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	<title>Fernando Morales &#187; Día de la Independencia</title>
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		<title>Gloria en Brasil, desvergüenza en Tucumán</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Jul 2014 10:37:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Quiso el destino que razones profesionales me llevaran por estos días a cruzar el “charco” con destino a la vecina orilla, con la más sana intención de contrarrestar en parte el malestar que reina entre nuestros vecinos, a la luz de los últimos nada amistosos gestos que nuestro poco diplomático canciller y algún que otro funcionario de la secretaria de Transportes le han obsequiado a “nuestros hermanos uruguayos”. Así las cosas, luego de la jornada laboral del día 8 de Julio, pantalla gigante mediante, compartí con camaradas charrúas las alternativas de la derrota brasileña a manos de Alemania. Los sutiles comentarios que llegaban a mis oídos sobre los deseos para la jornada venidera me llevaron a la convicción de acelerar mi partida de tal forma que la salida de Argentina a la cancha me encontrara en territorio menos “hostil”.</p>
<p>A punto de abandonar el hotel, me sorprendieron las imágenes de la celebración del 198° aniversario del verdadero nacimiento de la Patria. Como resistir a la tentación de ser “testigo” de ese triste espectáculo. En realidad, tal vez el adjetivo correcto no sea precisamente el de “triste” pero es muy probable que cualquier otro que utilice me lleve invariablemente a tener que pedir perdón por mis dichos y realmente ninguno de los funcionarios allí presentes se merecen que ciudadano alguno les pida perdón -más bien todo lo contrario.</p>
<p>Un 9 de Julio a puertas cerradas, en un estadio “cuidado” mejor que los precios de igual denominación, con la militancia paga de siempre y un amplio operativo de arriado del ganado a sueldo. Ministros, secretarios de Estado, diputados, adherentes varios y jerarcas militares -entre ellos, el mismísimo jefe del Ejército, portando su desempolvado uniforme de súper gala, ya en desuso desde hace años para actos protocolares, ostentoso como lo no lo es su devaluado ejército nacional y popular y encima luciéndolo para sentarse a escuchar los divagues de un procesado por la justicia.</p>
<p><strong>Creo estimado amigo que coincidirá conmigo si le digo que la cara de pocos amigos con que miraba Florencio Randazzo al Procesado Vicepresidente durante su obsecuente discurso sea tal vez la mejor síntesis de lo que puede sentir cualquier persona con dos dedos frente que es obligada por “obediencia debida” a rendir honores a un encartado judicial</strong> (nombre con el que la jerga jurídica denomina a todo delincuente procesado). Por otra parte, mientras la ministra de Industria Débora Giorgi no atinaba a levantar la vista mientras el procesado seguía loando a Néstor y Cristina, el inefable Rossi no conseguía esbozar al menos una tibia sonrisa , y se veía mucho más incómodo que cuando visita una unidad militar.</p>
<p>La postal que mostraban las cámaras oficiales -únicas habilitadas para obsequiarnos a todos y todas las imágenes del evento, aunque sin cadena nacional seguramente por un atisbo de vergüenza oficial- era rica en detalles pintorescos. <strong>Uno estuvo constituido por la cantidad de participantes que no demostraban la menor intención de aplaudir las huecas frases del orador, hasta que al ver sus rostros en las pantallas gigantes esbozaban un desapasionado palmoteo así como por las dudas.</strong></p>
<p>Así fue que con la cabeza inundada por esas imágenes casi de ciencia ficción, me hice a la ruta, lugar en el me sorprendió el inicio de la esperada semifinal Argentina versus Holanda. Calles desiertas, rutas desiertas, control migratorio y aduanero desierto ( lo que no está bueno en ningún caso, muchos menores, mucha droga o mucha divisa podría pasar en dos horas de tierra liberada; sería bueno mejorarlo para el próximo domingo). En la más absoluta soledad viví el primer tiempo, el segundo, el alargue… los penales me sorprendieron ingresando a la Ciudad de Buenos Aires, la que de pronto estalló en un solo grito, en una sola consigna, en una sola bandera.<strong> La alegría de un pueblo muy castigado por sus dirigentes; el clamor de una sociedad que al menos encontró algo de lo que sentir orgullo, ante tanta vergüenza nacional y popular con la que nos bombardean cada día.</strong></p>
<p>Los últimos kilómetros de mi trayecto contrastaron con las horas de viaje en soledad. La gente en las calles no era conducida por punteros, las banderas no tenían pañuelos extraños, ni nombres propios ni mucho menos flecos amarillos como la que ahora difunde el ministerio de Defensa desde su página oficial. La Plaza, el Cabildo, el Obelisco, las capitales de provincia, todo absolutamente todo se vistió de un legítimo fervor celeste y blanco tan multitudinario como el que ni “Él” ni “Ella” -ni mucho menos sus discípulos- podrían alguna vez conseguir por mucho recurso financiero al que pudieran echar mano.</p>
<p><strong>Y creo, queridísimo amigo lector, que nos merecemos legítimamente disfrutar un poco el ver a la República Argentina, gracias al mérito de nuestros deportistas, entre los primeros puestos de algo positivo.</strong> Luego de encabezar tantos índices internacionales de corrupción, de baja calidad institucional, bajo nivel de enseñanza, paupérrima seguridad de incumplimiento de obligaciones financieras y comerciales, y un largo etcéteca.</p>
<p>Pero tenemos que estar atentos y ser conscientes. Mucho cuidado con permitir que nos pretendan arengar el próximo domingo para asociarse a un eventual triunfo o una ya por demás honrosa derrota si no volviéramos con la Copa en la mano. Que ningún caradura desvergonzado, por más “amado” que sea, intente expiar u ocultar sus culpas tras la euforia de un triunfo deportivo. Que ningún genio financiero salga a “prepotear” a jueces y acreedores externos, regalándoles -como ya hizo- algunos cientos de millones de dólares adicionales a los que reclaman, mientras estamos distraídos y para demostrarles que con nosotros “no se jode”.</p>
<p>Si todo sale bien, querido amigo, el domingo píntese la cara. Salte. Grite. Cante. Llore. Tome la bandera. Salga al balcón, a la calle, a la ruta. No permita que nadie le robe su derecho a estar feliz. Pero recuerde que una vez un dictador quiso confundir al pueblo con una causa sublime como Malvinas apropiándosela y el pueblo en la plaza supo responderle con una ingeniosa rima que imagino Ud. recordará. Será cuestión que si se diera el caso, una vez más nuestro tradicional ingenio popular recuerde a nuestros salientes dirigentes con alguna estrofa rimada , que una cosa es la devoción por los actuales portadores de la gloriosa camiseta con el rayado celeste y blanco y otra muy distinta es el desprecio que generan los futuros portadores del famoso y metafórico traje a rayas que identifica a los que abusan de una u otra manera del resto de la sociedad a la que pertenecen.</p>
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		<title>El 9 de Julio para pocos y para “todos”</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jul 2013 06:27:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[9 de Julio]]></category>
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		<description><![CDATA[Quienes hayan tenido la suficiente paciencia de haber hecho un buen zapping durante el mediodía del 9 de Julio, seguramente habrán tenido la oportunidad de ver los actos centrales por un nuevo aniversario del único “día de la patria” que reconoce la República Argentina. Es decir, precisamente del día del nacimiento de la República. Y si vieron... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/11/el-9-de-julio-para-pocos-y-para-todos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Quienes hayan tenido la suficiente paciencia de haber hecho un buen zapping durante el mediodía del <strong>9 de Julio</strong>, seguramente habrán tenido la oportunidad de ver los actos centrales por un nuevo aniversario del único “<strong>día de la patria</strong>” que reconoce la<strong> República Argentina</strong>. Es decir, precisamente del día del nacimiento de la República.</p>
<p>Y si vieron lo que vi, habrán notado que mucho antes de irrumpir masivamente en nuestros hogares y automóviles la cadena nacional, la ceremonia oficial ya había iniciado de una manera a la que gustosamente voy a denominar como “casi normal”. La presidente (con “e”) de nuestro país y los máximos responsables de la conducción civil, militar, policial y eclesiástica nacional, más los representantes de distintas etnias autóctonas, entonando nuestro <strong>Himno Nacional</strong>, ejecutado magistralmente por nuestra fanfarria “<strong>Alto Perú</strong>” (integrante de ese regimiento histórico que no recuerda otra cosa que la lucha por nuestra emancipación) con absoluta circunspección, sin bailarlo, sin darle un toque tanguero, melódico, cuartetero o ninguna otra cosa que lo aparte de lo que compusieron sus autores.</p>
<p><span id="more-243"></span>Miraba atónito a nuestra jefa (acá si aplica la “a”) a nuestro vicepresidente, ministros e incluso al mismísimo <strong>Moreno</strong>, en una actitud digna de lo que son: funcionarios públicos. Luego colocaron una ofrenda en memoria de aquellos que nos abrieron el camino para que algún día (ojalá lo lleguemos a ver) seamos una gran Nación, y hasta incluso nos sorprendieron rindiendo un merecido minuto de silencio a nuestros próceres sin que se “cuele” en el solmene homenaje ninguna mención partidaria o referencia a Él, Ella, Vosotros o Aquellos&#8230;</p>
<p>Tan grande fue mi emoción al pensar que tal vez habíamos aprendido de una buena vez que, en medio de tanta política de inclusión, este tipo de acontecimientos sirven además de para descansar de nuestras diarias obligaciones, para reavivar nuestro tan olvidado concepto de unidad nacional, que llamé a varios amigos para hacerlos participes de mi descubrimiento televisivo, digno por la rareza, de integrar la grilla de algún canal de esos que emiten eventos poco comunes.</p>
<p>Mientras tanto, acomode mi mejor sillón frente al televisor más grande de la casa y en honor a la fiesta patria, ensillé el mate reservado solo para las grandes ocasiones para disfrutar desde mi hogar algo que tal vez marcaría <strong>un punto de inflexión en esta equivocada mezcla de patria, historia y oportunismo político que a diario solemos encontrar en los actos de nuestros dirigentes.</strong></p>
<p>Lamentablemente, al ponerse en marcha los “eslabones” de la gran “<strong>cadena nacional</strong>” el 197º aniversario de<strong> nuestra independencia volvió a quedar sepultado por la patria chica de lo partidario.</strong> Llamativas señoritas con las caras pintadas con los respetables pero innecesarios colores de la bandera de <strong>Venezuela</strong>; la bandera de <strong>La Cámpora</strong> ocupando el lugar del pabellón nacional; los acordes del ya famoso “<strong>Cristina, Cristina, Cristina corazón acá tenes los pibes para la liberación”</strong> no dejaron oportunidad para que todos los presentes pudieran entonar el himno nacional, tal como lo habían hecho casi a escondidas los funcionarios nacionales puertas adentro de la “<strong>casita de Tucumán</strong>” con acordes militares y no<em><strong> nac &amp; pop</strong></em>. Tal vez existan dos místicas diferentes, una la oficial y tradicional, y otra para la tribuna, ¿no?</p>
<p>Y seguramente fruto de esa mística proselitista, a pocos minutos de iniciar su discurso, la presidente de todos y todas volvió a desperdiciar una excelente oportunidad de hablar no slo a aquellos que de una manera totalmente honesta, legítima y valedera son sus seguidores y a los que se han enamorado del modelo más que nada por las prebendas que obtienen de él.</p>
<p>Una vez más el <strong>ataque al que piensa diferente,</strong> la priorización de la coyuntura por sobre los grandes lineamientos de unidad nacional que protagonizaron aquellos a quienes precisamente honramos cada 9 de julio. Las veladas referencias a un grupo periodístico, a algún que otro juez de la Corte Suprema y algunos políticos de la oposición, son siempre más importantes antes que recordar a figuras de la talla de <strong>Francisco Laprida</strong>, <strong>Juan José Paso</strong> y tantos otros.</p>
<p>Un escenario tan pequeño como lo fue el discurso del gobernador sólo destinado a endulzar los oídos de su jefa política y algún oscuro interés propio de la campaña electoral local; disponible sólo para militantes debidamente acreditados, falto de dirigentes no alineados con el partido de gobierno y ni que hablar de dirigentes extrapartidarios, quienes aun siendo opositores, siguen manteniendo su condición de argentinos y vedado incluso al resto del pueblo tucumano no militante. Más que bronca, da pena&#8230;</p>
<p>Y tal vez la pregunta insoslayable que debemos hacernos es por qué nos pasa esto. Tenemos diferencias políticas (obviamente que las hay) pero hace años que gracias a Dios y a nosotros mismos no dirimimos nuestras diferencias con armas de puño o bombas en colegios o dependencias policiales y militares. Por más denuncias que aparezcan sobre los más altos funcionarios de la Nación, no existe ninguna mente “iluminada” que pretenda ir más allá de la correspondiente investigación y eventual castigo judicial con más el agregado de reclamar el castigo electoral en el momento oportuno. <strong>El pueblo (el de verdad, no el arrastrado como ganado en camiones y colectivos) periódicamente manifiesta su disgusto en las calles sin que se dañe ni el más frágil cristal de una luminaria pública</strong>. Y las puertas de los cuarteles son sólo golpeadas por algún soldado que debe ingresar fuera de horario.</p>
<p>Circunscribir la historia del país a solo10 años es desaprovechar una enorme oportunidad de encontrar causas comunes que nos unan en lo profundo y nos permitan transitar sin el actual grado de crispación e intolerancia nuestras diferencias del presente. Desde el sublime acto de aquel <strong>9 de julio de 1816</strong>, pasando por aquella patria receptora de miles de inmigrantes que hicieron posible nuestra propia existencia; nuestros comunes valores de solidaridad ilimitada en una emergencia, nuestra firme convicción frente a la <strong>causa Malvinas</strong> y tantas pero tantas cosas que hacen a nuestro tan mentado “ser nacional” deberían ser para los conductores circunstanciales de los destinos de la patria la llave de oro para abrir la puerta del éxito a su gestión.</p>
<p>Hace pocos días creí sufrir una experiencia paranormal. De repente me vi en un palco escuchando a un ministro de la Nación rendir homenaje con motivo de los 103 años de vida de la “<strong>Prefectura Nacional Naval</strong>”. Creí estar soñando pero cuando por tercera vez escuché a quien es el responsable máximo de la conducción de las fuerzas policiales repetir los mismos conceptos, me comencé a preocupar… <strong>Había salido de mi casa para asistir a los 203 años de creación de la Prefectura Naval Argentina, y me encontraba en un acto desfasado 100 años en el tiempo y realizado en honor de una institución que sin lugar a dudas no es argentina.</strong> Afortunadamente ante mi angustia creciente, un compañero de palco me tranquilizó: el que estaba errado en tiempo, espacio y denominación era el ministro, no yo.</p>
<p>Por ello humildemente desde esta columna aporto una idea (para los que dicen que más que criticar hay que proponer): ¿por qué no probamos suerte dejando descansar en paz a nuestros antepasados y a sus estatuas, intentado esforzarnos en <strong>conocer un poco mejor nuestro presente</strong>, asumiendo con responsabilidad nuestras obligaciones y poniendo todas nuestras energías en diseñar un futuro mejor para nuestra hermosa Argentina?</p>
<p><strong>Feliz día de la patria, para todos los habitantes de este bendito país.</strong></p>
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