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	<title>Fernando Morales &#187; Jefe de Gabinete</title>
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		<title>La tormenta desde la otra orilla</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Feb 2014 09:33:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[dólar]]></category>
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		<category><![CDATA[Uruguay]]></category>

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		<description><![CDATA[Quiso el destino que este convulsionado mes de enero, me sorprendiera del otro lado del Rio de la Plata. Le puedo asegurar –amigo lector- que para mi será tristemente inolvidable por un hecho que le contaré al final de esta columna. Cuestiones personales al margen, tal vez como pocas veces en los últimos años, pueblo... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/02/01/la-tormenta-desde-la-otra-orilla/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Quiso el destino que este convulsionado mes de enero, me sorprendiera <strong>del otro lado del Rio de la Plata</strong>. Le puedo asegurar –amigo lector- que para mi será tristemente inolvidable por un hecho que le contaré al final de esta columna. Cuestiones personales al margen, tal vez como pocas veces en los últimos años, pueblo y gobierno Uruguayos asisten hoy abrumados a las <strong>inexplicables sagas mañanera</strong>s que tienen como primer actor a nuestro Jefe de Gabinete y como actores de reparto a sus circunstanciales acompañantes frente al micrófono.</p>
<p>Siendo el <strong>Uruguay</strong> un país cultural, económica y geográficamente tan próximo a Argentina, es lógico que la coyuntura nacional inevitablemente lo involucre. Desde un temporal causado por el clima hasta el actual tsunami en el que nuestras autoridades están sumiendo al país y a la región.</p>
<p>No obstante  que esta situación de interdependencia es totalmente asumida por la sociedad uruguaya, hay un aspecto de nuestra particular realidad que resulta muy interesante de analizar; me refiero a la manera en que se aprecia la situación cuando quien la analiza se asume totalmente como víctima de la misma  sin derecho a voz ni voto.</p>
<p>Como todos sabemos, <strong>las emisiones radiales y televisivas argentina</strong>s penetran el territorio charrúa con la misma facilidad con la que un pez nada a su antojo por las aguas del Río de la Plata sin distinguir fronteras. Es así que las emisiones de los “maléficos” comunicadores de la corporación mediática se reciben con la misma claridad con la que lo hacen los esclarecidos pensadores de la TV pública. Siendo así que argentinos y argentinas en tránsito podemos seguir “gozando” de cada detalle de nuestra particular forma de vivir la vida.</p>
<p>Pero el dial uruguayo ofrece <strong>entre la cadena del desánimo y la apología del modelo</strong>, distintas versiones informativas locales que permiten al argentino que lo desee, asomarse a la desafiante aventura de ponerse en la piel del ciudadano uruguayo que intenta comprender el errático derrotero argentino, el que sin solución de continuidad cada (más o menos) diez años, castiga brutalmente a nuestra población y salpica irremediablemente al resto de la región.</p>
<p>Un denominador común parece haberse adueñado de la opinión pública y publicada de nuestros vecinos por estos días:  el <strong>desconcierto</strong> total y absoluto. Políticos, economistas, hombres de negocios, comerciantes y hasta choferes de taxi o encargados de edificios lamentan con la misma intensidad los<strong> lógicos trastornos que nuestra arritmia política y económica les origina</strong>, como el impredecible futuro al que nuestros dirigentes han condenado a nuestro país.</p>
<p>Hace un par de días un profesional uruguayo me comentó con absoluta simpleza e ingenuidad: “Bueno, si todos los males de los argentinos se deben a las maniobras de un grupo mediático ¿por qué no lo cierran y ya?; <strong>si pudieron expropiar YPF que era española</strong>, ¿por qué no hacerlo con Clarín que es argentino?”</p>
<p>Este simple ejemplo , es sólo uno de una larga cadena de situaciones que se dan a diario cuando miles de espectadores locales, observan a un señor que cada mañana anuncia alguna cosa, para tal vez anunciar la contraria al día siguiente o inclusive en la tarde del mismo día.</p>
<p>La larga lista de interrogantes que la estupefacta sociedad uruguaya se  formula, incluye entre otras cuestiones: ¿cómo es posible que el otrora “granero del mundo” hoy mida con cuentagotas míseros cupos de exportación?; ¿por qué nuestras exportaciones cárnicas se encuentran literalmente por debajo de las del propio Uruguay?; ¿por qué, siendo uno de los países más ricos de la región, estamos una vez más al borde del colapso sin que las razones parezcan ser otras que la impericia de quienes manejan el timón de la Nación?</p>
<p>¿Cómo puede hacer un vecino oriental para  digerir términos tales como <strong>Mercosur, Unasur,</strong> confraternidad rioplatense o simplemente sentirse hermanos o al menos vecinos de una administración que parece hacer lo imposible por dañarse a si misma y a quienes la rodean?</p>
<p>De la mano de nuestras emisoras televisivas, de nuestros políticos y de nuestros expertos opinólogos , en Uruguay intentan comprender cómo es eso de <strong>que el dólar negro sube por presión del narcotráfico</strong> (previo entender que es el dólar negro);  por qué escuchan a un ministro anunciar que el sistema bancario internacional está conspirando contra la democracia argentina;  cómo es que la Presidente viaja tres días antes a una cumbre internacional pero se vuelve antes porque le duele la espalda; sin éxito, indagan acerca del porqué a sus familiares radicados en nuestro país se les cobra un impuesto para ir de visita al Uruguay, siendo que integramos el mismo mercado común.  Se devanan la cabeza intentando descubrir por qué,  luego de <strong>tanta incitación a la estigmatización del accionar de las fuerzas armadas</strong>, ahora un general investigado por un presunto crimen durante la dictadura, toma el micrófono para anunciar que se lo está persiguiendo a él y a la Presidente&#8230;.</p>
<p>No pueden, no conciben, no entienden nada de nada de lo que nos pasa. Temen por nosotro, porque nuestro fracaso es inevitablemente el de ellos.  Y sólo atinan a vislumbrar <strong>un oscuro desenlace</strong>. Pero si hay algo que les resulta superlativamente incompresible por encima de cualquier otra cosa , es de qué se ríen nuestros funcionarios cada mañana cuando toman el micrófono para anunciar un nuevo paso al frente en el camino al desastre.</p>
<p>PD: Con el permiso de editores y lectores, dedico esta columna a mi lectora más leal y a mi crítica más severa; a <strong>mi madre Graciana</strong>, que llegó a este suelo uruguayo de la mano de sus hijos y se fue al cielo de la mano de Dios. Un pedacito de mi partió con ella.</p>
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		<title>El almirante y la general</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jul 2013 04:19:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Américo Vespuccio]]></category>
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		<description><![CDATA[Libertarios contra realistas; federales contra unitarios; peronistas contra radicales; azules contra colorados; y como broche de oro… Colón y Juana Azurduy convertidos seguramente contra su voluntad en los nuevos protagonistas de una contienda post mortem que se desarrolla en la “arena” de una Nación devaluada no sólo en su moneda y en sus valores, sino... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/04/el-almirante-y-la-general/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Libertarios contra realistas; federales contra unitarios; peronistas contra radicales; azules contra colorados; y como broche de oro… <strong>Colón y Juana Azurduy</strong> <strong>convertidos seguramente contra su voluntad en los nuevos protagonistas de una contienda post mortem</strong> que se desarrolla en la “arena” de una Nación devaluada no sólo en su moneda y en sus valores, sino además en los temas en los que centran su atención nuestros dirigentes, quienes día a día enmarcan sus relaciones oficiales y oficiosas en una estéril y destructiva batalla de pros contra progres.</p>
<p>Hacer el resumen de lo que la ciudadanía porteña ha presenciado en vivo y directo y el resto del país ha seguido a través de los medios resulta tan divertido como vergonzoso.</p>
<p><span id="more-232"></span>La <strong>Plaza Colón</strong>, esa que realmente en una época era de todos y todas, fue “<strong>privatizada</strong>” para uso presidencial en virtud a un convenio suscripto entre la Ciudad y el PEN en épocas de <strong>Jorge Telerman</strong> como jefe de gobierno porteño.</p>
<p>Analizados los fundamentos racionalmente, deberíamos convenir que <strong>pocas sedes presidenciales en el mundo estaban tan expuestas por su frente y contrafrente</strong> al clamor o la ira popular, en una clara falencia de seguridad para sus <b>ocasionales</b> y <b>sólo una vez reelegibles</b> <strong>ocupantes</strong>.</p>
<p>El convenio de marras estableció algunas prebendas lógicas para que, en caso de necesidad del gobierno nacional, la plaza pueda ser restringida al uso público para la realización de actividades de Estado; como contrapartida el Estado nacional atendería la conservación y mantenimiento del predio.</p>
<p>Pero llegó el momento en que <strong>el “relato” que todo lo cubre, abarca y contiene, consideró oportuno bajar a Colón primero del pedestal de la historia iberoamericana</strong> y luego literalmente hablando del pedestal en el que reposaba su estatua.</p>
<p>A partir de allí y hasta el presente, asistimos a una lucha sin cuartel en la que desde funcionarios públicos, jueces, fiscales, operarios, y técnicos hasta (peligrosamente) las fuerzas policiales de la Nación y la Ciudad de Buenos Aires, <strong>malgastan su tiempo y nuestro dinero en un patético despliegue de “talento político”</strong> que por ahora arroja como resultado a un Colón marmolado tirado sobre el césped de la plaza que por ahora mantiene su nombre; atado de pies y manos; amordazado y custodiado por efectivos federales de seguridad (que buena falta harían a pocas cuadras de allí, donde la inseguridad se cobra a diario vidas y bienes) en una suerte de parodia que busca evitar su fuga o, lo que es peor, que formule declaraciones a algún medio de prensa de la corpo.</p>
<p>Del otro lado de la verja, los nóveles agentes de la policía metropolitana apostados estratégicamente parecen estar dispuestos a batirse a sangre y fuego si -solo o acompañado- el ilustre almirante osara traspasar el gueto federal y poner un pie en territorio porteño.</p>
<p>Mientras en una desconocida guarida cercana, doña Juana Azurduy, otrora “<strong>Flor del Alto Perú</strong>” y ahora general (así sin “a”) de la nación, acomoda sus charreteras, lustra su sable y sus botas y se apresta para tomar por asalto el territorio de la plaza y habitar por el resto de la eternidad, en lo alto del pedestal abandonado por el “<strong>genocida genovés</strong>”.</p>
<p>Y ante tanto despliegue estratégico, táctico y logístico, ante tanto alarde de espíritu combativo que emula por lo exagerado y tragicómico a las viejas contiendas de <strong>Titanes en el Ring</strong>, cualquier atento turista que frecuente por más de un día las inmediaciones del corazón político de la república podría válidamente preguntarse: <strong><em>¿A estos tipos que les pasa?</em></strong></p>
<p>Y podría ser esa simple pregunta realizada de buena fe por algún observador ajeno a nuestras miserias cotidianas la que quizás nos debería golpear con una fuerza tal que nos haga salir de una buena vez de la ruta de autodestrucción por la que tanto nos gusta circular.</p>
<p>¿Qué nos pasa para que cada mañana despertemos bombardeados con andanadas de denuncias cruzadas de los más variados tipos y colores, sin que a los responsables de conducir los destinos de la patria se les mueva ni un músculo de la cara? Nos sometemos a su majestad la justicia, pero si ésta no falla como nos gusta o nos conviene, blandimos amenazantes alguna pesquisa impositiva que haga entrar en razones a los magistrados díscolos.</p>
<p>¿Qué nos pasa que aunque no intentamos aún cumplir con la Constitución que los mismos actores del presente aprobaron en una película anterior, queramos reformarla a como dé lugar? Y mientras tanto los máximos responsables de los tres poderes nacionales, los principales jefes de gobiernos provinciales y comunales y los más conspicuos actores sociales, gremiales y empresariales juegan sin medir las consecuencias a la ruleta rusa, todos contra todos con los 40 millones de argentinos y argentinas como atónitos espectadores.</p>
<p>Vamos por más, vamos por todo. Después de Colón, deberemos reconsiderar las sospechosas conductas de <strong>Américo Vespuccio</strong> y <strong>Vasco Da Gama</strong> (ni que hablar de <strong>Magallanes</strong> que algo habrá hecho seguro).</p>
<p>Y podríamos seguir, <strong>podríamos procesar a toda la cadena de mandos que envió a Jesucristo a la cruz</strong>; revisar el procesamiento de <strong>Barrabás</strong> o abolir de una buena vez la ley de la gravedad y volar con nuestros cuerpos para estar a la altura de las mentes voladoras de nuestros líderes.</p>
<p>Pero lamentablemente la cruda y cruel realidad está golpeando a nuestra puerta cada vez con más fuerza. En un mundo que nos mira desde afuera sin entendernos, cada vez somos más los que miramos desde adentro intentando encontrar donde está la ventana, la luz o la señal que nos indique el rumbo correcto.</p>
<p>Y como hablamos de rumbo, y como la columna es “marinera”, tengamos presente que mientras timoneamos desde el twitter, mientras las orquestas y cantantes <em>nac &amp; pop</em> suenan en la cubierta del poder y los nubarrones de tormenta parecen más lejanos de lo que realmente están, la sala de máquinas de la república está comenzando a hacer agua. Tengamos presente que al igual que en el Titanic, nunca los botes salvavidas alcanzan para todos (y todas). Hagamos algo antes de tener que abandonar la nave.</p>
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