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	<title>Fernando Morales &#187; Brasil</title>
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		<title>Latinoamérica y ella</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Oct 2015 03:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[SI viajar es un placer, hacerlo representando a la institución a la que uno pertenece es más bien un orgullo. Los foros internacionales tienen una mística muy especial que se ve coronada cuando al ocupar el sitial asignado, la bandera de la patria nos cuida las espaldas. Entre el 19 y el 23 de octubre,... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/10/28/latinoamerica-y-ella/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>SI viajar es un placer, hacerlo representando a la institución a la que uno pertenece es más bien un orgullo. Los foros internacionales tienen una mística muy especial que se ve coronada cuando al ocupar el sitial asignado, la bandera de la patria nos cuida las espaldas.</p>
<p>Entre el 19 y el 23 de octubre, la Armada de Brasil fue anfitriona en varias de sus sedes de la XIX Cumbre Anual de la Federación Internacional de Ligas y Asociaciones Marítimas y Navales (Fidalmar), una organización internacional que reúne a instituciones navales de América y Europa, y que en la práctica sirve para que las marinas de guerra, mercante y la industria naval del anfitrión expongan ante sus pares visitantes sus potencialidades y sus proyectos en curso.</p>
<p>En esta ocasión, fueron sobresalientes las exposiciones de Brasil sobre su plan de construcciones navales, la fuerte actividad industrial relacionada con las actividades petroleras en alta mar y su plan de submarinos nucleares.</p>
<p>Perú mostró con orgullo su pronta puesta en servicio del buque escuela Unión, una promesa cumplida por parte del poder político a los militares locales.<span id="more-868"></span></p>
<p>La Argentina cosechó aplausos en el aula magna de la Escuela de Guerra Naval carioca cuando el capitán argentino Julio González Insfrán describió magistralmente la posibilidad de transformar los enmarañados ríos que atraviesan longitudinalmente nuestro continente en una enorme vía hídrica que facilite la logística del transporte internacional y que sirva además como desarrollo de poblaciones ribereñas de al menos siete países de la región. Hace falta, claro está, algo que no siempre está disponible en la región: talento y voluntad política.</p>
<p>Pero además de la satisfacción personal por haber encabezado la delegación nacional, esta reunión con hermanos brasileros, peruanos, colombianos, dominicanos, chilenos y españoles, entre otros, me deja la profunda sensación de que <b>nuestro “modelo nacional y popular” ha dañado no sólo cada estamento de la patria, sino que además ha resentido a un punto casi extremo la relación del país con vecinos cercanos y no tanto</b>.</p>
<p>Tal vez, cuando le cuente lo que he de contarle, usted concluya que como mis interlocutores son mayoritariamente militares resulta lógico que un régimen populista no sea bien visto. Pero le puedo asegurar que pensando eso mismo intenté profundizar en las ramas civiles de cada delegación con idéntico resultado.</p>
<p><b>¿América no nos quiere o no la quiere?</b></p>
<p>Brasil no es un país que se caracterice precisamente por ser amigable con la lengua española. La televisión carioca no es la excepción y obviamente allí no llega ni TN ni la TV pública. Así que si uno quiere información sobre la actualidad nacional, debe ocuparse de procurársela.</p>
<p>Para mi sorpresa, cada mañana mis camaradas americanos inundaban el desayuno con las últimas novedades del proceso electoral argentino. Duchos manejadores de portales digitales de sus respectivos países, solía verme rodeado de avezados analistas políticos de la realidad nacional.</p>
<p>Invariablemente, detrás de cada comentario venía la inexorable sentencia: “Dios quiera que puedan tener un cambio”, “¡Cómo han soportado tanto!” o “Si siguen por ese camino, serán Venezuela en poco tiempo” y cosas por el estilo.</p>
<p>En otras circunstancias, uno debería cambiar de tema y marcarle a su interlocutor de la forma más elegante que pueda que no está dispuesto a discutir política nacional con extranjeros. Pero con ello uno sólo lograría no enterarse de lo que de todas maneras piensan de nosotros o de nuestra realidad en el exterior, y en el fondo eso no cambiará las cosas, simplemente nos ajustará más la venda en los ojos. Tal como ella quiere que la tengamos.</p>
<p>Ya en la tarea de indagar sobre los motivos de semejante fervor anti K, resulta fácil descubrir las molestias brasileñas o chilenas. El descontento carioca es tan grande que desde funcionarios públicos de medio nivel hasta el conserje del hotel el fastidio brota apenas se rompe la más mínima barrera protocolar.</p>
<p><b>Larga es la lista de desplantes, compromisos rotos, cambio de reglas de juego, marchas, contramarchas y detenciones en materias relacionadas con actividades comerciales, industriales, turísticas y obviamente militares</b>. Un funcionario carioca me asestó un golpe mortal cuando al ofrecer mi tarjeta de crédito para pagar el almuerzo me dijo: “¿No te hará problemas tu país por gastar divisas al pagar mi comida?”. Sobrevino inevitablemente una larga enumeración de los perjuicios que nuestra actual política cambiaria le origina a los términos de intercambio bilateral.</p>
<p>Motivos bien diferentes son los que provocan el recelo peruano, pero básicamente lo errático e impredecible de nuestra política exterior y el ninguneo que perciben de parte de nuestras autoridades hacia cuestiones que para su país son importantes, fueron rigurosamente facturados. Entienden, por otra parte, que en sus problemas marítimos con Chile la neutralidad Argentina es más que justificable.</p>
<p>¿Cómo pedirles a los colombianos que no se sientan molestos por nuestro irracional encuadre con el régimen venezolano? Lo que para nosotros es casi una comedia es realmente para buena parte de Colombia una verdadera tragedia que no ha pasado a mayores sólo por el temple y la mesura de la clase política y la subordinación militar. Un oficial de la Infantería de Marina colombiana describió la situación en la frontera de ambos países como catastrófica. Argentina, en tanto, ve al régimen de Nicolás Maduro como la panacea de la región.</p>
<p>Qué decir de lo que sienten los españoles sobre un Gobierno que no sólo cambió la historia del descubrimiento de América transformando a Colón en una suerte de genocida, sino que además cambió el proceso de recuperación de YPF por una irrupción compulsiva en las oficinas de la empresa y el desalojo a empujones de funcionarios ibéricos que simplemente estaban cumpliendo el trabajo que su empresa les había encomendado. Tal vez, por el mal trato que a diario nos dispensan nuestras autoridades como ciudadanos, no nos damos cuenta de que para el resto del mundo los hombres y las mujeres de bien merecen tan buen trato como el que en nuestro país les brindamos a delincuentes, sean estos cuentapropistas, ministros o vicepresidentes.</p>
<p>A las 20 horas del 25 de octubre, el avión que me traía de regreso tocó pista en Ezeiza. Se encendieron los celulares, se comenzaron a recibir noticias. El avión se tiñó de fiesta: todos recibían datos más o menos parecidos y todos los comentaban sin poder creer la contundencia. Me encaminé hacia la escalerilla del avión (la empresa que me trajo de regreso está castigada y le restringen el uso de la manga) para saludar al comandante de la nave con un simple “Buenas noches”, me estrechó la mano y me dijo: “Felicidades”. Nunca sabré por qué me lo dijo, aunque obviamente lo imagino.</p>
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		<title>¿Policía militar o militares policías?</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Sep 2013 11:30:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente de la mano de la gran tragedia electoral originada en esa suerte de encuesta nacional que fueron las <strong>PASO</strong> (toda vez que sacando a la agrupación <strong>UNEN</strong>, nadie las utilizó para dirimir en una interna los candidatos que competirán en octubre), <strong>el relato nacional comienza a borronearse </strong>en buena parte de su guión y lo que hasta ayer no era factible y en algunos casos ni imaginable, ahora termina siendo algo que siempre había estado en la mente y el corazón de nuestro tan particular gobierno nacional y popular para todos y todas.</p>
<p>Es así que pasamos de condenar la existencia de <strong>paraísos fiscales</strong>, a convocar a grandes evasores nacionales e internacionales a traer sus <strong>divisas</strong> y blanquearlas en nuestro sistema bancario sin mayores trabas. De la misma manera, puertas cerradas con siete candados para “desdicha” de acreedores que no supieron aprovechar las ventajas de nuestros generosos <strong>canjes de deuda</strong>, se abren ahora como por arte de magia para que los avaros de ayer recapaciten y se tienten con esta nueva y generosa oferta que estamos a punto de realizar.</p>
<p><span id="more-302"></span>Gobernadores tibios que merecían ser vomitados por Dios, realizaron una metamorfosis sólo comparable a la transformación del gusano de seda en mariposa, y su rostro sonriente empapela de norte a sur la provincia de Buenos Aires, escoltando al candidato oficialista y la presidente (a esa misma que hace un par de meses lo saludaba con fastidio).</p>
<p>Las exiguas arcas de la Nación, tan demandadas por exigentes planes sociales, <strong>desmedidos gastos propagandísticos</strong> e<strong> ineficiencia administrativa generalizada</strong>, se multiplicaron como los peces y panes de la Biblia (sin el error del presidente <strong>Maduro,</strong> por favor) y ahora permiten incrementar los mínimos no imponibles de la cuarta categoría, algo que la irresponsable oposición venía solicitando y que resultaba imposible hasta ayer nomas. Ni que hablar de la <strong>súbita preocupación oficial por la creciente inflación</strong>, esa por cuya culpa fueron multados (aunque luego eximidos por la justicia) los principales analistas y consultores económicos del país.</p>
<p>Si la crema de este postre es la <strong>masiva presencia de candidatos y funcionarios oficialistas en radios y canales de la demoníaca corporación mediática</strong>, la frutilla se las presento en el párrafo siguiente.</p>
<p><strong>Señoras y señores: la inseguridad existe, no es una sensación, no está amplificada por los medios</strong>, no tenemos las ciudades más seguras de la región, y lo que es peor, es absolutamente cierto que nos están matando peor que a perros, tanto sea por un portafolios lleno de billetes, como por un celular de alta gama, un par de zapatillas usadas o simplemente porque sí.</p>
<p>Y de la mano de esta última, trágica y tardía toma de conciencia gubernamental se viene a derrumbar quizás el bastión más emblemático de la “<strong>década ganada</strong>”: la tan declamada y ostentada <strong>separación definitiva, total y absoluta del instrumento militar de la Nación para ser empeñado en tareas de seguridad</strong>. Cuando en la tarde del pasado sábado, el teniente coronel <strong>Sergio Berni</strong> arengó militarmente a una enorme formación de gendarmes exhortándolos a esmerarse en su lucha policial contra el delito organizado, rematando sus palabras con un marcialmente impecable “subordinación y valor” muchos de los uniformados se quedaron pensando &#8220;y ahora, ¿qué respondemos?&#8221;. Sin lugar a dudas, el hombre se confundió de desfile. <strong>En  tiempos de paz los gendarmes no están para defender a la patria</strong> (tradicional respuesta militar ante ese requerimiento), <strong>a la patria la defienden los militares.</strong></p>
<p>Apremiados, yo diría apremiadísimos, por la creciente <strong>ola delictiva</strong> que jaquea a todo el país pero parece sentirse con más virulencia en las grandes urbes bonaerenses, <strong>el gobierno acaba de disponer replegar al grueso de la Gendarmería de las fronteras del noroeste del país</strong> para inyectarlas en calles y rutas del Gran Buenos Aires. Paralelamente, 4.500 efectivos militares (seguramente del Ejercito y de la Armada) pasarán a patrullar las fronteras terrestres y fluviales de la patria.<strong> Sí, amigo lector, leyó bien. Militares, los del sable y las botas, los que varias veces se levantaron contra el orden institucional</strong> (claro, eran otros, no éstos; siempre lo decimos pero nunca nos escuchan) <strong>y esos mismos a los que “Él” les dijo “no les tengo miedo”.</strong></p>
<p>Es muy probable que en los próximos días, enviados especiales circulen por los medios explicando que las leyes de Seguridad Interior y de Defensa han considerado la intervención de las fuerzas armadas en tareas de <strong>apoyo logístico</strong> a las operaciones de las fuerzas de seguridad. Prestar un radar, brindar transportación aérea, naval o terrestre. Inteligencia criminal e incluso recursos humanos especializados en diversas áreas, es algo que verdaderamente está previsto y por supuesto que está muy bien que así lo esté.</p>
<p>Pero al margen de lo que nos puedan decir, lo que está a punto de suceder es la afectación lisa y llana de miles de soldados para ejercer el <strong>control efectivo de fronteras secas y húmedas</strong>, y no para prevenirnos de un potencial ataque de fuerzas militares regulares de un Estado extranjero (eso dice la Ley de Defensa, ¿no?), sino para controlar y evitar la violación del territorio por parte de indocumentados, narcotraficantes, contrabandistas varios y tal vez, si hace falta, también para chequear los papeles de inocentes turistas o navegantes deportivos que surcan los ríos internacionales.</p>
<p><strong>¿Y cuál es el problema? Si me lo preguntaran a mí en lo personal, diría que casi ninguno. Chile, Brasil y Uruguay utilizan sus fuerzas armadas racional y acotadamente cuando las necesidades así lo indican.</strong> Recuerde, amigo lector, quién custodiaba la famosa pastera finlandesa de <strong>Fray Bentos</strong> durante la <strong>crisis con los ambientalistas argentinos</strong> o quiénes son los que, armados hasta los dientes, penetran en las temibles <strong>favelas</strong> <strong>brasileras</strong> cuando las cosas se salen de cauce. Si pensó en militares, acertó. El gran país del norte moviliza a su “guardia nacional” cuando alguna situación se sale de madre y la Estatua de la Libertad no se avergüenza por ello.</p>
<p>El problema evidentemente no radica en recurrir a las <strong>FFAA</strong> en situaciones de emergencia nacional de catástrofes o urgencias varias. El problema<strong> </strong>se presenta cuando luego de armar todo un andamiaje legal, comunicacional y hasta casi cultural apuntando en un sentido, necesitamos de pronto <strong>disparar la acción en sentido contrario.</strong></p>
<p>La Torá, El Nuevo Testamento y el Corán son claramente libros sagrados. Pero es recomendable que sean leídos con devoción en la sinagoga, la iglesia o la mezquita, según corresponda. Intercambiar los textos sagrados ubicándolos en los templos equivocados no augura buenos resultados.</p>
<p>Y precisamente nuestro gobierno suele ser particularmente fundamentalista para cumplir a rajatabla lo que las sagradas escrituras del modelo determinan para cada aspecto de la vida del país. Seguramente -aunque con muy probables reservas en el íntimo fondo de sus mentes y corazones- <strong>los militares marcharán a las fronteras, para hacer aquello que la ley dice que no deben hacer</strong>. Generales y coroneles de comando se pondrán paradójicamente a órdenes del teniente coronel médico <strong>Sergio Berni</strong>, <strong>primer militar argentino en manejar la seguridad nacional en democracia.</strong></p>
<p>Es muy probable que si aún queda una pizca de sentido común en nuestros dirigentes, <strong>se busque la forma para que el personal militar no se vea obligado a hacer la tarea policial en primera persona</strong>, tal vez un puñado de gendarmes o prefectos den la cara frente al migrante legal y las tropas sean reservadas para la vigilancia de los cientos y cientos de kilómetros de frontera no habilitada para el paso legal. Pero cuando llegue el momento de darle la voz de alto a un narcotraficante, contrabandista o polizón escondido en una barcaza fluvial, <strong>¿qué apoyatura legal tendrán esos hombres para no correr el riesgo de guiarse por un libro sagrado en el templo equivocado?</strong> <strong>Esperemos que finalmente luego de cumplir lo que les pidan, Dios y la patria no se lo demanden. Y si se lo demandaran, los argentinos tengamos buena memoria para recordar quién los envió allí.</strong></p>
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		<title>Un mar de diferencias</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 13:10:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa comparación entre nuestro país, Canadá y Australia. De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/08/27/un-mar-de-diferencias/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al igual que los incrédulos cuarenta millones de argentinos y argentinas, usted, yo y buena parte de la opinión pública internacional escuchamos (¿o creímos escuchar?) a la presidente de la Nación efectuar una curiosa <strong>comparación</strong> entre nuestro país, <strong>Canadá</strong> y <strong>Australia</strong>.</p>
<p>De acuerdo con los guarismos tomados como base para el análisis descripto por la primera mandataria (no primera mandante), somos ganadores natos por paliza. Nuestro triunfo en todos los campos contrastados son casi más aplastantes que el triunfo electoral del oficialismo en la <strong>Antártida</strong> (sin contar la <strong>base Marambio</strong> -la del problema de aprovisonamiento- donde sobre 54 personas votaron sólo 3).</p>
<p><span id="more-293"></span>Las contundentes afirmaciones presidenciales generaron reacciones que abarcaron todo el espectro de lo posible. Desde el <strong>autoconvencimiento</strong> de las cada vez mayores virtudes del “modelo” hasta una abrumadora ola humorística que desplegó todo el potencial del tradicional humor vernáculo, capaz de tomarse en broma al mayor de los percances o tragedias.</p>
<p>Pero ante tanta <strong>convicción a la hora de subir al podio</strong> y concitar la atención nacional e internacional para pronunciar su discurso, es necesario creer que un presidente no hace frente al pueblo de la nación sin armarse de consistentes datos, provistos por un <strong>verdadero ejército de colaboradores y asesores que pulen cada detalle de lo que el “jefe” va a decir</strong>, de tal suerte de no dejar resquicios posibles para que analistas políticos, miembros de la oposición o malintencionados varios encuentren la forma de atacar lo dicho y minar la credibilidad de quien lleva sobre sus hombros las riendas de la Nación. Por otra parte, hacer afirmaciones a la ligera podría incluso ser tomado como una falta de respeto a la sociedad. ¿O me equivoco?</p>
<p>Siguiendo esta línea de razonamiento, cualquier argentino “bien nacido” debe resistir la crítica burlona y fácil, intentando por todos los medios a su alcance desentrañar detrás de las palabras y de la <strong>catarata de cifras y estadísticas arrojadas</strong> sin solución de continuidad su veracidad. La razón, motivo o circunstancia que dan fundamento a las expresiones vertidas y a su porqué. En definitiva, estudiar, analizar, informarse, invertir tiempo y esfuerzo como paso previo a emitir luego (sólo luego) un juicio de valor que permita avalar o retrucar lo que nuestra máxima representante hacia adentro y hacia afuera nos contó hace algunos días.</p>
<p><strong>Qué bueno sería que cada uno de nosotros se tomara el trabajo de profundizar la novedosa comparación presidencial, profundizando el análisis desde el campo de acción que es propio de nuestro trabajo o profesión</strong>, buscando tal vez el hilo conductor que nos lleve a apoyar o descartar con fundamento cierto, lo que tomado a la ligera nos causó tanta gracia.</p>
<p>Digamos que para predicar con el ejemplo,<strong> intenté hacerlo tomando en principio datos oficiales sobre las actividades</strong>, presupuesto, equipamiento, personal y demás aspectos <strong>de las Armadas de Canadá y Australia</strong> para compararlas con mi querida <strong>Armada Argentina,</strong> que es la que obviamente conozco desde muy joven.</p>
<p>Y bueno&#8230; La verdad es que <strong>los resultados no nos dejan muy bien parados</strong>. Para tomar por caso al país del norte de nuestro continente, sus destructores, <strong>HMCS Iroquis, Athabaskn y Alginkin, </strong>sus doce patrulleros oceánicos, sus cuatro submarinos, sus fuerzas de despliegue en el <strong>Atlántico </strong>y en el <strong>Pacífico</strong> (<strong>MARLANT</strong> Y <strong>MARPAC</strong>) sus planes de ejercitación y capacitación, la cantidad de horas en el mar, la antigüedad media de sus buques&#8230; En fin, <strong>todo, todo, absolutamente todo nos deja como decía mi abuela “a la altura de un poroto&#8221;</strong>. Si nos vamos a la nación de los canguros, la cosa no varía mucho: no tenemos ni para comenzar a hablar, con <strong>nuestros vetustos barcos (algunos ya eran viejos en la Segunda Guerra Mundial)</strong> nuestro<strong> escaso presupuesto para entrenamiento y mantenimiento</strong> de unidades navales y de superficie, y ni qué hablar los aviones.</p>
<p>Incluso considerando la “ventajosa” compra de aviones usados a <strong>España</strong> que estamos a punto de encarar y por la cual su majestad <strong>nos venderá aeronaves con 38 años de antigüedad</strong>&#8230; Pero en un afán desmedido por darle la derecha a las autoridades de mi país, podríamos también afirmar que las comparaciones de fuerzas navales entre países que tienen<strong> escenarios geopolíticos totalmente diferentes</strong> no debería considerarse como muy afortunada. Vaya uno a saber qué amenazas están afrontado por estos días estos dos países, rodeados seguramente de hipótesis de conflicto complejas, a diferencia del verdadero <strong>“mar de la paz”</strong> en el que vivimos aquí en el lejano sur, donde esas hipótesis son inexistentes ya que desde hace años cultivamos cada día una mejor relación con nuestros vecinos, los que no hacen más que agradecer cómo nuestras políticas de integración derraman bienestar a diestra y siniestra.</p>
<p>Sirvan como ejemplo <strong>Uruguay </strong>con las restricciones al turismo y el <strong>cepo al dólar</strong>; <strong>Brasil</strong> con las restricciones al comercio bilateral, y obviamente esta semana a <strong>nuestros hermanos chilenos, felices de la vida por las gentilezas que le prodigamos a sus aviones comerciales</strong>. Como ven, no es lo mismo.</p>
<p>Pero sin sacar los pies del agua, dejé de lado a corbetas, destructores y submarinos y me dediqué a refrescar los números de la actividad marítima. Hablamos de la marina que genera ingresos a las arcas de una nación por los fletes que cobra al exportar sus ventas en buques propios, o al ahorro de divisas que produce al importar sus compras en buques nacionales.</p>
<p>Acá la cosa se me complicó aún mas. <strong>184 buques integran la Marina Mercante canadiense </strong>totalizando una capacidad de bodega de casi 2.200.000 toneladas (esto es, la suma de la capacidad de las bodegas de todos los buques que enarbolan el pabellón de la “hojita roja”: 66 buques de carga aptos para cereal contra cero buques similares en nuestro país, 12 de carga general, con 2 portacontenedores de última generación, 14 buques para transporte de productos químicos, doce petroleros, 6 de pasajeros, 64 mixtos -carga y pasaje-). En fin, <strong>comparados con los pocos miles de toneladas que suman la decena de pequeños barcos que aún mantienen la celeste y blanca flameando en sus popas, no tenemos ni para arrancar.</strong></p>
<p>Por su parte la “decaída” Australia tiene apenas 8 buques aptos para carga a granel, 4 gaseros, 6 mixtos (carga y pasaje), 6 petroleros, 5 barcos del tipo Roll on/Roll off. Además, capitales australianos registran 45 buques bajo pabellones de otros países (banderas de conveniencia).</p>
<p>En cuanto al <strong>ránking mundial de marinas mercantes,</strong> mientras <strong>Canadá</strong> se ubica en el <strong>puesto 38</strong>, <strong>Australia</strong> lo hace en el <strong>70</strong>. <strong>Argentina,</strong> en tanto, ocupaba en 2012 el <strong>puesto 74</strong> pero si se consideran como argentinos los buques que por cuenta y orden de armadoras u operadoras locales lo hacen con bandera de otros países.</p>
<p>Abrumado por estos contundentes números (no abundo sobre los datos obtenidos para no aburrir al lector en demasía)<strong> me propuse a mí mismo “ponerle una ficha” a la actividad de la</strong> <strong>industria naval</strong> (astilleros, diques y talleres navales) <strong>pero con dos astilleros canadienses que visité se me borraron las ilusiones de poder traerles buenas noticias.</strong></p>
<p><strong>Propuesta para columnistas</strong></p>
<p>Como consuelo me queda concluir que al no haber mencionado la arenga presidencial en ningún párrafo algún aspecto relacionado con el mar y sus cosas, “Ella” sabía positivamente que en este aspecto nos pasan por arriba y por ello prefirió rumbear para otro lado. Es por ello que <strong>se me ocurre efectuar a los colegas columnistas una interesante propuesta: Qué ocurriría si cada uno en el área específica que domina </strong>(economía, política, cultura, ciencia, tecnología, arte, etcétera) <strong>hace un análisis parecido al que acabo de efectuar</strong>, ilustrándonos entre todos en una suerte de doble rol de alumnos y profesores<strong> a efectos de poder encontrar finalmente esos datos que nuestra presidente nos arrimó desde Río Gallegos</strong> y que tanto nos cuesta creer. Podrían incluso sumarse los distinguidos lectores, aportando datos cuando postean sus comentarios.</p>
<p><strong>Propongo que sólo luego de haber realizado este ejercicio, nos animemos a sacar conclusiones sobre la veracidad de sus dichos</strong>. Seguramente nos daremos cuenta que somos muy mal pensados y que emitimos juicios de valor injustificados. ¿No les parece?</p>
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		<title>La paradoja de los &#8217;70</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jul 2013 06:18:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en 2003 <strong>Néstor Kirchner</strong> asumió la Presidencia de la Nación, Argentina inició un camino de profunda revisión de su pasado cuyos verdaderos límites aún se desconocen; nos realineamos respecto a nuestros anteriores aliados y adversarios; reescribimos la historia de los -por aquel entonces- 20 años de democracia; y fundamentalmente establecimos una política de culto a los derechos humanos, reabriendo un capítulo negro de nuestro pasado reciente, llevando a la Justicia a una enorme cantidad de miembros de las fuerzas armadas y de seguridad involucrados en la llamada “guerra sucia”, “lucha antisubersiva”, “represión ilegal” o como se lo quiera denominar de acuerdo con la íntima convicción de quien se refiera al tema.</p>
<p>Digo que los límites de esta revisión se desconocen, porque día tras día nos sorprendemos con nuevos alcances y consideraciones, que no han dejado afuera ni a <strong>José Gervasio de Artigas, Juana Azurduy</strong> y lógicamente la más reciente que incluye a <strong>Cristóbal Colón.</strong></p>
<p>Al sólo efecto de priorizar la reflexión antes que la polémica, permítame el lector aclarar, que más allá de lo que personalmente pueda yo pensar de cada una de las acciones antes descriptas, no se puede negar que han sido inspiradas por un gobierno legítimamente elegido por la ciudadanía y que las medidas que han llevado -por ejemplo- al pasar de la <strong>obediencia debida y el punto final</strong>, al procesamiento de centenares de uniformados, gozan de plena legalidad de forma y de fondo; y que en democracia todos tenemos libertad de pensamiento y opinión pero además tenemos obligación de aceptar lo que los organismos de la democracia disponen.</p>
<p>Asimismo es una realidad innegable que al margen del proceso democrático local, toda América Latina parece haberse alejado del riesgo de interrupciones democráticas con militares como protagonistas. El dudoso triunfo de <strong>Nicolás Maduro</strong> en Venezuela, y el desplazamiento de <strong>Fernando Lugo</strong> en <strong>Paraguay</strong> son cuestiones que pueden ser discutidas pero que no se comparan a la vieja asonada militar.</p>
<p>Así las cosas, quienes vivimos como jóvenes o adolescentes los gobiernos militares de la <strong>Revolución Libertadora</strong> de <strong>Aramburu</strong> y <strong>Rojas</strong>, la <strong>Revolución Argentina</strong> de <strong>Onganía</strong>, y el <strong>Proceso</strong> de <strong>Videla y Massera</strong> nos fuimos imbuyendo de la nueva y sana costumbre de la democracia perpetua- a la que cualquier argentino sub 30 concibe naturalmente como la única forma válida de gobierno</p>
<p>Pero como ocurre cada vez que una sociedad afronta procesos que imponen cambios de paradigma, la coexistencia de diferentes formas de pensamiento forjadas en circunstancias históricas distintas trae aparejados duros enfrentamientos (gracias a Dios retóricos en la mayor parte de las veces) que crean antagonismos entre los adherentes a alguna de estas clásicas posturas: “<strong>teoría de los dos demonios</strong>”, “<strong>genocidio unilateral contra jóvenes idealistas</strong>”, “<strong>guerra contra la subversión</strong>” y alguna que otra variante de ellas.</p>
<p>Como el hombre es un animal de costumbre y como además la acuciante realidad deja cada vez menos tiempo para el análisis histórico, los militares fueron desfilando hacia las cárceles, las marchas en su defensa fueron desapareciendo del paisaje urbano y el tema militar -para ser honestos- pasó a estar último en la tabla de posiciones de la actualidad nacional (casi al punto de irse a la “B”).</p>
<p>El incendio del <strong>Irizar</strong>, el embargo de <strong>la Fragata Libertad</strong>, el papelón antártico de <strong>Puricelli</strong>, el fallecimiento de Videla y algún que otro hecho aislado, devolvieron el mundo de los uniformados a las pantallas de televisión y primeras planas de los diarios, de forma muy puntual y acotada.</p>
<p>Hasta ahora… Desde hace un par de semanas, políticos, periodistas, analistas militares de primer nivel, senadores, organismos de DDHH y hasta programas de chimentos han vuelto a colocar en lugar protagónico no sólo a un general de nuestro ejército sino a la razón de ser de la actividad militar argentina.</p>
<p>Y es aquí donde necesariamente corresponde “parar máquinas” y atreverse a repensar si todo lo que con el ya nombrado amparo legal y consenso político hemos revisado en los últimos años no nos ha colocado en una paradoja que nos obligue a desandar en parte nuestros pasos, para justificar nuestros actos del presente.</p>
<p>En una columna anterior, he señalado que a diferencia de lo ocurrido en países como Chile, Brasil o Uruguay, la Argentina -al margen del castigo impuesto a los militares condenados por hechos relacionados con los &#8217;70- pareció “colocar en penitencia” a todo el aparato militar de la Nación y, más aún, <strong>la Defensa de la Nación pasó a ser una especie de tabú para la clase política de casi todos los signos</strong>. Es sabido que en las apetencias de los “ministeriables” de 1983 hasta el presente, difícilmente el <strong>Ministerio de Defensa</strong> haya sido considerado algo más que un premio consuelo para quien fue “honrado” con esa cartea. Baste con indagar cómo tomó el actual ministro su designación para el cargo.</p>
<p>Presupuesto casi nulo (mayormente destinado al inevitable pago de salarios), inversión inexistente, presencia pública cercana al cero, desplantes muchas veces innecesarios y reformas legales y reglamentarias hechas más bien para limitar al máximo la actividad militar que para adecuarla al presente, han sido una constante.</p>
<p>Sí. Es verdad, estamos en Haití y en algunas otras misiones de paz. E intentamos armar algún que otro radar, un vehículo gaucho (más bien gauchito) y mostramos la decadencia militar en Tecnópolis, pero creo que todos sabemos en donde estamos parados en materia de defensa.</p>
<p>Y de la mano de ese coto a las “ínfulas uniformadas” renunciamos para usar a nuestros militares y a sus medios y capacidades para cualquier cosa que tenga que ver con la seguridad interior a diferencia de lo que hacen casi todos los países del mundo cuando la situación lo amerita . <strong>También (respecto a aquel pasado tenebroso) determinamos que un cabo, un teniente de fragata o un general eran exactamente lo mismo a la hora de rendir cuentas ante la justicia por los “excesos cometidos” en aquella lucha o como cada uno de nosotros guste llamarla.</strong></p>
<p>Y de nada valieron los argumentos de más de uno de los jerarcas procesados cuando se declaraban absolutamente responsables por las ordenes por ellos dictadas, pretendiendo desligar a jóvenes oficiales o suboficiales de cualquier responsabilidad. En virtud de aquel viejo axioma militar (vigente al menos hasta la actual revisión de la historia) sobre que “las ordenes no se discuten, se cumplen”.</p>
<p>Así fue que marcharon presos, almirantes y generales pero también quienes por aquellos años eran tenientes y cabos. Sin chistar o chistando poco, sin fugarse hasta que alguna cámara de apelaciones se apiadara de ellos y sin esperar ni pretender que las nuevas generaciones de uniformados se aparten de sus deberes para salir en su defensa.</p>
<p>Todos recordarán que el ex comisario <strong>Luis Patti,</strong> siendo ya diputado electo, terminó preso porque alguien lo reconoció por su voz a pesar del tiempo transcurrido y del hecho de haber sido un muy joven oficial por aquellos días. Hubo un caso de un oficial naval que al parecer bromeó ante un detenido con el nombre de una conocida avenida de la zona norte de Buenos Aires, colocado en honor a un antepasado suyo y al que luego su apellido coincidente con el nombre de esa avenida lo delató; y así mil historias.</p>
<p>Y llegó un día en el que cuando todo parecía hacernos creer que esta forma de haber “resuelto nuestro pasado” estaba totalmente cerrada a discusión alguna, la realidad se empeña en colocarnos en una especie de “segundo tiempo” de un partido de fútbol en el que los protagonistas han cambiado de arco. Y los que antes se erigieron en severos fiscales y custodios de la democracia, la república y los derechos humanos, tratan ahora de justificar algo que -en opinión de muchos que fueron condenados y tildados de fascistas defensores de genocidas- era una verdad de manual. <strong>Los jefes ordenan, los subordinados obedecen.</strong></p>
<p>Ahora -según nos dicen-, no siempre está mal echar mano a los aparatos de inteligencia militar para espiar un poquito para adentro y no se siempre se puede dejar sin trabajo y menos aún condenar a una persona adulta y llena de galones, por lo que tal vez pueda haber hecho cuando era sólo un humilde subordinado con inescrupulosos superiores.</p>
<p>Y no parecería ilógico imaginar ahora; a algún encumbrado funcionario nacional, rodeado de asesores, sobre un escritorio repleto de discursos de campaña, de copias de expedientes judiciales, de fotos de marchas y escraches, hojeando el famoso <em>Nunca Más</em> en su versión riojana y exclamando, totalmente desorientado, &#8220;Y ahora… ¿qué hacemos?</p>
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		<title>La inteligencia militar</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jul 2013 10:07:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En cualquier texto básico de cuestiones militares la “<strong>Inteligencia</strong>” se define como “El conjunto de tareas que llevan adelante las unidades específicas de las fuerza militares, para recoger información sobre el enemigo (actual o potencial) para posibilitar la adecuada planificación de las eventuales operaciones”.</p>
<p>Pero para decepción de los lectores, no me voy a referir a esa “Inteligencia” (al menos por ahora) sino a la otra, a la que tarde o temprano tendrán que apelar no sólo nuestros uniformados, sino por sobre todo la conducción civil de las fuerzas armadas de la Nación, para –más allá de los discursos– enmarcar y dotar a su accionar de manera tal que la profesión militar tenga sentido para que quien la elige y fundamentalmente para el país.</p>
<p><span id="more-250"></span>“<i>Esta Argentina virtual y mediática que planteó que odiábamos a las fuerzas armadas&#8230; Por Dios, ¿nosotros los peronistas contra los militares? Somos el único partido político vigente en la República Argentina fundado por un general. Nuestro ADN se gestó allí cuando las fuerzas armadas acabaron con el fraude patriótico de la &#8220;<strong>Década Infame</strong>&#8221; y <strong>Perón</strong> fue presidente. Así que no tenemos nada, al contrario, yo creo que <strong>han humillado mucho más a las fuerzas armadas los que las redujeron a ser simples encapuchados en lugar de defensores de la soberanía nacional</strong>. Esos humillaron a nuestras fuerzas armadas, a nuestras gloriosas fuerzas armadas: las de <strong>San Martín</strong> y las de <strong>Belgrano</strong>, y las de aquí más cerca, las de <strong>Savio, Mosconi y Baldrich</strong></i>.”</p>
<p>¿Quien podría atreverse a dudar de la veracidad de tan sólo una coma del párrafo anterior? Fue pronunciado por la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y presidente de la Nación durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso en marzo de 2010. ¿Quien, por otra parte, podría dudar de que sería maravilloso que este párrafo de aquel discurso se cumpliera en la práctica o tal vez si es que se está cumpliendo, que se lo hagan notar a los propios involucrados?</p>
<p>Con los lógicos límites que imponen la Constitución Nacional y las leyes, el poder político puede hacer prácticamente todo lo que se proponga. Así por ejemplo en 2004 se podría haber decretado un desagravio al edificio de la <strong>ESMA</strong>, por los crímenes allí perpetrados por quienes alteraron su uso como centro de enseñanza y formación de servidores públicos y lo transformaron en centro clandestino de detención, pero se prefirió (legalmente con intervención del Congreso, la legislatura porteña, etcétera, etcétera) declarar a los ladrillos “coautores penalmente responsables”. El chiste le salió al Estado un par de miles de millones de pesos en obras de reubicación de la decena de escuelas que allí funcionaban en otros lugares, y <strong>el lugar por ahora sigue siendo un coto cerrado a la población en general con acceso permitido solo a unos pocos “iluminados”</strong>. Mientras que la sociedad toda paga los gastos de manutención (millonarios por cierto).</p>
<p>Asimismo, arengar durante años en cada formación castrense a los que allí se encontraban como si fueran los militares de la dictadura parecía rememorar aquellas escenas de colegio primario, en las que la maestra un día de muchas ausencias retaba a los pocos presentes y los exhortaba a no faltar a clase.</p>
<p>SI tuviéramos que enumerar los desplantes y desprecios públicos efectuados por el poder político hacia los militares de los últimos años, la lista sería muy larga. Como lo sería también otra constituida por gestos de acercamiento no tan públicos como los anteriores ni tan destinados a todas las jerarquías, ya que éstos mayoritariamente se hicieron en forma discreta y con las máximas cúpulas castrenses. Asimismo <strong>es justo recordar la excelente relación que siempre tuvo el ex presidente Néstor Kirchner con las fuerzas armadas desplegadas en Santa Cruz</strong> en sus años de gobernador provincial con quienes compartía no sólo la vida protocolar sino la agenda social y personal.</p>
<p>La primera mujer presidente de la Argentina (<strong>María Stella Martinez de Perón</strong>) fue la comandante en jefe de <strong>Videla y Massera</strong> (no hace falta que recordemos aquí cómo terminó la historia) pero de más está decir que más allá de las aptitudes o especialidades que detenten los actuales generales, almirantes y brigadieres a cargo de las Fuerzas Armadas, <strong>la segunda mujer en ocupar la primera magistratura del país afronta una situación mucho más relajada en su relación con sus mandos subordinados</strong>.</p>
<p>Como bien se ha dicho en algunos medios por estos días, “la definitiva subordinación de los militares a la constitución y al poder civil, no es mérito solamente del actual gobierno”. La imagen de jerarcas castrenses sentados en el banquillo de los acusados luciendo sus uniformes de gala es algo que quedó definitivamente grabado en el ADN de los militares. Y ni que hablar de recibir a diario las novedades sobre quienes esperan proceso o cumplen sentencia tras las rejas de Marcos Paz.</p>
<p>Y para los que necesitaron alguna dosis de refuerzo de esa “vacuna democrática”, recordemos aquella Semana Santa de “<em>la casa está en orden, felices pascuas</em>” donde un Presidente civil, puso su cuerpo y sofocó la rebelión compartiendo luego el triunfo con toda la dirigencia política oficial y opositora del país.</p>
<p>Entonces, para cerrar este tema, convengamos que <strong>golpe de Estado, asonada militar y planteo castrense -entre otros- son términos que quedarán definitivamente destinados a los manuales de historia Argentina</strong>.</p>
<p>Ahora bien&#8230;</p>
<p>A diferencia de Chile, Brasil, Uruguay y tantos otros países que han entrado también en un camino de <strong>definitiva consolidación democrática</strong>, parecería que <strong>somos los únicos que no nos hemos conformado con el castigo a quienes se apartaron de la ley sino que además hemos decidido castigar a la actividad a la que pertenecían</strong>. Es como si por descubrir a un grupo de médicos que realizan operaciones ilegales, decidiéramos dejar de ocuparnos de la salud o, lo que es peor, declararla veladamente enemiga de la patria.</p>
<p>Es muy bueno cuando la Presidente declama su “no odio” por las fuerzas armadas, no es tan bueno cuando espasmódicamente se da por terminada la carrera de oficiales a los que costó mucho tiempo y dinero del Estado formar; sobre todo si no había razones lógicas que determinen que es necesario hacerlo.</p>
<p>Despedir a un coronel porque su apellido coincide con el de algún jerarca de la dictadura no parece colocar al militar en una situación acorde con ese estatus de “ciudadanos de uniforme”, como los llamamos ahora. <strong>No suena lógico que los hijos o sobrinos de los miles de detenidos que hay en nuestras cárceles sean expulsados de sus trabajos por lo que hipotéticamente hicieron sus parientes</strong>.</p>
<p>Durante la “crisis de la <strong>fragata Libertad</strong>” se pasaron a disponibilidad a dos jefes navales (uno de los cuales ya se había ido solito, pero lo echaron igual), se malogró la carrera de un almirante recién ascendido por este propio gobierno sólo por comunicar a los medios lo que le habían pedido que comunique y se provocó la salida del jefe de la Armada, al que poco tiempo atrás esta misma conducción había ungido para dirigir la Marina supuestamente por ser el mejor candidato de los tres que estaban en condiciones de asumir esa delicada función.</p>
<p>Como ejemplo de otro tipo de relación cívico militar, digamos que nuestro vecino Chile tiene establecido un mandato legal para las cúpulas militares de cuatro años. Que se encuentran establecidos de tal suerte que siempre se cumplen a mitad del mandato presidencial. Asimismo el reemplazo debe ser elegido entre los cuatro oficiales que le siguen en jerarquía al jefe saliente. Esto asegura tres cosas: un plan de carrera militar más o menos predecible, la imposibilidad de tener (como ha ocurrido aquí) comandantes enquistados en sus sillones diez años, impidiendo a los más jóvenes ascender y fundamentalmente prescindencia política en la jerarquía militar.</p>
<p>Días pasados la Presidente se refirió al rol social de las FFAA, la necesidad de contar con este instrumento de la patria para asistir a la población la defensa civil y algunas cosas más.</p>
<p>Es necesario comprender que <strong>no tenemos un ejército de asistentes sociales</strong>; claro está que en una inundación, erupción volcánica, terremoto o cualquier contingencia por el estilo, las fuerzas armadas se tornan imprescindibles ya que aportan hombres, medios, tecnología y fundamentalmente capacidad de organización en situaciones extremas. Pero <strong>de allí a transformar a los cuadros militares en cocineros, pintores, jardineros o maestros de escuela y transformar sus objetivos concurrentes en su razón de ser, hay una distancia muy grande.</strong></p>
<p>Sea la puerta de ingreso a la profesión militar, el Colegio Militar de la Nación y sus equivalentes de las otras fuerzas o las escuelas de suboficiales o simplemente el ingreso como tropa voluntaria, quien las elige lo hace porque quiere servir a la patria desde la defensa. Algo tan valioso o respetable como la decisión de quienes optan por ser trabajadores sociales, marinos mercantes o músicos. Todos contribuyen desde su lugar de acción a la integralidad de la sociedad.</p>
<p><strong>Hoy hemos reeditado el “conflicto militar” pero desde otro ángulo, el de la condición de oficial de inteligencia de uno de los máximos jefes castrenses recientemente puesto a cargo de su fuerza.</strong></p>
<p><strong>Tal vez por lo vivido en el pasado, han quedado fijadas algunas ideas un tanto erróneas en el colectivo social. Una de ellas que los agentes de inteligencia (los &#8220;espías&#8221;) son seres tenebrosos y oscuros que siempre hacen cosas malas o ilegales.</strong> Para ponerle condimento a esta ensalada, WikiLeaks y el topo de la CIA que hace semanas compra perfumes en el free shop del aeropuerto de Moscú le agregan dramatismo al tema</p>
<p>Pero en rigor de verdad, ser agente de inteligencia, comando anfibio, tropa de elite, paracaidista o médico militar, es parte del abanico de posibilidades y de necesidades que las instituciones militares ofrecen y satisfacen respectivamente. Un teniente de inteligencia llegará a general de inteligencia y un teniente médico llegará a general médico si son buenos profesionales.</p>
<p>Luego el problema no está en su especialidad o profesión, estará en el uso que se haga de ella, y en todos los casos ese uso puede ser legal y beneficioso, o ilegal y clandestino.</p>
<p>Corresponde a los poderes civiles del Estado indelegablemente el encuadre y control de la actividad militar. Si el aparato de inteligencia civil y militar de la Nación es puesto al servicio de algún otro fin que no sea el legal, la falla no estará en el agente que escucha inadecuadamente el teléfono de un opositor político, sino en el que dio la orden para que lo haga y que además pretenda que aquí si aplique la tan mentada “obediencia debida”.</p>
<p>Un viejo profesor nos graficó una vez: “Resistir la tentación de usar la inteligencia para espiar al opositor es como encerrar a un gordo con una caja de bombones y pedirle que no los toque”.</p>
<p>Si ése fuera el caso, será cuestión dotar al Congreso de una buena cantidad de “Cormillots” que controlen al gordo.</p>
<p>Finalmente, una vez más desde esta columna recomendamos humildemente: tenemos un mar lleno de riquezas, de las que cada vez más se aprovechan descaradamente quienes pescan ilegalmente en nuestras aguas; tenemos cielos abiertos por los que transita gran parte de la droga que intoxica a los cinco continentes; tenemos un territorio vasto y que sigue estando desprotegido y deshabitado; tenemos técnicos militares y civiles en capacidad de desarrollar proyectos industriales interesantes y sensatos (cohetes a la Luna por ahora no) que no sólo pueden abaratar el gasto de funcionamiento de la defensa sino que además podrían generar ingresos. Sólo es cuestión de llevar a la práctica lo que efusivamente se dice en los discursos, siendo fundamental de una vez por todas, dar vuelta la página de la historia no para olvidar sino para poder de una vez por todas avanzar.</p>
<p>Al margen de las preferencias políticas de los hombres de armas en lo personal (obvio que las tienen como todos), pretender alinear a las instituciones armadas con una ideología determinada es un experimento peligroso con consecuencias impredecibles, por ello una regla de oro debería ser que las armas de la Nación no sean ni peronistas, ni chavistas, ni kirchneristas, ni ninguna otra cosa que no sea simplemente argentinas.</p>
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