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	<title>Fernando Morales &#187; Armada</title>
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		<title>La última mentira de la década ganada</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Nov 2015 03:00:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ministerio de Ciencia y Tecnología]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si al menos por una vez la jefa de nuestro maltrecho Estado nacional fuera a cumplir la ley, el acto realizado en dependencias del pomposo Ministerio de Ciencia y Tecnología ha sido el último que legalmente haya encabezado antes de las próximas elecciones del 22 de noviembre. La norma sentencia que 15 días antes del comicio le queda vedado a quien detenta el poder publicitar actos de Gobierno que impliquen una solapada campaña electoral.</p>
<p>Esclarecida ya la población (por no decir avivada) de que los hospitales se inauguran sin camillas, equipos y médicos en su interior, que las obras faraónicas se bendicen una y otra vez sin que nunca lleguen a funcionar y que muchos emprendimientos tales como el tren bala o el polo cinematográfico se agotaron en simples maquetas y millonarios estudios de prefactibilidad, la arquitecta egipcia echó mano una vez más al misterioso mundo de la ciencia y la tecnología, con el convencimiento de que a la población en general se le hace muy difícil al día siguiente del anuncio constatar si esta vez hay algo más detrás del humo y la puesta en escena.<span id="more-886"></span></p>
<p><b> </b>En el marco del faraónico emprendimiento arquitectónico levantado en lo que —hay que reconocerlo— durante años fueron las ruinas de viejas bodegas, se celebraron varios “éxitos de la década ganada”. El primero fue la terminación de la segunda parte del predio ministerial, en el que un puñado de científicos y miles de jóvenes militantes trabajan (6.500 aproximadamente pagados por usted, querido amigo lector y por todos nosotros). El chiche tecnológico costó 500 millones de pesos, sin contar el mobiliario y el equipamiento tecnológico.</p>
<p>El megaproyecto es, por supuesto, “inclusivo”, así que no hay que ser un émulo de Newton o Einstein para poder disfrutarlo. Hay un parque lúdico para que todos podamos ensayar nuestras propias fórmulas, auditorios, mini teatros y un montón de otras bonitas cosas a las que lo desafío a ingresar sin pertenecer a ninguna agrupación oficialista. Si lo consigue, me lo cuenta.</p>
<p>En medio del fervor militante y la cara de espanto del candidato oficialista, quien extrañamente estaba sentado a un costado, como si padeciera alguna suerte de enfermedad contagiosa, la Presidente se dio el gusto —teleconferencia mediante— de “inaugurar” un nuevo radar primario “fabricado” íntegramente en el país.</p>
<p>Las comillas en los vocablos “inaugurar” y “fabricado” no son casuales. Se supone que una inauguración es real cuando, acto seguido, el elemento a estrenar entra en funcionamiento; no es este el caso, por cierto. Por otra parte, si fabricar es sinónimo de ensamblar, podríamos decir entonces que sí, que fabricamos radares, televisores, celulares y automóviles. Pero la Real Academia por ahora nos niega la derecha en ese aspecto.</p>
<p>Los pocos, pobres e ineficientes radares que tenemos desplegados hasta el presente son únicos en el mundo por una sola cosa: tienen horario de funcionamiento. En el mejor de los casos 8 horas al día; no sólo porque hay que cuidarlos, sino porque además falta personal para hacer turnos corridos y porque en muchos de los lugares en los que están emplazados falta energía eléctrica y se deben emplear motogeneradores que no son aptos para funcionamiento continuo.</p>
<p>Por otra parte, nuestra política de preservar los derechos humanos de los criminales narcotraficantes y la consecuente negativa a implementar una ley de derribo (cumpliendo todas las formalidades previas que el mundo tiene en práctica) hacen que entre la detección de un vuelo no regular y la actuación judicial respectiva pase tanto tiempo que el señor narcopiloto pueda ir y venir más de una vez por nuestro ultrajado espacio aéreo.</p>
<p>No conforme con “cuidar nuestro cielo”, la jefa fue por más e “inauguró” un “nuevo” buque científico. El Austral. Ella no bautiza buques, sostiene que se bautizan los bebés. Así que sepan todos, desde los vikingos hasta nuestros actuales marinos, cómo son las cosas y ¡sanseacabó!</p>
<p>El nuevo barco tiene bajo sus cubiertas casi 40 años de vida con el nombre de Sonne. Fue desafectado del servicio activo en Alemania, ya que las nuevas normas en materia de seguridad marítima lo dejaron sin trabajo. Son buques difíciles de desguazar (desarmar), porque la gran cantidad de amianto que tienen en su sala de máquinas los hace muy cancerígenos y los astilleros europeos prefieren no correr riesgos. <strong>Siempre hay un país sudamericano dispuesto a comprar chatarra a muy buen precio.</strong></p>
<p>Si bien es un buque civil, según me confió en primera persona el ministro del área: “Se lo daremos a manejar a los militares; no nos gusta la idea, pero son mucho más baratos que los marinos mercantes”. Y allí está nuestra Armada poniendo la cara y conformándose a falta de naves que hagan a la defensa nacional, haciendo de glamorosos choferes de científicos poco afectos a la disciplina militar.</p>
<p>Esta “joya” de la tecnología es otra de las adquisiciones realizadas en el exterior por un Gobierno que declama querer reactivar la industria naval nacional. Incluso después de haber colocado al dueño de un importante astillero marplatense al frente de un área afín a la actividad naviera, hasta ahora, no obstante, no han parado de comprar chatarra cara para cosas inútiles. Pero ya llegará la hora de los nuestros.</p>
<p>La incorporación se enmarca en el proyecto Pampa Azul, un plan de investigación plagiado del brasilero Amazonia Azul (podrían haberse esmerado un poco más con el nombre) y que busca iniciar una era de profundo conocimiento de nuestras riquezas marinas, en especial los recursos pesqueros.</p>
<p>Parecen haberse olvidado nuestros dirigentes que desde hace casi dos años el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep) se encuentra paralizado, entre otras cosas porque sus obsoletos buques no pueden realizar los relevamientos necesarios para que posteriormente la Subsecretaría de Pesca determine qué se puede pescar y cuánta cantidad se ha de permitir. <b>El mar argentino está sin control y es muy probable que estemos afectando seriamente nuestros recursos pesqueros a cambio de la entrega generosa de permisos de pesca en condiciones no del todo claras</b>.</p>
<p>Tal vez por vergüenza o tal vez por el fin de ciclo, la parodia naval realizada en el puerto de Mar del Plata tuvo pocos actores de uniforme. El almirantazgo faltó sin aviso, el capitán del buque no tuvo más remedio que poner la cara, y un sólo alto oficial, que además de ser una excelente persona ha llegado al final de su carrera, estuvo presente con cara de cristiana resignación.</p>
<p>Mientras ello ocurría, enviados militares de las tres fuerzas intentan explicar a ambos candidatos lo extremadamente grave de la situación defensiva de la patria. Saben que ni uno ni el otro dispondrán de fondos para atender las más mínimas necesidades. Pero necesitan al menos que quien detente el poder a partir de diciembre no les siga haciendo hacer el ridículo, ni ante el mundo ni ante sus propios subordinados, a los que cada vez les cuesta más mirar a la cara.</p>
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		<title>Mar de fondo</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 10:16:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Tal vez por alguna extraña alineación planetaria, los últimos días han tenido a las distintas ramas de la actividad marítima del país como protagonistas de situaciones de lo más variadas. La catástrofe ambiental que mantiene en llamas a miles de hectáreas de bosques y la tragedia marina acaecida la semana anterior frente a las costas... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/03/06/mar-de-fondo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Tal vez por alguna extraña alineación planetaria, los últimos días han tenido a las distintas ramas de la actividad marítima del país como protagonistas de situaciones de lo más variadas.</strong> La catástrofe ambiental que mantiene en llamas a miles de hectáreas de bosques y la tragedia marina acaecida la semana anterior frente a las costas de Villa Gesell han movilizado a hombres y medios de nuestra Prefectura Naval, Marina Mercante y Armada para distintas tareas de socorro que exaltan una vez más lo mejor de nuestras distintas vertientes de hombres y mujeres de mar</p>
<p>Por otra parte y en otro plano, la política; <strong>el relato y el modelo se ocuparon casi simultáneamente de obligar a propios y extraños a anteponer el mal uso que se le da a recursos materiales y humanos</strong>; los que una y otra vez se ven envueltos en actividades que los alejan de su vocación y de sus aptitudes profesionales.<span id="more-734"></span></p>
<p>Un poco por hartazgo y otro poco por una comprensible necesidad de hacer que la sociedad conozca algunas cosas, muchos marinos retirados y en actividad alzaron discretamente sus voces a efectos de que todos conozcamos <a href="http://www.infobae.com/2015/02/25/1629236-la-base-naval-mar-del-plata-parque-atracciones-turistas" target="_blank">la </a><strong><a href="http://www.infobae.com/2015/02/25/1629236-la-base-naval-mar-del-plata-parque-atracciones-turistas" target="_blank">grosera alteración de la actividad de la base naval de Mar del Plata durante casi tres meses</a>.</strong> La misma no pretendía conectar a la sociedad “terreste” con la actividad de la Patria en el mar. Todo lo contrario: <strong>un predio militar con funciones estratégicas tan sensibles</strong> como ser el asiento de la flota que patrulla y previene la pesca ilegal en una buena porción de nuestro mar, <strong>fue transformado en un parque de atracciones</strong>, que poco tenía que ver con el sano propósito de difundir una actividad profesional o despertar vocaciones.</p>
<p>Un viejo almirante me decía días pasados que <strong>en muchas partes del mundo las bases militares se abren a la comunidad</strong> – y es muy cierto-<strong> lo que no se hace en ninguna parte del mundo es alojar en instalaciones militares a activistas partidarios</strong> y usar a los medios navales como transporte de jóvenes o no tan jóvenes militantes, sin ninguna otra finalidad que su “sana diversión”.</p>
<p>Dentro del gran desastre nacional, cuando vemos una factura confeccionada a mano por una recién nacida sociedad anónima, por un monto varias veces millonario en concepto de servicios dudosamente prestados a una de las provincias más pobres del país, o cuando vemos la acumulación de causas por corrupción de los principales funcionarios del país, el gasto originado por los simpáticos pasajeros navales puede resultar insignificante. <strong>Lo grave es que de a poco nos vamos acostumbrando a la existencia de fuerzas militares que más allá de la finalmente lograda subordinación al poder político, se van transformando en el personal de servicio de los dirigentes de turno.</strong></p>
<p>Fue muy emocionante ver a miles de turistas sacándose fotos en la Fragata Libertad, y muy pintoresco también ver a los dinosaurios de tamaño natural que la custodiaban, no tan emocionante resulta saber que no zarpará este año para hacer aquello para lo que fue construida (instruir a los futuros oficiales de la armada) y que tal vez, y de acuerdo a como resulten los comicios, <strong>zarpará en “misión” a China;</strong> al parecer <strong>la tan declamada integración con las armadas latinoamericanas, ha dado paso a otro tipo de alianzas</strong> repentinas y acomodadas al nuevo y último capítulo del relato.</p>
<p>Y en este punto, querido amigo lector, usted se dará cuenta al igual que yo que nuestras vidas no cambiarán sustancialmente en función de los mares que vaya a surcar nuestro brioso velero mayor; es <strong>simplemente una de las tantas cosas que van dejando de servir a la Patria para servir a unos pocos</strong> y tal vez a satisfacer caprichos hormonales con muy poco sustento estratégico.</p>
<p>Completando este pequeño “panorama noticioso” <strong><a href="http://www.infobae.com/2015/03/03/1713689-una-unidad-militar-otra-vez-blanco-un-robo" target="_blank">un nuevo “robo militar”</a> fue ampliamente difundido durante estos días</strong>; esta vez una unidad académica de nuestra Armada fue visitada por rateros que dejaron a los cadetes sin un elemento vital para su formación. La noticia escaló rápidamente y este robo escolar compartió cartel con la desaparición de un misil y de 26000 municiones de combate. Tal vez con razón el devaluado Ministro de Defensa, argumentó que no podían compararse los hechos… Tal vez, sólo tal vez.</p>
<p>Estos tres episodios resultan por ahora los más visibles pero no los únicos. <strong>Un par de años atrás, de la misma escuela de la Armada que es noticia hoy, desapareció un colectivo</strong>. Algo más grande que una PC, y nunca nadie más lo vio y lo peor es que a nadie le importó. Y, retomando el párrafo anterior. me permito expresarle al Ministro que le doy la razón en cuanto a no comparar la peligrosidad de los hechos, pero todos tienen la misma gravedad. <strong>Todos tienen un hilo conductor común que puede resumirse a grandes rasgos en la total falta de interés político con una de las actividades fundamentales de la Nación.</strong> La Defensa y por añadidura la gente que en ella trabaja desde un cuartel, un depósito de munición, un buque o un aula.</p>
<p>Le voy a desdramatizar el último hecho. Nadie robó un arma estratégica, el mundo no está en peligro; dicho en términos callejeros; “se afanaron una computadora” importante para la enseñanza, pero tal vez quien la robó la use en este momento para chatear. <strong>Pero casualmente este es un especial predio militar que se encuentra en manos de un marino “militante”.</strong></p>
<p>El Director de este Instituto fue ungido por Néstor como funcionario nacional en el área del Ministerio de Interior y Transportes de la Nación. Su amor por la Patria es tan grande que funge también como funcionario de la Armada (Ministerio de Defensa) en calidad de director de la robada dependencia naval. Todo al mismo tiempo y por el mismo precio. <strong>Como fiel cultor del modelo, vocablos tales como seguridad, prevención, guardia, vigilancia o control, son malas palabras y retrotraen invariablemente a “las páginas oscuras de la dictadura”.</strong></p>
<p>Y aquí va mi reflexión para Ud., querido amigo: ¿cuáles son los nuevos paradigmas que indican que se puede tomar lo que es todos para usarlo en beneficio propio?; ¿que hacer las cosas bien está mal y que hacer algo tan malo como por ejemplo tener dos empleos del Estado &#8220;está bueno”?; <strong>¿por qué no pueden viajar alumnos destacados de todo el país en la fragata y sí lo pueden hacer los chicos y no tan chicos militantes K?</strong>; y, por fin y por último, ¿por qué es más grave para el modelo que las cosas se sepan a que las cosas pasen?</p>
<p>Mientras tanto, en silencio y a pesar de todo, muchos argentinos de mar enfrentan el fuego en los bosques o buscan náufragos en las aguas del Atlántico; en el fondo, y por más que se esfuercen, <strong>a ellos aún no les han podido aplicar el perverso veneno del relato nacional.</strong> Son ellos y tantos otros como ellos los que mantienen la llama de la esperanza encendida.</p>
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		<title>Si hubiera caído en el Atlántico Sur&#8230;</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Mar 2014 10:40:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Como tantas otras veces, <strong>la catástrofe del avión de Malaysia Airlines se adueñó de las primeras planas</strong> de diarios y revistas, del aire de nuestras radios y de cientos de minutos de éter televisivo; fueron protagonizados por expertos marinos, pilotos civiles, de las fuerzas de seguridad y hasta oportunos vendedores de simuladores navales para <strong>intentar explicar al público espectador cómo se busca un avión siniestrado en la inmensidad del mar.</strong></p>
<p>Tal como ha ocurrido en las últimas situaciones que han tenido al mar como protagonista -desde el último tsunami hasta la tragedia del Costa Concordia, pasando por el embargo de la Fragata Libertad-, el periodismo se lanza sobre distintos actores  principales o secundarios de la actividad naval vernácula, para intentar llevar a sus lectores, televidentes u oyentes, precisiones lo más aproximadas a la realidad de cada momento.  Descubren al mismo tiempo que, en algunos casos,<strong> la primera dificultad es qué preguntarle</strong> a quien se ha prestado al requerimiento periodístico ya que la cuestión marina es infinitamente más desconocida que cualquier actividad terrestre o incluso aérea.</p>
<p>En esta oportunidad , una vez que tomaron vida las versiones sobre el  descubrimiento de posibles restos náufragos en el poco apacible océano Indico, comenzó un largo raid de interrogatorios mediáticos del tipo:  <strong>¿cómo se busca un avión en alta mar?</strong>, ¿qué es un caso “SAR”? ( siglas de la versión inglesa de la frase, “Salvamento y Rescate”), ¿puede un buque mercante ser apto para un rescate de este tipo? E incluso alguna risueña cuestión sobre si habría algún problema en enviar un buzo a 4000 mts de profundidad…..</p>
<p>Y cada uno de los entrevistados, invariablemente trata de hacer comprender con mayor o menor habilidad didáctica, las elementales pero desconocidas realidades de la actividad marítima y naval, los límites a la tarea, los protocolos que rigen la asistencia en alta mar y hasta con infinita paciencia lo que le pasaría a un ser humano si llegara a sumergirse en la profundidad marina más allá de algunas decenas de metros.</p>
<p>Hoy – con mucho sentido común- un camarada me hizo reflexionar sobre la única pregunta que ningún periodista realizó. Me atrevo a acotar; <b>la única pregunta que afortunadamente ningún periodista realizó </b>y que no obstante es más que obvia:  ¿qué hubiera pasado si la infortunada aeronave hubiera caído en el océano Atlántico Sudoccidental; porción de mar bajo control y responsabilidad de nuestro país a la hora de organizar y poner en práctica un protocolo de <b>Salvamento y Rescate </b>conforme a lo dispuesto por el organismo pertinente de las Naciones Unidas a partir de 1979?</p>
<p>La respuesta (o parte de ella al menos) nos debería llenar de orgullo como argentinos. <strong>Cientos de hombres y mujeres de nuestras Armada, Prefectura Naval y Marina Mercante, estarían dispuestos a poner todo su talento y profesionalismo</strong> para cumplir cada uno desde su rol específico con la sublime misión de proceder en salvaguarda de la vida humana en el mar.  La segunda parte de la respuesta prefiero decirla en voz bajita para que el mundo no se entere. <strong>Todos esos brillantes profesionales tropezarían desde el primer instante contra la cada vez más alarmante falta de medios técnicos para cumplir con su labor</strong>. Buques no aprestados para una rápida zarpada, elementos de localización obsoletos o inoperables, aviones vetustos y faltos de mantenimiento, lanchas rápidas de patrulla que hace años se prometen y que no han pasado del tablero de dibujo de quien las diseñó, una marina mercante destruida que ya no cuenta con buques de pabellón propio a los que echar mano sin necesidad de mendigarlos a alguna autoridad consular extranjera, y toda la larga lista de impedimentos que prefiero no agregar para que luego no se diga que lo mío es pura oposición.</p>
<p>Pero la intención de esta reflexión, es en parte responder a algunos amigos lectores o amigos personales, que <strong>muchas veces me preguntan  para qué quiere nuestro país tener por ejemplo una Armada moderna</strong>, bien equipada, con gente entrenada y buques que funcionen de verdad. Una de las respuestas se obtiene simplemente mirando un mapamundi e indagando un poco sobre cuál es la responsabilidad de nuestro país sobre unos cuantos millones de metros cuadrados de océano en los que el mundo confía que, de ocurrir algún percance, allí estaremos. ¿Estaremos?</p>
<p>El orgullo profesional de más de un camarada se va a sentir herido al leer esta afirmación, precisamente porque es <strong>ese orgullo el que suple con creces las elementales carencias de la Patria en la materia,</strong> siempre postergadas por otras no más importantes pero tal vez más urgentes cuestiones terrestres (que no son lo mismo que las urgencias terrenales de algunos dirigentes).</p>
<p>La reflexión viene a coincidir con días especialmente dolorosos para la Patria;  <strong>la mayoría de nuestra juventud aún no ha iniciado las clases</strong>, tal vez muchos de esos jóvenes al deambular sin horarios que cumplir por las calles, sean presa fácil del flagelo de la droga la que al parecer se ha adueñado de las principales ciudades del país; o pueden también transformarse en víctimas o instrumentos de la creciente ola delictiva que no respeta ni edad, ni sexo ni condición social.</p>
<p>Podría ocurrir también que queden atrapados en los cientos de conflictos sociales que conforman ya nuestro paisaje cotidiano y hasta tal vez de la simple furia ciudadana que día tras día nos hace más difícil la simple convivencia vecinal.</p>
<p><strong>Uno debería pensar que nuestras máximas autoridades están al tanto de estas cuestiones, y que con un criterio propio de los grandes estadistas, se deban abocar a los conflictos docentes y sociales antes que a la problemática naval;</strong> el cálculo probabilístico indica que hay más posibilidades que ante una lluvia se nos inunde un barrio carenciado a que un avión caiga en nuestro mar.</p>
<p><strong>Pero cuando uno ve que por cadena nacional se nos arenga con orgullo sobre nuestra condición de inventores mundiales del alfajor de tres capas</strong>, y se nos exhorta a comer con avidez las galletitas que nos regala en cada vuelo la aerolínea estatal económicamente más perdedora del mundo; necesariamente hay que preguntarse no sólo acerca de “<b>en qué estamos</b>” sino además acerca de “<b>hacia dónde vamos</b>”  y como por estos días los discursos oficiales vienen expresados un poco en castellano, un poco en inglés berreta y otro poco en lunfardo, al sólo efecto de que la ciudadanía toda los entienda mejor, sería bueno reflexionar sobre el eje de la temática presidencial de la última cadena nacional. Digamos al respecto que “<b>Fantoche” viene a ser sinónimo de “persona muy presumida”. Pero también de “persona ridícula”.  </b>Qué quiere que le diga, amigo lector. De seguir en este camino va a llegar el día en que el que el emblema nacional que mejor nos represente, en lugar del escudo será un simple alfajor.</p>
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		<title>La capitana de la política y los nubarrones mediáticos</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Aug 2013 04:35:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Seguramente, amigo lector, coincidirá conmigo en reconocer una especial tentación de cualquier dirigente, sea cual fuera la actividad en la que ejerce su mando, a recurrir a las metáforas marinas para graficar los distintos avatares de su vida. No es menos cierto que la clase política hace un uso hasta casi abusivo de la dialéctica... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/08/22/la-capitana-de-la-politica-y-los-nubarrones-mediaticos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Seguramente, amigo lector, coincidirá conmigo en reconocer una especial tentación de cualquier dirigente, sea cual fuera la actividad en la que ejerce su mando, a recurrir a las metáforas marinas para graficar los distintos avatares de su vida. No es menos cierto que la clase política hace un uso hasta casi abusivo de la dialéctica marinera.</p>
<p>Desde <strong>Evita Capitana</strong>, pasando por Cristina (capitana también), hasta aquellos famosos “<strong>Capitanes de la Industria</strong>” y una vieja campaña política que con compases musicales arengaba “si el barco del gobierno se va a pique, la solución es &#8216;Udelpa&#8217; de Manrique”, son ejemplos más que suficientes para graficar el fenómeno. Para ser justos digamos que en el caso del difunto <strong>Paco Manrique</strong>, él sí era marino de verdad y tuvo la delicadeza de pedir la baja de la Armada para dedicarse a la política.</p>
<p><span id="more-287"></span>Es que la mística marinera es rica en recursos literarios que pueden aplicarse para graficar situaciones cotidianas de lo más variadas. “Haremos un cambio de rumbo de 180°”, “avanzamos a toda máquina hacia el éxito”, “deberemos capear el temporal económico”, “conduciré la nave de la Nación con timón firme” y hasta algún simple y lapidario “a los botes” hacen que quienes vestimos uniforme naval o ropa de paisano entendamos, de la misma forma, lo que nos están queriendo decir.</p>
<p><strong>Curiosamente, cuando alguien intenta hablar con algún político de un tema marítimo o naval concreto, se da cuenta de que sistemáticamente miran para otro lado</strong>, porque más allá de ingeniosas y oportunas metáforas marinas, <strong>no tienen la menor idea sobre qué es un buque y ni siquiera por qué será que flota</strong>. Pero ello es sólo una pequeña queja profesional que no es el objeto de la columna de hoy.</p>
<p>De la mano de esas metáforas, quien las emplea invariablemente se erige en “Capitán” de una nave imaginaria, asumiendo el rol de infalible conductor que nos protegerá de las más peligrosas acechanzas y desdichas llegando a puerto seguro con los tripulantes y pasajeros a salvo.</p>
<p>Las construcciones poéticas siempre nos remiten a hipotéticas figuras de <strong>capitanes valientes, sabios y con alto liderazgo que derraman esa sabiduría</strong> sólo acorde a aquel viejo concepto naval que reza “después de Dios, el Capitán”. Para pinchar el globo metafórico, bueno es recordar que <strong>con el advenimiento de la navegación satelital, internet y la telefonía celular, un capitán está más cerca de ser un gerente de sucursal, que el hijo de Dios en alta mar</strong>.</p>
<p>Pero <strong>si en alguna situación esa hoy devaluada figura de antaño se vuelve a agigantar es en la emergencia</strong>; en la resolución de lo imprevisto y urgente, en la capacidad tanto innata como adquirida para evitar que el problema se transforme en catástrofe. <strong>El verdadero capitán jamás se enojará con la tormenta que le impide avanzar</strong>, saldrá a capearla aunque para ello tenga que alterar el rumbo que había fijado . No insultará al mar que trata de acomodar la nave a su antojo; exigirá a fondo sus máquinas y dará precisas instrucciones al timonel para dirigir la proa hacia el curso más apropiado. Sabiendo siempre que la responsabilidad por las decisiones será finalmente suya, pero sin dejar por ello de consultar en la medida de lo posible con quienes están bajo su mando y de esa forma afianzar su criterio profesional.</p>
<p>Y para que tanto preámbulo, ¿no? Precisamente para darme el gusto al menos por una vez de usar a mi profesión y a sus ricas metáforas para una breve reflexión sobre la realidad del país (como hizo Manrique, salvando las distancias).</p>
<p><strong>Si bien el barco del gobierno está lejos de irse a pique, la tripulación está un tanto nerviosa porque el (casualmente) llamado “viento de popa” parece ya no soplar</strong>; además varios altos oficiales responsables de las distintas maquinarias de la nave no llegan a acertar con su puesta a punto y por lo tanto funcionan de manera muy irregular. El motor principal ( la economía) está escaso de combustible y por ende marcha mucho más lento de lo deseado y para colmo de males, entre los pasajeros de tercera segunda y primera clase, hace campaña un ex miembro de la tripulación y manifiesta sus intenciones de ser el capitán del buque en el próximo viaje. Y hay rumores tal vez malintencionados que indican que algunos colaboradores del capitán roban las provisiones de todos y las guardan en cofres privados. El jefe de Radiocomunicaciones se pasa el día entero comunicando “mal” las infinitas ventajas del rumbo trazado por la comandante, y claro… los pasajeros así se confunden. No puede pretenderse que la entiendan, si ellos de navegación política no saben nada.</p>
<p>Como si esto fuera poco, el clima está empeorando. En este caso contrariando las reglas básicas de la meteorología, <strong>el aumento de la presión (social) es presagio de mal tiempo y negros nubarrones acechan por babor, estribor, proa y popa</strong>. De las variadas formas y características de esas nubes hay algunas en especial que (en mi opinión) injustificadamente desvelan el sueño del capitán (o la capitana, como usted prefiera). Son <strong>los temibles nubarrones mediáticos</strong>.</p>
<p><strong>Ella, instalada en el puente de mando, parece más ocupada en pelear con esas nubes a las que culpa de todos los sobresaltos del barco, que en usar su arte, ciencia oficio y profesión para elegir el rumbo que neutralice su supuesto poder de daño</strong>. Ha elegido un curso de ruta un tanto peligroso para ella misma, para la nave y por supuesto para los pasajeros (nosotros y nosotras). Cree fervientemente ver nubarrones corporativos, nubarrones “<em>house organ</em>”, nubarrones cipayos, nubarrones titulares y nubecitas suplentes, todos armónicamente articulados por obra y gracia de un poder extraordinario y plenipotenciario que como único objetivo persigue el hundimiento de la nave y su comandanta para desgracia del resto de tripulantes y demás almas presentes a bordo.</p>
<p><strong>La nave ya no rola (balanceo lateral) suavemente, más bien cabecea de manera abrupta e incómoda</strong>; ningún oficial se anima a sugerir un pequeño cambio de rumbo por miedo a ser pasado por la quilla. Ella sigue atenta a los malignos nubarrones, olvidándose de atender las otras variables de la buena navegación. La estructura del barco es sólida y resistente, pero cruje y se resiente cada día más, los pasajeros saben que el viaje bajo su mando aún es largo. Pero confían y hasta ansían que en un puerto de escala al que llegarán en un par de meses aborden la nave nuevos tripulantes que reemplazaran en parte a oficiales y marineros desgastados por tantos años de navegación. La <strong>capitana está molesta porque estos nuevos tripulantes no serán elegidos por su infinita sabiduría (más bien todo lo contrario).</strong></p>
<p><strong>Todos estarían más tranquilos si la capitana estuviera serena, si enfrentara las asechanzas con mano firme pero mente calma, si invirtiera el tiempo en trazar la mejor derrota</strong> (&#8220;derrota&#8221; es el curso de la ruta, no me refiero a ningún resultado electoral) en lugar de pelear con las nubes vía Twitter, Facebook o cosas por el estilo. Cómo podríamos hacer desde nuestro humilde rol de pasajeros de tercera clase para decirle a la capitana que aprenda a interpretar lo que están marcando los instrumentos; los termómetros y manómetros que tiene a su alcance y que parece empecinada en no atender; cómo podríamos hacer para que se diera cuenta que muchos de sus oficiales, sin llegar todavía a amotinarse, comienzan a murmurar delante de los pasajeros que el rumbo no es el mejor. De qué manera se podría hacerla virar para evitar ahora tener el viento francamente de proa y en progresivo y peligroso aumento.</p>
<p><strong>Sus tan odiadas nubes no son su enemigo, son sólo una consecuencia del clima reinante</strong>; no podrá hacerlas desaparecer de su horizonte por muchos gritos y amenazas que ella o sus cada vez más pocos fieles oficiales les profieren. Sólo podrá despejar su horizonte si timonea la nave hacia un rumbo un tanto más propicio que el que irresponsablemente insiste en mantener. Cómo hacer para que no cometa la misma torpeza del legendario capitán Sdmith (Titanic) quien desoyó una y otra vez las claras señales que le indicaban que el peligro no estaba en las nubes sino bajo la superficie del mar.</p>
<p><em>Dedico esta columna a todos los hombres y mujeres que día tras día tratan de informarnos según su mejor y más leal saber y entender.</em></p>
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		<title>Fito Paez, la Antártida y el Almirante Irizar: caprichitos muy caros</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Jun 2013 05:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si hay algo que &#8211; al menos en teoría- es impecable en la administración de los recursos del Estado, es el sistema de contrataciones públicas, llevado a su casi perfección entre 1990 y 2000, época de gran cantidad de obras públicas y de una no menor cifra de escándalos políticos, judiciales y administrativos en materia de compras estatales y recientemente... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/06/25/fito-paez-la-antartida-y-el-almirante-irizar-caprichitos-muy-caros/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que &#8211; al menos en teoría- es impecable en la administración de los recursos del Estado, es el<strong> </strong><strong>sistema de contrataciones públicas,</strong> llevado a su casi perfección entre 1990 y 2000, época de gran cantidad de obras públicas y de una no menor cifra de escándalos políticos, judiciales y administrativos en materia de compras estatales y recientemente retocado mediante el decreto 893/2012 (recomiendo su atenta lectura).</p>
<p><strong>La creación del sistema denominado “Transparencia”</strong> al que se accede simplemente <em>googleando </em>“<strong>ONC</strong>” (<strong>Oficina Nacional de Contrataciones</strong>) es tan simple de entender que a poco de navegar sus páginas cualquier novel aspirante a contratista descubre cuáles son las condiciones que debe cumplir si desea vender un lápiz al Estado nacional, ofrecer un recital en una fiesta para todos y todas o reparar un rompehielos.</p>
<p>No es por cierto imposible trabajar legalmente para el Estado; inscribirse como proveedor, elegir el rubro o rubros en los que se ofrecen servicios, presentar balances, antecedentes y fundamentalmente demostrar cada cuatro meses mediante un certificado fiscal emitido por la <strong>AFIP</strong> que no se tiene deuda fiscal son las premisas básicas que, si no se cumplen (junto a otras ), deberían indicarle al aspirante a contratista que es mejor abstenerse.</p>
<p>Tan perfecto es el sistema que <strong>la propia Oficina Nacional de Contrataciones ha organizado reiterados cursos para funcionarios y contratistas</strong>, por los cuales todos los que alguna vez hemos Estado de uno u otro lado del mostrador estatal sabemos perfectamente cuáles son las reglas de juego.</p>
<p>Recientemente tomó estado público una<strong> </strong><strong>millonaria contratación por parte de la Secretaría de Cultura</strong> para contar con los servicios artísticos del cantante <strong>Fito</strong> <strong>Páez</strong>; no se hizo en forma directa con el cantante sino por intermedio de la productora artística<strong> </strong><strong>Siberia SA.</strong></p>
<p>La perfección del sistema de contrataciones al que aludimos permitió que a pocos minutos de conocerse los detalles de la contratación, <strong>cualquier ciudadano desde su PC pueda comprobar que Siberia SA no posee certificado de habilitación fiscal para contratar con el Estado</strong> (lo que no implica que sea evasora o nada por el estilo, simplemente <strong>no puede contratar porque no cumplió el trámite de solicitar la constancia fiscal de libre deuda</strong>) y lo que es peor es que esa empresa<strong> jamás se inscribió como proveedora del Estado</strong>. Lo que resulta bastante difícil de explicar es cómo habrá sido el pago a esta firma, ya que el sistema sólo habilita el depósito en cuenta corriente bancaria a proveedores registrados (recordemos que el sistema es perfecto).</p>
<p>La noticia escaló por la fama del protagonista más que por la suma involucrada (una nimiedad en comparación al gran derroche estatal) pero se suma a otros escándalos recientes en materia de contrataciones públicas, como por ejemplo<strong> </strong><strong>la bochornosa campaña antártica que insumió 90 millones de pesos</strong> <strong>contratados en parte con monotributistas y empresas intermediarias radicadas en el exterior</strong> con el triste agregado de que, a diferencia de Fito (que no defraudó a su público), el servicio contratado para atender a las bases antárticas fue pésimo.</p>
<p>Bueno es recordar que se debió licitar un servicio de transporte antártico, porque desde hace años el<strong> rompehielos</strong> <strong>Almirante Irizar intenta ser reparado con poco éxito en una dependencia estatal</strong> (<strong>Tandanor</strong>) que por más buena voluntad que detente por parte de obreros y directivos no es el lugar adecuado para una tarea de semejante envergadura si se lo compara con los también estatales <strong>Astilleros Río Santiago,</strong> ubicados -claro está- en el hostil territorio bonaerense.</p>
<p>Así las cosas, sean un par de millones o decenas de ellos, sea un recital de un par de horas o una reparación naval de 6 años, se trate de la intención de reemplazar el tradicional desfile y las canciones patrias por cantantes de rock ataviados con bolivarianos colores o de asegurar la subsistencia de cientos de argentinos haciendo patria en el continente blanco, <strong>todas estas contrataciones públicas tienen un denominador común que excede incluso a la primaria sospecha de corrupción. Satisfacen irracionales caprichos.</strong></p>
<p>Varios jefes y expertos navales recomendaron oportunamente a la entonces ministra <strong>Nilda Garré</strong> sobre la conveniencia de reparar el rompehielos en un astillero de envergadura como lo es <strong>Río</strong> <strong>Santiago</strong> (el astillero que construyó buena parte de los buques de la <strong>Armada, Fragata Libertad</strong> incluida).</p>
<p>Pero<strong> </strong><strong>el capricho ministerial determinó que el destino fuera otro y el gustito ya nos va a costar casi 1000 millones de pesos</strong> (dos rompehielos y medio). La gestión Garré acertó, no obstante, con la elección del reemplazo del averiado Irizar y durante varias campañas el buque ruso <strong>Vasily Golovnin</strong> cumplió su tarea con eficiencia y a un costo razonable. Pero su sucesor al frente del ministerio de defensa, <strong>Arturo</strong> <strong>Puricelli</strong>, quiso ponerle su impronta a la gestión y contrató a un buque apto para transportar automóviles pero totalmente inadecuado para la tarea requerida. Otro caprichito… el que por mucho que sea defendido por el actual ministro <strong>Agustín Rossi</strong>, tiene a la <strong>base Marambio</strong> al borde del colapso.</p>
<p>Falta saber ahora cuál habrá sido el funcionario que nunca llegó a ver desde una cómoda butaca de algún teatro a Fito Páez y se dijo así mismo “ahora que tengo la manija, lo contrato y listo&#8230; total con media hora de recaudación por impuesto al cheque, retenciones al agro, ganancias a la cuarta categoría o alguna pavada de esas lo pago&#8221;.</p>
<p>El anterior párrafo es una mera construcción imaginaria, pero sirve para graficar y para preguntarse cuáles serán los criterios de quienes manejan desde su área de acción los dineros públicos y para reflexionar sobre si realmente no lo estarán usando como si fuera propio.</p>
<p>Solemos escuchar más veces de lo que quisiéramos frases tales como “yo que les pago el sueldo”, “aquí les traje ayuda”, “voy a hacer esto, aquello o lo de mas allá” como si realmente estuviéramos conducidos por un grupo de mecenas que gentilmente nos abren su billetera para satisfacer nuestras necesidades primarias, secundarias y terciarias.</p>
<p>Y lo grave del asunto es que cuando se echa mano a lo que es de todos en forma irresponsable o delictual pero sabiendo que no es propio, puede surgir (tal vez) el arrepentimiento, el miedo a ser descubiertos y/o el temor al castigo judicial. <strong>Pero cuando se hacen tropelías administrativas y económicas con la convicción de que encima están bien hechas, estamos en problemas ya que ninguna barrera inhibitoria aplica a quienes no llegan a percibir la diferencia entre lo que está bien o lo que está mal</strong>, entre lo legal o lo ilegal.</p>
<p>Hace muchísimos años un superior me reprochó severamente por haber perforado un mamparo (pared) de mi camarote para colgar un retrato familiar: “No muchacho, eso no se hace”. Aunque me costó entenderlo, tenía razón. “Mi camarote” no era mío, era el lugar que el Estado nacional me brindaba para que pueda vivir dignamente mientras cumplía mi trabajo de marino, lo que es sustancialmente diferente.</p>
<p><strong>Serios problemas nos aguardan si los “timoneles de la Nación” siguen perforando los bienes y recursos del país</strong> con el mismo criterio con el que irresponsablemente perforé el mamparo de mi camarote, pero <strong>con el agravante de no contar con superior alguno que les diga “No muchachos, así no”.</strong></p>
<p>Y como el todo siempre es superior a alguna de las partes,<strong> </strong><strong>tal vez sea la ciudadanía la que deba advertir y corregir el error</strong>; en paz, en democracia, en libertad pero con absoluta severidad, antes de que por tanto perforar y perforar la Nación se vaya a pique.</p>
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