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	<title>Fernando Morales &#187; Susana Ruiz Cerutti</title>
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		<title>El honor de la &#8220;Libertad&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Oct 2014 17:34:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Consejo de Seguridad de la ONU]]></category>
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		<description><![CDATA[Resulta interesante ver cómo cada tanto nuestra sociedad se conmueve con la reaparición en escena de hechos del pasado; asuntos que creíamos definitivamente sepultados por el paso del tiempo o bien por haber sido dados por finalizados en los ámbitos correspondientes, ya sean éstos judiciales, políticos, culturales, etcétera. En esta jornada signada por una fuerte... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2014/10/29/el-honor-de-la-libertad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Resulta interesante ver cómo cada tanto nuestra sociedad se conmueve con la reaparición en escena de hechos del pasado; asuntos que creíamos definitivamente sepultados por el paso del tiempo o bien por haber sido dados por finalizados en los ámbitos correspondientes, ya sean éstos judiciales, políticos, culturales, etcétera.</p>
<p>En esta jornada signada por una fuerte tormenta que azota a buena parte de la población, la vorágine informativa nacional se permitió asignar un lugar protagónico a una noticia que nos retrotrae exactamente a dos años atrás. Recordará usted, amigo lector, <strong>aquella mañana en que despertamos con la noticia relativa al embargo de la fragata “Libertad”</strong> en la república de Ghana por un reclamo de los tenedores de bonos argentinos que no entraron en el canje de deuda.</p>
<p>La noticia concreta es que <strong>la justicia de Ghana determinó que la “Libertad” huyó del puerto sin haber obtenido la liberación judicial correspondiente</strong>. La novedad además viene de la mano con un “derecho” que la justicia del país africano le otorga al fondo MNL: el derecho a cobrar los 15 millones de dólares por los gastos que derivaron de la permanencia del buque escuela argentino en un muelle comercial del puerto de Thema.<span id="more-659"></span></p>
<p>Intentando no abrumarlo querido amigo, haré un breve repaso de la situación: la inusual decisión judicial de Ghana, no solo lo tomó por sorpresa a Ud. y a mí. El propio Gobierno fue aturdido por la medida, a tal punto que los primeros pasos fueron muy poco felices. Recuerde al <strong>Canciller y al Ministro de Defensa culpándose el uno al otro por intermedio de sus medios de prensa más leales</strong>, la disparatada gestión del primero ante el Consejo de Seguridad de la ONU y <strong>el innecesario sacrificio de dos excelentes almirantes de la Nación que pasaron a retiro como ofrenda de la política a la opinión pública que reclamaba responsables.</strong></p>
<p>Pero así como suelo ser generalmente crítico con la actual administración, <strong>justo es reconocer que, más temprano que tarde, la política entendió esta vez que la Nación contaba entre sus cuadros diplomáticos con el personal idóneo</strong> para afrontar la situación planteada. Asimismo, el mundo tenía un foro adecuado para plantear los reclamos. No estaba en New York sino en Hamburgo y hacia allí partimos de la mano de la Embajadora Susana Ruiz Cerutti y un destacado equipo de juristas y diplomáticos.</p>
<p>El Tribunal Internacional del Mar, a cuyas decisiones se sometieron las partes, determinó el 15 de diciembre de 2012 en forma contundente que la retención del buque de guerra argentino era improcedente. Dada la premura del caso, estableció una medida provisional que disponía la inmediata libertad de la “Libertad” sin perjuicio de que a posteriori un tribunal arbitral debatiera la cuestión de fondo; cuestión que fue debatida en su momento y que terminó con un acuerdo entre partes sobre cómo se soportarían los gastos originados en la ilegal retención.</p>
<p>Momentos ciertamente difíciles se vivieron durante todo el proceso judicial, por parte de los tripulantes del buque escuela. Pero algo quedó claro: la actitud de esos hombres y mujeres, desde el Comandante, Capitán de Navío Pablo Lucio Salonio, hasta el marinero más moderno de la nave  fue ejemplar. Desde el sometimiento a la ley del país que los retuvo, hasta <strong>la mesurada y adecuada portación de sus armas para frenar un intento de avasallar la soberanía nacional cuando un grupo de operarios portuarios intentaron abordar la nave para correrla hacia un muelle no comercial.</strong></p>
<p>Fueron dos meses, durante los cuales oficialismo y oposición intercambiaron los misiles propios de la lucha política: propuestas de colectas y fallidas frases presidenciales como “si quieren que se la queden” y otras perlas quedarán en el anecdotario del recuerdo. <strong>Lo que jamás fue una opción fue el escape.</strong> Y si lo hubiera sido, afortunadamente la idea no prosperó. Ya que sus consecuencias hubieran sido realmente gravísimas.</p>
<p>Quien esto escribe es apenas un marino, que está muy lejos de ser un jurista experto en derecho internacional. Por ello me permito reflexionar sobre algunas circunstancias que tengan tal vez escaso valor jurídico pero no pueden ser ignoradas por la justicia de cualquier país.</p>
<p>A partir del fallo de Hamburgo aquel 15 de diciembre de 2012, se pusieron en marcha varios mecanismos tendientes a permitir el regreso de la “Libertad” a casa. Los más importantes fueron el aprovisionamiento de la nave para continuar su viaje y el envío a Ghana de más de 100 militares que habían regresado a nuestro país a efectos de que completasen la dotación de la fragata para poder zarpar con seguridad. Asimismo se coordinaron con la autoridad portuaria las necesidades operativas para la zarpada. La presencia de remolcadores, de un práctico para guiar al capitán en la maniobra de salida hasta aguas abiertas y una larga lista de ítems que no vale la pena detallar.</p>
<p><strong>Un buque, máxime cuando se trata de un barco velero con severas restricciones de maniobra, difícilmente pueda escaparse de algún lugar.</strong> Por el contrario, en la zarpada de nuestra fragata intervinieron una variedad de organismos públicos y privados que actuaron porque no medió ningún impedimento judicial para que lo hicieran. Piense, amigo lector, que tan solo la presencia de un “práctico” a bordo (profesional idóneo para asesorar al capitán en la maniobra de zarpada) implica un conocimiento previo y acabado de la autoridad marítima local sobre la inminente salida de la nave.</p>
<p>La “odisea” de la “Libertad” ha dejado mucha tela para cortar de ambos lados del océano. Argentina creyó ingenuamente que en Ghana no pasaría lo que pasó. Curiosamente, tal vez si la fragata hubiera arribado a puertos europeos menos amistosos en lo financiero pero con mayor cultura marítima, el “amigo” Singer  hubiera tenido un no rotundo e inmediato a sus pretensiones.  <strong>El episodio también demostró que no siempre deberá ser en la militancia donde se encuentre a los salvadores de la Patria</strong>. <strong>Excelentes diplomáticos, juristas y militares manejaron esta crisis en forma impecable.</strong> <strong>Y no es menos cierto que la decisión política de la Comandante, quien determinó no negociar fuera del ámbito judicial, fue impecable.</strong></p>
<p>La “Odisea de la “Libertad” dejó también <strong>una importante cifra de gastos innecesarios</strong> fruto de una equivocada decisión judicial en primera instancia que condenó a un buque a ocupar un muelle comercial durante más de dos meses. Tengamos en claro que esta vez fuimos víctimas y no culpables. Ud. lo sabe bien: soy el primero en cuestionar lo mucho que en mi opinión hacemos mal. Pero esto lo hicimos bien, dentro de la ley, con razón y con firmeza. La Libertad volvió a casa ajustada al derecho internacional y en virtud del fallo de Hamburgo difícilmente algún buitre, gorrión o paloma intente embargarla otra vez. Hay que pagar la cuenta es verdad. Pero sinceramente <strong>estoy convencido de que esta  factura no debe ser emitida a nuestro nombre</strong>. Mire lo que son las cosas, en un par de días la “Libertad” regresa a casa una vez más, con otro capitán, con otros cadetes y tripulantes, pero con el inmenso privilegio  de seguir siendo orgullosamente la embajadora de los mares y con su pabellón flameando sin  haber escapado de ningún lugar del mundo.</p>
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		<title>Camila y Hernán, íconos del modelo</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Dec 2013 11:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El 28 de diciembre es tradicionalmente reconocido como el <strong>Día de los Santos Inocentes</strong>, en obvia conmemoración de lo que según nos relata el Evangelio fue la salvaje matanza de niños recién nacidos en procura de matar al hijo de Dios a pocos días de ocurrido el alumbramiento de <strong>Jesucristo</strong>.</p>
<p>La cultura popular alteró este acontecimiento netamente religioso, transformándolo en una ocasión propicia para jugarle alguna broma a familiares o amigos, quienes al morder ingenuamente el anzuelo tendido por el bromista reciben como irrefutable testimonio de su candidez un lapidario “<strong>que la inocencia te valga</strong>”.</p>
<p>En este tórrido diciembre de 2013, seguramente cuestiones relacionadas con <strong>la falta de energía eléctrica, el cepo al dólar, la inflación, las increíbles excusas de nuestros ministros y hasta la inexplicable ausencia de nuestra presidente</strong> en la emergencia habrán sido material propicio para más de un bromista.</p>
<p><span id="more-407"></span>Pero este 28 de diciembre en particular, quedará en la historia también como el día del regreso de “los santos inocentes”. Obviamente me refiero a esas dos cándidas criaturas conocidas por todos y todas simplemente como <strong>Camila</strong> y <strong>Hernán</strong>. Los jóvenes (para el caso del segundo, no tanto) <strong>ambientalistas</strong> de <strong>Greenpeace</strong>, retenidos bajo las garras del yugo de la implacable Justicia rusa por haber protagonizado una “inocente y pacífica” protesta para salvar al <strong>océano Ártico</strong> de un empetrolado final.</p>
<p>Estos dos ejemplos de <strong>la lucha popular contra el imperio</strong> (sea cual sea éste) violaron, en el desarrollo de su protesta, una parva de leyes nacionales rusas e internacionales; vale la pena recordar que mientras Camilita es una joven idealista de 21 años (lindo término, ¿no?) preocupada por la contaminación ambiental fronteras afuera de nuestra muy contaminada patria, <strong>Hernancito es todo un señor oficial de nuestra marina que alguna, vez si mal no recuerdo, juró entre otras cosas defender la vida humana en el mar aun a costa de la propia.</strong> Obviamente esto dista mucho de andar tripulando como oficial de navegación un barco que realizó una evidente violación de, cuanto menos, elementales reglas de seguridad marítima. <strong>Vale la pena recordar también que este idealista no es un voluntario sino que percibe un interesante sueldo en euros como tripulante de un rompehielos que se desplaza por intermedio de dos potentes motores diésel que queman combustible derivado del petróleo</strong>; de ése que se extrae de las profundidades marinas o de yacimientos terrestres por parte de petroleras que son combatidas por sus empleadores.</p>
<p>Pero dejando de lado la aventura soviética de nuestros dos niños prodigio y considerando que <strong>en el fondo son más inconscientes que delincuentes</strong> y que tal vez el escarmiento de los dos meses tras las rejas rusas les ponga un límite, adherimos a la alegría por su regreso a casa. Además regresan a un país en el que se pasean libres por las calles todo tipo de criminales de fuste (algunos incluso con vehículo, chofer y custodia provistos por el Estado), lo que torna a su felonía en algo más parecido a una travesura que a un delito (siempre hablando de la particular vara de la justicia local, claro está).</p>
<p>Pero el verdadero motivo de esta columna -amigo lector- es detenerme en algo que los propios repatriados se han cansado de explicar. Me refiero al impecable, puntilloso, puntual y denodado esfuerzo puesto de manifiesto por las autoridades de la<strong> Cancillería Argentina</strong> y de las autoridades diplomáticas destinadas en <strong>Moscú</strong> para velar por los intereses de nada más y nada menos que dos ciudadanos argentinos. Me consta que hasta la propia oficina de la <strong>consejera legal del Palacio San Martín</strong>, la embajadora <strong>Susana Ruiz Cerutti,</strong> fue movilizada para garantizar el rescate de estos jóvenes de su epopeya épica, que dejó a la altura de un poroto a la estoica resistencia del capitán <strong>Salonio</strong> y sus hombres durante el embargo de la <strong>Fragata Libertad.</strong></p>
<p>Y qué bien que se siente uno como argentino al ver que podemos andar por el mundo libres cual mariposas, sabiendo que si algo nos ocurre, que si alguna autoridad policial o judicial extranjera osare interrumpir nuestro vuelo, caerá sobre ellos todo el peso y el talento de nuestra diplomacia, que nuestra primera mandante (perdón mandataria) ofrecerá personalmente constituirse en garante de nuestros actos, que se habilitarán días y horas para que nuestro equipo de juristas expertos en derecho internacional se pongan literalmente a nuestro servicio. Qué bueno, que bonito, qué bárbaro. Qué bien que hace sentirse ciu-da-da-no.</p>
<p>No ocurre lo mismo, claro está, con otros aspirantes a la ciudadanía, a los que en los últimos días el jefe de Gabinete y el ministro de Planificación les cambiaron el nombre por el de “clientes”. Así se desprende de los reiterados mensajes que ambos jerarcas del modelo emiten cada día, en los que instan a dos empresas concesionarias de un servicio público a dar respuesta a esos clientes que se desgañitan en las calles. <strong>Los clientes son seres totalmente diferentes a los ciudadanos</strong>, uno creía que se era cliente de un súper, de una casa de modas o de una peluquería. Uno no es cliente del ferrocarril Sarmiento, ni del Hospital Fernández. Tampoco lo es de la comisaría del barrio, ni es cliente del servicio de inteligencia que le pincha el teléfono. No se es cliente de la <strong>AFIP</strong> ni de Rentas de la Ciudad. <strong>Uno es usuario, contribuyente, víctima, paciente; en suma, uno es ciudadano (bueno, yo creía que lo era).</strong></p>
<p>Y mientras nos gastamos los dedos remarcando los varios números de teléfono para que se atiendan nuestros reclamos; mientras pedimos agua (no pretendemos <strong>Perrier</strong>, sólo agua); mientras los viejitos atrapados en las alturas ven peligrar su propia existencia; mientras las hogueras de los indignados y no escuchados suma calor a las tórridas noches porteñas, la presidente no sale a garantizarnos nuestros derechos. <strong>El secretario de Energía juega golf distendido</strong>, el ministro de <strong>Infraestructura</strong> se lava las manos (porque tiene con qué hacerlo, claro). Y usted, amigo lector, nuestros padres y amigos, yo, nos vamos derritiendo; no me refiero a la acción del calor en nuestros cuerpos sino a nuestra licuefacción ciudadana; <strong>no somos nada, no importamos, no existimos, no vendrán en nuestra ayuda ni con la embajador más talentosa de nuestra diplomacia, ni con un aguatero suplente que nos alcance un litro de agua fresca.</strong> Tal vez si violamos lo suficiente la ley como Camilita y Hernancito, allí sí seamos dignos de atención.</p>
<p>Pero quédese tranquilo, querido amigo. Hoy seguro que leerán esta columna y le juro que cuando lo hagan comprenderán; y cuando comprendan que nos estamos muriendo ante tanta indiferencia, nuestra <em>presi</em> nos saldrá a defender, movilizará a nuestras ahora solidarias <strong>Fuerzas Armadas</strong> con el mismísimo general <strong>Milani</strong> a la cabeza a socorrer a los más necesitados, destinará parte de los fondos que a diario se invierten en publicitar las bondades del modelo a comprar unos cuantos generadores para estar allí donde más se necesita. Por favor, querido amigo, usted me conoce, créame, créame… y una vez que me crea déjeme decirle con una ligera sonrisa: “Que la inocencia le valga”.</p>
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		<title>Llegó la paz a la &#8220;Libertad&#8221;</title>
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		<pubDate>Sun, 29 Sep 2013 04:37:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Con mucha menos repercusión mediática y social que en aquellos días de octubre a diciembre pasados, <strong>la diplomacia de nuestro país y la de la República de Ghana</strong> pusieron un definitivo final a la controversia desatada por la detención ilegal de nuestro buque escuela fragata “Libertad” en el principal puerto comercial ghanés durante su 43° viaje de instrucción.</p>
<p>Como usted recordará, amigo lector, el origen del embargo se debió al <strong>reclamo efectuado por un fondo de bonistas</strong> que no entraron en el canje de la deuda soberana de  Argentina, y que creyeron ver en la obtención de esta medida con poco sustento jurídico una buena forma de causar una conmoción política y social de envergadura tal, que diera lugar alguna alternativa más beneficiosa para sus intereses.</p>
<p>Y, tal como ha ocurrido ya en otras situaciones tal vez mucho más dramáticas y terribles, los argentinos <strong>tan propensos muchas veces a dividirnos por cuestiones menores antes que a unirnos por grandes ideales,</strong> nos pintamos la cara de celeste y blanco, nos hicimos “expertos” en aparejos marineros, fuimos gavieros por tres meses, y nos abrazamos y festejamos -como si fuera el gol del triunfo en una final del mundial de fútbol- cuando el Tribunal Internacional del Mar ordenó al gobierno de Ghana liberar a ese pedacito de Patria que ansiaba inflar sus velas con el viento que la trajera de regreso a su apostadero natural.</p>
<p>Claro que, entretanto, no faltaron las alternativas y condimentos vernáculos que también son parte inescindible de la argentinidad al palo; funcionarios que movían a sus agentes de prensa para aclarar que no eran los responsables del desacierto operacional de haber colocado a nuestra nave en un puerto donde no sólo <strong>no teníamos embajador ni mucho menos agregado naval</strong>, sino que además pertenecía a un país sobre el que desconocíamos prácticamente todo. Un funcionario de la cancillería recordaba hace algunos días que fue una suerte descubrir a tiempo que el Comandante de la fragata debería llevar bebidas alcohólicas como único obsequio aceptable por parte de las autoridades ghanesas; ya que la falta de este etílico elemento en un encuentro protocolar podía ser tomado como una falta de cortesía por parte del anfitrión.</p>
<p>Pero mientras “sordos ruidos” y “balas de tinta” cruzaban los despachos de la Cancillería , el ministerio de Defensa, la secretaría de Comercio Interior y quién sabe cuántos despachos más, la heterogénea oposición política no perdió oportunidad de intentar sacar alguna tajada de lo que pintaba como desastre nacional; desde una diputada que afirmaba que la fragata no era un buque militar (atacando desde la retaguardia al principal argumento de nuestra defensa) hasta colectas para juntar los 20 millones de dólares para pagar la fianza y algunas otras más.</p>
<p>Es justo reconocer que, si bien el gobierno y sobre todo el canciller (tal vez por no pedir asesoramiento antes de actuar) arrancó errando el rumbo, ya que el <b>Consejo de Seguridad</b> no era el lugar indicado para plantear el reclamo, rápidamente descubrió que en la lejana Hamburgo <b>veintiún expertos internacionales en derecho del mar</b> (entre ellos una argentina) constituyen desde hace años el tribunal internacional que se ocupa de estas cuestiones. Hacia allí se dirigieron poniéndose en manos de la que tal vez sea la mayor experta de nuestra diplomacia en cuestiones de derecho internacional ; me refiero a la embajadora <b>Susana Ruiz Cerutti</b>, quien junto a un equipo de expertos diplomáticos, demostró ante el tribunal que el embargo dispuesto por la justicia de Ghana violaba la <b>Convención Internacional de Derecho del Mar</b>.</p>
<p>Fue así que ni tuvimos que cortar las amarras y escaparnos de noche (fábula marinera ideada por algunos bravos marinos que solo ven el mar desde la orilla y en verano), ni el Capitán Salonio tuvo que cumplir el viejo mandato del <b>Almirante Guillermo Brown</b> -“Es preferible irse a pique que rendir el pabellón”. La fragata volvió a casa “libre de culpa y cargo” y todos festejamos. Siendo que (también hay que reconocerlo) esta vez la “terquedad” presidencial, obtuvo un rotundo éxito.</p>
<p>Pero acallados los fervores nacionales y populares, pocos son lo que entendieron que lo que Hamburgo dispuso fue ni más ni menos que una medida cautelar y que se ordenó a las partes someterse a <b>un arbitraje internacional  en La Haya</b> para dirimir la cuestión de fondo.</p>
<p>A esa instancia Ghana llegaría con un reclamo por las pérdidas sufridas por la negativa argentina a mover la nave a un muelle con menos movimiento comercial que el famoso “muelle 11” que la retuvo durante 74 días, y la Argentina llevaría su exigencia de <b>resarcimiento económico</b> por los daños materiales y morales sufridos por la retención y además con una exigencia de desagravio al pabellón nacional.  Ya que <b>un buque de guerra en puerto extranjero se comporta de la misma manera que una embajada</b>; es decir es un pedazo de suelo patrio en el exterior.</p>
<p>En el medio de los preparativos para la instancia arbitral, la corte suprema de Ghana determinó que el juez de primera instancia que nos embargó el barco se había equivocado. Esto simplificó las cosas y finalmente <b>se acaba de cerrar el arbitraje lo que da por finalizado de una buena vez el conflicto</b> y por sobre todo le da a nuestro barco escuela y a todos los bienes del Estado Argentino equivalentes (buques y aeronaves militares) un <b>adecuado barniz de inmunidad</b> frente a embargos de “buitres, halcones o palomas financieras” ya que difícilmente alguien vuelva a invertir tiempo y dinero en propiciar medidas judiciales con finales adversos ya anticipados por los hechos resumidos en esta columna.</p>
<p><strong>MORALEJA</strong>. Las guerras, una vez finalizadas, son estudiadas y analizadas durante años, en claustros militares, diplomáticos y políticos. No solo de los países beligerantes sino por el resto del mundo. De allí se suelen extraer conclusiones (según el caso) para hacer la próxima guerra de una manera “mejor” o para aprender del pasado y evitar una guerra futura (mucho mejor por cierto).</p>
<p>La crisis de la “Libertad” será estudiada por varias generaciones de diplomáticos, políticos y militares ya que fue <b>el primer caso de embargo de una nave militar</b> por cuestiones que no tenían que ver con un conflicto bélico. Hubo un antecedente de un rompehielos soviético hace algunos años pero con condimentos muy diferentes.  El tema está en la oportunidad  que tiene nuestra sociedad y en especial nuestra dirigencia en <b>sacar el adecuado provecho a este rotundo triunfo político y diplomático</b>.</p>
<p>La fragata Libertad no tendrá seguramente una formación de militares ghaneses pidiendo disculpas; rindiendo sus sables en respetuoso saludo ante el paso de la bandera de guerra de la unidad naval. Seguramente tampoco recibiremos un peso de indemnización. Aunque sí el mundo sabrá que fuimos víctimas de un acto ilegal, arbitrario e injusto.</p>
<p>Pero puertas adentro, nos debería servir a gobernantes y gobernados, para <b>redescubrir el</b> <b>valor de las estructuras profesionales de la Nación</b>. Hemos desarrollado en los últimos años una formidable capacidad innovadora intentando dar vuelta como a una media a las estructuras básicas de la Nación. Y tal vez sea bueno asumir que <b>no</b> <b>nacimos como sociedad jurídicamente organizada en 2003</b>. Traemos a cuestas 200 años de aciertos errores y horrores. Pero estos dos siglos nos han permitido también crear instrumentos jurídicos, técnicos y académicos que hacen por ejemplo que tengamos embajadores como la doctora Cerutti. Médicos talentosos que asombran al mundo con sus descubrimientos, arquitectos reconocidos, profesionales en cada campo de la ciencia, del deporte, del arte, etcétera.</p>
<p>Me preocupa cuando veo a tanto improvisado ocupando un cargo para el que no está preparado, <b>cuando se privilegia la afinidad política por sobre el interés de la Nación</b>. Cuando maneja la seguridad quien se formó para curar y cuando veo a nuestra <b>Prefectura Naval custodiando el Parque Chacabuco</b> mientras Gendarmería Nacional recorre la periferia del Puerto de Olivos.</p>
<p>Acabamos de tener un éxito rotundo sobre el que poca gente tomará el adecuado conocimiento, aprendamos de él; tal vez si en lugar de dinamitar el pasado, lo readecuamos al presente, podremos reforzarlo adecuadamente para proyectarnos al futuro.</p>
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