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	<title>Fernando Morales &#187; Juana Azurduy</title>
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		<title>El sueño de la generala propia</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Sep 2015 03:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Al solo efecto de abstraerlo por un rato, querido amigo lector, de los avatares de la política, la inseguridad y la maltrecha economía nacional y popular, lo he de entretener durante unos pocos minutos con una bonita historia que no ha de cambiar su vida ni la mía, pero que pinta de cuerpo entero la racionalidad que impera en los máximos niveles de la conducción nacional.</p>
<p>Una de las tantas luchas que nuestra jefa de Estado ha comandado desde su llegada al trono (perdón, quise decir al poder) es la causa de la igualdad de género. En cada acto público o privado, la mandataria se ocupa de dejar bien en claro (y con razón) lo mucho que le ha costado al género femenino ir escalando en todos los órdenes para afianzar sus derechos. La tarea no les ha sido fácil, pero nadie con dos dedos de frente podrá hoy sostener que deberían existir diferencias de género en cuestiones laborales, sociales, familiares o la que se nos ocurra.<span id="more-856"></span></p>
<p>Por esas cosas de la naturaleza, dar a luz sigue siendo un privilegio femenino y por esas cosas de los hombres el sacerdocio les sigue estando vedado, pero quién sabe por cuanto tiempo más.</p>
<p>No obstante lo expuesto, <b>algunos bastiones exclusivamente masculinos hasta hace algunos años parecían conspirar contra los deseos de la jefa cuando arribó a las puertas de la Casa Rosada</b>.</p>
<p><b>Con la firme convicción de marcar su estilo, dispuso poco antes de asumir que sus edecanes militares fueran militares de sexo femenino. ¡Menudo problema!</b> Si bien las Fuerzas Armadas cuentan con mujeres con estado militar desde hace años, no hace mucho que se abrieron las puertas de las escuelas de formación de oficiales de comando para el sexo femenino, razón por la cual era imposible dotar a Cristina de una teniente coronel, una capitán de fragata y una vicecomodoro para cumplir la función.</p>
<p>La impronta K entonces hizo su movida y la cuestión de la idoneidad para el cargo quedó de lado. ¿A quién le podría importar si eran o no realmente militares de carrera o medianamente eficientes profesionales universitarias de uniforme?</p>
<p>Daría para una columna aparte narrar los pormenores del casting organizado por el Ministerio de Defensa para seleccionar a las candidatas. Importaba su foja de servicios, pero por sobre todo que no poseyeran características físicas que pudieran eclipsar en todo o en parte la figura presidencial. La Dra. Nilda Garré en persona hizo la selección.</p>
<p>Así las cosas, fueron seleccionadas una brillante médica y odontóloga por la Armada, una licenciada en sistemas por el Ejército y una bioquímica por la Fuerza Aérea. Tres buenas profesionales que alguna vez fueron convocadas por la patria para vestir su uniforme y servirla desde el ejercicio de su profesión universitaria. Pero, ¿quién se animaría a decirle a ella que la función del edecán estaba reservada para oficiales del cuerpo de comando?</p>
<p>Como seguramente usted sabe, los destinos militares son bastante acotados en el tiempo: uno o dos años, por lo general y en algunos casos específicos tal vez tres. Normalmente aun para el caso de los profesionales universitarios, la rotación es algo buscado y deseado tanto por la fuerza como por el propio militar.</p>
<p>Pero Cristina se encariñó con las chicas y hace ocho años que las edecanes la acompañan día y noche en alegrías y desventuras. <b>Alejadas por completo de su relación con las fuerzas a las que pertenecen y con las profesiones que en ellas ejercían, las tres llegaron a ascender al grado de oficiales superiores (coronel, capitán de navío y comodoro) sin ser asignadas a nuevas tareas acordes a su mayor jerarquía </b>y permanecieron inamovibles junto a la jefa.</p>
<p>En los pasillos del poder es bien conocida la obsesión de Cristina por llegar a ver a una mujer en la cima de las estructuras uniformadas. Se la vio feliz entregando su diploma a la primera mujer comisario general de la Federal, pero en la milicia los tiempos no le dan. En el proceso madurativo de la carrera militar, las mujeres de comando aún están verdes, transitan los primeros grados de la carrera y todavía faltan muchos años para que lleguen a lucir soles o estrellas en sus hombros.</p>
<p>A falta de recurso humano vivo, la Presidente echó mano a los difuntos y ascendió sin más trámite a Juana Azurduy, al fin y al cabo es la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y ello incluye a militares con vida, fallecidos o incluso los por nacer.</p>
<p><b>Pero esto no alcanzó para calmar su sed feminista, es por ello que para despuntar el vicio y darse el gusto, acaba de mandar al Senado el pliego de ascenso a general de una de sus edecanes</b>, la coronel, cuerpo profesional, analista de sistemas María Isabel Pansa.</p>
<p>Para ello primero tuvo que firmar un decreto (1521/15) en el que, so pretexto de combatir la discriminación, habilita a cualquier profesional universitario a alcanzar la máxima jerarquía militar, aunque la fuerza no tenga previsto un cargo en la conducción superior para todas las profesiones.</p>
<p>Cristina tendrá finalmente una generala viva, poco importa a sus fines si en realidad está condenando a una buena profesional al casi seguro destierro que deberá soportar al dejar sus funciones como edecán y pretenda retornar a un ejército en donde hay más generales que tanques, pero que no tiene en su orgánica un cargo para un general psicólogo y analista de sistemas. Aunque tal vez podría dar contención emocional a 55 generales que conducen un ejército sin armas, sin misión y sin futuro.</p>
<p>Cristina cumplirá su sueño, tendrá a una generala cuidándole las espaldas en el último tramo de su gestión. Generala que dependerá orgánicamente de un teniente coronel que ocupa el cargo de jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Nación, pero es un detalle no más.</p>
<p>Cristina fue por demás generosa con las mujeres de uniforme. También habilitó a las profesionales universitarias a ocupar cargos como agregadas militares en nuestras embajadas, no así a los varones con el mismo título, pero un poco de injusticia con el sexo fuerte para compensar años de machismo desenfrenado no viene mal.</p>
<p><strong>Cristina curiosamente jamás promovió un mínimo encuentro con muy reducido grupo de mujeres que ostentan con orgullo la condición de Veteranas de Malvinas</strong>. Integran el mismo ejército de la futura general Pansa, también provienen de la Fuerza Aérea y de la Marina Mercante. Curiosidades de una feminista que hace ocho años dijo: “No me traigan mujeres altas, rubias y con buenas piernas”. Y que por alguna extraña razón no ha querido sacarse una simple foto con un puñado de mujeres enviadas a una guerra sin más armas que su oficio o profesión, verdaderas heroínas vivientes de la patria, que, expuestas en público, podrían haber merecido un aplauso, un reconocimiento o un vitoreo ligeramente superiores a los que reclama para sí en forma exclusiva, permanente y, por qué no, perpetua.</p>
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		<title>Ejemplo de convivencia para aspirantes al gobierno</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2015 09:48:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco más de una semana, mientras me “calzaba” mi uniforme naval para oficiar de moderador de un seminario de intereses marítimos en el auditorio del Congreso Nacional, un sentimiento de profundo temor cruzó por mi mente. ¿Estaba seguro de lo que iba a hacer? Una decena de gremios movilizados, en su mayoría enrolados en la CGT opositora al Gobierno, estarían atentos dentro y fuera del recinto a las palabras que pronunciarían otros gremialistas, empresarios, marinos y, como broche de oro, el secretario de la Comisión de Intereses Marítimos de la Cámara de Diputados, Gustavo Martínez Campos (Frente para la Victoria, Chaco), que presentaría <strong>dos leyes que, de aprobarse, incidirán de manera superlativa en la actividad marítima y en la industria naval de la Nación.</strong></p>
<p>Llegar al Congreso no fue fácil, cientos de trabajadores del sector marítimo con bombos, banderas y petardos ofrecían el típico paisaje de las movilizaciones gremiales. Una vez dentro del auditorio, el paisaje no era menos pintoresco: Ingenieros navales se mezclaban con hombres luciendo las pecheras verdes de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado), empresarios con pinta de serlo charlaban amistosamente con legisladores y muchos colegas de la Armada Argentina, más precavidos que yo, vestidos de civil, compartían la previa totalmente distendidos.</p>
<p>Y déjeme contarle, querido amigo lector, que <strong>me tocó conducir tres maravillosas horas de convivencia amistosa, amable, civilizada y alegre entre gente que no piensa de la misma manera,</strong> pero que se unió en torno a una idea que simplemente les insinúa un futuro mejor.<span id="more-842"></span></p>
<p>Sentados a mi lado, dos legisladores oficialistas celebraron el saludo de adhesión que leí y que había sido enviado por una diputada del PRO. Luego, sin dejar de reconocer lo mal que estamos, se esbozaron los pasos necesarios para poder estar mejor. Lo hicieron profesionales embanderados en ideas liberales, progresistas y conservadoras, con sus matices y sus divergencias, con vehemencia y entusiasmo, pero con una mirada común a la hora de manifestar su certeza sobre que solo estando unidos se podrá salir adelante. El talento está, solo faltan las herramientas necesarias para lograr el objetivo.</p>
<p>De más está decir que <b>no hubo insultos, no se rompió ningún vidrio, nadie se empujó con nadie a pesar de haber poco espacio para albergar a tanta gente y al final de la jornada empresarios, militares, gremialistas y profesionales salieron por la misma puerta, charlando tan amistosamente como al ingresar al salón.</b></p>
<p>Esto que le acabo de narrar no ocurrió en Suiza ni en Canadá, fue en esta convulsionada Argentina de agosto de 2015. La misma en la que un dirigente provincial tilda de “villerito europeizado” a un ídolo deportivo que dijo algo que no resultó, para el oído gobernante, políticamente correcto.</p>
<p>Aquella mañana, en el Congreso Nacional por alguna mágica razón se habló y debatió sobre problemas actuales y soluciones futuras para una porción de la patria, sin endiosar a Él a Ella, sin denostarlos tampoco, sin hablar de la década ganada ni del oprobio menemista, ni de la dictadura, ni de Juana Azurduy. Simplemente de problemas actuales y soluciones futuras.</p>
<p>Una gota de agua fresca en medio del barro de la sucia política que parece haberse adueñado de la escena nacional<b>. Kirchneristas, massistas y macritas fueron capaces de superar a sus respectivos mentores, tal vez entendiendo que por el camino que vamos no llegamos a ningún lado.</b></p>
<p><b>Tucumán resume lo peor, lo más nefasto y terrible de la situación por la que atraviesa Argentina.</b> ¿Quién duda acerca de la existencia de prácticas caudillistas en el interior del país? ¿Realmente nos asombra enterarnos de que se reparten limosnas horas antes de una votación? ¿Nos queda alguna duda de que el primitivo sistema electoral que seguimos utilizando es fácilmente vulnerable?</p>
<p>Urnas llenas de votos antes de iniciarse el acto electoral, urnas en las que hay más votos que votantes, urnas quemadas por temor a que al abrirlas arrojaran un resultado no deseado, corridas y tiros dentro y fuera de los colegios devenidos en centros de votación, y una larguísima lista de “percances propios de la cultura del lugar” (así definió los sucesos una autoridad provincial).</p>
<p>Luego del caos y del fraude expuesto con total descaro y crudeza, la reacción del pueblo, la marcha, la protesta, la represión por parte del poder, que no admite que tal vez pueda dejar de serlo, y lo que ya sabemos, la frustración, la bronca y la inevitable resignación ante el hecho consumado. Entre medio de cada estado de ánimo, políticos de uno y otro lado describiendo realidades opuestas y tratando de interpretar la voluntad popular.</p>
<p>Fronteras afuera de la convulsionada provincia norteña, la cosa no está mejor. <b>Es cada vez más evidente que vamos a la deriva</b>, literalmente a la deriva. El capitán del barco muestra claramente su fastidio hacia cualquiera de los tres candidatos a tomar el timón en diciembre. Parece empecinado en dejar el buque con proa a la colisión final antes de ceder el mando a su sucesor. Es espantosa la decisión, pero es más que evidente.</p>
<p><b>Los aspirantes a capitanear el país, por su parte, no parecen estar conscientes de lo que estamos esperando de ellos</b>, al menos alguna señal concreta del rumbo que desearían tomar, un guiño, un gesto, algo. Pero, según pasan las horas, vamos perdiendo las esperanzas, no hay horizonte visible ni antes ni después del anhelado 10 de diciembre, solo millones de palabras vacías de contenido.</p>
<p>Contrastando mi humilde experiencia democrática antes narrada con la patética situación nacional en la que estamos envueltos, me permito imaginar qué pasaría si tal vez desde los estamentos inferiores de la política se comenzara a revertir esta cada vez más destructiva y letal confrontación de mezquindades personales. Es lógico, aunque repudiable, que quienes compiten por el único sillón presidencial se ocupen solo de llegar a la meta, pero por debajo de ellos muchos dirigentes deberán compartir bancas parlamentarias, organismos de auditoría y control, consejos asesores, cámaras y tantas otras instancias de poder. <b>¿No será hora de que sean ellos los encargados de mostrar a nuestros “líderes” que su liderazgo da miedo y espanto?</b></p>
<p><b>Tucumán es hoy una postal de lo que ya no queremos volver a ver</b>. La popular <i>Luna tucumana</i> está hoy empañada por nubarrones de vergüenza y abuso de poder. Alguien dijo:  “La cuna de la independencia es hoy la tumba de la democracia”. Atentos, dirigentes, el pueblo espera algo de ustedes.</p>
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		<title>Popeye y Pinocho</title>
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		<pubDate>Thu, 22 May 2014 09:30:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque  despotriquemos cada mañana con la dura realidad que nos toca vivir; aunque una y otra vez apreciemos según nuestro sano saber y entender que el país no transita por un buen camino, y aunque a diario intercambiemos con mayor o menor grado de vehemencia nuestras opiniones contra las de quienes piensan todo lo contrario, <strong>seguramente todos coincidimos en que la democracia seguirá siendo por y para siempre el mejor método para trazar, mantener o modificar el rumbo de nuestra Patria.</strong></p>
<p>Podríamos también inferir que, al menos en teoría, socialistas, liberales, conservadores, humanistas, más a la derecha, más a la izquierda o mantenidos en el centro, los hacedores de la política deberán tener la sana convicción de que los ideales que abrazan son, en cada caso, los mejores para el futuro de la sociedad frente a la cual realizan sus promesas electorales al tiempo que solicitan el ansiado voto que los coloque en la cúspide del poder.</p>
<p>Siguiendo esta línea de pensamiento, no sería descabellado suponer que con sus más y sus menos, radicales y peronistas (estos últimos en sus infinitas configuraciones dogmáticas y pragmáticas) no hicieron lo que hicieron a propósito; es decir, si estamos como estamos a tres décadas de beber el jarabe democrático cada día, es porque las cosas salieron mal, no fue adrede, digamos que…. tuvieron mala suerte.</p>
<p>Podemos también ser malpensados y concluir que en realidad los que tuvimos mala suerte fuimos nosotros y que la Patria fue cayendo sucesivamente en las manos de grupos de incapaces primero, deshonestos luego, desorientados más tarde, bomberos apaga incendios a los postres y, finalmente, un selecto grupo de hábiles mentirosos. Pero, claro, para llegar a tan tremenda y devastadora conclusión habría que ser francamente muy escépticos o demasiado mal pensados.</p>
<p>Y entonces, abocado a la tarea de “ponerle onda” y “darle la derecha al relato”, me pregunto a mí mismo, por qué no creer que, a pesar de que todos mis amigos, familiares, vecinos, camaradas y conocidos (lo de todos es literal) han sido víctimas de hechos delictivos, la cosa no es tan grave como la pintan los medios. Por qué no aceptar que, así como algunos precios se “corren” con tendencia a la suba, otros muchos se mantienen e incluso bajan, desvirtuando categóricamente ese mito urbano llamado inflación. <strong>Por qué no reconocer que los miles de turistas internos que se desplazan frenéticamente en los cada vez más frecuentes fines de semana XXL son un producto exclusivo de la década ganada</strong> y que los millones de ciudadanos que no van ni a la esquina, no lo hacen porque disfrutan más en sus mansiones equipadas con plasmas, aires acondicionados y microondas nacionales y populares, fabricados íntegramente en nuestro país para envidia de Corea y Japón, y adquiridos merced a la cada vez mayor inclusión social.</p>
<p>Por qué no ser un poco más patriota (como le gustaría a Axel) y aceptar que Aerolíneas Argentinas es un modelo empresario digno de imitar y que los pocos cientos de millones de dólares que pierde mensualmente en sus operaciones, son producto de lo mal que dejaron las cosas sus anteriores dueños. <strong>Cómo no darle la derecha al Vicepresidente</strong>, que declara a quien quiera oírlo que quiere que su situación se aclare de una vez por todas, aunque extrañamente no hace más que plantear recursos y nulidades para que el juicio nunca llegue.</p>
<p>Por qué pensar que no hacen otra cosa que no sea mentirnos, engañarnos, ocultar la realidad bajo un descarado manto de palabras vacías, de promesas incumplidas, <strong>de proyectos tan estridentes como impracticables, de actos públicos montados con coreografías y estribillos estudiados, con militancia prepaga  portadora de cotillón provisto por el escenógrafo oficial</strong>.</p>
<p>¿Quiere realmente – amigo lector- que le diga por qué?</p>
<p>Porque, cuando con total desparpajo un señor se para frente a cientos de marinos profesionales y les asegura sin sonrojarse ni un poquito que en cualquier parte del mundo reparar un rompehielos como el Almirante Irízar puede insumir siete años o tal vez más, se me cruza por la cabeza pensar que nos está tomando el pelo.</p>
<p>Cuando intenta justificarse diciendo que los más de mil millones de pesos gastados hasta la fecha en una reparación tediosa y con final abierto incluyen los gastos de combustible insumido por los buques extranjeros que reemplazan al siniestrado, se me da por creer que realmente nos subestima de una manera supina.</p>
<p>Y qué decir cuando asegura con vehemencia por décima vez, que se ha de repotenciar a nuestra flota militar con sofisticadas construcciones integradas por remolcadores y cuatro lanchas en nuestro eficiente astillero estatal al que siempre conocí como un taller de reparaciones navales, hasta que por decreto lo ascendimos así como hicimos con Juana Azurduy. Dios quiera que, con el ritmo que le imprimen a todo lo que construyen, esos jóvenes cadetes que escuchaban ilusionados, las puedan ver a flote antes de pasar a retiro dentro de 35 ó 40 años.</p>
<p>Entonces, sucede que uno puede tener fe e intentar ser positivo, cuando prometen más y mejor seguridad implementado planes y cuadrículas que uno no entiende del todo por no ser policía; o cuando nos auguran que ahora sí tendremos mejor educación siendo que no somos maestros. También cuando nos apabullan con cifras multimillonarias detalladas hasta los centavos y no calificamos como economistas idóneos para formular objeciones; incluso hasta cuando nos esclarecen sobre las ventajas de convenios diplomáticos con Estados terroristas siendo que uno sólo conoce la Cancillería por haber dejado el auto en los parquímetros de la zona.</p>
<p>Pero cuando se nos “ilustra” sobre nuestras respectivas profesiones, artes u oficios, y se nos miente sin tener cuidado, más bien con descaro, mantener la fe cuesta un poco más. <strong>Cuando lo malo de lo que pasa es que se sepa lo que pasa, la esperanza de un futuro mejor se resiente.</strong> Cuando se elimina de los discursos oficiales cualquier frase que signifique reconocer un error, o una falencia o una promesa incumplida o aunque más no sea un mínimo pedido de perdón por la tarea aún no realizada, <strong>uno no sabe bien si se está frente a un incompetente o un sádico, tampoco cuál de las dos cosas es peor.</strong></p>
<p>Magistralmente;  mientras hacía junto a algunos colegas la inevitable catarsis por los dislates escuchados el pasado sábado en el puerto metropolitano en ocasión de celebrarse el <strong>bicentenario de la Armada Nacional</strong>, el mozo que nos atendía me dijo: “Tranquilo Popeye, Pinocho es así”. Lástima que a mí no me gusta la espinaca y más lástima que a él no le crezca la nariz.</p>
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		<title>Granaderos y granaderas</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Mar 2014 10:39:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Teresa de Calcuta y Adolf Hitler, Kennedy y Lee Harvey Oswald, José de San Martín y el comandante realista Antonio Zabala (quien lo enfrentó en San Lorenzo), tuvieron al menos dos cosas en común: fueron personas de existencia real, hecho que no admite el menor margen de duda y, para bien o para ma,l marcaron... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/03/03/granaderos-y-granaderas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Teresa de Calcuta y Adolf Hitler, Kennedy y Lee Harvey Oswald, José de San Martín y el comandante realista Antonio Zabala (quien lo enfrentó en San Lorenzo), tuvieron al menos dos cosas en común: fueron personas de existencia real, hecho que no admite el menor margen de duda y, para bien o para ma,l marcaron con sus acciones los destinos de parte de la humanidad de forma indeleble.</p>
<p>El Llanero Solitario y el Zorro, el Hombre Nuclear ySuperman, también tienen su denominador común. Son fruto de la fantasía, de la creación de mentes imaginativas las que por intermedio de artilugios, maquillaje y efectos especiales cinematográficos los tornaron tan reales que todos nosotros creímos en algún punto de nuestra existencia que eran absolutamente verdaderos. ¿No sintió acaso – amigo lector- un poco de desilusión al ver postrado en una silla de ruedas al actor Christopher Reeve? Con lo bien que volaba&#8230;</p>
<p><span id="more-466"></span>Coincidirá conmigo si resumo los párrafos precedentes diciendo que en el primero se mencionan a personajes de la historia mientras que en el segundo los mismos son de historieta. Egipto, Grecia y Roma son reconocidos ampliamente como tres de los pilares de la historia universal, también lo son por -como diría un reconocido protagonista del modelo- habernos dado ficción.<strong> Claro está que los asuntos de Estado iban por un lado y la producción artística por otro. Como se supone que debe ser en cualquier estructura social seria.</strong></p>
<p>Unos cuantos años después y desde el lejano sur, una vez más, el modelo nacional y popular  acaba de lanzar una mixtura fina de historia e historieta par alegría de todos y todos. De la mano de nuestra infatigable presidenta de los cuarenta millones de argentinos acaban de nacer &#8221;las Granaderas de San Martín&#8221;. Fueron presentadas mediante la cadena nacional, para que en cada rincón del país se pueda apreciar <strong>el uniforme histórico que jamás lucieron -ya que obviamente jamás existieron-</strong> y que de hecho, las coloca mucho más cerca de pertenecer al grupo que integran Superman y Batman que al de San Martín o Belgrano</p>
<p>Un análisis superficial de este nuevo caprichito que excede incluso el más extremo revisionismo ya que aquí no hay nada que repensar, reformular o redefinir, podría llevarnos al error de pensar que en el fondo es un simple dato de color o una pequeña gota de agua en el mar de calamidades, desaciertos y torpezas varias a los que la “década ganada” nos tiene acostumbrados. Pero si usted –amigo lector- se anota en esta conclusión permítame decirle con todo respeto que se equivoca de medio a medio. Si en algo aplica el célebre dicho “para muestra basta un botón”, las Granaderas de San Martín son precisamente ese botón, con mayúsculas y subrayado.</p>
<p>Ya no se trata de analizar las virtudes militares de Juana Azurduy o de sostener si Roca fue definitivamente malo, tan “malo” como Sarmiento o si Simón Bolívar se moría de ganas que Chávez violara su sepulcro para conocer a su sucesor en persona. <strong>La cosa va mucho más allá de transformar en “jóvenes idealistas” a quienes sin importarles cuantos inocentes morían cuando explotaban las bombas que colocaban en cuarteles o jardines de infantes,</strong> murieron a su vez sin un juicio justo. O a ver en cada rincón del mundo a tenebrosos conspiradores que se esfuerzan para que nuestros novedosos planteos universales no se impongan por sobre las viejas y perimidas recetas corporativas.</p>
<p><strong>Las pobres e inocentes granaderas, luciendo su disfraz histórico sin historia, sintetizan tenebrosamente la casi mesiánica tendencia a ir más allá de la interpretación de la historia, llegando al demencial extremo de inventarla con absoluto descaro.</strong> Menuda tarea tendrán en un par de años nuestros docentes para sumar a la confusión general de los paraguas y las cintas de French y Beruti en los días de mayo de 1810, los reclamos de niñas queriendo saber cuál fue el papel la mujer durante el cruce de los Andes o la ya nombrada Batalla de San Lorenzo. A falta de datos más precisos y estando cubierto para el acto escolar el papel del General y del sargento Cabral, ¿habrá que readecuar el libreto escolar para que se luzca la granadera María de 5° grado turno tarde?</p>
<p><strong> Ninguno de nosotros puede imaginar cual será la próxima vuelta de tuerca en la peligrosa alquimia del modelo</strong>. Ya sabemos que Colón solo trajo decadencia a nuestros pueblos y sospechamos que llegó a estas costas en un vuelo de United<strong>,</strong> ya entendimos que potencias poderosas como Uruguay son tan peligrosas para la independencia económica de nuestro país que debimos bloquear su principal puerto comercial. Aprendimos también que nuestros vecinos de Ghana y Angola traerían prosperidad a nuestro pueblo, de allí lo acertado de enviarles misiones comerciales y a nuestra Fragata Libertad<strong>,</strong> <strong>y que Irán se muere de ganas de ayudarnos a resolver el atentado terrorista más terrible de nuestra historia.</strong></p>
<p>De un tiempo a esta parte, la azarosa realidad de nuestro país determinó que asistiéramos al imprevisto fallecimiento del Eternauta, quien también hizo las veces del Pingüino; las calles se llenaron de émulos del Avispón Verde que se ponen máscaras en la cara para matarnos, robarnos o en el mejor de los casos para cortarnos la calle por la que debemos transitar; el Guasón sigue con su sonrisa desafiante ante los cada vez mayores problemas judiciales que enfrenta por querer quedarse con la imprenta de la felicidad; el Joven Maravilla no sabe si poner más impuestos a la venta de bienes suntuarios o quitarlos por completo. El millonario Bruno Díaz sigue comprando canales de TV, casinos y petroleras aprovechando el viento de cola, y el Coronel Cañones maneja las fuerzas de seguridad mientras el Súperagente 86, al mando del Ejército, nos espía cada día un poquito mas. Pero la pregunta del millón, la que todos se hacen, y a la que todos temen responder, la que tiene en vilo a propios y extraños y es la llave para vislumbrar un poco al menos nuestro incierto futuro es ni más ni menos que esta: <strong>¿qué nos tendrá preparado para los próximos meses la Mujer Maravilla?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La paradoja de los &#8217;70</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Jul 2013 06:18:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando en 2003 <strong>Néstor Kirchner</strong> asumió la Presidencia de la Nación, Argentina inició un camino de profunda revisión de su pasado cuyos verdaderos límites aún se desconocen; nos realineamos respecto a nuestros anteriores aliados y adversarios; reescribimos la historia de los -por aquel entonces- 20 años de democracia; y fundamentalmente establecimos una política de culto a los derechos humanos, reabriendo un capítulo negro de nuestro pasado reciente, llevando a la Justicia a una enorme cantidad de miembros de las fuerzas armadas y de seguridad involucrados en la llamada “guerra sucia”, “lucha antisubersiva”, “represión ilegal” o como se lo quiera denominar de acuerdo con la íntima convicción de quien se refiera al tema.</p>
<p>Digo que los límites de esta revisión se desconocen, porque día tras día nos sorprendemos con nuevos alcances y consideraciones, que no han dejado afuera ni a <strong>José Gervasio de Artigas, Juana Azurduy</strong> y lógicamente la más reciente que incluye a <strong>Cristóbal Colón.</strong></p>
<p>Al sólo efecto de priorizar la reflexión antes que la polémica, permítame el lector aclarar, que más allá de lo que personalmente pueda yo pensar de cada una de las acciones antes descriptas, no se puede negar que han sido inspiradas por un gobierno legítimamente elegido por la ciudadanía y que las medidas que han llevado -por ejemplo- al pasar de la <strong>obediencia debida y el punto final</strong>, al procesamiento de centenares de uniformados, gozan de plena legalidad de forma y de fondo; y que en democracia todos tenemos libertad de pensamiento y opinión pero además tenemos obligación de aceptar lo que los organismos de la democracia disponen.</p>
<p>Asimismo es una realidad innegable que al margen del proceso democrático local, toda América Latina parece haberse alejado del riesgo de interrupciones democráticas con militares como protagonistas. El dudoso triunfo de <strong>Nicolás Maduro</strong> en Venezuela, y el desplazamiento de <strong>Fernando Lugo</strong> en <strong>Paraguay</strong> son cuestiones que pueden ser discutidas pero que no se comparan a la vieja asonada militar.</p>
<p>Así las cosas, quienes vivimos como jóvenes o adolescentes los gobiernos militares de la <strong>Revolución Libertadora</strong> de <strong>Aramburu</strong> y <strong>Rojas</strong>, la <strong>Revolución Argentina</strong> de <strong>Onganía</strong>, y el <strong>Proceso</strong> de <strong>Videla y Massera</strong> nos fuimos imbuyendo de la nueva y sana costumbre de la democracia perpetua- a la que cualquier argentino sub 30 concibe naturalmente como la única forma válida de gobierno</p>
<p>Pero como ocurre cada vez que una sociedad afronta procesos que imponen cambios de paradigma, la coexistencia de diferentes formas de pensamiento forjadas en circunstancias históricas distintas trae aparejados duros enfrentamientos (gracias a Dios retóricos en la mayor parte de las veces) que crean antagonismos entre los adherentes a alguna de estas clásicas posturas: “<strong>teoría de los dos demonios</strong>”, “<strong>genocidio unilateral contra jóvenes idealistas</strong>”, “<strong>guerra contra la subversión</strong>” y alguna que otra variante de ellas.</p>
<p>Como el hombre es un animal de costumbre y como además la acuciante realidad deja cada vez menos tiempo para el análisis histórico, los militares fueron desfilando hacia las cárceles, las marchas en su defensa fueron desapareciendo del paisaje urbano y el tema militar -para ser honestos- pasó a estar último en la tabla de posiciones de la actualidad nacional (casi al punto de irse a la “B”).</p>
<p>El incendio del <strong>Irizar</strong>, el embargo de <strong>la Fragata Libertad</strong>, el papelón antártico de <strong>Puricelli</strong>, el fallecimiento de Videla y algún que otro hecho aislado, devolvieron el mundo de los uniformados a las pantallas de televisión y primeras planas de los diarios, de forma muy puntual y acotada.</p>
<p>Hasta ahora… Desde hace un par de semanas, políticos, periodistas, analistas militares de primer nivel, senadores, organismos de DDHH y hasta programas de chimentos han vuelto a colocar en lugar protagónico no sólo a un general de nuestro ejército sino a la razón de ser de la actividad militar argentina.</p>
<p>Y es aquí donde necesariamente corresponde “parar máquinas” y atreverse a repensar si todo lo que con el ya nombrado amparo legal y consenso político hemos revisado en los últimos años no nos ha colocado en una paradoja que nos obligue a desandar en parte nuestros pasos, para justificar nuestros actos del presente.</p>
<p>En una columna anterior, he señalado que a diferencia de lo ocurrido en países como Chile, Brasil o Uruguay, la Argentina -al margen del castigo impuesto a los militares condenados por hechos relacionados con los &#8217;70- pareció “colocar en penitencia” a todo el aparato militar de la Nación y, más aún, <strong>la Defensa de la Nación pasó a ser una especie de tabú para la clase política de casi todos los signos</strong>. Es sabido que en las apetencias de los “ministeriables” de 1983 hasta el presente, difícilmente el <strong>Ministerio de Defensa</strong> haya sido considerado algo más que un premio consuelo para quien fue “honrado” con esa cartea. Baste con indagar cómo tomó el actual ministro su designación para el cargo.</p>
<p>Presupuesto casi nulo (mayormente destinado al inevitable pago de salarios), inversión inexistente, presencia pública cercana al cero, desplantes muchas veces innecesarios y reformas legales y reglamentarias hechas más bien para limitar al máximo la actividad militar que para adecuarla al presente, han sido una constante.</p>
<p>Sí. Es verdad, estamos en Haití y en algunas otras misiones de paz. E intentamos armar algún que otro radar, un vehículo gaucho (más bien gauchito) y mostramos la decadencia militar en Tecnópolis, pero creo que todos sabemos en donde estamos parados en materia de defensa.</p>
<p>Y de la mano de ese coto a las “ínfulas uniformadas” renunciamos para usar a nuestros militares y a sus medios y capacidades para cualquier cosa que tenga que ver con la seguridad interior a diferencia de lo que hacen casi todos los países del mundo cuando la situación lo amerita . <strong>También (respecto a aquel pasado tenebroso) determinamos que un cabo, un teniente de fragata o un general eran exactamente lo mismo a la hora de rendir cuentas ante la justicia por los “excesos cometidos” en aquella lucha o como cada uno de nosotros guste llamarla.</strong></p>
<p>Y de nada valieron los argumentos de más de uno de los jerarcas procesados cuando se declaraban absolutamente responsables por las ordenes por ellos dictadas, pretendiendo desligar a jóvenes oficiales o suboficiales de cualquier responsabilidad. En virtud de aquel viejo axioma militar (vigente al menos hasta la actual revisión de la historia) sobre que “las ordenes no se discuten, se cumplen”.</p>
<p>Así fue que marcharon presos, almirantes y generales pero también quienes por aquellos años eran tenientes y cabos. Sin chistar o chistando poco, sin fugarse hasta que alguna cámara de apelaciones se apiadara de ellos y sin esperar ni pretender que las nuevas generaciones de uniformados se aparten de sus deberes para salir en su defensa.</p>
<p>Todos recordarán que el ex comisario <strong>Luis Patti,</strong> siendo ya diputado electo, terminó preso porque alguien lo reconoció por su voz a pesar del tiempo transcurrido y del hecho de haber sido un muy joven oficial por aquellos días. Hubo un caso de un oficial naval que al parecer bromeó ante un detenido con el nombre de una conocida avenida de la zona norte de Buenos Aires, colocado en honor a un antepasado suyo y al que luego su apellido coincidente con el nombre de esa avenida lo delató; y así mil historias.</p>
<p>Y llegó un día en el que cuando todo parecía hacernos creer que esta forma de haber “resuelto nuestro pasado” estaba totalmente cerrada a discusión alguna, la realidad se empeña en colocarnos en una especie de “segundo tiempo” de un partido de fútbol en el que los protagonistas han cambiado de arco. Y los que antes se erigieron en severos fiscales y custodios de la democracia, la república y los derechos humanos, tratan ahora de justificar algo que -en opinión de muchos que fueron condenados y tildados de fascistas defensores de genocidas- era una verdad de manual. <strong>Los jefes ordenan, los subordinados obedecen.</strong></p>
<p>Ahora -según nos dicen-, no siempre está mal echar mano a los aparatos de inteligencia militar para espiar un poquito para adentro y no se siempre se puede dejar sin trabajo y menos aún condenar a una persona adulta y llena de galones, por lo que tal vez pueda haber hecho cuando era sólo un humilde subordinado con inescrupulosos superiores.</p>
<p>Y no parecería ilógico imaginar ahora; a algún encumbrado funcionario nacional, rodeado de asesores, sobre un escritorio repleto de discursos de campaña, de copias de expedientes judiciales, de fotos de marchas y escraches, hojeando el famoso <em>Nunca Más</em> en su versión riojana y exclamando, totalmente desorientado, &#8220;Y ahora… ¿qué hacemos?</p>
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		<title>El almirante y la general</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jul 2013 04:19:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Libertarios contra realistas; federales contra unitarios; peronistas contra radicales; azules contra colorados; y como broche de oro… <strong>Colón y Juana Azurduy</strong> <strong>convertidos seguramente contra su voluntad en los nuevos protagonistas de una contienda post mortem</strong> que se desarrolla en la “arena” de una Nación devaluada no sólo en su moneda y en sus valores, sino además en los temas en los que centran su atención nuestros dirigentes, quienes día a día enmarcan sus relaciones oficiales y oficiosas en una estéril y destructiva batalla de pros contra progres.</p>
<p>Hacer el resumen de lo que la ciudadanía porteña ha presenciado en vivo y directo y el resto del país ha seguido a través de los medios resulta tan divertido como vergonzoso.</p>
<p><span id="more-232"></span>La <strong>Plaza Colón</strong>, esa que realmente en una época era de todos y todas, fue “<strong>privatizada</strong>” para uso presidencial en virtud a un convenio suscripto entre la Ciudad y el PEN en épocas de <strong>Jorge Telerman</strong> como jefe de gobierno porteño.</p>
<p>Analizados los fundamentos racionalmente, deberíamos convenir que <strong>pocas sedes presidenciales en el mundo estaban tan expuestas por su frente y contrafrente</strong> al clamor o la ira popular, en una clara falencia de seguridad para sus <b>ocasionales</b> y <b>sólo una vez reelegibles</b> <strong>ocupantes</strong>.</p>
<p>El convenio de marras estableció algunas prebendas lógicas para que, en caso de necesidad del gobierno nacional, la plaza pueda ser restringida al uso público para la realización de actividades de Estado; como contrapartida el Estado nacional atendería la conservación y mantenimiento del predio.</p>
<p>Pero llegó el momento en que <strong>el “relato” que todo lo cubre, abarca y contiene, consideró oportuno bajar a Colón primero del pedestal de la historia iberoamericana</strong> y luego literalmente hablando del pedestal en el que reposaba su estatua.</p>
<p>A partir de allí y hasta el presente, asistimos a una lucha sin cuartel en la que desde funcionarios públicos, jueces, fiscales, operarios, y técnicos hasta (peligrosamente) las fuerzas policiales de la Nación y la Ciudad de Buenos Aires, <strong>malgastan su tiempo y nuestro dinero en un patético despliegue de “talento político”</strong> que por ahora arroja como resultado a un Colón marmolado tirado sobre el césped de la plaza que por ahora mantiene su nombre; atado de pies y manos; amordazado y custodiado por efectivos federales de seguridad (que buena falta harían a pocas cuadras de allí, donde la inseguridad se cobra a diario vidas y bienes) en una suerte de parodia que busca evitar su fuga o, lo que es peor, que formule declaraciones a algún medio de prensa de la corpo.</p>
<p>Del otro lado de la verja, los nóveles agentes de la policía metropolitana apostados estratégicamente parecen estar dispuestos a batirse a sangre y fuego si -solo o acompañado- el ilustre almirante osara traspasar el gueto federal y poner un pie en territorio porteño.</p>
<p>Mientras en una desconocida guarida cercana, doña Juana Azurduy, otrora “<strong>Flor del Alto Perú</strong>” y ahora general (así sin “a”) de la nación, acomoda sus charreteras, lustra su sable y sus botas y se apresta para tomar por asalto el territorio de la plaza y habitar por el resto de la eternidad, en lo alto del pedestal abandonado por el “<strong>genocida genovés</strong>”.</p>
<p>Y ante tanto despliegue estratégico, táctico y logístico, ante tanto alarde de espíritu combativo que emula por lo exagerado y tragicómico a las viejas contiendas de <strong>Titanes en el Ring</strong>, cualquier atento turista que frecuente por más de un día las inmediaciones del corazón político de la república podría válidamente preguntarse: <strong><em>¿A estos tipos que les pasa?</em></strong></p>
<p>Y podría ser esa simple pregunta realizada de buena fe por algún observador ajeno a nuestras miserias cotidianas la que quizás nos debería golpear con una fuerza tal que nos haga salir de una buena vez de la ruta de autodestrucción por la que tanto nos gusta circular.</p>
<p>¿Qué nos pasa para que cada mañana despertemos bombardeados con andanadas de denuncias cruzadas de los más variados tipos y colores, sin que a los responsables de conducir los destinos de la patria se les mueva ni un músculo de la cara? Nos sometemos a su majestad la justicia, pero si ésta no falla como nos gusta o nos conviene, blandimos amenazantes alguna pesquisa impositiva que haga entrar en razones a los magistrados díscolos.</p>
<p>¿Qué nos pasa que aunque no intentamos aún cumplir con la Constitución que los mismos actores del presente aprobaron en una película anterior, queramos reformarla a como dé lugar? Y mientras tanto los máximos responsables de los tres poderes nacionales, los principales jefes de gobiernos provinciales y comunales y los más conspicuos actores sociales, gremiales y empresariales juegan sin medir las consecuencias a la ruleta rusa, todos contra todos con los 40 millones de argentinos y argentinas como atónitos espectadores.</p>
<p>Vamos por más, vamos por todo. Después de Colón, deberemos reconsiderar las sospechosas conductas de <strong>Américo Vespuccio</strong> y <strong>Vasco Da Gama</strong> (ni que hablar de <strong>Magallanes</strong> que algo habrá hecho seguro).</p>
<p>Y podríamos seguir, <strong>podríamos procesar a toda la cadena de mandos que envió a Jesucristo a la cruz</strong>; revisar el procesamiento de <strong>Barrabás</strong> o abolir de una buena vez la ley de la gravedad y volar con nuestros cuerpos para estar a la altura de las mentes voladoras de nuestros líderes.</p>
<p>Pero lamentablemente la cruda y cruel realidad está golpeando a nuestra puerta cada vez con más fuerza. En un mundo que nos mira desde afuera sin entendernos, cada vez somos más los que miramos desde adentro intentando encontrar donde está la ventana, la luz o la señal que nos indique el rumbo correcto.</p>
<p>Y como hablamos de rumbo, y como la columna es “marinera”, tengamos presente que mientras timoneamos desde el twitter, mientras las orquestas y cantantes <em>nac &amp; pop</em> suenan en la cubierta del poder y los nubarrones de tormenta parecen más lejanos de lo que realmente están, la sala de máquinas de la república está comenzando a hacer agua. Tengamos presente que al igual que en el Titanic, nunca los botes salvavidas alcanzan para todos (y todas). Hagamos algo antes de tener que abandonar la nave.</p>
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