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	<title>Fernando Morales &#187; Diplomacia</title>
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		<title>Piedra, papel, tijera</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Feb 2015 16:16:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<category><![CDATA[caso Nisman]]></category>
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		<description><![CDATA[Fue la impronta humorística de Roberto Pettinato la que rescató del olvido a este antiquísimo juego en el que dos contendientes intentan imponerse el uno al otro doblegando el filo de la tijera con una piedra; neutralizando a ésta envolviéndola en un papel o cortando este último con la primera. Un viejo profesor de la... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/02/07/piedra-papel-tijera/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Fue la impronta humorística de Roberto Pettinato la que rescató del olvido a este antiquísimo juego en el que dos contendientes intentan imponerse el uno al otro doblegando el filo de la tijera con una piedra; neutralizando a ésta envolviéndola en un papel o cortando este último con la primera.</p>
<p><strong>Un viejo profesor de la Escuela de Guerra Naval solía usar este juego para ironizar sobre la vida misma.</strong> Asimilaba el papel al poder de la legalidad o al arte de la diplomacia, imaginaba los cientos de hojas en los que se plasman desde la constitución nacional a convenios y tratados internacionales; mercados comunes y hasta acuerdos de paz. La piedra sin lugar a dudas era el símbolo de la guerra, de la destrucción y la barbarie. <strong>La tijera simbolizaba a la política; ya que esta podía con total facilidad destruir acuerdos, violar principios constitucionales, arrasar con la ley y llevar inexorablemente a una sociedad a tomar el camino de las piedras…</strong></p>
<p>¿Se puso alguna vez a pensar, amigo lector, cómo funcionan en nuestra mente los mecanismos de capacidad de asombro y acostumbramiento? Le doy un ejemplo: un buen día nos despertamos observando azorados las imágenes de un señor vestido con ropas color anaranjado a punto de ser salvajemente decapitado a manos de un tenebroso personaje encapuchado; increíblemente, hoy esas escenas son tan habituales que ya no nos llama la atención tomar conocimiento de un nuevo y abominable hecho de este tipo. Los asesinos de ISIS ayer quemaron vivo a un militar jordano, tal vez para demostrarnos que siempre hay una vuelta de tuerca más para desplegar horror.<span id="more-720"></span></p>
<p>Como bien dijo nuestra Presidente en una de sus inefables cadenas nacionales de la buena onda y la irrealidad; toda esa brutalidad y sed de sangre no nos es propia y no debemos permitir que se instale en nuestra patria. Tal vez llega la tarde la señora presidente con su arenga; AMIA y Embajada de Israel son dos indicadores de que ya somos parte de ese horror. <strong>Así como durante los últimos diez años se ha permitido graciosamente que se instalen en nuestro suelo los más poderosos cárteles de la droga.</strong></p>
<p>Pero para evitar las ya tradicionales “molestias y retos post columna” intentaré hacerle caso a la Comandante en jefe y hacer abstracción del espantoso mundo que rodea al paraíso argentino; ese paraíso que algunos perversos comunicadores nos quieren arruinar.</p>
<p>El asombro con que nos mira el mundo contrasta con el acostumbramiento con el que afrontamos nuestra realidad cotidiana; cada día un nuevo gesto. un nuevo acto o una nueva circunstancia dejan fuera de escala y reducidos a su mínima expresión los sucesos del día anterior. <strong>Por ahora el caso Nisman parece salirse de la regla</strong>.<strong> No nos acostumbramos a su muerte y menos aún a observar pasivamente las desesperadas maniobras gubernamentales para desviar el eje de nuestra atención</strong> o para presionar burdamente a la fiscal actuante; la que cada vez que enfrenta las cámaras se debate entre demostrar autoridad o implorar ayuda.</p>
<p>Hace un par de días el Jefe de Gabinete de ministros de la República Argentina dio el primer paso hacia el camino de las piedras; transformó sus propias manos en las tijeras de la política y en su acto de romper un diario, rompió además uno de los valores más sagrados de la democracia: la libertad de prensa. Llevó al plano de la realidad más pura y dura aquella metáfora de mi viejo profesor.</p>
<p>Este hecho no puede ni debe pasar a engrosar la lista de cosas a las que uno se acostumbra; podríamos decir que el desaforado gesto de quien ejerce uno de los más altos cargos de la administración central no puede compararse con la muerte de Nisman. Pero cuidado; eso solo lo podremos afirmar en el momento que sepamos cuando comenzó a morir el fiscal. Si su fallecimiento finalmente se relaciona con su labor plasmada en “papeles”, su muerte se ha debido -a no dudarlo- al accionar de una tijera política operada por manos por ahora “desconocidas”</p>
<p><strong>La “tijera de Capitanich” es algo bastante más terrible que un arrebato circunstancial fruto de la impotencia que siente alguien que todos los días tiene que asumir la responsabilidad de ensayar explicaciones para lo inexplicable o defender lo indefendible</strong>. Esta reprochable actitud puede estar indicando el inicio de una ofensiva mucho más pesada en contra no solo de un medio de prensa de mayor o menor credibilidad. Puede ser el punto de partida de acciones más “severas” para intentar acallar por todos los medios disponibles cualquier voz que pretenda aportar algo de luz a la oscura realidad que nos toca atravesar</p>
<p>Los “papeles” cobran por estos días particular importancia. En papel plasmó Nisman su valiente denuncia. En papel real o virtual nos informan distintos medios sobre los detalles, contradicciones, marchas y contramarchas en torno a su escalofriante final. En papel están impresas nuestra Constitución, nuestras leyes y nuestra historia. Su oportuna lectura nos indica claramente como se violan a diario las dos primeras y como se mansilla a la última.</p>
<p>Ni Ud. ni yo querido amigo podemos manejar las “tijeras” del poder. Tampoco queremos volver a ver a la Patria envuelta en una lluvia de piedras con las que herirnos o matarnos los unos a los otros. <strong>Entre las “tijeras” y las “piedras” solo nos quedan los “papeles”, debemos cuidarlos, no nos podemos dar el lujo de permitir que nadie nos los rompa en nuestra propia cara y mucho menos a nuestras espaldas.</strong></p>
<p>Del diario roto a la ley violada, a la Constitución quebrada, a la democracia avasallada, a la República perdida (una vez más) hay una distancia peligrosamente corta. Por ello hoy quería pedirle estimado amigo lector que no se resigne, que no se acostumbre, que levante su voz con fuerza para evitar que las tijeras del poder intenten cortar los sagrados papeles de la verdad, la ley y la democracia. Son nuestra última línea de defensa. No lo olvide por favor se lo pido.</p>
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		<title>Malvinas, de Galtieri a Cristina</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Apr 2014 19:23:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Cristina Kirchner]]></category>
		<category><![CDATA[Diplomacia]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra de Malvinas]]></category>
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		<category><![CDATA[kelpers]]></category>
		<category><![CDATA[Leopoldo Galtieri]]></category>

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		<description><![CDATA[Treinta y dos años no es poco. Ha pasado ya más tiempo desde el fin de la guerra de Malvinas que el que comprendía la edad del grueso de los combatientes cuando fueron enviados al lejano sur como parte de la gesta que pretendió recuperar nuestras islas, con una combinación muy vernácula de estrategia, táctica... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/04/01/malvinas-de-galtieri-a-cristina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Treinta y dos años no es poco. Ha pasado ya más tiempo desde el fin de la guerra de Malvinas que el que comprendía la edad del grueso de los combatientes cuando fueron enviados al lejano sur como parte de la gesta que pretendió recuperar nuestras islas, con una combinación muy vernácula de estrategia, táctica y logística, la que determinó la derrota militar de la operación a pesar de un grado de profesionalismo, valentía y sacrificio tan alto que hasta el presente es reconocido por el enemigo de entonces. Al punto de ser ya de estado público la opinión de varios expertos militares ingleses que concuerdan en sostener que si la guerra hubiera durado algunos días más, tal vez el resultado hubiera sido otro.</p>
<p>Ahora si usted piensa  -amigo lector- que voy a dedicar esta columna a hablar del heroísmo de nuestros soldados, de la fallas en el desarrollo de las operaciones militares, del olvido de la sociedad para con los veteranos y demás cosas que suelen salir a la luz una vez al año, definitivamente se equivocó de columnista. De todo eso seguramente habrá bastante gente que se ocupará como siempre y de manera mucho más idónea que el suscripto. <strong>Tampoco jugaré con mi particular condición de veterano nacido un 2 de abril, aunque debo reconocer que mis cumpleaños son definitivamente diferentes a los de antes de Malvinas.</strong></p>
<p>Las guerras, desde las más remotas hasta las contemporáneas, dejan enseñanzas y experiencias que son estudiadas una y otra vez en academias militares, pero también en claustros diplomáticos, en foros políticos y hasta religiosos. Tienen la particular condición de brindar nuevos conocimientos sobre su génesis, desarrollo y fin en cada oportunidad de ser reestudiadas; incluso en muchas guerras el fin de las mismas tiene fecha incierta. ¿Cuándo terminó realmente la Segunda Guerra Mundial? ¿En junio del 45 cuando se rindió Alemania? ¿En agosto del mismo año cuando lo hizo Japón? ¿O con el fin de la guerra fría? ¿Habrán imaginado los líderes de las potencias beligerantes, que pocos años después de concluido el horror y la matanza, Alemania, Japón, Inglaterra y Estados Unidos serían prósperos socios comerciales y políticos? Nada es igual antes y después de una guerra eso está claro, lo malo de una guerra queda expresado en la destrucción, la muerte, la miseria, la peste y todo lo que una simple imagen puede mostrar. La pregunta final sería<strong> ¿puede rescatarse algo positivo de un enfrentamiento bélico?</strong></p>
<p><strong>Para el caso de la errática y siempre imprevisible marcha de nuestra querida patria, tal vez Malvinas sea desde hace muchísimos años el único factor indiscutido de unión nacional.</strong> Desde la absurda guerra de Galtieri, pasando por la política de seducción de Menem, hasta los por ahora poco efectivos intentos de bloqueo logístico de la gestión K, con sensibles matices claro está, todos han tenido un denominador común; la intención de recuperarlas.</p>
<p>Podemos coincidir o discrepar con los métodos, pero nos encontramos unidos en el fondo del asunto. Y si hubiéramos ganado la guerra, si las gestiones de Guido Di Tella hubieran provocado una onda de “amor y paz” que hubiera hecho que los Kelpers nos amaran y pidieran a gritos ser una provincia más de la nación o si las bravuconadas de nuestro actual canciller hicieran que muertos de miedo los isleños levanten la bandera blanca de rendición, habría seguramente un clamor popular por trocar el nombre de la Avenida Rivadavia por el de quien hubiera sido el providencial redentor de nuestra soberanía usurpada (y yo estaría en la lista de peticionantes)</p>
<p>En nuestra particular idiosincrasia, salvando obviamente las distancias y dicho lo siguiente con el máximo respeto y al solo efecto de ser gráfico, <strong>Malvinas consigue el mismo efecto social que el que solo logra el seleccionado nacional de futbol cuando sale a la cancha.</strong> Provoca la unidad nacional, caen las ideologías, los credos, las diferencias sociales , de edad , de color y de sexo. “Ni de aquellos horizontes nuestra enseña han de arrancar; pues su blanco está en los montes y en su azul se tiñe el mar”. ¿Qué argentino no siente que se le anuda la garganta al entonar esta frase de la marcha militar que las recuerda?</p>
<p>Entonces querido amigo lector, tal vez la bendición que nos dejó Malvinas, es al mismo tiempo una lección que al parecer no queremos aprender. La lejana usurpación colonial y la más cercana muerte de 649 compatriotas nos hermanan aún más que las penurias y alegrías comunes que nos depara cada día este suelo que habitamos. Malvinas nos debería servir de probeta de ensayo para comprender que cuando queremos, podemos encontrar caminos comunes. Imaginemos por un instante que fuéramos capaces de encontrar más “Malvinas”, que tuviéramos proyectos comunes como sociedad que no puedan ser cambiados o alterados ni por Cristina ni por Mauricio ni por Sergio , Daniel, Lilita, Milton, Raúl o quien Dios quiera que conduzca los destinos del país.</p>
<p>En Malvinas no había militares, tampoco había civiles, no había oficiales ni suboficiales ni soldados. No había médicos, enfermeros ni tan solo camilleros. No había prefectura naval ni gendarmería ni policía federal. No había gobernantes ni gobernados. <strong>¿Sabe querido amigo lo que si había? Miles de Argentinos trabajando codo a codo unidos por una causa común</strong>. Tal vez victimas de algo mal planeado desde su origen, pero envueltos durante algo más de dos meses en la maravillosa experiencia de ser una sociedad homogénea.</p>
<p>Sigue soplando el viento en las islas, sigue ondeando el pabellón foráneo; el rojo de su paño parece recordar la sangre derramada; siguen nuestros muertos confiando en que un día descansarán bajo un celeste y blanco adicional al que naturalmente les brindan el mar y los montes malvineses; y sigue la patria esperando que los argentinos y argentinas –dirigidos y dirigentes- aprendamos la elección y comencemos a darnos cuenta que tenemos algo más que nuestras irredentas islas por lo que pelear todos juntos.</p>
<p>A los 649 caídos ¡salud!</p>
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