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	<title>Fernando Morales &#187; actividad marítima</title>
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		<title>Ejemplo de convivencia para aspirantes al gobierno</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2015 09:48:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco más de una semana, mientras me “calzaba” mi uniforme naval para oficiar de moderador de un seminario de intereses marítimos en el auditorio del Congreso Nacional, un sentimiento de profundo temor cruzó por mi mente. ¿Estaba seguro de lo que iba a hacer? Una decena de gremios movilizados, en su mayoría enrolados en la CGT opositora al Gobierno, estarían atentos dentro y fuera del recinto a las palabras que pronunciarían otros gremialistas, empresarios, marinos y, como broche de oro, el secretario de la Comisión de Intereses Marítimos de la Cámara de Diputados, Gustavo Martínez Campos (Frente para la Victoria, Chaco), que presentaría <strong>dos leyes que, de aprobarse, incidirán de manera superlativa en la actividad marítima y en la industria naval de la Nación.</strong></p>
<p>Llegar al Congreso no fue fácil, cientos de trabajadores del sector marítimo con bombos, banderas y petardos ofrecían el típico paisaje de las movilizaciones gremiales. Una vez dentro del auditorio, el paisaje no era menos pintoresco: Ingenieros navales se mezclaban con hombres luciendo las pecheras verdes de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), empresarios con pinta de serlo charlaban amistosamente con legisladores y muchos colegas de la Armada Argentina, más precavidos que yo, vestidos de civil, compartían la previa totalmente distendidos.</p>
<p>Y déjeme contarle, querido amigo lector, que <strong>me tocó conducir tres maravillosas horas de convivencia amistosa, amable, civilizada y alegre entre gente que no piensa de la misma manera,</strong> pero que se unió en torno a una idea que simplemente les insinúa un futuro mejor.<span id="more-842"></span></p>
<p>Sentados a mi lado, dos legisladores oficialistas celebraron el saludo de adhesión que leí y que había sido enviado por una diputada del PRO. Luego, sin dejar de reconocer lo mal que estamos, se esbozaron los pasos necesarios para poder estar mejor. Lo hicieron profesionales embanderados en ideas liberales, progresistas y conservadoras, con sus matices y sus divergencias, con vehemencia y entusiasmo, pero con una mirada común a la hora de manifestar su certeza sobre que solo estando unidos se podrá salir adelante. El talento está, solo faltan las herramientas necesarias para lograr el objetivo.</p>
<p>De más está decir que <b>no hubo insultos, no se rompió ningún vidrio, nadie se empujó con nadie a pesar de haber poco espacio para albergar a tanta gente y al final de la jornada empresarios, militares, gremialistas y profesionales salieron por la misma puerta, charlando tan amistosamente como al ingresar al salón.</b></p>
<p>Esto que le acabo de narrar no ocurrió en Suiza ni en Canadá, fue en esta convulsionada Argentina de agosto de 2015. La misma en la que un dirigente provincial tilda de “villerito europeizado” a un ídolo deportivo que dijo algo que no resultó, para el oído gobernante, políticamente correcto.</p>
<p>Aquella mañana, en el Congreso Nacional por alguna mágica razón se habló y debatió sobre problemas actuales y soluciones futuras para una porción de la patria, sin endiosar a Él a Ella, sin denostarlos tampoco, sin hablar de la década ganada ni del oprobio menemista, ni de la dictadura, ni de Juana Azurduy. Simplemente de problemas actuales y soluciones futuras.</p>
<p>Una gota de agua fresca en medio del barro de la sucia política que parece haberse adueñado de la escena nacional<b>. Kirchneristas, massistas y macritas fueron capaces de superar a sus respectivos mentores, tal vez entendiendo que por el camino que vamos no llegamos a ningún lado.</b></p>
<p><b>Tucumán resume lo peor, lo más nefasto y terrible de la situación por la que atraviesa Argentina.</b> ¿Quién duda acerca de la existencia de prácticas caudillistas en el interior del país? ¿Realmente nos asombra enterarnos de que se reparten limosnas horas antes de una votación? ¿Nos queda alguna duda de que el primitivo sistema electoral que seguimos utilizando es fácilmente vulnerable?</p>
<p>Urnas llenas de votos antes de iniciarse el acto electoral, urnas en las que hay más votos que votantes, urnas quemadas por temor a que al abrirlas arrojaran un resultado no deseado, corridas y tiros dentro y fuera de los colegios devenidos en centros de votación, y una larguísima lista de “percances propios de la cultura del lugar” (así definió los sucesos una autoridad provincial).</p>
<p>Luego del caos y del fraude expuesto con total descaro y crudeza, la reacción del pueblo, la marcha, la protesta, la represión por parte del poder, que no admite que tal vez pueda dejar de serlo, y lo que ya sabemos, la frustración, la bronca y la inevitable resignación ante el hecho consumado. Entre medio de cada estado de ánimo, políticos de uno y otro lado describiendo realidades opuestas y tratando de interpretar la voluntad popular.</p>
<p>Fronteras afuera de la convulsionada provincia norteña, la cosa no está mejor. <b>Es cada vez más evidente que vamos a la deriva</b>, literalmente a la deriva. El capitán del barco muestra claramente su fastidio hacia cualquiera de los tres candidatos a tomar el timón en diciembre. Parece empecinado en dejar el buque con proa a la colisión final antes de ceder el mando a su sucesor. Es espantosa la decisión, pero es más que evidente.</p>
<p><b>Los aspirantes a capitanear el país, por su parte, no parecen estar conscientes de lo que estamos esperando de ellos</b>, al menos alguna señal concreta del rumbo que desearían tomar, un guiño, un gesto, algo. Pero, según pasan las horas, vamos perdiendo las esperanzas, no hay horizonte visible ni antes ni después del anhelado 10 de diciembre, solo millones de palabras vacías de contenido.</p>
<p>Contrastando mi humilde experiencia democrática antes narrada con la patética situación nacional en la que estamos envueltos, me permito imaginar qué pasaría si tal vez desde los estamentos inferiores de la política se comenzara a revertir esta cada vez más destructiva y letal confrontación de mezquindades personales. Es lógico, aunque repudiable, que quienes compiten por el único sillón presidencial se ocupen solo de llegar a la meta, pero por debajo de ellos muchos dirigentes deberán compartir bancas parlamentarias, organismos de auditoría y control, consejos asesores, cámaras y tantas otras instancias de poder. <b>¿No será hora de que sean ellos los encargados de mostrar a nuestros “líderes” que su liderazgo da miedo y espanto?</b></p>
<p><b>Tucumán es hoy una postal de lo que ya no queremos volver a ver</b>. La popular <i>Luna tucumana</i> está hoy empañada por nubarrones de vergüenza y abuso de poder. Alguien dijo:  “La cuna de la independencia es hoy la tumba de la democracia”. Atentos, dirigentes, el pueblo espera algo de ustedes.</p>
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		<title>Un mar de diferencias</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 13:10:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa comparación entre nuestro país, Canadá y Australia. De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/08/27/un-mar-de-diferencias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa <strong>comparación</strong> entre nuestro país, <strong>Canadá</strong> y <strong>Australia</strong>.</p>
<p>De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no primera mandante), somos ganadores natos por paliza. Nuestro triunfo en todos los campos contrastados son casi más aplastantes que el triunfo electoral del oficialismo en la <strong>Antártida</strong> (sin contar la <strong>base Marambio</strong> -la del problema de aprovisonamiento- donde sobre 54 personas votaron sólo 3).</p>
<p><span id="more-293"></span>Las contundentes afirmaciones presidenciales generaron reacciones que abarcaron todo el espectro de lo posible. Desde el <strong>autoconvencimiento</strong> de las cada vez mayores virtudes del “modelo” hasta una abrumadora ola humorística que desplegó todo el potencial del tradicional humor vernáculo, capaz de tomarse en broma al mayor de los percances o tragedias.</p>
<p>Pero ante tanta <strong>convicción a la hora de subir al podio</strong> y concitar la atención nacional e internacional para pronunciar su discurso, es necesario creer que un presidente no hace frente al pueblo de la nación sin armarse de consistentes datos, provistos por un <strong>verdadero ejército de colaboradores y asesores que pulen cada detalle de lo que el “jefe” va a decir</strong>, de tal suerte de no dejar resquicios posibles para que analistas políticos, miembros de la oposición o malintencionados varios encuentren la forma de atacar lo dicho y minar la credibilidad de quien lleva sobre sus hombros las riendas de la Nación. Por otra parte, hacer afirmaciones a la ligera podría incluso ser tomado como una falta de respeto a la sociedad. ¿O me equivoco?</p>
<p>Siguiendo esta línea de razonamiento, cualquier argentino “bien nacido” debe resistir la crítica burlona y fácil, intentando por todos los medios a su alcance desentrañar detrás de las palabras y de la <strong>catarata de cifras y estadísticas arrojadas</strong> sin solución de continuidad su veracidad. La razón, motivo o circunstancia que dan fundamento a las expresiones vertidas y a su porqué. En definitiva, estudiar, analizar, informarse, invertir tiempo y esfuerzo como paso previo a emitir luego (sólo luego) un juicio de valor que permita avalar o retrucar lo que nuestra máxima representante hacia adentro y hacia afuera nos contó hace algunos días.</p>
<p><strong>Qué bueno sería que cada uno de nosotros se tomara el trabajo de profundizar la novedosa comparación presidencial, profundizando el análisis desde el campo de acción que es propio de nuestro trabajo o profesión</strong>, buscando tal vez el hilo conductor que nos lleve a apoyar o descartar con fundamento cierto, lo que tomado a la ligera nos causó tanta gracia.</p>
<p>Digamos que para predicar con el ejemplo,<strong> intenté hacerlo tomando en principio datos oficiales sobre las actividades</strong>, presupuesto, equipamiento, personal y demás aspectos <strong>de las Armadas de Canadá y Australia</strong> para compararlas con mi querida <strong>Armada Argentina,</strong> que es la que obviamente conozco desde muy joven.</p>
<p>Y bueno&#8230; La verdad es que <strong>los resultados no nos dejan muy bien parados</strong>. Para tomar por caso al país del norte de nuestro continente, sus destructores, <strong>HMCS Iroquis, Athabaskn y Alginkin, </strong>sus doce patrulleros oceánicos, sus cuatro submarinos, sus fuerzas de despliegue en el <strong>Atlántico </strong>y en el <strong>Pacífico</strong> (<strong>MARLANT</strong> Y <strong>MARPAC</strong>) sus planes de ejercitación y capacitación, la cantidad de horas en el mar, la antigüedad media de sus buques&#8230; En fin, <strong>todo, todo, absolutamente todo nos deja como decía mi abuela “a la altura de un poroto&#8221;</strong>. Si nos vamos a la nación de los canguros, la cosa no varía mucho: no tenemos ni para comenzar a hablar, con <strong>nuestros vetustos barcos (algunos ya eran viejos en la Segunda Guerra Mundial)</strong> nuestro<strong> escaso presupuesto para entrenamiento y mantenimiento</strong> de unidades navales y de superficie, y ni qué hablar los aviones.</p>
<p>Incluso considerando la “ventajosa” compra de aviones usados a <strong>España</strong> que estamos a punto de encarar y por la cual su majestad <strong>nos venderá aeronaves con 38 años de antigüedad</strong>&#8230; Pero en un afán desmedido por darle la derecha a las autoridades de mi país, podríamos también afirmar que las comparaciones de fuerzas navales entre países que tienen<strong> escenarios geopolíticos totalmente diferentes</strong> no debería considerarse como muy afortunada. Vaya uno a saber qué amenazas están afrontado por estos días estos dos países, rodeados seguramente de hipótesis de conflicto complejas, a diferencia del verdadero <strong>“mar de la paz”</strong> en el que vivimos aquí en el lejano sur, donde esas hipótesis son inexistentes ya que desde hace años cultivamos cada día una mejor relación con nuestros vecinos, los que no hacen más que agradecer cómo nuestras políticas de integración derraman bienestar a diestra y siniestra.</p>
<p>Sirvan como ejemplo <strong>Uruguay </strong>con las restricciones al turismo y el <strong>cepo al dólar</strong>; <strong>Brasil</strong> con las restricciones al comercio bilateral, y obviamente esta semana a <strong>nuestros hermanos chilenos, felices de la vida por las gentilezas que le prodigamos a sus aviones comerciales</strong>. Como ven, no es lo mismo.</p>
<p>Pero sin sacar los pies del agua, dejé de lado a corbetas, destructores y submarinos y me dediqué a refrescar los números de la actividad marítima. Hablamos de la marina que genera ingresos a las arcas de una nación por los fletes que cobra al exportar sus ventas en buques propios, o al ahorro de divisas que produce al importar sus compras en buques nacionales.</p>
<p>Acá la cosa se me complicó aún mas. <strong>184 buques integran la Marina Mercante canadiense </strong>totalizando una capacidad de bodega de casi 2.200.000 toneladas (esto es, la suma de la capacidad de las bodegas de todos los buques que enarbolan el pabellón de la “hojita roja”: 66 buques de carga aptos para cereal contra cero buques similares en nuestro país, 12 de carga general, con 2 portacontenedores de última generación, 14 buques para transporte de productos químicos, doce petroleros, 6 de pasajeros, 64 mixtos -carga y pasaje-). En fin, <strong>comparados con los pocos miles de toneladas que suman la decena de pequeños barcos que aún mantienen la celeste y blanca flameando en sus popas, no tenemos ni para arrancar.</strong></p>
<p>Por su parte la “decaída” Australia tiene apenas 8 buques aptos para carga a granel, 4 gaseros, 6 mixtos (carga y pasaje), 6 petroleros, 5 barcos del tipo Roll on/Roll off. Además, capitales australianos registran 45 buques bajo pabellones de otros países (banderas de conveniencia).</p>
<p>En cuanto al <strong>ránking mundial de marinas mercantes,</strong> mientras <strong>Canadá</strong> se ubica en el <strong>puesto 38</strong>, <strong>Australia</strong> lo hace en el <strong>70</strong>. <strong>Argentina,</strong> en tanto, ocupaba en 2012 el <strong>puesto 74</strong> pero si se consideran como argentinos los buques que por cuenta y orden de armadoras u operadoras locales lo hacen con bandera de otros países.</p>
<p>Abrumado por estos contundentes números (no abundo sobre los datos obtenidos para no aburrir al lector en demasía)<strong> me propuse a mí mismo “ponerle una ficha” a la actividad de la</strong> <strong>industria naval</strong> (astilleros, diques y talleres navales) <strong>pero con dos astilleros canadienses que visité se me borraron las ilusiones de poder traerles buenas noticias.</strong></p>
<p><strong>Propuesta para columnistas</strong></p>
<p>Como consuelo me queda concluir que al no haber mencionado la arenga presidencial en ningún párrafo algún aspecto relacionado con el mar y sus cosas, “Ella” sabía positivamente que en este aspecto nos pasan por arriba y por ello prefirió rumbear para otro lado. Es por ello que <strong>se me ocurre efectuar a los colegas columnistas una interesante propuesta: Qué ocurriría si cada uno en el área específica que domina </strong>(economía, política, cultura, ciencia, tecnología, arte, etcétera) <strong>hace un análisis parecido al que acabo de efectuar</strong>, ilustrándonos entre todos en una suerte de doble rol de alumnos y profesores<strong> a efectos de poder encontrar finalmente esos datos que nuestra presidente nos arrimó desde Río Gallegos</strong> y que tanto nos cuesta creer. Podrían incluso sumarse los distinguidos lectores, aportando datos cuando postean sus comentarios.</p>
<p><strong>Propongo que sólo luego de haber realizado este ejercicio, nos animemos a sacar conclusiones sobre la veracidad de sus dichos</strong>. Seguramente nos daremos cuenta que somos muy mal pensados y que emitimos juicios de valor injustificados. ¿No les parece?</p>
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