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	<title>Fernando Morales &#187; José de San Martín</title>
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		<title>Espejo roto</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Nov 2014 10:34:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Una nueva semana, una nueva columna, un nuevo enojo en algunas estructuras castrenses y en muchos despachos políticos. Un nuevo “desafío” de un columnista que se atreve a hacer uso de la palabra portando una foto de uniforme. Osadía extrema de alguien que no se educó en los claustros de ninguna facultad de ciencias políticas, sociales o filosóficas; que  muy por el contrario transitó su adolescencia y juventud en las aulas de diversas escuelas e institutos de la Armada y adquirió un tibio barniz universitario al cursar la Universidad de la Marina Mercante. Tal vez visto desde cierto ángulo tengan razón quienes sostienen que un uniforme (aunque sea mostrado en una simple foto) limita a quien lo porta a expresar sus sentimientos, pareceres o sensaciones ya que si bien pueden ser expresiones personales comprometen a la entidad  que proveyó el ropaje institucional…</p>
<p><strong>Mucho puede criticarse, desde pedestales pedagógicos de alto nivel,  a los métodos de educación de los institutos militares. </strong>Si bien es cierto que mucho antes que renazca la patria de la mano del Modelo y su Relato, los distintos responsables de las áreas de educación de las fuerzas armadas comprendieron que era necesario profesionalizar la educación militar. Coroneles portando varoniles bigotes y gruesa voz de mando comenzaron a ceder terreno a una cada vez mayor cantidad de profesores civiles y la profesión militar comenzó a ser permeable a la interacción de sus cuadros superiores con la actividad universitaria. Se pasó de conceptuar negativamente a los oficiales que cursaban carreras civiles, a estimular estas actividades e incluso a armar perfiles de individuos aptos para dedicarse a la educación.  En los 90 comenzaron a ver la luz los institutos universitarios de las FFAA y en la actualidad todas las FFAA y FFSS proveen a sus egresados no solo de un grado militar o policial sino además de un título universitario con nivel de licenciatura.</p>
<p>Ahora, claro, como usted comprenderá amigo lector, un liceo militar no es un liceo de señoritas (aunque las hay y con altísimos niveles de rendimiento), se supone que estos institutos de formación preuniversitaria educan  a quienes voluntariamente los eligen con formas un tanto más  rígidas que un secundario común. De hecho sus egresados son formalmente revestidos con un grado militar que los habilita para empeñarse en la defensa armada de la patria en caso de guerra. Su condición de “Oficiales de reserva” no es ni simbólica ni honorífica. <strong>La misión primaria de un liceo militar es la formación de ciudadanos que, una vez egresados, elijan carreras civiles pero que sean portadores de principios, valores y destrezas que los habiliten a armarse en defensa de la patria</strong></p>
<p>Fundado en 1947, el Liceo Militar General Espejo, pretende (o pretendía) ser uno de esos institutos formadores de hombres de bien comprometidos con la patria.  Por sus aulas pasaron muchos hombres devenidos luego en Almirantes o Generales de la Nación, pero también comprometidos con la política como el actual gobernador de la provincia de Mendoza y el ex vicepresidente Cobos. Sus valores formativos han acompañado el cambio de paradigma cultural del país, modificando ligeramente sus objetivos institucionales. Me permito “robar de la propia página web de la institución uno de ellos: “Desarrollar una educación que estimule la comprensión y el compromiso con los valores éticos y democráticos de participación, libertad, paz, solidaridad, justicia, respeto a la diversidad y a los derechos humanos, responsabilidad, preservación del patrimonio natural y cultural y bien común, insertos en nuestra Constitución Nacional.”</p>
<p>El precepto arriba enunciado parecería darse un poquito de patadas con la “ travesura” de un grupo de jóvenes uniformados que, totalmente comprometidos al parecer con la “igualdad de género”, travistieron el busto del General San Martín (por si no lo recuerdan los más jóvenes, hablamos del Padre de la Patria; el Libertador de Argentina, Chile y Perú , el que hablaba con Bolívar de verdad, el que en el ranking de personajes notables de la Argentina está varias decenas de puestos adelante que Néstor, Carlos Saúl, Raúl Ricardo y obviamente que Ella). Lo mismo hicieron con la imagen del General Espejo (quien le da nombre al instituto) pero si se le animaron al Libertador, fue una suerte que la imagen de Espejo aún se mantenga en su sitio</p>
<p><strong>Mire, querido amigo, no pretendo ser mesiánico. Sabemos que San Martín está en la gloria eterna; ese bronce y todos los que lo recuerdan no son San Martin.</strong> Una imagen, sea patriótica o hasta incluso religiosa, es simplemente eso, una imagen. Pero también es cierto que de acuerdo al entorno en el que se encuentran su valor ceremonial los eleva bastante por encima de su constitución material.  La cruz en el altar; la estrella en la sinagoga y  el busto de San Martin en un claustro militar son objetos  de veneración, de culto  o al menos de respeto en el último de los casos citados</p>
<p>¿Podría imaginar usted a jóvenes seminaristas “adornando” la cruz o alterando las facciones de la Virgen maría para celebrar su ordenación?</p>
<p>Hay en realidad algo más grave que la travesura de los ya casi Subtenientes de la Nación que se burlaron del único militar que tal vez deberían tomar como ejemplo de vida. Me refiero a la políticamente correcta justificación de las autoridades militares del Liceo Espejo.  “<b>Las acciones de los cadetes fueron realizadas con permiso; luego del festejo todo quedó limpio y en su lugar</b>”</p>
<p>El director del Liceo Militar luce con orgullo en la página web del instituto que dirige  su uniforme de coronel de la Nación. Coronel del ejército de San Martín. Me cuesta creer que está convencido de los argumentos que utiliza para intentar  convencer al resto de sus conciudadanos<b>. Pero si como nos dice es solo una broma,</b> lo invito a arengar a sus cadetes para que portando sus castrenses atuendos hagan lo mismo con imágenes que representen a los siguientes pro hombres de la humanidad: <b>Néstor Kirchner, Ernesto Che Guevara; Rodolfo Walsh, Fidel Castro y hasta me atrevería para que no me tilden de sexista a incluir en la lista a la ahora generala Juana Azurduy. </b></p>
<p>Mientras Colón sigue en el piso, Sarmiento es ridiculizado en Paka Paka, y  Roca viene en baja, creíamos que San Martín estaba libre de pecado ideológico pero, por lo visto, lo que cadetes con estado militar han hecho con su imagen deja a la melliza griega totalmente absuelta de culpa y cargo por haberse pasado la bandera nacional por allá…</p>
<p>Ya lo sé, amigo lector, mis criticas semanales a los próceres vivientes de la nueva Argentina me quitan todo tipo de autoridad moral para reprochar a los jóvenes cadetes por su chascarrillo adolescente. Pero sí me voy a permitir dirigirme al Sr. Director del Liceo Militar General Espejo robándole el concepto  a un amigo: Discúlpeme “Mi Coronel”, hablando casualmente del nombre de su liceo. Tome usted un espejo y mire fijamente su propia imagen. Piense si luego de este bochorno tendrá la autoridad moral para dar una orden a alguien. Reflexione sobre si tendrá la posibilidad de sancionar a algún subordinado que cometa una falta menor. Considere si podría seriamente rendirle honores con su sable al padre de la patria.  Luego tome un papel y aunque más no sea a mano alzada haga lo único que le queda por hacer: pedir el retiro. A<b> </b>esta altura de las circunstancias su uniforme se parece a un disfraz, que además le queda grande.</p>
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		<title>La resurrección del partido militar: Ella lo hizo</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jul 2013 05:26:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Voy a proponer a los estimados lectores un divertido juego para hacer con la familia en alguna sobremesa dominguera. Consiste reunir si fuera posible, a los abuelos, la tía Porota, los chicos y a sus novias/os, papá, mamá y si la vecina de al lado está con onda, ¿por qué no sumarla también? Repartir papel y lápiz y&#8230; en treinta... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/30/la-resurreccion-del-partido-militar-ella-lo-hizo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Voy a proponer a los estimados lectores un divertido juego para hacer con la familia en alguna sobremesa dominguera. Consiste reunir si fuera posible, a los abuelos, la tía Porota, los chicos y a sus novias/os, papá, mamá y si la vecina de al lado está con onda, ¿por qué no sumarla también? <strong>Repartir papel y lápiz y&#8230; en treinta segundos sin repetir y sin soplar escribir nombre y apellido de generales, brigadieres o almirantes de la Nación con actuación destacada</strong> (buena o mala) durante su infancia, adolescencia, juventud o adultez.</p>
<p>Recoja los papeles y comience a contar los nombres anotados. Le puedo asegurar que la nona de ochenta y pico “afana por lejos”, seguida de cerca por la tía sesentona, seguramente usted y su pareja que pisan el medio siglo obtendrán un decoroso “bronce” mientras que la nena, el nene y la novia del nene serán cola lejos, habiendo apenas garabateado el papel con el apellido del capitán de la <strong>fragata Libertad</strong> (¿se acordarán de Salonio, el que aguantó estoico allá en <strong>Ghana</strong>?)</p>
<p><span id="more-256"></span>Aunque tal vez es más probable que si sólo han de recordar un nombre, éste sea… <strong>Milani</strong>. Tan nombrado hoy en radio, tele, internet, diarios de uno y otro signo, revistas de política, de chimentos, de modas y dentro de poco hasta en las del corazón…</p>
<p>A decir verdad, el creciente <strong>anonimato militar</strong> al que nos hemos acostumbrado en los últimos años <strong>no es malo</strong>, máxime si cualquier notoriedad castrense ha de ser obtenida a expensas de denuncias, escándalos, golpes de Estado o cosas por el estilo. Hay un noble modo de contar con uniformados, digamos, no famosos, pero sí conocidos; lo ponen en práctica los países civilizados y consiste en dejarlos interactuar con la sociedad en aquellos aspectos que les son de su competencia, permitiéndoles incluso la osadía de hablar con los medios de prensa.</p>
<p>Pero acá no resulta posible (hasta ahora al menos). Por estos días un micrófono es a un militar o policía lo que era el “hombre de la bolsa” o el “cuco” para nosotros cuando éramos chicos. Algo cuya sola mención es presagio de catastrófico final. El único militar con voz autorizada en Argentina es el todo terreno teniente <strong>coronel médico Berni</strong>, que sabe tanto de piquetes, como de nubes tóxicas o de crímenes de adolescentes o desaparición de empresarios, pasando claro está por la violencia en el fútbol. El resto está autorizado sólo a abrir la boca para entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino; se los acostumbró tanto al disciplinario silencio que el propio ex ministro de defensa<strong> Puricelli</strong> (el que dejó a la <strong>base Marambio</strong> en su actual situación de riesgo por haber contratado un buque no apto para aprovisionar la <strong>Antártida</strong>) tuvo que retar a una formación naval completa por saludar en voz no acorde con su distinguida presencia (“La próxima vez saluden con más energía”, les espetó para sorpresa de cabos y almirantes presentes).</p>
<p>Es por lo expuesto que resulta difícil imaginar que en oportunidad de asumir su cargo el nuevo jefe del ejercito, se jugara sin el debido permiso (o tal vez mandato) a proclamar “su deseo” de poner al Ejército Argentino al servicio del proyecto nacional (y popular) actualmente tan de moda. Podríamos preguntarnos a qué Ejercito se refería: ¿sería al de <strong>San Martín</strong> y <strong>Belgrano</strong>?, ¿al de <strong>Perón</strong>?, ¿al de <strong>Aramburu</strong>, al de <strong>Onganía</strong> y <strong>Lanusse</strong> o al de <strong>Rico</strong> y <strong>Seneildín</strong>? Descarto obviamente que sea al de <strong>Videla</strong> y <strong>Galtieri</strong>.</p>
<p>Y creo poder afirmar sin temor a equivocarme que, dejando de lado a los dos primeros quienes por su rol histórico tienen más que justificada esa peligrosa mezcla de ideal político y uniforme militar, todos los demás con sus más y sus menos, sus glorias y miserias y su grandeza o mezquindad, transitaron con mayor o menos suerte el poco deseable camino de la política armada y con botas.</p>
<p>Y para quien a esta altura esté pensando que comparo a Videla con Perón, lo insto a repensar en el fondo de esta columna y desde ya que declaro bajo juramento que tengo bien en claro las diferencias y similitudes entre ambos.</p>
<p>Hecha esta necesaria aclaración, <strong>analicemos brevemente lo que esta declamada adscripción al partido gobernante acaba de producir en las entrañas mismas de las fuerzas armadas de la patria</strong>: De “movida “ y antes de que terminara la ceremonia de asunción del cargo, acababan de nacer como mínimo dos bandos. A favor y en contra del anuncio del nuevo jefe del Ejercito. Con el correr de estos pocos días las divisiones se han acrecentado con variantes intermedias a saber:</p>
<p>1) Lo hace para salvar al ejército;</p>
<p>2) Con esta gente es mejor estar aliado que ser enemigo;</p>
<p>3) Va a destruir el ejercito y al resto de las <strong>FFAA</strong>;</p>
<p>4) Es un nuevo líder, un nuevo Perón;</p>
<p>5) Es un mesiánico al que hay que temer;</p>
<p>6) Todas las variantes que el lector imagine.</p>
<p>Hemos dicho varias veces que<strong> quien sueñe que nuestras fuerzas armadas se alineen con este o cualquier gobierno es tan impensado como que se pongan en contra.</strong> Institucionalmente hablando claro. Al margen de que en un grupo humano de miles y miles de personas sea muy lógico encontrar a nivel personal simpatizantes peronistas, radicales, liberales, etcétera, etcétera.</p>
<p>Mucho le costó al país separar los uniformes de la política y lo que más costó es que los uniformados se convencieran interiormente de que están al servicio del Estado, si se quiere del gobierno, ya que un gobernante es su comandante en jefe, pero no es lo mismo en tal caso gobierno que partido gobernante.</p>
<p><strong>Si alguien acaricia la peregrina idea de tener un ejército con formato similar al venezolano, habrá que mandar a ese “alguien” a cursar por lo menos el primer año de un liceo militar.</strong> Una cosa es un líder nacido del seno de la fuerza, el que una vez encumbrado en el poder formateó a la milicia a su medida, y otra muy distinta es un presidente o presidenta con relación fría y distante con los militares a los que parece redescubrir luego de diez años y en circunstancias muy particulares de debilidad política y apremiante necesidad de recuperar la iniciativa .</p>
<p>Y si bien es cierto, como ha dicho alguna vez la actual presidenta, que “<strong>el peronismo tiene a un general como líder”,</strong> no es menos cierto que el líder ya no está e incluso cuando estaba generó tal división en las fuerzas armadas que fueron sus propios camaradas militares los que lo derrocaron y esa división tardó décadas en cicatrizar (¿cicatrizó?).</p>
<p>Pero mal que nos pese, <strong>la revelada intención de poner al aparato militar al servicio de un proyecto político</strong>, ya ha sido dicha y publicada. Y las intenciones son como las ofensas, una vez proclamadas no es tan fácil desdecirlas, ya hay consecuencias y hemos agitado gratuitamente un peligroso avispero que hacía 30 años estaba perfectamente ubicado en la colmena.</p>
<p><strong>Si un general dice sin temor a ser castigado que adhiere con fervor al proyecto político del gobierno, ¿puede un almirante o un brigadier decir todo lo contrario sin que sea tildado de golpista?</strong> O es acaso que acabamos de agregar un concepto más al tradicional compromiso militar <strong>“Subordinación y valor, para defender a la patria, a la Constitución Nacional… y al modelo”</strong>. ¿Somos conscientes del camino que vamos a transitar y de sus consecuencias?</p>
<p>Como decimos siempre, aviones con alas recortadas por el nulo presupuesto, buques que a poco de navegar se “roban” el agua de mar introduciéndola en sus vetustos y permeables cascos y tanques con “reuma” fruto del óxido acumulado en sus orugas no han de asustar a nadie. No viene por ahí la cosa. La “cosa” sí viene por reclamar enfáticamente un gesto de grandeza capaz de dotar a la república de un instrumento militar que sirva a un proyecto estratégico de Nación para 100 años o al menos para 20 o 30.</p>
<p>Mientras los esfuerzos de políticos, analistas militares y prensa en general se concentran en escudriñar el legajo de un general y en la cantidad de soles que finalmente llevará sobre sus hombros, el país nos pide a gritos que pensemos en grande. Los generales, almirantes y brigadieres deberían normalmente durar en sus altos cargos muchísimo menos que cualquier proyecto serio de país al que sirvan, ya que la vida de ese proyecto seguramente excedería no sólo la vida laboral sino la de sus propias existencias físicas. Por tal motivo <strong>resulta muy peligroso que algunos (militares o civiles) sientan que el “proyecto” en realidad son ellos mismos.</strong></p>
<p>¿Cuánto más tendremos que esperar los argentinos y argentinas para que de una buena vez alguien comience a sentar las bases que -no sólo en materia de defensa- nos permitan ver el camino más allá de la próxima curva electoral? ¿Cuándo tendremos poderes ejecutivos y legislativos que antepongan planes a pliegos, que diferencien altura en la gestión de ascenso en el escalafón y obviamente que piensen en la grandeza de la patria antes que en la de sus propios despachos o mansiones?</p>
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