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	<title>Francisco Delich</title>
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		<title>Secreto y razón de Estado</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Feb 2015 09:31:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Delich</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[fiscal Alberto Nisman]]></category>
		<category><![CDATA[ley de lemas]]></category>
		<category><![CDATA[razón de Estado]]></category>
		<category><![CDATA[reelección indefinida]]></category>

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		<description><![CDATA[Las circunstancias  de la muerte del fiscal Nisman constituyen una doble tragedia, personal  y política que afecta a una familia y a una Nación, pero sobre todo al Estado argentino. Si finalmente fue un suicidio, y así lo establece la justicia que lo investiga, u obedeció a una oscura trama de lucha facciosa en las... <a href="http://opinion.infobae.com/francisco-delich/2015/02/14/secreto-y-razon-de-estado/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Las circunstancias  de la muerte del fiscal Nisman constituyen una doble tragedia, personal  y política que afecta a una familia y a una Nación, pero sobre todo al Estado argentino.</strong></p>
<p>Si finalmente fue un suicidio, y así lo establece la justicia que lo investiga, u obedeció a una oscura trama de lucha facciosa en las entrañas del Estado, habremos alcanzado, en ambos casos, un nivel de crisis moral y política que expone las peores pústulas al alcance de todas las miradas.<span id="more-34"></span></p>
<p>Durkheim nos enseñó, para fundar la sociología, que aun el suicidio es un fenómeno social. El más individual, el más íntimo de los actos humanos era un <i>fait social</i>  (escribo para no traicionar  su  lenguaje) que clasificaba en dos tipos: egoísta (anómico)  o altruísta. Entre ambos establecían el grado de integración, el tipo de solidaridad de una sociedad. Sociedades altamente integradas presentaban suicidios altruistas (por el honor, por la Patria, por Dios) o con bajo grado de solidaridad, suicidios anómicos.</p>
<p><strong>Si suicidio hubo, fue un suicidio anómico, cuya víctima es un testimonio de la descomposición social y política. Si asesinato hubo, estableció definitivamente el extremo de una sociedad transgresora,</strong> dirigida por transgresores, identificados en una cultura transgresora. Una cloaca a cielo abierto  que se abate sobre el país.</p>
<p>Si es un crimen faccioso, alcanza el núcleo duro del Estado, el secreto y  la razón de Estado. Zona gris, donde las restricciones morales retroceden ante las necesidades del poder, donde las normas legales son lábiles,los intereses poderosos, el dinero fluye sin control. En ambos casos golpean el orden estatal. El Estado implosiona, la sociedad civil se acurruca.</p>
<p>¿Tan grave?  Tan grave. En treinta años hemos discutido como cualquier sociedad democrática los límites del Estado en relación al mercado y a la sociedad civil. Partidarios del Estado mínimo y partidarios del Estado máximo. Republicanos y demócratas. Populistas y liberales. Católicos y laicos.</p>
<p>Pero la subordinación del gobierno al Estado federal pareció consolidarse lentamente aunque las chicanas nutrieron la práctica del gobierno nacional, gobiernos provinciales y municipales retorciendo las leyes como rábulas consuetudinarios: la ley de lemas, la reelección indefinida entre otras trampas que aún limitan  y lastiman la voluntad popular. Los atajos, las excepciones propias de una cultura política cerril y a veces violenta. Ahora retrocedemos.</p>
<p>¿Tan grave? Tan grave como cuando durante la presidencia de Menem el Estado traficó  armas, y cometió un crimen para ocultar su responsabilidad, defraudó la confianza de países hermanos. El gobierno subordinó el Estado a intereses bastardos. Herida abierta en la dignidad del Estado argentino, crímenes aún impunes.</p>
<p>¿Tan grave? Tan grave, como la crisis de 2001 que abrió un período de emergencia que aún perdura, otorgando poderes excepcionales al gobierno para resolverla. Pero lentamente y año tras año el gobierno Fernández de Kirchner fue avanzando sobre el Estado sin resolver la crisis desatada entonces, pero ampliando su espacio de poder.</p>
<p>Pocos repararon- en su momento- en el juramento nacional y popular del actual Jefe del Ejército. <strong>Por primera vez en democracia un jefe militar cambiaba la fórmula de juramento al Estado por el juramento a un gobierno.</strong></p>
<p>No estamos ante una política de gobierno estatista (que también la hubo) sino ante la disolución del Estado, <strong>porque ha sido afectada la razón de Estado, su razón de ser</strong>. Es el Estado comprometido en una madeja de mentiras, obscenidades y corrupción que involucra  a jueces, fiscales, políticos, periodistas, a las elites en su sentido más amplio.</p>
<p>¿Tan grave? <strong>Tan grave cuando ciudadanos argentinos ofrecen sus servicios a un gobierno extranjero</strong>, entregan información confidencial o clasificada a cambio de dinero o por razones ideológicas (o ambas), a un Estado reaccionario ubicado en las antípodas de la democracia laica argentina.</p>
<p>Reconstruir el Estado, limpiar la basura esparcida, recuperar la decencia no se logrará conspirando en la sombras sino en la confrontación  transparente, política y electoral de frente al pasado y al futuro. Y votando.</p>
<p><strong>Vivimos un punto de inflexión en la democracia argentina, el momento oscuro de su mayor fracaso en treinta años. Es también una oportunidad de repensar la cultura política transgresora que nos persigue como una sombra alegre y maldita a la vez.</strong></p>
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		<title>Elogio del Pacto de Olivos</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2014 10:20:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Delich</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Menem]]></category>
		<category><![CDATA[José Boglich]]></category>
		<category><![CDATA[pacto Peron-Frondizzi]]></category>
		<category><![CDATA[pacto Roca-Runciman]]></category>
		<category><![CDATA[peronismo]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Alfonsín]]></category>
		<category><![CDATA[Reforma constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[UCR]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestra cultura política, escasamente sofisticada, tiene entre sus rasgos mayores el desprecio por la negociación política y a la consecuencia natural de estas –los pactos o consensos políticos- como sinónimos del mal. Los calificativos morales (traición, mentira), sociales (ilegitimidad) y estéticos (monstruosos) acompañan el concepto pacto en cualquier tiempo, lugar y  naturaleza: religiosos, políticos o... <a href="http://opinion.infobae.com/francisco-delich/2014/10/17/elogio-del-pacto-de-olivos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Nuestra cultura política, escasamente sofisticada, tiene entre sus rasgos mayores el desprecio por la negociación política y a la consecuencia natural de estas –los pactos o consensos políticos- como sinónimos del mal.</p>
<p>Los calificativos morales (traición, mentira), sociales (ilegitimidad) y estéticos (monstruosos) acompañan el concepto <i>pacto</i> en cualquier tiempo, lugar y  naturaleza: religiosos, políticos o económicos. Suena extraña la invocación principista en políticos duchos en esquives, ambigüedades y confusiones morales, pero es frecuente en la práctica.</p>
<p>Nuestra cultura política que marcó el siglo XX (a diferencia del siglo XIX) hizo del repudio generalizado de los pactos, de cualquier pacto, un estandarte de acción; pero no hubo reparos en pactar el derrocamiento de gobiernos legítimos al que los partidos políticos acudieron entre 1930 y 1983. <strong>Urdieron alianzas tácticas de corto plazo para el golpe de Estado pero rechazaron pactos estratégicos para consolidar las instituciones.<span id="more-27"></span></strong></p>
<p>La política es el arte de la negociación y el acuerdo, de la defensa de intereses y puntos de vista. La democracia es el marco de esa negociación. Tanto mayor el carácter democrático de las instituciones y de las prácticas tanto más fácil y fructífera la acción de la sociedad civil.</p>
<p>Tenemos historias de pactos considerados inmorales o de consecuencias funestas. Entre los primeros <strong>el pacto Perón-Frondizzi que le permitió a éste alcanzar la presidencia, poner en marcha el más ambicioso proyecto de desarrollo nacional de la segunda mitad del siglo XX y devolver al peronismo a la legalidad.</strong></p>
<p>Y mucho más atrás en el tiempo el <strong>pacto  Roca-Runciman que salvó la producción agropecuaria argentina manteniendo el mercado británico abierto</strong> según explicó  José Boglich, el más radicalizado de los dirigentes socialistas de la época y consecuente opositor del gobierno de Justo.</p>
<p><strong>El pacto de Olivos</strong> combatido enconadamente por la oposición de disidentes peronistas agrupados en el Frente Grande y disidentes radicales que tuvieron en Fernando de la Rúa su figura más emblemática ( y su primer beneficiario). <strong>Y una formidable campaña mediática negativa </strong>que siguió durante la convención constituyente y después.</p>
<p>Los opositores más encarnizados del pacto de Olivos y de la Reforma son ahora sus defensores más vigorosos. Sin embargo <strong>el pacto de Olivos sigue siendo demonizado en el viejo estilo de la política encerrada en el faccionalismo.</strong></p>
<p>También yo pensé por entonces que el pacto de Olivos (cuya gestación era pública) y la reforma de la Constitución era una pantalla para la reelección del presidente Carlos Menem. A fines de noviembre (1993) una hubo reunión del Comité Nacional para elegir al Presidente del partido con un único candidato, Raúl Alfonsín.</p>
<p>Había sido electo primer delegado titular de la UCR (Córdoba) al Comité Nacional y con el gobernador Angeloz viajando en Alemania no lo votamos. Todavía no termino de lamentar aquella abstención -y sospecho que Angeloz tampoco-.</p>
<p>En mi caso formaba parte de los astutos (sic) intelectuales que había descubierto (sic) que la Reforma serviría para la reelección de Menem. <strong>Me oponía y escribí una carta –como corresponde-para dejar constancia</strong>. Meses después me crucé con Raúl Alfonsín, convertido en Presidente del partido; me miró- sospecho ahora que con lástima- y cuando reiteré que sólo se trataba de la reelección de Menem- dijo escuetamente “por supuesto, pero Menem durará cuatro años y la Constitución cien”. Para mí fue suficiente: dejé a los astutos con su astucia y me sumé a los tontos que le creyeron.</p>
<p>Alfonsín era de los pocos dirigentes que querían y creían en la democracia que contribuyó decisivamente a construir. Y ahora releyendo el largo capítulo que dedica en su “Memoria Política” (2004, FCE) cuando la Constitución ha cumplido solamente veinte años y aprecio la <strong>reivindicación federal de la propiedad del subsuelo, las limitaciones al presidencialismo, </strong>la creación del Consejo de la Magistratura, la ampliación de los derechos, entre otras innovaciones importantes, advierto mejor la baja calidad de cultura política que no termina de digerir y potenciar las nuevas normas encerrada en miradas mezquinas y de corto plazo.</p>
<p>Alfonsín recuerda que su convicción de reformar la Constitución era parte de la <strong>refundación de un Estado Federal, Republicano y Democrático</strong> listo para convivir en el mundo del planeta del siglo XXI. Para eso había creado el Consejo para la consolidación de la Democracia desde 1987 y consensuado allí no pocos acuerdos que se convirtieron en decisiones constitucionales en 1994. No había improvisación  en 1993, si no la dura comprobación de la imposibilidad de llevarla a cabo durante su gestión. La oportunidad se abrió en 1993.</p>
<p>El pacto de Olivos, tan demonizado, era la condición necesaria de un pacto que peronistas y radicales ofrecían al futuro. Para firmarlo  “<i>debíamos superar dogmatismos absurdos; ya había terminado en el mundo la era de las convicciones absolutas, de los mesianismos y de los historicismo fáciles”· </i>Justo con el final anticipado de su mandato había terminado la guerra fría y una oportunidad de convivencia se abría en América Latina. (Alfonsín 2004:159) Así lo entendió el Presidente de la democracia.</p>
<p>La vigencia de los pactos que permitieron la unidad del Estado-Nación después de la lucha fratricida entre unitarios y federales, se estableció en la propia Constitución de 1853-60 para fundar el Estado y reza desde entonces así: &#8220;&#8230;<i>en cumplimiento de los pactos preexistentes…</i> &#8221;</p>
<p><strong>El pacto de Olivos es ahora un pacto preexistente</strong>. Su fórmula  fue extremadamente original y práctica a la vez: un pacto para respetar los principios fundamentales de la CN histórica, un acuerdo para modificar y actualizar sus institutos y libertad para disentir e innovar.</p>
<p>La Constitución de 1853 fue aprobada en el marco del final de una guerra civil cuando la República se estaba inventado y la democracia era una utopía, cuando la ciudadanía era un derecho pero no una práctica. El pacto de Olivos fue avalado y legitimado por el setenta por ciento de los ciudadanos argentinos que desafiaron al poder mediático, a los conservadores autoritarios que habían adherido a los golpes de Estado durante medio siglo, a los supuestos progresistas que retroceden frente a las oportunidades de transformación.</p>
<p>El pacto de Olivos demostró que <strong>un acuerdo de los dos partidos más populares del siglo XX era capaz de pensar y refundar el Estado, superar en visión de futuro a las elites del puerto, y encaminarse a afrontar el mundo globalizado.</strong></p>
<p>La UCR pagó el costo de aquel pacto y fue humillado electoralmente en 1995. El peronismo también: debió aceptar que la Constitución de 1949, de decisivo valor simbólico fuera borrada de la historia institucional de la propia CN.</p>
<p>Pero la historia posterior comienza a mostrar que, si el impacto positivo en las  instituciones no es aún completo, es porque encuentra su límite en la cultura de la intransigencia. <strong>Si todavía no se utilizan sus mecanismos que permiten mejorar la convivencia y fortalecer la democracia, si el Congreso no puede sancionar aún una ley de coparticipación federal prevista en la reforma de 1994, no se debe al pacto de Olivos</strong> <strong>sino a la dificultad de negociar un acuerdo político</strong> para saltar del federalismo asimétrico, a un sistema federal que tienda a la equidad regional.</p>
<p>Es exactamente a  la inversa: <strong>habrá una nueva ley acorde con una nueva práctica política, cuando un pacto generoso abra las puertas al desarrollo equitativo de todo el país</strong> y se cumpla el sueño de una Constitución inclusiva. <strong>Tendremos una mejor práctica institucional cuando asumamos que la democracia es siempre consenso y disenso, mayoría y minoría, conflictos y luchas, pactos y rupturas</strong>. Y hagamos del pacto de Olivos, uno de los símbolos de la democracia recuperada.</p>
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		<title>La reforma que no fue</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Apr 2014 09:49:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Delich</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Democracia]]></category>
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		<category><![CDATA[Ley de reordenamiento sindical]]></category>
		<category><![CDATA[Ley Mucci]]></category>
		<category><![CDATA[Raúl Alfonsín]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Se cumplieron en estos días treinta años desde el voto negativo del Senado (un voto) que impidió la sanción de la ley de reordenamiento sindical, aprobada previamente en Diputados, que el presidente Raúl Alfonsín había enviado al Congreso el 16 de diciembre de 1983, apenas seis después de asumir su mandato constitucional. Se titulaba “ley de reordenamiento sindical y régimen electoral”. Sin embargo,<strong> esta no-ley sería conocida desde entonces como ley Mucci, apellido del primer ministro de Trabajo del gobierno de la democracia.</strong></p>
<p>En sus dos primeras semanas de gobierno Alfonsín puso en marcha el núcleo duro de su proyecto democratizador: el 13 de diciembre la democratización de la Universidad, el 16 la democratización sindical y el juicio a las juntas militares del proceso iniciado en1976. Los sindicatos se encontraban en una de estas cuatro situaciones: estaban intervenidos, a cargo de comisiones provisorias, en proceso electoral o con prorroga de mandatos. El proyecto establecía una convocatoria general a elecciones de autoridades previa elección general de delegados. Una revolución democrática para superar los acuerdos con la dictadura cuando los hubo, reincorporar a la vida sindical a los perseguidos y exiliados, devolver pluralismo ideológico a la vida sindical.</p>
<p>Los propósitos de la ley estaban claramente enunciados en la exposición de motivos y en el texto: democratización institucional, participación de los afiliados, defensa de los intereses profesionales de los trabajadores, respeto por las minorías, organización federativa, personería gremial al sindicato más representativo, un régimen electoral transparente que incluía la licencia gremial para todos los candidatos durante el período preelectoral.<br />
Se prohibía la reelección indefinida de los dirigentes. Se permitía una reelección tras un mandato de tres años. Luego era posible otro mandato dejando transcurrir un período. Se incorporaban las minorías a la conducción cuando hubiesen obtenido el 25% de los votos. Se prohibían los descuentos compulsivos y el desvío de fondos a los partidos políticos, se establecía control del Ministerio de Trabajo (y eventualmente judicial) judicial de las decisiones y de la contabilidad. Las entidades de segundo grado no podían rechazar la afiliación de entidades de primer grado que así lo demandasen, tampoco podrían intervenir a las entidades de primer grado que hubiesen aceptado</p>
<p><strong>Treinta años después la Argentina sigue siendo un país que no respeta la libertad sindical y mantiene la vigencia de cúpulas sindicales que los conducen sin interrupción desde los comienzos del régimen democrático o antes.</strong> Alguno, un notorio colaborador. Los sindicatos no aceptan ni la alternancia ni las minorías, ni la pluralidad de ideas. Desde 1946 en adelante los sindicatos adhirieron al peronismo mayoritariamente e impidieron cualquier reforma que arriesgue su hegemonía ideológica. Navegaron las dictaduras, negociando cuando era posible y enfrentando cuando necesario. Navegan la democracia con similar estilo.<br />
La utopía alfonsinista de 1983 no ha sido retomada por ningún partido político -con la excepción del Partido Obrero y aliados-, ni siquiera por la Unión Cívica Radical cuando se preparan las plataformas electorales para las elecciones presidenciales de 2015 ¿Deberían hacerlo?</p>
<p>Los sindicatos han mutado como la propia sociedad argentina. La clase obrera urbano industrial pertenece a la órbita legal, al sesenta por ciento de la sociedad cuya estratificación y acción se configuran en el interior del Estado. <strong>El otro cuarenta por ciento está fuera: son parte de la economía informal y allí se encuentran los trabajadores que no tienen ni sindicatos ni reconocimiento, la masa de informales, los pobres, los marginales.</strong> <strong>Los sindicatos ahora representan a los incluidos, a los integrados, a los obreros y empleados que se confunden con la baja clase media.</strong> Los sindicatos que erradicaron a comunistas y socialistas (con indisimulado apoyo estatal) y declararon el fin de las ideologías, disputan ahora poder político en democracia: ofrecen un sólido aparato electoral (que respeta exclusivamente consignas que atienden su bienestar) a cambio de conservar el statu-quo de la organización.</p>
<p>Los dirigentes sindicales son así auténticos CEO´s, gerentes de grandes organizaciones articuladas con el sistema financiero, comercial, comunicacional y naturalmente con el aparato industrial (urbano y rural) del país. Pragmáticos e instrumentalmente solventes, la democracia interna y la alternancia constituyen piedras en el zapato pero ningún desafío histórico. En este contexto ¿a quien interesa la democracia sindical que soñó Raúl Alfonsín en nombre de un concepto de democracia sustentada en sujetos e instituciones democráticas? También en la memoria, en el recuerdo, de tantos caídos en las luchas de la clase obrera argentina, de ácratas y socialistas, de libertarios, perdidos en la bruma del siglo XX. Estoy seguro que puedo señalar a quién no le interesa la democracia sindical ni la libertad de sus organizaciones. <strong>Pero me gustaría creer que los jóvenes que nacieron en democracia, sienten que hubo en 1983, un proyecto derrotado en el parlamento que merece sobrevivir en la inacabada construcción del sujeto democrático.</strong></p>
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		<title>Suerte, señora Bachelet</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Dec 2013 11:45:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Delich</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ha querido el azar que dos mujeres pertenecientes a la misma clase social y a la misma familia militar, se enfrenten electoralmente compitiendo por la presidencia de la República de Chile el pasado 15 de diciembre. Ofrecieron dos opciones para saldar una deuda de cuarenta años abierta con el derrocamiento de Salvador Allende seguida por... <a href="http://opinion.infobae.com/francisco-delich/2013/12/25/suerte-senora-bachelet/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr">Ha querido el azar que dos mujeres pertenecientes a la misma clase social y a la misma familia militar, se enfrenten electoralmente compitiendo por la presidencia de la <strong>República de Chile</strong> el pasado 15 de diciembre.</p>
<p dir="ltr">Ofrecieron dos opciones para saldar una deuda de cuarenta años abierta con el derrocamiento de <strong>Salvador Allende</strong> seguida por la tortura y muerte del general <strong>Bachelet</strong> a manos de sus camaradas, entre ellos <strong>Mathei</strong>, el padre de <strong>Evelyn</strong>, candidata derrotada en estas elecciones.</p>
<p dir="ltr"><strong><span id="more-17"></span>Bachelet a la cabeza de una coalición de centroizquierda, Mathei liderando una coalición de centroderecha,</strong> aspirante a suceder en el poder a <strong>Sebastián Piñera</strong>. Ha ganado en segunda vuelta la candidata del<strong> partido Socialista Chileno,</strong> heredero legítimo de Salvador Allende.</p>
<p dir="ltr">¿Una rutina el cambio de gobierno en la democracia chilena? No me parece. <strong>Esta elección es una ruptura</strong> -veremos cuán importante en los próximos años- en la transición a la democracia que inauguró el demócratacristiano <strong>Alwyn</strong> en 1989.</p>
<p dir="ltr">Como estoy sosteniendo la transición argentina fue no pactada. Por el contrario en <strong>Chile</strong> la transferencia de poder fue larga, compleja y pactada. Las<strong> Fuerzas Armadas de Chile</strong> (<strong>FACH,</strong> en adelante) impusieron no solamente un modelo económico fortaleciendo el mercado y la apertura de su economía, sino también un modelo social y educativo consistentes.</p>
<p dir="ltr">Un Estado muy fuerte -como siempre tuvo Chile desde su independencia- abrió las compuertas de la actividad política democrática bajo la tutela de las FACH, que mantuvieron el cobre en manos del Estado pero redituando parte de sus beneficios directamente a las FACH, las mejor equipadas de la región.</p>
<p dir="ltr">El pacto implícito entre<strong> los vencedores y los vencidos de 1973</strong> tuvo por lo menos dos condiciones: la vigencia del modelo económico libre y abierto, modelo social disciplinado y modelo educativo competitivo en el mercado.</p>
<p dir="ltr">La condición política establecía la exclusión del Partido Comunista de cualquier participación. Casualmente la guerra fría concluía con la disolución de la <strong>Unión Soviética</strong> en el mismo momento en el cual Chile recuperaba la democracia. Sin embargo, el anticomunismo de <strong>Pinochet,</strong> con claras raíces en la doctrina de la seguridad nacional, estableció un sistema de elección denominado binominal que impedía la elección de representantes comunistas.</p>
<p dir="ltr">Así funcionó hasta ahora. Los últimos presidentes de la <strong>Concertación</strong>, <strong>Lagos</strong> y <strong>Bachelet,</strong> fueron electos en segunda vuelta con los votos del Partido Comunista que no ingresó, sin embargo, en sus gobiernos. Como en <strong>España</strong> o <strong>Italia,</strong> <strong>el Partido Comunista ayudaba a ganar pero no a gobernar.</strong> Ayudaba a la Concertación a acceder al gobierno pero no colaboraba en su gestión.</p>
<p dir="ltr">El gobierno de Piñera tuvo en el espacio social educativo la primera protesta social de envergadura, la movilización de los estudiantes secundarios inicialmente y universitarios luego que desafiaron el orden disciplinario implícitamente aceptado por la Concertación.</p>
<p dir="ltr">Estas protestas encontraron eco en la sociedad chilena: <strong>el desparpajo de los estudiantes atrajo simpatías</strong> y <strong>despertó</strong> <strong>reflejos</strong> <strong>antiguos</strong> en una sociedad que sabe más que otras de la inequidad social porque no se mide en estadísticas de ingreso sino en el trato desigual: paternal a veces, distante y jerarquizado siempre.</p>
<p dir="ltr">La <strong>educación chilena de mercado</strong> dejó a las universidades públicas sin presupuesto, abiertas pero carentes de medios para investigar, ajenas a la formación de élites plurales mientras colegios y universidades privadas competían con fortuna -y por fortunas- en el mercado. <strong>En el Chile actual el modelo económico, social y educativo son perfectamente consistentes.</strong></p>
<p dir="ltr">Es esta consistencia la que ha sido cuestionada por las movilizaciones estudiantiles y sociales. Son estas reivindicaciones contra un modelo puro y duro las que explican el amplio triunfo de Bachelet, pero advierten que los defensores del modelo vigente han logrado un muy aceptable 34% de votos conservadores.</p>
<p dir="ltr">En estos cuarenta años pasados Chile está dejando el subdesarrollo si es que no lo dejó atrás, dicen los partidarios del modelo. Ricardo Lagos casi terminó con la <strong>indigencia</strong> y redujo la <strong>pobreza,</strong> Bachelet continuó evitando que la pobreza se incrementara; nadie puede confundir los gobiernos de la Concertación con estrategias neoconservadoras pero <strong>no pudieron evitar que Chile siga siendo un país desigual e inmóvil</strong>.</p>
<p dir="ltr">El regreso del Partido Comunista pequeño y activo no alarma a nadie pero es apenas la punta del iceberg social. La nueva mayoría de la presidenta Bachelet todavía no asumió el gobierno y los signos, las voces de los vencedores comienzan a empujarla.<strong> Bachelet sabe.</strong> Es una mujer templada en la derrota de Allende, en el exilio, en la militancia socialista, en la pérdida de su padre y en el ejercicio presidencial, escuela suprema de la política.</p>
<p dir="ltr"><strong>Bachelet siente y sabe que ha llegado la hora de la democracia sin tutores. Sabe que está sola y a solas con la historia. Tal vez sabe cómo hacerlo.</strong></p>
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		<title>La noche del diluvio</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Dec 2013 11:05:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Delich</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La ciudad de <strong>Córdoba</strong> está asustada. Regreso al barrio el viernes cuando la actividad es normal, los gendarmes  esperan y los policías se desplazan en sus patrullas. Paso el por el mercadito donde &#8220;El Extenso&#8221; se prepara para ir al Kempes donde Belgrano cierra su campaña de este 2013. Aparece Don Salvador, que antes de darme la mano dice “<strong>aquí llovieron negros de mierda</strong>”. Aquí los amigos no se besan, solo la mano, una palmada y acaso un abrazo si las circunstancias ameritan. “Pará”, dice &#8220;El Extenso&#8221;<i> </i>que está llegando apurado, “de mierda eran pero negros para nada”, apretando  fuerte las dos manos extendidas. “Aquí no entraron”, agrega, mientras su mujer que lo adora desde hace cuarenta años me mira y dice “se cagaron de miedo cuando lo vieron”. Es probable porque su estatura y peso son peligrosas para cualquier desafío y con un cuchillo de fiambrería en la mano puede dañar al mejor plantado. Los esperó en la puerta, su hijo mayor llegó con un rifle del 22, el del medio sin nada en las manos, solo con su metro noventa y cara de barra brava celeste, suficientes para que siguieran de largo y vaciaran la farmacia desguarnecida de veinte metros más  adelante donde lo que no se robó se destruyó.</p>
<p>Salvador, el solitario adherente a la Ucedé en el barrio, insiste: “<strong>era como el Cordobazo</strong>” y otra vez, ahora con ironía, &#8220;El Extenso&#8221; lo corrige: “seguro escuchaste los tiros que venían del Clínicas cuando desfilaban las tropas, ¿no? ¡Vamos! ¿No lo viste al &#8216;Piraña&#8217;?”, le dice mirándome. Salvador no lo conoce pero yo lo recuerdo bien, jugaba con nosotros. Y agrega: &#8220;no se dedica más a la quiniela, pasó en un Volvo negro impresionante de vidrios polarizados&#8221;. “Lo vi, lo miré de frente y él también miró. Detrás una Hilux flamante con diez guasos desconocidos. Siguieron de largo”.</p>
<p>&#8220;¿El &#8216;Piraña&#8217; jefe?&#8221;, pregunté incrédulo. &#8220;No sabemos, pero con el Volvo distribuye. Todos saben&#8221;. ¿<strong>La policía protegiendo narcos</strong>? Nunca antes. <em>Nadie, nunca, nada</em> para decirlo como <strong>Juan José Saer</strong>. Hasta que un periodista se animó, un fiscal miró y comenzaron prisiones y retiros. <strong>Una parte de la policía tiene la cola sucia</strong>.</p>
<p>La policía de Córdoba fue, incluso durante el régimen militar, respetada llegando a enfrentarse a la Policía Federal después del Cordobazo; tuvieron siempre bajos salarios y algunas veces se enojaron y acuartelaron. Pero esta vez fue otra cosa: <strong>las bandas que asolaron la ciudad eran ordenadas</strong>: la vanguardia encabezada por delincuentes profesionales seguidos por la infantería de <i>lumpen, </i>la caballería en motocicleta y tras ellos oportunistas y espontáneos. <strong>Un auténtico ejército anómico.</strong> El territorio liberado fue una condición de acción.</p>
<p>La gente está asustada. Lo percibo en la mirada y en la tensión de los cuerpos. El susto aparece después del miedo en gente que no suele tener miedo, acostumbrados a todas las batallas de la vida, a perder y ganar sin lagrimear. El susto es otra cosa, un reflejo, una mirada hacia los próximos, hacia un horizonte incierto, una intuición de totalidad que posterga el momento o lo confunde con otros momentos. Aquí no existe la historia, solamente la memoria que la precede y sostiene. <strong>Lo que nunca pasó y no debió ocurrir se vivió intensamente y los fragmentos de vida vividos salpican mucho más que los vidrios rotos.</strong></p>
<p>Justo, el hijo mayor (cuyo nombre está en el santoral celeste del barrio Alberdi por el inolvidable <i>insider </i>de los años sesenta que nos deslumbró cuando niños), quedará a cargo del negocio. Su hermano gigante duerme: ha pasado toda la noche velando el negocio con su hermana, que no sabe de deserciones. El menor irá a la cancha, pero todos estarán atentos. ¿Exagerados?  Para nada, no saben de miedo, no tienen miedo pero estarán listos.</p>
<p>No puedo acompañarlos a la cancha, explico, debo atender una tesis en la universidad, digo para disculparme. Me mira y &#8220;El Extenso&#8221;<i> </i>me fulmina con solemnidad: “siempre te dije -memora- que la universidad es un obstáculo a la inteligencia”. &#8220;Y también al amor&#8221;, agrega la Pocha, su mujer, al amor a la camiseta.</p>
<p>¿Se acuerdan de <strong>La Calera</strong>? Fue el <strong>primer operativo montonero</strong>: coparon la comisaría, les hicieron cantar la marcha peronista, el banco, tomaron el pueblo entero y se fueron. A comienzos de 1978 además de construir un estadio para el mundial de fútbol, el gobierno provincial decidió erradicar las villas miserias próximas y no tanto. Camiones militares cargaron los villeros y los depositaron aquí en La Calera con sus manos como estandarte de protesta y auxilio. La Calera dejo de ser lo que su nombre indica pero sigue siendo un paso en el bello recorrido que corre entre la capital y el dique San Roque, la puerta grande a las sierras chicas. <strong>Suburbio de Córdoba alimentado por migraciones internas y externas el pueblo creció como pudo compartiendo villas y barrios cerrados, dormitorio de trabajadores de la capital y vecinos que defienden sus espacios.</strong> Hacía años que no me detenía a saludar a antiguos compañeros y amigos de la vida. Cuento lo que escuché. Una horda no demasiado numerosa pasó por La Calera destruyendo sin saquear. No necesitaban robar solo asustar como acostumbran los mafiosos en todo el mundo. Para asustar a los vecinos, a los ciudadanos, a los periodistas, a los jueces y a la propia policía. La casualidad aquí es una línea recta. A pesar de tantos doctores la ciudad se sorprende porque lo sucedido no debió suceder, no cabe en la representación social ni en la identidad local. Acaso por no recordar que entre las hordas y la modernidad, la historia de las civilizaciones  no muestra  ninguna evolución lineal, solamente ha conocido avances y como ahora, retornos a la incivilización.</p>
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		<title>Un aporte a la reconstrucción de nuestro pasado</title>
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		<pubDate>Sat, 04 May 2013 10:54:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Delich</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[El reciente fallecimiento de Margaret Tatcher reactualiza para los argentinos la guerra de Malvinas y para los súbditos ingleses, irlandeses, escoceses y galeses el efecto devastador de las políticas neoconservadoras. Única responsable del ataque nuclear al crucero general Belgrano que navegaba fuera de las aguas comprometidas en el conflicto y de la muerte de 628... <a href="http://opinion.infobae.com/francisco-delich/2013/05/04/un-aporte-a-la-reconstruccion-de-nuestro-pasado/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El reciente fallecimiento de <strong>Margaret Tatcher</strong> reactualiza para los argentinos la guerra de <strong>Malvinas</strong> y para los súbditos ingleses, irlandeses, escoceses y galeses el efecto devastador de las políticas neoconservadoras. Única responsable del ataque nuclear al <strong>crucero general Belgrano</strong> que navegaba fuera de las aguas comprometidas en el conflicto y de la muerte de 628 argentinos.</p>
<p>Sobre aquel conflicto desigual mucho y bueno han producido los académicos -historiadores, politólogos, juristas-, pero las novelas históricas, cuentos y relatos aportan con la imaginación miradas distintas que contribuyen a establecer nuevas dimensiones, parámetros que reúnen el corazón a la razón, la sensibilidad al juicio.</p>
<p><strong><em>Kelperland</em></strong>, novela publicada <strong>Daniel Santa Cruz,</strong> se sumerge en las consecuencias no queridas, en los daños colaterales, aquellos que acompañan para siempre a los actores, que reúnen el azar a la necesidad, que sobreponen las coincidencias a las determinaciones.</p>
<p>Es la ventaja de los relatos literarios sobre las ciencias sociales: los espacios son mayores, los territorios infinitos y los actores circulan en esta topología desconocida sujetos a su memoria implacable y a la circulación de extraños que viven un tiempo diferente pero en un espacio limitado.</p>
<p><strong>Marcados por el destino común de muerte, derrota y humillación la fraternidad reúne a los náufragos pero también alcanza verdades crueles, miserias pasadas se desvelan y permanecen en suspenso</strong> hasta que el azar reúne algunos protagonistas en otros espacios, bajo otros climas donde las circunstancias desplazan cualquier cálculo.</p>
<p>Han transcurrido treinta años desde el regreso de la democracia al país y un año más desde aquellos episodios. Acaba de aparecer el doble volumen que <strong>Juan José Cresto</strong> ha dedicado a la <em>Historia de las Islas Malvinas,</em> tal vez el estudio histórico más completo sobre  la cuestión. Y junto a este esfuerzo erudito el texto de Daniel Santa Cruz ofrece la mirada singular del romancero: las subjetividades atravesadas por sentimientos de culpa, coraje, desolación y miedo, la guerra prolongada durante décadas en la memoria, oculta en los pliegues de vidas cotidianas que no pueden esquivar nunca su presencia.</p>
<p>Cresto despeja cualquier duda acerca de la legitimidad de los derechos argentinos en las islas y Daniel Santa Cruz exhibe descarnadamente la crueldad de ésta y cualquier guerra. En el medio la decisión de ocupar las islas y el uso de armamento atómico mientras se proclama la necesidad de evitar su proliferación. Hipocresía común en las potencias dominantes y vidas desgarradas entre los dominados.</p>
<p>En esta reflexión única política y estética a la vez, histórica y teleológica, la trama que ofrece Santa Cruz ilumina la dimensión que opaca la gran historia, las pequeñas vidas condenadas a vivir un momento que dura para siempre.</p>
<p>Con ritmo de novela policial pero sin privarse de explorar territorios ajenos a ese estilo, la novela desenvuelve una trama que agrega al ritmo una escritura reflexiva atenta a cada personaje y a cada momento.</p>
<p>Se dice con frecuencia -y con razón- que Malvinas es una herida abierta en la sensibilidad argentina. En esa lenta decantación de identidad nacional esta novela de Daniel Santa Cruz aporta una mirada rica y necesaria para que la ciencia y la conciencia caminen <em>pari pasu</em> en la reconstrucción de nuestro pasado.</p>
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