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	<title>Fernando Morales &#187; Inflación</title>
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		<title>Sálvese quien pueda</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Sep 2014 08:58:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Sin la menor posibilidad de duda, la única orden que un capitán no desea dar jamás es la de “sálvese quien pueda”. Esta instrucción a los pasajeros y tripulantes de una nave en peligro tiene la particularidad de ser irreversible; <strong>una vez pronunciada por quien ejerce el comando, la autoridad de quien la dio caduca automáticamente;</strong> cesan las jerarquías, el deber de obediencia, la responsabilidad e incluso el respeto por reglamentación alguna por parte de todos los alcanzados por esa directiva final. A partir de allí, y hasta la hora final o hasta que eventuales rescatistas asuman el control, cada individuo queda facultado para hacer lo que considere necesario para asegurar su supervivencia; aunque para conseguirlo deba realizar actos que conspiren contra la vida de los demás. Disputar un lugar en una balsa; arrancar el chaleco salvavidas de otro náufrago; robar alimentos y agua y todo aquello que usted, amigo lector, se anime a imaginar, luego todo quedará borrado; perdonado y olvidado cuando la ley vuelva a imperar para los sobrevivientes a la tragedia.<span id="more-621"></span></p>
<p>Una vez más la crítica situación que atravesamos me sorprende fuera de la Patria; tal como sucede cuando se desea apreciar una obra de arte, <strong>tomar cierta distancia permite observar detalles que de cerca no se aprecian</strong>.  Por cierto que la Argentina de hoy dista mucho de parecer una obra de arte; excepto que la asimilemos a una magistral película de terror.</p>
<p>Como siempre le digo; explicar lo inexplicable ante las preguntas de quienes no habitan estas pampas se torna prácticamente imposible; por solo citar una semana de vida argentina exhibida ante el mundo, la realidad  es tan pintoresca como increíble; en orden completamente aleatorio los últimos días son una prueba acabada de ello</p>
<p><b>Un empresario de 78 años de edad, volando su propio avión y sin copiloto,</b> se precipita a tierra sobre uno de los barrios más coquetos del gran Buenos Aires y se abre una discusión sobre la “conveniencia” de alterar el corredor aéreo que casualmente pasa por sobre las cabezas de miles de almas. Se inicia al mismo tiempo  una investigación sobre la conveniencia de limitar la edad de otorgamiento de los brevets. Otro importante empresario muere en el acceso a Rosario y <b>es la familia del fallecido quien alerta a la policía y a la fiscal de la causa, que el accidente se debería a un intento de robo y no a un error de conducción. </b></p>
<p>Mientras sin solución de continuidad se exponen casos de menores abusados por docentes a quienes sus padres los confiaron.  <strong>La legislatura bonaerense aprueba una ley que permite a personas sin título quedar nada menos que al frente del cuidado y educación de la franja  de edad más vulnerable del desarrollo humano</strong>. Casi al mismo tiempo no saber nada, saber muy poquito o saber un poco más pero no lo suficiente, es lo mismo; todo vale 4 (igual que  en el truco), al fin y al cabo para qué queremos diez números, si toda la maravilla de la tecnología informática se maneja con lógica binaria basada en ceros y unos. Entretanto y con el mismo criterio “todopoderoso” se intentó correr el Día de la Primavera para que las blancas palomitas no se estigmaticen haciendo un picnic un día domingo, dado que el domingo está hecho para descansar y el festejo estudiantil es de última una actividad curricular</p>
<p>El hijo de la Presidente de la Nación, se junta con un grupo de amigos, alquila unos cuantos micros y llena un estadio de fútbol; esforzándose por hablar como su difunto padre, revindica la figura de su mamá como candidata a disputar una vez más la primera magistratura; sin lugar a dudas un buen hijo que no tuvo en cuenta que su propia madre votó una Constitución que se lo prohíbe. Por otro lado <strong>un diputado declama que lo que importa es lo que piensa el pueblo y no lo que dice la Carta Magna y otro legislador opina que tal vez lo mejor sea cerrar el Congreso (en el que trabaja).</strong> Mientras tanto el procesado Vicepresidente de la Nación se apresta a quedar al frente del país el mismo día que suma una nueva denuncia penal en su contra, ya no por un mega negociado internacional, ni por espionaje, ni por nada demasiado escandaloso. Solo por falsear su domicilio ubicándolo sobre un banco de arena en el medio de una playa.</p>
<p>La realidad económica, entretanto, ofrece alternativas no menos difíciles de ser explicadas y obviamente de ser entendidas; la descontrolada inflación sufre el proceso inverso que el de las notas de los estudiantes; en este caso lo que resulta no estigmatizador es que, a fin de cada mes, no llegue al dos; por ello todo lo que supere ese valor es análogamente al caso anterior, eliminado de la escala. La cotización de la sucia divisa verde no debería alcanzar los valores que alcanza, porque el talentoso Ministro de Economía así lo dice; <strong>el mundo sigue conspirando en tal sentido y si un diplomático de segunda línea nos desea “salir rápidamente del default” por qué será bueno para nosotros</strong>; es acusado de superchería, amenazado con la expulsión y declarado prácticamente  enemigo de la patria. Igual de enemigo que cualquier empresario que pregunta como hace para importar los insumos necesarios  para su producción si cuando requiere la divisa para pagarlos el Estado le dice que no hay. Luego ese mismo Estado lo acusará de no producir para atentar contra el pueblo.</p>
<p><strong>Las batallas cotidianas de un gobierno nacional y popular, encabezados por una líder carismática que en cada día de los últimos ocho años no repitió jamás su atuendo en ninguna de sus apariciones en público</strong>; que nos exhorta a consumir productos nacionales, mientras luce sus carteras importadas y bebe agua mineral francesa, llaman poderosamente la atención del ávido interrogador foráneo. La Nación contra los imperios, contra el “establishment”, contra los fondos buitre, contra la Corte Suprema de USA, pero también contra una imprenta que se funde; contra una aerolínea que no vende pasajes a futuro o contra un  chacarero que guarda su producción para venderla cuando la cosa mejore, son por demás llamativas.</p>
<p>La lista es abrumadoramente más larga, las preguntas se suceden sin solución de continuidad y uno se va dando cuenta que no hay respuesta racional para casi ninguna de ellas. Lo que uno si puede llegar a ver es que –volviendo al primer párrafo de la columna- en realidad sí hay una situación peor que la allí descripta; ésta ocurre cuando el pasaje advierte el peligro antes que el capitán y sus oficiales, alertando a los mismos sobre el irremediable final que los acecha si no se toman medidas urgentes. En este extremo caso; es muy probable que quien se cree “iluminado” por el mando, tilde de ignorantes a los que están alertando, pudiéndose llegarse a la particular situación de que sean los propios pasajeros quienes decidan iniciar por su propia iniciativa el abandono de la nave; de hecho, si miramos a nuestro alrededor podríamos descubrir cada vez más gestos de auto salvación, realizados curiosamente por quienes están más cerca del capitán. <strong>Cuidado con eso, porque cuando el pasaje comience a hacer lo mismo que los que están al mando, el naufragio será irreversible</strong></p>
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		<title>Instrucciones para sobrevivir al relato</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Sep 2014 10:27:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde muy chico uso anteojos, así que no me asombra si alguna vez confundo una cara o no saludo a alguien que pasa lejos, simplemente porque no lo reconocí. Como contrapartida, siempre me jacté de mi buen oído&#8230; hasta que escuché el discurso presidencial durante el acto de cierre de la jornada de trabajo del consejo del salario en la que se fijó el nuevo mínimo, vital y móvil.</p>
<p>Le pido perdón, amigo lector, si mi otrora impecable sistema auditivo comenzó a jugarme en contra, pero creo que la Presidente dijo algo así como que en el hipotético caso que tuviéramos una inflación del 100% mensual, en once meces tendríamos una inflación acumulada del 1100%.</p>
<p>Antes de ser oficial de la marina, fui perito mercantil. Pasaron muchos años, claro, <strong>pero creo que recordar que el cálculo de la inflación acumulada no era lineal sino geométrico: si algo que vale diez aumenta un 100% pasa a 20 y si luego aumenta otro 100% pasa a 40 y luego a 80, y así sigue la rueda (el mismo concepto del interés compuesto).</strong> Pero repito, pasaron muchos años y tal vez sea yo el que se equivoca. Por algo no llegué a Presidente de la Nación.</p>
<p>También escuché a la máxima líder del país pedirle a los empresarios automotrices que no “encanuten los autos”. Una vez más me sorprendí. Siempre creí que los autos, sin llegar a ser productos perecederos como la carne o la leche, tenían fecha de vencimiento. Al menos la tenían para ser exhibidos en un salón de ventas como “último modelo”. Cuando hablamos de “encanutar”, ¿de cuántos autos y de por cuánto tiempo estamos hablando?</p>
<p>Empresarios y gremialistas escuchaban atentamente, impertérritos o más bien conscientes que no existe la menor posibilidad de corrección, opinión o gesto antirreglamentario. No están allí para eso, están allí para dar marco a la clase magistral del día, sonreír (por amor o espanto pero sonreír) aplaudir y  -de ser elegidos y “ungidos”- estrechar la mano de la jefe de Estado. Cumplido este ritual, abandonarán rápidamente el recinto que los cobijó con más dudas que certezas y con la esperanza que la cámara no los enfocará justo en el momento del asentimiento incondicional al relato, porque luego hay que explicar cosas que son muy difíciles de explicar.</p>
<p>Va resultando complicado ser original al intentar emitir un “reporte semanal” de la hoja de ruta nacional. <strong>Los problemas son los mismos cada día, la única diferencia es que empeoran de manera preocupante.</strong> La reacción frente a esos problemas por parte de las autoridades también es siempre la misma: negarlos, ignorarlos ,o en el mejor de los casos, culpar a enemigos siempre ocultos que recuerdan a los quijotescos “molinos de viento”. Lo único que guarda relación entre el relato y la realidad es la proporción lineal entre acción y reacción. Cuanto más se agrava la situación, más se empeña el Gobierno por negar o desconocer el agravamiento. Fieles a este criterio, si la recaudación por percepción del IVA aumento 35% en un año, nada de ese aumento tiene que ver con esa palabra inventada por la corpo, los buitres y el establishment llamada inflación. Mucho menos se puede sugerir que no es mayor porque al fenomenal aumento de precios se agrega una drástica caída del consumo interno. Decirlo no puede significar otra cosa que trabajar de meritorio en el juzgado de Mr. Thomas Griesa</p>
<p>Habitualmente, esta columna carga las tintas apuntando a las fallas o falencias en la gestión. Con mayor o menor severidad suelen llegar las “replicas” a lo aquí escrito. Pero debo ser honesto a la hora de reconocer que, más allá de algún enojo ministerial, jamás los mismos constituyeron ni remotamente algo parecido a una amenaza o he visto restringida en modo alguno mi interacción con los distintos organismos del Estado con los que en virtud de mi condición de marino estoy relacionado. Ahora, claro, no podría esperar de este Gobierno una designación política, ni una comisión al exterior ni tan solo una vacante para la portería de la Casa Rosada.</p>
<p><strong>Entonces tal vez corresponda comenzar a reflexionar sobre en cuánto estamos dispuestos a alterar a la ecuación “costo beneficio” de nuestras empresas, cámaras, gremios, o simplemente de simples aspiraciones personales, a la hora de “ilustrar al soberano” o a los “príncipes del reino” sobre la cruda realidad de la situación.</strong> Cuantos enfáticos “No” estamos dispuestos a decir ante cada planteo descabellado, ilógico o impracticable que desde el poder suelen realizarnos. A cuántos contratos con el Estado estaremos dispuestos a renunciar, cuántas prebendas sectoriales resignaremos por ponernos firmes en nuestras convicciones, declamándolas en público con el mismo énfasis con que lo hacemos en reuniones de “camaradería”.</p>
<p>Hemos conseguido a fuerza de repetir fracasos , hacerles entender a los militares que, mientras vistan el uniforme y empuñen las armas de la patria, no tienen oportunidad alguna en forma corporativa de cuestionar a la política oficial. También es cierto que tampoco deben apoyarla tan enfáticamente que terminen poniendo las armas de la Nación al servicio de una facción política. Para al resto de los actores del cuerpo social este principio no aplica, El todopoderoso Berni no deja que un Gendarme o Prefecto nos expliquen un accidente vial o acuático, so pena de pase a retiro inmediato. Pero ni los ministros Kicillof o Giorgi darán de “baja” a un empresario ni Tomada hará hacer “salto de rana” a un gremialista por alzar la voz. Eso sí tal vez dejen de gozar de algunos placeres propios de quienes acarician las suaves mieles del poder</p>
<p>Muerta definitivamente y a Dios gracias la “asonada militar”, tal vez ha llegado el momento de asumir que en el largo camino que va desde la conveniente mansedumbre al boicot empresario, del contubernio político sindical a la huelga salvaje y desde la apatía al estallido social, hay un punto intermedio. Podemos comenzar a transitarlo lentamente, ensayando no sonreír ante cualquier disparate que se nos diga desde un atril oficial. Cometer la osadía de no aplaudir al final de cada frase del relato, dejando que el silencio sea la más contundente muestra de desaprobación y -contrariando al recordado Roberto Galán- comenzar besarse y abrazarse menos con los funcionarios que además de retarnos y darnos cátedra, van llevando el país hacía la destrucción total. Tal vez no cambien el rumbo pero al menos aminoren la velocidad.</p>
<p>Dirigentes y &#8220;dirigentas”: la cadena nacional de la felicidad, ahora en HD, tiene para ustedes un pequeño inconveniente. Los vemos, miramos sus gestos, sus adorables sonrisas y su maravillosa agilidad para saltar de sus butacas cuando el guion marca “aplausos de pie”. Si no son capaces de hacerlo, hágannos al menos un favor, no sigan ensayando frente al espejo y en la retaguardia lo que no son capaces de hacer cuando se perfuman y afeitan para sacarse una foto en el frente.</p>
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		<title>Popeye y Pinocho</title>
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		<pubDate>Thu, 22 May 2014 09:30:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque  despotriquemos cada mañana con la dura realidad que nos toca vivir; aunque una y otra vez apreciemos según nuestro sano saber y entender que el país no transita por un buen camino, y aunque a diario intercambiemos con mayor o menor grado de vehemencia nuestras opiniones contra las de quienes piensan todo lo contrario, <strong>seguramente todos coincidimos en que la democracia seguirá siendo por y para siempre el mejor método para trazar, mantener o modificar el rumbo de nuestra Patria.</strong></p>
<p>Podríamos también inferir que, al menos en teoría, socialistas, liberales, conservadores, humanistas, más a la derecha, más a la izquierda o mantenidos en el centro, los hacedores de la política deberán tener la sana convicción de que los ideales que abrazan son, en cada caso, los mejores para el futuro de la sociedad frente a la cual realizan sus promesas electorales al tiempo que solicitan el ansiado voto que los coloque en la cúspide del poder.</p>
<p>Siguiendo esta línea de pensamiento, no sería descabellado suponer que con sus más y sus menos, radicales y peronistas (estos últimos en sus infinitas configuraciones dogmáticas y pragmáticas) no hicieron lo que hicieron a propósito; es decir, si estamos como estamos a tres décadas de beber el jarabe democrático cada día, es porque las cosas salieron mal, no fue adrede, digamos que…. tuvieron mala suerte.</p>
<p>Podemos también ser malpensados y concluir que en realidad los que tuvimos mala suerte fuimos nosotros y que la Patria fue cayendo sucesivamente en las manos de grupos de incapaces primero, deshonestos luego, desorientados más tarde, bomberos apaga incendios a los postres y, finalmente, un selecto grupo de hábiles mentirosos. Pero, claro, para llegar a tan tremenda y devastadora conclusión habría que ser francamente muy escépticos o demasiado mal pensados.</p>
<p>Y entonces, abocado a la tarea de “ponerle onda” y “darle la derecha al relato”, me pregunto a mí mismo, por qué no creer que, a pesar de que todos mis amigos, familiares, vecinos, camaradas y conocidos (lo de todos es literal) han sido víctimas de hechos delictivos, la cosa no es tan grave como la pintan los medios. Por qué no aceptar que, así como algunos precios se “corren” con tendencia a la suba, otros muchos se mantienen e incluso bajan, desvirtuando categóricamente ese mito urbano llamado inflación. <strong>Por qué no reconocer que los miles de turistas internos que se desplazan frenéticamente en los cada vez más frecuentes fines de semana XXL son un producto exclusivo de la década ganada</strong> y que los millones de ciudadanos que no van ni a la esquina, no lo hacen porque disfrutan más en sus mansiones equipadas con plasmas, aires acondicionados y microondas nacionales y populares, fabricados íntegramente en nuestro país para envidia de Corea y Japón, y adquiridos merced a la cada vez mayor inclusión social.</p>
<p>Por qué no ser un poco más patriota (como le gustaría a Axel) y aceptar que Aerolíneas Argentinas es un modelo empresario digno de imitar y que los pocos cientos de millones de dólares que pierde mensualmente en sus operaciones, son producto de lo mal que dejaron las cosas sus anteriores dueños. <strong>Cómo no darle la derecha al Vicepresidente</strong>, que declara a quien quiera oírlo que quiere que su situación se aclare de una vez por todas, aunque extrañamente no hace más que plantear recursos y nulidades para que el juicio nunca llegue.</p>
<p>Por qué pensar que no hacen otra cosa que no sea mentirnos, engañarnos, ocultar la realidad bajo un descarado manto de palabras vacías, de promesas incumplidas, <strong>de proyectos tan estridentes como impracticables, de actos públicos montados con coreografías y estribillos estudiados, con militancia prepaga  portadora de cotillón provisto por el escenógrafo oficial</strong>.</p>
<p>¿Quiere realmente – amigo lector- que le diga por qué?</p>
<p>Porque, cuando con total desparpajo un señor se para frente a cientos de marinos profesionales y les asegura sin sonrojarse ni un poquito que en cualquier parte del mundo reparar un rompehielos como el Almirante Irízar puede insumir siete años o tal vez más, se me cruza por la cabeza pensar que nos está tomando el pelo.</p>
<p>Cuando intenta justificarse diciendo que los más de mil millones de pesos gastados hasta la fecha en una reparación tediosa y con final abierto incluyen los gastos de combustible insumido por los buques extranjeros que reemplazan al siniestrado, se me da por creer que realmente nos subestima de una manera supina.</p>
<p>Y qué decir cuando asegura con vehemencia por décima vez, que se ha de repotenciar a nuestra flota militar con sofisticadas construcciones integradas por remolcadores y cuatro lanchas en nuestro eficiente astillero estatal al que siempre conocí como un taller de reparaciones navales, hasta que por decreto lo ascendimos así como hicimos con Juana Azurduy. Dios quiera que, con el ritmo que le imprimen a todo lo que construyen, esos jóvenes cadetes que escuchaban ilusionados, las puedan ver a flote antes de pasar a retiro dentro de 35 ó 40 años.</p>
<p>Entonces, sucede que uno puede tener fe e intentar ser positivo, cuando prometen más y mejor seguridad implementado planes y cuadrículas que uno no entiende del todo por no ser policía; o cuando nos auguran que ahora sí tendremos mejor educación siendo que no somos maestros. También cuando nos apabullan con cifras multimillonarias detalladas hasta los centavos y no calificamos como economistas idóneos para formular objeciones; incluso hasta cuando nos esclarecen sobre las ventajas de convenios diplomáticos con Estados terroristas siendo que uno sólo conoce la Cancillería por haber dejado el auto en los parquímetros de la zona.</p>
<p>Pero cuando se nos “ilustra” sobre nuestras respectivas profesiones, artes u oficios, y se nos miente sin tener cuidado, más bien con descaro, mantener la fe cuesta un poco más. <strong>Cuando lo malo de lo que pasa es que se sepa lo que pasa, la esperanza de un futuro mejor se resiente.</strong> Cuando se elimina de los discursos oficiales cualquier frase que signifique reconocer un error, o una falencia o una promesa incumplida o aunque más no sea un mínimo pedido de perdón por la tarea aún no realizada, <strong>uno no sabe bien si se está frente a un incompetente o un sádico, tampoco cuál de las dos cosas es peor.</strong></p>
<p>Magistralmente;  mientras hacía junto a algunos colegas la inevitable catarsis por los dislates escuchados el pasado sábado en el puerto metropolitano en ocasión de celebrarse el <strong>bicentenario de la Armada Nacional</strong>, el mozo que nos atendía me dijo: “Tranquilo Popeye, Pinocho es así”. Lástima que a mí no me gusta la espinaca y más lástima que a él no le crezca la nariz.</p>
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		<title>Me mataste… nos mataste a todos, Martín</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Oct 2013 10:53:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Honestidad brutal. Así podría definirse la cruda respuesta del principal candidato a diputado nacional, propuesto por el oficialismo para representar a la provincia de Buenos Aires en la Cámara Baja de la Nación, a la simple pregunta “nombre tres estaciones del ferrocarril Sarmiento”, realizada por Infobae. Con su sonrisa “naif” pintada en su rostro, como siempre, Martín... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/10/25/me-mataste-nos-mataste-a-todos-martin/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Honestidad brutal. Así podría definirse la cruda respuesta del principal candidato a diputado nacional, propuesto por el oficialismo para representar a la <strong>provincia de Buenos Aires</strong> en la <strong>Cámara Baja de la Nación</strong>, a la simple pregunta<strong> “nombre tres estaciones del ferrocarril Sarmiento”, </strong><a href="www.infobae.com/2013/10/23/1518187-examen-infobae-cuanto-saben-los-candidatos-la-provincia-buenos-aires" target="_blank">realizada por<strong> Infobae</strong></a>. Con su sonrisa “<em>naif</em>” pintada en su rostro, como siempre, <strong>Martín Insaurralde</strong> espetó al periodista que lo interrogaba <strong>“me mataste”</strong>. Es sin duda muy grave que un candidato oficialista u opositor, perteneciente a la mayor provincia del país, se muestre <strong>ajeno e ignorante respecto a algo tan básico</strong> y que hoy por hoy jaquea al gobierno, a la dirigencia gremial, a los empresarios del sector y conmueve al mismo tiempo a la ciudadanía.</p>
<p>Tanto “caminar” el territorio provincial, tanto contacto con los vecinos, con los más humildes, con los sectores sociales. Tantas inauguraciones de cosas hechas por particulares que prestan el podio para que se luzcan los dirigentes, tanto spot, <strong>tanta plata gastada en hacer que conozcamos al candidato y tan poca inversión intelectual para hacer que el candidato conozca un poco el territorio</strong> que aspira a representar parece, cuanto menos, una gran tomadura de pelo a la sociedad entera.</p>
<p><span id="more-346"></span>¿Será tal vez porque el aspirante tan diligente para mostrarnos su <strong>situación sentimental</strong> desde las páginas de varias revistas del corazón no ha tenido tiempo en los últimos años para conmoverse por <strong>tragedias</strong> <strong>ferroviarias</strong>, en lugares tan remotos como <strong>Castelar</strong>, <strong>Flores</strong> u <strong>Once</strong> o lo que es peor jamás se le ocurrió pensar cuál es una de las vías de egreso de los bienes que se producen en el corazón de su provincia? ¿No necesitará el candidato el voto de la gente de lugares ignotos como pueden ser<strong> Moreno, Merlo, Ramos Mejía o Luján</strong>? ¿No querrá que lo voten en <strong>Bragado</strong> o <strong>Chivilcoy</strong>? <strong>Tal vez sea mucho pedir que el señor intendente viaje en los viejos, sucios e inseguros trenes del Sarmiento,</strong> pero al menos que conozca su existencia no parece demasiada exigencia.</p>
<p>Pero creo -amigo lector- que esta respuesta tan honesta como lapidaria es sólo la punta del iceberg (una vez más la analogía marina define el concepto): esta letal ignorancia ferroviaria del candidato desnuda crudamente algo que para ponerlo en <strong><em>términos</em> <em>cristinistas</em> </strong>podríamos denominar como <strong>“la ignorancia profunda”</strong>. Algo que parece ser materia corriente en buena parte de la actual dirigencia gubernamental y seguramente en muchos opositores también.<strong> Inflación, seguridad, dólar, educación y algún que otro tema más, son los caballitos de batalla más rentables a la hora de la campaña proselitista. </strong>Debemos asimismo reconocer que la mayor parte de nosotros centramos nuestra atención en alguno o en todos los temas enunciados.</p>
<p>Pero ¿qué pasaría si siguiendo la misma línea que marcó la simple pregunta que motiva esta columna, algún medio periodístico se lanzara a preguntar cuestiones tan complejas como <strong>cuáles son los principales puertos de la Provincia de Buenos Aires,</strong> <strong>cuál es la causa que hace que el puerto de Mar del Plata se encuentre prácticamente paralizado,</strong> cuál es la situación del sistema carretero de la provincia y cuáles los cuellos de botella que retrasan y encarecen el transporte terrestre? Elija usted, amigo lector, algunas preguntas relacionadas con su oficio o profesión, arme una lista con las más básicas y atrévase a imaginar que dirigente o líder político estaría en condiciones de dar -al menos- una opinión coherente sino la respuesta correcta. No podemos pretender que todos sepan de todo, claro que no. Se supone que el líder tiene la capacidad de armar un equipo de idóneos que manejan cada área de gobierno llevando a la práctica de una forma técnicamente correcta, las decisiones políticas esbozadas desde la máxima conducción.</p>
<p>No parece ser el caso, por ejemplo, del <strong>ministro de Defensa, Agustín Rossi,</strong> que acaba de disponer que vetustos<strong> aviones navales</strong> de entrenamiento (<strong>Turbomentor T34</strong>) con más de 40 años de servicio se enfrenten con las modernas aeronaves usadas por los narcotraficantes para violar el espacio aéreo de nuestro país. Nuestros “hermanos bolivarianos”, entretanto, utilizan para el mismo fin modernos <strong>aviones F16</strong>. Tampoco sería el caso de la magistral conducción de algunos aspectos de nuestra economía con ideas espectaculares que abarcan desde el cepo a la compra de divisas, hasta el pan, pollo, carne, cerdo y pescado para todos, pasando por la <strong>Supercard</strong>, los <strong>Cedines</strong>, las brigadas juveniles controladoras de precios y todas las otras que harían esta lista interminable.</p>
<p>Tampoco parece ser muy brillante la idea del<strong> ministro del Interior y Transportes</strong>, que ha tenido la ocurrencia de disponer que <strong>para evitar que los trenes se sigan estrellando</strong> en las terminales <strong>los guardas se trasladen a la cabina de conducción para “hacerle el aguante” al motorman</strong> en el último tramo del recorrido y evitar que se duerma antes que los rieles se terminen. Ahora sí viajaremos seguros… Además, en el mismo acto nos anunció a todos y todas que había dispuesto <strong>estatizar el Sarmiento</strong>, demostrando que <strong>el actual presidente a cargo es un óleo viviente,</strong> ya que ni hizo falta su aprobación para una medida tan radical como la anunciada.</p>
<p>Para no abandonar el original propósito marinero de esta columna, déjeme contarle -amigo lector- que pocos días antes de afrontar sus actuales problemas de salud, la presidente, preocupada por el caos y descontrol que reina en el <strong>transporte marítimo</strong> y fluvial y ante la falta de respuestas que podía brindarle el <strong>secretario de Transportes de la Nación,</strong> <strong>convocó a su despacho a un funcionario de tercera línea del sector marítimo</strong> para que antes que darle soluciones, le explique por lo menos los problemas. Este profesional del mar, para nada devoto de la ideología gobernante, pero profundo conocedor de la realidad del sector en el que cumple sus tareas, pudo en algo más de media hora darle a la mandataria un esbozo del problema. Lamentablemente, a pocas horas de escucharlo, la jefa de Estado entró al quirófano y habrá que ver cuando regrese al poder qué es lo que recordará de esa charla, pero éste ha sido un <strong>primer y valioso gesto de tratar de convocar a los que más saben en lugar de a los que mejor militan.</strong></p>
<p><strong>Y así estamos, sin saber quién conduce hoy por hoy este barco llamado “Argentina”,</strong> con candidatos alegres y ambles que desconocen elementales cuestiones de nuestra realidad, librados a una suerte incierta, con la única esperanza de que tal vez en algún momento algo cambie para mejor. Mientras tanto con su sonrisa angelical, con sus buenos modales y con sus bonitas producciones fotográficas, Martín el candidato oficialista, ayer, sin inmutarse con su respuesta… nos mató a todos un poquito.</p>
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