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	<title>George Chaya &#187; Catalina II</title>
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		<title>El kirchnerismo y los pueblos de Potemkin</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Sep 2015 09:55:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Al evaluar las múltiples crisis que enfrenta la Argentina, se observa que el régimen de la presidente Cristina Fernández se jacta a diario en sus innumerables cadenas televisivas sobre sus “políticas de inclusión social y lucha contra la pobreza”. Todo ello, presumiblemente, en contraste con la vieja modalidad que, según el kirchnerismo, hizo necesario reescribir... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2015/09/09/el-kirchnerismo-y-los-pueblos-de-potemkin/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Al evaluar las múltiples crisis que enfrenta la Argentina, se observa que el régimen de la presidente Cristina Fernández se jacta a diario en sus innumerables cadenas televisivas sobre sus “políticas de inclusión social y lucha contra la pobreza”.</p>
<p>Todo ello, presumiblemente, en contraste con la vieja modalidad que, según el kirchnerismo, hizo necesario reescribir un discurso para relegar todo lo anterior al basurero de la historia.<br />
<strong>En cierto sentido, la Presidente ha tenido éxito en la comercialización de esa nueva modalidad de hacer política basada en la creencia de que la percepción es más importante que la realidad</strong>. En otras palabras, lo que importa es cómo se ven las cosas en este momento, y particularmente antes de octubre, y no lo que las cosas son realmente o pudieran ser en el largo plazo.</p>
<p>Como concepto, esa visión de la política del kirchnerismo no es nueva, fue descrita claramente por el escritor marxista francés Guy Debord en un muy buen libro del año 1967 titulado <i>La sociedad del espectáculo</i>. En una sociedad como la que describe Debord, nada es bueno ni malo. Las cosas no se ven bien ni mal. Lo que importa es la superficie, la fachada y la decoración.</p>
<p>Un supuesto clave del que parte Debord es que el espectador, es decir, la sociedad civil, tiene una capacidad de atención limitada y es incapaz de retener demasiadas imágenes durante mucho tiempo, por tanto hay que hacerla feliz en el momento y mañana: ¡que la suerte los ayude!<span id="more-557"></span></p>
<p>Antiguamente, <b>los rusos tuvieron un método perfecto que bien puede describir el método de CFK en una frase que en su tiempo llamaron</b><b> “método Potemkin”</b>.</p>
<p>Grigori Potemkin fue un ministro de la emperatriz rusa Catalina II que se encargaba de diseñar un mundo de fantasía para la zarina y los crédulos. Potemkin empleaba expertos en escenografías y puestas en escena con las que creaba ciudades y pueblos ideales en las rutas, los itinerarios y las giras de la emperatriz con extras enviados desde Moscú vestidos como campesinos felices para animar la fiesta imperial. Los extras y los aplaudidores ganaban buen dinero, la emperatriz estaba feliz y Potemkin fue capaz de convertirse en un hombre de Estado y aumentar su riqueza. ¿A quién le importaba si los campesinos eran realmente pobres, si el Imperio zarista estaba podrido hasta la médula o si el ministro era un corrupto?</p>
<p>Esto mismo es lo que lo que el oficialismo ha estado haciendo con la política argentina durante la última década.</p>
<p><b>Una de las aldeas y ciudades al estilo Potemkin del kirchnerismo fue el acuerdo con Irán</b>. Lanzado con bombos y platillos y con la promesa de esclarecer y finalizar con la impunidad en la investigación del ataque terrorista a la Mutual Israelita de Argentina (AMIA). Sus porristas en los medios de comunicación lo llamaron “Acuerdo de entendimiento con Irán”. Hasta se consultó al antiguo juez español (condenado e impedido del ejercicio de su cargo) Baltasar Garzón.</p>
<p>Pero una vez que el impulso inicial pasó -y dos años después el fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, fue hallado sin vida en su vivienda (hace ya siete meses y aún no se saben las causas de su deceso)-, simplemente se olvidó todo el asunto.</p>
<p><b>Otras aldeas Potemkin del kirchnerismo incluyen los procesos penales del</b> <b>vicepresidente</b> <b>Amado Boudou</b>, quien más allá de su inminente juicio oral, continúa presidiendo el Senado de la Nación. El hecho es que ninguno de los casos mencionados hizo doblegarse al régimen y demostró que los déspotas no producen ningún cambio más allá de alguna fachada.</p>
<p>En la provincia de Buenos Aires, la aldea Potemkin del kirchnerismo hasta puede consagrar gobernador al señor Aníbal Fernández.</p>
<p>En Venezuela, la aldea Potemkin de Cristina Fernández puso en marcha “el sonido del silencio” ante la furia represiva de su amigo Nicolás Maduro, aunque este haya cruzado todas las “líneas rojas imaginables” en materia de crímenes y violaciones de derechos humanos.</p>
<p>La última aldea Potemkin, y tal vez la más rutilante, ha sido el <b>acuerdo con China</b><b>, que supone una absurda entrega de soberanía sin saber qué darán los chinos a cambio o, peor aún, para qué utilizarán el territorio argentino los militares chinos</b>.</p>
<p>El kirchnerismo ha impulsado estas cosas utilizando sus Potemkin’s del Poder Legislativo y ahora manipula y avanza sobre el Poder Judicial ante la posibilidad de marcharse y lograr impunidad en no pocas causas pendientes.</p>
<p>En mi opinión, honestamente no sé si el liderazgo kirchnerista se reciclará para intentar continuar en el poder, es claro que no desea marcharse. Pero si lo hacen, la aldea Potemkin de Cristina Fernández no impedirá que los ciudadanos y gran parte de la oposición intenten salvaguardar las instituciones democráticas y muchos funcionarios se verán en problemas ante la pérdida de la impunidad con la que usualmente se han conducido.</p>
<p>La política Potemkin, de la cual el kirchnerismo se ha servido y con la que ha manipulado a la sociedad civil, ha hecho de la Argentina un lugar mucho menos creíble y seguro. Es de esperar que la ciudadanía lo haya comprendido luego de doce años. Los recientes hechos derivados de las controversiales elecciones en la provincia de Tucumán están demostrando que muy posiblemente las aldeas Potemkin estén entrando en fase de derrumbe, igual que la Rusia zarista en su tiempo.</p>
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		<title>La última morada</title>
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		<pubDate>Sun, 20 Apr 2014 11:42:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Alexander Pushkin]]></category>
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		<description><![CDATA[&#8220;El huésped no invitado es peor que un tártaro&#8221;. Así es como Alexander Pushkin comienza Zaltan, su obra de versos más famosa escrita en 1830. El padre de la literatura rusa conoció lo suficiente a los tártaros por vivir varios años en la península de Crimea en la década de 1820. Pushkin no tenía demasiada... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2014/04/20/la-ultima-morada/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;El huésped no invitado es peor que un tártaro&#8221;. Así es como Alexander Pushkin comienza <em>Zaltan</em>, su obra de versos más famosa escrita en 1830. El padre de la literatura rusa conoció lo suficiente a los tártaros por vivir varios años en la península de Crimea en la década de 1820. Pushkin no tenía demasiada simpatía por esa gente y las describía de la siguiente manera: &#8220;toscos como los osos que entran a una casa sin ser invitados&#8221;. Estos dichos de Pushkin sobre los Tártaros vinieron a mi mente días pasados cuando que el primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, realizó una visita relámpago a la recién anexada Crimea pues casualmente su apellido se traduce del ruso como &#8220;el hijo del oso&#8221;.<strong> Y su visita resultó, definitivamente, en lo que sostenía Pushkin e igual que los tártaros: el primer ministro ruso llegó a la casa de los ciudadanos de Crimea &#8220;sin ser invitado&#8221;.</strong></p>
<p>El pasado 8 de abril se celebraron los 230 años de la anexión rusa de zonas de Crimea, entonces un Estado socio del Imperio Otomano. Los rusos celebraron la ocasión mostrando su obsesión anexionista alimentada por al menos tres elementos. <strong>El primero es el nacionalismo</strong>. En cierto sentido, los rusos se diferencian de los tártaros por las distintas tribus que gobernaron durante siglos un imperio que se extendió desde el Volga hasta el Océano Pacífico. Uno podría sugerir que la historia de Rusia ha sido la historia de la eliminación de un estado Tártaro tras otro y no estaría mal. Lo cierto es que también hay un elemento de venganza histórica de Rusia para con Crimea. <strong>Un segundo elemento de la obsesión de Rusia se debe a la importancia estratégica de Crimea.</strong> La península permite a Moscú el acceso directo al Mediterráneo, y por tanto a los mares abiertos desde Sebastopol, la principal base de la Armada rusa.</p>
<p>El novelista León Tolstoi describía a Crimea como una fortaleza rusa ya en 1854, cuando Rusia venció a las fuerzas aliadas de los turcos, franceses y británicos a un costo de más de un millón de muertos. Incluso hoy en día en muchos lugares importantes de París se rinde honor y se recuerdan las batallas de aquellos años por Crimea, como las de Sebastopol y Malakov. También en el centro el centro de Londres, en Waterloo Place, hay una estatua en honor a los 25.000 ingleses que murieron en esa guerra. Lo mismo con la recordada carga de la brigada ligera en la batalla de Balaklava que fue inmortalizada en el poema de Tennyson y forma parte de la mitología británica como uno de los más grandes actos de valentía de los soldados del Reino.</p>
<p><strong>La tercera, y posiblemente la más potente razón de la obsesión rusa es la imagen de Crimea en el paisaje psicológico de la mayoría de los rusos.</strong> La Zarina Catalina II fue el primer gobernante ruso en visitar Crimea y quedó seducida por su atractivo romántico. En una carta a su ministro Potemkin, afirmaba que había encontrado una imagen del paraíso en la Tierra. Le encantaban y la deslumbraban los hermosos jardines persas y el paisaje de Crimea. La única queja de la Zarina fue que la despertaba a menudo el llamado a los musulmanes para la oración por parte del muecín -cinco veces al día- obligándola a levantarse al amanecer y a renunciar a su siesta.</p>
<p>Lo cierto es que Crimea es todo lo que Rusia no es. Es cálida, mientras que Rusia es fría. Cuenta con un clima templado y soleado, mientras que en Rusia el clima es sombrío y helado. Crimea está abierta al mundo exterior, Rusia está encajonada por inmensas estepas congeladas. Crimea es tierra de abundancia y Rusia siempre ha temido a la escasez. Crimea es tan antigua como la historia, mientras que Rusia es una recién llegada al devenir de la humanidad.</p>
<p>Durante siglos, Crimea fue un puesto de avanzada del Imperio Romano. El poeta romano Ovidio, desterrado por el emperador Augusto, escogió la región del paraíso terrenal como la llamo a lo que hoy es Crimea. Su historia también incluye siglos de dominación por los descendientes de Genghis Khan y tiempos variados de conversión religiosa, desde las versiones más crudas del budismo a diferentes ramas del cristianismo y finalmente al Islam, por no hablar de los casi 80 años de comunismo.</p>
<p><strong>¿Pero concretamente, puede Rusia tragarse a Crimea tan fácilmente?</strong> Nadie lo sabe ni podrá aseverar tal cosa. Sin embargo, Putin haría bien en leer estas líneas del poema de Pushkin sobre Crimea: ‘… Allí encontré un cementerio que parecía irreal, pero que fue la última morada de los conquistadores más grandes que haya conocido la humanidad, allí se arrodillaron los poderosos que quedaron en esos cementerios como su última morada…’<br />
Lo cierto es que Crimea es mucho más que los sueños neo-imperiales de Putin. El tiempo correrá el telón y la suerte de los conquistadores será expuesta, tanto igual como lo ha sido a través de toda la historia de la humanidad.</p>
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