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	<title>Fernando Morales &#187; Ghana</title>
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		<title>El honor de la &#8220;Libertad&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Oct 2014 17:34:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Resulta interesante ver cómo cada tanto nuestra sociedad se conmueve con la reaparición en escena de hechos del pasado; asuntos que creíamos definitivamente sepultados por el paso del tiempo o bien por haber sido dados por finalizados en los ámbitos correspondientes, ya sean éstos judiciales, políticos, culturales, etcétera.</p>
<p>En esta jornada signada por una fuerte tormenta que azota a buena parte de la población, la vorágine informativa nacional se permitió asignar un lugar protagónico a una noticia que nos retrotrae exactamente a dos años atrás. Recordará usted, amigo lector, <strong>aquella mañana en que despertamos con la noticia relativa al embargo de la fragata “Libertad”</strong> en la república de Ghana por un reclamo de los tenedores de bonos argentinos que no entraron en el canje de deuda.</p>
<p>La noticia concreta es que <strong>la justicia de Ghana determinó que la “Libertad” huyó del puerto sin haber obtenido la liberación judicial correspondiente</strong>. La novedad además viene de la mano con un “derecho” que la justicia del país africano le otorga al fondo MNL: el derecho a cobrar los 15 millones de dólares por los gastos que derivaron de la permanencia del buque escuela argentino en un muelle comercial del puerto de Thema.<span id="more-659"></span></p>
<p>Intentando no abrumarlo querido amigo, haré un breve repaso de la situación: la inusual decisión judicial de Ghana, no solo lo tomó por sorpresa a Ud. y a mí. El propio Gobierno fue aturdido por la medida, a tal punto que los primeros pasos fueron muy poco felices. Recuerde al <strong>Canciller y al Ministro de Defensa culpándose el uno al otro por intermedio de sus medios de prensa más leales</strong>, la disparatada gestión del primero ante el Consejo de Seguridad de la ONU y <strong>el innecesario sacrificio de dos excelentes almirantes de la Nación que pasaron a retiro como ofrenda de la política a la opinión pública que reclamaba responsables.</strong></p>
<p>Pero así como suelo ser generalmente crítico con la actual administración, <strong>justo es reconocer que, más temprano que tarde, la política entendió esta vez que la Nación contaba entre sus cuadros diplomáticos con el personal idóneo</strong> para afrontar la situación planteada. Asimismo, el mundo tenía un foro adecuado para plantear los reclamos. No estaba en New York sino en Hamburgo y hacia allí partimos de la mano de la Embajadora Susana Ruiz Cerutti y un destacado equipo de juristas y diplomáticos.</p>
<p>El Tribunal Internacional del Mar, a cuyas decisiones se sometieron las partes, determinó el 15 de diciembre de 2012 en forma contundente que la retención del buque de guerra argentino era improcedente. Dada la premura del caso, estableció una medida provisional que disponía la inmediata libertad de la “Libertad” sin perjuicio de que a posteriori un tribunal arbitral debatiera la cuestión de fondo; cuestión que fue debatida en su momento y que terminó con un acuerdo entre partes sobre cómo se soportarían los gastos originados en la ilegal retención.</p>
<p>Momentos ciertamente difíciles se vivieron durante todo el proceso judicial, por parte de los tripulantes del buque escuela. Pero algo quedó claro: la actitud de esos hombres y mujeres, desde el Comandante, Capitán de Navío Pablo Lucio Salonio, hasta el marinero más moderno de la nave  fue ejemplar. Desde el sometimiento a la ley del país que los retuvo, hasta <strong>la mesurada y adecuada portación de sus armas para frenar un intento de avasallar la soberanía nacional cuando un grupo de operarios portuarios intentaron abordar la nave para correrla hacia un muelle no comercial.</strong></p>
<p>Fueron dos meses, durante los cuales oficialismo y oposición intercambiaron los misiles propios de la lucha política: propuestas de colectas y fallidas frases presidenciales como “si quieren que se la queden” y otras perlas quedarán en el anecdotario del recuerdo. <strong>Lo que jamás fue una opción fue el escape.</strong> Y si lo hubiera sido, afortunadamente la idea no prosperó. Ya que sus consecuencias hubieran sido realmente gravísimas.</p>
<p>Quien esto escribe es apenas un marino, que está muy lejos de ser un jurista experto en derecho internacional. Por ello me permito reflexionar sobre algunas circunstancias que tengan tal vez escaso valor jurídico pero no pueden ser ignoradas por la justicia de cualquier país.</p>
<p>A partir del fallo de Hamburgo aquel 15 de diciembre de 2012, se pusieron en marcha varios mecanismos tendientes a permitir el regreso de la “Libertad” a casa. Los más importantes fueron el aprovisionamiento de la nave para continuar su viaje y el envío a Ghana de más de 100 militares que habían regresado a nuestro país a efectos de que completasen la dotación de la fragata para poder zarpar con seguridad. Asimismo se coordinaron con la autoridad portuaria las necesidades operativas para la zarpada. La presencia de remolcadores, de un práctico para guiar al capitán en la maniobra de salida hasta aguas abiertas y una larga lista de ítems que no vale la pena detallar.</p>
<p><strong>Un buque, máxime cuando se trata de un barco velero con severas restricciones de maniobra, difícilmente pueda escaparse de algún lugar.</strong> Por el contrario, en la zarpada de nuestra fragata intervinieron una variedad de organismos públicos y privados que actuaron porque no medió ningún impedimento judicial para que lo hicieran. Piense, amigo lector, que tan solo la presencia de un “práctico” a bordo (profesional idóneo para asesorar al capitán en la maniobra de zarpada) implica un conocimiento previo y acabado de la autoridad marítima local sobre la inminente salida de la nave.</p>
<p>La “odisea” de la “Libertad” ha dejado mucha tela para cortar de ambos lados del océano. Argentina creyó ingenuamente que en Ghana no pasaría lo que pasó. Curiosamente, tal vez si la fragata hubiera arribado a puertos europeos menos amistosos en lo financiero pero con mayor cultura marítima, el “amigo” Singer  hubiera tenido un no rotundo e inmediato a sus pretensiones.  <strong>El episodio también demostró que no siempre deberá ser en la militancia donde se encuentre a los salvadores de la Patria</strong>. <strong>Excelentes diplomáticos, juristas y militares manejaron esta crisis en forma impecable.</strong> <strong>Y no es menos cierto que la decisión política de la Comandante, quien determinó no negociar fuera del ámbito judicial, fue impecable.</strong></p>
<p>La “Odisea de la “Libertad” dejó también <strong>una importante cifra de gastos innecesarios</strong> fruto de una equivocada decisión judicial en primera instancia que condenó a un buque a ocupar un muelle comercial durante más de dos meses. Tengamos en claro que esta vez fuimos víctimas y no culpables. Ud. lo sabe bien: soy el primero en cuestionar lo mucho que en mi opinión hacemos mal. Pero esto lo hicimos bien, dentro de la ley, con razón y con firmeza. La Libertad volvió a casa ajustada al derecho internacional y en virtud del fallo de Hamburgo difícilmente algún buitre, gorrión o paloma intente embargarla otra vez. Hay que pagar la cuenta es verdad. Pero sinceramente <strong>estoy convencido de que esta  factura no debe ser emitida a nuestro nombre</strong>. Mire lo que son las cosas, en un par de días la “Libertad” regresa a casa una vez más, con otro capitán, con otros cadetes y tripulantes, pero con el inmenso privilegio  de seguir siendo orgullosamente la embajadora de los mares y con su pabellón flameando sin  haber escapado de ningún lugar del mundo.</p>
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		<title>La libertad restringida</title>
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		<pubDate>Sun, 09 Feb 2014 09:48:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que define por antonomasia la función del Capitán de un buque, es la elección del rumbo. Pues bien, el título de esta columna y su contenido, me fueron sugeridos por <strong>un Señor Capitán</strong> (sí, con mayúscula), que supo ser mi superior y que ahora integra el selecto elenco de mis afectos. Magistralmente y en pocas palabras me hizo recapacitar sobre <strong>la verdadera dimensión de una nueva afrenta a la dignidad de la Nación.</strong></p>
<p>Debo estar poniéndome irremediablemente viejo, pues cada año me enojo y despotrico con más énfasis frente al televisor, cuando se transmiten las imágenes de la zarpada de nuestro <strong>buque escuela,</strong> sazonándolas con un toque de tristeza, de sacrificio y de pena por la partida. Familiares llorando y tripulantes con labios temblorosos que entremezclan la alegría por la aventura a vivir con la nostalgia anticipada por lo que han de extrañar. ¡No señores! Son marinos, unos van a cumplir con su obligación de enseñar, otros con la de aprender y todos con el deber que impone el ejercicio de la vocación que libremente han elegido. Así que ni héroes ni mártires. <strong>Marinos de la Patria.</strong></p>
<p>Dicho esto, debo necesariamente reconocer, que la tristeza que por estos días embarga a la gran mayoría de los hombres y mujeres de mar, nada tiene que ver con lo mucho o poco que falte para que nuestra fragata retorne al abrigo de la Dársena Norte del puerto local. <strong>Hay una amargura que se oculta para que no se confunda con insubordinación golpista</strong>. Una desazón profunda; sofocada por la rigurosa verticalidad castrense. Una certeza que jamás será expresada ante la presencia de un ministro, pero que circula en timoratas cadenas de e-mail y conversaciones entre camaradas y allegados a la comunidad naval; no se trata de privar a un grupo de estudiantes de su tradicional navegación por los mares del mundo, se trata de algo mucho más grave y lamentable. <strong>Las restricciones impuestas a la navegación de nuestro buque escuela</strong> son directamente proporcionales al <strong>fracaso de diez años de triste relato</strong> acerca de una década ganada sólo en los costosos <em>spots</em> publicitarios o en rimbombantes discursos cargados de sensiblería barata. El viaje por costas “amigas” desnuda la más alarmante ausencia de plan alguno ni tan solo para la más básica cuestión de Estado; <strong>se acotan los viajes de la misma manera en que se acorta nuestra credibilidad en el mundo</strong>, de idéntica forma en que se mella la paciencia de nuestros vecinos; en similares proporciones al cada ver menor grado de deseabilidad que despertamos en las mentes de potenciales inversores, inmigrantes y hasta turistas.</p>
<p><span id="more-446"></span>Tres líneas argumentales se han esgrimido en círculos generalmente “bien informados” acerca de las razones por las que le dimos a nuestro buque escuela <strong>un año “sabático” seguido de un bonito viaje de cabotaje regional.</strong></p>
<p>La primera y de por sí vergonzosa fue la<strong> falta de presupuesto</strong>; si bien suena razonable en medio de tanta locura gubernamental, que si le prohibimos comprar diez dólares al famoso abuelo marplatense porque estamos rascando el fondo del tarro, los varios millones de dólares que se ponen en circulación cada vez que la “Libertad” suelta amarras, hubieran sido ahorrados; aunque por lo visto el dispendio de los preciados billetes, pareció seguir fluyendo como si nada ocurriera en el resto de la actividad estatal.</p>
<p>La segunda razón, la del alistamiento para una actividad internacional a lo largo de 2014, sólo es vendible a clientes no familiarizados con buques, diques y muelles, ya que miles de barcos surcan los mares del mundo cada día sin que ningún alistamiento les demande un año de inactividad.</p>
<p>La tercera, la más probable, inaudita y denigrante a nivel país, es el sobrevuelo del <strong>temor a repetir la tenebrosa experiencia del embargo</strong> <strong>africano</strong>. Uno podría medianamente inferir que luego del contundente pronunciamiento del <strong>Tribunal Internacional del Mar</strong>, ningún buitre, chacal, cuervo u otro pajarraco acreedor, gastaría tiempo y dólares en iniciar un embargo; también se podría reconocer que el hecho que nos hallamos beneficiado con la bendición de la aplicabilidad de una ley que no comprende las aguas interiores de los estados miembro de la convención del mar (tal el caso del puerto de <strong>Ghana</strong>), fue algo más o menos parecido a aquello de “la mano de Dios”. Pero fuimos al tribunal con lo mejor de lo mejor de la diplomacia argentina, así que bravo por ellos.</p>
<p>Al margen del intento de reeditar la grandiosa <strong>regata Velas 2010</strong>, realizada con todo éxito por hombres de nuestra Armada y durante este gobierno; (me consta el haber escuchado a buena parte del almirantazgo de la armada chilena elogiar la figura del almirante argentino que fue el mentor del encuentro internacional de veleros nunca antes visto por estas latitudes) <strong>este viaje de la “Libertad” atenta contra el propio nombre de la nave insignia</strong>. He sido testigo de ingentes esfuerzos realizados por autoridades de la<strong> isla de Curacao</strong> (ex <strong>Antilla</strong> <strong>Holandesa</strong>) para que nuestra Fragata arribe a su puerto considerando que recalará en aguas venezolanas a escasos 50 km de la capital de la isla; pero nuestro ministro de defensa ni siquiera tuvo la cortesía de responder la nota que gentilmente se le cursara como formal invitación; al parecer una isla con un par de miles de habitantes que no profesan el credo bolivariano y expenden libremente dólares en sus cajeros automáticos, es altamente peligroso para la integridad de nuestro barco. Tal vez la reina <strong>Máxima,</strong> en el fondo, se encuentre aliviada al evitar la posibilidad de tener que pedirle a su esposo: &#8220;mi amor, devuélvele el barco a Cristina, porfi&#8221;.</p>
<p>Más de una vez le he comentado –amigo lector- que la otrora respetable flota de la marina mercante argentina desapareció de la faz de los mares y que difícilmente exista alguien en este gobierno dispuesto a mover un ápice para que alguna vez en un puerto del mundo flamee el pabellón nacional en la popa de un buque. Hoy por hoy, la <strong>Fragata Libertad</strong> representa el último bastión argentino capaz de surcar los océanos y mares del orbe, su importancia estratégica, trasciende largamente la faz educativa de sus periplos. Claro que <strong>hablar de estrategia ante funcionarios que nos dicen que el ahorro es sinónimo de avaricia o barbaridades por el estilo es algo muy parecido a perder el tiempo.</strong></p>
<p>En síntesis, el granero del mundo se quedó sin granos, la Argentina potencia casi no puede iluminarse a sí misma. La reina del Plata, esa que era casi un enclave del viejo mundo en el nuevo continente, es arrasada en los principales indicadores socioeconómicos por la mayoría de los países de la región, y finalmente la “<strong>Embajadora de los Mares”</strong> no nos puede representar en la mayoría de los mismos por miedo a que nuestra enseña patria termine siendo subastada en una casa de remates de alguna capital extranjera.</p>
<p>Seguramente no se nos acaba el mundo porque la “Libertad” navegue por aquí, por el barrio. No será su mascarón de proa el que nos proteja de todos los males pasados presentes y futuros, pero le pido amigo lector que no deje de prestarle atención a este pequeño síntoma de una grave enfermedad de lento avance, con secuelas no siempre reversibles y que tiene la particularidad de manifestarse de formas tan variadas que hacen que muchas veces pase desapercibida. Le repito, <strong>no se nos acabara el mundo, pero tal vez el mundo, un día, descubra que puede vivir sin nosotros o lo que es peor, que se está mejor sin estar pendiente de nuestros avatares; cuando ese día llegue será demasiado tarde para darnos cuenta de la gravedad de nuestra dolencia.</strong></p>
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		<title>Despertares</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Nov 2013 11:11:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Notó -amigo lector- cómo por arte de magia, de un día para el otro (en realidad se tomaron algunos días) las máximas autoridades relacionadas con la seguridad y la defensa de la Nación nos reconocieron todo aquello que nosotros -simples ciudadanos comunes- estábamos intuyendo desde hacía algún tiempo? Era verdad nomás, <strong>la inseguridad es una de las más altas de la región </strong>(según la <strong>ONU</strong>); el <strong>narcotráfico</strong> ya no usa estas pampas para ir y venir hacia o desde rentables mercados. Están aquí para quedarse y buena parte de lo que ya no sucede en <strong>Colombia</strong> sucede ahora en las principales ciudades de nuestro país. Las <strong>cárceles federales</strong> o provinciales parecen construidas con <strong>barrotes de cartón</strong>, cerraduras de juguete y muros de yeso.</p>
<p>Resulta ser así que luego de lo infinitamente difícil que es conseguir que finalmente un delincuente ingrese a la cárcel, salir de ellas (legal o ilegalmente) es mil veces más sencillo. El pasado jueves, todos vimos por TV cómo un peligroso delincuente que tuvo en vilo a la bonaerense durante seis horas, a pesar de su frondoso prontuario gozaba de un régimen de <strong>detención de puertas abiertas</strong>. Abiertas están las puertas de los penales, mientras usted, yo y todos ya no sabemos qué inventar para que las de nuestras casas se mantengan cerradas de la manera más segura posible.</p>
<p><strong> <span id="more-368"></span>Los benignos sistemas penitenciarios locales hacen posible que los antes llamados “reos”, luego “reclusos” y más recientemente “internos” pronto deban ser obligatoriamente denominados “señores pasajeros “ o “ estimados huéspedes<strong>”</strong></strong> ya que no parece haber demasiada diferencia entre estar “preso” en lugares que brindan a sus ocasionales moradores casa, comida, instalaciones deportivas, educativas, religiosas y adecuados permisos de salida para despuntar el vicio del crimen en sus variadas formas, a estar alojado en un complejo hotelero de buena calidad. En la larga cadena de responsabilidades concurrentes al desastre administrativo y gubernamental en el que se ha transformado nuestra querida patria, hemos recordado por estos días que el país cuenta con <strong>ministro de Seguridad. </strong></p>
<p><strong>Don Puricelli,</strong> el mismo que como ministro de Defensa dejó a la <strong>Antártida</strong> <strong>Argentina</strong> al borde del desabastecimiento, el mismísimo que mandó a la <strong>fragata Libertad</strong> a <strong>Ghana</strong> y luego le tiró el fardo al canciller, ese que cuando se hundió por falta de mantenimiento el “<strong>Santísima Trinidad</strong>” denunció poco menos que una conspiración internacional, ahora abrió la boca y pronunció la magistral frase: <strong>“La droga ha aumentado en los últimos diez años”.</strong> El comité encargado de otorgar los premios <strong>Nobel</strong>  debería ya mismo tomar nota de esta jugada declaración ministerial y anotar a este genio de la dialéctica para algún premio o al menos para una mención especial.</p>
<p>Por su parte el<strong> teniente coronel Berni</strong> le pide a los jueces que no tengan miedo de andar entre las víboras y las arañas (sic) al tiempo que nos sugiere que la seguridad no es en realidad su área de acción. El<strong> ministro de Justicia</strong> dice que la responsabilidad de lo que nos ocurre es del Poder Judicial y este poder le reclama al poder legislativo otras leyes porque con las que tenemos no se puede pretender que los jueces actúen de manera eficiente. Rudos gendarmes entretanto, ataviados con ropa de combate, botas aptas para transitar por el agreste monte norteño, con modales un tanto rudos para nuestro gusto citadino y armamento de grueso calibre en mano, nos detienen en la <strong>Panamericana</strong> para pedirnos “<strong>cédula verde y registro por favor”</strong>; efectivos de la <strong>Prefectura Naval</strong>, formados para brindar seguridad a buques y personas que desarrollan su labor en nuestro mar y nuestros ríos, capaces de descubrir cargamentos de droga o contrabandos varios que intenten ingresar por las fronteras líquidas del país, pasan sus horas en puestos de control fijos en la colectora de la<strong> Gral. Paz</strong> y junto a los lagos de <strong>Palermo</strong> (al menos allí están cerca del agua).</p>
<p>Agudos pensadores de la seguridad nacional debaten en público y en privado sobre la conveniencia o no de instrumentar una ley de<strong> derribo para aeronaves narcos,</strong> apasionante discusión sin lugar a dudas; pero ciertamente utópica en un país donde <strong>no contamos ni con radares para detectarlos ni con aviones para derribarlos</strong>. Eso sí, nuestros genios al poder han hecho público un secreto de Estado: nos acaban de anunciar que “Argentina es un país con miles de kilómetros de frontera”.</p>
<p>Ahora sabemos por fin que somos un país grande. Mejor dicho un país con mucho territorio, que se está quedando chico para poder cuidarse asimismo. Así las cosas, mientras. seguimos probando recetas maravillosas que indican que es muy bueno hacer que los presos organicen murgas, que tengan una nutrida agenda cultural y que son las verdaderas víctimas de la sociedad. Mientras, jugamos con nuestras fuerzas armadas y de seguridad moviéndolas en el tablero geográfico de la Nación, como se mueven los peones en un juego de ajedrez, <strong>priorizando la necesidad electoral por sobre la seguridad de nuestras fronteras.</strong></p>
<p>Mientras, como solemos decir desde esta columna, diluimos las obligaciones y fortalecemos los derechos, degradando todo lo que se relacione con conceptos tales como norma, exigencia, respeto, autoridad y responsabilidad de modo tal que -por ejemplo- se puede ser alumno del <strong>Nacional Buenos Aires</strong> y<strong> quemar una iglesia vecina</strong> sin que ello nos cause algún problema y un delincuente pide las cámaras de TV para hacer declaraciones antes de rendirse, diciéndole a la jueza a que hora tiene que venir a buscarlo. Algo debería indicarle a nuestros funcionarios que van por mal camino; perdón, pero van escandalosa y definitivamente por mal camino.</p>
<p>Nada cambiará<strong>, nada mejorará si quienes tienen transitoriamente en sus manos las riendas del poder no son capaces al menos de reconocer que las medicinas que están aplicando no surten efecto en ninguna de las áreas en las que están actuando</strong>. Y por ahora al parecer no están dando muestras de tomar conciencia de esta delicada situación. Hace un par de días fui enviado al Congreso de la Nación a participar del lanzamiento de un proyecto de ley para la marina; con voz temblorosa y un incipiente sudor en su rostro un funcionario de segunda línea nos “ilustró” sobre la exitosa reparación del <strong>Rompehielos Almirante Irizar,</strong> en el taller naval “<strong>Tandanor</strong>” del <strong>Ministerio de Defensa</strong>. Siete años de trabajo, mil millones de pesos mal gastados y una aún muy incierta fecha de terminación deberían haber sido motivo más que suficiente para que este buen señor que preside un astillero estatal, siendo contador en lugar de ingeniero naval, guardara un prudente silencio; pero al parecer -según nos espetó colérico- todos aquellos que comprendieron que fue un error carísimo haber intentado hacer una tarea para la que su taller no estaba preparado son algo así como traidores a la patria (hubiera costado mucho menos tiempo y dinero comprar un barco nuevo).</p>
<p>Tal nivel de empecinamiento, de negación de la realidad, de obstinación en no reconocer jamás un error por miedo a que sea tomado como un gesto de debilidad, tanta perversa e incomprensible tozudez puesta de manifiesto en todas y cada una de las áreas de acción gubernamental se dan de patadas con los cada vez más fuertes gritos que la realidad nos pega a diario, que nos hacen irnos a dormir cada noche con ese sabor amargo fruto de la angustia y de la impotencia que sentimos como ciudadanos y que nos hacen despertar expectantes cada mañana, intentando prepararnos para lo peor cada día, agradeciendo infinitamente a Dios si terminamos la jornada de forma más o menos parecida a como la iniciamos. Y día tras día, noche tras noche, sueño tras sueño, nos debatimos entre el acostumbramiento a lo malo, a lo poco brillante, a lo mediocre, a la mentira sistemática de un relato ficticio. Nos limitamos a agachar la cabeza por miedo a que todo sea peor si alzamos la voz. <strong>Nos refugiamos cada día un poco más temprano en nuestros cada vez más vulnerables hogares. Nos aferramos a nuestros afectos más cercanos; mientras esperamos, ansiamos y necesitamos desesperamente que algún día ocurra que nuestros “dulces sueños” no sean arruinados por estos cada vez más frecuentes “amargos despertares”.</strong></p>
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		<title>Una de piratas</title>
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		<pubDate>Fri, 04 Oct 2013 10:11:57 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Se incrementa día a día la campaña oficial y privada tendiente a rescatar de las garras del sistema judicial ruso a dos argentinos detenidos por “protestar contra la peligrosa extracción de hidrocarburos en el mar Ártico”. La movida salvadora llega a su punto máximo por estos días, dado que el propio canciller Timerman ha ofrecido al gobierno ruso una... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/10/04/una-de-piratas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Se incrementa día a día la campaña oficial y privada tendiente a rescatar de las garras del<strong> sistema judicial ruso</strong> a <strong>dos argentinos detenidos por “protestar contra la peligrosa extracción de hidrocarburos en el mar Ártico”</strong>. La movida salvadora llega a su punto máximo por estos días, dado que el propio <strong>canciller Timerman</strong> ha ofrecido al gobierno ruso una garantía oficial avalada por la propia presidente y que tiene como objetivo <strong>lograr que los “chicos” sean liberados y puestos en arresto domiciliario</strong>. Parece mentira, pero en los dos párrafos precedentes, se encuentran escondidos dos errores de concepto fundamentales los que -en mi humilde opinión- si no son asumidos por el propio gobierno, nos empujarán una vez más a ese oscuro camino que solemos transitar y que desemboca en <strong>un estilo de vida muy particular, obeso en derechos y desnutrido en obligaciones</strong>.</p>
<p><strong>Los hechos</strong></p>
<p><span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">Fugazmente, recordemos que todo comenzó cuando un <strong>buque polar</strong> (rompehielos) propiedad de la <strong>ONG Greenpeace,</strong> matriculado en <strong>Holanda</strong> (esto significa que ese Estado es el que tiene bajo su control las aptitudes náuticas de la nave y de su tripulación) se acercó a una <strong>plataforma petrolera rusa</strong>, fondeada en el <strong>mar de Pechora</strong> (<strong>Ártico ruso</strong>) bajando al mar botes semirrígidos tripulados, para intentar “escalar” por el casco de este “artefacto naval” y de esta manera materializar una <strong>protesta simbólica</strong> en contra de las actividades extractivas en forma pacífica… En tales circunstancias y estando la plataforma ubicada dentro del mar territorial ruso, la guardia costera local, argumentando que el buque no estaba autorizado a estar allí y temiendo que se tratara de un acto terrorista o pirata encubierto, hizo lo que la ley local manda: los detuvo a todos. <strong>Los ambientalistas argumentaron que la represión fue excesiva,</strong> pero no se han reportado ni bajas ni heridos entre los detenidos.</span></p>
<p><span id="more-329"></span>Los dos errores de concepto que debemos clarificar (y que seguramente no serán fáciles de asimilar por el <strong>razonamiento nac &amp; pop</strong>) radican en lo siguiente: “Fueron detenidos por protestar”. Falso de falsedad absoluta: <strong>fueron detenidos por violar la ley</strong>. Y cuando hablo de ley -con perdón de los profesionales del derecho-, bueno es aclarar que si bien por estos días muchos expertos han tratado de interpretar si los hechos se encuadran en lo que la <strong>Convención Internacional de Derecho del Mar</strong> define como piratería, siendo que este suceso ocurrió en aguas sujetas a la soberanía de un Estado, no corresponde aplicar la legislación internacional; lo ocurrido debe analizarse a la luz de lo que dispone la <strong>ley rusa</strong>. (Otro día hablamos de por qué usamos la Convención del Mar para defender a nuestra <strong>fragata</strong> <strong>Libertad</strong> en <strong>Ghana</strong>).</p>
<p>Es muy cierto que la mayoría de los países marítimos han adaptado sus legislaciones locales de forma más o menos homogénea en infinidad de cuestiones, máxime cuando la <strong>Organización Marítima Internacional</strong> ha avanzado en su cometido de ir logrando convenios internacionales que unificaron buena parte de los estándares en materia de navegación no militar. <strong>La acción desarrollada desde el rompehielos &#8220;Artic Sunrise&#8221; violó específicas normas de seguridad de la navegación</strong>, del buen ejercicio profesional de la conducción de un buque, de legislación local sobre actos de terrorismo o piratería (lo que no los transforma en piratas), comprometiendo asimismo la seguridad operativa de la plataforma y de los propios activistas. Es decir si hubieran fondeado su buque, con el respectivo permiso de la autoridad marítima, y hubieran desplegado un cartel o cincuenta carteles sin constituir peligro para la navegación, hoy estarían todos felices y contentos subiendo sus ecológicas fotos al Facebook. Pero asumamos, <strong>violaron no una sino varias leyes.</strong></p>
<p>El otro concepto erróneo radica en la particular manera d<strong>e minimizar un hecho grave suavizándolo con el vocablo “chicos”</strong>. Los chicos que roban, que queman una iglesia o que violan la ley rusa deberán entender que lo que no se puede no se puede, aun desde su no siempre tan pero tan corta edad. Vamos a conceder que tal vez la señorita <strong>Camila Speziale</strong> sea una joven llena de ideales, de amor por la ecología y que llegó a comprender los riesgos que entraña la <strong>extracción de hidrocarburos en alta mar</strong> y sintió el intimo impulso de alzar su voz. Cómo no darle la derecha si este columnista es el responsable de una persistente campaña de <strong>ecología</strong> <strong>marina</strong> que se difunde en varias radios del país. ¿Tenía ella la obligación de conocer toda la legislación nacional e internacional que regula la navegación marítima y todas las responsabilidades civiles y penales que emergen cuando se las viola? Parece mucho pedir para una joven de 21 años.</p>
<p><strong>El otro “chico” tiene 40 años, no es un voluntario ecologista sino un marino profesional egresado de la misma escuela de la que yo egresé,</strong> con obligación por lo tanto de conocer lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer cuando se tripula con la jerarquía de oficial un rompehielos. Si bien declara adherir a los principios de la <strong>ONG</strong>, todos los meses recibe un salario por su tarea a bordo, es decir, trabaja en forma lícita y honesta para una entidad que es propietaria de buques. En el caso particular de esta nave, como dijimos está matriculada en <strong>Holanda</strong>, siendo que la autoridad marítima de ese país es la responsable de garantizar que la nave se haga a la mar reuniendo todos los requisitos exigidos tanto para el barco en sí como para quienes lo conducen.</p>
<p>A todas luces, las responsabilidades emergentes del accionar de este multinacional grupo de activistas (voluntarios y rentados) podrían ser diferenciadas si la justicia rusa se lo propone. El máximo responsable será sin lugar a dudas el capitán de la nave. ¿O no fue tan imprudente su accionar como el del capitán cobarde del <strong>Costa Concordia</strong>? Gracias a Dios no hubo muertos en este caso. En segundo término, el resto de los oficiales de la nave han cometido hechos de imprudencia graves. Seguramente distan mucho de la piratería o el terrorismo, pero son más graves que una travesura adolescente. Por último, todos y todas las demás personas que sin ser parte de la dotación de operación náutica de la nave se sumaron a esta onda verde pero peligrosa deberán dar las explicaciones del caso, ya que aunque no suene progre, los países no parecen muy dispuestos a tolerar que grupos oficiosos procedan de hecho contra sus intereses o reglamentaciones.</p>
<p>Un hecho no menor es que dentro de la “<strong>salvaje</strong> <strong>represión</strong>” denunciada por los ecologistas se incluyó el accionar de la <strong>tripulación de la plataforma</strong>, consistente en disuadir el intento de abordaje utilizando las <strong>mangueras de incendio para “disparar” agua</strong> contra los que intentaban escalar el casco de la nave. <strong>Ese accionar está contemplado expresamente en la resolución Nro. 1334 de 2012 dictada por el Comité de Seguridad Marítima de la Organización Marítima Mundial,</strong> que recomienda firmemente no usar armas a bordo de naves y restringir cualquier represión a intentos de abordaje a la utilización de mangueras de incendio con agua de mar a una presión de 5,5 kg/cm2. Por otra parte si el abordaje hubiera tenido éxito, el capitán de la plataforma debería haber impedido el abandono de la nave usando los mismos medios utilizados para abordarla; ya que un accidente al abandonarla en forma no segura sería achacada en forma invariable a la máxima autoridad a bordo.</p>
<p>Es más que seguro que Camila y Hernán volverán a sus hogares en breve. <strong>Sería justo que afrontaran las consecuencias: no por el fondo de su reclamo sino por la forma en que lo hicieron</strong>. Tal vez Hernán vea restringida, por algún tiempo, su posibilidad de navegar como marino profesional, pero es importante que la sociedad argentina no reciba una vez más el mensaje oficial equivocado. <strong>El Papa dijo “ hagan lío” es verdad&#8230; pero ¿imagina usted, amigo lector, a un ejército de curas y monjas tomando por la fuerza colegios laicos para llevar la palabra del evangelio?</strong></p>
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		<title>Llegó la paz a la &#8220;Libertad&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Sep 2013 04:37:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con mucha menos repercusión mediática y social que en aquellos días de octubre a diciembre pasados, la diplomacia de nuestro país y la de la República de Ghana pusieron un definitivo final a la controversia desatada por la detención ilegal de nuestro buque escuela fragata “Libertad” en el principal puerto comercial ghanés durante su 43°... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/09/29/llego-la-paz-a-la-libertad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Con mucha menos repercusión mediática y social que en aquellos días de octubre a diciembre pasados, <strong>la diplomacia de nuestro país y la de la República de Ghana</strong> pusieron un definitivo final a la controversia desatada por la detención ilegal de nuestro buque escuela fragata “Libertad” en el principal puerto comercial ghanés durante su 43° viaje de instrucción.</p>
<p>Como usted recordará, amigo lector, el origen del embargo se debió al <strong>reclamo efectuado por un fondo de bonistas</strong> que no entraron en el canje de la deuda soberana de  Argentina, y que creyeron ver en la obtención de esta medida con poco sustento jurídico una buena forma de causar una conmoción política y social de envergadura tal, que diera lugar alguna alternativa más beneficiosa para sus intereses.</p>
<p>Y, tal como ha ocurrido ya en otras situaciones tal vez mucho más dramáticas y terribles, los argentinos <strong>tan propensos muchas veces a dividirnos por cuestiones menores antes que a unirnos por grandes ideales,</strong> nos pintamos la cara de celeste y blanco, nos hicimos “expertos” en aparejos marineros, fuimos gavieros por tres meses, y nos abrazamos y festejamos -como si fuera el gol del triunfo en una final del mundial de fútbol- cuando el Tribunal Internacional del Mar ordenó al gobierno de Ghana liberar a ese pedacito de Patria que ansiaba inflar sus velas con el viento que la trajera de regreso a su apostadero natural.</p>
<p>Claro que, entretanto, no faltaron las alternativas y condimentos vernáculos que también son parte inescindible de la argentinidad al palo; funcionarios que movían a sus agentes de prensa para aclarar que no eran los responsables del desacierto operacional de haber colocado a nuestra nave en un puerto donde no sólo <strong>no teníamos embajador ni mucho menos agregado naval</strong>, sino que además pertenecía a un país sobre el que desconocíamos prácticamente todo. Un funcionario de la cancillería recordaba hace algunos días que fue una suerte descubrir a tiempo que el Comandante de la fragata debería llevar bebidas alcohólicas como único obsequio aceptable por parte de las autoridades ghanesas; ya que la falta de este etílico elemento en un encuentro protocolar podía ser tomado como una falta de cortesía por parte del anfitrión.</p>
<p>Pero mientras “sordos ruidos” y “balas de tinta” cruzaban los despachos de la Cancillería , el ministerio de Defensa, la secretaría de Comercio Interior y quién sabe cuántos despachos más, la heterogénea oposición política no perdió oportunidad de intentar sacar alguna tajada de lo que pintaba como desastre nacional; desde una diputada que afirmaba que la fragata no era un buque militar (atacando desde la retaguardia al principal argumento de nuestra defensa) hasta colectas para juntar los 20 millones de dólares para pagar la fianza y algunas otras más.</p>
<p>Es justo reconocer que, si bien el gobierno y sobre todo el canciller (tal vez por no pedir asesoramiento antes de actuar) arrancó errando el rumbo, ya que el <b>Consejo de Seguridad</b> no era el lugar indicado para plantear el reclamo, rápidamente descubrió que en la lejana Hamburgo <b>veintiún expertos internacionales en derecho del mar</b> (entre ellos una argentina) constituyen desde hace años el tribunal internacional que se ocupa de estas cuestiones. Hacia allí se dirigieron poniéndose en manos de la que tal vez sea la mayor experta de nuestra diplomacia en cuestiones de derecho internacional ; me refiero a la embajadora <b>Susana Ruiz Cerutti</b>, quien junto a un equipo de expertos diplomáticos, demostró ante el tribunal que el embargo dispuesto por la justicia de Ghana violaba la <b>Convención Internacional de Derecho del Mar</b>.</p>
<p>Fue así que ni tuvimos que cortar las amarras y escaparnos de noche (fábula marinera ideada por algunos bravos marinos que solo ven el mar desde la orilla y en verano), ni el Capitán Salonio tuvo que cumplir el viejo mandato del <b>Almirante Guillermo Brown</b> -“Es preferible irse a pique que rendir el pabellón”. La fragata volvió a casa “libre de culpa y cargo” y todos festejamos. Siendo que (también hay que reconocerlo) esta vez la “terquedad” presidencial, obtuvo un rotundo éxito.</p>
<p>Pero acallados los fervores nacionales y populares, pocos son lo que entendieron que lo que Hamburgo dispuso fue ni más ni menos que una medida cautelar y que se ordenó a las partes someterse a <b>un arbitraje internacional  en La Haya</b> para dirimir la cuestión de fondo.</p>
<p>A esa instancia Ghana llegaría con un reclamo por las pérdidas sufridas por la negativa argentina a mover la nave a un muelle con menos movimiento comercial que el famoso “muelle 11” que la retuvo durante 74 días, y la Argentina llevaría su exigencia de <b>resarcimiento económico</b> por los daños materiales y morales sufridos por la retención y además con una exigencia de desagravio al pabellón nacional.  Ya que <b>un buque de guerra en puerto extranjero se comporta de la misma manera que una embajada</b>; es decir es un pedazo de suelo patrio en el exterior.</p>
<p>En el medio de los preparativos para la instancia arbitral, la corte suprema de Ghana determinó que el juez de primera instancia que nos embargó el barco se había equivocado. Esto simplificó las cosas y finalmente <b>se acaba de cerrar el arbitraje lo que da por finalizado de una buena vez el conflicto</b> y por sobre todo le da a nuestro barco escuela y a todos los bienes del Estado Argentino equivalentes (buques y aeronaves militares) un <b>adecuado barniz de inmunidad</b> frente a embargos de “buitres, halcones o palomas financieras” ya que difícilmente alguien vuelva a invertir tiempo y dinero en propiciar medidas judiciales con finales adversos ya anticipados por los hechos resumidos en esta columna.</p>
<p><strong>MORALEJA</strong>. Las guerras, una vez finalizadas, son estudiadas y analizadas durante años, en claustros militares, diplomáticos y políticos. No solo de los países beligerantes sino por el resto del mundo. De allí se suelen extraer conclusiones (según el caso) para hacer la próxima guerra de una manera “mejor” o para aprender del pasado y evitar una guerra futura (mucho mejor por cierto).</p>
<p>La crisis de la “Libertad” será estudiada por varias generaciones de diplomáticos, políticos y militares ya que fue <b>el primer caso de embargo de una nave militar</b> por cuestiones que no tenían que ver con un conflicto bélico. Hubo un antecedente de un rompehielos soviético hace algunos años pero con condimentos muy diferentes.  El tema está en la oportunidad  que tiene nuestra sociedad y en especial nuestra dirigencia en <b>sacar el adecuado provecho a este rotundo triunfo político y diplomático</b>.</p>
<p>La fragata Libertad no tendrá seguramente una formación de militares ghaneses pidiendo disculpas; rindiendo sus sables en respetuoso saludo ante el paso de la bandera de guerra de la unidad naval. Seguramente tampoco recibiremos un peso de indemnización. Aunque sí el mundo sabrá que fuimos víctimas de un acto ilegal, arbitrario e injusto.</p>
<p>Pero puertas adentro, nos debería servir a gobernantes y gobernados, para <b>redescubrir el</b> <b>valor de las estructuras profesionales de la Nación</b>. Hemos desarrollado en los últimos años una formidable capacidad innovadora intentando dar vuelta como a una media a las estructuras básicas de la Nación. Y tal vez sea bueno asumir que <b>no</b> <b>nacimos como sociedad jurídicamente organizada en 2003</b>. Traemos a cuestas 200 años de aciertos errores y horrores. Pero estos dos siglos nos han permitido también crear instrumentos jurídicos, técnicos y académicos que hacen por ejemplo que tengamos embajadores como la doctora Cerutti. Médicos talentosos que asombran al mundo con sus descubrimientos, arquitectos reconocidos, profesionales en cada campo de la ciencia, del deporte, del arte, etcétera.</p>
<p>Me preocupa cuando veo a tanto improvisado ocupando un cargo para el que no está preparado, <b>cuando se privilegia la afinidad política por sobre el interés de la Nación</b>. Cuando maneja la seguridad quien se formó para curar y cuando veo a nuestra <b>Prefectura Naval custodiando el Parque Chacabuco</b> mientras Gendarmería Nacional recorre la periferia del Puerto de Olivos.</p>
<p>Acabamos de tener un éxito rotundo sobre el que poca gente tomará el adecuado conocimiento, aprendamos de él; tal vez si en lugar de dinamitar el pasado, lo readecuamos al presente, podremos reforzarlo adecuadamente para proyectarnos al futuro.</p>
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		<title>La resurrección del partido militar: Ella lo hizo</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jul 2013 05:26:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Voy a proponer a los estimados lectores un divertido juego para hacer con la familia en alguna sobremesa dominguera. Consiste reunir si fuera posible, a los abuelos, la tía Porota, los chicos y a sus novias/os, papá, mamá y si la vecina de al lado está con onda, ¿por qué no sumarla también? Repartir papel y lápiz y&#8230; en treinta... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/30/la-resurreccion-del-partido-militar-ella-lo-hizo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Voy a proponer a los estimados lectores un divertido juego para hacer con la familia en alguna sobremesa dominguera. Consiste reunir si fuera posible, a los abuelos, la tía Porota, los chicos y a sus novias/os, papá, mamá y si la vecina de al lado está con onda, ¿por qué no sumarla también? <strong>Repartir papel y lápiz y&#8230; en treinta segundos sin repetir y sin soplar escribir nombre y apellido de generales, brigadieres o almirantes de la Nación con actuación destacada</strong> (buena o mala) durante su infancia, adolescencia, juventud o adultez.</p>
<p>Recoja los papeles y comience a contar los nombres anotados. Le puedo asegurar que la nona de ochenta y pico “afana por lejos”, seguida de cerca por la tía sesentona, seguramente usted y su pareja que pisan el medio siglo obtendrán un decoroso “bronce” mientras que la nena, el nene y la novia del nene serán cola lejos, habiendo apenas garabateado el papel con el apellido del capitán de la <strong>fragata Libertad</strong> (¿se acordarán de Salonio, el que aguantó estoico allá en <strong>Ghana</strong>?)</p>
<p><span id="more-256"></span>Aunque tal vez es más probable que si sólo han de recordar un nombre, éste sea… <strong>Milani</strong>. Tan nombrado hoy en radio, tele, internet, diarios de uno y otro signo, revistas de política, de chimentos, de modas y dentro de poco hasta en las del corazón…</p>
<p>A decir verdad, el creciente <strong>anonimato militar</strong> al que nos hemos acostumbrado en los últimos años <strong>no es malo</strong>, máxime si cualquier notoriedad castrense ha de ser obtenida a expensas de denuncias, escándalos, golpes de Estado o cosas por el estilo. Hay un noble modo de contar con uniformados, digamos, no famosos, pero sí conocidos; lo ponen en práctica los países civilizados y consiste en dejarlos interactuar con la sociedad en aquellos aspectos que les son de su competencia, permitiéndoles incluso la osadía de hablar con los medios de prensa.</p>
<p>Pero acá no resulta posible (hasta ahora al menos). Por estos días un micrófono es a un militar o policía lo que era el “hombre de la bolsa” o el “cuco” para nosotros cuando éramos chicos. Algo cuya sola mención es presagio de catastrófico final. El único militar con voz autorizada en Argentina es el todo terreno teniente <strong>coronel médico Berni</strong>, que sabe tanto de piquetes, como de nubes tóxicas o de crímenes de adolescentes o desaparición de empresarios, pasando claro está por la violencia en el fútbol. El resto está autorizado sólo a abrir la boca para entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino; se los acostumbró tanto al disciplinario silencio que el propio ex ministro de defensa<strong> Puricelli</strong> (el que dejó a la <strong>base Marambio</strong> en su actual situación de riesgo por haber contratado un buque no apto para aprovisionar la <strong>Antártida</strong>) tuvo que retar a una formación naval completa por saludar en voz no acorde con su distinguida presencia (“La próxima vez saluden con más energía”, les espetó para sorpresa de cabos y almirantes presentes).</p>
<p>Es por lo expuesto que resulta difícil imaginar que en oportunidad de asumir su cargo el nuevo jefe del ejercito, se jugara sin el debido permiso (o tal vez mandato) a proclamar “su deseo” de poner al Ejército Argentino al servicio del proyecto nacional (y popular) actualmente tan de moda. Podríamos preguntarnos a qué Ejercito se refería: ¿sería al de <strong>San Martín</strong> y <strong>Belgrano</strong>?, ¿al de <strong>Perón</strong>?, ¿al de <strong>Aramburu</strong>, al de <strong>Onganía</strong> y <strong>Lanusse</strong> o al de <strong>Rico</strong> y <strong>Seneildín</strong>? Descarto obviamente que sea al de <strong>Videla</strong> y <strong>Galtieri</strong>.</p>
<p>Y creo poder afirmar sin temor a equivocarme que, dejando de lado a los dos primeros quienes por su rol histórico tienen más que justificada esa peligrosa mezcla de ideal político y uniforme militar, todos los demás con sus más y sus menos, sus glorias y miserias y su grandeza o mezquindad, transitaron con mayor o menos suerte el poco deseable camino de la política armada y con botas.</p>
<p>Y para quien a esta altura esté pensando que comparo a Videla con Perón, lo insto a repensar en el fondo de esta columna y desde ya que declaro bajo juramento que tengo bien en claro las diferencias y similitudes entre ambos.</p>
<p>Hecha esta necesaria aclaración, <strong>analicemos brevemente lo que esta declamada adscripción al partido gobernante acaba de producir en las entrañas mismas de las fuerzas armadas de la patria</strong>: De “movida “ y antes de que terminara la ceremonia de asunción del cargo, acababan de nacer como mínimo dos bandos. A favor y en contra del anuncio del nuevo jefe del Ejercito. Con el correr de estos pocos días las divisiones se han acrecentado con variantes intermedias a saber:</p>
<p>1) Lo hace para salvar al ejército;</p>
<p>2) Con esta gente es mejor estar aliado que ser enemigo;</p>
<p>3) Va a destruir el ejercito y al resto de las <strong>FFAA</strong>;</p>
<p>4) Es un nuevo líder, un nuevo Perón;</p>
<p>5) Es un mesiánico al que hay que temer;</p>
<p>6) Todas las variantes que el lector imagine.</p>
<p>Hemos dicho varias veces que<strong> quien sueñe que nuestras fuerzas armadas se alineen con este o cualquier gobierno es tan impensado como que se pongan en contra.</strong> Institucionalmente hablando claro. Al margen de que en un grupo humano de miles y miles de personas sea muy lógico encontrar a nivel personal simpatizantes peronistas, radicales, liberales, etcétera, etcétera.</p>
<p>Mucho le costó al país separar los uniformes de la política y lo que más costó es que los uniformados se convencieran interiormente de que están al servicio del Estado, si se quiere del gobierno, ya que un gobernante es su comandante en jefe, pero no es lo mismo en tal caso gobierno que partido gobernante.</p>
<p><strong>Si alguien acaricia la peregrina idea de tener un ejército con formato similar al venezolano, habrá que mandar a ese “alguien” a cursar por lo menos el primer año de un liceo militar.</strong> Una cosa es un líder nacido del seno de la fuerza, el que una vez encumbrado en el poder formateó a la milicia a su medida, y otra muy distinta es un presidente o presidenta con relación fría y distante con los militares a los que parece redescubrir luego de diez años y en circunstancias muy particulares de debilidad política y apremiante necesidad de recuperar la iniciativa .</p>
<p>Y si bien es cierto, como ha dicho alguna vez la actual presidenta, que “<strong>el peronismo tiene a un general como líder”,</strong> no es menos cierto que el líder ya no está e incluso cuando estaba generó tal división en las fuerzas armadas que fueron sus propios camaradas militares los que lo derrocaron y esa división tardó décadas en cicatrizar (¿cicatrizó?).</p>
<p>Pero mal que nos pese, <strong>la revelada intención de poner al aparato militar al servicio de un proyecto político</strong>, ya ha sido dicha y publicada. Y las intenciones son como las ofensas, una vez proclamadas no es tan fácil desdecirlas, ya hay consecuencias y hemos agitado gratuitamente un peligroso avispero que hacía 30 años estaba perfectamente ubicado en la colmena.</p>
<p><strong>Si un general dice sin temor a ser castigado que adhiere con fervor al proyecto político del gobierno, ¿puede un almirante o un brigadier decir todo lo contrario sin que sea tildado de golpista?</strong> O es acaso que acabamos de agregar un concepto más al tradicional compromiso militar <strong>“Subordinación y valor, para defender a la patria, a la Constitución Nacional… y al modelo”</strong>. ¿Somos conscientes del camino que vamos a transitar y de sus consecuencias?</p>
<p>Como decimos siempre, aviones con alas recortadas por el nulo presupuesto, buques que a poco de navegar se “roban” el agua de mar introduciéndola en sus vetustos y permeables cascos y tanques con “reuma” fruto del óxido acumulado en sus orugas no han de asustar a nadie. No viene por ahí la cosa. La “cosa” sí viene por reclamar enfáticamente un gesto de grandeza capaz de dotar a la república de un instrumento militar que sirva a un proyecto estratégico de Nación para 100 años o al menos para 20 o 30.</p>
<p>Mientras los esfuerzos de políticos, analistas militares y prensa en general se concentran en escudriñar el legajo de un general y en la cantidad de soles que finalmente llevará sobre sus hombros, el país nos pide a gritos que pensemos en grande. Los generales, almirantes y brigadieres deberían normalmente durar en sus altos cargos muchísimo menos que cualquier proyecto serio de país al que sirvan, ya que la vida de ese proyecto seguramente excedería no sólo la vida laboral sino la de sus propias existencias físicas. Por tal motivo <strong>resulta muy peligroso que algunos (militares o civiles) sientan que el “proyecto” en realidad son ellos mismos.</strong></p>
<p>¿Cuánto más tendremos que esperar los argentinos y argentinas para que de una buena vez alguien comience a sentar las bases que -no sólo en materia de defensa- nos permitan ver el camino más allá de la próxima curva electoral? ¿Cuándo tendremos poderes ejecutivos y legislativos que antepongan planes a pliegos, que diferencien altura en la gestión de ascenso en el escalafón y obviamente que piensen en la grandeza de la patria antes que en la de sus propios despachos o mansiones?</p>
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