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	<title>Fernando Morales &#187; Vasily Golovnin</title>
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		<title>Amores que matan</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Dec 2013 11:13:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Es muy cierto que frecuentemente la percepción de la realidad se ve alterada por nuestro propio estado de ánimo; situaciones delicadas se suavizan si nos ocurren en un contexto mayoritariamente favorable en lo personal, y problemas menores pueden agigantarse hasta el infinito si cuando acontecen estamos “mal parados” frente a la adversidad. Es así que analizar la “particular” realidad de nuestro país por estos días requiere, de quien efectúe ese análisis, una cuota de frialdad y abstracción no muy fáciles de conseguir. Como ejemplo me permito citar la definición que me dio hace pocos días, acerca de la relación con el poder político, una alta fuente militar: “<strong>estamos viviendo un idilio con el gobierno como hacía mucho que no se daba”</strong>. Sólo un par de días antes, camaradas de la misma fuerza aturdieron mis oídos con el desastre generalizado que aprecian en el manejo de la cuestión militar y de las fuerzas de seguridad. Citando como obvio y recurrente ejemplo la asignación de tareas no del todo claras en materia de seguridad interior.</p>
<p>Como solemos decir, los ciudadanos comunes (que venimos a ser todos, militares, civiles y -aunque ellos no lo crean- los políticos también) tienen cada mañana problemas tan variados y tan importantes que atender que no suelen contar con tiempo libre para detenerse a analizar aquellos temas que no impactan en su presente urgente<strong>. Nuevas preocupaciones afloran cada día y con más fuerza en todas y cada una de las áreas en las que el Estado tiene responsabilidad directa</strong> ya sea por acción u omisión. No sólo la inexistente defensa sino la educación, la salud, la seguridad, la política económica… y sigue la lista. Asumiendo entonces que todo lo que ocurre nos impacta más tarde o más temprano, en mayor o en menor medida e incluso aunque nos demos o no nos demos cuenta.</p>
<p><span id="more-381"></span>Es cada vez más perceptible que la actual conducción política del Estado nacional se encuentra -por decirlo de una manera elegante- “compartimentada” a un nivel tal en el que cada funcionario es una especie de isla (y como tal, precisamente asilado) del resto del equipo gubernamental. Sólo así se explica que, por ejemplo, el jefe de Gabinete niegue <strong>ayuda policial a la provincia de Córdoba</strong> mientras que el secretario de Seguridad (que oficia de ministro) estuviera disponiendo el envío de tropas a la misma provincia. <strong>Tampoco se entiende por qué el jefe de los recaudadores negó hasta el cansancio que se fueran aumentar las retenciones a las compras con tarjeta en el exterior, hasta pocas horas antes de proceder a hacer lo contrario.</strong></p>
<p>En la actividad de la que suelo ocuparme (la naval) por estos días se vivió un hecho sin precedentes: dos funcionarios nacionales dependientes de la misma cartera debían hacer uso de la palabra en un acto académico. Para sorpresa del público y de los organizadores del evento, el de mayor jerarquía dijo: <strong>“si este señor habla yo no lo hago”</strong>. ¿Quedó claro no? Ambos reportan al mismo ministerio, no hablamos de las habituales chicanas oficialismo-oposición. A ambos les pagamos un suculento sueldo para que ayuden a conducir la Nación. Y los dos juraron lealtad al modelo. <strong>¿Podemos esperar algún acuerdo de gobernabilidad con la oposición si la interna gubernamental llega a estos extremos?</strong></p>
<p>Ahora bien, nuestro país viene cargando desde hace muchísimas décadas (casi desde su propio nacimiento) con <strong>constantes procesos “fundacionales”</strong> que hacen que ante cada cambio de gestión gubernamental, todo lo hecho, producido o avanzado hasta ese momento entre en revisión y termine en algún momento siendo descartado y hasta en algunos casos demonizado. La historia argentina está llena de edificios demolidos antes de ser inaugurados, obras canceladas, acuerdos rotos, alineamientos internacionales desechados, etcétera. Recuerde, amigo lector, que <strong>según parece nuestro país se refundó en 2003</strong>, y nada de lo anteriormente construido (democracia incluida) parece tener valor alguno. Pero la actual conducción de la Nación ha llegado al extremo de cerrar ciclos dentro de su misma gestión.</p>
<p>No quiero abrumarlo con ejemplos pero con sólo repasar los nombres de buena parte del arco opositor actual nos toparemos con:<strong> Alberto Fernandez, Sergio Masa, Lavagna, Redrado, Losteau</strong> y sigue la lista. Nos alegramos porque se fue el malo de <strong>Moreno</strong>, como si este soldado del modelo hubiera hecho lo que quiso y no lo que le ordenaron. En fin, creo que usted entiende a lo que apunto. A la “exitosa” gestión de <strong>Garré</strong> en Defensa, la siguió la “exitosísima” <strong>gestión Puricelli,</strong> que trató de desandar todo lo hecho mal (según don Arturo) por su ineficiente antecesora. Entre otras cosas el nuevo ministro se ocupó prontamente de dar por tierra con todo el andamiaje logístico de emergencia, armado para contrarrestar la falta de nuestro único rompehielos, imprescindible para el abastecimiento de las bases antárticas transitorias y permanentes y para el recambio de las distintas dotaciones. Así fue que contrató a un costo elevadísimo los servicios de un buque no apto para la tarea antártica, dejando en serio riesgo de vida a decenas de argentinos, que debieron implorar a los dioses que el clima polar posibilitara un abastecimiento a cuentagotas de víveres y combustibles arrojados desde el aire, o provistos en forzados aterrizajes invernales.</p>
<p>Hay que destacar que si algo compartieron <strong>Garré y Puricelli</strong> fue el empecinamiento en mantener la reparación del averiado coloso en manos del<strong> taller naval Tandanor,</strong> que ya lleva varios años de infructuosa labor intentando poner en servicio al “<strong>Irizar</strong>”, sin medir costos y tiempos y con el particular orgullo que suele demostrar el funcionario a cargo del pseudoastillero estatal, quien se jacta de haber transformado al rompehielos en una fuente inagotable de trabajo para los argentinos. Sin decir que ya gastamos el equivalente a dos rompehielos nuevos. La llegada de <strong>Rossi</strong> al <strong>Ministerio de Defensa</strong> implicó un nuevo fin de ciclo, descartando lo actuado por Puricelli (que al parecer, según la gestión Rossi no fue tan impecable) y este año volveremos a contar con los servicios de un rompehielos ruso <strong>“Vasily Golovnin</strong>” que por la módica suma de 25 millones de dólares más gastos operativos de helicópteros y otras yerbas, intentará hacer que nuestros polares conciudadanos no deban temer por la falta de alimentos o insumos para calefaccionar sus heladas jornadas.</p>
<p>Es más que evidente que <strong>Córdoba</strong> nos queda más a mano que la base <strong>Marambio</strong>. Que la falta de electricidad en el<strong> Gran Buenos Aires</strong> es más acuciante que el racionamiento en el uso de los generadores eléctricos de la <strong>base Orcadas</strong> (esa <strong>que Puricelli rebautizó como</strong> “<strong>Ahorcadas</strong>”) y la falta de dólares en la “<strong>citi</strong>” nos impacte más que la friolera de dólares que se siguen escapando para intentar seguir manteniendo la celeste y blanca flameando en el polo sur; pero todo parece obedecer a un denominador común<strong>. La mala calidad de la gestión administrativa llega incluso más allá del signo político de los ocasionales gobernantes.</strong></p>
<p><strong>No podemos pensar racionalmente que quienes conducen el timón de la patria nos quieran hacer daño deliberadamente</strong>. No se pueden alegrar al ver que nos matan como a perros por robarnos un reloj de cien pesos, o un par de zapatillas usadas. No pueden reír por la falta de agua potable en el norte argentino; no los imagino brindando por los malos resultados que obtenemos en comparaciones educativas regionales, ni los veo organizando una fiesta para celebrar el 30% de “corrimiento de precios”. Entonces, si no estoy equivocado, si en el fondo son un montón de gente buena que trata de hacer lo mejor que puede, que nos quiere y nos respeta pero que no llega a acertar con la solución acertada para cada área de la gestión estatal<strong>, si el problema no es ni más ni menos que una manifiesta incapacidad para la gestión, ¿cómo hacer para que entiendan que al menos podrían pensar en pedir ayuda? </strong>Debemos tener cuidado; tal vez nuestros gobernantes coincidan en general con lo que ese alto funcionario militar me dijo y crean que el idilio no es sólo con los camaradas militares, sino con la sociedad toda. Si esto fuera así, me permito recordarles a nuestros funcionarios de todos los niveles que hay amores que matan.</p>
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		<title>Fito Paez, la Antártida y el Almirante Irizar: caprichitos muy caros</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Jun 2013 05:28:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Morales</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si hay algo que &#8211; al menos en teoría- es impecable en la administración de los recursos del Estado, es el sistema de contrataciones públicas, llevado a su casi perfección entre 1990 y 2000, época de gran cantidad de obras públicas y de una no menor cifra de escándalos políticos, judiciales y administrativos en materia de compras estatales y recientemente... <a href="http://opinion.infobae.com/fernando-morales/2013/06/25/fito-paez-la-antartida-y-el-almirante-irizar-caprichitos-muy-caros/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Si hay algo que &#8211; al menos en teoría- es impecable en la administración de los recursos del Estado, es el<strong> </strong><strong>sistema de contrataciones públicas,</strong> llevado a su casi perfección entre 1990 y 2000, época de gran cantidad de obras públicas y de una no menor cifra de escándalos políticos, judiciales y administrativos en materia de compras estatales y recientemente retocado mediante el decreto 893/2012 (recomiendo su atenta lectura).</p>
<p><strong>La creación del sistema denominado “Transparencia”</strong> al que se accede simplemente <em>googleando </em>“<strong>ONC</strong>” (<strong>Oficina Nacional de Contrataciones</strong>) es tan simple de entender que a poco de navegar sus páginas cualquier novel aspirante a contratista descubre cuáles son las condiciones que debe cumplir si desea vender un lápiz al Estado nacional, ofrecer un recital en una fiesta para todos y todas o reparar un rompehielos.</p>
<p>No es por cierto imposible trabajar legalmente para el Estado; inscribirse como proveedor, elegir el rubro o rubros en los que se ofrecen servicios, presentar balances, antecedentes y fundamentalmente demostrar cada cuatro meses mediante un certificado fiscal emitido por la <strong>AFIP</strong> que no se tiene deuda fiscal son las premisas básicas que, si no se cumplen (junto a otras ), deberían indicarle al aspirante a contratista que es mejor abstenerse.</p>
<p>Tan perfecto es el sistema que <strong>la propia Oficina Nacional de Contrataciones ha organizado reiterados cursos para funcionarios y contratistas</strong>, por los cuales todos los que alguna vez hemos Estado de uno u otro lado del mostrador estatal sabemos perfectamente cuáles son las reglas de juego.</p>
<p>Recientemente tomó estado público una<strong> </strong><strong>millonaria contratación por parte de la Secretaría de Cultura</strong> para contar con los servicios artísticos del cantante <strong>Fito</strong> <strong>Páez</strong>; no se hizo en forma directa con el cantante sino por intermedio de la productora artística<strong> </strong><strong>Siberia SA.</strong></p>
<p>La perfección del sistema de contrataciones al que aludimos permitió que a pocos minutos de conocerse los detalles de la contratación, <strong>cualquier ciudadano desde su PC pueda comprobar que Siberia SA no posee certificado de habilitación fiscal para contratar con el Estado</strong> (lo que no implica que sea evasora o nada por el estilo, simplemente <strong>no puede contratar porque no cumplió el trámite de solicitar la constancia fiscal de libre deuda</strong>) y lo que es peor es que esa empresa<strong> jamás se inscribió como proveedora del Estado</strong>. Lo que resulta bastante difícil de explicar es cómo habrá sido el pago a esta firma, ya que el sistema sólo habilita el depósito en cuenta corriente bancaria a proveedores registrados (recordemos que el sistema es perfecto).</p>
<p>La noticia escaló por la fama del protagonista más que por la suma involucrada (una nimiedad en comparación al gran derroche estatal) pero se suma a otros escándalos recientes en materia de contrataciones públicas, como por ejemplo<strong> </strong><strong>la bochornosa campaña antártica que insumió 90 millones de pesos</strong> <strong>contratados en parte con monotributistas y empresas intermediarias radicadas en el exterior</strong> con el triste agregado de que, a diferencia de Fito (que no defraudó a su público), el servicio contratado para atender a las bases antárticas fue pésimo.</p>
<p>Bueno es recordar que se debió licitar un servicio de transporte antártico, porque desde hace años el<strong> rompehielos</strong> <strong>Almirante Irizar intenta ser reparado con poco éxito en una dependencia estatal</strong> (<strong>Tandanor</strong>) que por más buena voluntad que detente por parte de obreros y directivos no es el lugar adecuado para una tarea de semejante envergadura si se lo compara con los también estatales <strong>Astilleros Río Santiago,</strong> ubicados -claro está- en el hostil territorio bonaerense.</p>
<p>Así las cosas, sean un par de millones o decenas de ellos, sea un recital de un par de horas o una reparación naval de 6 años, se trate de la intención de reemplazar el tradicional desfile y las canciones patrias por cantantes de rock ataviados con bolivarianos colores o de asegurar la subsistencia de cientos de argentinos haciendo patria en el continente blanco, <strong>todas estas contrataciones públicas tienen un denominador común que excede incluso a la primaria sospecha de corrupción. Satisfacen irracionales caprichos.</strong></p>
<p>Varios jefes y expertos navales recomendaron oportunamente a la entonces ministra <strong>Nilda Garré</strong> sobre la conveniencia de reparar el rompehielos en un astillero de envergadura como lo es <strong>Río</strong> <strong>Santiago</strong> (el astillero que construyó buena parte de los buques de la <strong>Armada, Fragata Libertad</strong> incluida).</p>
<p>Pero<strong> </strong><strong>el capricho ministerial determinó que el destino fuera otro y el gustito ya nos va a costar casi 1000 millones de pesos</strong> (dos rompehielos y medio). La gestión Garré acertó, no obstante, con la elección del reemplazo del averiado Irizar y durante varias campañas el buque ruso <strong>Vasily Golovnin</strong> cumplió su tarea con eficiencia y a un costo razonable. Pero su sucesor al frente del ministerio de defensa, <strong>Arturo</strong> <strong>Puricelli</strong>, quiso ponerle su impronta a la gestión y contrató a un buque apto para transportar automóviles pero totalmente inadecuado para la tarea requerida. Otro caprichito… el que por mucho que sea defendido por el actual ministro <strong>Agustín Rossi</strong>, tiene a la <strong>base Marambio</strong> al borde del colapso.</p>
<p>Falta saber ahora cuál habrá sido el funcionario que nunca llegó a ver desde una cómoda butaca de algún teatro a Fito Páez y se dijo así mismo “ahora que tengo la manija, lo contrato y listo&#8230; total con media hora de recaudación por impuesto al cheque, retenciones al agro, ganancias a la cuarta categoría o alguna pavada de esas lo pago&#8221;.</p>
<p>El anterior párrafo es una mera construcción imaginaria, pero sirve para graficar y para preguntarse cuáles serán los criterios de quienes manejan desde su área de acción los dineros públicos y para reflexionar sobre si realmente no lo estarán usando como si fuera propio.</p>
<p>Solemos escuchar más veces de lo que quisiéramos frases tales como “yo que les pago el sueldo”, “aquí les traje ayuda”, “voy a hacer esto, aquello o lo de mas allá” como si realmente estuviéramos conducidos por un grupo de mecenas que gentilmente nos abren su billetera para satisfacer nuestras necesidades primarias, secundarias y terciarias.</p>
<p>Y lo grave del asunto es que cuando se echa mano a lo que es de todos en forma irresponsable o delictual pero sabiendo que no es propio, puede surgir (tal vez) el arrepentimiento, el miedo a ser descubiertos y/o el temor al castigo judicial. <strong>Pero cuando se hacen tropelías administrativas y económicas con la convicción de que encima están bien hechas, estamos en problemas ya que ninguna barrera inhibitoria aplica a quienes no llegan a percibir la diferencia entre lo que está bien o lo que está mal</strong>, entre lo legal o lo ilegal.</p>
<p>Hace muchísimos años un superior me reprochó severamente por haber perforado un mamparo (pared) de mi camarote para colgar un retrato familiar: “No muchacho, eso no se hace”. Aunque me costó entenderlo, tenía razón. “Mi camarote” no era mío, era el lugar que el Estado nacional me brindaba para que pueda vivir dignamente mientras cumplía mi trabajo de marino, lo que es sustancialmente diferente.</p>
<p><strong>Serios problemas nos aguardan si los “timoneles de la Nación” siguen perforando los bienes y recursos del país</strong> con el mismo criterio con el que irresponsablemente perforé el mamparo de mi camarote, pero <strong>con el agravante de no contar con superior alguno que les diga “No muchachos, así no”.</strong></p>
<p>Y como el todo siempre es superior a alguna de las partes,<strong> </strong><strong>tal vez sea la ciudadanía la que deba advertir y corregir el error</strong>; en paz, en democracia, en libertad pero con absoluta severidad, antes de que por tanto perforar y perforar la Nación se vaya a pique.</p>
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