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	<title>Gastón Pérez Izquierdo &#187; Carlos Pellegrini</title>
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		<title>Un agravio y una explicación</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2015 03:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gastón Pérez Izquierdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Agustín P. Justo]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Pellegrini]]></category>
		<category><![CDATA[Nicolás Repetto]]></category>
		<category><![CDATA[Socialismo]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante mucho tiempo he supuesto que las históricas divisiones que padeció el socialismo en nuestro país se debieron a cuestiones religiosas. Fundaba esa teoría en un aspecto sugestivo. El socialismo preconizaba (lo hace en la actualidad) el agnosticismo. Sin embargo —para una sociedad que a principios del siglo XX creía que el matrimonio era el destino natural de las hijas mujeres, que consideraba al matrimonio civil sólo un trámite burocrático inevitable para consumar el verdadero, es decir aquel en que la novia (de blanco y apadrinada), acompañada por su flamante esposo, recibía la bendición de la Iglesia— la doctrina patrocinada por el socialismo era una irreverencia.</p>
<p><b>Muchos dirigentes de valía perdió el socialismo por esa intransigencia de doctrina; entre otros Antonio de Tomaso (ministro de Agricultura de Agustín P. Justo), Federico Pinedo (ministro de Hacienda durante la misma administración)</b>. Alfredo L. Palacios estuvo “castigado” con el exilio de esa fuerza durante varios años por su disposición a participar en lances caballerescos (el socialismo consideraba al matrimonio y los duelos como expresiones típicas de la burguesía, que reputaba enemiga).</p>
<p>Sin embargo, a esta altura de mi vida, debo confesar que he vivido en el error:<b> el socialismo se dividió por razones políticas y una curiosa forma de ver la historia de nuestro país</b>. Por ejemplo, tomemos los dos exponentes máximos del socialismo: Juan B. Justo y Nicolás Repetto; ambos médicos, recibidos en nuestras universidades (sin sentir, ninguno de ellos, persecuciones y actos discriminatorios por sus ideas mientras concurrían a las aulas de su facultad). Los dos participaron en la política activa de la nación con una visión diferente de la república y de sus hombres.<span id="more-75"></span></p>
<p>Justo escribió en <i>La Vanguardia</i> la necrológica de Carlos Pellegrini y expresaba una opinión inexacta y resentida del prócer. Decía en julio de 1906: “Si tuvo talento nunca lo aplicó en beneficio del país. En la vida no tuvo más norma que la ambición y, ante el exagerado concepto de la individualidad, desaparecía para él todo interés colectivo. Tenía el alma de un cartaginés y más que un caudillo fue un comerciante”<i>.</i> Es necesario disponer de una importante cuota de serenidad para no responder al insulto proferido: los amigos que cosechó Pellegrini durante su vida y la pasión con que atacó la empresa de fundar un club (el Jockey) que sirviera al recreo de esos amigos y al mismo tiempo constituyera una importante expresión de la cultura, me eximen de ese deber.</p>
<p>Máxime cuando otro socialista como Nicolás Repetto ya lo hiciera: “Permítanme no opinar sobre la revolución del ‘90 porque yo tomé parte entre las fuerzas que ocuparon el Parque. Teníamos todos una juvenil expectativa de éxito; pero me permito decirlo ahora: ¡menos mal que no triunfamos! De no haber estado Pellegrini y su partido, con situaciones en todo el país, quien sabe lo que hubiera ocurrido. Los señores diputados que están a mi derecha, que suelen nombrarlo siempre, tendrían que darle las gracias, porque su patriotismo salvó a la República”.</p>
<p>¿Quién más indicado que un socialista auténtico como Repetto para refutar a otro socialista como Juan B. Justo? Debo reiterar una vez más mi rectificación: el socialismo no se dividió por razones religiosas o formales, como el matrimonio o el duelo; se partió porque sus dirigentes tenían una visión distinta del país y de su historia.</p>
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		<title>Homenaje a Sarmiento, un hombre de otra Argentina</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Sep 2015 03:03:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gastón Pérez Izquierdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Autodidacta]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Pellegrini]]></category>
		<category><![CDATA[Domingo Sarmiento]]></category>
		<category><![CDATA[Ignacio Pirovano]]></category>
		<category><![CDATA[Junta Médica]]></category>
		<category><![CDATA[Jurista]]></category>
		<category><![CDATA[Maestro]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Cané]]></category>
		<category><![CDATA[Militar]]></category>
		<category><![CDATA[Nicolás Avellaneda]]></category>
		<category><![CDATA[Político]]></category>
		<category><![CDATA[Presidencia de la Nación]]></category>

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		<description><![CDATA[Domingo Sarmiento fue, como señala su himno, un hombre polifacético, en el que convivían, al mismo tiempo, distintas personalidades que lo hicieron sin duda un personaje admirado y odiado al mismo tiempo. Admito situarme en el primer sector. No obstante la coexistencia de esas facetas, es casi imposible hablar de alguna de ellas sin omitir... <a href="http://opinion.infobae.com/gaston-perez-izquierdo/2015/09/11/homenaje-a-sarmiento-un-hombre-de-otra-argentina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Domingo Sarmiento fue, como señala su himno, un hombre polifacético, en el que convivían, al mismo tiempo, distintas personalidades que lo hicieron sin duda un personaje admirado y odiado al mismo tiempo. Admito situarme en el primer sector.</p>
<p><strong>No obstante la coexistencia de esas facetas, es casi imposible hablar de alguna de ellas sin omitir una referencia a otra</strong>. ¿Maestro? No resulta factible sin vincularla a la del político y la de este sin relacionarla con la del militar, etcétera. ¿Jurista? No es posible sin acercarla a la figura del exilado, a la del autodidacta, al del individuo despojado de todo apetito crematístico, que sin embargo suponía (con acierto) que la nación tenía con él una deuda impaga.</p>
<p>Quizá de pocos compatriotas públicos existan tantas anécdotas como de Sarmiento. Ello no solo se debe a la exuberancia de su carácter. <strong>Sirve, además, para informarnos de otra Argentina, un país en el que la moral no se escondía y la decencia económica era una materia que no servía para hacer campaña electoral</strong>, la virtud era un valor entendido, había que acreditar distintos méritos (inteligencia, coraje, imaginación, talento, capacidad para proponer soluciones a problemas concretos), la pretensión de ser refractario a un supuesto soborno no estaba considerada y si alguien la hubiese planteado, solo habría despertado mofas.<span id="more-46"></span></p>
<p>En cierta ocasión, ejercía la Presidencia de la Nación el doctor Nicolás Avellaneda, le preocupaba mucho la salud del antiguo presidente, que se negaba con obstinación a someterse a un control médico. Llamó entonces al doctor Ignacio Pirovano, uno de los mejores y más prestigiosos médicos que existían en la Argentina y le expuso su inquietud.</p>
<p>Pirovano -que además de médico prestigioso era poseedor de una notable cintura política (no en vano había sido condiscípulo y amigo de Carlos Pellegrini y Miguel Cané)- “captó” la inquietud de Avellaneda y constituyó una junta médica destinada a examinarlo, para llevarle el informe al Presidente. Apeló para ello a la fama de Sarmiento, cuya egolatría resultaba muy conocida, y para inflar su “yo” (diría un psiquiatra de esta época), le dijo: “General Sarmiento. Usted no puede morirse y privar a la posterioridad del conocimiento de su extraordinario físico. Sométase a este examen que le solicito en nombre de la ciencia y la humanidad”. Sarmiento, que era vanidoso, sucumbió a esa solicitud y se prestó con muy buena disposición al estudio requerido. Pirovano se frotaba las manos, lo había logrado.</p>
<p>Pero Sarmiento, que sería un loco (como lo llamaban sus enemigos) o un ególatra, nunca un lelo, en medio de la revisación y con el fin de poner fin a la entrevista, les dijo a sus examinadores, tomando del respaldo de la silla su camisa: “Señores: Si es cierto que les preocupa mi salud, ¡háganme de nuevo presidente de la república!”.</p>
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		<title>Dos grandes hombres y un monumento</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Sep 2014 10:30:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gastón Pérez Izquierdo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Campaña del desierto]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Pellegrini]]></category>
		<category><![CDATA[Estado]]></category>
		<category><![CDATA[Julio A. Roca]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace un siglo culminaba la labor de una “Comisión de Homenaje” que presidía Norberto Quirno Costa, destinada a erigir un monumento a Carlos Pellegrini, ocho años después de su muerte. La estatua lograda es muy hermosa, y presenta al prócer con el gesto imperioso que le valiera el apodo de “Piloto de Tormentas, que el... <a href="http://opinion.infobae.com/gaston-perez-izquierdo/2014/09/25/dos-grandes-hombres-y-un-monumento/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un siglo culminaba la labor de una “Comisión de Homenaje” que presidía Norberto Quirno Costa, destinada a erigir un monumento a Carlos Pellegrini, ocho años después de su muerte. La estatua lograda es muy hermosa, y presenta al prócer con el gesto imperioso que le valiera el apodo de “Piloto de Tormentas, que el mar serena y el riesgo alienta”, como luce en alguna de las medallas emitidas en su memoria.</p>
<p>Mientras la Comisión instaba al escultor (Jules F. Coutàn, profesor de Dibujo en la Academia de Bellas Artes de Francia, en reemplazo nada menos que de Falgierie) a terminar su tarea antes del mes de julio -aniversario de la muerte del prócer- recibía una carta del general Julio A. Roca. En ella, el ex presidente solicitaba hablar en el acto de inauguración (finalmente Coutàn no lo terminó en julio sino al mes siguiente, pero tampoco en agosto pudo inaugurarse por fallecimiento del Presidente Roque Sáenz Peña, debido a lo cual el acto se postergó hasta septiembre).</p>
<p><strong>La carta de Roca dividió a la Comisión</strong>: unos decían que era imposible acceder a su pedido por cuanto Pellegrini había muerto sin dirigirle la palabra a Roca; que éste lo había vetado como candidato a presidente en 1904; que lo había traicionado al retirar el proyecto de unificación de la deuda. Otros, con mayor lógica, decían que era imposible negarle la palabra al responsable de la Argentina moderna; que se había expresado en la carta con humildad; dos veces había sido presidente de la República, etcétera. Prevaleció el primer criterio y en consecuencia hablaron Victorino de la Plaza, presidente de la República; Norberto Quirno Costa, por la Comisión de Homenaje; Alberto Julián Martínez, por la Legislatura de Buenos Aires y Joaquín Samuel de Anchorena, en nombre de la Intendencia de la Capital.</p>
<p>Pero Roca, el joven oficial que desafió las púas de las trincheras y los machetes paraguayos en Humaitá para salvar en la grupa de su caballo a Solier (quien después llegara a ser almirante); el que recibió el grado de coronel en Ñaembé y el de general en Santa Rosa, batalla que asegurara la continuidad jurídica de la República, no habría de quedarse con la respuesta negativa de una Comisión. <strong>Dicen que se abrió paso entre la muchedumbre, con modestia, y habló. Habló para pedirle perdón a Pellegrini no solo por el retiro del proyecto de unificación de la deuda y el veto a su candidatura a presidente sino por todas las ocasiones en que retribuyera mal por bien.</strong></p>
<p>Amigado con su conciencia, un mes más tarde -octubre de 1914- moría el único presidente argentino que cumplió los dos mandatos de seis años. Podría suponerse que intuyera la proximidad de su muerte y la urgencia, para un patriota de condiciones viriles como él, de dar ese testimonio de arrepentimiento. Partió de este mundo llevando en sus retinas el paisaje salvaje del desierto, que a partir de su campaña dejó de ser el ámbito de leyendas y misterio; recordando la ley 1420, la del Registro Civil, la de Matrimonio, el proyecto de Código de Trabajo: el hombre de carne y hueso había cedido paso al ser que habría de inmortalizar el mármol y el bronce. Con seguridad, su amigo Pellegrini lo disculpó, aunque juntos habrán llorado por la Argentina actual.</p>
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