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	<title>Esteban Wood &#187; éxtasis</title>
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		<title>Time Warp, una tragedia que obliga al debate</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Apr 2016 17:11:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Wood</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Drogas sintéticas]]></category>
		<category><![CDATA[éxtasis]]></category>
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		<category><![CDATA[Políticas públicas]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La cercanía de la noticia y del suceso requiere de opiniones fundamentadas. La tragedia de Costa Salguero amerita meditar las palabras. Ni el oportunismo legalizador ni el prohibicionismo colaboran en esta instancia de necesaria reflexión.</p>
<p>No se debe apelar a la retórica cuando, al momento de redactar esta columna, hay cinco jóvenes fallecidos y cinco internados en grave estado por presunta intoxicación debido al uso de drogas sintéticas. Pero la instancia es propicia para generar conciencia en torno a un problema del cual nadie habla demasiado. Parecería que se requiere de una desgracia para que los medios de comunicación posen la vista sobre un fenómeno preocupante, que quienes trabajamos la temática lo advertimos desde hace diez años.</p>
<p>El último informe con rigor metodológico sobre consumo de drogas entre estudiantes de enseñanza media, elaborado por el Observatorio Argentino de Drogas de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), daba cuenta de una <b>tendencia alarmante en la magnitud del consumo de éxtasis entre jóvenes de 14 a 17 años durante el período 2001-2011</b>. En diez años, la prevalencia de vida pasó del 0,2% al 2,1%, un aumento de casi mil por ciento.<span id="more-135"></span></p>
<p>Los patrones de uso también cambiaron. La mayoría de los usuarios hoy combinan pastillas con otras sustancias, preferentemente alcohol, lo que constituye una práctica de alto riesgo porque profundiza los efectos nocivos para el organismo. De allí que<b> la visión fomentada por los propulsores del libre uso de drogas, con énfasis en aplicar protocolos de reducción de daños, tiene poco sustento real frente al hecho de que facilitar agua mineral como forma de evitar la deshidratación no modifica ciertas conductas irresponsables, ni mucho menos colabora en la necesaria prevención del uso indebido de drogas</b>.</p>
<p>Otro indicador a tener en cuenta es la expansión mundial en la oferta de drogas sintéticas. El último informe del Observatorio Europeo de la Droga y Toxicomanías (OEDT) y Europol alerta sobre el crecimiento y la aparición de nuevas drogas de síntesis. Ya se han relevado 560 sustancias de este tipo, cien de las cuales fueron detectadas sólo en 2015. Argentina no es ajena a esta corriente.</p>
<p>Por eso no sólo es fundamental la actualización permanente de las listas de sustancias ilícitas y el desarrollo de sistemas de alerta temprana sobre estas tendencias mundiales para el ámbito de la reducción de la oferta. También se requiere desarrollar mejores protocolos de intervención en las salas de urgencias toxicológicas, con la incorporación y la utilización de instrumentos que permitan determinar, con certeza, si la sustancia que generó la emergencia es realmente la que la persona creyó haber consumido, y no otra. De nada vale discutir el nombre fantasía en la jerga, cuando lo fundamental es conocer con exactitud la verdadera composición molecular de la sustancia ingerida, para un correcto abordaje clínico.</p>
<p>Frente a todos estos escenarios, <b>lo determinante en materia de políticas públicas es la posición que asume un Estado como tutor de la salud y la seguridad ciudadana</b>. Partiendo de una premisa que pretende velar por la integridad de la ciudadanía y minimizar los costos asociados al uso indebido de drogas, el debate sobre la legalidad o la ilegalidad es asunto secundario. El problema sigue siendo el elevado consumo de drogas, los factores de riesgo, los imaginarios culturales y la tolerancia general a ciertas prácticas disvaliosas y autolesivas. Porque tan riesgosa como la composición química de una sustancia o su estatus normativo es la pasividad que asumimos, como sociedad, frente a esta epidemia que no diferencia clases sociales.</p>
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		<title>Discutamos proyectos, no discursos mediatizados</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Oct 2014 10:25:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esteban Wood</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[adicciones]]></category>
		<category><![CDATA[cultura cann{abica]]></category>
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		<category><![CDATA[teorías de la comunicación]]></category>

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		<description><![CDATA[La mayoría de las teorías clásicas de la comunicación refieren a un proceso lineal de participación entre un emisor, un mensaje, un canal y un receptor, que puede fallar fácilmente debido a una gran variedad de factores externos denominados ruidos o interferencias. Con el transcurrir de los años, es notorio que el mayor impedimento para... <a href="http://opinion.infobae.com/esteban-wood/2014/10/01/discutamos-proyectos-no-discursos-mediatizados/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La mayoría de las teorías clásicas de la comunicación refieren a un proceso lineal de participación entre un emisor, un mensaje, un canal y un receptor, que puede fallar fácilmente debido a una gran variedad de factores externos denominados ruidos o interferencias. Con el transcurrir de los años, <strong>es notorio que el mayor impedimento para ponernos de acuerdo sobre el problema de las drogas es la mala y deficiente comunicación en torno a los diversos planteos existentes.</strong></p>
<p>Hace tiempo que en materia de información sobre el fenómeno algo pasa entre el emisor y el receptor. El que emite no emite con sustento. El que recibe lo hace escuchando sólo una parte y descartando el resto. Un error en la elección del qué y el cómo, un filtro periodístico subjetivo y una interpretación final por parte del escucha que luego la transforma en feedback a través de las redes sociales. A esto se le suman multiplicidad de interferencias, gritos, lobbies, ideologías, intereses contrapuestos. Y la bola de inconsistencias comienza a crecer de manera exponencial, retroalimentando al show mediático, el fulbito tribunero, la milimétrica fracción de rating.</p>
<p>El debate público sobre drogas en Argentina es como la lata de sopa Campbell inmortalizada por Andy Warhol.<span id="more-48"></span></p>
<p>Una vez más, como siempre, la superficialidad del abordaje periodístico de un tema tan complejo, la búsqueda del titular noticioso de alto impacto y los recortes informativos contrapuestos, nos invitan a discutir desde las formas sin lograr nunca acceder al fondo del asunto. <strong>El permanente reduccionismo dicotómico al cual nos someten los medios de comunicación torna vano cualquier intento de diálogo, de consenso, de puesta en común de conceptos.</strong> En la inmediatez informativa vertical de los cuarenta caracteres, en el cambalache de la agenda-setting invertida, todo se mezcla, todo es fugaz, etéreo e inestable como un imaginario líquido. ¿Todo parece dar lo mismo?</p>
<p>Drogas, adicciones y narcotráfico. Lo normativo en oposición a lo positivo, o lo que verdaderamente sucede. El concepto de descriminalización, que no es despenalización ni regulación ni mucho menos legalización. Los derechos individuales frente a los derechos colectivos, y el daño a terceros. El porro en el bolsillo de un estudiante universitario de clase media, o el porro en poder de un pibe de La Cárcova. El usuario que es usuario, y no consumidor problemático o dependiente. <strong>Las sustancias legales que alimentan la torta publicitaria (de las cuales nadie habla), o la buena prensa del periodismo militonto a favor de la cultura cannábica&#8230;</strong></p>
<p>La prensa condiciona día a día nuestras representaciones. Marshall McLuhan y el medio como mensaje.</p>
<p>Seguimos sin advertir que vivimos en un mundo que se construye y deconstruye permanentemente a partir de hechos discursivos. Que los problemas, así como las noticias, en realidad no existen: son construcciones y definiciones subjetivas de un observador, que entiende una problemática de manera diferente, y la refleja desde sus intereses y sistema de valores. Aún seguimos sin comprender que cuando nuestra percepción y el hecho discursivo entran en contradicción, siempre prevalece lo discursivo. Y la ideología, claro…</p>
<p>Porque este debate sobre las drogas es tan torcidamente ideológico que <strong>así como Milton Fiedman fue musa inspiradora para la marihuana legal del progresismo uruguayo, no resultó extraño que desde algunos atriles del ultra-liberalismo argentino se alzaran aplausos y vítores a la hipotética flexibilización en el consumo de todas las drogas</strong> y la regulación invisible del libre mercado.</p>
<p>Existe mucha hipocresía, también. Porque el concepto de no criminalizar y no estigmatizar al adicto resulta a esta altura una muletilla vacía de contenido. Porque el alcohol sigue siendo la droga más dañina, no tanto por su composición química sino por su alcance y masividad social al amparo de su legalidad. Porque no es precisamente la ley 23.737 la que impide luchar contra el narcotraficante, sino la justicia garantista que ampara a los mercaderes de la muerte con su puerta giratoria. <strong>Porque para enfrentar al narcomenudeo no es necesario modificar la ley o detener perejiles, sino avanzar en la desfederalización de los delitos de microtráfico según lo previsto en la ley 26.052.</strong>  Porque <strong>hace falta menos escritorio y más territorio para conocer frente a frente de qué hablamos cuando hablamos de carencias y penurias, y entender por qué es necesario adaptar las políticas públicas sobre drogas a las necesidades de intervención (y no a la inversa).</strong> Porque lo que diferencia al consumidor de paco o pegamento, cubierto de cartones junto a un contenedor de basura, del consumidor de éxtasis en una fiesta electrónica, no es tanto la sustancia si no su condición y estatus social, los estereotipos e imaginarios que se construyen (y deconstruyen) alrededor de estas prácticas, y principalmente las perspectivas de desarrollo personal que determinan el concepto de estar incluido o estar fuera del sistema.</p>
<p>En este cambalache mediático-informativo, sería sano que pudiéramos encontrar espacios en dónde discutir concretamente cómo traducir en política pública el espíritu de <a href="http://opinion.infobae.com/esteban-wood/2014/09/02/no-criminalizar-pero-no-legalizar/">no criminalización (más no legalización)</a>, buscando sanciones y penas alternativas, fortaleciendo los programas de prevención para bajar la tolerancia social y aumentar la percepción de riesgo, y poniendo a los más necesitados como objetivo central de cualquier abordaje. Discutir sólo declaraciones y opiniones personales contribuye a centrarnos únicamente en el problema, y seguir confundiendo a la ciudadanía en un tema ya de por sí complejo y sumamente ideologizado.</p>
<p><strong>La evidencia empírica acumulada nos indica que no existen en el mundo soluciones recetadas a esta compleja situación de uso y abusos de sustancias psicoactivas.</strong> Pero sin dudas las soluciones partirán de los diversos canales sociales que faciliten la comunicación, los diálogos, los consensos, la inclusión, la participación y el compromiso de todos. En este terreno, los periodistas y los medios cumplen un rol estratégico fundamental.</p>
<p>Vale una anécdota personal como conclusión.</p>
<p>Rafael Bielsa, ex titular de la SEDRONAR e intelectual muy crítico acerca del rol del periodismo y de los medios, poseía una destreza encomiable al momento de denegar una entrevista periodística. A sabiendas de la complejidad del fenómeno de las drogas, y atento a la necesidad de no caer en reduccionismos que dificultasen aún más la comprensión del tema, <strong>solía preguntarle al periodista de turno si disponía de un mínimo de dos horas para abordar en profundidad la multiplicidad de aristas que confluyen en esta problemática.</strong></p>
<p>Desde ya, las notas nunca se concretaban. El dato instantáneo para el fast-food mediático siempre puede más que el saber profundo. Ese saber que construye ciudadanía desde la información de calidad. Ese conocimiento tan necesario para el desarrollo de un pensamiento autónomo.</p>
<p>En tiempos en los que huelga la altura intelectual en los titulares de los diarios o en los noticieros, y en el que las redes sociales son un gran bazar de tertulia basura, es inevitable proponer un poco de sustancia informativa en el abordaje periodístico del tema drogas, un atisbo de inclinación por el pensar, algún artículo de prensa que nos invite a leerlo bien despacio y nos abstraiga de la banalización, la superficialidad y la trivialidad kitsch.</p>
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