingreso al Parlamento. En Mendoza la candidatura a diputada de Noelia Barbeito alcanzó el 11,5% y la presidencial del local Nicolás del Caño llegó a 7,6 por ciento.</p>
<p>En CABA, Gabriel Solano dobló su votación de las PASO, pero no pudo ingresar al Congreso debido a la obturación de votos que produjo la candidatura de Luis Zamora, que tampoco logró su propia banca. En una <b>elección que estuvo marcada por un corte de boleta masivo —es decir, por una meditada (con sus límites) intervención del electorado—</b> las diferencias entre el voto a presidente y a diputados del FIT, aunque no hayan sido fructíferas, señalan un momento de la conciencia de ciertos sectores —minoritarios— que ven en la izquierda un resguardo electoral parlamentario, pero no una alternativa política potente.</p>
<p>Ninguno de estos resultados alcanzó para que el objetivo de incrementar la bancada fuertemente se cumpliera, en el marco de un retroceso respecto de la elección de 2013. Sin embargo, los cuatro diputados del FIT que conformarán la bancada a partir de diciembre podrían transformarse en tribunos contra el ajuste que llevarán adelante Scioli o Macri, cualquiera sea quien gane el ballotage. Se trata de una situación indefinida: la <b>izquierda no obtuvo los resultados que esperaba ni avanzó de un modo determinante, pero conserva las posibilidades de marcar una orientación política para enfrentar el ajuste que vendrá</b>. Por eso, la decisión de realizar una campaña por el voto en blanco —que diferenciaría a este espacio de uno u otro candidato en pugna— podría repercutir en la consolidación del sector en cuanto a la percepción de su independencia política.</p>
<p>El ballotage que se realizará el 22 de noviembre supone un mes de intensa disputa entre las fracciones que luchan por la Presidencia (y, por ende, el modo de realizar el ajuste). Se ingresa de este modo al tramo final de un año hiperpolitizado y poblado de eventos electorales, y a la apertura de un nuevo ciclo. En este período inmediato, la izquierda no se mostrará fisionomizada como una alternativa, pero su posición contra las dos variables del ajuste podría brindarle una autoridad para intervenir en el porvenir más próximo. Un período que todo indica como convulsivo. La crisis económica se acerca tomada de la mano de una aguda crisis política, con el peronismo reacomodándose en estallidos. Toda crisis implica una oportunidad, indica un refrán antiguo. La clase trabajadora argentina —y los partidos que bregan por su organización política— debería tomar nota de este refrán y también de sus propias virtudes, a la vez que de sus propias deficiencias, para determinar de qué modo actúa y, entonces, a qué sectores y hasta dónde llega.</p>
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