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	<title>George Chaya</title>
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		<title>Es urgente un Líbano democrático y federal para terminar con Hezbollah</title>
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		<pubDate>Sun, 17 Apr 2016 03:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Más allá de cualquier debate ideológico, es un hecho concreto que la influencia del grupo político-terrorista Hezbollah ha favorecido la ingobernabilidad en varios de los conflictos armados en los países de Oriente Medio. Líbano, Siria y Yemen son los ejemplos palmarios donde el accionar y la presencia del grupo han sido factores desencadenantes de ingobernabilidad.... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/04/17/es-urgente-un-libano-democratico-y-federal-para-terminar-con-hezbollah/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Más allá de cualquier debate ideológico, es un hecho concreto que la influencia del grupo político-terrorista Hezbollah ha favorecido la ingobernabilidad en varios de los conflictos armados en los países de Oriente Medio. Líbano, Siria y Yemen son los ejemplos palmarios donde el accionar y la presencia del grupo han sido factores desencadenantes de ingobernabilidad.</p>
<p>En el caso libanés, para ser un Estado moderno y librarse de Hezbollah, Líbano debe dejar de ser un Estado confesional. Un país cuyo presidente debe ser siempre cristiano maronita, su primer ministro, sunita y el presidente del Parlamento, chiíta, difícilmente pueda funcionar cuando dentro de sus instituciones se ha creado un Estado paralelo e ilegal. Ello es lo que ha hecho Hezbollah en el país de los cedros, donde no sólo secuestró la voluntad y las decisiones del Estado sino que es más fuerte que el propio ejército libanés, por la conocida ayuda material y logística, además del armamento que le proporciona la República Islámica de Irán, a quien Hezbollah responde como virtual ejército de ocupación en Líbano.</p>
<p>Líbano ha sido bendecido por la naturaleza, dispone de hermosas montañas, pistas de esquí superiores a muchas en el mundo. Sus playas del Mediterráneo nada tienen que envidiar a la Costa del Sol. Cuenta con excelentes universidades, una gastronomía formidable y una población extremadamente bien educada para la región. Sin embargo, es sectario en su sistema de gobierno. Y ello es como disponer de un avión privado con toda la tecnología y el confort, que pueda unir grandes distancias sin reabastecerse, en el cual se pueda volar conectado en todo momento a internet y descansar en confortables asientos-cama. Pero si ese lujoso y moderno jet no dispone de tren de aterrizaje, ¡no funcionará! Nunca despegará.<span id="more-653"></span></p>
<p><b>Un Líbano democrático, fortalecido en sus instituciones, libre de ocupación, de la implantación de estados mafiosos dentro de su Estado, de terrorismo, corrupción y clientelismo político, como de confesionalismo sectario y feudalismo, es posible.</b> Un Estado soberano e independiente que garantice la seguridad para todos los libaneses, con los mismos deberes y derechos para todos sus ciudadanos, será un punto desde el que se avanzará en la pacificación regional, por lo que debería interesarle a la comunidad internacional. Para ello, es necesario acordar un nuevo pacto nacional, con la participación de la sociedad civil y política, extirpando el terrorismo sectario para facilitar la manera racional, científica y técnica de combinar modernidad y tradición.</p>
<p>Un nuevo contrato social, basado en la libertad, sin el control de Teherán, de Siria —o lo que queda de su régimen— y sin las armas ilegales de Hezbollah. En definitiva, un Estado que ofrezca equidad, justicia e igualdad a sus ciudadanos.</p>
<p>Por ello, <b>es primordial que el Líbano adopte un sistema federal de gobierno y deje de lado la tradición del poder sectario y tribal</b>. La fórmula estructural del pacto de 1943 definió la política libanesa y estableció el marco de coexistencia entre las comunidades cristianas y musulmanas dentro de un país —por ese entonces— libre, soberano e independiente de lo que hoy se conoce como la influencia del terrorismo local y regional. El acuerdo de 1943 debe ser reconsiderado. Fue quebrantado en los últimos 40 años debido a la ocupación siria-iraní y al nacimiento y la proliferación de grupos terroristas confesionales que se convirtieron en verdugos de las instituciones democráticas libanesas.</p>
<p>Revisando la historia, desde abril de 1975 hasta la fecha, no cabe duda de que el federalismo es la opción racional a la situación interna que padece el Líbano. La necesidad emerge del resultado de experiencias históricas, sociales y políticas. El federalismo ofrecería las bases fundacionales esenciales y apropiadas que permitan el desarrollo del sistema político con dinamismo e interacción entre las diferentes comunidades religiosas; esto aplica exactamente igual para Siria y Yemen.</p>
<p>La guerra y las ocupaciones demostraron sus consecuencias catastróficas al extinguir la coexistencia entre las comunidades religiosas, principalmente entre suníes y chiíes.</p>
<p>Las soluciones políticas ofrecidas desde la comunidad internacional y desde dentro de cada uno de estos países naufragaron en la indiferencia y los privilegios de las propias comunidades. Cada una de ellas insistió en mantener sus características distintivas, sea de orden ideológico, político, institucional o administrativo. Ese grave error político permitió que hoy emerja una comunidad chiíta ensoberbecida, que se siente protegida y representada por un grupo armado que secuestró las funciones del Estado legal en Líbano, que envió sus combatientes a Siria para sostener un régimen dictatorial como el del presidente Bashar al Assad. Además, que tiene presencia y ayuda con armamento y hombres a los rebeldes en Yemen.</p>
<p>Los aspectos ideológicos-confesionales dieron por tierra con el mito de las sociedades unificadas social y culturalmente. Esta es hoy la realidad del Líbano, de la crisis política y militar de Siria y del enfrentamiento sectario en Yemen. Quien sostenga lo contrario incurre en error, sea por desconocimiento o por estar faltando a la verdad, influenciado por el sectarismo político-religioso.</p>
<p>Lo cierto es que estos tres países no tienen muchas alternativas para solucionar sus problemas internos y evitar la profundización de sus conflictos civiles y militares.</p>
<p>El caso sirio es distinto dada la dictadura del clan Assad, que se ha manejado con puño de hierro y cuyas políticas han sido las de aplastar y reprimir cualquier intento de disidencia.</p>
<p>En cuanto al Líbano y Yemen, los Gobiernos débiles de los últimos años han caído por las mismas causas. Sus problemas son recidivos y sus posibilidades no van más allá de las opciones que describiré a continuación, y estas son:</p>
<p>a) Dividirse en suerte de cantones, donde cada comunidad maneje una pretendida independencia de la otra, en un régimen político separado, pero en una misma extensión geográfica. Algo poco exitoso de realizarse y que no garantizaría evitar choques confesionales.</p>
<p>b) No modificar las causas de los orígenes de los conflictos, lo que equivale a volver al punto de partida original de los problemas, por tanto, a reincidir en el error del desencuentro que dará lugar a mayor violencia interna.</p>
<p>c) Adoptar un sistema federal, como una opción que los libaneses, los yemenitas —y aun los sirios cuando resuelvan su conflicto— todavía no han experimentado genuinamente.</p>
<p>De estas opciones, no cabe duda de que <b>el federalismo es la mejor alternativa a las conocidas y fracasadas opciones del pasado</b>, que encarnan el mismo peligro y la violencia de los últimos 40 años, más aún hoy, con la expansión de la teocracia iraní en la región.</p>
<p>Puede que el federalismo no lleve una solución mágica y definitiva a los problemas asociados con la administración y el control en las diferencias entre comunidades religiosas. Sin embargo, abordará con mejores soluciones las necesidades importantes y urgentes. Contribuiría positivamente a la relajación entre las comunidades religiosas, sería una red de contención al factor de tensión política y descomprimiría el estado de sospecha que ella genera ante la posibilidad de que uno de los grupos pueda interferir en asuntos autónomos del otro y viceversa.</p>
<p>El federalismo institucional se presenta como una respuesta lógica a la correcta división de poderes y al equilibrio entre sociedad y Estado. Ofrece la alternativa más estable para crear puentes y objetivos plausibles de ser cumplidos exitosamente entre las diferentes comunidades religiosas y el Estado. Excluye a los grupos armados sectarios como Hezbollah y las organizaciones que pivotean en torno a ella en los tres países.</p>
<p>La relación intercomunitaria actual en casi todo el mundo árabe esta imbuida de un formato ideológico atormentado por complejos sociales y barreras psicológicas que son explotadas sectariamente por Hezbollah y la influencia siria-iraní. Es allí donde cada comunidad religiosa proyecta una idea elitista y propia que acompaña una sensación de superioridad sobre las otras, que conduce inexorablemente a la confrontación. El resultado que se asegura con ello es que el Estado se convierta en un polo de conflicto continuo y reiterado, cuyo destino es la pérdida de su propia entidad y la guerra religiosa.</p>
<p>En este sentido, el federalismo reduciría la fricción y el nivel de confrontación en un grado importante. Eliminaría factores negativos que pueden convertirse en disparadores de situaciones explosivas dentro del propio Estado. Devolvería a las instituciones políticas y administrativas su lugar y su aspecto legítimo, tomando en consideración la naturaleza verdadera de la sociedad política y civil.</p>
<p>Si se asume con sabiduría, muchas de las endemias actuales (como la guerra civil siria y la expansión del terrorismo político-religioso) pueden ser corregidas y evitadas en el futuro.</p>
<p>La gravedad de la situación existente presenta la justificación más sólida y la razón más importante para la búsqueda de un sistema político nuevo y alternativo en estos tres países. El sistema federal, desde un punto de vista objetivo, es el mejor de los sistemas disponibles y proporcionaría una solución a la realidad de confrontación existente entre las comunidades. Sin embargo, no ignoro que poner este sistema en ejecución provocará resistencia y obstáculos a los que las sociedades civiles deberán hacer frente con inteligencia y sin fanatismo sectario.</p>
<p>Es tiempo para que los países de la órbita árabe dejen de ser países hechos por voluntades individuales que fueron y son desarmados en reiteradas oportunidades en su milenaria historia por una clase política sin escrúpulos que no ha hecho más que exaltar políticas del odio, la confrontación que ha llevado a la postergación de sus pueblos y a guerras absurdas e innecesarias.</p>
<p>Como sea, y como casi siempre, será la ciudadanía la que debe imponer su palabra. <b>Ninguna solución llegará desde fuera. En el mundo árabe de hoy, si los propios árabes desean resolver sus diferencias, se hacen imprescindible cambios y modificaciones de estructuras mentales y sociales</b>. Aquellas personas que no comprendan esto y continúen aferrándose a la secta y a la tribu no tendrán opción y acabarán siendo gobernadas por sectarios y de forma tribal.</p>
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		<title>Obama en Argentina, los temas en agenda</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Mar 2016 20:52:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Alberto Nisman]]></category>
		<category><![CDATA[atentado a la Amia]]></category>
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		<description><![CDATA[Entre los varios temas que se aborden en la visita del presidente Barack Obama a Buenos Aires, no debería estar ausente la ayuda de los Estados Unidos a la República Argentina en materia de los atentados terroristas acaecidos en Buenos Aires. La nueva administración del presidente Mauricio Macri ha dado muestras de que en la... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/03/22/obama-en-argentina-los-temas-en-agenda/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Entre los varios temas que se aborden en la visita del presidente Barack Obama a Buenos Aires, no debería estar ausente la ayuda de los Estados Unidos a la República Argentina en materia de los atentados terroristas acaecidos en Buenos Aires.</p>
<p>La nueva administración del presidente Mauricio Macri ha dado muestras de que en la Argentina finalmente se buscará hacer justicia por las víctimas del atentado de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y por resolver la dudosa muerte —hace poco más de un año— del fiscal especial Alberto Nisman, quien conducía la investigación sobre aquel ataque terrorista.</p>
<p>Mayoritariamente, la sociedad argentina alberga la esperanza de que se esclarezcan estos crímenes. Lo mismo en cuanto al papel de Irán en ambos casos, así como con la penetración ideológica y operativa en el continente latinoamericano de la Guardia Revolucionaria iraní, según sostenía la investigación del fiscal Nisman antes de morir.</p>
<p>La derrota del candidato Daniel Scioli, elegido como último recurso por la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner, significó cierto alivio para la comunidad internacional, principalmente en aquellos actores preocupados por las relaciones cercanas de Argentina con Irán, dados los canales de comunicación no oficiales y los secretos de personas y agrupaciones políticas cercanas al Gobierno kirchnerista, como lo exponía el fiscal Nisman.<span id="more-642"></span></p>
<p>Desde que asumió el cargo en diciembre, <b>el presidente Mauricio Macri ha dado señales de un cambio significativo en cuanto a la posición argentina con Irán, y muy positiva en sus acciones en cuanto al Gobierno que lo precedió</b>. En menos de dos meses, ha trabajado para revocar el polémico memorándum de entendimiento con la República Islámica, ha nombrado a un nuevo funcionario para el seguimiento de esos asuntos a nivel oficial y ha creado una oficina para supervisar la investigación del ataque terrorista a la AMIA.</p>
<p>La reapertura de la investigación sobre la sospechosa muerte del fiscal aparece como muy saludable desde el Poder Judicial de la Nación. También se ha dicho que se examinará la investigación de Nisman sobre el plan del anterior Gobierno argentino en materia de apartar y borrar la participación de Irán en el ataque a cambio de profundizar las relaciones diplomáticas bilaterales en materia económica, energética e incluso en asuntos nucleares.</p>
<p>Si bien estos elementos sin duda son auspiciosos y entregan cierto optimismo, aún existen razones para ser cautos. A más de un año de la muerte de Nisman, los Gobiernos de Argentina y los Estados Unidos deberían colaborar fuertemente entre sí para garantizar la continuación efectiva de sus diez años de trabajo en la búsqueda de justicia para las víctimas de lo que fue el peor ataque terrorista sufrido en suelo argentino, y también para neutralizar a Irán en la exportación de su revolución a la Argentina y otros países de América Latina.</p>
<p>Hay que recordar que el informe de Nisman del año 2006 dio lugar a la acusación de altos funcionarios iraníes por su papel en el atentado a la AMIA y tenía una versión investigada, elaborada y clasificada por la inteligencia argentina. Esta versión del Gobierno argentino de ese momento debería ser desclasificada. Esto podría arrojar luz no sólo sobre el ataque terrorista en sí mismo —que asesinó a 85 personas y dejó centenares de heridos en Buenos Aires—, sino en la forma en que Irán construyó sus redes terroristas en toda América Latina.</p>
<p>El acceso público a la versión clasificada es especialmente importante tras las publicaciones no solamente de la reciente grabación del audio del año 2012 en la cual ex canciller Héctor Timerman admitió al presidente de la AMIA que Irán estaba detrás del ataque, sino de otras miles de horas de escuchas telefónicas que disponía el fiscal sobre personas y agrupaciones cercanas al Gobierno de Cristina Fernández Kirchner, donde incluso se menciona a un diputado nacional del Frente para la Victoria (FPV).</p>
<p>Curiosamente, en febrero de 2015, a poco de la muerte de Nisman, la ex Presidente disolvió la Secretaría de Inteligencia, sólo un mes después de la muerte del fiscal, cuando en enero, Nisman se aprestaba a exponer ante el Congreso de la Nación su denuncia penal, adelantada en una entrevista a un medio televisivo de Buenos Aires, tres días antes de que se lo encontrara muerto en su domicilio. En su última entrevista, el fiscal Alberto Nisman identificó a varios individuos que ayudaban y colaboraron de una u otra manera con Irán. Este elemento fue de conocimiento de la opinión pública, pues las escuchas telefónicas fueron reproducidas por varios medios de prensa gráficos, radiales y televisivos. En esas conversaciones se utilizaban canales alternos al Gobierno de Cristina F. de Kirchner, pero las personas eran sumamente cercanas al poder kirchnerista.</p>
<p>Varios de esos individuos que aparecen en las escuchas probablemente se desempeñen como recursos de inteligencia favorables a Irán en la reestructurada Agencia Federal de Inteligencia. La investigación de estas personas podría ayudar a desentrañar la trama de espías que pudieron obstruir los esfuerzos argentinos en la investigación de la AMIA. Y esto es algo que la actual administración debe atender en profundidad.</p>
<p>Con una nueva investigación, del nuevo Gobierno, Argentina debe realizar —y los Estados Unidos deberían apoyar— una investigación independiente sobre si Irán jugó algún papel en la muerte de Nisman. <b>Washington debe compartir la información de inteligencia que disponga sobre el actuar de las redes filoiraníes en Argentina y países vecinos en el momento de la muerte de Nisman.</b></p>
<p>Por lo menos tres de los cinco iraníes —Mohsen Rabbani, Mohammad Asghari y Ali Fallahian— sobre quienes Interpol emitió alertas rojas en relación con el ataque a la AMIA han presentado apelaciones para que esas circulares rojas sean dejadas sin efecto; sus pedidos fueron rechazados y las alertas siguen vigentes, lo que equivale a una orden de detención internacional para los tres funcionarios iraníes. Argentina y Estados Unidos deben cooperar en este campo y avanzar en la ratificación de esas circulares rojas.</p>
<p>En correcto actuar e impecable gestión, los funcionarios de la administración del presidente Macri han manifestado a Interpol que están “decididos a mantener los pedidos de alertas rojas” y preguntaron al secretario general de Interpol si necesita más información para que se mantengan. Los Estados Unidos deberían apoyar a los funcionarios argentinos para el mantenimiento y la ratificación de las notificaciones rojas cuando sean objeto de revisión en noviembre próximo.</p>
<p>Sin embargo, el levantamiento de sanciones, la liberación de activos congelados y la ampliación del comercio como parte de la implementación del acuerdo nuclear con Teherán hará más difícil para el nuevo Gobierno argentino contrarrestar la influencia de Irán en sus fronteras. <b>El flujo de dinero iraní en efectivo puede ser utilizado para ganar favores políticos y de inteligencia; también las industrias argentinas podrían verse en la tentación de aceptar ofertas</b> <b>debido a dificultades en su situación económica</b>. Irán es conocido por proporcionar cobertura comercial en zonas donde elije objetivos regionales; la Venezuela chavista ha sido un ejemplo palmario. Por lo tanto, el Gobierno argentino deberá ejercer una firme observancia de la actividad comercial de Irán con sus industrias locales y trabajar con los Estados Unidos y otros socios de la comunidad internacional para identificar potenciales conductas ilícitas, teniendo en cuenta que Irán ha utilizado coberturas comerciales y culturales para sus actividades antidemocráticas en varios países de mundo.</p>
<p>La inversión internacional de Irán y su disposición de miles de millones de dólares descongelados luego del acuerdo nuclear pondrán a prueba los esfuerzos de los Gobiernos latinoamericanos y desde luego del argentino para frenar la influencia local de Teherán.</p>
<p>Hasta el momento, el Gobierno de Mauricio Macri ha demostrado que está haciendo muy bien la tarea. Es imperativo que los Estados Unidos y otros Gobiernos amigos ayuden al nuevo Presidente de Argentina en su esfuerzo en la lucha contra el terrorismo.</p>
<p>La administración Macri está haciendo lo que corresponde para corregir y fortalecer, sin interferir y respetando la independencia de poderes, principalmente la integridad del Poder Judicial, en un valorable y significativo esfuerzo en todos los campos contra la impunidad. En particular en el caso de Alberto Nisman, quien dio su vida en directa relación con la investigación que llevaba adelante.</p>
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		<title>Política y religión: mala cosa</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2016 09:47:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Fanatismo]]></category>
		<category><![CDATA[Libertad]]></category>
		<category><![CDATA[religión]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Sabe el lector que el término hereje viene de la palabra griega heréticos, que significa: ‘poder elegir’? Entonces, permítame decirle que tal definición casi lo dice todo, ¿no le parece? En materia de primaveras árabes y diálogos políticos y religiosos, estoy convencido de que las personas deberían dejar de fingir, porque eso es justamente lo... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/02/25/politica-y-religion-mala-cosa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Sabe el lector que el término <i>hereje</i> viene de la palabra griega <i>heréticos</i>, que significa: ‘poder elegir’? Entonces, permítame decirle que tal definición casi lo dice todo, ¿no le parece?</p>
<p>En materia de primaveras árabes y diálogos políticos y religiosos, estoy convencido de que las personas deberían dejar de fingir, porque eso es justamente lo que se está haciendo: fingiendo ante los hechos de los que estamos siendo testigos. Sólo algunos incautos voluntariosos pueden creer que todas las culturas son iguales. Lo cierto es que para quien quiera verlo sin las gafas de la miopía ideológica, podrá darse cuenta claramente que no lo son.</p>
<p>Los dogmas político-religiosos del Oriente Medio no son iguales, ni se acercan a la cultura judeocristiana, ni a la política o la forma de vivir la religión en Occidente. Los primeros alientan la poligamia, el matrimonio de personas mayores con niños, la violencia contra la mujer, contra los homosexuales y contra todo aquel que intente colocar en perspectiva hechos ajenos a la forma de vida árabe musulmana influenciada por el salafismo yihadista o por el extremismo teocrático, sean estos hechos considerados o decorados lingüísticamente como políticos o religiosos. Nada de eso es cierto, son lisa y llanamente crímenes.<span id="more-633"></span></p>
<p>Lo invito a pensar qué sucedería si cualquier persona en Occidente invocara estos o similares valores. ¿Cuál sería la consecuencia? La respuesta es que aseguraría rápidamente su ingreso a la cárcel. Por tanto, no es equivalente una cosa con la otra —ni lo será nunca—, dada la apertura que encuentra en Oriente Medio la agenda totalitaria que impone el radicalismo religioso; esto es una realidad y <b>no es algo que debe alentarse en modo alguno fingiendo ecumenismo en dosis absurdas de tolerancia y diálogos que no van en ninguna dirección, </b>porque claramente hay quienes no desean que ello colabore en la resolución del conflicto.</p>
<p>La tolerancia que se predica desde Occidente pierde sentido y descontextualiza el término mismo de la palabra <i>tolerancia</i> ante cualquier intento de acercamiento y diálogo con aquel que es intolerante. En consecuencia, aquello se debe desalentar por medio de una legislación clara y por la aplicación rigurosa de la ley. ¿Recuerda el lector la ley?</p>
<p>Veamos un poco las viejas incongruencias que aún se manejan en el mundo de hoy. Por ejemplo: Si los judíos realmente mataron a Jesús como muchos católicos continúan creyendo y sosteniendo dada su ignorancia y su desconocimiento, sea porque no han leído las declaraciones <i>Dignitatis Humanae, Gravissimum Educationis y Nostra Aetate</i>, del Concilio Vaticano Segundo, donde queda muy claro el punto desde el año 1962, o porque un gran número de fanáticos católicos sigue pensando tal cosa, es claro que los judíos no hicieron un buen trabajo, porque al parecer todavía está vivo. ¿Cuál es la eficiencia del Mossad y dónde están cuando se los necesita? ¿No es que son los que ejecutan todo tipo de barbaridades a la perfección?<b> </b>¿Que si soy irónico? ¡Sí, claro!</p>
<p>Lo mismo si usted, como buen cristiano, está buscando en las cientos de versiones distorsionadas de la <i>Biblia</i> una guía para vivir una vida compasiva, sabia y humana. Bueno, en tal caso, si cree que debe leerla cien veces para salvar su alma, usted es el que está en problemas. Nadie más que usted, si no aplica lo que lee, podrá ayudarlo. “Pruebe dejar de negar la realidad, no engañe a sus semejantes, deje de mentir y mentirse a sí mismo y le irá mejor”.</p>
<p>Pero no quiero ser demasiado duro con las religiones por dos razones: en primer lugar, porque me aburren hasta el hartazgo algunos correos que recibo de algunos títeres histéricos por mis escritos. Y en segundo lugar, porque no es mi interés alterar más a lo desequilibrados que ya están los egoístas chupacirios, los besa-alfombras, los quemadores de libros y bibliotecas, y, en general, a todos aquellos —sin excepción— que llevan mucho &#8220;humo&#8221; en sus cerebros chamuscados.</p>
<p>Desde mi lugar, aunque muchos se molesten, confieso que me siento un poco culpable por no estar más agradecido con Jesús (que lo estoy), pero me hubiese gustado que me consultaran antes de seguir adelante con eso de la crucifixión, porque ahora siento que me están cobrando por algo que no pedí. Porque ese es el trato, ¿o no?<b> Si usted es cristiano, nació como yo, endeudado con Jesús y es una deuda que sólo puede pagar en su totalidad sufriendo hasta el día de la muerte y, personalmente, no pienso hacer eso.</b> ¡Joder con el acuerdo en el que nos han metido! Uno se siente como si se le pidiera pagar una hipoteca por una casa que ya tiene y pagó.</p>
<p><b>Realmente no me importa mucho lo que los fanatismos religiosos o políticos tengan que decir. </b>De modo que cuando me cruzo con alguno que pretende entrar en mi mente sin ser invitado y con la intención de modificar mi pensamiento, como generalmente lo hacen, agitando su libro de <i>Jueces</i> en nuestros rostros, simplemente respondo lo que a todos los sectarios de la política o la religión, y eso es que me encuentro bien como voy por la vida, y los despido con un: “No, gracias”.</p>
<p>No estoy interesado en su falsa salvación ni en que me ensucien el parabrisas en cualquier esquina fingiendo que me lo están limpiando. Puesto a escoger, no me asusta la condena.</p>
<p>De modo que todos ellos, religiosos o políticos, por mí pueden perderse bien lejos. Aún sigo siendo un laico, un pensador de infantería que cree en su biblioteca y todavía tengo algunos pecados por cometer. Así que espero que los hindúes estén en lo cierto en aquello de la reencarnación, porque si hay justicia en este mundo, los que aplican la violencia de género deberían reencarnar en un homosexual o en una niña condenada a casarse con un pariente 40 años mayor que ella, porque así fue arreglado por su familia, y entonces verán lo doloroso que es tener que lidiar con cabezas vacías, violentas y primitivas. Sería algo así como beber de su propia medicina, y la verdad es que me agradaría mucho que eso sucediera.</p>
<p>Ya voy terminando, si no le agrada, deje de rumiar y reflexione. A los políticos ya les dije en qué creo. A los dogmáticos religiosos les digo que, <b>para mí, la Santísima Trinidad es libertad de pensamiento, libertad de expresión y libertad de identidad</b>. Esta es mi Santísima Trinidad y cada elemento es un aspecto intrínseco de mi dios; y la libertad, el más sagrado de mis santos.</p>
<p>Usted puede no estar de acuerdo y tiene mi respeto. Sin embargo, seguro acordará conmigo en un pedido a esta buena gente: ¡dejen de matar de una puta vez en nombre de la religión! Porque lo más sagrado e inviolable, más allá de cualquier negociación o compromiso con los intolerantes y los violentos, es la vida y la libertad, ahora y siempre. Amén.</p>
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		<title>Entre Auschwitz y el World Trade Center</title>
		<link>http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/02/12/entre-auschwitz-y-el-world-trade-center/</link>
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		<pubDate>Fri, 12 Feb 2016 10:36:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[terrorismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Alguien escribió alguna vez, no hace mucho tiempo, que Europa murió en Auschwitz, donde mataron a seis millones de judíos. Y creo firmemente que hay una gran verdad en ello. Aunque en los años ochenta y mucho antes de esta frase, la brillante escritora italiana Oriana Fallaci ya nos hablaba de dobles raseros, hipocresía y... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/02/12/entre-auschwitz-y-el-world-trade-center/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Alguien escribió alguna vez, no hace mucho tiempo, que Europa murió en Auschwitz, donde mataron a seis millones de judíos. Y creo firmemente que hay una gran verdad en ello. Aunque en los años ochenta y mucho antes de esta frase, la brillante escritora italiana Oriana Fallaci<b> </b>ya nos hablaba de dobles raseros, hipocresía y otras cuestiones que finalmente la llevaron al exilio de esa Europa psicoculposa para radicarse en los Estados Unidos, donde finalmente falleció, no sin antes dejarnos verdades irrefutables e ideas magníficas, más allá de cualquier dogma.</p>
<p>Y es que, ciertamente, una Europa despreciable renunció en Auschwitz a su propia cultura, sus valores, su pensamiento, su creatividad y su talento. Esa Europa fue la que decidió autodestruirse eliminando a veinte millones de seres humanos; seis millones de ellos pertenecientes al pueblo judío, un pueblo que produjo los científicos más grandes y las personas más maravillosas que cambiaron el mundo desde diferentes disciplinas.</p>
<p>La contribución del pueblo judío se manifiesta hoy en todos los ámbitos de la vida del mundo moderno: las ciencias, el arte, el comercio internacional y, sobre todo, como algo que trasciende a todo lo anterior: un elemento superior en la idea y el concepto del respeto por la vida, que, a mi juicio, debe ser definido como la conciencia de la humanidad<b>.<span id="more-625"></span></b></p>
<p>Esta es la paranoia que percibo apropiada definir como conducta psicoculposa de esa Europa negadora. De esa vieja Europa<i> </i>que se aferró, bajo el pretexto de la tolerancia, a la imperiosa necesidad de demostrar —a ella misma y con escaso éxito— que se curó de la enfermedad del racismo y la xenofobia.</p>
<p><b>Así, y para cicatrizar las heridas que infligió a la humanidad, fue que abrió sus propias puertas a más de veinte millones de musulmanes desde los años setenta en adelante. Aunque realmente lo hizo no por lo antes mencionado, sino por mano de obra barata en los años previos a que floreciera la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).</b></p>
<p>Sin embargo, la retórica humanitaria europea es tan consoladora como fraudulenta, Auschwitz no tiene retorno: es el estigma de la humanidad y los europeos, sus padres.</p>
<p>A pesar de ello, es justo decir que dentro de esos millones de seres humanos que migraron, muchos de ellos trabajaron honradamente, construyeron sus familias, enviaron sus hijos a las universidades y conocieron lo que la modernidad definió como movilidad social ascendente. Muchos de esos inmigrantes prosperaron, se insertaron en las sociedades que integran siendo más o menos practicantes o creyentes y sin anteponer cuestiones de fe; tributaron sus impuestos y observaron las leyes de los países de acogida. Se adaptaron con respeto por sus legislaciones y defendieron sus derechos, asumieron sus deberes y sus obligaciones sociales y civiles.</p>
<p>Como sea, esa Europa que murió en Auschwitz miró hacia otro lado cuando muchos otros inmigrantes trajeron “el regalo envenenado” de la estupidez y la ignorancia religiosa del radicalismo extremista, la intolerancia y la delincuencia; todo ello debido a una carencia manifiesta de voluntad para trabajar y mantener a sus familias con dignidad y orgullo.</p>
<p>Muchos de esos sujetos (minoritarios, claro está, porque así debe decirse) han volado trenes y autobuses, han asesinado alevosamente en teatros, restaurantes y estadios deportivos. En definitiva, han convertido las ciudades europeas más agradables (como Madrid, Londres y París) en desvencijados vecindarios iraquíes o sirios sumergidos en la suciedad y la delincuencia. Han escogido vivir encerrados en sus departamentos, donde reciben ayuda social y alimentos gratuitos de los Gobiernos europeos a cuyas sociedades planean destruir haciendo uso de la propia ingenuidad de sus anfitriones.</p>
<p>Europa escogió de ese modo timorato y miserable cambiar la habilidad creativa por la habilidad destructiva de una cultura del odio y el fanatismo.</p>
<p><b>En ese proceso psicoculposo,</b> <b>Europa cambió la inteligencia por el atraso y la superstición. Cambió su cultura judeocristiana del firme apego a lo sagrado de la vida por aquellos que glorifican y buscan la muerte, incluso la propia, desde los actos de terrorismo en los cuales varias personas se inmolaron recientemente en París.</b></p>
<p>Muchos gobernantes europeos han mostrado lo que realmente son: miserables de la Europa cobarde. Muchos de ellos lucran, comercian y negocian con Estados patrocinadores de la muerte. Hace dos años, el arzobispo de Canterbury sugirió —desde uno de los castillos en los que reside— dejar de festejar las navidades para no herir la fe de los musulmanes que residen en Inglaterra. También fue el Reino Unido quien llevó a debate, en 2013, la conveniencia de eliminar de la currícula escolar de historia el Holocausto, ya que podía ofender a la población musulmana que afirma que nunca ocurrió. Se estableció finalmente que “de momento” no se eliminara, pero la sola posibilidad de que ello suceda muestra la calaña de Europa.</p>
<p>Sin embargo, más allá de las conductas europeas, lo que se aprecia es un presagio aterrador del temor que se está apoderando del mundo y la sencillez con la que muchos países están cayendo en el miedo, aun transcurridos más de setenta años del fin de la Segunda Guerra Mundial.</p>
<p>Ahora, en 2016, más que nunca Europa continúa mostrando su cobardía y el ejemplo palmario es la recepción de presidentes de repúblicas teocráticas que son bienvenidos en el propio Vaticano, con alfombra roja y estatuas de desnudos cubiertas, ¡no vaya a ser que ofendamos a alguien! Aunque sea a primeros mandatarios de países que todavía alegan que el Holocausto es un mito, que lapidan mujeres y cuelgan a homosexuales. Pese a ello, son recibidos con brazos abiertos por empresas europeas, con quienes firman contratos comerciales millonarios.</p>
<p>¿Europa está perdida? ¡Puede que sí! Que en gran parte haya muerto en Auschwitz, pero también eligió suicidarse posteriormente y, en todo caso, hoy es un enfermo terminal que agoniza y cuyo desenlace final, más temprano que tarde, será inevitable.</p>
<p>La pregunta que sigue ya no debe responderla Europa; es mucho más amplia y cabe a toda la cultura occidental, o a lo que todavía seguimos denominando “mundo libre”: ¿Cuántos años deberán transcurrir hasta que alguien nos diga que el ataque contra las Torres del World Trade Center nunca ocurrió? Y que ello sea dicho pensando en que tal cosa pueda ofender a algunos musulmanes que residan en los Estados Unidos.<b></b></p>
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		<title>El error de Huntington: el choque es de cultura, no de civilización</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Feb 2016 03:00:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Choque de civilizaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto cultural]]></category>
		<category><![CDATA[Migraciones masivas]]></category>
		<category><![CDATA[Samuel Huntington]]></category>
		<category><![CDATA[yihadismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Es innegable que la política mundial avanza hacia una nueva etapa en lo concerniente a la seguridad de los Estados frente a las migraciones masivas producto de los conflictos actuales. En este proceso, muchos intelectuales no han vacilado en abundar sobre los posibles aspectos que los cambios entrañan y han arribado a definiciones tales como... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/02/02/el-error-de-huntington-el-choque-es-de-cultura-no-de-civilizacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es innegable que la política mundial avanza hacia una nueva etapa en lo concerniente a la seguridad de los Estados frente a las migraciones masivas producto de los conflictos actuales. En este proceso, muchos intelectuales no han vacilado en abundar sobre los posibles aspectos que los cambios entrañan y han arribado a definiciones tales como “el fin de la historia”, “el regreso a las rivalidades tradicionales entre las naciones-Estado” y “la declinación del Estado-nación a causa de las contradicciones entre tribalismo y globalización”, entre otras posibilidades.</p>
<p>Cada una de estas versiones da cuenta —en algún aspecto— de una nueva realidad con la que discrepo. A mi juicio, pasan por alto un elemento decisivo y central de la política mundial de los próximos años, a saber: <b>la principal fuente de conflicto en el mundo no será fundamentalmente social ni económica</b>.<b> El carácter de las grandes divisiones de la humanidad, como así la fuente dominante del conflicto es y continuará siendo cultural.</b></p>
<p>Las naciones-Estado seguirán siendo los agentes más poderosos en los asuntos mundiales. Pero en los principales conflictos políticos internacionales se enfrentarán naciones con entidades culturales paraestatales distintas. El choque de culturas dominará el escenario de la política mundial. No el choque de civilizaciones.<span id="more-620"></span></p>
<p>Las líneas de ruptura entre las entidades culturales diferentes serán los frentes de la batalla ideológica del futuro y, esto es, si se me permite la definición, una política —casi— de Estado en el pensamiento yihadista<b>.</b> De hecho, sostengo que estamos inmersos en esta etapa. El conflicto intercultural abierto y directo, que, en otras palabras, es la última fase de la evolución del conflicto en el mundo moderno.</p>
<p>Durante la Guerra Fría el planeta se dividió en lo que se conoció como primero, segundo y tercer mundo. Esa división ya no resulta pertinente y adquiere categoría de obsoleta. Hoy es mucho más lógico agrupar a los países en función de su cultura e idiosincracia que hacerlo según sus sistemas políticos y económicos, o por su grado de desarrollo, sencillamente porque lo primero va a definir lo segundo.</p>
<p>Las comunidades europeas, a su vez, compartirán características culturales que las distinguirán de las comunidades árabes o chinas. Pero los árabes, los chinos o los occidentales no integran ninguna entidad cultural ampliada. Constituyen entidades culturales individuales, de allí que sea extremadamente erróneo hablar de choque de civilizaciones. No existe tal diferencia entre las civilizaciones. Hay una sola civilización y es la civilización humana.</p>
<p>A mi juicio, <b>la entidad cultural es la correcta forma de definir este dilema,</b> por tanto, la organización cultural más alta de las personas y el nivel de identidad cultural individual ampliado es lo que distingue a los seres humanos y, a su vez, se define por los niveles de identidad de los individuos. Por ejemplo, un residente de Londres puede definirse con diversos grados de identidad, como londinense, británico, inglés, protestante, musulmán, judío, cristiano, europeo y occidental. El nivel más amplio con el que se identifique será la cultura a la que pertenece. Las personas pueden redefinir sus identidades y, como resultado de ello, la composición y las fronteras geográficas cambian.</p>
<p>Las entidades culturales pueden abarcar un número muy grande de personas, como en el caso de China (una entidad cultural que finge ser un Estado) e incluir a varias naciones-Estado, como ocurre con la cultura occidental o la árabe, o solamente una, como la cultura japonesa.</p>
<p>La identidad de los entes culturales será cada vez más importante y el mundo futuro estará conformado en gran medida por la interacción de cinco o tal vez seis entidades culturales, como la occidental, la confuciana, la japonesa, la islámica, la hindú, la latinoamericana y, posiblemente, la africana. <strong>Los conflictos más importantes del futuro se producirán en las líneas de ruptura que separan a estas entidades culturales unas de otras. Esto es lo que está ocurriendo en el presente escenario mundial.</strong></p>
<p>¿Por qué habrían de chocar las civilizaciones? En primer lugar, las diferencias entre las civilizaciones no son reales, solo existe una civilización, como ya he señalado anteriormente (la humana), pero las diferencias entre las entidades culturales son fundamentales.</p>
<p>Las culturas se diferencian entre sí por su historia, su idioma, su tradición y, lo más importante, por su religión. Personas pertenecientes a distintas culturas consideran de distinta forma las relaciones entre Dios y el hombre, grupo e individuo, ciudadano y Estado, padres e hijos, esposo y esposa. Del mismo modo, tienen criterios diferentes sobre la importancia relativa a los derechos y las responsabilidades, a la libertad y a la autoridad e incluso a la igualdad y la jerarquía.</p>
<p>Estas diferencias son el resultado de siglos en lo referente al mundo árabe-islámico y no desaparecerán rápidamente, pues <b>son mucho más determinantes que las diferencias entre ideologías y regímenes políticos</b>. Esto es lo que la cultura occidental debe comprender e internalizar para cooperar y tratar con los pueblos árabes de forma correcta y así aislar el radicalismo vigente que lo corroe. Ello no significa que con esto avasalle ningún aspecto de la cultura del mundo árabe islámico. Los procesos de modernización económica y cambio social tienen en todo el mundo el efecto de separar a la gente de sus identidades originales, lo que debilita al mismo tiempo a la nación-Estado como fuente de la identidad, pero nunca la desintegra.</p>
<p>En gran parte del mundo, especialmente en el mundo árabe, la religión ha conseguido llenar vacíos, muchas veces en forma de movimientos llamados fundamentalistas, que es posible encontrar en todas las creencias religiosas, aunque mucho más a menudo en el integrismo militante yihadista.</p>
<p>En la mayoría de los países y las religiones, las cúpulas activas de los movimientos fundamentalistas son jóvenes, cuentan con educación universitaria y pertenecen a la clase media capacitada o son profesionales y hombres de negocios. No son pobres ni postergados. De allí la importancia de la secularización del mundo, ella debería ser una de las realidades sociales dominantes, el problema es que se aprecia todo lo contrario en la vida del primer decenio del siglo XXI.</p>
<p>El resurgimiento de la religión ofrece una base de identidad y el doble papel que impulsa Occidente con la toma de conciencia sobre la propia cultura no muestra, por una parte, que Occidente se encuentre en la cúspide del poder. Sin embargo, tal vez como resultado de ello, entre las culturas no occidentales ocurre un fenómeno que es el regreso a las raíces. Así, se escuchan cada vez más las referencias al encierro y al fracaso de las ideas occidentales del socialismo o el liberalismo y, por ende, en Oriente Medio es bien visto el retorno a la rígida re-islamización. Esto hasta puede tener sentido y ser correcto, pero la pregunta sigue siendo: “¿Es culpa de la cultura judeocristiana?”</p>
<p>En su libro <i>El choque de civilizaciones</i>, Samuel Huntington pretendió presentar a Occidente sólo como una civilización, dejó al margen el orden político y la cultura específica occidental. Sin embargo, en lo que Huntington no reparó en su tiempo fue en la diferencia y los conceptos. Lo cierto y concreto hoy sobre la definición correcta del fundamentalismo religioso, en primer lugar, es que no es todo el islam, aunque sí lo secuestra y somete hacia el interior. Sin embargo, lo que verdaderamente encarna es una corriente islámica representante de una tradición, que se siente amenazada por la modernidad política. Su postulado central es regresar a los fundamentos religiosos primigenios del islam. Es una doctrina conservadora, tradicionalista y ortodoxa. El islamismo, en cambio, es una ideología y una práctica totalitaria cuyo objetivo estratégico es clausurar cualquier espacio político-cultural al interior del mundo islámico que incluya cambio o modernidad.</p>
<p>Cuando se hace de la política únicamente confrontación, se llega a la guerra. Cuando se limita la política a la exclusiva negociación, se llega al comercio, al modernismo y al desarrollo. Lo que sucede es que los representantes islámicos, en negociaciones internacionales, se ven obligados a regirse por leyes sancionadas por el hombre y no por Dios, lo que para sus sectores más radicales constituye una blasfemia. Cuando, en realidad, lo concreto es que la política internacional es esencialmente secular. No hay iglesia, mandamiento o profeta que se encuentre por sobre la norma. Por ello, los representantes islámicos suelen no tener más opción —por ejemplo, en Naciones Unidas— que practicar dos políticas a la vez. Una confesional, hacia adentro y otra secular, hacia afuera.</p>
<p>Así, en la cúspide de su poder, Occidente enfrenta al no Occidente y, en este escenario, es difícil que disminuya la interacción militar entre Occidente y el islamismo (ideología que exterioriza de forma violenta la doctrina de la yihad permanente), que, por cierto, data de varios siglos. Por el contrario, lo que vamos a continuar viendo es un escenario que seguramente podría hacerse mucho más virulento en el corto plazo y una espiral de violencia sin final a la vista.</p>
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		<title>El falso debate de confrontar libertad y seguridad</title>
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		<pubDate>Fri, 22 Jan 2016 09:14:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Atentados en París]]></category>
		<category><![CDATA[Europa]]></category>
		<category><![CDATA[ISIS]]></category>
		<category><![CDATA[Islamismo radical]]></category>
		<category><![CDATA[yihadismo]]></category>

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		<description><![CDATA[En general, y a través de la historia, un país no escoge entrar o no en una guerra: la guerra le es declarada. De igual manera, un país no elige dónde librar una guerra, depende del enemigo que se la declara. Cuando estas circunstancias se producen, un país no está en condiciones de elegir qué... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/01/22/el-falso-debate-de-confrontar-libertad-y-seguridad/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En general, y a través de la historia, un país no escoge entrar o no en una guerra: la guerra le es declarada. De igual manera, un país no elige dónde librar una guerra, depende del enemigo que se la declara. Cuando estas circunstancias se producen, un país no está en condiciones de elegir qué guerra quiere librar: el tipo de guerra le es impuesta por el agresor.</p>
<p>Nunca se elige ni contra quién, ni cómo ni dónde se hace la guerra, salvo en muy escasas ocasiones. Estas tres sencillas verdades han pertenecido durante siglos a la tradición política y estratégica occidental, aunque los dirigentes y las sociedades de lo conocido como mundo libre las hayan olvidado en las últimas dos décadas. Desde la caída de la Unión Soviética, los europeos han vivido unas vacaciones estratégicas y han alimentado tres peligrosas ilusiones: a) que pueden elegir libremente a quién hacer la guerra, b) que pueden elegir de qué manera librarla, y c) que pueden elegir dónde combatirla.</p>
<p>Luego de la masacre de París, los europeos continúan encerrados en esa ilusión. Aunque deben reconocer —cuanto antes— que no depende de ellos librar o no esta guerra. <b>La tienen encima, dentro de sus ciudades, se la declaró el yihadismo con sus fatwas desde mediados de los años noventa, y esta declaración ha sido renovada por las organizaciones radicales, hasta llegar actualmente al ISIS</b>. La guerra ya ha sido declarada por quienes consideran la civilización occidental como una perversión y un mundo a destruir, y ya es muy claro que se han dado a la tarea de aniquilarlo.<span id="more-612"></span></p>
<p>Tampoco han elegido los occidentales qué tipo de guerra librar contra el ISIS. Uno debe aferrarse semánticamente al término <i>guerra</i> —por más desagradable que suene— y aunque otros lo nieguen y pongan sobre la mesa miles de páginas de derecho penal, derecho internacional y derecho de guerra para demostrar que esto no es una guerra, sus esfuerzos se tornan estériles cuando quien se sienta al otro lado en la mesa porta una arma o un chaleco de explosivos. Lo acepte o no Occidente, es este elemento que ha definido el tipo de guerra que le ha sido declarada. Y lo que es peor, los occidentales tampoco han elegido librar la guerra en las calles de las ciudades europeas o estadounidenses: esa guerra ha sido llevada allí por el islamismo radical.</p>
<p>En 2001, los norteamericanos tenían al menos el consuelo de descubrir que sus atacantes procedían del exterior y llegaron para destruir las Torres Gemelas por órdenes de Osama Bin Laden. Los europeos no tienen esa suerte: sus enemigos poseen pasaporte de la comunidad, viven en barrios europeos, visitan centros comerciales y acuden a eventos deportivos donde eligen a las personas que asesinarán<b>.</b> Eso ocurrió en París, Londres y Madrid, y sucederá en más ciudades si no hacen algo al respecto.</p>
<p>La actual no es más que una guerra librada contra el sentido mismo de la civilización occidental, es total en sus objetivos y medios y pretende convertir a Occidente en un campo de batalla general y amplia. Todo lo cual señala claramente un frente interior. A ningún occidental le gusta ese escenario, muchos lo niegan, pero lo cierto es que está ahí. Esto exige cambios profundos en la forma de pensar y actuar en materia de seguridad.</p>
<p><b>La evolución del yihadismo en territorio europeo y estadounidense es lo suficientemente grave como para rever cuanto antes las medidas adoptadas por Estados Unidos tras el 11-S</b>, y que la progresía europea —tan alegremente— criticaba entonces.</p>
<p>Por desgracia, parafraseando la conocida broma norteamericana —“Cuando los estadounidenses tienen un problema, aprietan el botón, pero cuando lo tienen los europeos, difunden un comunicado”—, cierta y verdadera, los europeos, en vez de actuar, discuten acaloradamente sobre la alternativa libertad-seguridad. En verdad, esta misma discusión no sólo es falsa, sino que es peligrosa e imprudente para sus propias sociedades.</p>
<p>Es falsa porque la amenaza yihadista ya está extendida sobre Europa como la peor de las servidumbres, la que afecta al alma de sus habitantes. La verdadera falta de libertad es la que a golpe de kalashnikov ya se está instalando en el interior de la conciencia europea a partir de los ataques a París, y cada atentado islamista en el corazón de Europa está siendo ya un recorte real de las libertades de los ciudadanos europeos.</p>
<p>Europa está semisumergida en su día a día y el miedo a la represalia y a la venganza, a la rendición, los ataques parisinos, las suspensiones de conferencias y exposiciones acerca del islam, la autocensura de cineastas, novelistas, escritores, artistas y cantantes lo demuestra. De ataque en ataque, de bomba en bomba, los yihadistas ya están asaltando con éxito el alma europea.</p>
<p>No hacer nada al respecto es imprudente, porque el ataque de París y la repercusión vital en toda Europa muestran que el Viejo Continente está agrietado moral e intelectualmente y no podrá soportar muchos más ataques.</p>
<p>En estas condiciones y ante estas consecuencias, la inacción y la pérdida de tiempo de las élites políticas, intelectuales y mediáticas europeas convierten este debate en algo imprudente, irresponsable e insensato.</p>
<p>Ante los ataques a la conciencia misma de Occidente, a su forma de vivir, de pensar y de expresarse, la única reacción posible es tomar medidas que no tienen por objetivo a los ciudadanos occidentales, sino a quienes los asesinan en cafés, teatros y campos deportivos. Que vayan dirigidas a actividades delictivas y terroristas muy concretas, alejadas de la cotidiana vida europea u occidental. Que tienen un carácter excepcional y cuyos responsables de ponerlas en marcha a nivel gubernamental saben y conocen muy bien.</p>
<p>Las verdaderas democracias adaptan sus instituciones de seguridad a las necesidades del momento, que es la forma auténtica de mantener a salvo los principios, los valores y los modos de vida de sus sociedades. Y hoy pasa por actuar en tres direcciones. Como primera medida, las fuerzas de seguridad y las agencias de inteligencia deben poder acceder cuanto antes, y de la manera más completa posible, a las fuentes de información, para eliminar restricciones burocráticas. En segundo lugar, se debe evitar que los yihadistas planifiquen y preparen con libertad sus masacres, lo que exige cambios legales que permitan reforzar la seguridad y los controles en fronteras. Y en tercer lugar, sólo se ganará la guerra que ellos han declarado si es posible detenerlos, desactivarlos e interrogarlos con las mayores garantías que disponga la labor de las agencias de inteligencia y las fuerzas de seguridad dentro del marco democrático.</p>
<p>El lector puede pensar, y con toda razón, que también es cierta la existencia de un detalle no menor. Es que quizá los europeos no quieran librar esta guerra con estos instrumentos y de esta manera. Sin embargo y desgraciadamente, ante este cuadro de situación generado por el atacante externo, no tienen opción. O tal vez sí la tienen, y esa otra alternativa es perderla.</p>
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		<title>Bienvenidos al mundo real</title>
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		<pubDate>Thu, 14 Jan 2016 03:00:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Energías]]></category>
		<category><![CDATA[Israel]]></category>
		<category><![CDATA[Oriente Medio]]></category>
		<category><![CDATA[Primaveras Árabes]]></category>
		<category><![CDATA[yihadismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Compartiré hoy con el lector algunas ideas que exprese en mi libro La yihad global, el terrorismo del siglo XXI, editado en el año 2010. Recuerdo que al mismo tiempo de la publicación de la obra, los llamados analistas políticos o especialistas sobre Oriente Medio no tenían la menor idea de que no existía tal cosa... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2016/01/14/bienvenidos-al-mundo-real/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Compartiré hoy con el lector algunas ideas que exprese en mi libro <i>La yihad global, el terrorismo del siglo XXI</i>, editado en el año 2010. Recuerdo que al mismo tiempo de la publicación de la obra, los llamados analistas políticos o especialistas sobre Oriente Medio no tenían la menor idea de que no existía tal cosa a la que llamar Primaveras Árabes, y no fueron pocas las críticas a mis anticipaciones sobre los eventos de los que hoy somos testigos.</p>
<p>Sin embargo, opinólogos y autoproclamados analistas desgranaban teorías tan dispares como cercanas al final de la historia. En otras palabras, hoy estas personas deberían sentir vergüenza, pues demostraron con el paso del tiempo (en poco menos de seis años) que conocían tanto del mundo árabe-islámico como este humilde pensador conoce sobre el ciclo reproductivo de la medusa.</p>
<p>Estas personas generaron la peor y más estruendosa sordina de aplaudidores norteamericanos, latinoamericanos y europeos, cómodos observadores televisivos de esos eventos desde el living de sus hogares y, sin sonrojarse e influenciados por la prensa arabista, hasta llegaron a conceptualizar tales eventos como revoluciones árabes, cuando, en realidad, en aquellos días estábamos viviendo el ascenso al poder de la ideología yihadista en toda la región.<span id="more-606"></span></p>
<p>Muy pocos, diría que no más de un puñado de colegas, aseveramos que no podía decirse que estábamos ante revoluciones genuinas en el mundo árabe. Nadie, ningún analista responsable y conocedor del terreno, podía sostener tal cosa desde una evaluación profesional rigurosa.</p>
<p>Una revolución verdadera llega y se instala de manera silenciosa. Y lo que se veía allí era engañoso, sin los ingredientes de una revolución. <b>Sólo eran movilizaciones de algunos miles de personas no exentas de ser manipuladas por distintas y diferentes causas, entre ellas, las tácticas de la yihad y el radicalismo político-religioso.</b></p>
<p>Lo concreto es que las verdaderas revoluciones se gestan en voz baja y lo que había allí era solamente tumulto y camarógrafos de Al-Jazeera<i> </i>publicitando eventos como revolucionarios a través del montaje de un teatro callejero. Sin embargo, hay que reconocer que en ese momento mal no les fue, aunque hoy son los grandes responsables del ascenso, el afianzamiento y los crímenes de los grupos terroristas que están devastando y destruyendo Libia, Irak, Siria, Yemen y más allá, hasta Afganistán y Pakistán, generando miles de desplazados e inmigrantes, aunque curiosamente ni uno solo de los países árabes —excepto Líbano— ha sido recibido por los países árabes poderosos y sí por Europa.</p>
<p>Pregunte usted al millón y medio de libaneses de la Revolución de los Cedros que colmaron las calles de Beirut en 2005 en qué acabaron sus ansias genuinas de libertad. La respuesta que obtendrá será simple: fueron diezmados por el integrismo radical de Hezbollah auspiciado por Teherán.</p>
<p>Del mismo modo, nadie puede negar que el movimiento verde en Irán haya sido revolucionario en 2009, y que, de haber tenido éxito, habría puesto fin al establishment de la República Islámica para sustituirla por un sistema político secular que separara la mezquita del Estado. El resultado: también fueron aniquilados por los khomeinistas.</p>
<p>Inversamente, también los esfuerzos de Hezbollah para tomar el Líbano e impedir durante los últimos 26 meses la elección de un presidente constituyen igualmente un intento de cambio revolucionario, ya que el sistema secular del Líbano marcha hacia una República Islámica, lo que demuestra que los cambios también pueden producirse en ambos sentidos. En consecuencia, se debe ser muy cuidadoso cuando se analiza y se opina sobre el mundo árabe-islámico.</p>
<p><b>Una revolución debe ser algo más que gritos y demandas que piden el fin de un gobierno para reemplazarlo por otro peor</b>; si no, miremos la tragedia de los refugiados, rebasando las capacidades de Europa en recibirlos y, peor aún, contabilice el lector los miles de muertos que esas “revoluciones” han dejado, ya sea devorados por el mar en su huida desesperada o fusilados, decapitados y asesinados de las formas más crueles e inhumanas en tierra por los islamistas revolucionarios del Califato de Abu Bakr al-Baghdadi.</p>
<p>Es de esperar que los occidentales hayan aprendido la lección. No es lo mismo analizar los eventos del mundo árabe con el mismo pensamiento o prisma que se aplica desde este lado del Atlántico y no se puede ni debe juzgarse una revolución por su teatralidad. <b>Algo real tiene que suceder para que una revolución se produzca y genere cambios para bien de los ciudadanos, y nada de eso ha sucedido en aquella región.</b></p>
<p>Lo que se observa actualmente en Oriente Medio y el Magreb está muy lejos de indicar que los tumultos y las movilizaciones hayan sido revoluciones reales. Muchos de los saqueos, la destrucción cultural y los desmanes producidos en las ciudades sirias no fueron liderados por verdaderos demócratas sino por organizaciones terroristas que secuestraron los legítimos reclamos del pueblo sirio contra la dictadura de Bashar al Assad. Los terroristas utilizan siempre reclamos genuinos de la población marginada social y económicamente, pero el problema real es que el terrorismo yihadista se extendió, ayudado en ello por la ignorancia existente de este lado del Atlántico, que incluso hasta lo favoreció por acción u omisión.</p>
<p>Como sea, las cosas nunca son tan malas como parecen en el mundo árabe, siempre pueden ser peor. Es innegable y muy básico que en la región está en juego el avance del yihadismo radical o, por el contrario, el freno y la neutralización de esa ideología que ha generado los peores males a los pueblos árabes.</p>
<p>Lo que el lector debe saber es que <b>de Yemen a Irán, del Líbano a Somalia, de Egipto a Jordania, Siria y Túnez, se cometen crímenes políticos porque hay un gran número de energías en pugna y en muchos casos no hay manera de saber quién toma las decisiones</b>, por no hablar de la falta de decisiones que deben ser tomadas por el denominado mundo libre si se despoja de su manto de rampante hipocresía.</p>
<p>Por tanto, a quienes no conocen los avatares del Oriente Medio y el mundo árabe-islámico, permítanme decirles: “Bienvenidos al mundo real”.<b> </b>Esta y no otra es la realidad árabe actual, un mundo que se debate entre desvencijadas dictaduras y el avance impiadoso de una ideología radical que se expande en la región. De allí que a aquella opinión pública y prensa internacional que supone que los árabes hoy son revolucionarios contra las tiranías regionales hay que decirle: “Ello no sólo es incorrecto, sino falso y muy peligroso”.</p>
<p>En consecuencia, la pregunta sigue siendo si es posible transitar pacíficamente de una dictadura a una democracia. La respuesta es sí. Los ejemplos de Taiwán y Sudáfrica lo reafirman. Pero eso no tendrá lugar bajo el estereotipo confrontativo de la calle árabe según el cual las masas están motivadas, sobre todo, por su furia implacable contra Israel por la opresión —fantasiosa e imaginaria— de sus hermanos palestinos, que ya viene siendo tiempo de explicarle al mundo que son tan árabes como los sirios, los jordanos o los iraquíes y tan palestinos como los escandinavos. Ese mito, junto a la inclinación cultural totalitaria de la ideología yihadista, es lo que impidió e impide la democracia a través de la historia en los países árabes.</p>
<p>La realidad se desnuda ante los hechos y la peligrosa crisis que escala día a día entre el Irán chiíta y la suna de Arabia Saudita es irrebatible desde cualquier posición ideológica o judeofoba.</p>
<p>Ya no cabe duda de que este es un muy buen momento para apoyar a los pueblos árabes, sin la hipocresía de Moscú, Washington o Bruselas; los dos primeros con bombas y el tercero ofreciéndoles agua mineral y una visa indigna como refugiados en Europa.</p>
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		<title>Líbano: conmemoraciones sí, festejos no</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Nov 2015 07:37:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Aniversario de independencia de Líbano]]></category>
		<category><![CDATA[Instituciones pro-terroristas]]></category>
		<category><![CDATA[Líbano]]></category>
		<category><![CDATA[Terrorismo palestino]]></category>

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		<description><![CDATA[Muchas instituciones y organizaciones libanesas de la diáspora festejarán el próximo 22 de noviembre el 72.º aniversario de la independencia del país. Líbano es el único país en Oriente Medio que, por muchos años y hasta la irrupción del terrorismo palestino, a principios de los años setenta, gozó de un sistema democrático maravilloso. El pueblo... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2015/11/21/libano-conmemoraciones-si-festejos-no/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Muchas instituciones y organizaciones libanesas de la diáspora festejarán el próximo 22 de noviembre el 72.º aniversario de la independencia del país.</p>
<p>Líbano es el único país en Oriente Medio que, por muchos años y hasta la irrupción del terrorismo palestino, a principios de los años setenta, gozó de un sistema democrático maravilloso. El pueblo libanés luchó valientemente a través de su historia en defensa de valores democráticos y de sus derechos políticos, civiles y humanos contra invasores y conquistadores. Miles de sus mejores hombres y mujeres sacrificaron sus vidas en el altar del Líbano por la defensa de su libertad, su democracia y su independencia.</p>
<p>En el pasado, para estas fechas, en Líbano se acostumbraba cantar con orgullo himnos por la libertad, la soberanía y la independencia. Así se conmemoraban las situaciones heroicas de nuestros antepasados y se rendía tributo al sacrificio de los mártires, en recuerdo al honor de los que nos antecedieron.<span id="more-596"></span></p>
<p>Hoy las cosas han cambiado, por lo tanto, <b>quienes el próximo 22 de noviembre festejen en lugar de conmemorar la fecha serán utilitarios a aquellos que vaciaron precisamente de toda sustancia la independencia y democracia libanesas</b>. Sus festejos, sus cenas y sus bailes serán fraudulentas teatralizaciones que no representan lo que viven los ciudadanos dentro del país. Quienes festejan deben saber que el mayor y más grande ausente de esos festejos habrá de ser, precisamente, la independencia en sí misma.</p>
<p>Muchos liliputienses políticos en Líbano —y en la diáspora— irán más lejos aún y se prestarán como lo que son: <b>colaboradores de los destructores del Líbano </b>y se reunirán con instituciones pro-terroristas no libanesas bajo el falso lema de la fraternidad y la cooperación. De allí la importancia para muchos descendientes y personas en general en saber que son esos mismos sujetos los que han entregado la independencia y su dignidad hace tiempo, por lo que carecen de autoridad moral y espíritu patriótico.</p>
<p>Todo lo que esas personas deberían hacer es preguntarse si esta es la independencia por la que miles de hombres honrados se sacrificaron para hacer de ella una realidad.</p>
<p>Lo cierto es que para celebrarla, en primer lugar, se debe saber su significado. No se puede hablar de independencia y desconocer sus componentes. No se debe reducir brutalmente a cantar, comer, beber y bailar el día de la conmemoración, cuando lo real es que no comprenden o ignoran deliberadamente su completo horizonte.</p>
<p>La lucha por la independencia debe perseguir la justicia, la seguridad, la libertad, la decencia, el derecho y la legalidad, la responsabilidad, la ley, la igualdad, los derechos humanos, la dignidad, la integridad del territorio y la estabilidad del seno social.</p>
<p><b>Independencia es sinónimo de libertad, y ambas son esencialmente una en su sustancia, son inseparables. </b>La primera pierde su basamento si se la vacía de libertad. En el mismo contexto, la libertad es inseparable de la responsabilidad, y la libertad pierde sus valores si estos no se encuentran organizados y reconocidos en un marco transparente ofrecido por la independencia de criterios.</p>
<p>Tampoco se puede separar la responsabilidad de la ley, porque la responsabilidad pierde su sentido si se genera un vacío en su significado. De la misma manera, la ley es inseparable de la justicia, pues la ley pierde su credibilidad cuando los dobles estándares y el favoritismo se aplican en su puesta en práctica.</p>
<p>Esa es la independencia que los libaneses creyentes en la legalidad y la democracia deben honrar, respetar y por la que deben trabajar pacíficamente. <b>Esta debe otorgar seguridad, justicia, paz y respeto a todos por igual, dentro y fuera del Líbano.</b></p>
<p>En el Líbano atomizado de hoy, la mayoría de los ciudadanos no goza de los componentes de la independencia. Viven la vida del día a día con incertidumbre sobre el futuro, porque los grupos mafiosos que importan el terror al servicio de países extranjeros los exponen a las injusticias eligiendo por ellos, oprimiendo sus libertades, confiscando el proceso de toma de decisiones libres, ignorando sus intereses personales y nacionales, violando sus derechos humanos, privándolos de democracia, arrastrándolos a la edad de piedra y forzando a miles a abandonar la tierra y emigrar.</p>
<p>Mientras esto sucede, los funcionarios favorables a la injerencia extranjera y sus milicias armadas continúan avanzando sobre los componentes de la independencia sin ningún pudor. Así, avasallan los derechos humanos, las leyes y la <i>Constitución</i> con conductas oportunistas y sicopáticas, sin dignidad ni ética.</p>
<p>En este marco, funcionarios de Beirut designados por países extranjeros, representantes de instituciones libanesas, dignatarios y clérigos en ultramar celebrarán el próximo 22 de noviembre el aniversario de la independencia, cuando, en realidad, esta ha sido vaciada de todo contenido debido a sus conductas.</p>
<p>En la mirada de estos funcionarios y de los colaboradores de ultramar, la independencia es su Dios personal, es un tambor de guerra que transmite odio, una ideología devastadora e importada. Es muerte, pobreza e injusticia, secuestros y detenciones arbitrarias, es un proceso fraudulento forjado en la corrupción y la malversación de la toma de decisiones nacionales. <b>Es, al fin de cuentas, esclavitud y sumisión de un Gobierno que responde a quienes ocupan el país actualmente: las milicias de Siria e Irán.</b></p>
<p>Esto no es lo que significa para otros miles de libaneses que desean vivir en paz, libertad y democracia. Un libanés que desea la paz y trabaja por la independencia es el que por amor al Líbano busca constantemente la justicia y la verdad. Es el que no acepta que el terror se adueñe del país y cree que la lucha en curso por un Líbano libre, independiente y soberano es un destino y un deber, no una opción.</p>
<p>Para festejar la independencia hay que ser creyentes en la única religión libanesa, la religión de la libertad, de la civilización y la democracia. La religión de Kadmous, Aheram, Hannibal y Zinoon, la del esfuerzo y el trabajo. Un verdadero libanés no se sienta a la mesa a compartir el pan y la sal con quienes han incendiado su tierra, sus bosques y sus ríos. Los que hagan tal cosa, no son más que hombres de papel a quienes mal puede llamárseles libaneses.</p>
<p>Por tanto, es nuestro deber honrar nuestras raíces y lo que nuestros padres y los padres de nuestros padres nos han legado, y ello es resistir pacíficamente desde las ideas hasta que la verdadera independencia sea una realidad en Líbano. Entonces habrá días de festejos. No hoy.</p>
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		<title>El infortunio árabe</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Oct 2015 09:01:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Irak]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo árabe]]></category>
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		<description><![CDATA[Es tiempo de proponer, aportar elementos de juicio que ayuden a responder interrogantes sobre Medio Oriente y, al mismo tiempo, sugerir posibilidades y herramientas que puedan ayudar a superar la crisis para el bien de los pueblos árabes, sin pretender que esta nota sea un esquema programático en lo político o social. Ante todo es... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2015/10/21/el-infortunio-arabe/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Es tiempo de proponer, aportar elementos de juicio que ayuden a responder interrogantes sobre Medio Oriente y, al mismo tiempo, sugerir posibilidades y herramientas que puedan ayudar a superar la crisis para el bien de los pueblos árabes, sin pretender que esta nota sea un esquema programático en lo político o social. Ante todo es un punto de vista intelectual en búsqueda de herramientas superadoras a un presente sombrío y no buscado por millones de seres humanos.</p>
<p>Sin desconocer la realidad, pero también sin excluir responsabilidades dirigenciales y ciudadanas y, en toda instancia, este escrito es mi pensamiento y mi percepción como estudioso de la región, junto a una reflexión sobre el escenario como conocedor del terreno. En definitiva, es una voz e ideas sobre comportamiento humano y sociológico como las que se podrían escuchar en cualquier lugar del mundo, se trate de Buenos Aires, Nueva York, Damasco, Londres, Beirut, El Cairo, Casablanca o Bagdad.</p>
<p>Sin embargo, no por ello el lector y la crítica deben creer que busco cobijo en un pretendido consenso cuya uniformidad acuerde con mis ideas en la materia. Tal cosa no existe en lo relativo al pensamiento humano y no está en la órbita de las reflexiones e ideas que me han movido a escribir esta nota, aunque la identidad política de cada intelectual ciertamente influye en su propuesta y quien no reconoce este punto falta a la verdad o es un militante. Por lo que considero lo más justo y honesto dar a conocer la mía.<span id="more-583"></span></p>
<p>Me presento entonces con el lector. El autor de estas consideraciones es un argentino de origen libanés, cristiano maronita de familia. Laico por elección. Para algunos, árabe-cristiano, para otros, fenicio-católico. Occidentalizado, ¡claro! Pero que no se considera a sí mismo alienado por ninguna cultura, ni la occidental ni la árabe y nada deseoso de desacreditar a quienes no piensan como él.</p>
<p>No es mi trabajo —ni mi interés— acusar a ningún árabe ante un tribunal de terceros países. En consecuencia, y sin incurrir en deslealtades imaginarias o fantasías descalificadoras de la crítica, me despojo de cualquier alarde de universalismo incluyente o sectarismo excluyente, por lo que me agradaría que la lectura se considerara como una manifestación posible de ideas a desarrollar en pos de soluciones sobre y para los árabes.</p>
<p>En el presente, a pesar del nacionalismo sectario de segundas o terceras generaciones, no es cómodo ser árabe. El sentimiento de persecución, el malestar existencial es hoy lo que más se comparte en el mundo árabe. Incluso los que durante largo tiempo se creyeron a salvo, los poderosos saudíes o los prósperos kuwaitíes no pueden librarse ya de esta percepción desde lo acaecido un cierto día 11 de septiembre de 2001 o desde el reintento de la creación del Califato que propugna el <i>Daesh</i> (ISIS).</p>
<p>Desde cualquier ángulo que se lo mire, el panorama es sombrío y desolador, sobre todo si se lo contrasta con otras partes del mundo. Sin embargo, con todo lo que supone la diferencia que nace de la colisión entre lo que se cree ser y lo que realmente se es; entre las expectativas y los hechos reales; las ansias y las frustraciones; el pasado y el presente, el mundo árabe es la región del planeta donde el hombre tiene hoy menores posibilidades de realizarse. Basta con focalizarse en la palabra “árabe”<i>,</i> desvirtuada hasta quedar reducida a un carácter étnico marcado por el oprobio o, en el mejor de los casos, asociado a una cultura victimizada y negacionista.</p>
<p>No obstante, el infortunio y las dificultades no siempre han existido. Al margen de la supuesta edad de oro de la cultura árabe-musulmana, hubo un tiempo no muy lejano en que los árabes podían observar su futuro con optimismo.</p>
<p>En el renacimiento cultural del siglo XIX, la famosa <i>Nahda</i> abrió puertas a la modernidad en muchas sociedades árabes cuyo dinamismo sobrepasó a menudo a las élites occidentalizadas. En el siglo XX, una de ellas, la egipcia, dio vida a la tercera industria cinematográfica del mundo; al mismo tiempo, desde Bagdad a Casablanca, pasando por Beirut y El Cairo, pintores, poetas, músicos, dramaturgos y novelistas contribuían a la reformulación de una nueva cultura árabe.</p>
<p>De forma paralela, se emprendían cambios sociales de gran relevancia. El más espectacular fue la revolución que supuso la supresión del velo en la mujer, aunque hoy, con el reverdecer de movimientos religiosos radicalizados, se ha forzado el retorno del velo en las niñas desde temprana edad.</p>
<p>En la esfera política, las reformas sociales convertían a los árabes en protagonistas de las relaciones internacionales. El Egipto de Gamal Abdel Nasser se convirtió en el eje del afro-asiatismo y posteriormente, con el Movimiento de Países no Alineados, la Argelia independiente se consideró un modelo para todo el continente africano. Hasta la resistencia árabe-palestina creada entre 1964-1966 pretendió reivindicar el derecho de los pueblos incursionando en políticas equivocadas desde la resistencia armada, pero sin caer por ello en el victimismo que hoy agobia hasta el cansancio en la reiteración de su difusión y su victimización en todo el mundo.</p>
<p>¿Cómo pudo cerrarse aquella secuencia en que, pese a no cosechar demasiados éxitos, permitía vislumbrar un futuro mejor y cercano? ¿Cómo se llegó al marasmo actual de las post primaveras árabes? ¿Dónde ha quedado la intelectualidad árabe que demostró haber naufragado en la vulgaridad ideológica? ¿Qué llevó a que los árabes creyeran que no tienen más porvenir que el signado por el milenarismo enfermizo? ¿Cómo se llegó a despreciar una cultura viva para profesar el culto a la desgracia, la envidia, el odio y la muerte?</p>
<p><b>Unos cuantos datos bastarían para explicar las dimensiones del caos en el que se encuentran las sociedades árabes: enormes índices de analfabetismo, distancia abismal entre los más ricos —inmensamente ricos—<i> </i>y los más pobres —desesperadamente pobres<i>. </i>Superpoblación de las ciudades, migraciones internas y externas, dictaduras —laicas y teocráticas— y un sinfín de etcéteras.</b></p>
<p>También es cierto y en tal sentido se podría argumentar que estos procesos son comunes a gran parte de países que hasta la caída del régimen soviético eran conocidos como Tercer Mundo, que favoreció la pobreza y el retraso. Es más, no cabe duda que la pobreza y la desigualdad son mayores en las calles de Calcuta,<b> </b>pero la frustración y el infortunio en el mundo árabe no es sólo un obstáculo para el desarrollo ni un conflicto entre clases, ni siquiera es un problema de deficiencia educativa. La particularidad del infortunio árabe y su dificultad consiste en que lo perciben quienes están a salvo de él y no se trata sólo de una cuestión de cifras, sino más bien de percepciones y sentimientos.</p>
<p>Tal infortunio empieza por una sensación extendida y enraizada de que no hay futuro ante el mal incurable que corroe este mundo, por lo que se piensa que la única forma de salvación es la huida individual. No es preciso recurrir a analogías con un Occidente —frecuentemente visto como dominador en el mundo árabe— en el que, sin embargo, el habeas corpus y los derechos humanos han dado pie a una ciudadanía lo suficientemente abierta como para hacer fracasar tentativas recurrentes por controlarla. Tampoco es necesario profundizar en los resultados que arrojaría la comparación entre una cultura que no cesa de alumbrar revoluciones tecnológicas y un mundo que, en más de un aspecto, permanece en la era preindustrial, mientras se contenta con consumir los logros llegados de afuera.</p>
<p>La analogía con contendientes más modestos no sería menos turbadora. Solamente hay que mirar a Asia, donde el crecimiento económico ha multiplicado el número de tigres y dragones o a Latinoamérica, donde la transición democrática parece irreversible dado el marco de cierta confusión ideológica. <b>Estas regiones del planeta que hasta hace poco parecían compartir con los árabes la cruz del subdesarrollo y de la arbitrariedad política, lejos aún de alcanzar la paridad con el Occidente industrial y democrático, al menos gozan de compensaciones que dan motivos para no caer en la desesperanza</b>. En algunos casos se perciben avances democráticos contundentes; en otros, un crecimiento económico y tecnológico destacable que hasta provoca la envidia de Europa; en otros más, una capacidad de iniciativa en las relaciones internacionales; y en ocasiones incluso se aprecia todo a la vez. Mientras tanto, el mundo árabe padece una carencia cruel en todas estas esferas.</p>
<p>Es cierto que el inmenso sentimiento de impotencia del que nace parece alimentarse del duelo frustrado ante la grandeza pasada, acrecentado en la medida en que se la compara con un referente histórico que poco tiene que ver con el problema, pero que lo hace mucho más doloroso al mostrar que no siempre ha existido. Dicho de otro modo, <b>el infortunio y la dificultad de los árabes radica en la impotencia de ser después de haber sido</b>.</p>
<p>Sin embargo, desgraciadamente, ni siquiera eso es cierto. El duelo por la grandeza pasada, si bien fue determinante en la formulación del nacionalismo moderno y de los pseudoprocesos de liberación nacionales en el mundo árabe, ahora ha perdido sustento y se probó que su eficacia era y es nula en la era post primaveras árabes. Estas no han sido más que revueltas violentas capitalizadas por grupos radicalizados en lo religioso.</p>
<p>El efecto debilitador del infortunio árabe ha alcanzado un punto en el que se prescinde de la historia para abandonarse a una sensación de impotencia perenne que anula toda posibilidad de un nuevo despertar.</p>
<p>La sensación de impotencia se ha convertido, sin duda alguna, en el emblema de la gran frustración y la dificultad mayor para el mundo árabe actual. Impotencia para ser lo que uno cree que debería ser. Impotencia para afirmar su voluntad de ser, aunque sólo fuera como una posibilidad frente al otro que lo niega, lo desprecia y, ahora, de nuevo lo domina. Impotencia y frustración para amordazar el sentimiento de que uno no es más que una pieza insignificante sobre el tablero mundial, más aun cuando la partida se juega en su propio campo. Se trata, es cierto, de un sentimiento irreprimible desde que la guerra de Irak ha llevado la peor imagen posible: ejércitos árabes en una coalición occidental combatiendo contra otro ejército árabe. Por eso, luego de la primera guerra iraquí ya nada fue igual.</p>
<p>No obstante y pese a la “resistencia”, hay que decir también que el discurso árabe de la resistencia no ha logrado incorporar la noción de heroísmo cotidiano. Ello, más allá de la propaganda en la que se ha focalizado su propia dirigencia, tan terminante como taxativa, pero poco exitosa, en la cual la percepción de Palestina permanece determinada por lo categórico, más por parte de los árabes que de los propios palestinos. Y si bien los palestinos fueron responsables de su orientación exclusivamente guerrillera desde los años sesenta, han sido los medios árabes los que han impuesto la consigna “Intifada” a partir del levantamiento de 1987-1989, hasta el punto que los palestinos sean considerados un pueblo de revolucionarios profesionales cuya valentía consuela y, a modo de catarsis, tranquiliza la conciencia de quienes los observan de lejos y aplauden ante su televisor.</p>
<p>Se trate de palestinos o libaneses, la resistencia armada no hace más que poner de relieve un sentimiento de impotencia generalizada en la falta de un elemento de consenso que posibilite progreso real en materia de superación del conflicto.</p>
<p>La segunda intifada, de septiembre de 2000, lo confirma a diario. El movimiento fue tan fuerte que la sola idea de someterla a la sana crítica se considera de inmediato como una traición. Es más, la sacralización de la resistencia a partir de una extrapolación exagerada del ejemplo libanés impide cualquier debate sobre los medios empleados e incita a adoptar los más espectaculares, por muy contraproducentes que sean, tal es el caso de ataques y utilización de suicidas (<i>shahids</i>)<i>.</i></p>
<p>Al mismo tiempo, la islamización de la lucha palestina, a pesar de ciertos hechos que halagan el orgullo perdido en la opinión pública árabe, está lejos de disipar la impotencia y la imagen del fracaso y el infortunio. Por el contrario, las amalgamas entre Palestina, Siria e Irak, que no benefician a ninguna de las partes, sólo consiguen ahogar en un inmenso río de sangre la imagen que los árabes de Oriente Medio tienen de sí mismos, así como la que el mundo está adquiriendo de ellos.</p>
<p>Tal vez no haya fácilmente una receta que permita acabar con la era del infortunio, pero al menos nos permitiría reinterpretarla como un momento. Sin la reconquista de esta parte de esa historia, la relación del mundo árabe en el siglo XXI con la modernidad seguirá siendo, a la vista de los árabes, tergiversada y, a consideración del presente de sus pueblos, una entelequia que generará mayores dolores y frustraciones.</p>
<p>En otras palabras, aquellos que dan la bienvenida a la tercera intifada que está germinando por estos días y aplauden el levantamiento palestino solamente están viendo el árbol, pero no el bosque. Lo que están aplaudiendo es más infortunio, más destrucción, frustración y muerte.</p>
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		<title>El islam político está venciendo al islam tradicional</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Oct 2015 00:20:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si bien la ausencia de democracia no es un mal inherente al mundo árabe, todos los países que lo integran la sufren por igual. La dictadura propiamente dicha —aunque limitada a dos o tres de ellos: Irak ayer, Siria hoy y Libia ayer y hoy— afecta al resto y reduce al mínimo el ámbito de las libertades, lo cual pone a las falsas democracias aún más en evidencia, en la medida en que la ciudadanía no ha adquirido en ninguna de ellas la inmunidad suficiente para impulsar una transformación democrática.</p>
<p>Sin embargo,<b> sería engañoso atribuir la crisis de la ciudadanía a una predisposición cultural</b> <b>cuando en realidad es un problema que afecta a la organización del Estado</b>.</p>
<p>El mundo árabe posee el dudoso honor de ser la única región del mundo donde el déficit democrático que padecen todos sus miembros se conjuga con la excusa de hegemonía extranjera —la mayoría de las veces indirecta, otras únicamente económica—, que, en los casos más extremos, como Siria e Irak, se asemeja a una nueva forma de colonialismo. Y si no, que lo digan Vladimir Putin y sus pilotos de la Fuerza Aérea rusa.<span id="more-576"></span></p>
<p>Los poderes establecidos no solo son incapaces de dar o devolver a sus Estados alguna posibilidad de iniciativa en las relaciones internacionales, sino que además prohíben a sus ciudadanos cualquier acción susceptible de cambiar los poderes —o al menos de inyectarles, por la vía de la participación popular, un vigor renovado, ni siquiera una inmunidad interna capaz de desactivar la amenaza exterior. Cuando se manifiesta tal amenaza, se llame Estados Unidos u otra, es el pretexto para mantener un estado de excepción permanente, que, librado de las leyes existentes, vacía de contenido la vida política y destierra sus instrumentos de regulación, empezando por los partidos y las asociaciones. Si le agregamos a esto la crisis de las ideologías, sólo queda entonces el recurso de la religión para canalizar la frustración y articular la demanda de cambio.</p>
<p>Por mucho que el islam militante parezca hoy dirigido contra Occidente, su consolidación se debe ante todo a una consecuencia de la parálisis interna de los Estados árabes. Dejemos de lado el caso saudí, donde el poder político y la institución religiosa no han cesado de confundirse desde la fundación del reino. En cualquier otro lugar el avance del islam político implica una reislamización de la sociedad, más como una respuesta a poderes que se consideran ineficaces, inocuos e incluso impíos que como reacción a la modernidad.</p>
<p>Probablemente habría que tener en cuenta el aporte de la revolución iraní, que acompañó el regreso a la religión con un discurso antiocciodental que no tardó en difundir el islam árabe a través de los chiítas del Líbano. Sin embargo, el islam político en su variante sunita ha permanecido insensible a esta tendencia, por lo menos hasta el final de la yihad afgana, que permitió a los antiguos muyahidines<i>, </i>con Bin Laden a la cabeza, elegir a un nuevo enemigo.</p>
<p>Mientras tanto, la reislamización de Argelia y Libia se ha orientado hacia la recuperación del espacio político nacional.</p>
<p><b>Pese a tratarse del resultado de un déficit democrático, el auge del islam político no puede ser una respuesta al callejón sin salida en que se encuentran los Estados musulmanes </b>y las sociedades árabes. Vale mencionar el ascenso y la caída de los Hermanos Musulmanes en Egipto, su ascenso al poder fue tan vertiginoso con la caída de Hosni Mubarak como lo fue su descenso un año después de que Mohamed Morsi ganara las elecciones y ejerciera un poder tan despótico y omnipotente como su antecesor para finalizar repudiado por el pueblo egipcio.</p>
<p>Además de ser una manifestación de la resistencia a la opresión, la salida al islam político es el fruto del fracaso de las dictaduras árabes de los últimos 50 años. En definitiva, el fraude de la salida del igualitarismo propugnado por las ideologías progresistas en este sentido se asemeja al auge de los fascismos en Europa. Esto es claramente visible en las sublevaciones árabes conceptualizadas como primaveras democráticas.</p>
<p>Lo cierto es que nunca hubo algo a lo que llamar o conceptualizar de esa manera. <b>Nunca han existido tales primaveras.</b> Aun así, el respaldo a la pretensión del islam político de representar una fuerza de cambio equivale a aceptar que el déficit democrático será perenne y que la cita con la modernidad, para los árabes, seguirá siendo un fracaso.</p>
<p>Salta a la vista cuán falsa es la ilusión de que el islam político ofrezca la posibilidad de salir del infortunio árabe y la frustración de sus pueblos, cuando lo real es que es uno de sus elementos constitutivos. No se puede olvidar que, más allá del yihadismo del Daesh o Estado Islámico, el papel cada vez más extendido del pensamiento religioso supone una regresión en el sentido estricto del término, es decir, con respecto a la historia árabe misma; una historia que el islamismo contemporáneo pretende anular, no sólo por lo que respecta a sus etapas más recientes, sino incluso a la época clásica para regresar al principio de islam puro.</p>
<p>Sólo volviendo a esa historia y contemplándola en toda su complejidad se podría concebir el final del infortunio y la dificultad de los pueblos árabes a manos del islam político<b>.</b></p>
<p>En lo relativo al islam clásico, la unanimidad es inmediata. Salvo algunos racistas, que se dicen árabes y adoran el imperialismo teocrático persa, que no han sabido digerir a Voltaire, ya nadie razonablemente cultivado cuestiona que el islam, su grandeza inicial —retomando la expresión de Maurice Lombard—, representó uno de los capítulos más fecundos de la historia de las civilizaciones. Tanto así como que el islam actual no quiere, no sabe o no puede librarse de lo que lo daña y lastima tan profundamente: el islam político<b>. </b>Si así no fuera, no se entiende el silencio del primero ante los hechos actuales y los crímenes que el segundo ejecuta en su nombre.</p>
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