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	<title>Fernando Morales &#187; Camila Speziale</title>
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		<title>Una de piratas</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Oct 2013 10:11:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Se incrementa día a día la campaña oficial y privada tendiente a rescatar de las garras del<strong> sistema judicial ruso</strong> a <strong>dos argentinos detenidos por “protestar contra la peligrosa extracción de hidrocarburos en el mar Ártico”</strong>. La movida salvadora llega a su punto máximo por estos días, dado que el propio <strong>canciller Timerman</strong> ha ofrecido al gobierno ruso una garantía oficial avalada por la propia presidente y que tiene como objetivo <strong>lograr que los “chicos” sean liberados y puestos en arresto domiciliario</strong>. Parece mentira, pero en los dos párrafos precedentes, se encuentran escondidos dos errores de concepto fundamentales los que -en mi humilde opinión- si no son asumidos por el propio gobierno, nos empujarán una vez más a ese oscuro camino que solemos transitar y que desemboca en <strong>un estilo de vida muy particular, obeso en derechos y desnutrido en obligaciones</strong>.</p>
<p><strong>Los hechos</strong></p>
<p><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Fugazmente, recordemos que todo comenzó cuando un <strong>buque polar</strong> (rompehielos) propiedad de la <strong>ONG Greenpeace,</strong> matriculado en <strong>Holanda</strong> (esto significa que ese Estado es el que tiene bajo su control las aptitudes náuticas de la nave y de su tripulación) se acercó a una <strong>plataforma petrolera rusa</strong>, fondeada en el <strong>mar de Pechora</strong> (<strong>Ártico ruso</strong>) bajando al mar botes semirrígidos tripulados, para intentar “escalar” por el casco de este “artefacto naval” y de esta manera materializar una <strong>protesta simbólica</strong> en contra de las actividades extractivas en forma pacífica… En tales circunstancias y estando la plataforma ubicada dentro del mar territorial ruso, la guardia costera local, argumentando que el buque no estaba autorizado a estar allí y temiendo que se tratara de un acto terrorista o pirata encubierto, hizo lo que la ley local manda: los detuvo a todos. <strong>Los ambientalistas argumentaron que la represión fue excesiva,</strong> pero no se han reportado ni bajas ni heridos entre los detenidos.</span></p>
<p><span id="more-329"></span>Los dos errores de concepto que debemos clarificar (y que seguramente no serán fáciles de asimilar por el <strong>razonamiento nac &amp; pop</strong>) radican en lo siguiente: “Fueron detenidos por protestar”. Falso de falsedad absoluta: <strong>fueron detenidos por violar la ley</strong>. Y cuando hablo de ley -con perdón de los profesionales del derecho-, bueno es aclarar que si bien por estos días muchos expertos han tratado de interpretar si los hechos se encuadran en lo que la <strong>Convención Internacional de Derecho del Mar</strong> define como piratería, siendo que este suceso ocurrió en aguas sujetas a la soberanía de un Estado, no corresponde aplicar la legislación internacional; lo ocurrido debe analizarse a la luz de lo que dispone la <strong>ley rusa</strong>. (Otro día hablamos de por qué usamos la Convención del Mar para defender a nuestra <strong>fragata</strong> <strong>Libertad</strong> en <strong>Ghana</strong>).</p>
<p>Es muy cierto que la mayoría de los países marítimos han adaptado sus legislaciones locales de forma más o menos homogénea en infinidad de cuestiones, máxime cuando la <strong>Organización Marítima Internacional</strong> ha avanzado en su cometido de ir logrando convenios internacionales que unificaron buena parte de los estándares en materia de navegación no militar. <strong>La acción desarrollada desde el rompehielos &#8220;Artic Sunrise&#8221; violó específicas normas de seguridad de la navegación</strong>, del buen ejercicio profesional de la conducción de un buque, de legislación local sobre actos de terrorismo o piratería (lo que no los transforma en piratas), comprometiendo asimismo la seguridad operativa de la plataforma y de los propios activistas. Es decir si hubieran fondeado su buque, con el respectivo permiso de la autoridad marítima, y hubieran desplegado un cartel o cincuenta carteles sin constituir peligro para la navegación, hoy estarían todos felices y contentos subiendo sus ecológicas fotos al Facebook. Pero asumamos, <strong>violaron no una sino varias leyes.</strong></p>
<p>El otro concepto erróneo radica en la particular manera d<strong>e minimizar un hecho grave suavizándolo con el vocablo “chicos”</strong>. Los chicos que roban, que queman una iglesia o que violan la ley rusa deberán entender que lo que no se puede no se puede, aun desde su no siempre tan pero tan corta edad. Vamos a conceder que tal vez la señorita <strong>Camila Speziale</strong> sea una joven llena de ideales, de amor por la ecología y que llegó a comprender los riesgos que entraña la <strong>extracción de hidrocarburos en alta mar</strong> y sintió el intimo impulso de alzar su voz. Cómo no darle la derecha si este columnista es el responsable de una persistente campaña de <strong>ecología</strong> <strong>marina</strong> que se difunde en varias radios del país. ¿Tenía ella la obligación de conocer toda la legislación nacional e internacional que regula la navegación marítima y todas las responsabilidades civiles y penales que emergen cuando se las viola? Parece mucho pedir para una joven de 21 años.</p>
<p><strong>El otro “chico” tiene 40 años, no es un voluntario ecologista sino un marino profesional egresado de la misma escuela de la que yo egresé,</strong> con obligación por lo tanto de conocer lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer cuando se tripula con la jerarquía de oficial un rompehielos. Si bien declara adherir a los principios de la <strong>ONG</strong>, todos los meses recibe un salario por su tarea a bordo, es decir, trabaja en forma lícita y honesta para una entidad que es propietaria de buques. En el caso particular de esta nave, como dijimos está matriculada en <strong>Holanda</strong>, siendo que la autoridad marítima de ese país es la responsable de garantizar que la nave se haga a la mar reuniendo todos los requisitos exigidos tanto para el barco en sí como para quienes lo conducen.</p>
<p>A todas luces, las responsabilidades emergentes del accionar de este multinacional grupo de activistas (voluntarios y rentados) podrían ser diferenciadas si la justicia rusa se lo propone. El máximo responsable será sin lugar a dudas el capitán de la nave. ¿O no fue tan imprudente su accionar como el del capitán cobarde del <strong>Costa Concordia</strong>? Gracias a Dios no hubo muertos en este caso. En segundo término, el resto de los oficiales de la nave han cometido hechos de imprudencia graves. Seguramente distan mucho de la piratería o el terrorismo, pero son más graves que una travesura adolescente. Por último, todos y todas las demás personas que sin ser parte de la dotación de operación náutica de la nave se sumaron a esta onda verde pero peligrosa deberán dar las explicaciones del caso, ya que aunque no suene progre, los países no parecen muy dispuestos a tolerar que grupos oficiosos procedan de hecho contra sus intereses o reglamentaciones.</p>
<p>Un hecho no menor es que dentro de la “<strong>salvaje</strong> <strong>represión</strong>” denunciada por los ecologistas se incluyó el accionar de la <strong>tripulación de la plataforma</strong>, consistente en disuadir el intento de abordaje utilizando las <strong>mangueras de incendio para “disparar” agua</strong> contra los que intentaban escalar el casco de la nave. <strong>Ese accionar está contemplado expresamente en la resolución Nro. 1334 de 2012 dictada por el Comité de Seguridad Marítima de la Organización Marítima Mundial,</strong> que recomienda firmemente no usar armas a bordo de naves y restringir cualquier represión a intentos de abordaje a la utilización de mangueras de incendio con agua de mar a una presión de 5,5 kg/cm2. Por otra parte si el abordaje hubiera tenido éxito, el capitán de la plataforma debería haber impedido el abandono de la nave usando los mismos medios utilizados para abordarla; ya que un accidente al abandonarla en forma no segura sería achacada en forma invariable a la máxima autoridad a bordo.</p>
<p>Es más que seguro que Camila y Hernán volverán a sus hogares en breve. <strong>Sería justo que afrontaran las consecuencias: no por el fondo de su reclamo sino por la forma en que lo hicieron</strong>. Tal vez Hernán vea restringida, por algún tiempo, su posibilidad de navegar como marino profesional, pero es importante que la sociedad argentina no reciba una vez más el mensaje oficial equivocado. <strong>El Papa dijo “ hagan lío” es verdad&#8230; pero ¿imagina usted, amigo lector, a un ejército de curas y monjas tomando por la fuerza colegios laicos para llevar la palabra del evangelio?</strong></p>
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		<title>Colegios porteños y buques rusos</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Sep 2013 09:19:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left" align="center">Es absolutamente cierto que para un cincuentón forjado en la rígida estructura educativa de un instituto de formación de marinos  dependiente de la Armada, allá por inicios de los 80, imaginar tan sólo el acto por el cual <strong>un grupo de adolescentes se apodera de las instalaciones del colegio</strong> en el que estudia para reclamar que se les cambie  el <strong>menú</strong> del bar, los equipos de <strong>aire acondicionado</strong> o el <strong>plan de estudios</strong> (lo mismo da) es algo difícil de digerir.  Hasta hace un par de años estaba orgulloso de que ello fuera así; pero ahora viendo a mis contemporáneos (los padres de los adolescentes) <strong>apoyar fervientemente la degradación educativa nacional y popular</strong> y siendo los garantes de la impunidad púber, comienzo a avergonzarme por no haber evolucionado conforme lo dictaminan los nuevos paradigmas socio culturales.  Pido perdón por no poder hacer la metamorfosis requerida en tiempo y forma y prometo intentarlo con más énfasis.</p>
<p>Claro que cuando veo (en mi medio) a jóvenes cadetes planteando sus inquietudes, reclamos, sugerencias y -por qué no- exigencias, con absoluta naturalidad y firmeza en sus convicciones, siento una <strong>sana envidia</strong> por ellos y recuerdo con pesar las  –muchas veces-  innecesarias  “humillaciones de todo tipo”  a las que mis poco académicos oficiales superiores y profesores me sometieron  y que  siempre eran <strong>amparadas en la necesidad de templar el carácter</strong> para soportar la dura vida del marino  a bordo de los buques de nuestra flota.</p>
<p>También recuerdo -claro está- los malabares que aquellos improvisados docentes debieron hacer para transformar a un perito mercantil que no diferenciaba una arandela de un transistor, en un <strong>marino profesional</strong> especializado en electricidad y propulsión marina.  Siendo lo más milagroso  de este “retrógrado” sistema de enseñanza, que aún quien quedaba en el fondo de la tabla en el promedio de egreso, salía de la escuela en <strong>condiciones óptimas para ejercer la primer jerarquía de la profesión naval</strong>.  Algo que lamentablemente no se aprecia con la misma calidad en la actualidad,  pero me rindo ante las actuales corrientes educativas las que están adecuadas a los nuevos tiempos y sobre las que carezco de autoridad académica para cuestionar.</p>
<p>Aunque por momentos  se apodera de mí una irresistible tentación de <strong>alzar la pluma para alertar sobre la peligrosa degradación</strong> que en mi humilde opinión se está produciendo en varios <strong>institutos de formación dependientes de los ministerios de Defensa y Seguridad</strong>. Pero por estos días las sensibilidades de algunas áreas ministeriales parecen poco dispuestas a soportar la opinión de un columnista uniformado. Por lo que prefiero reservar este análisis para cuando “ la tempestad amaine “ no quisiera que algún otro “justo” con galones pague por este infame pecador&#8230;</p>
<p>Dejemos por un momento a los marinos y al agua y pasemos brevemente revista a dos hechos que son noticia por estos días y que tal vez no tengan nada que ver entre sí (aunque no me animaría a afirmarlo).</p>
<p>Una vez más y van….. la geografía citadina se ve “engalanada” por las ya habituales  <strong>tomas de colegios</strong> secundarios ( primarios y jardines maternales por ahora no se pliegan) realizadas por “referentes” estudiantiles que como dijimos en el inicio de esta columna, utilizan este “democrático” método de <strong>coerción</strong> para reclamar por las más variadas causas; siempre pretendiendo ser dueños absolutos de la verdad y exigiendo sin miramientos ser atendidos en sus reclamos no por un mísero rector sino cuando menos por el ministro de educación de la comuna.</p>
<p>Ciertamente, los otros cincuentones no marinos que lean esta columna, coincidirán conmigo que sin ser obligados a raparse el pelo ni a saludar militarmente a la bandera cada mañana, sus adolescencias fueron un tanto más pobres en derechos que la que viven los jóvenes de hoy.</p>
<p>Nuestra sociedad, tan castigada durante décadas por <strong>abruptos y trágicos cercenamientos de derecho</strong>s, que incluían  desde la libertad de expresión , pasando por la libre elección de que libros leer, qué películas ver o qué ropa vestir y llegando a situaciones dramáticas por todos conocidas, parece ahora haber desarrollado <strong>anticuerpos en exceso</strong> para contrarrestar todo tipo de límites. Los ya naturalmente inaceptables, pero también los otros, los que provienen de elementales cuestiones emanadas de reglas básicas de convivencia, de elementales normas de autoridad, de orden y de respeto por el otro.</p>
<p>Vivimos  en una <strong>exaltación de nuestros todopoderosos derechos,</strong> olvidando la mayoría de las veces lo que emana de un concepto que ha prácticamente caído en desuso: nuestras <strong>obligaciones</strong>.  Sin ser esto de ninguna manera patrimonio exclusivo de los jóvenes o adolescentes, cada mañana al ejercer el  derecho a conducir nuestros vehículos, olvidamos nuestra obligación de hacerlo obedeciendo elementales normas de tránsito. Abusando “in extremis” de la<strong> laxitud de las autoridades públicas</strong> a las que se les prohíbe desde el relato “criminalizar” cualquier cosa; alcanzando el concepto muchas veces hasta al propio accionar de la delincuencia</p>
<p>Y si bien todo está “joya” fronteras adentro, en el resto del mundo estas modernas corrientes sociales no parecen diseminarse con la misma rapidez o profundidad, así por ejemplo intentar abordar una <strong>plataforma estatal  de extracción petrolera rusa</strong> en pleno <strong>mar Ártico</strong> desde un ex buque pesquero de bandera holandesa transformado en rompehielos ecologista de <strong>Greenpeace</strong>, puede ser considerado por las autoridades locales,  como algo poco divertido; más bien ilegal y por ende penalmente reprimible; debiendo los responsables  del hecho afrontar las consecuencias.</p>
<p>Y créame, amigo lector: ni remotamente pienso que nuestros dos compatriotas hoy detenidos por las autoridades rusas sean piratas marinos ni mucho menos. El problema es que no importa lo que usted o yo creamos; el tema está es como interpreten la supuesta ofensa criminal, las autoridades locales.</p>
<p>Por un lado una joven argentina voluntaria de la organización internacional  Greenpeace deberá dar las explicaciones que le sean requeridas; por otro lado, <strong>Hernán Pérez Orsi</strong>  a quien recuerdo como a un entusiasta <strong>cadete de la promoción 97 de la Escuela Nacional de Náutica</strong>, que finalizó sus estudios allá por 1995, deberá además cargar con su r<strong>esponsabilidad como oficial del buque holandé</strong>s que “prima facie” violó la ley rusa junto al resto de la tripulación náutica de la nave. Todo marino profesional es plenamente consciente por estos días de que los hechos del 11S impactaron radicalmente en la actividad marítima y naval y que una plataforma petrolera es un objetivo estratégico sensible para cualquier potencia marítima sea cual fuere el sesgo ideológico de su gobierno.</p>
<p>Al margen de lo cada uno de nosotros pueda pensar acerca de los métodos y finalidades de la mundialmente famosa organización ecologista , y sobre la <strong>paradoja</strong> resultante de repudiar la extracción de hidrocarburos desde un buque que  utiliza  combustibles y aceites derivados de petróleo que  tal vez sea  extraído de una plataforma similar a la que intentaron abordar , hay dos hechos sobre los que desearía redondear la columna de hoy.</p>
<p>Por un lado sumarme al deseo de las familias de nuestros compatriotas, para que lo más rápido posible puedan regresar a sus hogares y que un manto de <strong>misericordia y de sentido común</strong> haga que las autoridades judiciales rusas no consideren  el irresponsable abordaje a su plataforma como un acto formal de piratería sino como un hecho ilegal pero de menor gravedad.</p>
<p>Pero por otro, viendo una y mil veces las imágenes de los <strong>papás de Camila</strong> mostrando con orgullo la foto de la “nena” y relatando la nobleza de su causa; como así también escuchando a la familia de mi colega<strong> oficial de la Marina Mercante Argentina</strong> y como tal conocedor profundo de la legislación marítima internacional, me falta oír aún alguna voz que deje suficientemente en claro que <strong>nuestros compatriotas violaron la ley de un país extranjero</strong>. Es más que probable que el talento de nuestros diplomáticos (me refiero a los de carrera claro está) minimice la gravedad de los cargos por los que potencialmente podrán ser condenados, pero por favor a todos los papás de todas las  Camilas  que se embarcan en éstas y otras aventuras por el estilo, sería bueno recordarles que al menos en los temas relacionados con la observancia de la ley, la teoría garantista del relato local no aplica en el resto del mundo. Tal vez  como una solución intermedia, podamos al menos  inculcar a nuestra juventud que <strong>la protesta no debe criminalizarse siempre y cuando no se cometa un crimen para protestar.  </strong></p>
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