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	<title>Fernando Morales &#187; Chile</title>
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		<title>Cambiemos y el desafío de la cuestión militar</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Jan 2016 14:44:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente, a poco más de un mes de asumir el Gobierno, Mauricio Macri anunció quiénes ocuparán las jefaturas de los Estados Mayores, el conjunto y cada una de las fuerzas. Recordemos que desde 1983, a diferencia de las fuerzas de seguridad, las Fuerzas Armadas no tienen jefes, ya que el único comandante es el Presidente de la Nación. Las jefaturas de Estado Mayor no habilitan a quienes las detentan a ordenar desplazamientos de tropas o uso de las armas sin el consentimiento del comandante. A veces es bueno recordárselo a los propios interesados.</p>
<p>Los cambios anunciados presuponen una fuerte purga de al menos 22 generales para el caso del Ejército, dado que el designado general, Diego Suñer, ocupa el puesto 18.º en el orden de precedencia de la fuerza y a ello se le suman otros desplazamientos en el Estado Mayor conjunto y los que el propio nuevo jefe promueva una vez que proponga a quien lo secundará. El mensaje aquí fue claro: “Cuantos menos vestigios queden de César Milani, mejor”. Por ello es probable que algunos otros generales también deban abandonar las filas del Ejército.</p>
<p>Para la Armada y la Fuerza Aérea el criterio fue bien distinto. Se eligieron oficiales de entre los más antiguos y ambos, tanto el vicealmirante Marcelo Srur como el brigadier Enrique Amrein, con pergaminos más que suficientes para honrar con creces el cargo para el que han sido propuestos. No obstante, en ambas fuerzas y por debajo de ellos en la pirámide castrense, existen conspicuos oficiales militantes a los que el sentido común indicaría que les ha llegado su hora.<span id="more-948"></span></p>
<p>Hasta aquí lo que ha hecho Mauricio Macri es lo más fácil de hacer: producir un natural recambio de hombres, reemplazándolos con otros menos comprometidos con el Gobierno anterior. Pero el verdadero desafío con el que debe enfrentarse es el de<b> producir de una vez el verdadero cambio que las estructuras militares de la patria necesitan desde hace ya más de tres décadas</b>.</p>
<p>Tanto el ministro de Defensa Julio Martínez como su vice, Ángel Tello, conocen debidamente a las fuerzas. El primero viene de ser vicepresidente de la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados, mientras que Tello es un nombre del palo, profesor en academias de guerra, coorganizador de los famosos ciclos “Almirante Storni”, netamente navales, y estudioso de la cuestión militar; sabrá diferenciar la paja del trigo y filtrar adecuadamente una interesante cantidad de iniciativas que por estos días comienza a llegar a distintos despachos de asesores del Ministerio.</p>
<p>Aquel famoso suceso de militares chilenos cantando mientras trotaban por la costa de Viña del Mar: “Argentinos mataré, peruanos degollaré, bolivianos comeré” no es, por cierto, simpático, pero nos habla a las claras de cuáles son potencialmente las hipótesis de conflicto para las que Chile prepara a sus tropas, aunque ya no lo declamen cantando. Esto no es descabellado, un país arma sus defensas basándose en los peligros potenciales que puede enfrentar y para el caso de nuestros vecinos esos peligros no pasan ni por China ni por Rusia.</p>
<p>Nuestro país decidió unilateralmente eliminar toda hipótesis de conflicto. Una suerte de pensamiento mágico que indica que nunca jamás tendremos un conflicto con vecino alguno, ni por la medianera, ni por el agua, ni por una inmigración masiva. Dios quiera que así sea, pero entonces, si no hemos de tener conflictos externos y no las hemos de emplear para cuestiones internas, ¿para qué queremos tener Fuerzas Armadas?</p>
<p>Obviamente la respuesta a esta pregunta no es su eliminación, ya que dejar al país más indefenso de lo que ya se encuentra sería un error de consecuencias imprevisibles. <b>Lo que deberá iniciar necesariamente la actual administración (sabiendo que en un período de gobierno no verá resultados que pueda mostrar con orgullo) es una profunda reestructuración de fondo y de forma en las estructuras militares de la nación.</b></p>
<p>Hoy tenemos un ejército que recobró notoriedad en los últimos años por las supuestas tareas de inteligencia interna que, de la mano del general Milani, fueron puestas al servicio personal de la ex Presidente y que involucran a la fuerza en temas tan turbios como escuchas ilegales a personalidades de la política, la Iglesia y los sindicatos, e incluso sospechas de participación en los sucesos que terminaron en la aún no esclarecida muerte del fiscal Alberto Nisman. Por estos días todos los medios de prensa dan cuenta de los estrechos nexos entre agentes de inteligencia de la ex Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) y los altos mandos de la fuerza de tierra.</p>
<p>Mientras tanto, la Fuerza Aérea es hoy prácticamente testimonial, ya que casi no le quedan aviones en servicio. Sólo han existido espectaculares anuncios de producción en serie de aviones en el mercado local, los que por ahora no pasan de un prototipo que aún no vuela. Un intento de comprar material israelí se topó con la opinión en contra del ex director de Material de la fuerza, quien pagó con su puesto el haber osado arruinar un bonito negocio con escaso rédito para la aviación militar. Un claro ejemplo de lo que un militar con honor debe hacer.</p>
<p>La Armada Argentina, por su parte, libra una sorda lucha contra la Autoridad Marítima Nacional (la Prefectura Naval Argentina) para intentar subsistir. El tozudo control de actividades relacionadas con la Marina Mercante y su personal embarcado, la asistencia y el salvamento a personas en peligro en el mar, el control de los ríos y de la pesca ilegal y hasta la actividad antártica, son fuentes permanentes de conflicto. En rigor de verdad, mucha legislación que fue redactada en épocas en que la Policía Marítima dependía de la Marina de Guerra deberá ser actualizada para evitar enfrentamientos estériles entre servidores públicos pagados por un mismo patrón (el Estado nacional). Las actuales conducciones de los ministerios de Seguridad y Defensa parecen tenerlo claro y prometen solucionarlo a la brevedad. De hecho, están recibiendo propuestas al respecto.</p>
<p>Temas paradigmáticos, como la conveniencia de que un buque como el rompehielos Almirante Irízar (que no es de la Armada) o los buques hidrográficos de uso civil propiedad del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) sigan siendo tripulados por marinos militares en lugar de sus naturales tripulantes civiles, comienzan hoy a plantearse en boca de allegados al propio ministro de Defensa.</p>
<p>Pero el gran desafío pasará por responder la pregunta antes enunciada con realismo y tal vez con crueldad. <strong>El país ya no puede seguir soportando estructuras gigantescas pero vacías de contenido</strong>. Desde un Hospital Militar Central donde los enfermos caminan centenares de metros para ir de un servicio al otro dentro de un nosocomio derruido, que bien podría reemplazarse con un edificio más racional y moderno, que podría ser financiado sólo con el valor del terreno del actual emplazamiento. Pasando por barrios militares en las zonas más caras de la ciudad y edificios sede de las fuerzas en plena capital, cuando en realidad deberían ser redistribuidos en bases y cuarteles cercanos a las zonas que deben custodiar. Hasta el desprendimiento de todo el material obsoleto —cuando no inoperable—, que solamente sirve para emplear mano de obra en inútiles tareas de mantenimiento sin grandes resultados. Pintamos y repintamos barcos y tanques viejos una y otra vez.</p>
<p>Si Mauricio Macri es capaz de vivir en su propia casa y descansar el fin de semana en su propia quinta, ¿por qué una milicia pobre debe seguir quemando recursos en lujosas viviendas oficiales y verdaderas estancias de recreo para sus altos mandos? La pregunta en boca de un ciudadano es lógica, pero realizada por un funcionario de gobierno es mucho más que promisoria. Si hemos de cambiar, cambiemos a fondo y en todo lo que haga falta. Es ahora o nunca.</p>
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		<title>Parecido pero diferente</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Oct 2014 11:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La torre “Coraceros” es un coqueto edificio de oficinas ubicado prácticamente sobre la costa en la ciudad chilena de Viña del Mar. Mirando al oeste desde el piso 24 se tiene la sensación de estar volando sobre el Pacífico. Tal vez la imagen sea similar a la que podríamos obtener desde cualquier torre con vista al mar ubicada en algún punto de nuestro amplio litoral atlántico. Pero la torre “Coraceros” ofrece un espectáculo adicional; sus amplios ventanales con vista al este nos permiten ver la majestuosa altura del “Aconcagua”. Es recién ante esta vista cuando uno puede llegar a comprender lo que es la “estreches territorial” . Curioso “privilegio” visual, imposible de obtener de este lado de la cordillera; sería absurdo suponer que desde algún punto elevado de nuestra maravillosa patria podamos ver al mismo tiempo dos límites terrestres de su dilatada geografía.</p>
<p>Compartimos muchas cosas con nuestros vecinos trasandinos. Muchas más que nuestro nacimiento como Estados independientes gracias al sable libertario del General San Martín. Una geopolítica propia de países ubicados en el extremo sur del planeta, un extenso litoral marítimo, repleto de riquezas; fuente de trabajo y bienestar para gran parte de su pueblo; un océano que a diferencia de los Andes no es sinónimo de separación sino que bien aprovechado conecta este extremo sur con los grandes centros de consumo de Oriente y Occidente respectivamente. Hemos compartido además una larga sucesión de conflictos limítrofes que alguna vez nos pusieron al borde del enfrentamiento armado. Y como usted bien sabe – amigo lector- Ambos países son gobernados por mujeres y esas mujeres tienen una concepción política más o menos parecida. Aunque intelectualmente hablando parecería ser que la estreches se encuentra de este lado las montañas…</p>
<p>Es radicalmente diferente, salir del país en plan turístico a hacerlo por motivos de trabajo o como integrante de una delegación nacional a un congreso internacional. El sol siempre ”brilla” para el turista al margen de las contingencias sociales y políticas del lugar que visita. Se traen de regreso tanto en nuestra memoria como en la del teléfono celular, imágenes siempre bellas; no importa si visitamos Miami, La Habana, Tel Aviv o Sudáfrica. <strong>El imperio, la libertad, la paz o la miseria, se ocultan la mayor parte de las veces de los displicentes ojos turísticos.</strong></p>
<p>La semana que dejamos atrás; me encontró participando de un congreso internacional de marinos en el vecino país. Representantes de instituciones marinas de Latinoamérica y Europa interactuaron durante varias jornadas con los anfitriones locales, en su mayoría oficiales de la armada chilena, empresarios navieros y dirigentes gremiales del sector. Y si me atrevo a molestarlo, querido amigo, con estas reflexiones es porque considero que muchas veces el alejarnos unos pocos kilómetros de nuestra convulsionada realidad resulta útil para repreguntarse una vez más porque nos pasa lo que nos pasa</p>
<p>La interacción con senadores y diputados, alcaldes y altos jefes navales es sin lugar a dudas siempre muy interesante e instructiva. No obstante el ida y vuelta con el hombre de la calle es en cualquier circunstancia inigualable. Al dejar el país, solemos llevar en nuestras maletas, todo aquello que creemos necesario para una confortable estadía; llevamos también como equipaje de mano, nuestra cultura; nuestra idiosincrasia y nuestra coyuntura . Esta última incluye: obsesión por temas como el dólar, el cepo, la inseguridad, preocupación por la corrupción en todos los estamentos del Gobierno; intolerancia al que piensa distinto; alteración de la historia de la patria; ocultamiento de la verdad, relato, modelo; arengas presidenciales insoportables, inentendibles y caprichosas. Y por sobre todo una difusa y peligrosa mezcla de gestión de Estado con aplauso militante rentado.</p>
<p>Tal vez el primer baño de realidad (de una realidad distinta quiero decir) me lo dio el conserje del hotel en el que nos hospedaron. “ No, señor, no cambiamos dólares, a dos calles de aquí tiene una casa de cambio” en el mismo sentido es fácil recibir como repuesta de parte de cualquier empleado de comercio “ no tengo idea” si uno pretende que rápidamente el precio de un bien expresado en moneda local le sea convertido a la divisa que desvela nuestros sueños. La explicación a este primer “cachetazo” cultural es obviamente muy sencilla: el peso chileno es una moneda fuerte de valor constante desde hace muchísimo tiempo; no es que el pueblo chileno es más patriota, simplemente no necesitan refugiarse en una moneda extranjera.</p>
<p>CNN Chile (si, amigo lector, el imperio tiene su emisora allí y, aunque no lo crea, nadie habla de &#8220;corpo&#8221; alguna) es de gran utilidad para ponerse al tanto de la actualidad local. <strong>Gran preocupación causaba por estos días en todo el país la muerte número 12 en lo que va del año de un ciudadano por un hecho de inseguridad.</strong> Asimismo, el jefe de Carabineros (los uniformados pueden hablar en Chile, parece mentira) expresaba con tranquilidad que un presunto hecho de corrupción policial había sido esclarecido</p>
<p>Las apariciones presidenciales son tan sobrias como los atuendos de la señora Bachelet. Aunque parezca increíble, suele repetir su vestimenta. Su entorno es su despacho, la bandera de Chile y no mucho más. No hay militancia rentada. Y aunque al igual que lo que ocurre aquí; los sectores uniformados no comulgan con sus ideas, no dejan de reconocer que es una estadista con mayúsculas. Y que no ven en sus acciones un afán de revancha sino una profunda convicción republicana. Por las noches la señora Bachelet, al igual que todos sus antecesores, regresan a su hogar. El Estado chileno no provee alojamiento ni al presidente, ni a sus ministros ni a sus jefes militares.</p>
<p>Hay preocupación en Chile por cosas más o menos parecidas a las de este “lado”: la desocupación, la educación y la salud están primeros en la agenda. Se agregan a ellos una realidad geográfica difícil, un Océano Pacífico que no siempre hace honor a su nombre y una tierra que cada tanto los estremece por demás. Lo que no hay es crispación. <strong>No son retados cada mañana por un jefe de Gabinete hablando incoherencias prolijamente preparadas de antemano.</strong> No son arengados cada día para ilustrarlos sobre campañas transnacionales en su contra. Sus conflictos son acotados, Perú, Bolivia y Argentina son de tanto en tanto factores lógicos de tensión. Pero ven en el mundo en general una enorme fuente de oportunidades. No castigan el consumo, lo fomentan; no censuran al opositor, lo confrontan. Y a pesar que el océano come cada año un centímetro de su escaso territorio, definen a su país como un ”balcón al mar”, lo que simboliza una apuesta al futuro</p>
<p>No pretendo convencer a nadie (ya que ni yo lo estoy ) que la cordillera separa al infierno del paraíso. Sigo siendo un convencido que habitamos un país maravilloso con una inmensa mayoría de población integrada por gente de bien y con profundo amor por su país. Sí es cierto que afrontamos una tremenda falencia de talento en nuestra clase dirigente, la que se evidencia en la cima misma del poder. Me atrevo a comenzar a pensar que mis profundas diferencias con esta gestión, que nos lleva inevitablemente a un profundo abismo del que nos costará muchísimo salir, son tal vez más de forma que de fondo. Derechos humanos, modernización de la Justicia y de los instrumentos de esta, apuesta a la industria nacional, lucha contra la concentración del poder económico; asistencia a los sectores más necesitados de la sociedad; educación, vivienda y salud para todos, son banderas con la que difícilmente un ciudadano no pueda sentirse identificado.</p>
<p>Apropiación de las banderas de la democracia, intentar doblegar a la Justicia para ponerla al servicio del régimen, empresarios amigos con impunidad absoluta y vía libre para el saqueo a las arcas de la nación, adoctrinamiento en las aulas, parricidas al frente de los planes de vivienda del Estado. Son situaciones que poco tienen que ver con un modelo de gestión al que se le pueda dar un voto de confianza. “Las comparaciones son odiosas” decían las abuelas. A veces lo realmente odioso es ver con sana envidia como mientras nuestros vecinos de Oriente y Occidente, crecen y se afianzan en sus respectivas escalas. Argentina se va quedando sola, aislada, víctima de formas perversas implementadas por oportunistas que han traicionado incluso a sus propios ideales, los que aplicados con un poco más de honestidad tal vez hubieran sido realmente beneficiosos para todos y todas</p>
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		<title>Entre Bachelet y el &#8220;pongui pongui&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2014 10:43:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Michelle Bachelet]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace un tiempo, mientras aguardaba a ser atendido por un directivo de la Liga Marítima de Chile, observaba el paisaje imponente que rodea al coqueto edificio “Coraceros” ubicado en pleno centro neurálgico de la ciudad de Viña del Mar. Hacia el poniente el majestuoso océano Pacífico. que casi parece acariciar el pórtico de entrada; hacia... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/04/14/entre-bachelet-y-el-pongui-pongui/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un tiempo, mientras aguardaba a ser atendido por un directivo de la Liga Marítima de Chile, observaba el paisaje imponente que rodea al coqueto edificio “Coraceros” ubicado en pleno centro neurálgico de la ciudad de Viña del Mar. Hacia el poniente el majestuoso océano Pacífico. que casi parece acariciar el pórtico de entrada; hacia el este, la majestuosa Cordillera de los Andes y la sobresaliente silueta del Aconcagua. Esa postal que retrataron mis ojos desde un piso 24, era lo último que me faltaba para terminar de comprender la casi mágica subsistencia del pueblo trasandino (según nuestra ubicación, al menos; para ellos los trasandinos somos nosotros&#8230;)</p>
<p>Imagine, amigo lector, desde qué punto de la Argentina, sin importar lo alto que éste fuere, podríamos divisar los límites este y oeste del país. Imposible, claro está. Pero en Chile, basta trepar unos metros por sobre el nivel del mar para tomar adecuada perspectiva de su extrema delgadez territorial. Por un lado, el muro rocoso infranqueable; por el otro. el impredecible beso marino, que año tras año se roba unos centímetros de costa y que de tanto en tanto rompe sus propios límites para robarse la vida, los sueños y los bienes de los inevitablemente ribereños pobladores.</p>
<p>Con climas duros en el sur y en norte, con una agricultura extremadamente ingeniosa para arrancarle nutrientes a la roca, una rica minería y mucho pero mucho espíritu de sacrificio, <strong>Chile nos exhibe con orgullo algunos indicadores de desarrollo que son dignos de admiración</strong>. Puede también dejarnos con la boca abierta en algunas otras cuestiones, entre ellas la gran madurez con la que el pueblo y los distintos gobiernos democráticos han dejado atrás los años oscuros de la dictadura y, como más allá de derechas e izquierdas, cuestiones básicas tales como el posicionamiento internacional, la inquebrantable voluntad de ver en el Pacífico más que un límite una oportunidad de negocios con todo Oriente<strong> y la astucia y pragmatismo con que los demócratas de hoy supieron mantener todo aquello que los tiranos de ayer habían hecho más o menos bien</strong>, les permitió avanzar a un excelente ritmo.</p>
<p>Hace pocos días atrás, el anterior Jefe de la Armada Chilena definió a su país como “un balcón al mar”. Dicho sea de paso, no pasó a retiro porque osara hablar en público, ni por haber posado en una foto con un dirigente opositor. Simplemente cumplió su mandato de cuatro años al frente de su fuerza y, tal como marca la ley, fue reemplazado por uno de los tres oficiales superiores que le seguían en antigüedad. Una elemental forma de despolitizar a las cúpulas militares. (igualito que acá ¿vio?). <strong>Pero el destino parece ensañarse con nuestros hermanos con una inusual frecuencia:</strong> cuando apenas comienzan a levantarse de un tsunami, les manda un terremoto y, con las heridas aún sangrando, les envía un devastador incendio en la populosa Valparaíso, uno de los principales focos económicos del país.</p>
<p>Como todos saben Chile es gobernado por una mujer; una mujer que ha demostrado ser una verdadera estadista. Hija de un militar asesinado por sus propios camaradas de armas. Una mujer de esas que sí la pasaron mal durante la ausencia de la democracia y tendría más que sobrados motivos para buscar “revancha” desde el poder que por segunda vez le otorgó el voto popular. Pero una vez más y ante la terrible tragedia que ahora azota a su país, la presidente Michelle Bachelet no dudó en poner la zona en emergencia bajo el absoluto control de la fuerzas armadas de su nación. ¿Supone tal vez esta actitud sucumbir bajo el despótico dominio de las botas castrenses? ¿Significa acaso, que la autoridad civil se declara rendida ante la emergencia y pide a hombres de una raza superior que por favor salven al pueblo? ¿Claudicó la seguramente también nacional y popular jefa de Estado a los mandatos de las corporaciones trasandinas, al establishment local o la presión de alguna superpotencia extranjera ubicada más bien al sur de Canadá?</p>
<p>No, no y una vez más no. <strong>Simplemente la Jefa de Estado y Comandante en Jefe de sus Fuerzas Armadas ha revindicado su natural mando sobre las mismas.</strong> Ella; la Jefa civil, diagramará la estrategia y sus subordinados de uniforme actuarán en el terreno táctico. Bajo el mando civil, pero con la experiencia, disciplina, equipos y entrenamiento que les son propios. La democracia no pierde ni se arrían sus banderas con esta actitud, sino todo lo contrario. Se verá fortalecida</p>
<p>Algún amigo lector afín a nuestro “modelo” podrá decir que ante las últimas inundaciones en la ciudad de La Plata, las FFAA del país también fueron puestas al servicio de la población. Y es verdad en parte. <strong>Pero fueron confinadas a una función periférica, eran los aguateros del equipo. </strong>Las primeras figuras, como no podría ser de otra manera, fueron los jóvenes de la “Cámpora”, de “Unidos y Organizados”, de “Kolina” y cualquier otro con ganas de lucir en su pecho un chaleco que revindique a la década inundada. Perdón… ganada</p>
<p>Un papel no menor jugó el ahora exiliado ex secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el que dando muestras de una capacidad ejecutiva increíble decretó el ya famoso “pongui pongui” millonario impuesto de facto. Prolijamente recaudado, al parecer hasta el presente no fue aplicado a solucionar ninguno de los problemas originados aquel 2 de abril de 2013. Por su parte, Bachelet viajó de inmediato a ponerse al frente de la situación, no tuvo tiempo de pasar por la casa de su madre para mostrarla como una víctima más de la catástrofe. Seguro a causa de alguna perversa razón,<strong> los medios chilenos no enfocan a los jóvenes que portando pecheras de la “ Allende”</strong> o alguna otra organización política oficialista. Si se vieron por doquier a decenas de socorristas, médicos, camilleros, bomberos y militares haciendo su trabajo, no haciendo política.</p>
<p>Puede llegar a imaginar, querido amigo lector, qué nos pasaría de este lado de Los Andes si sufriéramos una seguilla de catástrofes como las que vienen padeciendo nuestros vecinos. ¿Se imagina a algún miembro de nuestro eximio gabinete (excepto Berni seguramente) metiendo los pies en el barro o tendiendo la mano a una víctima? ¿No? Tranquilo, yo tampoco. Se ve que Dios tampoco lo imagina: tal vez por eso no nos castiga con adversidades extremas y, a la hora de balancear desventajas territoriales con talento y honestidad dirigencial, ubicó de un lado de la cordillera a Bachelet y del otro al “pongui pongui&#8221;.</p>
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		<title>Palabras cuidadas</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Feb 2014 11:06:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En las últimas horas, el relato oficial ha resurgido despertando al mismo tiempo que el espasmódico letargo presidencial. La cadena oficial una vez más se puso en marcha para comunicar las buenas nuevas a los cuarenta millones de argentinos y argentinas. Ya que la Presidente es de todos ellos; si bien puede resultar llamativo ver... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/02/17/palabras-cuidadas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En las últimas horas,<strong> el relato oficial ha resurgido despertando al mismo tiempo que el espasmódico letargo presidencial</strong>. La cadena oficial una vez más se puso en marcha para comunicar las buenas nuevas a los cuarenta millones de argentinos y argentinas. Ya que la Presidente es de todos ellos; si bien puede resultar llamativo ver por qué se pretende que las imágenes sean seguidas incluso por los veintinueve millones que no han votado a la actual mandataria, las emisiones de anuncios presidenciales en lugar de ser neutras y oficiales, son tenidas invariablemente de los colores, la mística y la impronta partidaria de la primera minoría que se encuentra transitoriamente en ejercicio del poder.</p>
<p>No es común en el resto del mundo ver actos oficiales de presidentes serios revestidos con la parafernalia partidaria totalmente válida para eventos realizados puertas adentro de la entidad partidaria que poseen los políticos devenidos en funcionarios públicos. De <strong>Obama</strong> a <strong>Piñera</strong> pasando por <strong>Dilma</strong> y con la excepción del inefable <strong>Maduro</strong>. Una cosa es el anuncio oficial y otra muy distinta es la arenga al militante. Ergo, la Casa de gobierno debería ser precisamente un lugar de comunión de la totalidad de los gobernados. Eso, si mal no recuerdo, se llamaba democracia&#8230;</p>
<p><span id="more-454"></span>Sólo una vez y en situaciones especialmente dramáticas, la presidente dio un mensaje al pueblo desde su despacho oficial, con la bandera de la patria como único símbolo a su diestra, realmente esa fue la única vez en la que los que no profesamos el credo K, sentimos que hablaba también para nosotros.</p>
<p>Pero lógicamente ella es así y será muy difícil que estando más cerca del final del camino institucional que de su debut en la política, la podamos hacer cambiar de parecer. Al fin y al cabo, hasta ahora no le ha ido mal con este estilo. Bueno, hasta hace un rato no le iba mal, ahora es otra cosa.</p>
<p>Como bien lo dijo la presidente al pedir perdón por el uso de la “cadena nacional”, su intención fue simplemente la de suplir la aparente falta de difusión de los actos y logros oficiales, utilizando este recurso para que millones de televidentes en todo el país vean que nuestros gobernantes se esmeran día a día para que estemos mejor.</p>
<p>De paso y fiel a su estilo, nuestra jefe de Estado aprovecha cada emisión televisiva para ilustrarnos sobre cuestiones que hacen a los más variados aspectos de la realidad nacional e internacional, pasada o presente. También condimenta sus magistrales arengas en tres ambientes (salón de actos y dos patios) con detalles que tienen que ver con la historia, con la economía, con la salud y con cientos de datos que incrementan los conocimientos generales de la población.</p>
<p>En la última entrega nacional y popular, no se privó la mandataria de hacer mención a <strong>la espectacular geografía que rodea al ahora “binacional” Lago Lácar</strong>. De haber conseguido la emisión nacional de sus palabras el efecto deseado, hoy debería realizarse una nueva cadena nacional para informar a los cuarenta millones de argentinos en qué momento nuestro Congreso Nacional dio por derogado el laudo de su majestad británica por gracia de Dios<strong>, Eduardo VII,</strong> quien zanjó buena parte de las diferencias entre <strong>Argentina</strong> y <strong>Chile</strong> a la hora de interpretar el tratado de límites de 1881,<strong> adjudicando a nuestro país la totalidad del Lago Lacar.</strong></p>
<p>Si tal derogación no existe, se debería informar por lo menos a miles de estudiantes secundarios que se trató de un error involuntario de la presidente y también rezar para que del otro lado de la cordillera no estuvieran sintonizando la cadena, ya que nuestros vecinos siempre cuentan con un mojón y una bandera en la mano para plantarlo donde dé lugar. Y que nada menos que la máxima autoridad nacional les arroje semejante perla, entusiasma al más pusilánime.</p>
<p>Tal vez pudiera pensarse que siendo que laudo arbitral iniciado durante la estancia en el trono británico de la<strong> reina Victoria</strong> y concluido por Eduardo VII mientras que en Argentina el poder era ejercido por el general <strong>Julio Argentino Roca</strong>, resulta ser un hecho intolerable para el modelo y por lo tanto hemos decidido ignorarlo, ya que como es habitual por estos días, lo que no nos resulta amigable o lo que siendo beneficioso para el país haya sido realizado con anterioridad al redescubrimiento de <strong>América</strong> acaecido el 10 de diciembre de 2003, no existe.</p>
<p>Quizás, la corporación mediática, los ocultos poderes multinacionales que acechan a la vuelta de cada esquina o algún juez independiente (de los pocos que van quedando) realizaron una maniobra francamente destituyente y nos robaron un pedazo del lago. O tal vez como dijimos más arriba y con vuelo especulativo significativamente más pequeño,<strong> podemos pensar que la presidente, quien a pesar de alto cargo no deja de ser humana, simplemente se equivocó</strong>. Si esto fuera así sería totalmente comprensible, pues ciertamente por estos días no debe ser nada sencillo intentar mantener el rumbo y capear los frentes de tormenta del modelo que son cada día más en cantidad y mucho más en gravedad.</p>
<p>Y parafraseando a la presidente, quien dijo <strong>“es muy difícil aún lograr el control total del plan Precios Cuidados</strong>”, me permito acotar –amigo lector- que al parecer <strong>está resultando más difícil aún implementar alguna estrategia gubernamental que permita emitir por cadena nacional discursos menos improvisados y con un poco más de “Palabras Cuidadas”.</strong></p>
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		<title>¿Policía militar o militares policías?</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Sep 2013 11:30:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente de la mano de la gran tragedia electoral originada en esa suerte de encuesta nacional que fueron las <strong>PASO</strong> (toda vez que sacando a la agrupación <strong>UNEN</strong>, nadie las utilizó para dirimir en una interna los candidatos que competirán en octubre), <strong>el relato nacional comienza a borronearse </strong>en buena parte de su guión y lo que hasta ayer no era factible y en algunos casos ni imaginable, ahora termina siendo algo que siempre había estado en la mente y el corazón de nuestro tan particular gobierno nacional y popular para todos y todas.</p>
<p>Es así que pasamos de condenar la existencia de <strong>paraísos fiscales</strong>, a convocar a grandes evasores nacionales e internacionales a traer sus <strong>divisas</strong> y blanquearlas en nuestro sistema bancario sin mayores trabas. De la misma manera, puertas cerradas con siete candados para “desdicha” de acreedores que no supieron aprovechar las ventajas de nuestros generosos <strong>canjes de deuda</strong>, se abren ahora como por arte de magia para que los avaros de ayer recapaciten y se tienten con esta nueva y generosa oferta que estamos a punto de realizar.</p>
<p><span id="more-302"></span>Gobernadores tibios que merecían ser vomitados por Dios, realizaron una metamorfosis sólo comparable a la transformación del gusano de seda en mariposa, y su rostro sonriente empapela de norte a sur la provincia de Buenos Aires, escoltando al candidato oficialista y la presidente (a esa misma que hace un par de meses lo saludaba con fastidio).</p>
<p>Las exiguas arcas de la Nación, tan demandadas por exigentes planes sociales, <strong>desmedidos gastos propagandísticos</strong> e<strong> ineficiencia administrativa generalizada</strong>, se multiplicaron como los peces y panes de la Biblia (sin el error del presidente <strong>Maduro,</strong> por favor) y ahora permiten incrementar los mínimos no imponibles de la cuarta categoría, algo que la irresponsable oposición venía solicitando y que resultaba imposible hasta ayer nomas. Ni que hablar de la <strong>súbita preocupación oficial por la creciente inflación</strong>, esa por cuya culpa fueron multados (aunque luego eximidos por la justicia) los principales analistas y consultores económicos del país.</p>
<p>Si la crema de este postre es la <strong>masiva presencia de candidatos y funcionarios oficialistas en radios y canales de la demoníaca corporación mediática</strong>, la frutilla se las presento en el párrafo siguiente.</p>
<p><strong>Señoras y señores: la inseguridad existe, no es una sensación, no está amplificada por los medios</strong>, no tenemos las ciudades más seguras de la región, y lo que es peor, es absolutamente cierto que nos están matando peor que a perros, tanto sea por un portafolios lleno de billetes, como por un celular de alta gama, un par de zapatillas usadas o simplemente porque sí.</p>
<p>Y de la mano de esta última, trágica y tardía toma de conciencia gubernamental se viene a derrumbar quizás el bastión más emblemático de la “<strong>década ganada</strong>”: la tan declamada y ostentada <strong>separación definitiva, total y absoluta del instrumento militar de la Nación para ser empeñado en tareas de seguridad</strong>. Cuando en la tarde del pasado sábado, el teniente coronel <strong>Sergio Berni</strong> arengó militarmente a una enorme formación de gendarmes exhortándolos a esmerarse en su lucha policial contra el delito organizado, rematando sus palabras con un marcialmente impecable “subordinación y valor” muchos de los uniformados se quedaron pensando &#8220;y ahora, ¿qué respondemos?&#8221;. Sin lugar a dudas, el hombre se confundió de desfile. <strong>En  tiempos de paz los gendarmes no están para defender a la patria</strong> (tradicional respuesta militar ante ese requerimiento), <strong>a la patria la defienden los militares.</strong></p>
<p>Apremiados, yo diría apremiadísimos, por la creciente <strong>ola delictiva</strong> que jaquea a todo el país pero parece sentirse con más virulencia en las grandes urbes bonaerenses, <strong>el gobierno acaba de disponer replegar al grueso de la Gendarmería de las fronteras del noroeste del país</strong> para inyectarlas en calles y rutas del Gran Buenos Aires. Paralelamente, 4.500 efectivos militares (seguramente del Ejercito y de la Armada) pasarán a patrullar las fronteras terrestres y fluviales de la patria.<strong> Sí, amigo lector, leyó bien. Militares, los del sable y las botas, los que varias veces se levantaron contra el orden institucional</strong> (claro, eran otros, no éstos; siempre lo decimos pero nunca nos escuchan) <strong>y esos mismos a los que “Él” les dijo “no les tengo miedo”.</strong></p>
<p>Es muy probable que en los próximos días, enviados especiales circulen por los medios explicando que las leyes de Seguridad Interior y de Defensa han considerado la intervención de las fuerzas armadas en tareas de <strong>apoyo logístico</strong> a las operaciones de las fuerzas de seguridad. Prestar un radar, brindar transportación aérea, naval o terrestre. Inteligencia criminal e incluso recursos humanos especializados en diversas áreas, es algo que verdaderamente está previsto y por supuesto que está muy bien que así lo esté.</p>
<p>Pero al margen de lo que nos puedan decir, lo que está a punto de suceder es la afectación lisa y llana de miles de soldados para ejercer el <strong>control efectivo de fronteras secas y húmedas</strong>, y no para prevenirnos de un potencial ataque de fuerzas militares regulares de un Estado extranjero (eso dice la Ley de Defensa, ¿no?), sino para controlar y evitar la violación del territorio por parte de indocumentados, narcotraficantes, contrabandistas varios y tal vez, si hace falta, también para chequear los papeles de inocentes turistas o navegantes deportivos que surcan los ríos internacionales.</p>
<p><strong>¿Y cuál es el problema? Si me lo preguntaran a mí en lo personal, diría que casi ninguno. Chile, Brasil y Uruguay utilizan sus fuerzas armadas racional y acotadamente cuando las necesidades así lo indican.</strong> Recuerde, amigo lector, quién custodiaba la famosa pastera finlandesa de <strong>Fray Bentos</strong> durante la <strong>crisis con los ambientalistas argentinos</strong> o quiénes son los que, armados hasta los dientes, penetran en las temibles <strong>favelas</strong> <strong>brasileras</strong> cuando las cosas se salen de cauce. Si pensó en militares, acertó. El gran país del norte moviliza a su “guardia nacional” cuando alguna situación se sale de madre y la Estatua de la Libertad no se avergüenza por ello.</p>
<p>El problema evidentemente no radica en recurrir a las <strong>FFAA</strong> en situaciones de emergencia nacional de catástrofes o urgencias varias. El problema<strong> </strong>se presenta cuando luego de armar todo un andamiaje legal, comunicacional y hasta casi cultural apuntando en un sentido, necesitamos de pronto <strong>disparar la acción en sentido contrario.</strong></p>
<p>La Torá, El Nuevo Testamento y el Corán son claramente libros sagrados. Pero es recomendable que sean leídos con devoción en la sinagoga, la iglesia o la mezquita, según corresponda. Intercambiar los textos sagrados ubicándolos en los templos equivocados no augura buenos resultados.</p>
<p>Y precisamente nuestro gobierno suele ser particularmente fundamentalista para cumplir a rajatabla lo que las sagradas escrituras del modelo determinan para cada aspecto de la vida del país. Seguramente -aunque con muy probables reservas en el íntimo fondo de sus mentes y corazones- <strong>los militares marcharán a las fronteras, para hacer aquello que la ley dice que no deben hacer</strong>. Generales y coroneles de comando se pondrán paradójicamente a órdenes del teniente coronel médico <strong>Sergio Berni</strong>, <strong>primer militar argentino en manejar la seguridad nacional en democracia.</strong></p>
<p>Es muy probable que si aún queda una pizca de sentido común en nuestros dirigentes, <strong>se busque la forma para que el personal militar no se vea obligado a hacer la tarea policial en primera persona</strong>, tal vez un puñado de gendarmes o prefectos den la cara frente al migrante legal y las tropas sean reservadas para la vigilancia de los cientos y cientos de kilómetros de frontera no habilitada para el paso legal. Pero cuando llegue el momento de darle la voz de alto a un narcotraficante, contrabandista o polizón escondido en una barcaza fluvial, <strong>¿qué apoyatura legal tendrán esos hombres para no correr el riesgo de guiarse por un libro sagrado en el templo equivocado?</strong> <strong>Esperemos que finalmente luego de cumplir lo que les pidan, Dios y la patria no se lo demanden. Y si se lo demandaran, los argentinos tengamos buena memoria para recordar quién los envió allí.</strong></p>
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		<title>La paradoja de los &#8217;70</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jul 2013 06:18:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en 2003 <strong>Néstor Kirchner</strong> asumió la Presidencia de la Nación, Argentina inició un camino de profunda revisión de su pasado cuyos verdaderos límites aún se desconocen; nos realineamos respecto a nuestros anteriores aliados y adversarios; reescribimos la historia de los -por aquel entonces- 20 años de democracia; y fundamentalmente establecimos una política de culto a los derechos humanos, reabriendo un capítulo negro de nuestro pasado reciente, llevando a la Justicia a una enorme cantidad de miembros de las fuerzas armadas y de seguridad involucrados en la llamada “guerra sucia”, “lucha antisubersiva”, “represión ilegal” o como se lo quiera denominar de acuerdo con la íntima convicción de quien se refiera al tema.</p>
<p>Digo que los límites de esta revisión se desconocen, porque día tras día nos sorprendemos con nuevos alcances y consideraciones, que no han dejado afuera ni a <strong>José Gervasio de Artigas, Juana Azurduy</strong> y lógicamente la más reciente que incluye a <strong>Cristóbal Colón.</strong></p>
<p>Al sólo efecto de priorizar la reflexión antes que la polémica, permítame el lector aclarar, que más allá de lo que personalmente pueda yo pensar de cada una de las acciones antes descriptas, no se puede negar que han sido inspiradas por un gobierno legítimamente elegido por la ciudadanía y que las medidas que han llevado -por ejemplo- al pasar de la <strong>obediencia debida y el punto final</strong>, al procesamiento de centenares de uniformados, gozan de plena legalidad de forma y de fondo; y que en democracia todos tenemos libertad de pensamiento y opinión pero además tenemos obligación de aceptar lo que los organismos de la democracia disponen.</p>
<p>Asimismo es una realidad innegable que al margen del proceso democrático local, toda América Latina parece haberse alejado del riesgo de interrupciones democráticas con militares como protagonistas. El dudoso triunfo de <strong>Nicolás Maduro</strong> en Venezuela, y el desplazamiento de <strong>Fernando Lugo</strong> en <strong>Paraguay</strong> son cuestiones que pueden ser discutidas pero que no se comparan a la vieja asonada militar.</p>
<p>Así las cosas, quienes vivimos como jóvenes o adolescentes los gobiernos militares de la <strong>Revolución Libertadora</strong> de <strong>Aramburu</strong> y <strong>Rojas</strong>, la <strong>Revolución Argentina</strong> de <strong>Onganía</strong>, y el <strong>Proceso</strong> de <strong>Videla y Massera</strong> nos fuimos imbuyendo de la nueva y sana costumbre de la democracia perpetua- a la que cualquier argentino sub 30 concibe naturalmente como la única forma válida de gobierno</p>
<p>Pero como ocurre cada vez que una sociedad afronta procesos que imponen cambios de paradigma, la coexistencia de diferentes formas de pensamiento forjadas en circunstancias históricas distintas trae aparejados duros enfrentamientos (gracias a Dios retóricos en la mayor parte de las veces) que crean antagonismos entre los adherentes a alguna de estas clásicas posturas: “<strong>teoría de los dos demonios</strong>”, “<strong>genocidio unilateral contra jóvenes idealistas</strong>”, “<strong>guerra contra la subversión</strong>” y alguna que otra variante de ellas.</p>
<p>Como el hombre es un animal de costumbre y como además la acuciante realidad deja cada vez menos tiempo para el análisis histórico, los militares fueron desfilando hacia las cárceles, las marchas en su defensa fueron desapareciendo del paisaje urbano y el tema militar -para ser honestos- pasó a estar último en la tabla de posiciones de la actualidad nacional (casi al punto de irse a la “B”).</p>
<p>El incendio del <strong>Irizar</strong>, el embargo de <strong>la Fragata Libertad</strong>, el papelón antártico de <strong>Puricelli</strong>, el fallecimiento de Videla y algún que otro hecho aislado, devolvieron el mundo de los uniformados a las pantallas de televisión y primeras planas de los diarios, de forma muy puntual y acotada.</p>
<p>Hasta ahora… Desde hace un par de semanas, políticos, periodistas, analistas militares de primer nivel, senadores, organismos de DDHH y hasta programas de chimentos han vuelto a colocar en lugar protagónico no sólo a un general de nuestro ejército sino a la razón de ser de la actividad militar argentina.</p>
<p>Y es aquí donde necesariamente corresponde “parar máquinas” y atreverse a repensar si todo lo que con el ya nombrado amparo legal y consenso político hemos revisado en los últimos años no nos ha colocado en una paradoja que nos obligue a desandar en parte nuestros pasos, para justificar nuestros actos del presente.</p>
<p>En una columna anterior, he señalado que a diferencia de lo ocurrido en países como Chile, Brasil o Uruguay, la Argentina -al margen del castigo impuesto a los militares condenados por hechos relacionados con los &#8217;70- pareció “colocar en penitencia” a todo el aparato militar de la Nación y, más aún, <strong>la Defensa de la Nación pasó a ser una especie de tabú para la clase política de casi todos los signos</strong>. Es sabido que en las apetencias de los “ministeriables” de 1983 hasta el presente, difícilmente el <strong>Ministerio de Defensa</strong> haya sido considerado algo más que un premio consuelo para quien fue “honrado” con esa cartea. Baste con indagar cómo tomó el actual ministro su designación para el cargo.</p>
<p>Presupuesto casi nulo (mayormente destinado al inevitable pago de salarios), inversión inexistente, presencia pública cercana al cero, desplantes muchas veces innecesarios y reformas legales y reglamentarias hechas más bien para limitar al máximo la actividad militar que para adecuarla al presente, han sido una constante.</p>
<p>Sí. Es verdad, estamos en Haití y en algunas otras misiones de paz. E intentamos armar algún que otro radar, un vehículo gaucho (más bien gauchito) y mostramos la decadencia militar en Tecnópolis, pero creo que todos sabemos en donde estamos parados en materia de defensa.</p>
<p>Y de la mano de ese coto a las “ínfulas uniformadas” renunciamos para usar a nuestros militares y a sus medios y capacidades para cualquier cosa que tenga que ver con la seguridad interior a diferencia de lo que hacen casi todos los países del mundo cuando la situación lo amerita . <strong>También (respecto a aquel pasado tenebroso) determinamos que un cabo, un teniente de fragata o un general eran exactamente lo mismo a la hora de rendir cuentas ante la justicia por los “excesos cometidos” en aquella lucha o como cada uno de nosotros guste llamarla.</strong></p>
<p>Y de nada valieron los argumentos de más de uno de los jerarcas procesados cuando se declaraban absolutamente responsables por las ordenes por ellos dictadas, pretendiendo desligar a jóvenes oficiales o suboficiales de cualquier responsabilidad. En virtud de aquel viejo axioma militar (vigente al menos hasta la actual revisión de la historia) sobre que “las ordenes no se discuten, se cumplen”.</p>
<p>Así fue que marcharon presos, almirantes y generales pero también quienes por aquellos años eran tenientes y cabos. Sin chistar o chistando poco, sin fugarse hasta que alguna cámara de apelaciones se apiadara de ellos y sin esperar ni pretender que las nuevas generaciones de uniformados se aparten de sus deberes para salir en su defensa.</p>
<p>Todos recordarán que el ex comisario <strong>Luis Patti,</strong> siendo ya diputado electo, terminó preso porque alguien lo reconoció por su voz a pesar del tiempo transcurrido y del hecho de haber sido un muy joven oficial por aquellos días. Hubo un caso de un oficial naval que al parecer bromeó ante un detenido con el nombre de una conocida avenida de la zona norte de Buenos Aires, colocado en honor a un antepasado suyo y al que luego su apellido coincidente con el nombre de esa avenida lo delató; y así mil historias.</p>
<p>Y llegó un día en el que cuando todo parecía hacernos creer que esta forma de haber “resuelto nuestro pasado” estaba totalmente cerrada a discusión alguna, la realidad se empeña en colocarnos en una especie de “segundo tiempo” de un partido de fútbol en el que los protagonistas han cambiado de arco. Y los que antes se erigieron en severos fiscales y custodios de la democracia, la república y los derechos humanos, tratan ahora de justificar algo que -en opinión de muchos que fueron condenados y tildados de fascistas defensores de genocidas- era una verdad de manual. <strong>Los jefes ordenan, los subordinados obedecen.</strong></p>
<p>Ahora -según nos dicen-, no siempre está mal echar mano a los aparatos de inteligencia militar para espiar un poquito para adentro y no se siempre se puede dejar sin trabajo y menos aún condenar a una persona adulta y llena de galones, por lo que tal vez pueda haber hecho cuando era sólo un humilde subordinado con inescrupulosos superiores.</p>
<p>Y no parecería ilógico imaginar ahora; a algún encumbrado funcionario nacional, rodeado de asesores, sobre un escritorio repleto de discursos de campaña, de copias de expedientes judiciales, de fotos de marchas y escraches, hojeando el famoso <em>Nunca Más</em> en su versión riojana y exclamando, totalmente desorientado, &#8220;Y ahora… ¿qué hacemos?</p>
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		<title>La inteligencia militar</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Jul 2013 10:07:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En cualquier texto básico de cuestiones militares la “Inteligencia” se define como “El conjunto de tareas que llevan adelante las unidades específicas de las fuerza militares, para recoger información sobre el enemigo (actual o potencial) para posibilitar la adecuada planificación de las eventuales operaciones”. Pero para decepción de los lectores, no me voy a referir... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/15/la-inteligencia-militar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En cualquier texto básico de cuestiones militares la “<strong>Inteligencia</strong>” se define como “El conjunto de tareas que llevan adelante las unidades específicas de las fuerza militares, para recoger información sobre el enemigo (actual o potencial) para posibilitar la adecuada planificación de las eventuales operaciones”.</p>
<p>Pero para decepción de los lectores, no me voy a referir a esa “Inteligencia” (al menos por ahora) sino a la otra, a la que tarde o temprano tendrán que apelar no sólo nuestros uniformados, sino por sobre todo la conducción civil de las fuerzas armadas de la Nación, para –más allá de los discursos– enmarcar y dotar a su accionar de manera tal que la profesión militar tenga sentido para que quien la elige y fundamentalmente para el país.</p>
<p><span id="more-250"></span>“<i>Esta Argentina virtual y mediática que planteó que odiábamos a las fuerzas armadas&#8230; Por Dios, ¿nosotros los peronistas contra los militares? Somos el único partido político vigente en la República Argentina fundado por un general. Nuestro ADN se gestó allí cuando las fuerzas armadas acabaron con el fraude patriótico de la &#8220;<strong>Década Infame</strong>&#8221; y <strong>Perón</strong> fue presidente. Así que no tenemos nada, al contrario, yo creo que <strong>han humillado mucho más a las fuerzas armadas los que las redujeron a ser simples encapuchados en lugar de defensores de la soberanía nacional</strong>. Esos humillaron a nuestras fuerzas armadas, a nuestras gloriosas fuerzas armadas: las de <strong>San Martín</strong> y las de <strong>Belgrano</strong>, y las de aquí más cerca, las de <strong>Savio, Mosconi y Baldrich</strong></i>.”</p>
<p>¿Quien podría atreverse a dudar de la veracidad de tan sólo una coma del párrafo anterior? Fue pronunciado por la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y presidente de la Nación durante la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso en marzo de 2010. ¿Quien, por otra parte, podría dudar de que sería maravilloso que este párrafo de aquel discurso se cumpliera en la práctica o tal vez si es que se está cumpliendo, que se lo hagan notar a los propios involucrados?</p>
<p>Con los lógicos límites que imponen la Constitución Nacional y las leyes, el poder político puede hacer prácticamente todo lo que se proponga. Así por ejemplo en 2004 se podría haber decretado un desagravio al edificio de la <strong>ESMA</strong>, por los crímenes allí perpetrados por quienes alteraron su uso como centro de enseñanza y formación de servidores públicos y lo transformaron en centro clandestino de detención, pero se prefirió (legalmente con intervención del Congreso, la legislatura porteña, etcétera, etcétera) declarar a los ladrillos “coautores penalmente responsables”. El chiste le salió al Estado un par de miles de millones de pesos en obras de reubicación de la decena de escuelas que allí funcionaban en otros lugares, y <strong>el lugar por ahora sigue siendo un coto cerrado a la población en general con acceso permitido solo a unos pocos “iluminados”</strong>. Mientras que la sociedad toda paga los gastos de manutención (millonarios por cierto).</p>
<p>Asimismo, arengar durante años en cada formación castrense a los que allí se encontraban como si fueran los militares de la dictadura parecía rememorar aquellas escenas de colegio primario, en las que la maestra un día de muchas ausencias retaba a los pocos presentes y los exhortaba a no faltar a clase.</p>
<p>SI tuviéramos que enumerar los desplantes y desprecios públicos efectuados por el poder político hacia los militares de los últimos años, la lista sería muy larga. Como lo sería también otra constituida por gestos de acercamiento no tan públicos como los anteriores ni tan destinados a todas las jerarquías, ya que éstos mayoritariamente se hicieron en forma discreta y con las máximas cúpulas castrenses. Asimismo <strong>es justo recordar la excelente relación que siempre tuvo el ex presidente Néstor Kirchner con las fuerzas armadas desplegadas en Santa Cruz</strong> en sus años de gobernador provincial con quienes compartía no sólo la vida protocolar sino la agenda social y personal.</p>
<p>La primera mujer presidente de la Argentina (<strong>María Stella Martinez de Perón</strong>) fue la comandante en jefe de <strong>Videla y Massera</strong> (no hace falta que recordemos aquí cómo terminó la historia) pero de más está decir que más allá de las aptitudes o especialidades que detenten los actuales generales, almirantes y brigadieres a cargo de las Fuerzas Armadas, <strong>la segunda mujer en ocupar la primera magistratura del país afronta una situación mucho más relajada en su relación con sus mandos subordinados</strong>.</p>
<p>Como bien se ha dicho en algunos medios por estos días, “la definitiva subordinación de los militares a la constitución y al poder civil, no es mérito solamente del actual gobierno”. La imagen de jerarcas castrenses sentados en el banquillo de los acusados luciendo sus uniformes de gala es algo que quedó definitivamente grabado en el ADN de los militares. Y ni que hablar de recibir a diario las novedades sobre quienes esperan proceso o cumplen sentencia tras las rejas de Marcos Paz.</p>
<p>Y para los que necesitaron alguna dosis de refuerzo de esa “vacuna democrática”, recordemos aquella Semana Santa de “<em>la casa está en orden, felices pascuas</em>” donde un Presidente civil, puso su cuerpo y sofocó la rebelión compartiendo luego el triunfo con toda la dirigencia política oficial y opositora del país.</p>
<p>Entonces, para cerrar este tema, convengamos que <strong>golpe de Estado, asonada militar y planteo castrense -entre otros- son términos que quedarán definitivamente destinados a los manuales de historia Argentina</strong>.</p>
<p>Ahora bien&#8230;</p>
<p>A diferencia de Chile, Brasil, Uruguay y tantos otros países que han entrado también en un camino de <strong>definitiva consolidación democrática</strong>, parecería que <strong>somos los únicos que no nos hemos conformado con el castigo a quienes se apartaron de la ley sino que además hemos decidido castigar a la actividad a la que pertenecían</strong>. Es como si por descubrir a un grupo de médicos que realizan operaciones ilegales, decidiéramos dejar de ocuparnos de la salud o, lo que es peor, declararla veladamente enemiga de la patria.</p>
<p>Es muy bueno cuando la Presidente declama su “no odio” por las fuerzas armadas, no es tan bueno cuando espasmódicamente se da por terminada la carrera de oficiales a los que costó mucho tiempo y dinero del Estado formar; sobre todo si no había razones lógicas que determinen que es necesario hacerlo.</p>
<p>Despedir a un coronel porque su apellido coincide con el de algún jerarca de la dictadura no parece colocar al militar en una situación acorde con ese estatus de “ciudadanos de uniforme”, como los llamamos ahora. <strong>No suena lógico que los hijos o sobrinos de los miles de detenidos que hay en nuestras cárceles sean expulsados de sus trabajos por lo que hipotéticamente hicieron sus parientes</strong>.</p>
<p>Durante la “crisis de la <strong>fragata Libertad</strong>” se pasaron a disponibilidad a dos jefes navales (uno de los cuales ya se había ido solito, pero lo echaron igual), se malogró la carrera de un almirante recién ascendido por este propio gobierno sólo por comunicar a los medios lo que le habían pedido que comunique y se provocó la salida del jefe de la Armada, al que poco tiempo atrás esta misma conducción había ungido para dirigir la Marina supuestamente por ser el mejor candidato de los tres que estaban en condiciones de asumir esa delicada función.</p>
<p>Como ejemplo de otro tipo de relación cívico militar, digamos que nuestro vecino Chile tiene establecido un mandato legal para las cúpulas militares de cuatro años. Que se encuentran establecidos de tal suerte que siempre se cumplen a mitad del mandato presidencial. Asimismo el reemplazo debe ser elegido entre los cuatro oficiales que le siguen en jerarquía al jefe saliente. Esto asegura tres cosas: un plan de carrera militar más o menos predecible, la imposibilidad de tener (como ha ocurrido aquí) comandantes enquistados en sus sillones diez años, impidiendo a los más jóvenes ascender y fundamentalmente prescindencia política en la jerarquía militar.</p>
<p>Días pasados la Presidente se refirió al rol social de las FFAA, la necesidad de contar con este instrumento de la patria para asistir a la población la defensa civil y algunas cosas más.</p>
<p>Es necesario comprender que <strong>no tenemos un ejército de asistentes sociales</strong>; claro está que en una inundación, erupción volcánica, terremoto o cualquier contingencia por el estilo, las fuerzas armadas se tornan imprescindibles ya que aportan hombres, medios, tecnología y fundamentalmente capacidad de organización en situaciones extremas. Pero <strong>de allí a transformar a los cuadros militares en cocineros, pintores, jardineros o maestros de escuela y transformar sus objetivos concurrentes en su razón de ser, hay una distancia muy grande.</strong></p>
<p>Sea la puerta de ingreso a la profesión militar, el Colegio Militar de la Nación y sus equivalentes de las otras fuerzas o las escuelas de suboficiales o simplemente el ingreso como tropa voluntaria, quien las elige lo hace porque quiere servir a la patria desde la defensa. Algo tan valioso o respetable como la decisión de quienes optan por ser trabajadores sociales, marinos mercantes o músicos. Todos contribuyen desde su lugar de acción a la integralidad de la sociedad.</p>
<p><strong>Hoy hemos reeditado el “conflicto militar” pero desde otro ángulo, el de la condición de oficial de inteligencia de uno de los máximos jefes castrenses recientemente puesto a cargo de su fuerza.</strong></p>
<p><strong>Tal vez por lo vivido en el pasado, han quedado fijadas algunas ideas un tanto erróneas en el colectivo social. Una de ellas que los agentes de inteligencia (los &#8220;espías&#8221;) son seres tenebrosos y oscuros que siempre hacen cosas malas o ilegales.</strong> Para ponerle condimento a esta ensalada, WikiLeaks y el topo de la CIA que hace semanas compra perfumes en el free shop del aeropuerto de Moscú le agregan dramatismo al tema</p>
<p>Pero en rigor de verdad, ser agente de inteligencia, comando anfibio, tropa de elite, paracaidista o médico militar, es parte del abanico de posibilidades y de necesidades que las instituciones militares ofrecen y satisfacen respectivamente. Un teniente de inteligencia llegará a general de inteligencia y un teniente médico llegará a general médico si son buenos profesionales.</p>
<p>Luego el problema no está en su especialidad o profesión, estará en el uso que se haga de ella, y en todos los casos ese uso puede ser legal y beneficioso, o ilegal y clandestino.</p>
<p>Corresponde a los poderes civiles del Estado indelegablemente el encuadre y control de la actividad militar. Si el aparato de inteligencia civil y militar de la Nación es puesto al servicio de algún otro fin que no sea el legal, la falla no estará en el agente que escucha inadecuadamente el teléfono de un opositor político, sino en el que dio la orden para que lo haga y que además pretenda que aquí si aplique la tan mentada “obediencia debida”.</p>
<p>Un viejo profesor nos graficó una vez: “Resistir la tentación de usar la inteligencia para espiar al opositor es como encerrar a un gordo con una caja de bombones y pedirle que no los toque”.</p>
<p>Si ése fuera el caso, será cuestión dotar al Congreso de una buena cantidad de “Cormillots” que controlen al gordo.</p>
<p>Finalmente, una vez más desde esta columna recomendamos humildemente: tenemos un mar lleno de riquezas, de las que cada vez más se aprovechan descaradamente quienes pescan ilegalmente en nuestras aguas; tenemos cielos abiertos por los que transita gran parte de la droga que intoxica a los cinco continentes; tenemos un territorio vasto y que sigue estando desprotegido y deshabitado; tenemos técnicos militares y civiles en capacidad de desarrollar proyectos industriales interesantes y sensatos (cohetes a la Luna por ahora no) que no sólo pueden abaratar el gasto de funcionamiento de la defensa sino que además podrían generar ingresos. Sólo es cuestión de llevar a la práctica lo que efusivamente se dice en los discursos, siendo fundamental de una vez por todas, dar vuelta la página de la historia no para olvidar sino para poder de una vez por todas avanzar.</p>
<p>Al margen de las preferencias políticas de los hombres de armas en lo personal (obvio que las tienen como todos), pretender alinear a las instituciones armadas con una ideología determinada es un experimento peligroso con consecuencias impredecibles, por ello una regla de oro debería ser que las armas de la Nación no sean ni peronistas, ni chavistas, ni kirchneristas, ni ninguna otra cosa que no sea simplemente argentinas.</p>
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