<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Fernando Morales &#187; peronistas</title>
	<atom:link href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/tag/peronistas/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://opinion.infobae.com/fernando-morales</link>
	<description>fernando_morales</description>
	<lastBuildDate>Thu, 26 May 2016 03:41:44 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5.2</generator>
		<item>
		<title>Popeye y Pinocho</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/05/22/popeye-y-pinocho/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/05/22/popeye-y-pinocho/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 22 May 2014 09:30:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[conservadores]]></category>
		<category><![CDATA[década “ganada”]]></category>
		<category><![CDATA[democracia]]></category>
		<category><![CDATA[humanistas]]></category>
		<category><![CDATA[inclusión social]]></category>
		<category><![CDATA[Inflación]]></category>
		<category><![CDATA[Juana Azurduy]]></category>
		<category><![CDATA[liberales]]></category>
		<category><![CDATA[Patria]]></category>
		<category><![CDATA[peronistas]]></category>
		<category><![CDATA[Radicales]]></category>
		<category><![CDATA[relato]]></category>
		<category><![CDATA[rompehielos Almirante Irízar]]></category>
		<category><![CDATA[socialistas]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/fernando-morales/?p=523</guid>
		<description><![CDATA[Aunque  despotriquemos cada mañana con la dura realidad que nos toca vivir; aunque una y otra vez apreciemos según nuestro sano saber y entender que el país no transita por un buen camino, y aunque a diario intercambiemos con mayor o menor grado de vehemencia nuestras opiniones contra las de quienes piensan todo lo contrario,... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/05/22/popeye-y-pinocho/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque  despotriquemos cada mañana con la dura realidad que nos toca vivir; aunque una y otra vez apreciemos según nuestro sano saber y entender que el país no transita por un buen camino, y aunque a diario intercambiemos con mayor o menor grado de vehemencia nuestras opiniones contra las de quienes piensan todo lo contrario, <strong>seguramente todos coincidimos en que la democracia seguirá siendo por y para siempre el mejor método para trazar, mantener o modificar el rumbo de nuestra Patria.</strong></p>
<p>Podríamos también inferir que, al menos en teoría, socialistas, liberales, conservadores, humanistas, más a la derecha, más a la izquierda o mantenidos en el centro, los hacedores de la política deberán tener la sana convicción de que los ideales que abrazan son, en cada caso, los mejores para el futuro de la sociedad frente a la cual realizan sus promesas electorales al tiempo que solicitan el ansiado voto que los coloque en la cúspide del poder.</p>
<p>Siguiendo esta línea de pensamiento, no sería descabellado suponer que con sus más y sus menos, radicales y peronistas (estos últimos en sus infinitas configuraciones dogmáticas y pragmáticas) no hicieron lo que hicieron a propósito; es decir, si estamos como estamos a tres décadas de beber el jarabe democrático cada día, es porque las cosas salieron mal, no fue adrede, digamos que…. tuvieron mala suerte.</p>
<p>Podemos también ser malpensados y concluir que en realidad los que tuvimos mala suerte fuimos nosotros y que la Patria fue cayendo sucesivamente en las manos de grupos de incapaces primero, deshonestos luego, desorientados más tarde, bomberos apaga incendios a los postres y, finalmente, un selecto grupo de hábiles mentirosos. Pero, claro, para llegar a tan tremenda y devastadora conclusión habría que ser francamente muy escépticos o demasiado mal pensados.</p>
<p>Y entonces, abocado a la tarea de “ponerle onda” y “darle la derecha al relato”, me pregunto a mí mismo, por qué no creer que, a pesar de que todos mis amigos, familiares, vecinos, camaradas y conocidos (lo de todos es literal) han sido víctimas de hechos delictivos, la cosa no es tan grave como la pintan los medios. Por qué no aceptar que, así como algunos precios se “corren” con tendencia a la suba, otros muchos se mantienen e incluso bajan, desvirtuando categóricamente ese mito urbano llamado inflación. <strong>Por qué no reconocer que los miles de turistas internos que se desplazan frenéticamente en los cada vez más frecuentes fines de semana XXL son un producto exclusivo de la década ganada</strong> y que los millones de ciudadanos que no van ni a la esquina, no lo hacen porque disfrutan más en sus mansiones equipadas con plasmas, aires acondicionados y microondas nacionales y populares, fabricados íntegramente en nuestro país para envidia de Corea y Japón, y adquiridos merced a la cada vez mayor inclusión social.</p>
<p>Por qué no ser un poco más patriota (como le gustaría a Axel) y aceptar que Aerolíneas Argentinas es un modelo empresario digno de imitar y que los pocos cientos de millones de dólares que pierde mensualmente en sus operaciones, son producto de lo mal que dejaron las cosas sus anteriores dueños. <strong>Cómo no darle la derecha al Vicepresidente</strong>, que declara a quien quiera oírlo que quiere que su situación se aclare de una vez por todas, aunque extrañamente no hace más que plantear recursos y nulidades para que el juicio nunca llegue.</p>
<p>Por qué pensar que no hacen otra cosa que no sea mentirnos, engañarnos, ocultar la realidad bajo un descarado manto de palabras vacías, de promesas incumplidas, <strong>de proyectos tan estridentes como impracticables, de actos públicos montados con coreografías y estribillos estudiados, con militancia prepaga  portadora de cotillón provisto por el escenógrafo oficial</strong>.</p>
<p>¿Quiere realmente – amigo lector- que le diga por qué?</p>
<p>Porque, cuando con total desparpajo un señor se para frente a cientos de marinos profesionales y les asegura sin sonrojarse ni un poquito que en cualquier parte del mundo reparar un rompehielos como el Almirante Irízar puede insumir siete años o tal vez más, se me cruza por la cabeza pensar que nos está tomando el pelo.</p>
<p>Cuando intenta justificarse diciendo que los más de mil millones de pesos gastados hasta la fecha en una reparación tediosa y con final abierto incluyen los gastos de combustible insumido por los buques extranjeros que reemplazan al siniestrado, se me da por creer que realmente nos subestima de una manera supina.</p>
<p>Y qué decir cuando asegura con vehemencia por décima vez, que se ha de repotenciar a nuestra flota militar con sofisticadas construcciones integradas por remolcadores y cuatro lanchas en nuestro eficiente astillero estatal al que siempre conocí como un taller de reparaciones navales, hasta que por decreto lo ascendimos así como hicimos con Juana Azurduy. Dios quiera que, con el ritmo que le imprimen a todo lo que construyen, esos jóvenes cadetes que escuchaban ilusionados, las puedan ver a flote antes de pasar a retiro dentro de 35 ó 40 años.</p>
<p>Entonces, sucede que uno puede tener fe e intentar ser positivo, cuando prometen más y mejor seguridad implementado planes y cuadrículas que uno no entiende del todo por no ser policía; o cuando nos auguran que ahora sí tendremos mejor educación siendo que no somos maestros. También cuando nos apabullan con cifras multimillonarias detalladas hasta los centavos y no calificamos como economistas idóneos para formular objeciones; incluso hasta cuando nos esclarecen sobre las ventajas de convenios diplomáticos con Estados terroristas siendo que uno sólo conoce la Cancillería por haber dejado el auto en los parquímetros de la zona.</p>
<p>Pero cuando se nos “ilustra” sobre nuestras respectivas profesiones, artes u oficios, y se nos miente sin tener cuidado, más bien con descaro, mantener la fe cuesta un poco más. <strong>Cuando lo malo de lo que pasa es que se sepa lo que pasa, la esperanza de un futuro mejor se resiente.</strong> Cuando se elimina de los discursos oficiales cualquier frase que signifique reconocer un error, o una falencia o una promesa incumplida o aunque más no sea un mínimo pedido de perdón por la tarea aún no realizada, <strong>uno no sabe bien si se está frente a un incompetente o un sádico, tampoco cuál de las dos cosas es peor.</strong></p>
<p>Magistralmente;  mientras hacía junto a algunos colegas la inevitable catarsis por los dislates escuchados el pasado sábado en el puerto metropolitano en ocasión de celebrarse el <strong>bicentenario de la Armada Nacional</strong>, el mozo que nos atendía me dijo: “Tranquilo Popeye, Pinocho es así”. Lástima que a mí no me gusta la espinaca y más lástima que a él no le crezca la nariz.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/05/22/popeye-y-pinocho/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El almirante y la general</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/04/el-almirante-y-la-general/</link>
		<comments>http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/04/el-almirante-y-la-general/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 04 Jul 2013 04:19:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Américo Vespuccio]]></category>
		<category><![CDATA[Colón]]></category>
		<category><![CDATA[Federales]]></category>
		<category><![CDATA[Flor del Alto Perú]]></category>
		<category><![CDATA[Jefe de Gabinete]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Telerman]]></category>
		<category><![CDATA[Juana Azurduy]]></category>
		<category><![CDATA[Libertarios]]></category>
		<category><![CDATA[Magallanes]]></category>
		<category><![CDATA[PEN]]></category>
		<category><![CDATA[peronistas]]></category>
		<category><![CDATA[Plaza Colón]]></category>
		<category><![CDATA[policía metropolitana]]></category>
		<category><![CDATA[Radicales]]></category>
		<category><![CDATA[realistas]]></category>
		<category><![CDATA[Titanes en el Ring]]></category>
		<category><![CDATA[Unitarios]]></category>
		<category><![CDATA[Vasco Da Gama]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://opinion.infobae.com/fernando-morales/?p=232</guid>
		<description><![CDATA[Libertarios contra realistas; federales contra unitarios; peronistas contra radicales; azules contra colorados; y como broche de oro… Colón y Juana Azurduy convertidos seguramente contra su voluntad en los nuevos protagonistas de una contienda post mortem que se desarrolla en la “arena” de una Nación devaluada no sólo en su moneda y en sus valores, sino... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/04/el-almirante-y-la-general/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Libertarios contra realistas; federales contra unitarios; peronistas contra radicales; azules contra colorados; y como broche de oro… <strong>Colón y Juana Azurduy</strong> <strong>convertidos seguramente contra su voluntad en los nuevos protagonistas de una contienda post mortem</strong> que se desarrolla en la “arena” de una Nación devaluada no sólo en su moneda y en sus valores, sino además en los temas en los que centran su atención nuestros dirigentes, quienes día a día enmarcan sus relaciones oficiales y oficiosas en una estéril y destructiva batalla de pros contra progres.</p>
<p>Hacer el resumen de lo que la ciudadanía porteña ha presenciado en vivo y directo y el resto del país ha seguido a través de los medios resulta tan divertido como vergonzoso.</p>
<p><span id="more-232"></span>La <strong>Plaza Colón</strong>, esa que realmente en una época era de todos y todas, fue “<strong>privatizada</strong>” para uso presidencial en virtud a un convenio suscripto entre la Ciudad y el PEN en épocas de <strong>Jorge Telerman</strong> como jefe de gobierno porteño.</p>
<p>Analizados los fundamentos racionalmente, deberíamos convenir que <strong>pocas sedes presidenciales en el mundo estaban tan expuestas por su frente y contrafrente</strong> al clamor o la ira popular, en una clara falencia de seguridad para sus <b>ocasionales</b> y <b>sólo una vez reelegibles</b> <strong>ocupantes</strong>.</p>
<p>El convenio de marras estableció algunas prebendas lógicas para que, en caso de necesidad del gobierno nacional, la plaza pueda ser restringida al uso público para la realización de actividades de Estado; como contrapartida el Estado nacional atendería la conservación y mantenimiento del predio.</p>
<p>Pero llegó el momento en que <strong>el “relato” que todo lo cubre, abarca y contiene, consideró oportuno bajar a Colón primero del pedestal de la historia iberoamericana</strong> y luego literalmente hablando del pedestal en el que reposaba su estatua.</p>
<p>A partir de allí y hasta el presente, asistimos a una lucha sin cuartel en la que desde funcionarios públicos, jueces, fiscales, operarios, y técnicos hasta (peligrosamente) las fuerzas policiales de la Nación y la Ciudad de Buenos Aires, <strong>malgastan su tiempo y nuestro dinero en un patético despliegue de “talento político”</strong> que por ahora arroja como resultado a un Colón marmolado tirado sobre el césped de la plaza que por ahora mantiene su nombre; atado de pies y manos; amordazado y custodiado por efectivos federales de seguridad (que buena falta harían a pocas cuadras de allí, donde la inseguridad se cobra a diario vidas y bienes) en una suerte de parodia que busca evitar su fuga o, lo que es peor, que formule declaraciones a algún medio de prensa de la corpo.</p>
<p>Del otro lado de la verja, los nóveles agentes de la policía metropolitana apostados estratégicamente parecen estar dispuestos a batirse a sangre y fuego si -solo o acompañado- el ilustre almirante osara traspasar el gueto federal y poner un pie en territorio porteño.</p>
<p>Mientras en una desconocida guarida cercana, doña Juana Azurduy, otrora “<strong>Flor del Alto Perú</strong>” y ahora general (así sin “a”) de la nación, acomoda sus charreteras, lustra su sable y sus botas y se apresta para tomar por asalto el territorio de la plaza y habitar por el resto de la eternidad, en lo alto del pedestal abandonado por el “<strong>genocida genovés</strong>”.</p>
<p>Y ante tanto despliegue estratégico, táctico y logístico, ante tanto alarde de espíritu combativo que emula por lo exagerado y tragicómico a las viejas contiendas de <strong>Titanes en el Ring</strong>, cualquier atento turista que frecuente por más de un día las inmediaciones del corazón político de la república podría válidamente preguntarse: <strong><em>¿A estos tipos que les pasa?</em></strong></p>
<p>Y podría ser esa simple pregunta realizada de buena fe por algún observador ajeno a nuestras miserias cotidianas la que quizás nos debería golpear con una fuerza tal que nos haga salir de una buena vez de la ruta de autodestrucción por la que tanto nos gusta circular.</p>
<p>¿Qué nos pasa para que cada mañana despertemos bombardeados con andanadas de denuncias cruzadas de los más variados tipos y colores, sin que a los responsables de conducir los destinos de la patria se les mueva ni un músculo de la cara? Nos sometemos a su majestad la justicia, pero si ésta no falla como nos gusta o nos conviene, blandimos amenazantes alguna pesquisa impositiva que haga entrar en razones a los magistrados díscolos.</p>
<p>¿Qué nos pasa que aunque no intentamos aún cumplir con la Constitución que los mismos actores del presente aprobaron en una película anterior, queramos reformarla a como dé lugar? Y mientras tanto los máximos responsables de los tres poderes nacionales, los principales jefes de gobiernos provinciales y comunales y los más conspicuos actores sociales, gremiales y empresariales juegan sin medir las consecuencias a la ruleta rusa, todos contra todos con los 40 millones de argentinos y argentinas como atónitos espectadores.</p>
<p>Vamos por más, vamos por todo. Después de Colón, deberemos reconsiderar las sospechosas conductas de <strong>Américo Vespuccio</strong> y <strong>Vasco Da Gama</strong> (ni que hablar de <strong>Magallanes</strong> que algo habrá hecho seguro).</p>
<p>Y podríamos seguir, <strong>podríamos procesar a toda la cadena de mandos que envió a Jesucristo a la cruz</strong>; revisar el procesamiento de <strong>Barrabás</strong> o abolir de una buena vez la ley de la gravedad y volar con nuestros cuerpos para estar a la altura de las mentes voladoras de nuestros líderes.</p>
<p>Pero lamentablemente la cruda y cruel realidad está golpeando a nuestra puerta cada vez con más fuerza. En un mundo que nos mira desde afuera sin entendernos, cada vez somos más los que miramos desde adentro intentando encontrar donde está la ventana, la luz o la señal que nos indique el rumbo correcto.</p>
<p>Y como hablamos de rumbo, y como la columna es “marinera”, tengamos presente que mientras timoneamos desde el twitter, mientras las orquestas y cantantes <em>nac &amp; pop</em> suenan en la cubierta del poder y los nubarrones de tormenta parecen más lejanos de lo que realmente están, la sala de máquinas de la república está comenzando a hacer agua. Tengamos presente que al igual que en el Titanic, nunca los botes salvavidas alcanzan para todos (y todas). Hagamos algo antes de tener que abandonar la nave.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/07/04/el-almirante-y-la-general/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

<!-- Dynamic page generated in 0.427 seconds. -->
<!-- Cached page generated by WP-Super-Cache on 2017-01-31 08:50:20 -->
