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	<title>Fernando Morales &#187; Madres de Plaza de Mayo</title>
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		<title>Héroes olvidados y piratas destacados</title>
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		<pubDate>Fri, 13 Jun 2014 09:46:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Una vez más,  la mística del modelo nacional y popular acaparó en forma compulsiva las pantallas de TV de los hogares argentinos, cadena nacional mediante. En esta ocasión, un público heterogéneo compuesto por empleados públicos especialmente convocados, Madres de Plaza de Mayo, militantes de La Cámpora, entidades afines y -para que el rejunte sea completo- complacientes altos mandos militares con rostros sonrientes (sin quedar claro si por placer o por temor a una agresión inminente).</p>
<p>En esta ocasión, la cita obedeció a la inauguración del Museo de las Islas Malvinas, un coqueto sector de la ex ESMA en el que se ha invertido una considerable cantidad de dinero de todos y todas, no para exponer acerca de la guerra de 1982, sino más bien para reflejar la historia de las islas, su geografía, fauna y flora y alguna que otra miscelánea bélica.</p>
<p>Obviamente <strong>el propósito final del emprendimiento es contribuir a afianzar desde lo audiovisual el relato nacional y popular</strong>, pero deberemos reconocerle al escenógrafo del modelo que, una vez más, ha sacado agua del desierto, haciendo algo que a nadie se le había ocurrido hacer antes.</p>
<p><span id="more-547"></span></p>
<p>Considerando que se ha emplazado la muestra en el predio de la ex ESMA, tal vez su futuro mediato esté atado al que le depare a la totalidad de las 16 hectáreas del centro educativo naval el devenir político y económico del país, ya que el financiamiento de la memoria, en este caso, está ocasionando severos rojos; quizá por ello el Gobierno de la Ciudad fue particularmente diligente a la hora de firmar a libro cerrado la transferencia de los terrenos y edificios a la Nación.</p>
<p>La inauguración dejó un sabor amargo no solo en reductos miliares relacionados con el tema Malvinas;  <strong>diversas organizaciones civiles que nuclean a veteranos de guerra manifestaron su pesar por no haber sido convocados</strong> para participar de tan importante acontecimiento. Muchos fueron también los que se animaron a cuestionar la <strong>presencia del imputado vicepresidente Amado Boudou</strong> considerando que su actual situación judicial no se compadece con lo que significan las islas para el sentir nacional.</p>
<p>Pero sin lugar a dudas <strong>el premio mayor a la hora de confundir las cosas lo aportó la propia Comandante en jefe de las Fuerzas Armadas</strong> (a la que ahora los mandos militares aplauden como si fueran imberbes militantes olvidando que a los superiores no se los aplaude, simplemente se los respeta). La primera mandataria exaltó y ensalzó la figura de 18 jóvenes idealistas de la década del 60 que llevaron adelante la “ travesura” de secuestrar un avión de nuestra línea de bandera (Aerolíneas Argentinas) y desviarlo a las Islas;  para ello no sólo llevaban armas de fuego sino que además uno se hizo pasar por sacerdote.</p>
<p>Entre eufóricas  risas civiles y tibias sonrisas militares, los presentes en el acto recordaron cómo risueñamente el joven idealista Dardo Cabo y otro aspirante a prócer libertario se acercaron a la cabina del comandante del avión y le dijeron “cambie el rumbo; vamos a Malvinas”. Ante la obvia negativa del comandante – quien no era un pirata inglés sino un aviador argentino- sin dudarlo. los ídolos de nuestra presidente extrajeron sus armas e invitaron al comandante a repensar su respuesta …</p>
<p>Nada se oyó en el discurso presidencial de los riesgos que semejante actitud entrañó para secuestrados, secuestradores y habitantes de las islas: el avión fue obligado a aterrizar en el hipódromo, debiendo evitar cables de alta tensión y la maniobra de frenado de la nave casi fracasa de no ser por la increíble pericia del piloto. Ni que hablar de lo que costó luego hacerlo despegar para regresar al continente ni de las peripecias que pasaron los pasajeros durante su estancia involuntaria en las islas.</p>
<p>También nos ilustró nuestra máxima autoridad nacional sobre su vivencia personal durante la efímera recuperación territorial de 1982, pero <strong>poco o nada dijo sobre actitudes tal vez un poco más heroicas que las antes reseñadas y que también fueron protagonizadas por cientos de civiles movilizados al teatro de operaciones durante la guerra</strong>. Pilotos civiles, marinos mercantes, personal de Correos, personal de Vialidad, 16 mujeres, sacerdotes, etcétera. Dieciséis marinos civiles perdieron la vida en lucha desigual, eran torpedos o metralla contra manos armadas solamente con amor a la Patria. Para ellos ni una palabra, ni un gesto , ni una sonrisa de agradecimiento por el deber cumplido por  parte de <b>ninguno y ninguna</b> en esta ocasión.</p>
<p><strong>Me cuesta resignarme a semejante injusticia</strong>; pienso en tantos marineros italianos y españoles que con brazos anchos y manos curtidas lloraron de emoción cuando les dijeron a bordo de sus buques mercantes “vamos a Malvinas”.  <strong>Me cuesta creer que sistemáticamente desde lo más alto del poder se exalte lo que debería avergonzarnos y se oculta aquello que nos debería enorgullecer.</strong> Vuelvo a pensar en las “<b>chicas de Malvinas</b>”: justo esta Presidente -la de la igualdad de género- se esmera en ignorarlas; parece una contradicción. Me cuesta entender lo que nos pasa.</p>
<p>Comienzo a imaginar esta columna mientras camino por la céntrica peatonal Florida; ésa de los manteros que resisten los operativos policiales y municipales contra la venta clandestina; ésa de los arbolitos voceando su predisposición a comprar o vender dólares ilegales a metros de los agentes de la ley que lo deberían impedir. Esa calle famosa por la venta de hardware y software no siempre legal, a precios módicos. La de los arrebatos que los medios concentrados no difunden y que no suman por lo tanto a la sensación de inseguridad. La de las vidrieras que exhiben televisores gigantes saturados de imágenes de un vicepresidente que pronto entrará al libro Guinness por ser el hombre con la mayor cantidad de desgraciadas casualidades en la historia universal. Y entonces, en apenas 4 cuadras, <strong>comienzo a comprender lo que nos pasa, y por qué nos pasa. Lo que no me queda claro es si tendremos solución.</strong></p>
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		<title>¿Qué hago, mi General?</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Apr 2014 22:02:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si bien la noticia tomó estado público la semana anterior, <strong>hace ya varios meses que las fuerzas armadas han comenzado a realizar tareas de “ayuda social” en barrios carenciados del gran Buenos Aires y de la Capital Federal.</strong></p>
<p>Promediando abril, el Ejército puso por primera vez sus pies en un barrio carenciado porteño, ya no para imponer las rígidas normas del estado de sitio, ni para buscar terroristas armados, sino para llevar algo de bienestar a quienes más lo necesitan. La Armada, por su parte, hace tiempo trabaja en tareas sanitarias en la villa 31, la que le ha sido asignada por cuestiones de proximidad.  Enfermeros y médicos del cuerpo sanitario naval, relevan el estado de salud de la población local y tropas del cuartel del Estado Mayor General de la Armada realizan tareas varias de saneamiento y urbanización.</p>
<p>Escribir el anterior párrafo casi me hace creer que cualquiera de mis tantos amigos lectores llegarán a las lágrimas al ver cómo finalmente la sociedad civil y la militar se confunden en un abrazo fraterno sellando para siempre cualquier diferencia que pudiera haber existido. Dije bien; casi…..</p>
<p>Coroneles, capitanes, cabos y soldados, <strong>bajo la atenta mirada del superior comando operacional de “La Cámpora” y Madres de Plaza de Mayo</strong>, han de desplegar su arte ciencia oficio y profesión para la realización de tareas que podríamos denominar “ramos generales”, zanjear una calle, destapar un baño, levantar un muro, podar los árboles y tal vez sacar a pasear a los perros. Todo vale para el operativo “<b>subordinación y valor</b>”</p>
<p>Será así que nuestras tropas conocerán un novedoso aspecto de su carrera militar, ésa a la que voluntariamente entregaron sus cuerpos y almas, obligándose a tomar las armas en defensa de la Patria, a someterse a un régimen laboral con condiciones especiales y a – llegado el caso- entregar su vida en cumplimiento del deber.</p>
<p>Este nuevo rol social, presupone un cambio radical en su <b>“contrato” con el Estado Nacional</b>. Menos mal que no se encuentran  agremiados, ya que cualquier aprendiz de delegado se haría un picnic con la demanda laboral que por ejemplo haría un obrero de la construcción al que quisieran poner a realizar tareas ajenas a su convenio colectivo de trabajo.</p>
<p>Pero, hasta donde podemos saber, las directivas políticas han sido tomadas con una alta dosis de profesionalismo castrense y otro tanto de resignación y <b>nadie piensa en un planteo militar por trocar el fusil por la pala o la escoba.</b></p>
<p>Ahora bien, como junto con las nuevas tareas, se ha instruido a los mandos militares de todo lo que no pueden hacer para no afectar la sensibilidad de la población, han comenzado a surgir algunas dudas. El personal en “operaciones” tiene absolutamente prohibido intervenir en cuestiones de seguridad interior. Las ordenes son claras y contundentes: “van como obreros no como policías”</p>
<p>El problema radica en que-  sea en una villa de emergencia o en el coqueto barrio de la Recoleta-, la concurrencia diaria del personal militar a cumplir sus labores, terminará tarde temprano en la inevitable situación que hará que un militar presencie “in situ” la ejecución de un delito.  Sea éste relacionado con la droga, la presencia de armas ilegales, la violencia de género, el robo o lo que podamos imaginar, la directiva es la misma: “<b>no intervenir en asuntos internos de seguridad</b>”; “hagan de cuenta que son empleados de una empresa constructora”, fueron las órdenes que recibió un oficial naval como respuesta a su inquietud.</p>
<p>La pequeña y sutil diferencia, entre quienes ejercen el noble oficio de la construcción y un cabo del Ejército o la Marina puesto a fratachar una medianera, es que estos últimos, al igual que sus jefes superiores (ministro de Defensa incluido), revisten la calidad de funcionarios públicos. Esto los coloca en la incómoda posición de deber obligatoriamente dar por lo menos parte a las autoridades judiciales de cualquier ilícito del que tomen conocimiento. No hacerlo los coloca sin excepción en las puertas de una acción penal en su contra. Y ni siquiera entramos a considerar qué puede pasar con un funcionario militar que, en presencia de un delito in fraganti, mira para otro lado.</p>
<p>Por muy nacional y popular que pueda parecer, y a diferencia del muy razonable uso de las tropas cuando ocurre una catástrofe natural o un siniestro de proporciones (hemos abordado el tema recientemente), <strong>sacar a los soldados a la calle para cualquier cosa no es algo que parezca muy lógico.</strong></p>
<p>Tal vez las autoridades no se han dado cuenta  de que disponen ya de otro ejército, mucho más numeroso que la suma de hombres y mujeres de las tres FFAA juntas.  Me refiero al ejército que conforman los <strong>beneficiarios de los planes</strong>, no trabajar, no estudiar, procrear y progresar y tantos otros  en los que el Estado Nacional invierte miles de millones de pesos sin pedir nada; absolutamente nada a cambio.</p>
<p>Tal vez sería bueno que profesionales de nuestras fuerzas, pudieran contar con toda esa gente que se ve “privada” de la bendición de contar con un trabajo digno y debe conformarse con recibir un subsidio sin poder demostrar su voluntad de trabajar, y enseñarles un oficio.  Qué bueno sería que, sin llegar a incorporarlos bajo estado militar,  nuestros militares ingenieros, médicos, arquitectos, informáticos, etcétera, brindaran parte de sus conocimientos a tanto desocupado a sueldo y, como dice el viejo proverbio, les comenzaran a enseñar a pescar para ya no tener que darles pescado.</p>
<p>Pero lógicamente, <strong>tal vez hacer eso presuponga la estigmatización del subsidiado, atente contra la dignidad social, viole alguna remota convención protectora de los derechos humanos o lo que es peor, nos reste algunos votitos a la hora del próximo acto electoral.</strong></p>
<p>Lo inevitablemente cierto es que, en breve,  luego de terminar la jornada laboral, algún cabo; sargento o teniente se presentará ante su comandante para explicarle que algo  pasó delante de sus ojos mientras le reparaba el calefón a una familia carenciada cuyos planes sociales sumados superan largamente sus propios ingresos como soldado de la Patria, o mientras zanjeaba una calle interna en un asentamiento.  Desde la comodidad de su despacho el desafortunado oficial superior deberá hacer malabares para responder la pregunta que hoy por hoy nadie quiere escuchar: <strong>&#8220;Presencié un delito; dígame…. ¿qué hago mi General?</strong></p>
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