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	<title>Fernando Morales &#187; UNEN</title>
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		<title>¿Policía militar o militares policías?</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Sep 2013 11:30:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Finalmente de la mano de la gran tragedia electoral originada en esa suerte de encuesta nacional que fueron las <strong>PASO</strong> (toda vez que sacando a la agrupación <strong>UNEN</strong>, nadie las utilizó para dirimir en una interna los candidatos que competirán en octubre), <strong>el relato nacional comienza a borronearse </strong>en buena parte de su guión y lo que hasta ayer no era factible y en algunos casos ni imaginable, ahora termina siendo algo que siempre había estado en la mente y el corazón de nuestro tan particular gobierno nacional y popular para todos y todas.</p>
<p>Es así que pasamos de condenar la existencia de <strong>paraísos fiscales</strong>, a convocar a grandes evasores nacionales e internacionales a traer sus <strong>divisas</strong> y blanquearlas en nuestro sistema bancario sin mayores trabas. De la misma manera, puertas cerradas con siete candados para “desdicha” de acreedores que no supieron aprovechar las ventajas de nuestros generosos <strong>canjes de deuda</strong>, se abren ahora como por arte de magia para que los avaros de ayer recapaciten y se tienten con esta nueva y generosa oferta que estamos a punto de realizar.</p>
<p><span id="more-302"></span>Gobernadores tibios que merecían ser vomitados por Dios, realizaron una metamorfosis sólo comparable a la transformación del gusano de seda en mariposa, y su rostro sonriente empapela de norte a sur la provincia de Buenos Aires, escoltando al candidato oficialista y la presidente (a esa misma que hace un par de meses lo saludaba con fastidio).</p>
<p>Las exiguas arcas de la Nación, tan demandadas por exigentes planes sociales, <strong>desmedidos gastos propagandísticos</strong> e<strong> ineficiencia administrativa generalizada</strong>, se multiplicaron como los peces y panes de la Biblia (sin el error del presidente <strong>Maduro,</strong> por favor) y ahora permiten incrementar los mínimos no imponibles de la cuarta categoría, algo que la irresponsable oposición venía solicitando y que resultaba imposible hasta ayer nomas. Ni que hablar de la <strong>súbita preocupación oficial por la creciente inflación</strong>, esa por cuya culpa fueron multados (aunque luego eximidos por la justicia) los principales analistas y consultores económicos del país.</p>
<p>Si la crema de este postre es la <strong>masiva presencia de candidatos y funcionarios oficialistas en radios y canales de la demoníaca corporación mediática</strong>, la frutilla se las presento en el párrafo siguiente.</p>
<p><strong>Señoras y señores: la inseguridad existe, no es una sensación, no está amplificada por los medios</strong>, no tenemos las ciudades más seguras de la región, y lo que es peor, es absolutamente cierto que nos están matando peor que a perros, tanto sea por un portafolios lleno de billetes, como por un celular de alta gama, un par de zapatillas usadas o simplemente porque sí.</p>
<p>Y de la mano de esta última, trágica y tardía toma de conciencia gubernamental se viene a derrumbar quizás el bastión más emblemático de la “<strong>década ganada</strong>”: la tan declamada y ostentada <strong>separación definitiva, total y absoluta del instrumento militar de la Nación para ser empeñado en tareas de seguridad</strong>. Cuando en la tarde del pasado sábado, el teniente coronel <strong>Sergio Berni</strong> arengó militarmente a una enorme formación de gendarmes exhortándolos a esmerarse en su lucha policial contra el delito organizado, rematando sus palabras con un marcialmente impecable “subordinación y valor” muchos de los uniformados se quedaron pensando &#8220;y ahora, ¿qué respondemos?&#8221;. Sin lugar a dudas, el hombre se confundió de desfile. <strong>En  tiempos de paz los gendarmes no están para defender a la patria</strong> (tradicional respuesta militar ante ese requerimiento), <strong>a la patria la defienden los militares.</strong></p>
<p>Apremiados, yo diría apremiadísimos, por la creciente <strong>ola delictiva</strong> que jaquea a todo el país pero parece sentirse con más virulencia en las grandes urbes bonaerenses, <strong>el gobierno acaba de disponer replegar al grueso de la Gendarmería de las fronteras del noroeste del país</strong> para inyectarlas en calles y rutas del Gran Buenos Aires. Paralelamente, 4.500 efectivos militares (seguramente del Ejercito y de la Armada) pasarán a patrullar las fronteras terrestres y fluviales de la patria.<strong> Sí, amigo lector, leyó bien. Militares, los del sable y las botas, los que varias veces se levantaron contra el orden institucional</strong> (claro, eran otros, no éstos; siempre lo decimos pero nunca nos escuchan) <strong>y esos mismos a los que “Él” les dijo “no les tengo miedo”.</strong></p>
<p>Es muy probable que en los próximos días, enviados especiales circulen por los medios explicando que las leyes de Seguridad Interior y de Defensa han considerado la intervención de las fuerzas armadas en tareas de <strong>apoyo logístico</strong> a las operaciones de las fuerzas de seguridad. Prestar un radar, brindar transportación aérea, naval o terrestre. Inteligencia criminal e incluso recursos humanos especializados en diversas áreas, es algo que verdaderamente está previsto y por supuesto que está muy bien que así lo esté.</p>
<p>Pero al margen de lo que nos puedan decir, lo que está a punto de suceder es la afectación lisa y llana de miles de soldados para ejercer el <strong>control efectivo de fronteras secas y húmedas</strong>, y no para prevenirnos de un potencial ataque de fuerzas militares regulares de un Estado extranjero (eso dice la Ley de Defensa, ¿no?), sino para controlar y evitar la violación del territorio por parte de indocumentados, narcotraficantes, contrabandistas varios y tal vez, si hace falta, también para chequear los papeles de inocentes turistas o navegantes deportivos que surcan los ríos internacionales.</p>
<p><strong>¿Y cuál es el problema? Si me lo preguntaran a mí en lo personal, diría que casi ninguno. Chile, Brasil y Uruguay utilizan sus fuerzas armadas racional y acotadamente cuando las necesidades así lo indican.</strong> Recuerde, amigo lector, quién custodiaba la famosa pastera finlandesa de <strong>Fray Bentos</strong> durante la <strong>crisis con los ambientalistas argentinos</strong> o quiénes son los que, armados hasta los dientes, penetran en las temibles <strong>favelas</strong> <strong>brasileras</strong> cuando las cosas se salen de cauce. Si pensó en militares, acertó. El gran país del norte moviliza a su “guardia nacional” cuando alguna situación se sale de madre y la Estatua de la Libertad no se avergüenza por ello.</p>
<p>El problema evidentemente no radica en recurrir a las <strong>FFAA</strong> en situaciones de emergencia nacional de catástrofes o urgencias varias. El problema<strong> </strong>se presenta cuando luego de armar todo un andamiaje legal, comunicacional y hasta casi cultural apuntando en un sentido, necesitamos de pronto <strong>disparar la acción en sentido contrario.</strong></p>
<p>La Torá, El Nuevo Testamento y el Corán son claramente libros sagrados. Pero es recomendable que sean leídos con devoción en la sinagoga, la iglesia o la mezquita, según corresponda. Intercambiar los textos sagrados ubicándolos en los templos equivocados no augura buenos resultados.</p>
<p>Y precisamente nuestro gobierno suele ser particularmente fundamentalista para cumplir a rajatabla lo que las sagradas escrituras del modelo determinan para cada aspecto de la vida del país. Seguramente -aunque con muy probables reservas en el íntimo fondo de sus mentes y corazones- <strong>los militares marcharán a las fronteras, para hacer aquello que la ley dice que no deben hacer</strong>. Generales y coroneles de comando se pondrán paradójicamente a órdenes del teniente coronel médico <strong>Sergio Berni</strong>, <strong>primer militar argentino en manejar la seguridad nacional en democracia.</strong></p>
<p>Es muy probable que si aún queda una pizca de sentido común en nuestros dirigentes, <strong>se busque la forma para que el personal militar no se vea obligado a hacer la tarea policial en primera persona</strong>, tal vez un puñado de gendarmes o prefectos den la cara frente al migrante legal y las tropas sean reservadas para la vigilancia de los cientos y cientos de kilómetros de frontera no habilitada para el paso legal. Pero cuando llegue el momento de darle la voz de alto a un narcotraficante, contrabandista o polizón escondido en una barcaza fluvial, <strong>¿qué apoyatura legal tendrán esos hombres para no correr el riesgo de guiarse por un libro sagrado en el templo equivocado?</strong> <strong>Esperemos que finalmente luego de cumplir lo que les pidan, Dios y la patria no se lo demanden. Y si se lo demandaran, los argentinos tengamos buena memoria para recordar quién los envió allí.</strong></p>
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