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	<title>Fernando Morales &#187; Inglaterra</title>
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		<title>Torta galesa y conmemoración facciosa</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Aug 2015 08:56:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Confiese algo, querido amigo lector: si lo toman desprevenido, ¿no se hace un poco de lío con la interpretación exacta de esa porción de la tierra a la que medio a lo bruto denominamos indistintamente como Reino Unido o Inglaterra? Para ponernos en fase con la terminología, recordemos que por Reino Unido se entiende a... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2015/08/04/torta-galesa-y-conmemoracion-facciosa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Confiese algo, querido amigo lector: si lo toman desprevenido, ¿no se hace un poco de lío con la interpretación exacta de esa porción de la tierra a la que medio a lo bruto denominamos indistintamente como Reino Unido o Inglaterra?</p>
<p>Para ponernos en fase con la terminología, recordemos que por Reino Unido se entiende a la unión de Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte. Todos son británicos, pero no todos son ingleses. A todo esto, cuando incluimos a Irlanda en el Reino Unido, nos referimos a Irlanda del Norte y no a la otra porción de la isla, a la que se conoce como República de Irlanda. Convengamos, entonces, que más allá estar casi todos unidos en un reino, cada país tiene un Gobierno autónomo y que incluso les podríamos decir británicos a todos, pero de ninguna manera ingleses por igual. Hacerlo sería una burrada tan grande como decir que Artigas era argentino.</p>
<p>La cuestión de las identidades comunitarias es en Europa mucho más importante que lo que suelen ser para nosotros las diferencias entre nacionales de distintas provincias. Un gallego, un vasco y un catalán son antes que nada eso y luego españoles. Nuestro máximo héroe naval Guillermo Brown fue un orgulloso marino mercante irlandés no inglés.<span id="more-826"></span></p>
<p>Ahora que nos pusimos de acuerdo, bueno es recordar que <b>hace 150 años llegaron a nuestra Patagonia los primeros 151 colonos galeses a bordo del vapor Mimosa</b>. Lo hacen empujados por la pobreza, sus ansias independentistas y porque la Gran Bretaña les prohibía hasta hablar su lengua en las escuelas. Por aquellos años, <b>el ministro argentino Guillermo Rawson había ideado una atractiva política de seducción para inmigrantes. La galesa fue tal vez la primera comunidad extranjera que se arraigó fuertemente en nuestras tierras y que tejió solidos lazos locales;</b> llegó incluso a trabajar en estrecha fraternidad con los pueblos tehuelches.</p>
<p>Ciento cincuenta años de historia galesa en la patria parecían causa más que suficiente para que la comunidad decidiera festejarlo a lo grande. Y cuando decimos a lo grande, estamos diciendo que el primer ministro galés Carwyn Jones viajó especialmente a nuestra Patagonia para sumarse a los festejos sin saber que incluían una para nada agradable sorpresa nacional y popular.</p>
<p>Para empezar, <b>por exigencia presidencial los descendientes de aquellos intrépidos colonos debieron anticipar el festejo para ajustarse a la agenda de Cristina</b>. Una particular interpretación del vocablo naval ‘arribar’ sirvió de pretexto. Si bien el aniversario de su desembarco es el 28 de julio, el Mimosa fondeó frente a las costas de Madryn el día 27, así entonces y como por un par de millas que faltaban recorrer para tocar tierra, no vamos a andar contrariando a la Jefa, se los dio por arribados el 27 y -parafraseando a Máximo- ¡sanseacabó!</p>
<p>La salud de la Presidente una vez más alteró los planes originales y la primera mandataria dijo ausente con aviso, el gobernador Martín Buzzi quedó al mando, mientras que el intendente local fue apartado del primer plano por no ser un referente K. Para asegurar que todo estuviera a tono con la mística oficial, el jefe de gabinete Aníbal Fernández ofició de comisario partidario.</p>
<p>Cuando la delegación oficial galesa ingresó al gimnasio del Club Deportivo Madryn, nadie atinaba a dar crédito a lo que sus ojos veían. Centenares de militantes convenientemente incentivados y movilizados, portando las ya famosas banderas de la Cámpora, mezclaban sus consignas de reivindicación malvinera con estribillos dedicados a Néstor Kirchner; grupos movilizados de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (Uocra) y del Sindicato de Petroleros libraban su propia batalla campal para ocupar cada uno un lugar más protagónico que el otro en la tribuna (nadie de la militancia sabía que ella no iría, al menos hasta empezado el acto).</p>
<p>Ante la posibilidad de no saber interpretar adecuadamente ese clamor popular, el jefe de Estado invitado pidió a su cuerpo de traductores que le tradujeran los cánticos del pueblo y solo allí, al estar seguro de lo que ocurría, se permitió manifestarle al gobernador Buzzi <b>su malestar por haber transformado un acto de la colectividad galesa en un acto partidario faccioso y totalmente desubicado para la ocasión.</b></p>
<p>Para ese momento, ya se había percatado el ilustre visitante de que no había entre el público simpáticos pobladores con vestimenta típica, sino fornidos punteros arengando a sus respectivos rebaños que vivaran con más fuerza las consignas nacionales y populares. La inacción del gobernador al respecto hizo que la delegación oficial galesa intentara retirarse del lugar, lo que sin lugar a dudas hubiera puesto fin a un siglo y medio de buenas relaciones. El inefable Aníbal, el que con toda naturalidad nos dice: “Máximo es un candidato que casualmente es hijo de la Presidente”, utilizó todo su arsenal de dichos camperos, refranes baratos y muletillas de ocasión para calmar las aguas y hacer del mal trago un más o menos digerible sorbo.</p>
<p>La ausencia de la jefa, si bien dejó insatisfechos a los “movilizados”, le evitó a los visitantes el haber tenido que soportar la versión oficial de la historia de su propio país que Ella les hubiera explicado. Habrían aprendido que seguramente hubieran sido más prósperos si las recetas de Él o de Ella se hubieran aplicado en aquellos años de forzada emigración. Si el fervor nacional y popular lo hubieran recomendado, se habrían ligado un inmerecido “palito” por la cuestión de la soberanía de Malvinas y, por qué no, se hubieran llevado un consejo en su viaje de regreso al viejo continente sobre qué y cómo hacer para que la alicaída Europa salga de su crisis terminal e imite el próspero camino del modelo.</p>
<p>Como suele ocurrir en cada acto militante, poco importaron los motivos de la convocatoria. No hubo tiempo para recordar la aventura de aquellos primeros 151 colonos, tampoco para recapacitar sobre aquel país que fuimos alguna vez, ese que era capaz de llamar la atención a comunidades que, con un inmenso océano de por medio, creían que había un mundo mejor, <b>que llegaban a nuestras costas en plan de trabajo, que no es lo mismo que cruzar la frontera para conseguir algún Argentina Trabaja </b></p>
<p>Mucho antes que las brasas de las parrillas choripaneras montadas para la ocasión se hubieran apagado, los visitantes se habían retirado del lugar y, mientras la militancia enrollaba las banderas, los punteros “honraban” sus compromisos y los dirigentes sonreían satisfechos, alguien seguramente tiraba a la basura los restos de la fiesta partidaria, tal vez en el mismo cesto en el que fueron a parar 150 años de amable y próspera convivencia. Cosas de un país con buena gente, pero pésimos dirigentes.</p>
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		<title>No pescarás</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Jan 2014 10:41:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Amigos son los amigos. Fieles a esta máxima popular y dispuestos a ayudar al amigo caído en desgracia, los máximos líderes del “modelo” le procuraron al eterno derrotado<strong> Daniel Filmus</strong> un conchabo en la <strong>Cancillería.</strong> Como todos los cargos estaban ocupados, optaron por crearle uno relacionado con las cuestiones inherentes a nuestras<strong> Islas Malvinas</strong>. No fueron pocos los problemas que esta “ayudita” al amigo crearon en la consejería legal y en otras dependencias diplomáticas del país, ya que hubo literalmente que inventar algunas tareas para delegarle al nuevo secretario de Estado. Tareas, claro está, que sean tan sonoras como inútiles ya que aun para este “modelo” el tema Malvinas es algo delicado.</p>
<p>Así fue que dispuesto a honrar a quienes lo ungieron en el cargo, el nuevo secretario ya nos ha comunicado su primera gestión en procura de poner en jaque a la mismísima corona Británica, anunciando <em>urbi et orbi</em> que “<strong>serán sancionados civil y penalmente quienes realicen tareas de pesca en las adyacencias de nuestras islas sin el correspondiente permiso de pesca emitido por nuestro país&#8221;</strong>. Ya alguna vez le he comentado -amigo lector- que la porción sumergida de la patria se divide en tres partes: <strong>mar territorial, zona contigua</strong> y <strong>zona económica exclusiva</strong>. Esta última es la porción que se extiende desde la línea de más bajas mareas hasta las 200 millas mar adentro y en la cual, como estado ribereño, Argentina ejerce plenos derechos de explotación de sus recursos pesqueros y riquezas provenientes del lecho y subsuelo marinos.</p>
<p><span id="more-434"></span>Brevemente acotemos que a efectos de organizar la explotación racional de la pesca, nuestro país cuenta con un <strong>Régimen Federal de Pesca </strong>establecido por ley<strong>,</strong> que dispone el funcionamiento de un <strong>Consejo Federal Pesquero</strong> en el que representantes de todas las provincias con litoral marítimo y la Nación fijan los cupos de extracción de cada especie, las zonas de pesca y de veda, y el otorgamiento de permisos de pesca a buques tanto argentinos como extranjeros (que abonan el respectivo canon). Las decisiones de este consejo tienen en cuenta los dictámenes técnicos del <strong>Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero</strong> (<strong>Inidep</strong>), que es el organismo independiente que realiza el estudio del la población ictícola en las distintas pesquerías del país.</p>
<p>En este contexto, todas las embarcaciones pesqueras que operan en la <strong>zona económica exclusiva</strong> circundante a Malvinas con <strong>permisos entregados por las autoridades kelper</strong>, lo están haciendo en realidad en aguas argentinas, lo que ha merituado la severa advertencia de nuestro flamante secretario de estado. Obviamente, <strong>la amenaza deviene abstracta en tanto y en cuanto esa porción de nuestro territorio no está bajo nuestro control tal como lo reconoce la propia AFIP</strong> cuando nos cobra el 35% de recargo para viajar a <strong>Puerto Argentino</strong> y cuando incluye a Malvinas como “territorios vinculados al <strong>Reino Unido”.</strong></p>
<p>Anticipándose a nuestra sana crítica, la resolución indica que <strong>las sanciones apuntan a aquellas empresas pesqueras que operen en ambos mares (el usurpado por Inglaterra y el sujeto a nuestra soberanía efectiva)</strong>, para lo cual se iniciarán “investigaciones” para ver cuáles son esas empresas y aplicar sobre ellas “todo el rigor de la ley”. A todo esto, claro está, primero habrá que modificar la ley, ya que la actual nada indica de aplicar ninguna sanción o prohibición a quienes operen en Malvinas y en el litoral marítimo continental en forma simultánea. Una vez que hagamos nuestros propios deberes, las empresas pesqueras internacionales harán los suyos, creando empresas paralelas sobre las que no ejerceremos el menor control y que serán las que operen en Malvinas, con alegres tripulantes saludando a nuestros buques de patrulla desde sus popas cargadas de pescado argentino.</p>
<p>Hablando de patrullas, la advertencia generalizada se complementa con la indicación expresa de un aumento sustancial de las actividades de patrullaje en nuestra zona económica exclusiva, algo sin lugar a dudas muy plausible, pero ya no para los <strong>ilegales pescadores malvinenses,</strong> sino para los <strong>cientos de buques que pescan en forma ilegal en nuestro propio mar soberano y que son muchísimos más que los que preocupan al secretario Filmus</strong>. Claro que habría que avisarle al funcionario que hace años que venimos descuidando por falta de medios (lease, barcos y aviones) nuestros 2.800.000 km2 de mar continental.</p>
<p>Con todo, justo es reconocer que todo lo que se haga (aun a título declamativo) para reafirmar nuestros derechos sobre Malvinas es bueno. El mundo debe recordar cada mañana que aquí en el lejano sur hay un pueblo dispuesto a no resignar lo que por derecho le corresponde. Si alguien pesca, extrae petróleo o explota de modo alguno nuestro mar hoy en poder del usurpador, que sepa al menos que está cometiendo un delito.</p>
<p>Ahora, sería mucho más auspicioso que el Estado argentino (algo más perenne que un determinado gobierno) ofrezca un discurso sin dobleces a la hora de pergeñar una estrategia sobre el tema Malvinas. La ya comentada torpeza de considerarlas fiscalmente extranjeras, so pretexto que no existe modo de implementar una excepción para los pocos argentinos que una vez al año viajan a honrar a sus muertos, es un despropósito mayúsculo.</p>
<p>Pero no es menos desafortunada (en este contexto) la decisión que hemos tomado respecto a impedir la llegada de cargas procedentes de nuestro país al puerto de Montevideo para ser luego reembarcadas con destino a otros mares, lo que ha producido un daño económico de proporciones mayúsculas a la mencionada terminal. Usted se preguntará amigo lector que tendrá que ver una cosa con la otra; mucho, muchísimo le diría. Una de las mayores dificultades que afronta cualquier estructura naviera que quiera operar en las lejanísimas islas Malvinas es el apoyo logístico. Dónde reaprovisionarse, dónde cargar combustible y fundamentalmente dónde reparar los buques. Siendo impensable hacerlo en puertos argentinos, el puerto de <strong>Montevideo</strong> aparece como la opción natural para hacerlo. ¿<strong>Cómo hará nuestro canciller para pretender lealtad charrúa a la hora de no aceptar en sus instalaciones portuarias a barcos procedentes o con destino a Malvinas, cuando le acabamos de quitar a ese mismo puerto el 50% de su operatividad</strong>? <strong>¿Cómo declamar unidad “mercosuriana” si cuando nos conviene ignorar que somos un bloque político y comercial, lo ignoramos?</strong></p>
<p>Tal vez la respuesta a este interrogante no la tenga ningún economista famoso, ningún brillante diplomático ni siquiera un estadista con mayúsculas, quizás sea más simple y se trate sencillamente de algo que por estos días parece ser uno de los bienes más escasos del mercado gubernamental. Me refiero al sentido común.</p>
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		<title>Gibraltar &#8211; Malvinas: parecido pero diferente</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Aug 2013 05:41:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Salud España, bienvenida a lucha contra el colonialismo. Las curiosas vueltas de la vida hacen que en pleno siglo XXI la “Madre Patria” y una de sus “hijas” compartan una penuria que va más allá de sus respectivas crisis socioeconómicas, la corrupción de sus gobernantes y el más que inminente fin de ciclo (el ciclo del Partido Popular... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/08/14/gibraltar-malvinas-parecido-pero-diferente/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Salud España, bienvenida a lucha contra el colonialismo</strong>. Las curiosas vueltas de la vida hacen que en pleno siglo XXI la “<strong>Madre Patria</strong>” y una de sus “hijas” compartan una penuria que va más allá de sus respectivas crisis socioeconómicas, la corrupción de sus gobernantes y el más que inminente fin de ciclo (el ciclo del Partido Popular mucho más corto que el del pseudo progresismo K, por cierto).</p>
<p>Juguetear literariamente con la paradoja de nuestros colonizadores, <strong>redescubriendo su condición de víctimas de la política colonial británica</strong>, es una gran tentación; pero prefiero dejar esa gimnasia para cada lector y aprovechar estas líneas para analizar algunas cuestiones del presente que nos brindan una <strong>oportunidad de reposicionar el tema Malvinas a nivel mundial</strong></p>
<p><span id="more-274"></span>Sabido es por estos días que España ha subido varios grados la tradicional temperatura que reina en el estratégico <strong>estrecho de Gibaltrar</strong> (llave de entrada al <strong>Mar Mediterráneo</strong>) controlado desde 1713 por <strong>Gran Bretaña</strong> en virtud de lo dispuesto por el<strong> tratado de Utrecht</strong> por el que se puso fin a la guerra de sucesión española.</p>
<p>Sin pretender transformar esta columna en una mala cátedra de historia, resulta insoslayable recordar que la razón de ser de la presencia inglesa en el peñón tiene un fundamento político dado precisamente por la firma del tratado nombrado, el que incluso contempla en una cláusula que establece que si <strong>Inglaterra</strong> abandona el territorio, España tiene derechos sobre él.</p>
<p>Lógicamente, a 300 años de su firma <strong>el bendito tratado tiene olor a obsoleto</strong>. <strong>El sentido común, la geografía y la política global de descolonización indican claramente que llegó la hora de integrar Gibraltar a España</strong>. Pero claro&#8230;<strong> los ingleses</strong> -quienes aún ubican los volantes de sus autos a la derecha, mantienen un sistema métrico que nos complica la vida al no ser decimal y anteponen la libra al euro- <strong>no parecen estar muy de acuerdo con estas premisas.</strong></p>
<p>Lo cierto es que hoy España se anima a compararse con Argentina y promete un <strong>frente común para denunciar al mundo el atropello que significan Malvinas y Gibraltar</strong>. Situaciones sin duda alguna parecidas pero bien diferentes… En Gibraltar se habla español, sus policías nos causan gracia, cuando desde nuestro rol de turistas los vemos ataviados como ingleses hablando con su castizo acento; <strong>España y su territorio perdido están separados por una verja de hierro más pequeña que la reja que separa a los habitantes de la Casa Rosada del resto de la población</strong>. Argentina y sus Malvinas tienen cientos de kilómetros de helado mar austral como frontera de difícil traspaso y salvo algún inmigrante chileno, la lengua de <strong>Cervantes</strong> no se habla mucho por sus calles. No se come mucho asado y mucho menos se juega al truco y se toma mate.</p>
<p><strong>Son muchos más los españoles que conocen el peñón que argentinos que pisaron Malvinas; más aún, son muchos más los argentinos que conocen el peñón que los que conocen nuestras Islas</strong>. El clima es agradable, la pequeña ciudad es acogedora, hay lindas tiendas y muchos españoles trabajan en la colonia inglesa y al final del día regresan a pie a España, ya que viven en <strong>Algeciras</strong>. La afrenta colonial a nosotros nos queda lejos. No las vemos desde el living de nuestras casas, las tenemos en el corazón pero la dura realidad local nos lleva muchas veces a no darles la importancia que realmente tienen; es como lo que nos ocurre con esos familiares que viven a mucha distancia de nuestro domicilio: los queremos pero no nos acordamos todo el día de ellos.</p>
<p>A<strong> España el dolor por el orgullo herido los saluda cada mañana</strong>; el peñón los mira desde sus 400 metros de altura y les reclama acción; la temperatura, el clima, el sol o la lluvia, la radio y la televisión son las mismas de un lado y del otro de la curiosa frontera con cerrojo picaporte, que se abre o cierra con más facilidad según sean la necesidades y urgencias políticas de uno u otro lado. Y hablando de urgencias políticas, todo parece indicar que al mejor estilo “sudaca” el gobierno español ha echado mano a endurecer sus habituales reclamos en pos de la recuperación de la soberanía de Gibraltar como forma de licuar en parte no sólo las consecuencias de su crisis económica sino también la creciente pérdida de credibilidad de <strong>Rajoy</strong> y las crecientes denuncias de corrupción que afronta en lo personal y que cada día amenazan con más fuerza la continuidad de su gestión gubernamental. <strong>Además, la Corona tiene lo suyo y un conflicto internacional siempre viene bien.</strong></p>
<p>Al margen de este rudimentario análisis, <strong>sí es muy cierto que Gibraltar tiene más prensa que Malvinas</strong> -sobre todo en Europa, claro está- y que geografía y glamour al margen, el status colonial de uno y las otras es el mismo. Se abre aquí una muy interesante oportunidad para nuestro país de reposicionar el reclamo por nuestras islas en medios, foros y cumbres que habitualmente nos son esquivos o asocian nuestro reclamo con los últimos movimientos de una vieja dictadura sudamericana de la que mejor no acordarse. Pero para ello, <strong>deberíamos al menos por un ratito dejar de lado el capitulo del “relato” que recomienda pelear constantemente con todos y todas ya que somos los mejores, los más lindos, los más progres y los que damos cátedra en Harvard sobre cómo construir un mundo mejor.</strong></p>
<p><strong>Nuestras relaciones con España no atraviesan su mejor momento</strong> (bueno, nuestras relaciones, excepto con <strong>Irán</strong> y <strong>Venezuela</strong>, no atraviesan su mejor momento con nadie), pero así y todo parecería ser que en la <strong>Península Ibérica</strong> están dispuestos a dejar por un momento de reclamarnos por las empresas que primero les vendimos y luego les confiscamos, por tildar de genocida al descubrimiento de <strong>América</strong> y por alguna que otra gentileza que les hemos propinado en la última década, y hacer causa común en defensa de la recuperación de los territorios usurpados.</p>
<p>Habrá que ver ahora si nuestro gobierno se hace un hueco en medio de las catástrofes eleccionarias -la pasada y la por venir- y hace lo que no supo hacer con las cientos de oportunidades económicas que han golpeado a nuestra puerta en los últimos años… <strong>¡Aprovecharla!</strong></p>
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