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	<title>Fernando Morales &#187; seguridad</title>
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		<title>Sobre la conducta improcedente de Berni</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jan 2015 10:04:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Como bien lo usted lo sabe, estimado amigo lector, una columna como esta no es ni más ni menos que un espacio de opinión de quienes nos predisponemos a emitirla. Muchas veces, es cierto , mezclamos opinión con información.  La primera siempre es discutible; la segunda, si es profesional y fundada, no es ni buena ni mala, es simplemente eso,  información.</p>
<p>Así por ejemplo la columna de hoy está relacionada con el asesinato del fiscal Nisman.  ¿Como me atrevo a decir sin empacho “asesinato”? Pues&#8230; porque mi opinión es que al fiscal lo mataron.  Y muy difícilmente la llegue  a cambiar.</p>
<p><strong>También tengo la plena convicción que el Teniente Coronel cuerpo profesional médico en uso de licencia antirreglamentaria Sergio Berni no ha parado de mentir en todo lo que ha contado a los medios en relación con su participación en los hechos de público conocimiento.</strong></p>
<p>En este segundo caso, al margen de las informaciones que he podido recolectar, el propio relato del secretario de Estado deja más dudas que certezas.  Nos dice que llegó al lugar sin saber bien que pasaba. Bien, habría que preguntarle entonces si no sabía lo que ocurría, qué fue lo que lo motivó a desplazarse desde Zárate a Puerto Madero. Asimismo, asegura que una vez en el lugar nadie intentó entrar al baño donde estaba el cuerpo del fiscal, hasta que la funcionaria actuante lo dispusiera; parece entonces haber olvidado su condición de médico y su obligación de prestar asistencia a un ser humano en peligro.</p>
<p><strong>Podríamos ahondar argumentando que si tal como el Teniente Coronel nos dice nadie sabía que pasaba, para qué se llama a un fiscal. Si el fallecido hubiera tenido un infarto o se hubiera caído en la bañera , lo más urgente era atenderlo con un médico, no abrirle un sumario</strong>. El relato de Berni lo deja tan expuesto que, si estuviéramos en un país con gobernantes serios, cuando usted lea esta columna el Teniente Coronel tendría que habar vaciado ya su escritorio.</p>
<p><strong><em>Ilustrando al Secretario</em></strong></p>
<p>El real propósito de la columna de hoy no es darle mi opinión sino brindar un poco de información, para dejar en claro que el señor Berni no tiene bien en claro para que está en el cargo que está.</p>
<p>Si hacemos un poco de memoria seguramente recordaremos que para el caso de las Fuerzas Armadas de la nación, durante muchos años sus máximos responsables se denominaban Comandante en Jefe de&#8230;. ( La Armada , El Ejército o la Fuerza Aérea). Luego la democracia generó un ligero cambio de denominación pero con trasfondo muy importante y se pasaron a denominar “Jefes de Estado Mayor”  Ya no son Jefes de las Fuerzas sino de los Estados Mayores de estas.</p>
<p>Este cambio dejó en claro que las FFAA tienen un solo jefe y comandante y este es el Presidente de la Nación. No es Milani el comandante del Ejército y no es Rossi el comandante de las tres fuerzas; es en esta caso la presidente Cristina Fernández. Tal es así que en el hipotético caso que el comandante de un buque debiera hacer uso de sus armas, le pedirá autorización a su comandante superior y este a la comandante en jefe a nadie más. Esto significa que el mando efectivo de las fuerzas armadas lo ejerce una persona. Obviamente en la práctica y en el día a día hay rutinas establecidas que son coordinadas con el ministro de Defensa, y que hacen al trabajo diario de las instituciones militares.</p>
<p><strong>Para el caso de las FFSS, las Fuerzas de Seguridad, esto no funciona de la misma manera. La Policía Federal , La Gendarmería y la Prefectura Naval, sí tienen jefes.  Berni no es el jefe de las fuerzas policiales, Berni es el superior jerárquico de los jefes de estas, lo que no es lo mismo</strong></p>
<p>Entre las muchas semejanzas que hay en la organización militar y policial se encuentra la verticalidad, el uso de armamento, el escalafón, etc. Pero hay sensibles diferencias de fondo y  de forma. Entre ellas se encuentra una muy importante: estas fuerzas policiales, si bien dependen administrativamente del Poder Ejecutivo, operacionalmente se encuentran al servicio mayoritariamente del Poder Judicial.  Excepto en la represión del delito in <em>fraganti</em>, por lo general el accionar de las fuerzas, máxime en casos como el que nos ocupa, se hace bajo control de un fiscal o un juez, no de un secretario de Estado.</p>
<p>En los escritos judiciales los magistrados siempre se dirigen al jefe de la fuerza, para ordenar algo y es este administrativamente quien lo deriva al área operativa correspondiente. Uno puede razonablemente suponer que el Jefe de la Policía federal no recibe cada mañana cientos de mandamientos judiciales en su despacho sino que estos ya tienen un recorrido aceitado que los lleva al lugar indicado.  Pero jamás un Juez llamará a un cabo para ordenarle hacer una escucha o una tarea de inteligencia criminal.</p>
<p>Berni repite hasta el cansancio que es el Jefe de las fuerzas policiales. Y que debe velar por el cumplimiento de “los protocolos”,  expresión puesta de moda para tratar de darle un contexto normativo a casi cualquier cosa.</p>
<p>Todos recordamos el siniestro de un avión privado frente a las costas de Carmelo. Un típico caso SAR (búsqueda y rescate marítimo). Nuestra ley pone este accionar en cabeza de la Armada Argentina y de la Prefectura Naval subsidiariamente.  A Berni poco le importó: no solo que invadió un área que no le compete sino que además se hizo retar por una jueza uruguaya que le recordó que la nave no estaba en aguas argentinas</p>
<p>Días pasados, la Prefectura Naval rescató exitosamente a una tripulante en riesgo de vida a bordo de un pesquero. Una tarea que exige un gran profesionalismo y que la gente de nuestra policía marítima tiene de sobra.  A la hora de difundir la información, la oficina de prensa de Berni obligó a colocar la leyenda “operativo realizado bajo supervisión del secretario de Seguridad”.</p>
<p>De la misma manera que Berni no puede supervisar ni ese operativo ya que no está capacitado, no tiene estado policial y no es auxiliar de la Justicia, tampoco puede entrar a un domicilio particular a su antojo, exista o no un muerto en su interior. <strong>No es esa su función y su mera presencia pone a los funcionarios policiales actuantes en la difícil disyuntiva de atender a sus directrices o ponerse a ordenes de las autoridades judiciales, que es lo que les marca la ley.</strong></p>
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		<title>Un bochorno incompatible con la democracia</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Sep 2014 11:02:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Imagine por un momento, amigo lector, que un incontrolable impulso renovador lo lleva a la redistribuir los espacios de su hogar. Puesto en la tarea, monta su escritorio en la cocina, ocupando las alacenas con libros y papeles; instala la impresora sobre las hornallas, mientras ocupa la bañera con platos, servilletas y víveres. Muda el... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/09/09/un-bochorno-incompatible-con-la-democracia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Imagine por un momento, amigo lector, que un incontrolable impulso renovador lo lleva a la redistribuir los espacios de su hogar. Puesto en la tarea, monta su escritorio en la cocina, ocupando las alacenas con libros y papeles; instala la impresora sobre las hornallas, mientras ocupa la bañera con platos, servilletas y víveres. Muda el dormitorio al garage y agranda un poquito el ventanal del living para poder entrar el auto. ¿Quien podría negarle su derecho? Es su casa y en su casa manda usted. Tal vez el sentido común podría indicar que su calidad de vida será peor. Pero el sentido común no es el más común de los sentidos por estos días&#8230;</p>
<p>La ley 19.349 sancionada el 25 de noviembre de 1971 dice que “Gendarmería Nacional es una fuerza de seguridad militarizada dependiente del Comando en Jefe del Ejército, estructurada para cumplir las misiones que precisa esta ley en la zona de seguridad de fronteras y demás lugares que se determine al efecto”. También agrega la norma que <strong>es misión de la GN satisfacer las necesidades inherentes al servicio de policía que le compete al Comando en Jefe del Ejército en la zona de seguridad de fronteras.</strong></p>
<p>Por su parte, la ley 18.398 de octubre de 1969 determina: “La Prefectura Naval Argentina es la fuerza por el que comando en Jefe de la Armada ejerce el servicio de policía de seguridad de la navegación y el servicio de policía de seguridad y judicial&#8221;.</p>
<p>Mucha agua pasó por debajo de los puentes de la patria en estos más de cuarenta años. Estas fuerzas de seguridad ya no dependen de los comandos militares, por otra parte tampoco existen más los comandos en jefe de las fuerzas armadas. Y sus leyes orgánicas han sufrido retoques conforme fueron surgiendo diferentes necesidades.</p>
<p>Lo que nadie aún ha modificado es precisamente la razón de ser de estas prestigiosas fuerzas federales. Su lugar en esta gran casa que se llama República Argentina son las fronteras y las aguas, respectivamente. Se forman, entrenan y especializan en el monte espeso o en las aguas profundas, saben lidiar con el temporal de nieve o con el mar embravecido; sus uniformes, carácter y pensamiento se van moldeando para adaptarlos a las necesidades del medio que frecuentan. Pueden distinguir una “mula” cargada de sustancias ilegales en un paso fronterizo, pueden “olfatear” la tormenta que se avecina sobre la costa y recomendar a los navegantes que refuercen sus amarras. Son, eso sí, un poco torpes para pedir documentos a los automovilistas en la General Paz y ni que hablar a la hora de cumplir la orden de arrojarse de palomita sobre un auto manejado por un manifestante en la Panamericana.</p>
<p><strong>La seguridad es una de las grandes deudas que el modelo saliente dejará sin pagar cuando abandone para siempre el poder en diciembre de 2015.</strong> No puedo afirmar que sea la más grande: pobreza, desempleo, mala calidad de salud, crispación social, tergiversación maliciosa de la historia, corrupción en grado superlativo, enriquecimiento exponencial de toda la cadena de mandos de la Nación son, sin lugar a dudas, parte importante de la herencia que el ahora desenmascarado modelo nacional y popular nos deja. <strong>Pero duele más que nos maten a un padre, hijo o vecino a ver que nuestro Vicepresidente declara vivir en la cima de un médano o que un juez federal se roba una causa para absolver a los allegados al poder</strong></p>
<p>Coincidirá conmigo, querido amigo lector, a que somos proclives a adaptarnos con rapidez a los cambios, incluso si estos son para peor. Hasta hace muy poco tiempo, ante un la ocurrencia de un delito común o un conflicto de baja intensidad, no solíamos ver al ministro de Seguridad en persona comandando a las fuerzas del orden. Ni tampoco al jefe de la fuerza de seguridad involucrada, ni muchísimo menos. Obviamente la aparición de los mismos era proporcional a la magnitud de los hechos en cuestión.</p>
<p>Pero este modelo, que todo lo puede, le sacó la policía al ministerio del Interior y al tiempo que le dio el manejo de trenes, colectivos y aviones, y creo el ministerio de Seguridad. <strong>A cargo de una ministra desdibujada y recaído en manos del ya conocido Teniente Coronel Berni, quien se encuentra en uso antirreglamentario de licencia</strong> (el art. 38 inciso b de la ley 19101 prevé que el personal militar superior convocado por el PEN para cumplir funciones ajenas a la fuerza a la que pertenece podrá hacerlo por un tiempo máximo de seis meses). Como es razonable suponer, <strong>a la hora de elegir subordinados, colocó en varios puestos de relevancia dentro de su área de acción a militares retirados y de su confianza; hasta incluso a hijos de camaradas entre los que se encuentran los de un por estos días muy famoso teniente general de la Nación.</strong></p>
<p>Nunca antes un Gobierno había declamado con tanta fuerza la prohibición de actuación a los militares en cuestiones de seguridad interior. Nunca antes esa norma ha sido violada tan reiteradamente como durante esta gestión. Cuando ponemos al ejército en las villas, aunque sea con funciones “sociales” (salvo ante una catástrofe o tragedia), estamos violando la ley orgánica de las fuerzas militares. No importa si el propósito es noble. Importa que no estamos cumpliendo la ley</p>
<p>Si quisiéramos desentrañar las funciones reglamentarias del omnipresente secretario Berni, tropezaríamos con varios interrogantes. Se autodenomina jefe de la seguridad a nivel nacional. Pero es el primero en declarar que la seguridad de las provincias es responsabilidad de los gobernadores de las mismas. Reitera -y con razón- que las fuerzas federales a su mando sirven a la prevención y represión de delitos federales, pero anda con gendarmes y prefectos corriendo rateros de provincia si esto conviene al relato.</p>
<p>Su rol en la Ciudad de Buenos Aires es aún más confuso, ya que por momentos nos explica que al ser Buenos Aires la Capital Federal del país la seguridad es suya, pero al mismo tiempo pretende que la incipiente y aún inexperta Policía Metropolitana sea poco menos que una guardia pretoriana todo terreno. Si se cae un balcón en tribunales, aparece Berni. Si se incendia un buque en Zárate, aparece Berni. Pero si, como algunas semanas atrás, mueren dos tripulantes a bordo de un barco en medio del río y sin cámaras de TV cerca, no es tema de Berni. <strong>Sin embargo, si se cae un avión en aguas uruguayas y hay cobertura mediática, el hombre vuelve a aparecer.</strong></p>
<p>Policías, gendarmes y prefectos han sido instruidos para ser reticentes a la hora de dar explicaciones profesionales relacionadas con un hecho determinado. Si lo hicieran previo permiso político, no deberán dejar transcurrir más de tres palabras sin dejar de mencionar que todo lo actuado fue por obra, gracia, inspiración y control del señor secretario. <strong>Es por ello que resulta difícil pensar que un oficial superior de la Gendarmería Nacional se proyecte contra un vehículo detenido por propia iniciativa. Tampoco será creíble que la presencia de un Coronel de inteligencia comandando el accionar de una fuerza de seguridad sea casualidad.</strong></p>
<p>Es muy cierto que el modelo se equivocó de medio a medio cuando decretó la descriminalización de la protesta social en cualquiera de sus formas. Aun cuando algunas de estas formas colisionan contra elementales derechos de los demás ciudadanos. Pero pretender remediar el error infiltrando espías en las protestas, y utilizando una versión atenuada de “guerra sucia” obligando a los uniformados a delinquir en pos de los objetivos políticos de un funcionario, es algo que esta democracia no puede darse el lujo de tolerar.</p>
<p>La seguridad, como dijimos, es una de las tantas asignaturas pendientes de la década “ganada”. <strong>Es algo demasiado complejo para dejarlo librado a las manos de un funcionario al que nadie le negará su compromiso con la tarea, pero al que es hora de comenzar a pedirle explicaciones por los graves errores que a diario comete.</strong> No alcanza con colgarse de un helicóptero, manejar motos en contramano o disfrazarse de bombero. Por estas horas el teniente coronel todo terreno acaba de tener que despedir a uno de los muchos militares de los que supo rodearse; en los próximos días seguramente la gendarmería perderá a un oficial superior que cumplió una orden, sin percatarse de la ilegalidad del acto. Va llegando el momento de indicarle al coronel médico que su uniforme es el delantal blanco y su arma reglamentaria el estetoscopio. Mientras tanto, habrá que comenzar a ordenar todo el tremendo desbarajuste al que han sumido a las fuerzas de seguridad y pasará mucho tiempo hasta que -citando a Raúl Alfonsín- podamos decir: “La casa está en orden”.</p>
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		<title>Navegando sin Norte</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Jun 2014 11:40:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La vida en el mar – como también sucede en tierra firme- se encuentra simplificada por una enorme cantidad de ayudas a la navegación que hacen que día a día  el “arte de navegar” se vea facilitado por todo tipo de equipos electrónicos que hacen la tarea del marino no solo más sencilla sino muchísimo más segura. Sin pretender transformar la columna en un curso acelerado de navegación, lo invito – amigo lector- a imaginar la diferencia entre navegar en una nave impulsada por la fuerza del viento a hacerlo en uno de los modernos cruceros tan de moda por estos días.<span style="text-decoration: underline"><br />
</span></p>
<p>Sin lugar a dudas una de las “siete maravillas” de la navegación moderna está constituida por la aparición del “girocompás”. Esta ingeniosa invención aprovecha los principios de “inercia y precesión” para obtener una marcación casi perfecta del “norte”. Sin ser  usted marino, entenderá que en medio del mares fundamental no perder jamás el norte.  También es fundamental mantener el norte en nuestras vidas y <strong>me atrevo a decir que en la política aquel que lo ha perdido, se encuentra en gravísimos problemas.</strong></p>
<p><span id="more-561"></span></p>
<p>Invito a un breve repaso por los últimos hechos que han ocupado la atención de quienes siguen el rumbo de la particular navegación de esta enorme nave llamada República Argentina.</p>
<p>En un “pase de revista” aleatorio me vienen a la mente imágenes relacionadas con el “boom” de la compra de autos importados de alta gama, adquiridos con un tipo de cambio preferencial fomentado por un gobierno que impuso un “cepo” cambiario que se empeñó en negar, como negó también que el “mercado blue, negro o marginal” es el que marca el verdadero valor de una divisa cada vez que el Estado es empeña en torcer artificialmente la pizarra de cotizaciones. También recuerdo claramente “el golpe de timón” que determinó pasar del “autos caros para todos” al actual “autos para ninguno”. Por mucho plan crediticio que ahora nos quieran ofrecer, el mercado automotor (todos lo sabemos) está definitivamente muerto y sepultado.</p>
<p>Si viajamos con la memoria un poco más atrás, también nos llegarán imágenes de conflictos agrarios, con productores quejosos por ser obligados a vender sus producciones con altas retenciones, cobrar su exportación al cambio oficial y con una serie de regulaciones adicionales que han hecho que su mejor negocio sea precisamente no vender lo que producen y atesorar el grano en silo bolsas, que ya son parte inseparable del paisaje campestre nacional.</p>
<p>No podría escapar a nuestra revisión la particular situación impositiva de miles de asalariados a los que se les cobra impuesto a las ganancias por el solo hecho de trabajar; haciéndolo el Estado de una forma tan particular que hace que muchas veces el peor castigo que pueda recibir un trabajador sea el de recibir un ascenso o un aumento de salario, que haga que al cambiar de escala de retención su nuevo cargo le implique una sensible baja de sus ingresos. <strong>Este impuesto al trabajo tiene además algunas perlitas tales como la de permitirle al “sujeto impositivamente responsable” deducir de sus ganancias el sueldo de su mucama, pero no el alquiler de su vivienda; los gastos de la medicina prepaga, pero no lo que gastó para darle de comer a sus hijos.</strong></p>
<p>Ayúdeme amigo lector a no hacer tan extensa esta columna,  y <strong>repase por su cuenta el rumbo de la política de los últimos años en materia de seguridad, educación, justicia</strong> – vicepresidente y sus amigos incluidos- y tratemos juntos de imaginar, cual fue el rumbo tomado en caso y su relación con el “norte” del sentido común. Y luego de varios minutos de análisis por separado, volvamos a ocuparnos Ud y yo del tema que acapara la atención de miles de argentinos por estos días; Mundial al margen claro está.</p>
<p>Me refiero obviamente a la situación de<strong> nuestro país frente a sus acreedores externos</strong>; algunos mansos adherentes a nuestra propuesta de canje, otros rebeldes buitres carroñeros (según nuestros funcionarios) que no aceptaron la propuesta argentina y muchos otros, mudos espectadores de una suerte de partida de ajedrez jurídica cuyo resultado final sellará su suerte.</p>
<p>Es más que obvio que quienes no somos expertos en cuestiones financieras internacionales, no estamos capacitados para desmenuzar la letra chica de convenios oportunamente suscriptos por esta y otras administraciones en los que- por lo que sabemos- sometimos a los tribunales de New York la resolución de controversias respecto a todo lo relacionado con el cumplimiento de nuestras obligaciones nacionales y -por qué no decirlo- populares.</p>
<p>Y sin pretender analizar porque será que dejamos que un “buitre” compre nuestros bonos cuando valían apenas 50 millones de dólares en lugar de recomprarlos nosotros mismo (Néstor  se negó a hacerlo);  o intentar determinar si la solvencia moral de este tipo de usureros debe anteponerse  a la legitimidad de los fallos judiciales que les dan la razón, si creo que <strong>como ciudadanos que somos podemos exigir a nuestros gobernantes que nos den al menos señales claras de lo que pretenden hacer.</strong></p>
<p>Desayunamos una mañana escuchando a nuestro jefe de gabinete y vocero presidencial anunciar con altanería que nadie viajará a ninguna parte a negociar nada con otro nadie.  Más tarde la propia Jefa de Estado nos arenga colérica, despotricando contra un juez extorsionador al servicio de intereses cipayos que sólo pretender dañar a nuestro pueblo, pero que no pretendan de ella alguna actitud funcional a sus perversos intereses. Pocos días después, en ocasión de honrar a uno de nuestros máximos próceres, le avisamos al mundo que estamos dispuestos a cumplir con todos nuestros acreedores (palomas y buitres), le pedimos respetuosamente a su señoría -esa misma que tildamos de extorsionador- que suspenda su propio fallo para que podamos negociar&#8230;  <strong>Algo así como haber perdido un partido de fútbol por 3 a 0 y pedir una definición por penales.</strong></p>
<p>Podemos abundar en detalles pintorescos, el ministro que no viajaría, viajando. <strong>La invención de un feriado administrativo</strong> (Día del Empleado Público…) para justificar la realización de un pago anticipado con la esperanza que la picardía criolla aplique también en el “gran país del norte”. La interminable alternancia entre insulto, súplica al insultado, nuevo insulto y nueva súplica y todo hecho siempre bajo el amparo de los mismos ideales, las mismas convicciones y augurando en todos los casos el éxito seguro de ambas diametralmente opuestas estrategias discursivas. Es imposible no recordar aquellos comunicados oficiales que detallaban como día a día “íbamos ganando” la guerra de Malvinas hasta que un 14 de junio nos avisaron que nos habíamos rendido.</p>
<p>Y, volviendo al principio, le quiero completar aquel concepto sobre la importancia del norte. Es obvio que el norte no es el sinónimo del rumbo correcto. Pero para ir al sur, al este o al oeste, resulta imprescindible saber perfectamente donde está el norte. El Norte es el grado 0, pero también el 360, todo rumbo posible oscila entre dos extremos de una escala que nos refiere al norte. <strong>Se puede ir a cualquier lado, pero se debe tener un solo norte;</strong> a nuestro frente, a nuestra espalda o nuestro costado, pero uno. <strong>El barco de la patria navega hace diez años con una cantidad cada vez más frecuente de espasmódicos cambios de rumbo propios de la impericia de sus timoneles;</strong> eso puede ser corregido –urnas mediante- con un cambio de tripulación.  Pero lo que resulta imposible de comprender es <strong>cómo hace esta gente para pretender que la Patria navegue segura cambiando el norte de lugar cada mañana.</strong></p>
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		<title>Me mataste… nos mataste a todos, Martín</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Oct 2013 10:53:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Honestidad brutal. Así podría definirse la cruda respuesta del principal candidato a diputado nacional, propuesto por el oficialismo para representar a la provincia de Buenos Aires en la Cámara Baja de la Nación, a la simple pregunta “nombre tres estaciones del ferrocarril Sarmiento”, realizada por Infobae. Con su sonrisa “naif” pintada en su rostro, como siempre, Martín... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/10/25/me-mataste-nos-mataste-a-todos-martin/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Honestidad brutal. Así podría definirse la cruda respuesta del principal candidato a diputado nacional, propuesto por el oficialismo para representar a la <strong>provincia de Buenos Aires</strong> en la <strong>Cámara Baja de la Nación</strong>, a la simple pregunta<strong> “nombre tres estaciones del ferrocarril Sarmiento”, </strong><a href="www.infobae.com/2013/10/23/1518187-examen-infobae-cuanto-saben-los-candidatos-la-provincia-buenos-aires" target="_blank">realizada por<strong> Infobae</strong></a>. Con su sonrisa “<em>naif</em>” pintada en su rostro, como siempre, <strong>Martín Insaurralde</strong> espetó al periodista que lo interrogaba <strong>“me mataste”</strong>. Es sin duda muy grave que un candidato oficialista u opositor, perteneciente a la mayor provincia del país, se muestre <strong>ajeno e ignorante respecto a algo tan básico</strong> y que hoy por hoy jaquea al gobierno, a la dirigencia gremial, a los empresarios del sector y conmueve al mismo tiempo a la ciudadanía.</p>
<p>Tanto “caminar” el territorio provincial, tanto contacto con los vecinos, con los más humildes, con los sectores sociales. Tantas inauguraciones de cosas hechas por particulares que prestan el podio para que se luzcan los dirigentes, tanto spot, <strong>tanta plata gastada en hacer que conozcamos al candidato y tan poca inversión intelectual para hacer que el candidato conozca un poco el territorio</strong> que aspira a representar parece, cuanto menos, una gran tomadura de pelo a la sociedad entera.</p>
<p><span id="more-346"></span>¿Será tal vez porque el aspirante tan diligente para mostrarnos su <strong>situación sentimental</strong> desde las páginas de varias revistas del corazón no ha tenido tiempo en los últimos años para conmoverse por <strong>tragedias</strong> <strong>ferroviarias</strong>, en lugares tan remotos como <strong>Castelar</strong>, <strong>Flores</strong> u <strong>Once</strong> o lo que es peor jamás se le ocurrió pensar cuál es una de las vías de egreso de los bienes que se producen en el corazón de su provincia? ¿No necesitará el candidato el voto de la gente de lugares ignotos como pueden ser<strong> Moreno, Merlo, Ramos Mejía o Luján</strong>? ¿No querrá que lo voten en <strong>Bragado</strong> o <strong>Chivilcoy</strong>? <strong>Tal vez sea mucho pedir que el señor intendente viaje en los viejos, sucios e inseguros trenes del Sarmiento,</strong> pero al menos que conozca su existencia no parece demasiada exigencia.</p>
<p>Pero creo -amigo lector- que esta respuesta tan honesta como lapidaria es sólo la punta del iceberg (una vez más la analogía marina define el concepto): esta letal ignorancia ferroviaria del candidato desnuda crudamente algo que para ponerlo en <strong><em>términos</em> <em>cristinistas</em> </strong>podríamos denominar como <strong>“la ignorancia profunda”</strong>. Algo que parece ser materia corriente en buena parte de la actual dirigencia gubernamental y seguramente en muchos opositores también.<strong> Inflación, seguridad, dólar, educación y algún que otro tema más, son los caballitos de batalla más rentables a la hora de la campaña proselitista. </strong>Debemos asimismo reconocer que la mayor parte de nosotros centramos nuestra atención en alguno o en todos los temas enunciados.</p>
<p>Pero ¿qué pasaría si siguiendo la misma línea que marcó la simple pregunta que motiva esta columna, algún medio periodístico se lanzara a preguntar cuestiones tan complejas como <strong>cuáles son los principales puertos de la Provincia de Buenos Aires,</strong> <strong>cuál es la causa que hace que el puerto de Mar del Plata se encuentre prácticamente paralizado,</strong> cuál es la situación del sistema carretero de la provincia y cuáles los cuellos de botella que retrasan y encarecen el transporte terrestre? Elija usted, amigo lector, algunas preguntas relacionadas con su oficio o profesión, arme una lista con las más básicas y atrévase a imaginar que dirigente o líder político estaría en condiciones de dar -al menos- una opinión coherente sino la respuesta correcta. No podemos pretender que todos sepan de todo, claro que no. Se supone que el líder tiene la capacidad de armar un equipo de idóneos que manejan cada área de gobierno llevando a la práctica de una forma técnicamente correcta, las decisiones políticas esbozadas desde la máxima conducción.</p>
<p>No parece ser el caso, por ejemplo, del <strong>ministro de Defensa, Agustín Rossi,</strong> que acaba de disponer que vetustos<strong> aviones navales</strong> de entrenamiento (<strong>Turbomentor T34</strong>) con más de 40 años de servicio se enfrenten con las modernas aeronaves usadas por los narcotraficantes para violar el espacio aéreo de nuestro país. Nuestros “hermanos bolivarianos”, entretanto, utilizan para el mismo fin modernos <strong>aviones F16</strong>. Tampoco sería el caso de la magistral conducción de algunos aspectos de nuestra economía con ideas espectaculares que abarcan desde el cepo a la compra de divisas, hasta el pan, pollo, carne, cerdo y pescado para todos, pasando por la <strong>Supercard</strong>, los <strong>Cedines</strong>, las brigadas juveniles controladoras de precios y todas las otras que harían esta lista interminable.</p>
<p>Tampoco parece ser muy brillante la idea del<strong> ministro del Interior y Transportes</strong>, que ha tenido la ocurrencia de disponer que <strong>para evitar que los trenes se sigan estrellando</strong> en las terminales <strong>los guardas se trasladen a la cabina de conducción para “hacerle el aguante” al motorman</strong> en el último tramo del recorrido y evitar que se duerma antes que los rieles se terminen. Ahora sí viajaremos seguros… Además, en el mismo acto nos anunció a todos y todas que había dispuesto <strong>estatizar el Sarmiento</strong>, demostrando que <strong>el actual presidente a cargo es un óleo viviente,</strong> ya que ni hizo falta su aprobación para una medida tan radical como la anunciada.</p>
<p>Para no abandonar el original propósito marinero de esta columna, déjeme contarle -amigo lector- que pocos días antes de afrontar sus actuales problemas de salud, la presidente, preocupada por el caos y descontrol que reina en el <strong>transporte marítimo</strong> y fluvial y ante la falta de respuestas que podía brindarle el <strong>secretario de Transportes de la Nación,</strong> <strong>convocó a su despacho a un funcionario de tercera línea del sector marítimo</strong> para que antes que darle soluciones, le explique por lo menos los problemas. Este profesional del mar, para nada devoto de la ideología gobernante, pero profundo conocedor de la realidad del sector en el que cumple sus tareas, pudo en algo más de media hora darle a la mandataria un esbozo del problema. Lamentablemente, a pocas horas de escucharlo, la jefa de Estado entró al quirófano y habrá que ver cuando regrese al poder qué es lo que recordará de esa charla, pero éste ha sido un <strong>primer y valioso gesto de tratar de convocar a los que más saben en lugar de a los que mejor militan.</strong></p>
<p><strong>Y así estamos, sin saber quién conduce hoy por hoy este barco llamado “Argentina”,</strong> con candidatos alegres y ambles que desconocen elementales cuestiones de nuestra realidad, librados a una suerte incierta, con la única esperanza de que tal vez en algún momento algo cambie para mejor. Mientras tanto con su sonrisa angelical, con sus buenos modales y con sus bonitas producciones fotográficas, Martín el candidato oficialista, ayer, sin inmutarse con su respuesta… nos mató a todos un poquito.</p>
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