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	<title>Fernando Morales &#187; Buenos Aires</title>
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		<title>Rumbo a Europa, con fe y esperanza</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2015 09:30:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando aquella mañana de 2003 recibí el llamado de un hoy ex jefe de la Armada Argentina, no podía salir de mi asombro. El ofrecimiento de ocupar un lugar en el Directorio de la centenaria y prestigiosa Liga Naval Argentina era como mucho para mí, pero era tentador. Días después, ya en el despacho del... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/08/13/rumbo-a-europa-con-fe-y-esperanza/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando aquella mañana de 2003 recibí el llamado de un hoy ex jefe de la Armada Argentina, no podía salir de mi asombro. El ofrecimiento de ocupar un lugar en el Directorio de la centenaria y prestigiosa Liga Naval Argentina era como mucho para mí, pero era tentador.</p>
<p>Días después, ya en el despacho del presidente de la institución naval, me enteraba de los motivos de la convocatoria. “Vea, <strong>Daniel Scioli tiene que dejar el cargo en el Directorio, porque va a asumir como vicepresidente de la nación y ya le han dicho que no es bien visto que participe en este tipo de organizaciones con olor a cosa militar”</strong>. Según cuenta la leyenda, el hombre le había acercado a Néstor un par de números de la revista <i>Marina</i> (nuestro órgano de prensa)  y poco menos que se los habían tirado por la cabeza.</p>
<p>Tal vez haya sido esa la primera de una larga lista de insultos, desprecios, humillaciones y ninguneos que el matrimonio gobernante y su núcleo duro le habrían de propinar desde aquel lejano 2003 hasta -según cuentan- la propia noche de cierre de las PASO, donde <strong>al parecer le recriminaron su presunta intervención para que dentro de un penal bonaerense se llevara a cabo una entrevista periodística de gran repercusión social y mediática.</strong><span id="more-834"></span></p>
<p>“Nos abandona Daniel” -prosiguió mi interlocutor de aquellos días-, “ocupaba su sillón de director en representación de la motonáutica”. Ahora que lo pienso, en realidad era el único motonauta del país. De hecho más de una vez corrió solo, como en las PASO; se ve que la historia se repite.</p>
<p>Hay que reconocer que se había ganado el cariño de toda la comunidad marítima argentina, a tal punto que generosamente la Liga Naval le concedió en los noventa un préstamo de honor de $ 100.000 (de los convertibles 1 a 1) para que equipara su lancha La Gran Argentina. Por aquellos años su situación económica no era tan próspera y había que ayudar al muchacho, según cuentan los memoriosos. Villa La Ñata parecía estar financieramente lejos en ese entonces.</p>
<p>Así, mientras Daniel se convirtió en vicepresidente de la nación, luego gobernador de Buenos Aires y, como dije antes, único competidor por su espacio en la postulación presidencial, este humilde servidor apenas si llegó a vicepresidente de la modesta institución creada por el almirante Storni y algunos otros soñadores de una patria mejor.</p>
<p>Por esas cosas de la vida, nos fuimos cruzando en distintas circunstancias, él con sus cada vez más coquetos trajes y sus corbatas de seda y yo siempre con mi uniforme naval; él siempre un par de hileras delante de mí en los palcos en virtud de sus siempre tan importantes cargos. Jamás olvidaré la última vez, aquel memorable 25 de mayo de 2010, desfile del bicentenario en Pinamar. Organizaba el acto la Liga Naval y él nos honró con su presencia. Tuve que pedirle permiso para retirarme del palco, porque mientras compartíamos el desfile nacional y popular, mi casa era saqueada por delincuentes y me urgía regresar. “Andá tranquilo”, me dijo y agregó: “Con mucha fe y esperanza, todo se va a arreglar”. Nunca olvidaré sus valiosas palabras de apoyo.</p>
<p>Como podrá ver, querido amigo lector, me tomé unas líneas para contarle algo del candidato oficialista que seguramente usted no sabía. Habrá notado que no resulta fácil arrancarle al hombre definiciones económicas o políticas y detalles de sus actividades no relacionadas con la política o el deporte, así valga esta narración para conocer algo más de su pasado.</p>
<p>Me pareció que de esta manera le aporto un dato más novedoso y que se diferencia de lo mucho que se ha dicho sobre Daniel y su entorno en los últimos días. Si el triunfo tiene sabor a derrota, si la ausencia de Ella y de muchos otros personajes del modelo se debió a tal o cual cosa, si deberá alejarse del kirchnerismo para captar más votos y tantas otras especulaciones e interpretaciones que tienen en boca de expertos politólogos y periodistas explicaciones con mucho mayor rigor analítico que la de este simple columnista.</p>
<p>Lógicamente, cualquiera que hubiera visto las imágenes emitidas desde el Luna Park pudo darse cuenta de algo más que las ausencias notorias: El malestar del candidato a vice, que ni siquiera se inmutó cuando Daniel rindió homenaje al Chueco Mazzón. ¿Se acuerda, no? Juan Carlos Mazzón era el funcionario de Gobierno expulsado por Cristina cuando ella se enteró de que asesoraba también a Daniel, antes de que éste fuese ungido a desgano como su propio sucesor. Ver a Carlos Zaninni abrazado con la para nada nacional y popular Karina Rabolini generaba un efecto difícil de asimilar para el ojo del espectador, parecido al que hacía ver a Toti Flores compartiendo escenario con la coqueta esposa de Mauricio Macri. Pero son cosas de la política. Por algo dicen de ella que es “el arte de lo posible”.</p>
<p>Pero las PASO pasaron, son parte de la historia política argentina. <b>Lo que no pasó ni pasará durante muchos días más es la imagen de una provincia de Buenos Aires literalmente hundida</b>. El cruel escenario con miles de ciudadanos abandonados a su suerte, chicos llorando de frío, de sed y de hambre, animales sin rumbo, compartiendo su deriva con sus propios amos.</p>
<p>Con fe y esperanza no alcanza para mitigar su dolor, años de promesas incumplidas, obras no realizadas, presupuestos provinciales quién sabe gastados en qué cosas. Con fe y esperanza no se le puede explicar a un chico que su casa ya no está y que un señor que nos mira sonriente y nos recita el himno pidiéndonos el voto no pudo en ocho años librarnos de la pesadilla de la inundación, la peste y la miseria más profunda.</p>
<p>“A Daniel lo queremos mucho”, me explicaron -creo que de corazón- aquel día cuando ocupé su lugar; “Es un buen tipo, muy humilde y servicial” y seguramente lo es, o al menos lo era. Pero <b>me cuesta entender cómo, entonces, por más estresante que haya sido la campaña electoral, pudo abordar un avión para irse lejos, muy lejos, lo suficientemente como para no poder regresar en forma inmediata si lo requieren de urgencia esos ciudadanos que ahora lo necesitan a él tanto o más de lo que él necesitó de ellos el pasado domingo</b>.</p>
<p>Se fue a Europa. Le habrá sido difícil desde el aire diferenciar el cauce normal de los ríos y los arroyos de la provincia, de las tierras habitualmente fértiles, hoy anegadas. Seguramente cuando regrese, todo estará normalizado, no habrá más hambre ni necesidad alguna, las calles estarán limpias, las viviendas secas, la gente contenta y todos clamando por su ahora definitiva candidatura presidencial, sus carteles naranja tapados por el agua ya estarán visibles para alegría del pueblo; todo será felicidad y alegría. Al menos eso cree él. ¿Sabe por qué? Porque él tiene fe y esperanza. Y eso es mucho mejor que tener planes, ideas, proyectos y un poco de empatía por el sufrimiento de su gente. Aleluya.</p>
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		<title>El fin de la institución policial</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Dec 2013 13:11:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<category><![CDATA[asonada policial]]></category>
		<category><![CDATA[Aspirinas para todos]]></category>
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		<category><![CDATA[refundación nacional de 2003]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Es una orden! Tres cortas palabras bastan para resumir magistralmente algo más que simples empleos o un grupo de particulares profesiones. Esas tres nada democráticas palabras encierran, al ser pronunciadas y acatadas, la síntesis perfecta de un estilo de vida. Una orden es un compromiso indelegable por parte de quien la da de asumir las... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/12/16/el-fin-de-la-institucion-policial/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b><i>¡Es una orden</i></b><i>! </i>Tres cortas palabras bastan para resumir magistralmente algo más que simples empleos o un grupo de particulares profesiones. Esas tres nada democráticas palabras encierran, al ser pronunciadas y acatadas, la síntesis perfecta de un estilo de vida.</p>
<p>Una orden <b>es un compromiso indelegable</b> por parte de quien la da de asumir las consecuencias totales por las derivaciones -inmediatas y mediatas- que la orden pueda acarrear tanto al subordinado como a terceros involucrados en ella. <b>Una orden es una garantía</b> para quien la cumple de que un superior se hará formalmente cargo de todo cuanto ocurra a partir del acatamiento por parte del ejecutor, quien lo hará confiado sabiendo que su superior dará si es necesario la vida por defenderlo en todo lo relativo a su leal subordinación.</p>
<p><b>Así de simple, así de autoritario, así de “tiránico” y de repudiable para progres tímpanos y revisionistas paladares nacionales y populares</b>. Así de castrense, así de policíaco pero también así de científico cuando el cirujano pide “bisturí” y no espera que le den “tijera”; así de mercante, como cuando el capitán del crucero ordena “diez babor” y no quiere ni cinco ni quince. Ni tampoco quiere que el timonel le consulte si está seguro de lo que le está pidiendo.</p>
<p>Aunque tal vez no todos lo hayan percibido, en las últimas jornadas hemos comenzado a asistir a la mayor degradación institucional jamás vivida por organizaciones comúnmente denominadas “<b>fuerzas de seguridad” o “instituciones armadas” </b>o en general<b> “uniformados”</b>. Un peligroso virus incubado a partir de la “refundación nacional de 2003” maduró pacientemente durante diez años, y a partir de un foco de erupción en <b>Córdoba</b>, rápidamente se comenzó a diseminar por todos los rincones de la patria, sin que ningún experto pueda a la fecha dar un diagnóstico certero sobre cuál será la vacuna que lo pueda neutralizar.</p>
<p>Oportunamente, cuando se originó la protesta de gendarmes y prefecturianos, dijimos desde esta columna que ver uniformados enarbolando otra cosa que no sea el pabellón nacional en un desfile era al menos tristísimo. Ni que decir del no menos triste espectáculo de ver a un cuadro policial semiuniformado gritando a viva voz en una asamblea policial cuáles son las nuevas escalas salariales que le “<b>arrancaron al gobernador de Buenos Aires</b>” e imaginar que comisarios mayores y generales estarán con lápiz y papel en mano escuchando qué es lo que consiguió el sargento X. En realidad, más que triste es dramático.</p>
<p>Uno podría razonablemente imaginar a un alto jefe policial explicando a su ministro o a su gobernador la inquietud salarial de su gente y volviendo luego al cuartel a comunicar los beneficios obtenidos. Pero el estado de asamblea permanente donde la pirámide jerárquica se subvierte llega a límites tan ridículos que hemos visto en Córdoba a un abogado devenido en “representante legal” de las tropas acuarteladas firmando con el gobernador un acta, sin que nadie a la fecha pueda explicar <b>qué poderes legales llevó ese jurista a negociar como contraparte nada menos que del jefe de Estado provincial</b>.</p>
<p>Bastante patético resultó por cierto el papel del gobernador <b>Daniel Scioli</b> firmando un decreto salarial ante dos o tres agentes de policía y entregándoselos para que lo lean ante la muchachada a ver si están de acuerdo. Mientras tanto, el jefe formal de la fuerza estaba negociando por su lado con otra muchachada en <b>Mar del Plata</b>.</p>
<p><b>La necesidad tiene cara de hereje </b></p>
<p>Varios ministros -jefe de Gabinete incluido- cumplieron con la formalidad de denunciar una “<b>asonada policial</b>”, un “<b>intento desestabilizador</b>”, justo a 30 años del fin de la salvaje dictadura militar o, como dijo el “Coqui”, una caricatura de revolución. Obvio que ninguno de los ilustres oradores estaba convencido de nada de eso. <b>Los polis no quieren el gobierno, quieren que les blanqueen el sueldo, ganar un mango más y no tener que hacer ocho horas adicionales por día para poder llegar a fin de mes</b>.</p>
<p>Lo particularmente perverso de esta situación es que hace diez años que esta porción uniformada de la sociedad es obligada asistir casi a diario a las más variadas protestas, marchas, piquetes y cortes de calles efectuados por variopintos reclamantes, a veces pacíficos, a veces agresivos pero todas la veces intocables, indetenibles, inimputables e irreprochables. <b>Son los uniformados los que reciben la piedra, el escupitajo, el insulto y muy probablemente algún oportuno pedido de procesamiento</b> porque a algún manifestante le apareció un rasguño en la cara.</p>
<p>Y resultó ser que, un buen día, esta misma porción ciudadana a la que hasta el cansancio los modernos reformadores de estructuras militares y policiales les explicó que no hay ninguna diferencia entre ellos y el resto de los mortales y que son simples ciudadanos de uniforme, se autoconvenció de que la mano venía por ese lado y no hizo ni más menos que aquello que todos los días ven hacer al resto de la sociedad a la que sirven, y con muy buenos resultados por cierto.</p>
<p>Y obviamente, al compás de los vidrios rotos y de los plasmas robados, gobernantes varios cayeron en la cuenta de que no es lo mismo que Moyano no junte los residuos o no mande nafta a las estaciones de servicio a que la “poli” libere las calles. <b>Cualquier gil tiene medio tanque de reserva o guarda la bolsita de residuos en la casa</b>. <b>Pero una turba arrasando comercios no resiste muchas horas sin que la estabilidad política se haga añicos. </b></p>
<p>Si la valiente muchachada de la Armada, del Ejército o de la Fuerza Aérea osara tan sólo pedir “Aspirinas para todos”, tenga por seguro, amigo lector, que los pasan a degüello (y con razón, claro está) en cinco minutos. Como usted bien sabe, por estos días un general, un brigadier o  un almirante más o menos no es algo que modifique un ápice al gran proyecto nacional y popular. Si los tanques, aviones y barcos no andan, no hay que preocuparse demasiado por aquellos que en teoría los tienen bajo su control.</p>
<p>Pero la poli… <b>la poli es otra cosa</b>; aunque más no sea para la protección de los funcionarios y sus cuantiosos bienes terrenales, por ahora los necesitamos.</p>
<p>Y a pesar del ya tradicional desprecio hacia lo castrense, al parecer <b>se han impartido discretas órdenes para un no menos discreto acuartelamiento de personal militar en algunas unidades linderas con áreas sensibles</b>, por si las moscas…</p>
<p>Lamentablemente, a partir de ahora cuando los muchos sargentos X, negociadores ante las máximas autoridades de las provincias, “conseguidores” de mejoras salariales para sí mismos, para sus compañeros y hasta para sus propios jefes y autoproclamados “capangas policiales”, reciban un directiva de parte de un joven oficial para salir a patrullar algún sector caliente de sus provincias y no les guste, aquella frase inicio de esta columna (<i>¡<b>Es una orden</b>!</i>), se pondrá en evidencia que algo se ha roto para siempre en la cadena de mandos policiales y comenzaremos a ver que el remedio fue mucho peor que la enfermedad. <b>Sólo es cuestión de sentarse a esperar cuál será la próxima rebelión policial y cuáles los reclamos a satisfacer; ya quedó demostrado que serán atendidos sin dilaciones. </b></p>
<p>Así las cosas, y ante lo irreversible de la situación, sería mejor que al menos <b>para los cuadros subalternos de las fuerzas policiales se establezca la representación gremial</b>. De tal manera que se evite la repetición de los estados deliberativos y que exista una estructura que pueda hacer llegar orgánicamente a las autoridades políticas del Estado las necesidades más o menos sensatas de la tropa policial.</p>
<p>Para muchos viejos cuadros castrenses, leer esta afirmación deberá ser seguramente más “escandaloso” que la aprobación de la Ley de Divorcio, el matrimonio igualitario o la libre adopción de la identidad de género. Pero nos guste o no, algo comenzó a quebrarse en la nación, y digo que comenzó porque el final de esta película aún es incierto.</p>
<p>Rápidos de reflejos, los mandos de las fuerzas federales han hecho saber a la conducción política que será muy difícil que un agente bonaerense con un básico de $ 8.500 pueda coexistir con un marinero o gendarme de $2.800. ¿Dónde habría quedado entonces el viejo axioma sindical “a igualdad de tarea, igualdad de remuneración”? Con rapidez aún mayor, la política acaba de anunciar a la ciudadanía que se dispuso un “premio” a las fuerzas federales por su actuación en la represión de los saqueos. En la volteada cayó también la policía aeronáutica, que obviamente no reprime saqueo alguno pues no tiene ni elementos, ni personal apto para esa tarea.</p>
<p>En realidad en lo que se trabaja contra reloj es en <b>una rápida adecuación de los valores salariales federales a sumas equivalentes a las obtenidas por los “díscolos provinciales”</b> como única forma que la próxima orden que reciba un “federal” no sea respondida con un irreproducible epíteto.</p>
<p>La situación es mucho más grave de lo que puede imaginarse y no sólo por una mera cuestión salarial. El problema es filosófico; <b>una extraña mezcla de mala paga, mal trato y ninguneo</b>, con un generoso condimento “civilizador” que destruye a cualquier estructura verticalista.</p>
<p>La fabulosa máquina igualadora puesta en marcha desde hace una década, está funcionado a la perfección: <b>hemos igualado gracias al modelo a policías con piqueteros</b>. Misión cumplida. Un visionario del siglo pasado lo explicó magistralmente:</p>
<p><i>No pienses más, echate a un lao, </i><i><br />
que a nadie importa si naciste honrao.<br />
Que es lo mismo el que labura<br />
noche y día como un buey<br />
que el que vive de las minas, que el que mata o el que cura<br />
o está fuera de la ley.</i></p>
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		<title>Cristina, la madrina argentina del Papa uruguayo</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Sep 2013 04:31:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El próximo 30 de septiembre, Buenos Aires será protagonista de un hecho triplemente inédito. Por un lado, la más importante empresa de transporte fluvial de pasajeros del Río de la Plata (Buquebus) incorporará a su flota un nuevo barco dotado de propulsión a gas, un concepto de propulsión naval totalmente innovador que permite reducir prácticamente a cero la... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/09/20/cristina-la-madrina-argentina-del-papa-uruguayo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El próximo 30 de septiembre,<strong> Buenos Aires</strong> será protagonista de un hecho triplemente inédito. Por un lado, la más importante empresa de transporte fluvial de pasajeros del <strong>Río de la Plata </strong>(<strong>Buquebus</strong>) incorporará a su flota un nuevo barco dotado de <strong>propulsión a gas</strong>, un concepto de propulsión naval totalmente innovador que permite reducir prácticamente a cero la contaminación ambiental por gases de escape. A ello se le puede adicionar que la extraordinaria velocidad máxima que desarrolla la nave es de 58 nudos (107 kmts/hora). Piense, amigo lector, que si el barco se desplazara imaginariamente por la <strong>avenida General Paz</strong>, sería multado por exceso de velocidad.</p>
<p>En segundo lugar, si bien el nombre original de la embarcación sería el del fundador de la empresa naviera rioplatense (<strong>López Mena</strong>), la llegada del <strong>cardenal Bergoglio</strong> al sillón de Pedro en plena etapa final de alistamiento del buque produjo un radical cambio de planes. Será bautizado como “<strong>Francisco Papa”</strong>. Sin lugar a dudas, primer santo padre en ejercicio de su papado que tendrá un barco con su nombre.</p>
<p><span id="more-312"></span>El<strong> tercer hecho inédito en la historia de la navegación argentina es que la presidente de la Nación será su madrina de bautismo…</strong> Aquí es donde cualquier lector con un poco de memoria podrá revelarse a mi propio relato. “Si por lo menos 3 o 4 veces en estos años la presidente bautizó distinto tipo de embarcaciones, ¿qué no está contando este señor?”.</p>
<p>Tiene razón, amigo lector, y hasta en una ceremonia de bautismo le tocó a este columnista ser el presentador en sociedad de la nave a ser amadrinada por la Jefa de Estado. Pero lo inédito de este bautismo en especial es que el flamante y coqueto “Francisco Papa” llevará en su popa el<strong> pabellón uruguayo</strong>. Será tripulado por <strong>oficiales y marineros uruguayos</strong> y pasará obviamente a engrosar el tonelaje de registro de la <strong>marina mercante uruguaya</strong>, tributando al fisco oriental. Siendo éste el verdadero hecho inédito, el cual no es más malo en sí mismo pero debe necesariamente habilitar una serie de reflexiones.</p>
<p>En lo político, Cristina le debe el madrinazgo a una iniciativa personal del presidente <strong>Mujica</strong>, constituyendo un claro gesto de contrarrestar, al menos un poco, tantos otros hechos que vienen deteriorando las relaciones bilaterales. Otro hecho similar fue la invitación a la ceremonia de inauguración de la planta de <strong>ANCAP</strong> que <strong>Uruguay</strong> construyó con ayuda técnica de Argentina y que terminó con caras largas de nuestros vecinos, cuando la presidente confundió los términos del trato comercial pensando que la inversión de 400 millones de dólares era argentina cuando la cosa no era así.</p>
<p>En lo económico, la llegada de otra nave con pabellón extranjero a nuestras aguas no puede ser achacada a la perversidad de un grupo empresario que atenta contra el modelo, integra una conspiración mediática de la corpo o forma parte de la cruzada destituyente. Más allá del patriotismo, el amor a la bandera, la escarapela y al himno nacional, <strong>el negocio naviero -como tantos otros- es un negocio de capital intensivo.</strong> Esta joya de la tecnología naval que se incorpora tiene un costo de varios cientos de millones de dólares y su vida útil será a todas luces mucho más corta que cualquier estructura edilicia terrestre que a un costo equivalente albergue a una planta fabril (la ex <strong>Botnia,</strong> por ejemplo).</p>
<p><strong>La Argentina perdió hace varios años su marina mercante de ultramar</strong>; de la mano de esa pérdida, también perdemos por año más de 4000 millones de dólares pagados en fletes por exportaciones e importaciones a empresas de transporte marítimo extranjeras. Es muy cierto también que<strong> recuperar una marina de ultramar con bandera argentina es hoy por hoy un tanto utópico</strong> por innumerables factores que escapan a responsabilidades gubernamentales locales, entre ellos la existencia de las denominadas “banderas de conveniencia” con estándares impositivos, laborales y técnicos que los ponen en ventaja comparativa abismal. Por otra parte, una política comercial que castiga a los exportadores y que por poco no crucifica a sus importadores, no puede ni soñar con contar con buques nacionales, ya que lo usual es que estos naveguen con sus bodegas lo más cargadas posibles tanto de ida como de vuelta.</p>
<p>Pero cuando observamos que el Río de la Plata es surcado por buques uruguayos que transportan mayoritariamente a pasajeros argentinos. Cuando vemos pasar el 95% de las cargas que se transportan por la <strong>hidrovía Paraná Paraguay</strong> en trenes de barcazas o embarcaciones fluviales de bandera paraguaya, brasilera o boliviana o cuando descubrimos que los pocos buques mercantes que mantienen el pabellón argentino en sus popas lo hacen simplemente porque a sus armadores no les queda otra alternativa, deberíamos cuando menos preguntarnos por qué.</p>
<p>¿Será porque los convenios laborales de los gremios marítimos argentinos sean mejores para los trabajadores respecto a los de sus pares del resto de la región, con la contrapartida de incrementar los costos de operación de buques bajo convenio y bandera argentina? Tal vez. ¿Será por las exigencias técnicas y profesionales exigidas por la autoridad marítima de nuestro país para cumplimentar por parte de tripulantes como así también las correspondientes a la habilitación de embarcaciones, hacen que naves que jamás serían habilitadas por parte de nuestra <strong>Prefectura Naval</strong> (la más profesional y eficiente de la región, por lejos) naveguen “protegidas” por habilitaciones mucho más precarias admitidas por otras banderas? Muy probable. ¿Y qué decir respecto a la gran cantidad de<strong> complicaciones impositivas</strong> que afronta un armador argentino respecto a un similar de otra bandera y que originan situaciones tan curiosas como las que hacen que <strong>un buque argentino pague IVA cuando carga combustible en cualquier puerto argentino y uno de bandera extranjera que compite con el anterior esté exento</strong>?</p>
<p>Necesario e imprescindible resulta en este caso, exculpar a la actual gestión gubernamental de tamaños desajustes.<strong> La política naviera nacional viene siendo errática</strong> -cuando no inexistente- <strong>desde hace mucho pero mucho tiempo</strong>. Supimos ser una potencia naviera (en nuestra escala regional, claro está) pero de aquello sólo quedan recuerdos.</p>
<p>Lo que tal vez sí pueda reclamarse a una gestión como la actual -que <strong>“maltrata” con “cariño” a una empresa de aviación de capital chileno pero con aviones matriculados en el país y con tripulantes argentinos,</strong> en supuesta defensa de nuestra aerolínea de bandera- es que preste un poco más de atención a lo que viene ocurriendo desde hace tiempo en nuestro mar y fundamentalmente en nuestros ríos. Y que se encare de una vez una política de Estado acorde a una Nación con nada menos que 2.800.000 kilómetros cuadrados de plataforma marítima.</p>
<p><strong>Sin ser experto en materia tributaria</strong>, creo que <strong>si alguien se dedicara a un profundo estudio de las “asimetrías “ navieras regionales,</strong> equilibrando adecuadamente incentivos para una actividad que necesariamente enfrenta la competencia de empresas extranjeras en un mismo mercado común pero con reglas de juego distintas<strong>, podría darse vuelta una ecuación que al presente es francamente desastrosa para nuestro país.</strong></p>
<p>Hace poco más de tres meses, los argentinos aplaudimos con alegría la entronización del papa Francisco. El primer papa argentino. En pocos días más aplaudiremos el bautismo del “Francisco Papa”, pero esta vez tendremos que guardar el patriotismo para otra oportunidad. Cuando lo veamos surcar el Río de la Plata o cuando lo abordemos como alegres pasajeros, detengámonos un minuto para recordar al prócer de moda y preferido de la presidente, <strong>Manuel Belgrano,</strong> que una y mil veces repetía: “Una Nación que deja hacer por otra una navegación que puede hacer por sí misma, compromete su futuro y el bienestar de su pueblo”. ¿Quedó claro?</p>
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