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	<title>Federico Gaon &#187; Palestina</title>
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		<title>Sobre la Universidad de Chile y el boicot a Israel</title>
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		<pubDate>Wed, 04 May 2016 16:28:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El 25 de abril, los estudiantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile (UCh) decidieron, por medio de una votación representativa, adherir a su casa de estudios a una campaña para boicotear a Israel. Por medio de la presión estudiantil, el objeto de la resolución adoptada consiste en <b>vetar la participación de cualquier persona proveniente de Israel que, según la interpretación facultativa de los delegados, esté vinculada con la ocupación de los territorios palestinos</b>. De esta manera, la universidad más antigua del país, pública, y posiblemente la más prestigiosa también, se suma, virtualmente incondicionalmente, al movimiento internacional para defenestrar al Estado hebreo. Se trata de la última victoria en América Latina del <a href="http://federicogaon.com/el-boicot-de-los-atolondrados-contra-israel/">atolondrado proyecto al “Boicot, Desinversión y Sanciones”</a>, más conocido por su acrónimo en inglés BDS.</p>
<p>A mi criterio, <i>atolondrado</i> es precisamente el mejor adjetivo, o al menos el más formalmente correcto para resumir la esencia de este movimiento. Este término se vuelve especialmente revelador en la medida en que da constancia de la ignorancia y de la falta de juicio y mesura de sus integrantes. Sólo basta con encuestar a quienes celebran tales medidas para percatarse de que lo que está en juego es un odio visceral hacia Israel, tan desproporcionado que la sombra del antisemitismo siempre termina haciéndose presente.<span id="more-291"></span></p>
<p>Si en el mundo hispanohablante existe cierto sentido de ecuanimidad y rigurosidad intelectual, la decisión de la Facultad de Derecho de la UCh debería causar preocupación. Esto por el simple motivo de que, con su accionar, la facultad en cuestión le ha cerrado la puerta al debate y a la deliberación. Es decir, no ha hecho otra cosa salvo traicionar el espíritu de toda escuela que se precie a sí misma. Ha derogado simbólicamente el ejercicio de cuestionar, la pesquisa por el conocimiento y la razón académica de conocer el mundo mediante la exploración constante de sus problemas.</p>
<p>Con base en lo establecido por el cuerpo estudiantil chileno, por estatuto, un israelí podría verse imposibilitado a dictar una clase o un seminario en la UCh. En el acto, la mera condición de israelí lo convertiría a uno en sospechoso. Como en la liturgia del BDS Israel es una palabra invariablemente endemoniada, todo lo que venga asociada con ella es recibido con antipatía.</p>
<p>Para ilustrar mejor la situación, digamos que usted es un profesor israelí que suele dictar clases en los salones de Jerusalén y Tel Aviv —y, en estos días, tiene agendado brindar una conferencia en una UCh adherida al boicot. ¿Cómo reaccionarían los partidarios del BDS?</p>
<p>En primera instancia, la imaginación de dichos activistas volaría con la suerte de indagación panfletaria que caracteriza a los pensadores conspirativistas. Estos preguntarían: “¿Qué hace usted acá?”, “¿para qué viene?”, “¿quién lo envía?”, “¿cuál es su verdadera agenda?”. Si usted fuera alemán, chino o ecuatoriano (por mencionar tres nacionalidades cualesquiera), difícilmente alguien frunciría el ceño. Pero como si haber nacido en determinado lugar fuera pecado,<b> para el activista del BDS la condición de israelí viene necesariamente apegada a una posición de ocupante ilegitimo, de conquistador</b>. Mientras que en el ámbito universitario cualquier otro nacional será juzgado <i>a posteriori</i> por sus ideas y el carácter de su personalidad, con usted la lógica en algún punto funciona a la inversa. Verán <i>a priori</i> que usted es israelí, y consecuentemente buscarán en internet qué es lo que usted piensa, con qué instituciones se afilia y —como ha viajado desde tan lejos para dar una ponencia— buscarán darle un significado más amplio a su periplo.</p>
<p>Efectivamente, la propuesta avalada por el cuerpo estudiantil deja en claro que las personas vinculadas con la figura jurídica del Estado de Israel, o con alguna universidad emparentada con las políticas de este, no deberían participar en la UCh. Siguiendo con nuestro ejemplo, siendo que usted además de israelí es académico, seguramente tendría alguna posición permanente dentro de por lo menos una academia hebrea. Como resultado, además de inquirir sobre usted, quienes suscriben al boicot también buscarían plagas en la institución que lo apadrina. Si en algún modo (desde ya, obtuso) se percibe que su casa de estudios “apoya”, “promueve” o “justifica” las penurias impuestas sobre el pueblo palestino, usted irreflexivamente quedará etiquetado como <i>persona non grata</i>. Nuevamente, el aspecto multidisciplinar y proclive a la diversidad de opiniones que encuadra —o, mejor dicho, que debería encuadrar— a una universidad quedaría descartado al instante.</p>
<p>Este es el tipo de <a href="http://federicogaon.com/el-opio-de-los-intelectuales-la-izquierda-y-el-conflicto-palestino-israeli/">dogmatismo marxista</a> del cual hablaba Raymond Aron cuando, en 1955, escribía <i>El opio de los intelectuales. </i>Se establece un binario estático entre dominadores y dominados que suprime cualquier posibilidad de dar con una escala de grises, producto del diálogo, el debate y la puesta en común. Al caso de nuestro ejemplo, siguiendo los postulados de tal tendencia (muy vigente entre los pensadores populistas), usted funciona como un representante ineludible de una casa matriz real o imaginada.</p>
<p>Si usted apoya la solución de dos Estados, pero digamos que enseña en la Universidad de Bar-Ilan, donde hay mucho activismo religioso, favorable a la expansión de los asentamientos, entonces usted será reprendido por la UCh por dictar cursos allí. Si, en un escenario análogo, usted trabajara en el Ministerio de Turismo de Israel y vino a Chile a promocionar Tierra Santa como destino especial, sin importar con qué político israelí simpatice y con cuál no, al trabajar para la “entidad sionista”, usted podría tener vetado el acceso a los salones de la Facultad de Derecho.</p>
<p>Dicho esto, <b>el BDS revela no solamente un prejuicio latente hacia lo israelí, pero también una miopía severa en relación con los acontecimientos globales</b>. Independientemente del grado de responsabilidad que tenga Israel a la hora de explicar el fracaso del proceso de paz entre judíos y palestinos, lo cierto es que, en perspectiva, a escala regional y mundial, se producen sucesos muchísimo más costosos en términos de vidas humanas que el conflicto palestino-israelí. Lo que es más, ni siquiera todas las guerras del conflicto árabe-israelí llegan a superar el número de muertes causadas por la guerra fratricida en Siria.</p>
<p>Este dato no exonera a Israel de críticas honestas y legítimas, y bajo ninguna circunstancia opaca la importancia del conflicto que lo envuelve. Sin embargo, muestra asimismo que el conflicto no es categóricamente determinante a los efectos de traer la paz a Medio Oriente. Señala que suceden atrocidades por diestra y siniestra que, no obstante, los boicoteadores desconocen. Pregúntese si no, ¿cuándo fue la última vez que presenció una manifestación estudiantil contra Bashar al Assad? ¿Presenció alguna vez una protesta por el número elevadísimo de ejecuciones realizadas en Irán año tras año?</p>
<p>El caso es que hoy en día es impensable que algún cuerpo estudiantil se pronuncie en contra de recibir a un académico sirio o iraní, incluso si este coincide con su Gobierno. En todo caso, la actividad de la cual el invitado participa será entendida como un acto para generar un entendimiento más amplio de los flagelos que afectan a Medio Oriente. Esta actitud, legítima y moralmente correcta, paradójicamente deja de valer cuando el invitado proviene de la única democracia cabal de la región. En este sentido, los boicoteadores eligen no ver que la política israelí está compuesta por matices de todos los colores, con coaliciones de Gobierno extremadamente susceptibles al escrutinio de los parlamentarios. Esto es curioso, porque al igual que el típico personaje que dice no ser antisemita por tener amigos judíos, el vicio preferido de quienes se afilian al BDS es parafrasear, citar y alabar, a aquellos judíos e israelíes que se oponen vehemente a la idea misma de un Estado judío.</p>
<p>El boicot contra Israel pretende cerrarles la puerta no sólo a profesores, sino también a artistas y empresarios. En algún punto creo que este esfuerzo se asimila, de un modo figurado, a la quema de libros por parte de los regímenes totalitarios de la historia. Allí es donde entra la gnosis antisemita, siendo que Israel, al fin y al cabo, es el único Estado judío en el mundo.</p>
<p>De este modo, en el contexto educativo, el BDS hace que la búsqueda por el conocimiento degenere en fanatismo. Por medio del proyecto al boicot, el espíritu crítico de la academia se transforma en una pronunciación obsecuente que explota el anhelo de los jóvenes por marcar la diferencia, por reparar el mundo. En tanto vende al conflicto palestino-israelí como el más importante de la Tierra, el movimiento genera adeptos sedientos de “hacer algo”. Pocos de ellos están circunstanciados con la realidad en el terreno o con los debates referidos. Pero eso no les importa. O bien eligen desconocer la realidad o bien directamente no se percatan de ella. Al final del día, con el BDS se infunde inconscientemente un principio de doble moral que puede terminar en antisemitismo.</p>
<p>Como no podía ser de otra manera, en función de lo expresado anteriormente redundan las paradojas. <b>Si Israel es la única democracia de la región, ciertamente es el país que más empeño pone en capitalizar la materia gris de sus ciudadanos</b>. Por citar algunas muestras conocidas, al boicoteador del Estado hebreo (y en realidad a cualquier persona) se le hace imposible vivir sin tecnología desarrollada por israelíes, incluyendo la mensajería instantánea, las versiones recientes de Windows, diversas aplicaciones para los celulares y los procesadores de la familia Intel.</p>
<p>No sorprendentemente, saltó a la luz que una página vinculada al BDS había sido construida por medio del software de una empresa israelí. Seguramente más trascendental, cabe destacar que hace pocos días se dio a conocer una noticia que podría darle a Stephen Hawking el Nobel que tanto se merece. En breves cuentas, un equipo de científicos israelíes del Technion, en Haifa, habría logrado probar la hipótesis del físico británico, quien postuló que los agujeros negros se evaporan lentamente. Esto viene al caso porque Hawking, irónicamente, apoya el boicot académico contra Israel.<b></b></p>
<p><b>Existen muchas razones para criticar al Estado sentado en el banquillo de los acusados. Pero también existen amplios y diversos motivos por los cuales celebrarlo y exonerarlo. El BDS, sobre todo en su variante académica, pretende clausurar semejante exhibición y contraste de argumentos. </b>Si los estudiantes de la Facultad de Derecho de la UCh tuvieran un mínimo compromiso con los estándares que les demanda su futura profesión, deberían haber votado una moción para boicotear a los boicoteadores, como loa paralela a la cultura de debate. Antes que repetir consignas indignas, los estudiantes deberían haber leído más.</p>
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		<title>¿De camino a una tercera intifada?</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Oct 2015 03:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La Tierra Santa es nuevamente foco de atención con motivo de los actos terroristas que vienen sacudiendo a israelíes y a palestinos desde hace algunas semanas. En medio de la violencia, los analistas se preguntan si se avecina una tercera intifada, o si esta ya es una realidad asentada. Todos los días se registran nuevos incidentes, generalmente provocados por jóvenes palestinos con armas blancas contra uniformados y civiles israelíes. Desde mi punto de vista, <b>delinear a estas alturas si en efecto se trata de una intifada, es decir, de un levantamiento general, es prematuro, en tanto la aseveración genera mayor pesadumbre y ansiedad</b>. Sin embargo, en cualquier caso, la pregunta obvia es por qué está sucediéndose semejante escalada, por qué en este momento y qué responsabilidad puede atribuírsele a cada bando.</p>
<p>Para poner la situación en contexto, la presente ola de ataques terroristas se produce cuando la atención de la comunidad internacional dista de estar enfocada en el conflicto israelí-palestino. Con las potencias preocupadas por el desarrollo de los acontecimientos en Siria, en Yemen y en Irak, y el conflicto sectario que sacude a todo Medio Oriente, la cuestión palestina ha pasado a un plano secundario. En vista de las circunstancias, ha quedado finalmente en evidencia que el embate entre árabes e israelíes no es principal causante de inestabilidad y resquemor en la región. Esto ha quedado visiblemente expuesto durante las recientes sesiones de Naciones Unidas, en donde el tema de Palestina no tuvo el protagonismo que tuviera en años anteriores. La agenda internacional, por el contrario, está sobrecargada con el desasosiego sobre el futuro del mundo árabe, preso de una conflagración mayor entre yihadistas y dictadores. Por esta razón, durante su discurso ante la Asamblea General, el presidente palestino, Mahmud Abás, buscó precisamente llamar la atención con el anuncio de que ya no se sentía obligado por los acuerdos (de paz) de Oslo, establecidos dos décadas atrás.<span id="more-216"></span></p>
<p>Hasta el presente, políticos y comentaristas, algunos de ellos desconocedores de la historia detrás del tema del cual hablan, sostienen que la irresolución de la disputa entre israelíes y palestinos es el motor de prácticamente todos los flagelos contemporáneos de Medio Oriente. Sin ir más lejos, el liderazgo palestino siempre ha sabido capitalizar esta narrativa para sobredimensionar la urgencia de sus reclamos y dar trascendencia global a su bandera. Desde esta mirada, uno podría en parte examinar la Primera y la Segunda Intifada como desencadenantes de atención pública. Discutiblemente, las intifadas se lanzaron durante coyunturas en las que el mundo era relativamente distante al embrete de los palestinos y, como mérito, lograron justamente que las cámaras de televisión volvieran a transmitir desde Ramala, Hebrón y Gaza.</p>
<p>A finales de 1987, a partir de la muerte de cuatro palestinos en un accidente de tránsito y otros incidentes, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) hizo correr el rumor de que los israelíes estaban asesinando grotesca y deliberadamente a los palestinos. Como inicio a lo que sería la Primera Intifada, multitudes convocadas por sus líderes salieron a manifestarse contra la presencia israelí en los territorios palestinos. La atención mundial, en ese entonces atareada en las incidencias de la Guerra Fría, giró hacia las icónicas imágenes de niños y jóvenes tirando piedras (además de granadas caseras y bombas molotov) a los tanques israelíes. Al caso, una década más tarde, la Segunda Intifada comenzó en el 2000, luego de que fracasaran las negociaciones de Camp David entre israelíes y palestinos. Por aquel entonces Yasir Arafat se había opuesto a cualquier compromiso; se puso en contra a Bill Clinton, por consiguiente alejó a Palestina del favor presidencial. Aunque la opinión pública compró la falacia de que los enfrentamientos se dispararon con la visita del primer ministro israelí, Ariel Sharón, a la Explanada de las Mezquitas, en septiembre de ese año, lo cierto es que el mismo liderazgo palestino admitió que la intifada fue una operación orquestada. En palabras de Nabil Shath, un prominente dirigente palestino: “Arafat vio que repetir la Primera Intifada en nuevas formas traería presión sobre Israel”, y que de este modo el mundo volvería a fijar su mirada en Palestina.</p>
<p>Hoy está ocurriendo algo muy similar, en el sentido de que la Autoridad Nacional Palestina (ANP), la entidad protoestatal que devino de los acuerdos de paz, está fomentando abiertamente la insurrección. Tal como ocurriera quince años atrás con la visita de Sharón a la Explanada,<b> en las últimas semanas el liderazgo palestino viene exagerando la naturaleza de los enfrentamientos en la Ciudad Vieja de Jerusalén para acusar a Israel de cometer violaciones sistemáticas contra el pueblo palestino</b>. Allí radica, en mi opinión, el <i>quid</i> de la cuestión. Por alguna razón de parcialidad mediática, los periodistas suelen citar los dichos de la dirigencia palestina pronunciados frente a las cámaras occidentales, pero difícilmente se basan en lo que se dice para el consumo local. Véase al respecto que Mahmud Abás, descrito como moderado por los círculos diplomáticos, el 16 de septiembre dijo por televisión palestina: “Bendecimos cada gota de sangre que ha sido derramada por Al-Quds (Jerusalén) —sangre limpia y pura—, derramada por Alá”. “Cada mártir alcanzará el paraíso y cada quien que resulte herido será recompensado por Alá”. Si con eso no basta, refiriéndose al atentado contra una familia israelí perpetrado el 1.º de octubre (que resultó en la muerte de un matrimonio), Mahmud Ismail, un funcionario de la ANP, dijo por televisión hace pocos días que se trató de un acto de “deber nacional”.</p>
<p>Hamás, por su parte, también ha echado leña al fuego y ha lanzado su propia campaña incitando al acuchillamiento de judíos. Si bien no es por justificar sus acciones, puede decirse que Hamás no ha pactado el reconocimiento mutuo con Israel, y su constitución islamista es explícita en cuanto a sus intenciones asesinas. El caso es que uno no esperaría semejante comportamiento de políticos que representan a una plataforma que —se supone— hizo la paz con Israel y que, en palabras de Abás en la ONU, se ha comprometido a la “resistencia pacífica”. En rigor, no obstante, la ANP ha comenzado a difundir panfletos homenajeando a los terroristas, incitando a la violencia. No es la primera vez que esto sucede y probablemente tampoco será la última. Mientras tanto, el mensaje funciona. Antes de apuñalar a un hombre israelí en Jerusalén el 7 de octubre, la adolescente palestina responsable compartió en su Facebook que está feliz de convertirse en mártir y “morir por Alá”. Por ello, <b>por más que puedan actuar por cuenta propia, los llamados “lobos solitarios” responden a la inspiración provista por los demagogos y referentes de este odio arraigado</b>.</p>
<p>Esta triste realidad a veces se escapa de la mirada de los analistas y se explica en la afincada cultura de odio hacia Israel entre muchos palestinos. Abás, vale recalcar, por ejemplo, como tesis de doctorado, entregó un texto que cuestiona la existencia del holocausto y concluye que el movimiento sionista complotó en liga con el nazismo. Cualquiera que estudie la historia de los movimientos políticos palestinos encontrará que los árabes siempre recompensaron a los líderes belicistas, o como quien dice, con credenciales de <i>freedom fighter</i>, por sobre aquellos individuos que bregaron abiertamente por la paz. Aquellas figuras dispuestas a cerrar cicatrices y conciliar un acuerdo definitivo siempre fueron —y continúan siendo— denigradas como traidoras, infieles y consecuentes con Israel.</p>
<p>Esta observación se confirma por la ambivalencia que reflejan las encuestas de opinión llevadas a cabo en los territorios palestinos. De acuerdo con Arab World for Research &amp; Development (AWRAD), en 2007, si bien el 72% de los palestinos apoyaba la solución de dos Estados, el 60% opinaba que los países árabes no debían reconocer a Israel, incluso si se alcanzaba un acuerdo y se creaba el Estado palestino. Con base en la misma fuente, en 2010, aunque el 66,5% de los palestinos se mostraba a favor de las negociaciones de paz, solamente el 12,2% hubiera aceptado un acuerdo que renunciara a posiciones maximalistas, en pos de una solución permanente a la disputa. Tal vez más preocupante, casi el 24% enfatizaba que la violencia era el método más efectico para dar con un Estado palestino.</p>
<p>A grandes rasgos, <a href="http://www.awrad.org/page.php?id=xg9SJEVJ8ga10002618AZyV3SIjUoj">cinco años más tarde</a> la situación no ha cambiado. AWRAD cita que el 46% de los palestinos se opone a las negociaciones, y Marwan Barghouti, quien ganara notoriedad en las intifadas tras planear diversos ataques contra soldados y civiles por igual (motivo por el cual está en una prisión israelí), es en este momento el político más popular de la escena palestina. Los datos se condicen con los hallazgos del Palestinian Center for Policy and Survey Research (PSR), <a href="file:///C:/Users/Erika/Downloads/Palestinian%20Center%20for%20Policy%20and%20Survey%20Research">que muestran</a> que <b>el 51% de los palestinos se opone a la solución de dos Estados</b>. <b>Incluso así, el 42% de los encuestados cree que la violencia es el método más efectivo para conseguir un Estado palestino</b>. Luego, un 26% afirma que la aspiración a largo plazo de la ANP es conquistar Israel y matar a la mayoría de sus judíos.</p>
<p>Para ver las cosas en perspectiva, también debe decirse que el odio no corre en una sola dirección. En contraste, la citada encuesta de PSR refleja que el 65% de los palestinos descree de la solución de dos Estados como consecuencia de la expansión de los asentamientos judíos en Cisjordania, que vienen creciendo a razón de un 4% anual aproximadamente. No todos los colonos son pacíficos, y un ala importante de dicho establecimiento, identificada con el sector más duro del espectro israelí, promueve operaciones clandestinas de reajuste de cuentas —las llamadas “etiquetas con precio” (<i>price tags</i>). Implícita en esta postura, difundida entre los extremistas judíos, está la idea de que todo agravio contra los colonos tiene un costo que tendrá que ser pagado. Cuando algún palestino mata a un judío, los extremistas se sienten legitimados para devolver la violencia. Lo mismo sucede cuando el Gobierno israelí desaloja a los habitantes de un asentamiento. Los extremistas interpretan que las presiones palestinas están detrás, ergo, se sienten habilitados para tomar represalias contra la población árabe. Los ataques contra los palestinos van desde ofensas verbales hasta físicas, daño y destrucción de propiedades, y representan un hostigamiento continuo. A mi parecer, como alegoría de dicha supremacía despreciable, durante mi visita a Hebrón en 2012 presencié un grafiti que lanzaba: “Los árabes son los negros del desierto”. Sin dudas, las autoridades israelíes no han hecho lo suficiente para paliar esta gravísima realidad, que no hace más que retroalimentar la animosidad de un pueblo hacia el otro.</p>
<p>En conjunto, estos desarrollos han mermado la confianza de los israelíes en la solución de dos Estados. De acuerdo con un estudio conjunto de la Universidad Hebrea de Jerusalén y el PSR, si el año pasado 6 de cada 10 israelíes apoyaba dicho prospecto, <a href="http://www.pcpsr.org/en/node/611">hoy en día</a> solo 5 de cada 10 confía en esta solución. Bien, una encuesta de 2014 comisionada por Daniel Abraham Center for Middle East Peace esclarece las razones detrás del pesimismo israelí. Sugiere que la principal razón por la cual la mitad de los israelíes se opone a la estatidad palestina no es ideológica, sino práctica. Por ejemplo, si los Estados árabes reconocieran diplomáticamente a Israel como parte pautada en un acuerdo, el 67% de aquellos que inicialmente contestaron que la estatidad palestina era mala idea, estaría dispuesto a conciliar una solución basada en parámetros similares a los negociados en Camp David en el año 2000. En este sentido, los analistas coinciden en señalar que la victoria electoral de Benjamín Netanyahu, a principios de este año, estriba de la preocupación latente de los israelíes por su seguridad. Cabalmente, en este momento, por todo lo que pasa a su alrededor, la mitad de la población piensa que no están dadas las condiciones para vivir en paz con sus vecinos. Por otro lado, <a href="http://federicogaon.com/terrorismojudioyterrorismopalestino/">como lo expresaba en una columna de agosto,</a> <b>mientras que la sociedad palestina acostumbra a congratular a los responsables de perpetrar asesinatos contra israelíes, la sociedad hebrea es tajante en su rechazo ante la violencia y el terrorismo cometido por judíos</b>. Me permito decir entonces que, en suma, el maximalismo entre los israelíes, aunque ciertamente existe, no es el principal factor detrás de la violencia.</p>
<p>Por lo expuesto anteriormente, Abás tiene razones para querer que la comunidad internacional vuelva a centrarse en él y en los palestinos. Como suele acontecer, los medios internacionales acostumbran a darle muchísima mayor cobertura a las intervenciones israelíes lanzadas en respuesta al terrorismo que a los propios actos de terrorismo <i>per se</i>,<i> </i>catalizadores de la reacciones de Israel. Sin embargo, al actuar imprudentemente, Abás podría estar jugando con fuego. El líder palestino está desesperado por aferrarse al poder a como dé lugar y para ello necesita ganar popularidad. Según el PSR, el 56% de los palestinos está cansado de Abás y quiere que renuncie.</p>
<p>Con la atención del mundo en otra parte, y habiendo sacado el máximo provecho posible de su ofensiva diplomática en los organismos internacionales, para ganar posición en las calles palestinas, Abás necesita ungirse con la credibilidad de afamado militante que tiene Barghouti, o con la reputación partisana que viene aparejada a Hamás. A sus ochenta años, el presidente palestino seguramente estará preocupado por su legado. Desde su lugar, en la cultura política palestina, graduarse de una cárcel israelí es el honor más meritorio al cual un líder puede aspirar. En este aspecto, para comprar tiempo y sobrevivir un rato más en el poder, Abás necesita aparentar las proezas de un miliciano dispuesto al enfrentamiento sacrificado.</p>
<p>A mi entender, de estallar una tercera intifada, esta podría resultar sumamente contraproducente para Abás y su séquito. Israel respondería fulminantemente, y el octogenario dirigente podría ver su liderazgo opacado por rivales políticos tan astutos como sanguinarios. En todo caso, una nueva intifada sería indudablemente un severo golpe para el prospecto de paz, llevaría la discordia a grados extremos y arrojaría más tragedias sobre tragedias. La causa palestina volvería a ocupar espacio en los diarios, pero a costas de aplazar definitivamente el proceso de paz, si es que no lo termina de sentenciar a muerte.</p>
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		<title>Reflexiones sobre el extremismo religioso</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Aug 2015 22:22:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Dos trágicas noticias sacudieron recientemente a Israel. Primero está el caso del judío ultraortodoxo con antecedentes penales, quien sin ningún escrúpulo por el quinto mandamiento, se infiltró en una marcha del orgullo gay y apuñaló a seis personas, hiriendo de muerte a una adolescente de 16 años. Luego está la noticia del niño palestino de un año y medio abrasado tras un ataque perpetrado por colonos israelíes en Duma, un pueblo del norte de Cisjordania. El padre del pequeño falleció al cabo de unos días. Su madre y su hermanito de cuatro años salieron con vida, mas con quemaduras graves. Estos incidentes, percibidos con justa razón como tangentes, provocaron una ola de indignación en la amplitud del establecimiento político israelí, como asimismo en gran parte de la sociedad civil.</p>
<p><b>El sábado primero de agosto miles de personas se congregaron en distintos puntos del país para condenar los hechos de violencia y la intolerancia religiosa subyacente</b>. Articulados por judíos, estos actos fueron catalogados inmediatamente como terroristas y no representan hechos aislados. Las protestas, en este aspecto, hicieron eco de una inquietud arraigada principalmente en los sectores medios, frente a lo que se siente como una tendencia hacia la polarización religiosa; que en vista de muchos, amenaza la identidad pluralista y secular de Israel.<span id="more-168"></span></p>
<p>No obstante, sin restar importancia a estos asesinatos, ni a sus detonantes ideológicos, se presenta ahora una oportunidad para deliberar, mediante el ejercicio de la comparación, las diferencias cualitativas entre cómo los israelíes tratan con el extremismo procedente de su bando, y cómo los palestinos tratan con el suyo.</p>
<p>Para empezar, la reacción generalizada del grueso de la sociedad israelí a estas atrocidades nos dice algo. Cualquier observador que haya visitado Jerusalén o Tel Aviv podrá comprobar que la hebrea es una sociedad multicultural, educada a la sazón occidental, y que pese a una conmoción latente entre lo religioso y lo secular, se mantiene unida en un espíritu liberal y el anhelo por la paz. Esta es la esencia que identifica a la mayoría de los israelíes. Sin embargo, no deja de ser cierto que la tensión entre lo laico y lo religioso viene en constante aumento. Desde las cuestiones maritales y aquellas vinculadas con conversiones, a la excepción de los ortodoxos en el servicio militar, el Gran Rabinito de Israel colisiona con el estilo de vida de aquellos que no son practicantes o bien son laxos en su práctica religiosa. Llamativamente, como hecho alegórico de este contraste, suelen trascender casos en donde mujeres son agredidas o insultadas por ultraortodoxos, por negarse a sentarse en la parte trasera de un autobús, o por no vestirse conforme el parámetro de su modestia religiosa. Yendo más lejos, en la conciencia israelí todavía pesa la masacre cometida en Hebrón por un judío, en 1994, como desde luego también el asesinato de Yitzhak Rabin en 1995. Luego está la frecuente provocación de los colonos a palestinos, que a su vez resulta en una escalada de violencia. Sin rodeos, en este sentido es aparente que el terrorismo judío es una realidad que aún no ha sido aplacada.</p>
<p>En vista de muchos, el odio concomitante en los recientes sucesos de Duma y Jerusalén se explica como un derivado del conflicto palestino-israelí. <a href="http://elpais.com/elpais/2015/08/02/opinion/1438538710_745942.html">David Grossman</a>, por ejemplo, exponiendo una mirada de la centroizquierda, arremete contra el establecimiento político de su país por fomentar, diligentemente, a lo largo de 48 años de ocupación de Cisjordania, la realidad de un fanatismo oscuro que entiende el conflicto en términos de conquistadores y conquistados. Para <a href="http://www.haaretz.com/opinion/.premium-1.669005">Gideon Levy</a>, notorio columnista de <i>Haaretz</i>, todos los israelíes son culpables de apuñalar a homosexuales y de quemar a familias palestinas. “Todos aquellos que pensaron que sería posible sostener islas de liberalismo en el mar del fascismo israelí fueron contrariados este fin de semana, de una vez por todas”, escribió el 2 de agosto el conocido periodista de izquierda. <b>Según Levy, los eventos en cuestión son el resultado de la fatídica experiencia en Cisjordania y Gaza; de la opresión y humillación de los palestinos, y de los excesos que cometen los militares israelíes sin restricción. </b>Más allá de sus desmedidas palabras, para quien ha estado en Israel una cosa es cierta: En efecto es un mar de opiniones, y a juzgar por la reacción del primer ministro, quien <a href="http://www.haaretz.com/news/diplomacy-defense/.premium-1.668880">no ha dudado</a> en llamar al terrorismo judío por lo que es, y <a href="http://www.timesofisrael.com/justice-minister-backs-death-penalty-for-terrorists-who-killed-palestinian-baby/">la reacción de la ministra de Justicia</a>, quien siendo más derechista que Netanyahu ha pedido la pena de muerte para los victimarios, la condena a estos acontecimientos trágicos se manifiesta en todo el arco político israelí.</p>
<p>Si bien desde ya no todos los israelíes son culpables por lo que ha ocurrido, los comentarios de Grossman y Levy reflejan el eco de los sucesos en la conciencia de todos. <b>Los israelíes están perturbados, avergonzados y reflexivos frente a la gestación del extremismo religioso en su sociedad. </b>Así, tal como lo marca el periodista israelí <a href="http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2015/08/israel-violence-palestine-extreme-right-settlers-price-tag.html">Ben Caspit</a>, en contraposición con dichos similares a los anteriores, “es muy temprano para llorar el fallecimiento de la democracia israelí”. La respuesta ha sido contundente y la condena explícita.</p>
<p>Ahora bien, sin excusar la gravedad del asunto, conviene analizar una diferencia circunstancial en la reacción ante el terrorismo en la sociedad israelí y en la sociedad palestina. Si cada quien que haya visitado Israel podrá corroborar su semejanza con Occidente, cada quien que haya visitado y estudiado Cisjordania podrá corroborar que los palestinos tienen aprensión por condenar hechos de violencia, esta vez perpetuados por árabes contra israelíes. Una introspección al mundo de la política palestina muestra que desde hace tiempo existe un doble discurso en su compacto en cuanto al terrorismo perpetrado por palestinos. Dejando de lado a Hamás, que en su accionar resiste todo respeto por la vida, la misma Autoridad Nacional Palestina (ANP) que preside Mahmud Abás es ambivalente frente al tema. Al acontecer un atentado, cuando se habla en inglés, para una audiencia internacional, el mensaje es uno distinto a aquel utilizado cuando se habla en árabe, para una audiencia local, acostumbrada a glorificar la lucha contra el enemigo sionista. Esta es precisamente la diferencia entre el terrorismo palestino y el terrorismo israelí. Explayada por el columnista palestino <a href="http://elmed.io/palestinos-la-diferencia-entre-ellos-y-nosotros/">Basam Tawil</a>, mientras un bando condena contundentemente el terrorismo independientemente de quienes sean sus responsables, el otro lo condena solo cuando los agresores son judíos, celebrándolo cuando los israelíes son las víctimas.</p>
<p>La ANP, que deviene de la <a href="http://federicogaon.com/una-reflexion-a-diez-anos-de-la-muerte-de-yasir-arafat/">populista y autoritaria organización</a> que liderara Yasir Arafat, es responsable de un <a href="http://palwatch.org/main.aspx?fi=757">sistema educativo funesto</a> que demoniza a los judíos y a los israelíes en la tradición del antisemitismo europeo. Como parte del currículo básico, a los niños se les instruye que los límites de Palestina llegan al mar, que Israel es un diablo menudo que será derrotado, y que los judíos son despiadados asesinos que permanecerán inmiscuidos en todos los problemas del mundo. Este proceso de adoctrinamiento es asistido por una cultura que reivindica el terrorismo como martirio, y ergo honra a asesinos nombrando <a href="http://www.rt.com/news/palestine-ramallah-streets-hamas/">calles</a> y <a href="http://www.palwatch.org/main.aspx?fi=608">escuelas</a> en su memoria, legitimando sus actos y convirtiéndolos en modelos a seguir. Por ejemplo, hay dos escuelas en Gaza, y dos escuelas en Hebrón, que llevan el nombre de Dalal Mughrabi, una mujer que en 1978 lideró el ataque terrorista <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Coastal_Road_massacre">más letal en la historia de Israel</a>, dejando un saldo de 37 civiles muertos, 12 de ellos niños. Luego, entre tantos otros ejemplos que instan a la autodestrucción en el nombre de la causa, hay ocho escuelas llamadas Al-Khansa, una poetisa contemporánea a Mahoma, quien se regocijó cuando sus cuatros hijos murieron por el islam como mártires. En dicho aspecto, sería inconcebible que los israelíes llamaran a una escuela, parque o calle con el nombre de Baruch Goldstein, el asesino de 29 palestinos, o Yigal Amir, el asesino de Rabin.</p>
<p><b>Lo cierto es que la ANP, pese que ha suscrito a la vía de la paz para resolver la disputa territorial, ensalza a terroristas palestinos por el simple hecho de que el martirio es un pilar centrar de la cultura política local</b>. Retroalimentado tales aspiraciones constantemente, la reivindicación del terrorismo tiene réditos políticos, en tanto, alabando a los perpetradores como propios, el liderazgo palestino puede mostrarse combativo. Por debajo de las apariencias de diálogo, la ANP quiere impresionar a sus nacionales con una aspiración maximalista infranqueable, que por cuestiones ideológicas tiene mejor apelación entre las masas que una solución “intermedia” -esto es, la paz con los israelíes. Sea por pragmatismo o por un sincero odio recalcitrante contra Israel (como es claramente el caso con Hamás), la ANP incita a seguir el ejemplo de los abnegados palestinos, que aparentan renunciar a su vida por el bienestar de la comunidad, para conferir a la población una pretensión de lucha y sacrificio, propia del fatalismo que caracterizó históricamente a los árabes, y que en muchos aspectos perdura hasta el presente. Análogamente, por estas razones, existe una opinión entre los analistas, la cual comparto, que indica que en la calle palestina es más importante tener credenciales de afamado terrorista que de burócrata complaciente, educado e instruido, mas sin experiencia en términos de lucha y sacrificio.</p>
<p>En virtud de esta tradición, <a href="http://www.palwatch.org/main.aspx?fi=157&amp;doc_id=15263">la ANP sigue presentando como héroes a personas involucradas en actos de terrorismo</a>. El mes pasado la agencia oficial de noticias WAFA confirió el título de mártir a uno de los hombres que acometió, en noviembre pasado, contra una sinagoga de Jerusalén y mató a cuatro creyentes y a un policía. También se agasajó a un hombre que fue abatido al intentar asesinar a un rabino hace un año, y existen muchos más ejemplos similares. Cuando en junio un israelí fue asesinado y otro herido al viajar juntos en auto por Cisjordania, varias facciones palestinas aplaudieron el ataque como “<a href="https://www.maannews.com/Content.aspx?id=766057">una respuesta natural a la ocupación</a>”. <b>Esto nos muestra que, como resabio de una enemistad que los palestinos no parecen dispuestos a intentar dislocar, a diferencia de lo que sucede entre los israelíes, el terrorismo es laureado como noble y legítimo</b>. En favor del extremismo y en detrimento de la paz, el liderazgo palestino que la comunidad internacional reconoce como moderado y probado representante de las aspiraciones palestinas, no se esmera por cambiar las cosas. Algunos dirían que semejante intento resultaría inevitablemente en el desprestigio del partido secular de Abás y el ascenso de Hamás en Cisjordania. Como fuere, lo cabal es que a juzgar por el énfasis en la muerte por sobre la vida, la prioridad de Abás no parece encaminada a generar un entendimiento sincero a largo plazo.</p>
<p>En su columna, Tawil le pregunta al lector si ha oído hablar de manifestaciones convocadas por palestinos para protestar contra el asesinato de civiles judíos inocentes. Consiguientemente se pregunta si ha habido algún personaje de relieve que se haya atrevido a hablar en público contra tales cometidos, sea en el centro de Ramala o en Gaza. Lisa y llanamente la respuesta es no. <b>La educación palestina supone a todo israelí como un agresor y, obviando línea entre civil y soldado, enaltece al terrorista como modelo social.</b></p>
<p>Tomando este comportamiento preliminar con la preocupación que se merece y cotejándolo con los nefastos actos cometidos recientemente por ultraortodoxos judíos, las autoridades israelíes tienen el deber de tomar cartas en el asunto. Puesto a la perfección por un colega, <a href="http://elmed.io/terrorismo-judio-israel-se-juega-el-alma/">Eli Cohen</a>, la supervivencia de Israel no depende solamente de su superioridad militar, pero también de la preeminencia de valores morales irrenunciables. Al verse estos valores erosionados por miembros de la sociedad israelí, y sin importar que los extremistas sean una minoría, puede destacarse que el país en su conjunto ha llamado a la reflexión. Pero esto no será suficiente si el Gobierno no comienza a mirar a los radicales judíos más de cerca. Dilucidado por Cohen: “Israel se juega el alma”. Sería provechoso que desde el lado palestino las autoridades dictaran una sentencia similar, y que por lo pronto fomentaran una reflexión moral que, llegado el caso, traerá grandes dividendos a la hora de hacer la paz.</p>
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		<title>La verdad incómoda acerca del Estado Islámico</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Jul 2015 03:00:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Sea por miedo o por recaudo a no estigmatizar a las comunidades musulmanas, es común que en los debates acerca del fenómeno del yihadismo suelan evadirse términos que son indispensables para comprender mejor la realidad, y que a lo sumo se los reemplace con eufemismos más en sintonía con el discurso políticamente correcto que con... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/07/08/la-verdad-incomoda-acerca-del-estado-islamico/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Sea por miedo o por recaudo a no estigmatizar a las comunidades musulmanas, es común que en los debates acerca del fenómeno del yihadismo suelan evadirse términos que son indispensables para comprender mejor la realidad, y que a lo sumo se los reemplace con eufemismos más en sintonía con el discurso políticamente correcto que con la búsqueda de la verdad. El signo más recurrente es la tendencia a evitar hablar de “terrorismo islámico” y, en cambio, aducir que grupos como el Estado Islámico (ISIS), Boko Haram, o Al Qaeda representan a una minoría que secuestra la religión que profesa una mayoría tolerante y pacífica. Esto es, por ejemplo, lo que hizo el presidente estadounidense Barack Obama durante <a href="http://nypost.com/2015/02/18/obama-refuses-to-acknowledge-muslim-terrorists-at-summit/">un discurso</a> algunos meses atrás. Ahora bien, ¿es esta una posición responsable ante la amenaza del extremismo religioso homicida?</p>
<p>De un modo u otro, ya sea para calmar ansiedades o para desalentar perjuicios, cuando se insiste directa o indirectamente en que los terroristas en cuestión no son musulmanes, al final de cuentas los yihadistas salen ganando y los valores democráticos salen perdiendo. Si bien desde ya es evidente que la mayoría de los musulmanes no son asesinos en potencia, existen muchísimos fieles que profesan versiones de la fe que no se correlacionan con la contemporaneidad y con la reflexión multiculturalista. Políticos, periodistas e intelectuales ponen axiomáticamente al islam en igualdad de condiciones con otras religiones, como si todos los individuos fuéramos criados con los mismos valores. El problema es que no se toman mucho tiempo para estudiar acerca de religión y política antes de emitir opinión.<span id="more-137"></span></p>
<p>En todo caso, no importa tanto lo que las fuentes religiosas tengan para decir, sino más bien cómo la gente fue interpretando tales mandatos divinos a lo largo del tiempo, en distintos lugares y contextos. Si hoy el catolicismo merece a un pontífice condescendiente como Francisco es porque la curia romana atravesó un profundo cisma, y porque transitó por siglos de conflicto con toda autoridad o doctrina que se reservara el derecho a pensar diferente.</p>
<p>Descrito a grandes rasgos, <b>si el mundo islámico experimenta tales niveles de extremismo y violencia fratricida es porque no sufrió transformaciones que a la larga se hayan plasmado en una verídica revolución racionalista</b>. En este aspecto, distinto a la experiencia de las otras dos grandes religiones monoteístas, la interpretación racional de las fuentes no echó raíces y la influencia de lo piadoso nunca logró separarse decididamente del poder político. Este trasfondo permite explicar por qué al día de hoy, en cifras de varios analistas, <b>entre un 5 % y un 10 % de los musulmanes tiene opiniones que bordan un fanatismo belicoso</b>. Esto no significa que uno de cada diez creyentes sea terrorista, mas sí que tenga una inclinación a justificar el accionar de los terroristas en nombre de Dios. Aun suponiendo que la cifra es exagerada y que solamente el 1 % de los <b>1,6 mil millones</b> de musulmanes que hay en el mundo es militante, estaríamos hablando de<b> </b>16  millones de extremistas potenciales. Sin dudas, la xenofobia es una condición real que ensucia a las sociedades occidentales, pero parecería ser que muchos autodenominados progresistas escogen ignorar que la discriminación y el prejuicio también operan en sentido contrario.</p>
<p>Existen múltiples encuestas que asientan que <b>el terrorismo islámico no será erradicado en tanto los propios musulmanes no fomenten abiertamente la reflexión hacia una fe que pueda convivir con los principios de la vida secular y la deliberación democrática</b>. Es en este sentido que minimizar el rol de las causas endógenas del terrorismo islámico es prestar un gran deservicio a todo lo que la democracia representa. Minimizar la actitud extremista de grandes contingentes de musulmanes para con su propio credo resulta irresponsable y lleva a desvirtuar nuestra percepción sobre la influencia real de la religión.</p>
<p>Para compartir algunos datos críticos, una encuesta realizada por <a href="https://www.ipsos-mori.com/newsevents/latestnews/810/How-much-does-religion-matter.aspx">Ipsos Mori en 2011</a> muestra que el 94 % de las personas que viven en países mayoritariamente musulmanes cree que la religión es una parte importante de sus vidas, contra un 66 % en países de mayoría cristiana que opina lo mismo. No obstante, puertas adentro de los países musulmanes y las comunidades islámicas dentro de Occidente existe una tendencia alarmante. Un reporte publicado por el <a href="http://www.pewforum.org/uploadedFiles/Topics/Religious_Affiliation/Muslim/worlds-muslims-religion-politics-society-full-report.pdf">Pew Research Center en 2013</a> muestra que en los países donde el islam es la religión favorecida u oficial, la mayoría de los musulmanes considera que la <i>sharia</i> -la ley islámica- debería ser la ley estatal. Entre otros, en Afganistán la cifra alcanza a un 99 % de la población, en Irak a un 91 %, en los territorios palestinos a un 89 % y en Egipto a un 74 %. Las cifras también se correlacionan en países asiáticos. En Malasia un 86 % de los musulmanes apoyaría un proyecto por islamizar la ley del Estado; en Bangladesh avalaría un 82 % y en Indonesia un 72 %. Sobre la pregunta acerca de si las cortes religiosas deberían tener poder sobre el Estado para decidir sobre disputas de familia y propiedad los resultados arrojados fueron similares.</p>
<p>Luego de estudiar por cinco años a las comunidades de inmigrantes marroquíes y turcos en Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Holanda y Suecia, el centro <a href="http://www.wzb.eu/sites/default/files/u6/koopmans_englisch_ed.pdf">WZB de Berlín</a> concluyó en 2013 que dos tercios de los musulmanes entrevistados -o sea el 65 %- piensa que la ley religiosa es más importante que la ley estatal del país europeo en el que viven. A esto,<b> tres cuartos -el 75 %- opina que solo hay una interpretación legitima del Corán y que esta debería aplicar a todos los musulmanes por igual</b>. Luego, por poner otro dato, una encuesta realizada por <a href="http://www.vancouversun.com/life/Canadians+feel+rift+growing+between+Western+Muslim+societies/10916682/story.html?utm_source=feedburner&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=Feed%3A+canwest%2FF229+%28Vancouver+Sun+-+News%29">Leger Marketing este año</a>, que fue difundida por el <i>Vancouver Sun, </i>mostró que el 42 % de los musulmanes canadienses cree que las sociedades islámicas son irreconciliables con sus contrapartes occidentales. Estos datos podrían adelantar una respuesta a las miles de personas que se preguntan incrédulas qué explica que jóvenes musulmanes de Londres o París dejen todo atrás para pelear una salvaje “guerra santa” en el desierto a miles de kilómetros de distancia.</p>
<p>A esta altura debería quedar en claro que existe un choque cultural en el seno de las sociedades libres y que reconocer este problema no es lo mismo que islamofobia. Esta es una carta con la que frecuentemente se busca silenciar a los comentaristas -este autor incluido-, bajo argumentos cínicos que tildan toda crítica como intolerancia o aprensión ante los musulmanes. Lo cierto, sin embargo, es que los únicos que tienen la potestad de incentivar un cambio verdadero para reinventar la fe y adaptarla al siglo XXI son los líderes religiosos en el islam. Quizás el primer paso para marcar el camino hacia la introspección sea la reivindicación, por parte de creyentes, del sentido del humor en la religión, avasallantemente vedado en el mundo islámico. El humor consiste en saber reírse de las propias desgracias, y así como lo notaba Sigmund Freud, es la venganza segura que imparten los débiles sobre los poderosos. Uno puede reírse de Moisés o de Jesús, pero ¡cuidado con mofarse de Mahoma! En este simple y no obstante importante carácter del ser, el mundo islámico corre con siglos de letargo y desventaja, pues difícilmente hoy en día haya algún judío o cristiano que salga a matar porque a alguien se le ocurrió dibujar al vaticinador de sus creencias.</p>
<p>Concretamente, al denunciar islamofobia o <a href="http://federicogaon.com/la-huida-de-los-intelectuales-mi-respuesta-al-centro-islamico-de-la-republica-argentina/">campañas de difamación</a>, los líderes religiosos suelen hacer la vista gorda al problema de trasfondo, arremetiendo en cambio contra una supuesta sociedad prejuiciosa que es intolerante con quien es diferente. Como resultado, se dicen barrabasadas como que el ISIS “no es islámico” y que el terrorismo islámico es una exageración de la prensa. Una <a href="http://www.aljazeera.net/votes/pages?voteid=5270">encuesta reciente realizada por Al Jazeera</a> revela lo contrario. Esta pregunta a una audiencia árabe si apoya las victorias del ISIS en la región, a lo que un 81 % de 56.881 encuestados contestó que sí.</p>
<p>Aunque ninguna encuesta pretende ser exacta o científica, y mucho menos si se realiza en línea como aquella recién mencionada, el hecho está en que como instrumentos a nuestra disposición estas cumplen un propósito como termómetros sobre la percepción humana. Y al respecto, los elevados porcentajes que proyectan los estudios realizados por distintos encuestadores atinan en que <b>hay elevadas proporciones de musulmanes que opinan que debería haber más islam en la vida; y menos orden terrenal, menos contenido secular</b>. Llamo a este paradigma la verdad incómoda del islam. Tratarla es controversial y doloroso, pero es la única esperanza que tiene el grueso de la comunidad islámica global para poner fin al extremismo. Así como lo expresó el periodista libanés <a href="http://www.memri.org/report/en/0/0/0/0/0/0/8633.htm">Eyad Abu Shakra</a> a razón de <a href="http://www.infobae.com/2015/06/26/1737823-terrorismo-islamico-multiples-atentados-el-mundo-dejan-mas-130-muertos">la última ola de atentados</a> en Francia, Kuwait, Siria, Somalia y Túnez: “los musulmanes tienen ahora que tomar una decisión: o ignoran la amarga verdad y permiten que la enfermedad se esparza hasta que mate, o escogen reconocer su existencia mientras que se preparan a enfrentarla”.</p>
<p>Esto es precisamente lo que argumentaba <a href="http://opinion.infobae.com/andres-cisneros/2015/06/29/la-naturalizacion-de-la-barbarie-terrorista/">Andrés Cisneros</a> en su columna del 29 de junio. En suma, como lo expresa el politólogo: “la única manera de acabar con los fanáticos de cualquier naturaleza es que los propios fieles de la religión que ellos invocan cesen de mirar para otro lado”. Es a este tipo de fieles, a estos valientes agentes de cambio y no a los cínicos que explican al ISIS en las desaventuras de Estados Unidos y la economía mundial capitalista, a quienes debemos apoyar y dar legitimidad. Tampoco ayudan los líderes que para quedar bien con sus audiencias musulmanas expresan que los yihadistas no representan al islam. <b>La yihad no será uno de los cinco pilares del islam, pero de no combatirla, los musulmanes ponen en riesgo que esta pase a dilucidarse en la práctica como el sexto pilar para miles de creyentes alrededor del globo</b>. No se la combate ignorándola o disminuyéndola como aislámica. Empero, se la derrotará reconociéndola como el bagaje de una tradición islámica ahistórica con el presente.</p>
<p>Al cumplirse un año desde la puesta en escena del ISIS, el corriente mes en que se conmemora el ramadán brinda la perfecta oportunidad para reflexionar sobre el futuro que los musulmanes heredarán si no comienzan a tomar un rol activo para imbuir a su religión con una esencia verídicamente pluralista, renunciando a la búsqueda por impartir materialmente la <i>sharia</i>, y abrazando la separación entre lo piadoso y lo secular. Esta es la difícil lección que Occidente aprendió tras un tortuoso y sangriento devenir, y los expertos (tanto musulmanes como no musulmanes) coinciden en que, teológicamente hablando, no existe nada en el islam que lo inhiba para siempre de la democracia. Como lo notaran grandes pensadores islámicos como Muhammad ‘Abduh y Ali Abd al Raziq a principios del siglo pasado, no hay razón para suponer que el islam no tenga el potencial de adaptarse a las circunstancias y que los musulmanes no puedan integrarse plenamente a la sociedad global.</p>
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		<title>¿Qué significa la disolución del Gobierno de unidad palestino?</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jun 2015 11:23:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La semana pasada los medios anunciaron que Mahmud Abás, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), disolvería a la brevedad el Gobierno de unidad palestino, formado un año atrás para reconciliar al partido tradicional Al-Fatah con el islamista Hamás. Si bien las cadenas de noticias hicieron bien en hacer eco de esta novedad, a... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/06/22/que-significa-la-disolucion-del-gobierno-de-unidad-palestino/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La semana pasada los medios anunciaron que Mahmud Abás, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), disolvería a la brevedad el Gobierno de unidad palestino, formado un año atrás para reconciliar al partido tradicional Al-Fatah con el islamista Hamás. Si bien las cadenas de noticias hicieron bien en hacer eco de esta novedad, a mi criterio no han sabido explicarle al público en general cuáles serán las implicancias venideras, o cómo será el panorama político de los territorios palestinos de aquí en adelante. Lo más importante que debe ser dicho es que la ruptura formal de Fatah y Hamás era algo que los analistas ya se veían venir desde hace tiempo. Partiendo de la base que ambas organizaciones han probado ser mutualmente excluyentes en reiteradas ocasiones, podría inferirse que la ruptura de la supuesta unidad no representa otra cosa que la decisión de Abás, heredero de Yasir Arafat, de prescindir de las apariencias de fraternidad y entendimiento con Hamás.</p>
<p><strong>Para situar el caso en contexto, Fatah es la facción que históricamente ha tenido más predominio en el foro multipartidario que representa la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).</strong> Si hay algo para decir a grandes rasgos del partido que encabeza Abás es que es una plataforma autocrática y populista por excelencia. El movimiento fue fundado en 1957 por Yasir Arafat y llegó a adquirir fama internacional por su notorio accionar terrorista durante las tres décadas que precedieron la firma de los tratados de paz (Oslo) en 1993. Detrás del telón del conflicto palestino-israelí, Arafat, un oportunista nato, consolidó su poder haciendo malabares discursivos para atraer a su causa a representantes de todo el espectro político palestino. Ávido planificador, Arafat supo amasar una red de financiamiento ilegal sin parangón en ningún otro grupo no estatal, dándole el lujo de financiar su propio mito, y eventualmente el poder de manejar las arcas palestinas a discreción, y sin ningún tipo de control. Abás, también conocido como Abu Mazen (por su nom de guerre y kunya) asumió la dirigencia palestina cuando Arafat falleció en 2004. De acuerdo con la ley vigente su mandato debió de haber terminado en enero de 2009, pero aun seis años más tarde continúa en el cargo, y a esta altura ya no hay indicios creíbles de que vaya a renunciar.</p>
<p>Hamás, desde otro lado, fundada en 1987, tuvo que trabajar diligentemente durante dos décadas hasta arrebatarle el poder a Fatah en la franja de Gaza. En contraste con la facción tradicional, caracterizada por tener una orientación secular, Hamás es y siempre fue una agrupación islamista que nunca se molestó por ocultar su identidad. Su éxito sin embargo no vino ligado, al menos no enteramente, a la atracción que la idiosincrasia política y religiosa del movimiento podía ejercer, pero sino también al hecho que Hamás en su momento representó la única alternativa viable a la veterana – y muchos dirían corrupta – guardia de Fatah. En enero de 2006 la agrupación islamista obtuvo una victoria contundente en las elecciones generales marcando un hito; demostrando en efecto que la dominación por parte de los dirigentes de siempre podía caer. Siguiendo el protocolo, a continuación siguió un Gobierno de unidad que resultó en un estrepitoso fracaso. Pese a los comicios, Abás alienó a la comitiva parlamentaria de Hamás y en breves cuentas los islamistas perdieron la paciencia. <strong>En junio de 2007 en Gaza se llevó a cabo, a manos de Hamás, una purga violenta de la dirigencia de Fatah, resultando en la cabal división de Palestina en dos entidades diferentes. Está la palestina basada en Cisjordania, el bastión de Fatah, y la palestina de “Hamastán”, el reducto comandado por los islamistas en Gaza.</strong></p>
<p>Desde entonces, y como sería de esperar para el observador del conflicto palestino-israelí, las hostilidades y los bretes con Israel han provisto causa suficiente para fomentar la unidad palestina. Sin embargo, más allá de las fotos y los discursos, lo cierto es que nunca hubo una verídica reconciliación entre las fuerzas que disputan la representación de la causa de los palestinos. Ambos partidos son mutuamente excluyentes porque los dos comparten una aversión hacia compartir el poder. Siendo que las dos plataformas se afianzaron bajo fundaciones ideológicas maximalistas, cada una de estas estructuras ve en la otra una amenaza – sea porque la misma representa toda la decadencia de un modelo agotado e inoperante (como ve Hamás a Fatah), o bien porque signa la irrupción en la política de fanáticos e insulsos aficionados (como ve Fatah a Hamás). Se trata en definitiva de un juego de suma cero, en donde la desconfianza y el escepticismo han prevalecido sobre cualquier acuerdo. Vale recalcar en este sentido que el supuesto Gobierno de unidad acordado el año pasado significó el sexto intento por alcanzar una conducción mixta.</p>
<p><strong>Crónica de un fracaso anunciado, la crisis contemporánea fue atribuida a la irritación de Abás por no pinchar ni cortar en Gaza, donde Hamás se niega a compartir influencia, sobre todo en lo que respecta a la cuestión de seguridad y defensa, que eufemismos de lado, significa el patrimonio para hacerle la guerra a Israel.</strong> Parte de lo que explica el juego de suma cero entre las facciones contendientes pasa por una pugna por ver qué organización tiene más credenciales combatiendo a la entidad sionista enemiga. En cierta medida cuando Hamás le tira cohetes a Israel Fatah pierde credibilidad; y cuando hay algún evento o conmemoración, a veces parecerían verse en el aire más banderas verdes de Hamás que amarillas de Fatah. Explicando la reticencia de Abás a compartir el poder, sucesivas encuestas vienen mostrando que entre los palestinos Ismail Haniyeh de Hamás suele ser más respetado que la investidura de Abás, de modo que el líder, ya octogenario, no podría revalidarse convocando a elecciones sin antes arriesgar perjudicarse. A Abás el tiro le podría salir por la culata, y de ser así, posiblemente estaría abriéndole la puerta a un Gobierno islamista en Cisjordania, cosa que indubitablemente oscurecería todo prospecto de paz en la región.</p>
<p>En los últimos años Abás ha querido mostrar su faceta de combatiente llevando la lucha por el reconocimiento de un Estado palestino a los foros internacionales de las Naciones Unidas, donde ha obtenido victorias simbólicas, que aunque prematuras y carentes de impacto real, le han valido repuntar puntos como cabecilla. Desde luego, en términos de la realpolitik, un Abás fuerte es naturalmente preferible a un Haniyeh fuerte, en tanto con el primero se puede discutir de paz y con el segundo no. En la medida que no deponga la vía de las armas en sus tratos con Israel, en lo que concierne a la política internacional, Hamás seguirá siendo considerada una organización terrorista por los grandes actores. Abás hasta ahora ha sabido capitalizar la indecorosa posición de sus rivales islamistas, justificando su mandato prolongado y la perpetua postergación de reformas democráticas en la necesidad de trabarle la puerta a Hamás – y por así decirlo, en la máxima diablo conocido mejor que diablo por conocer. <strong>El problema de esta postura es que la urgencia al corto plazo ha inhibido el desarrollo institucional de los palestinos, y ha enceguecido a los ministros de exteriores frente a los abusos cometidos por Abás, a quien rápidamente tildan como moderado y amante de la paz.</strong></p>
<p>Los detractores del hombre fuerte de Fatah, y no necesariamente los islamistas, le inculpan gobernar con un impúdico nivel de autoritarismo, nepotismo y corrupción. Se concede que en sus dominios no hay libertad de prensa, que hay arrestos extrajudiciales, y que en suma, cuando se presta atención en los problemas internos palestinos donde Israel tiene poco que ver, aparece una gran concentración de poder en torno a la figura del presidente. La pauta de este flagelo no solamente viene dada por la disputa partidaria entre Fatah y Hamás, mas también se percibe dentro del propio entorno de Abás. Ejemplo de ello, en 2013 Salam Fayyad tuvo que dimitir de su cargo como primer ministro por impulsar políticas antípodas a la visión cortoplacista oficialista. Laureado economista reconocido internacionalmente, Fayyad era celebrado por sus esfuerzos por consolidar gobernabilidad al largo plazo empoderando a las comunidades locales de forma apartidaría. Ilustrando el mismo punto, en los últimos días han salido informes que indican tensión entre el sucesor de Fayyad, Rami Hamdallah, y su benefactor.</p>
<p><strong>Los eventos recientes exponen la inviabilidad de un Estado palestino dividido territorial y psicológicamente entre un polo islamista y otro secular, mas también muestran la decadencia de las instituciones políticas locales.</strong> Con independencia del rol que vaya a jugar Israel, esta realización dificulta por lo pronto la concreción de un acuerdo de paz comprensivo porque no es posible determinar a un solo interlocutor para tanto Cisjordania como Gaza. Por el contrario, cada territorio tiene a su propia autoridad y su propia agenda, y esto implica una complicación al proyecto de un Estado palestino unificado. Por otra parte, dado que el Gobierno israelí había anunciado que no negociaría con la ANP en tanto Hamás tuviera representación en ella, la ruptura podría allanar el paso a una nueva ronda de negociaciones, que podrían decantar en resultados positivos.</p>
<p>Juzgada por sus propios méritos, parecería que la política palestina necesita una tercera opción. De momento lamentablemente la coyuntura complica este anhelo, pues para ganar legitimidad y credibilidad como líder, entre los palestinos no se valoran tanto las credenciales de pichón como aquellas de halcón.</p>
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		<title>El macabro legado de Hitler en el terrorismo árabe</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2015 10:39:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pasado 30 de abril se cumplieron setenta años desde que Adolf Hitler se suicidara en su bunker en la asediada y destruida ciudad de Berlín. Siete décadas más tarde Occidente lo recuerda como el peor diablo que podría haber engendrado la sociedad contemporánea del siglo XX. Sin dudas un líder paradigmático, el Füher logró... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/05/11/el-macabro-legado-de-hitler-en-el-terrorismo-arabe/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 30 de abril se cumplieron setenta años desde que Adolf Hitler se suicidara en su bunker en la asediada y destruida ciudad de Berlín. Siete décadas más tarde Occidente lo recuerda como el peor diablo que podría haber engendrado la sociedad contemporánea del siglo XX. Sin dudas un líder paradigmático, el Füher logró transformar a la culta y productiva Alemania en una máquina de guerra, que mandó a asesinar sistemáticamente a millones de personas. <strong>El legado macabro de Hitler refleja que los occidentales no están exentos de desarrollar totalitarismos, y más extensivamente, sentimientos antiliberales, antirrepublicanos como también, paradójicamente, antioccidentales.</strong> Hoy en día, su influencia generalmente se asocia con grupos reducidos de neonazis e individuos. Lo que no es tan conocido sin embargo, es que la figura de Hitler le dio a una importante parte de la dirigencia árabe un ejemplo a seguir, un modelo de Estado a imitar, y naturalmente, una tendencia autoritaria con la cual gobernar. Lo que es más, particularmente vinculante con el conflicto árabe-israelí, el nazismo le impartió a los árabes mediante intermediarios la doctrina de la judeofobia europea.</p>
<p>La razón que explica la admiración de los árabes por los alemanes parte del hecho histórico que durante la Primera Guerra Mundial, muchos árabes y musulmanes se identificaron con la causa germana, casi instintivamente, porque los alemanes eran los enemigos de los británicos y franceses, quienes acarreaban un historial de intervenciones e injerencias en los asuntos internos de los poderes musulmanes de la época. Para 1914 los británicos se habían establecido en Adén (desde 1839), en Egipto (desde 1882), en Chipre (desde 1878), dominaban el subcontinente indio (desde el siglo XVIII), y ejercían una fuerte presión sobre los asuntos del golfo Pérsico y del Imperio otomano. Los franceses por su parte tomaron colonias en Argelia (en 1830), Túnez (en 1881) y Marruecos (en 1912), de modo que su influencia se extendía a lo largo del norte de África. <strong>Para las multitudes árabes, la conflagración europea se presentó como una oportunidad para denunciar los agravios del colonialismo, redescubrir una identidad propia y cuestionar la legitimidad del orden anglofrancés.</strong> Los alemanes ya entonces supieron capitalizar el descontento de los árabes contra las autoridades londinenses y parisinas, lanzando esfuerzos dirigidos para poner a los musulmanes en contra de sus respectivos tutores imperiales. Para ello apelaron al concepto de guerra santa, la yihad, y colaboraron con los otomanos en campañas propagandísticas orientadas a dar legitimidad religiosa a la sublevación contra las fuerzas aliadas. El plan no dio resultado, y los alemanes no lograron formar quinta columnas dentro de los dominios coloniales enemigos, o sublevaciones religiosamente motivadas entre los musulmanes.</p>
<p>El punto a destacar, sin embargo, es que los alemanes se percataron de que la religión tenía el potencial de tocar la sensibilidad de los árabes, y probarían, con más éxito, la misma estrategia de propaganda durante la Segunda Guerra Mundial. Para entonces, destruido el Imperio Otomano al término de la Primera Guerra, la dominación de Francia y Gran Bretaña englobaba Medio Oriente, y los árabes ya habían experimentado un renacimiento nacionalista como también otro islamista, que volcaba la religión hacia significantes políticos. Estas condiciones, sumadas a la continua inmigración judía hacia Palestina, le facilitaron a los nazis la tarea de persuadir a los árabes que el resto de Occidente conspiraba en su contra; que se encontraba orquestado por la judería mundial, y que Alemania era el aliado natural de quienes luchaban contra la opresión y la injusticia.</p>
<p><strong>Por su desdén contra las autoridades coloniales, los árabes desarrollaron opiniones contrarias a los valores liberales y al sistema parlamentario de los colonizadores.</strong> Estas eran ideas que difícilmente llegaban a aplicarse con éxito en la realidad local, donde la represión era moneda corriente, y la misión civilizadora de los europeos era vista popularmente como una agresión cristiana. Algunos autores, notoriamente Bernard Lewis, Efraim Karsh y Elie Kedourie, indican que dado su devenir histórico, la falta de instituciones representativas entre los árabes los hacía proclives a simpatizar con la disciplina autocrática. En su día, el fascismo, y luego el comunismo, parecían funcionar y prometer grandes réditos, pero lo que es más importante, el totalitarismo presentaba un discurso que, contrario a lo que sucedía con el liberalismo, no sonaba del todo foráneo, y utilizaba conceptos con los cuales los árabes podían relacionarse a partir de su propias memorias históricas. El modelo en cuestión insistía en el principio de seguir a un gran líder, llamaba al sacrificio y a dejar todo por una causa trascendental, y pensaba a la sociedad como un todo orgánico, donde el énfasis descansaba, no en los intereses egoístas del individuo, pero en la voluntad de la masa.</p>
<p>Lo cierto es que entrada la Segunda Guerra Mundial, los alemanes pusieron a trabajar su espectacular aparato propagandístico para repartir folletos y traducciones de &#8220;Mein Kampf&#8221; y &#8220;Los protocolos de los sabios de Sion&#8221;, y transmitir emisiones de onda corta a Medio Oriente, nuevamente enfatizando que la sublevación contra los poderes aliados era una obligación de carácter religioso. Esta campaña tuvo considerablemente más éxito que aquella llevada a cabo tres décadas antes. Resulta que además de aprovechar las últimas tecnologías de comunicación, a los efectos de persuadir a las masas, los nazis discutían que el futuro, sino la misma supervivencia de los árabes, dependían de la victoria hitleriana. Y para darle credibilidad a su llamado, los nazis emplearon intermediadores musulmanes.</p>
<p><strong>El principal agente y agitador de los nazis trabajando para movilizar a los árabes fue el muftí de Jerusalén, Haj Amin al-Husseini</strong>. Este era un hombre que poseía, bajo la gracia de las arrepentidas autoridades británicas, la conducción política y espiritual de los árabes palestinos. Exiliado en Alemania durante la guerra, su principal obra fue saltear las distancias entre el insipiente movimiento islamista y el nazismo. En breve, como ejemplifican sus declaraciones, su trabajo devino en que la retórica totalitaria fuese cubierta y validada con adscripciones islámicas, sobre todo en cuanto concierne al trato con los judíos.</p>
<p>En 1944 el muftí instó por radio a los árabes a que se levanten como un solo hombre y que peleen por sus derechos sagrados. “Maten a los judíos dondequiera los encuentren. Esto le agrada a Dios, a la historia y a la religión”. Haj Amin también fue instrumental en reclutar una división de soldados bosnios para pelear en las SS. Dirigiéndose a sus hombres, sintetizo que “existen muchas similitudes considerables entre los principios islámicos y el nacionalsocialismo, principalmente, en la afirmación de la lucha y la camaradería…en la idea de orden”. Este líder, considerado uno de los fundadores del nacionalismo palestino, no solamente compró el cuento de que la judería mundial dictaminaba la guerra, pero lo que es más importante, suscitó una tendencia de visceral odio hacia el judío entre los árabes que continua hasta el día de hoy. Hasta ese entonces, antes de la Segunda Guerra y la siguiente creación del Estado de Israel, el antisemitismo entre los árabes era una experiencia que si bien era recurrente, no se comparaba con el avasallante prejuicio y violencia de los europeos. El éxito de la campaña del muftí recae, según Jeffrey Herf, en que basándose en la ideología hitleriana, pudo tomar el Corán y “utilizar una apropiación e interpretación selectiva” del mismo para presentarle a los nazis “un punto cultural de entrada a los árabes y musulmanes”.</p>
<p>Curiosamente, incluso un hacedor de paz como Anwar Sadat llegó a admirar a Hitler. En 1953, a sus treinta y cuatro años, escribió para un periódico egipcio una carta hipotética al dictador como si este estuviese vivo.</p>
<p>“Querido Hitler: te admiro desde el fondo de mi corazón. Incluso si se parece que has sido derrotado, en realidad eres el ganador. Has sido exitoso creando disensión entre el viejo de Churchill y sus aliados, los hijos de Satán. Alemania renacerá a pesar de los poderes occidentales y orientales. Cometiste algunos errores, pero nuestra fe en tu nación ha más que compensado por ellos. Debes estar orgulloso de haberte convertido en un líder inmortal de Alemania. No nos sorprenderíamos de verte regresar a Alemania, o de ver alzarse a un nuevo Hitler para reemplazarte”.</p>
<p>La realidad contemporánea, especialmente en los territorios palestinos, muestra que el desdichado saludo de Sadat hacia Hitler aún tiene resonancia en el siglo XXI. <strong>Multitudes árabes admiran al dictador por haberle dado batalla a los otros poderes de la época, y más aún, por haber aniquilado a millones de judíos, quienes son asociados con Israel; y en tono con la paranoia popular, responsables por toda calumnia e injusticia que sopesa sobre los musulmanes.</strong></p>
<p>El instituto israelí Palestinian Media Watch (PMW) viene mostrando cómo los medios palestinos, tanto de Hamás como de Fatah, incitan a comparar a los israelíes con los nazis, a la negación del Holocausto, e incluso a la admiración de Hitler. El sitio de PMW le hace seguimiento a eventos o incidentes que denotan la magnitud del problema. Por ejemplo, resalta que hay palestinos llamados Hitler, que el nombre es utilizado como un proverbio positivo. Hitler es glorificado, y su obra es un éxito de ventas. Análogamente, un instituto norteamericano, The Middle East Institute (MEMRI), muestra frecuentemente como esta vanagloria del mal se ha convertido, en efecto, en una característica ya asentada en la cultura mediática del Medio Oriente en general.</p>
<p><strong>Los grupos más propensos a difundir el culto a Hitler en la región son desde luego los islamistas, quienes toman su legado para encontrar paralelos con el presente.</strong> Esto se ve tanto en el carácter autocrático que suele caracterizar a estos grupos, en el estilo llamativo de sus insignias, saludos, y manifestaciones, y en la creencia en conspiraciones globales organizadas por los judíos. Es triste, pero el hitlerismo, lo que Occidente considera un capítulo cerrado de su historia, dista de verse de la misma manera en el mundo árabe.</p>
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		<title>La efectiva intransigencia de Netanyahu</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2015 10:51:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Benjamín Netanyahu]]></category>
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		<description><![CDATA[En diciembre de 1969,Isaac Rabin, en ese entonces embajador de Israel en Estados Unidos, le confió a Menachem Begin que &#8220;no es suficiente que un embajador israelí aquí [en Washington] diga simplemente estoy actuando en pos de los mejores intereses de mi país de acuerdo a las reglas. Para promover nuestros intereses, un embajador israelí... <a href="http://opinion.infobae.com/federico-gaon/2015/03/31/la-efectiva-intransigencia-de-netanyahu/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En diciembre de 1969,<a href="http://www.amazon.com/reader/1592642780?_encoding=UTF8&amp;query=It%20is%20not%20enough%20for%20an%20Israeli%20ambassador#reader_1592642780">Isaac Rabin</a>, en ese entonces embajador de Israel en Estados Unidos, le confió a Menachem Begin que &#8220;no es suficiente que un embajador israelí aquí [en Washington] diga simplemente estoy actuando en pos de los mejores intereses de mi país de acuerdo a las reglas. Para promover nuestros intereses, un embajador israelí tiene que sacar provecho de las rivalidades entre los demócratas y los republicanos. Un embajador israelí que no quiere o no es capaz de hacerse su camino a través del complejo panorama político norteamericano para promover los intereses estratégicos de Israel, haría bien en empacar e irse a casa&#8221;. Cuarenta años más tarde, si hay algo que la última querella protagonizada por el presidente Barack Obama y el primer ministro Benjamín Netanyahu demuestra, es que claramente la premisa pragmática de Rabin no ha perdido validez.</p>
<p>Es indudable que Netanyahu es capaz de entrometerse por la trastienda política estadounidense y, al menos de momento, salirse con la suya.<a href="http://www.amazon.com/Man-Shadows-Inside-Middle-Crisis-ebook/dp/B001NRZDRY/ref=asap_bc?ie=UTF8">Efraim Halevy</a>, prominente figura ya retirada de la inteligencia israelí, ha descrito al premier como &#8220;una persona inusualmente inteligente, que ha dominado el arte de gobierno con relativa facilidad y que es excepcionalmente dotado en utilizar a los medios, especialmente los electrónicos, a su favor”. Esta es una descripción con la que los detractores del reelecto líder israelí estarían de acuerdo. Desde esta posición, aunque Netanyahu está lejos de convertirse en un estadista, su genio político es evidente. Primero sabe apalancarse de las emociones de su electorado, luego tiene maña para los arreglos a corto plazo para sostener su Gobierno, y por último tiene una fluidez nata para aprovechar la enorme influencia conservadora en Estados Unidos, y mermar con ella la política exterior adversa de la Casa Blanca.</p>
<p><strong>Si bien la mala relación entre Netanyahu y Obama empeoró en este último tiempo por la citada cuestión iraní, la rispa y la desconfianza mutua viene en aumento desde hace tiempo.</strong> La mala sintonía entre estos dos líderes se debe en gran parte a las nociones diferentes que tienen sobre la proyección de sus países en el mundo. Netanyahu cree que un Estado palestino pronto se convertiría en un semillero de yihadistas, y cree que Obama no comprende las eventualidades contemporáneas. El presidente norteamericano por su parte cree que el acuerdo entre israelíes y palestinos es indispensable para cementar confianza, pulir la imagen de Estados Unidos, y eventualmente contribuir a la estabilidad de Medio Oriente. El problema entre ellos aparece cuando Obama se encasilló en echarle toda la culpa por el fracaso a los asentamientos judíos en Cisjordania.</p>
<p>La pugna entre un presidente estadounidense y un primer ministro israelí no es una crónica novedosa, y ciertamente no es la primera vez que las incompatibilidades de carácter y personalidad entre los respectivos dignatarios se vuelven manifiestas. En 1977 Menachem Begin quiso aleccionar al presidente Jimmy Carter sobre la situación israelí utilizando mapas, para mostrarle el &#8220;big picture&#8221; de la situación en la región. Netanyahu hizo lo mismo con Obama en 2011, y como Begin, se discute que su posición dura – algunos dirían &#8220;dogmática&#8221; – peligra la relación de Israel con Estados Unidos.</p>
<p>Por otro lado debe ser dicho que la desazón no se sustrae solamente a un clivaje entre izquierda y derecha, o a una factura entre una cosmovisión demócrata y otra republicana (en el sentido estadounidense de los términos). Isaac Shamir, tal vez el más maximalista entre los líderes del Likud, mantuvo una <a href="http://articles.chicagotribune.com/1992-01-26/news/9201080438_1_israeli-ambassador-zalman-shoval-shamir-loan-guarantees">tensa relación con George H.W. Bush</a> (republicano) debido a la rotunda oposición del primero a ceder en la cuestión de los asentamientos. En 1991 Jerusalén necesitaba de la ayuda económica de Washington para absorber a centenares de miles de inmigrantes provenientes de la difunta Unión Soviética. Frente a la negativa de Shamir a comprometerse a frenar la construcción de asentamientos en los territorios palestinos, Bush congeló garantías de préstamos por 10 billones de dólares durante más de un año, hasta que el liderazgo israelí cambió y pudo concretar un acuerdo con Isaac Rabin en agosto de 1992.</p>
<p><a href="http://www.haaretz.com/news/features/the-art-of-intransigence-from-shamir-to-netanyahu-1.448409">Akiva Eldar</a>, renombrado columnista de Haaretz, el matutino de izquierda más importante de Israel, dijo que &#8220;Netanyahu es Shamir sin bigote&#8221;, y que ambos se caracterizan por dominar &#8220;el arte de la intransigencia&#8221;. Sin embargo, mientras la intransigencia a Shamir le costó el cargo, pues perdió frente a Rabin en los comicios de 1992, <strong>la intransigencia a Netanyahu le ha dado resultado</strong>. Por lo menos eso es lo que ha quedado confirmado con el devenir electoral de hace un par de semanas. Shamir se vio perjudicado por la falta de interés de los votantes en su visión redentora de los asentamientos. En aquella oportunidad, las preocupaciones del israelí promedio se vinculaban con asuntos de la cotidianidad urbana, que la oposición laborista supo identificar y resumir con el eslogan: &#8220;dinero para los barrios pobres, no para los asentamientos&#8221;.</p>
<p>El ciudadano israelí de hoy también vota en función de su bolsillo pensando en la situación socioeconómica. No obstante, el éxito en la intransigencia de Netanyahu frente a Obama descansa, en que a diferencia de Shamir, el actual primer ministro ha sabido llevar a tierra las abstracciones de los revisionistas. Aunque todos los dirigentes del Likud han siempre remarcado su oposición a comprometer la seguridad del Estado, Netanyahu ha sabido, en sintonía con la coyuntura, darle un sentido práctico a las aspiraciones mesiánicas de los sectores más duros. Como resultado, preparó una retórica con la cual gran parte de los israelíes puede consentir. <strong>De un modo u otro, si la inestabilidad regional y el auge de los movimientos islamistas y yihadistas no le dio a Netanyahu la razón, todos están de acuerdo que estas condiciones le ayudaron a posicionar su agenda.</strong></p>
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		<title>La yihad no termina con una paz entre israelíes y palestinos</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Mar 2015 10:17:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Yihadismo]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Existe una opinión muy difundida alrededor del globo que consiste en señalar que si el conflicto israelí-palestino terminara mañana, el <i>leitmotiv</i> de la yihad, la guerra santa contra “los pérfidos judíos”, siempre presente en el islam radical, perdería su tono para eventualmente convertirse en un susurro. Esta creencia supone que si los israelíes y palestinos firman la paz, tanto árabes como musulmanes en general no tardarán en verse forzados, dadas las circunstancias, a resignarse a convivir con un Estado judío como vecino. No obstante, si bien esta hipótesis se justifica con algunos argumentos, <strong>vistas las cosas en perspectiva, la misma resulta poco realista – y hasta algo ilusoria también.</strong></p>
<p>Recientemente el rey <a href="http://www.timesofisrael.com/jordan-king-palestinian-peace-deal-needed-to-defeat-is/">Abdalá II de Jordania suscribió en público a esta idea</a>. El monarca hachemita se dirigió al parlamento europeo, y advirtió que el conflicto entre israelíes y palestinos sirve como un grito de guerra para los yihadistas. Si bien admitió que la lucha contra el extremismo es una tarea que pesa sobre las naciones musulmanas, al final aseveró que el problema de raíz yacía en el fracaso de la comunidad internacional para defender los derechos palestinos. “Este fracaso – dijo – envía un mensaje peligroso”.</p>
<p>Abdalá no es la primera ni será la última personalidad en dar cabida a esta noción. No hace falta ser un experto para percatarse que “<a href="http://hatzadhasheni.com/escritor-kurdo-iraqui-dejen-de-llamar-a-los-judios-los-descendientes-de-monos-y-cerdos/">judíos descendientes de cerdos y monos</a>” y otros clichés del antisemitismo clásico son piezas inamovibles de la retórica de quienes apelan a la guerra santa islámica como vehículo hacia la rectitud y corrección de todos los males. <strong>En defensa de la hipótesis, tiene sentido contar con que una vez erguido un Estado palestino, viviendo en paz con Israel, los yihadistas e islamistas de corte belicista pierdan legitimidad a la hora de levantar el espíritu de las masas</strong>. Este feliz escenario se vería potenciado por el hecho de que bajo los auspicios de Arabia Saudita, la Liga Árabe le ofreció a Israel en 2002 el pleno reconocimiento diplomático de sus miembros (menos Siria), siempre y cuando este acordara una solución definitiva al problema palestino. El impacto sería trascendental. Alcanzada una paz avalada por los países árabes, los yihadistas, al menos en teoría, verían su legitimidad disminuida, y pasarían a representar la posición errática de grupos transnacionales, y no así aquella de los Estados musulmanes propiamente establecidos.</p>
<p>Sin embargo, esta línea de análisis presenta un problema elemental. Pone todo el peso por el fracaso de las negociaciones sobre Israel, perdiendo de vista que la primicia del conflicto no es enteramente territorial, pues también es religiosa; especialmente desde el punto de vista del yihadista convencional. Gracias a la irrupción en escena del Estado Islámico (ISIS), esta realidad nunca estuvo tan manifiesta como ahora. Si hay algo que los yihadistas en Mesopotamia demuestran es que Israel, independientemente de cuanta saliva sea gastada para despotricar en su contra, no es la única fuente que incita al terrorismo islámico. Lejos de eso, <strong>la guerra del ISIS y sus grupos afiliados se libra <a href="http://www.infobae.com/2015/01/09/1620040-la-prohibicion-la-representacion-mahoma-una-guerra-contra-la-cultura-misma">contra la cultura misma</a>, contra el legado de la Antigüedad, contra los ritos y costumbres locales, contra quienes no tienen la suficiente virtud religiosa, y contra quienes abrazan las formas modernas y reniegan del dogma.</strong></p>
<p>Comparando el islamismo en sus ramas más extremas con los totalitarismos del siglo pasado, varios autores emplearon, no sin controversia, neologismos como “islamofacismo” o “islamoleninismo” para ponderar las similitudes entre todas estas fórmulas. La comparación se basa en la identificación de una mentalidad semejante, que se opone a lo “mecánico y artificial” de la sociedad industrial, clasista y liberal, para elevar el ideal de un sociedad “orgánica”, romántica, unida por el pasado, y apegada a una causa nacional – o en este caso religiosa. Identificando dicho patrón común, Ian Buruma y Avishai Margalit hablan de “<a href="http://www.casadellibro.com/libro-occidentalismo-breve-historia-del-sentimiento-antioccidental/9788483076880/1042158">occidentalismo</a>”, lo que en esencia es el sentimiento antioccidental. Así como lo marcan los autores, el occidentalismo religioso tiene un agravante en relación a otros proyectos totalitarios, y es que “tiende a proyectarse, mucho más que cualquiera de sus variantes seculares, en términos maniqueos, como una guerra santa que se libra contra la idea de un mal absoluto”.</p>
<p>Lo importante a destacar aquí es que para el antioccidental los problemas suelen comenzar con los judíos, pero nunca terminan con ellos. Al caso, el nazismo veía a los judíos tanto como representantes del capitalismo como del comunismo, pero además de plantear su destrucción física, la locura hitleriana emprendía una campaña que englobaba la destrucción inexorable de tales sistemas. En tanto estos existieran, siempre habría judíos envueltos en tinieblas confabulando contra el Reich. <strong>Dejando de lado las distancias, con el extremismo islámico sucede algo muy similar.</strong></p>
<p>Todo quien haya visitado Israel se percatará que el país constituye un apéndice de Occidente en Medio Oriente. Con una economía de mercado pujante, un sistema democrático y liberal, el contraste con sus vecinos árabes es tajante. Siendo estas sus características, para un yihadista Israel no solo es una calamidad de la peor índole por ser una entidad soberana judía, sino que además el país representa todos los valores que este se ha cometido a destruir. <strong>Para el islamista, Israel, además de ser un Estado que ha usurpado tierra islámica, es de lo más abyecto porque corrompe a los musulmanes con los supuestos valores frívolos y artificiales de la sociedad moderna, apegados con Occidente.</strong></p>
<p>Dar por entendido que el fenómeno del yihadismo dejará de existir luego de que israelíes y palestinos convengan una solución pacífica a sus disputas suena razonable, siempre y cuando se crea que la matriz del conflicto es territorial. Existen por supuesto controversias de esta índole, y que de acuerdo a lo pautado históricamente con mediación estadounidense, esperan ser resueltas mediante intercambios de tierras, a modo de acomodar a las partes involucradas. Pero eso no es todo, porque el conflicto esconde una importante faceta religiosa, ciertamente más intangible y difícil de apreciar que la cuestión territorial, mas no por eso menos importante. En este sentido, la tan ansiada paz para unos se convierte en la tan odiada traición para otros.</p>
<p><strong>El yihadismo no finalizará con una paz entre israelíes y palestinos.</strong> Quienes por el lado palestino hayan cedido al compromiso se convertirán inmediatamente en blancos antes que los propios israelíes. Análogamente, Estados Unidos y Europa no estarán más seguros frente al terrorismo islámico, porque al final de cuentas la campaña de los yihadistas va conducida contra Occidente en su conjunto, sin importar lo que este haga o deje de hacer. Siempre hay que tener presente que en sus fantasías utópicas, el ISIS busca impartir un califato a escala global, y no se contentará con retener soberanía en Medio Oriente.</p>
<p>Los yihadistas no serán apaciguados una vez solucionado el conflicto israelí-palestino. A estas alturas ha quedo en claro que las primeras víctimas del extremismo religioso son los propios musulmanes, y luego, sin falta, los occidentales.</p>
<p>Así como lo dijo el rey jordano, la lucha contra el extremismo debe pesar sobre las naciones musulmanas. Sin embargo, <strong>poner a Israel como condicionante o catalizador de la insurgencia islámica, además de no ser preciso, resulta malicioso en aras de comprender la verdad.</strong> Es desconocer el odio a todo Occidente, a sus valores y libertades, inherente en la mentalidad fundamentalista islámica.</p>
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		<title>Pintando el conflicto palestino-israelí color de rosa</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2014 11:29:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico Gaon</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El último jueves 16 tuve el privilegio de asistir a un seminario en la Universidad Torcuato Di Tella, dónde expusieron sus visiones dos distinguidos oradores: el embajador palestino ante Reino Unido, Manuel Hassassian, y el profesor israelí Edward Kaufman. Invitados por el Ministro de Relaciones Exteriores en el marco de una agenda para promover el diálogo entre árabes y judíos, ambos conferencistas hablaron desde la experiencia, y reflexionaron sobre los desafíos que le deparan al proceso de paz. Sin embargo, no sabría decir si el evento en sí representó un debate. Ambas ponencias parecieron más bien complementarse una con otra, y la única constante discutida fue la culposa responsabilidad que Israel tendría en no aceptar el plan de paz de la Liga Árabe, esbozado por primera vez en 2002. Es decir, en ningún momento, se planteó crítica alguna, por más pequeña que sea, a la gestión del liderazgo palestino en la resolución del conflicto.</p>
<p><strong>La propuesta de la Liga Árabe le exige a Israel abandonar los territorios capturados tras la guerra de 1967. A cambio del pleno reconocimiento diplomático, los israelíes deberían devolverle a los sirios las alturas del Golán, y retirar sus asentamientos y puestos militares de los territorios palestinos.</strong> Todos los Estados árabes -con la notoria excepción de Siria- endorsaron la propuesta, liderada por Arabia Saudita, el país que guarda las ciudades santas de Meca y Medina. Si bien todos podríamos estar de acuerdo que la formalización de tal propuesta es un gran avance, pues reconoce que el único camino es la paz con Israel, la realidad – que a mi criterio los conferencistas han obviado– es que hasta ahora los árabes se han mostrado inflexibles frente al prospecto de negociar dicha plantilla. En otras palabras, <strong>mientras que a Israel se le exigen históricos compromisos, a la Autoridad Nacional Palestina (ANP o PA) que gobierna en Cisjordania se le exige poco y nada.</strong></p>
<p>El profesor Kaufman explicó que aquello que para él es esencialmente un conflicto político y nacional, frente a la falta de una solución, se ha lamentablemente tergiversado en un conflicto religioso. Sugirió que en las últimas décadas las tablas han cambiado, y que hoy Israel es el principal culpable de la situación actual. Si antes los israelíes sabían separar entre la utopía, la idea de la redención de la Tierra Prometida, con la idea de un Estado basado en compromisos pragmáticos, hoy en día esta separación perdió sustento. En contraste, siguiendo el mismo argumento, si los árabes antes eran maximalistas indispuestos a ceder una parcela de territorio a los judíos, hoy se han percatado que deben comprometerse en función de un “interés ilustrado” por el bienestar de sus pueblos.</p>
<p>El embajador Hassasian insistió en la necesidad de pensar hacia adelante con optimismo, y se valió de la hipótesis de Kaufman para afirmar que las negociaciones con los israelíes fracasaron debido a la situación de asimetría entre una nación poderosa, y un movimiento nacionalista que aún no es Estado. Más adelante, insistió en separar el comportamiento errado de los extremistas musulmanes de lo que es el islam, y aseveró que Israel será un Estado paria de no acatarse a lo dispuesto por la comunidad internacional.</p>
<p><strong>Bien, está más que claro que son muchas las cosas que pueden legítimamente objetársele a Israel, no obstante me preocupa que en ningún momento se haya hecho siquiera mención a las reiteradas oportunidades que tuvo la dirigencia palestina para alcanzar un compromiso</strong>. Quizás el ejemplo más claro de esto fue lo que ocurrió tras las negociaciones de Camp David en el año 2000. En aquel entonces, Ehud Barak ofreció a Yasir Arafat el 97% de los territorios en disputa, incluyendo el desmantelamiento de 63 asentamientos judíos, la formalización de una capital palestina en los barrios árabes de Jerusalén oriental, y reparaciones en $30 billones de dólares para ser repartidas entre los refugiados palestinos. El punto es que Arafat dijo que no, pese a que lo único que tenía que hacer era ceder sobre algunas cuestiones menores, pero de vital importancia para la seguridad de Israel, como el uso del espacio aéreo palestino, y la soberanía hebrea sobre algunas partes del Muro de los Lamentos, cargado con un fuerte simbolismo religiosos para los judíos.</p>
<p>En su autobiografía, el expresidente Bill Clinton, mediador de las negociaciones, expresa que durante las mismas: “Estaba llamando a otros líderes árabes a diario para pedirles que presionaran a Arafat a decir que sí. Todos estaban impresionados con la aceptación de Israel y me dijeron que creían que Arafat debía aceptar el trato”. Por otro lado, de acuerdo con el testimonio de la viuda del legendario cabecilla palestino, éste utilizó deliberadamente la Segunda Intifada para crear tensiones que en última instancia presionarían más a Israel a ceder frente a mayores reclamos. <strong>Paradójicamente, la terquedad de la vieja guardia palestina solo logro reforzar a la derecha israelí, con la cual progresivamente comenzaron a suscribir influyentes formadores de opinión de este país.</strong></p>
<p>En un intento por forzar alguna mención a los errores de la ANP, le cité al embajador Hassasian informes de mecanismos especiales que hablan de la corrupción entre la dirigencia palestina, y le recalqué que Mahmud Abás debió, según lo estipulado, haber terminado su mandato en 2008. Mi pregunta fue: ¿cómo afectan estos hechos al proceso de paz, y si no piensa que es momento de abrir el foro a nuevos espacios políticos, a nuevos dirigentes dentro del liderazgo palestino?<br />
Salvando las distancias, imagínese el lector preguntarle a un funcionario kirchnerista sobre la corrupción o la inflación en la Argentina. El embajador desmintió mis “acusaciones” como insensatas aseveraciones de un estudiante universitario, y culpó a Israel de que no se hayan celebrado aún las elecciones presidenciales. Pero más a mi pesar, Kaufman, quien confesó su disgusto con el actual gobierno israelí, luego pasó a sugerir que este tipo de alegatos no hacen más que restar al dialogo para alcanzar una solución. Para ser sincero, creo que mi pregunta debería haber sido más amena en función de la situación. Hassasian es un político y como tal, dio respuestas de político. Sin embargo, creo que Kaufman, en su posición de académico que no ostenta un cargo público, podría haberse explayado sutilmente acerca de los problemas en la otra cara del conflicto.</p>
<p><strong>En suma, los disertantes se dedicaron a idealizar el plan árabe de 2002, que en teoría suena maravilloso, mas no se dedicaron ni un minuto a especificar cómo podría llevarse a cabo su implementación en el mundo real en el que vivimos.</strong> Se lo atacó a Israel por decirle al plan que no, pero no se explicaron sus reservas o preocupaciones. Sería interesante, para la próxima ocasión, presenciar un intercambio menos unidireccional, y más centrado en exponer distintos puntos de vista. De todas formas, rescato del evento el hecho simbólico de que dos destacadas personalidades de ambos lados puedan compartir una gira en conjunto. Estos hombres hicieron un sincero llamado a la importancia de la educación por la paz al largo plazo, a erradicar estereotipos y construir un futuro mejor. Pero como quien dice, de las palabras a los hechos queda un largo camino por recorrer.</p>
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