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	<title>George Chaya &#187; Mohamed Mursi</title>
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		<title>El Islam político, un término vacío de contenido</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Feb 2014 11:00:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Un gran número de ‘analistas y expertos’ ahora están tratando de reinterpretar el estado de confusión y fracaso que ha caracterizado sus visiones y análisis sobre las <strong>inexistentes revoluciones árabes</strong> como ‘la experiencia de grupos, dirigentes y partidos políticos’ en <strong>Túnez, Egipto</strong> y <strong>Libia</strong> desde el estallido de lo que conceptualizaron <i>-en supina ignorancia-</i> como <strong>Primavera Árabe</strong>.</p>
<p>Quizás el rasgo más importante y a la vez peligroso que estas personas nunca comprendieron en los últimos cuatro años es que todos estos grupos políticos comparten un elemento distintivo: <b>‘su naturaleza violenta, teocrática y excluyente’. </b></p>
<p>Tales grupos y organizaciones no han podido adaptarse a los diferentes segmentos de las sociedades que dijeron representar, particularmente en momentos sensibles a raíz de los violentos levantamientos. Sus dirigentes, una vez fueron parte de lo que se consideraba como oposición a los regímenes dictatoriales laicos que los oprimían duramente, pero nunca evolucionaron democráticamente y como resultado de ello, una vez en el poder, tomaron represalias intensificando aún más el estado de polarización alimentando la desconfianza, la ruptura y la fragmentación social. <b>A la luz de los hechos, el discurso del Islam en la política en general demostró ser superficial y carecer de soluciones a las demandas y reclamos originales de las sociedades árabes.</b></p>
<p>Si bien podemos encontrar decenas de volúmenes y libros sobre la pureza, la adoración y otros temas en materia religiosa, hay muy pocos libros sobre <b>‘islam político’</b> y ello ha dado lugar<b> al mayor</b> <b>error de los expertos occidentales al abordar una temática que no conocían</b>. Esto significa que deberían aprender mucho sobre equilibrio y discreta moderación al hablar de Islam político. Nadie por sí solo puede reclamar una comprensión completa y nadie es capaz de imponer esta comprensión a los demás. De ello deberían tomar nota los sesudos -aunque amateurs- intelectuales y opinólogos en materia del mundo árabe islámico.</p>
<p>Los grupos del Islam político que han llegado al poder en los Estados donde se habló de primaveras árabes no han seguido los pasos del Islam ni los preceptos de Mohamed después de la conquista de la Meca. La historia es inalterable en ese punto, sobran ejemplos. En aquel momento, mientras los opositores del Profeta temían su reacción luego de la victoria, Mohamed anunció el ‘<strong>día de la misericordia’</strong>, y pronunció su famosa frase: ‘<strong>Incluso el que entra en la casa de Abu Sufyan estará a salvo’</strong> (en referencia a su enemigo más feroz de aquel tiempo)<b>. </b>Según las escrituras, el Profeta añadió: ‘Id, pues <strong>sois libre, la batalla termino</strong>’. Mohamed  no castigó ni tomó venganza contra nadie.</p>
<p>Este principio del Profeta fue aplicado más tarde por dos de los políticos más reconocidos del siglo XX: <b>el líder indio Mahatma Gandhi y Nelson Mandela en Sudáfrica. </b>Ambos ofrecieron un perdón completo a sus antiguos adversarios y enemigos e incluso los incorporaron a sus propios gobiernos para convertirse en parte de la solución, no del problema. <b>Esta es la diferencia entre la sabiduría política, por un lado, y la inmadurez política vengadora y resentida, por el otro.</b></p>
<p>Cuando se elige representar a la religión en el ámbito político, ello implica una mayor responsabilidad moral, social y comunitaria, tal conducta debe ser así porque un daño inconmensurable puede ser causado si se fracasa. Los ejemplos pueden observarse hoy en Túnez, Egipto y Libia, donde la atmósfera que prevalece es violencia, muerte, decepción y frustración.</p>
<p>En Túnez, <b>Rachid Ghanouchi</b> y su partido <b>Ennahda</b> podrían haber superado el egoísmo y la arrogancia al aceptar asistir a <b>Hamadi Jebali</b> en la formación de un gobierno con el fin de administrar los asuntos del país en estos tiempos críticos sin considerar la iniciativa de <b>Jebali<i> </i></b>como un ataque o una afrenta partidista. Sin embargo, el partido islamista <b>Ennahda</b> se inclino por adoptar una política de exclusión, violencia y acoso, el resultado fue su fracaso y la pérdida de credibilidad ante el pueblo tunecino.</p>
<p>Lo mismo aplica a lo sucedido en Egipto bajo el gobierno del presidente islamista <b>Mohamed</b> <b>Mursi</b> en su relación con el primer ministro <b>Hisham Qandil.</b> Una gran parte del pueblo egipcio creyó desde el primer día que <b>Qandil </b>no habría de gestionar correctamente los asuntos del país, y que el cargo de primer ministro requería de alguien con mayor experiencia. Además, la desconfianza por su manejo incompetente de la situación económica fue el mayor peligro para todos. No obstante, el hombre se aferro a su posición de ‘tozudez y prepotencia’ haciendo caso omiso a las demandas del pueblo, <b>cuando en realidad este comportamiento fue una reminiscencia del estilo adoptado por los mismos regímenes ante los cuales las ‘pseudo revoluciones’ de la Primavera Árabe se levantaron.</b></p>
<p>El enfoque del Profeta Mohamed está muy lejos de los que actualmente dicen estar siguiendo sus pasos en nombre del Islam político. <b>Mohamed no abogó por la venganza, la calumnia o la sospecha, ni tampoco por etiquetar a otros como traidores.</b> Sin embargo, hoy en día, el Islam político continúa generando problemas sociales, divisiones internas, sedición y violencia. Esta situación se ve agravada por grupos específicos que reclaman el derecho exclusivo de hablar, entender y juzgar en nombre de la religión. Lo grave de estas conductas, es que el costo de ese accionar no será pagado por los gobiernos o regímenes actuales, <b>sino que serán las generaciones venideras las que realmente lo sufrirán.</b></p>
<p>En los eventos mal conceptualizados como levantamientos, revoluciones y primaveras árabes, grupos islámicos llegaron al poder a través de elecciones democráticas, pero la democracia tiene criterios de observancia fundamentales como el respeto por los derechos de todos los ciudadanos junto a la observancia de la justicia, la igualdad y la unidad nacional. Con el devenir del tiempo y el ejercicio del gobierno por parte de partidos islamistas, estos principios parecen completamente ajenos a quienes tomaron el poder en nombre del Islam político y como resultado de tal experiencia, es el propio Islam político el que parece estar condenado al fracaso si no experimenta un cambio proactivo desde dentro.</p>
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		<title>Por qué la democracia es incompatible con “la primavera egipcia”</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 12:33:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[califato universal]]></category>
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		<description><![CDATA[Durante los días de las movilizaciones que acabaron con el régimen laico del ex presidente Hosni Mubarak, escuchamos a muchos analistas occidentales desgranar halagos en referencia a la pacífica y civilizada revolución egipcia. Lo grave es que muchos eran académicos de cursos universitarios que educan jóvenes que una vez graduados, se incorporan a organismos internacionales. Era notorio que... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2013/08/27/por-que-la-democracia-es-incompatible-con-la-primavera-egipcia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante los días de las movilizaciones que acabaron con el régimen laico del ex presidente <strong>Hosni Mubarak</strong>,<strong> escuchamos a muchos analistas occidentales desgranar halagos en referencia a la pacífica y civilizada</strong> <strong>revolución egipcia.</strong> Lo grave es que muchos eran académicos de cursos universitarios que educan jóvenes que una vez graduados, se incorporan a organismos internacionales.</p>
<p>Era notorio que no tenían idea del <strong>daño desinformativo</strong> que estaban ocasionando a la opinión pública. <strong>Hasta llegaron a decirnos que todo era un gran movimiento liderado por una generación joven y pujante</strong> que se erigió en el paladín de la calle árabe desde la mítica <strong>plaza Al-Tahrir.</strong></p>
<p><span id="more-153"></span>Ahora deberían explicarnos: <strong>¿qué fue de esa generación joven y revolucionaria? ¿De qué revolución hablaron?</strong> ¿Dónde está en los hechos esa revolución? ¿Está en las Iglesias incendiadas y devastadas? ¿En las tumbas de los cristianos coptos y de los servidores del orden recientemente asesinados por la hermandad musulmana? La respuesta, aunque estos académicos, opinólogos y periodistas de la militancia ya no aparezcan en los medios de prensa, no parece estar por allí, sencillamente porque <strong>nunca ha tenido lugar ninguna primavera árabe</strong> como lo indiqué por dos años en varios escritos, conferencias y entrevistas.</p>
<p>De ninguna manera resultaba complejo percibir con claridad las derivaciones de “la primavera egipcia”. No puedo decir que me he sentido sorprendido ni decepcionado por el <strong>Consejo Militar</strong> que asumió el poder luego del derrocamiento de <strong>Mubarak</strong>, ni por el mismo Consejo Militar que destituyo recientemente al presidente islamista<strong> Mohamed Mursi</strong>. Todo era muy básico de interpretar; <strong>las prácticas inhumanas y despreciables de regímenes egipcios anteriores se potenciaron con la hermandad musulmana en el poder.</strong> La discriminación, la injusticia, la persecución y los crímenes sobre los cristianos coptos es el claro ejemplo de esta conducta maligna e impropia cuando se habla de democracia y revolución.</p>
<p>La <strong>mala utilización del término &#8220;democracia&#8221;</strong> ha servido como puerta de acceso de dictaduras que han aniquilado derechos y libertades de las personas a lo largo de la historia en todo el mundo árabe. Esto es así porque en algún punto de su proceso, la democracia no está exenta de ser el equivalente representativo de masas o el gobierno de las mayorías. Y generalmente la historia nos ha demostrado que en un gobierno dominado por la voluntad de las mayorías, los derechos de las minorías no están garantizados, por el contrario, suelen ser descuidados y a menudo violentados por quienes detentan el poder.</p>
<p><strong>La historia política universal ha mostrado claramente que la democracia ha naufragado no pocas veces a manos de la masa entusiasmada</strong>,<strong> pero carente de ideas democráticas, ello ha dado paso a la anarquía y eventualmente a las dictaduras.</strong> Eso lo que ha ocurrido de forma constante en los países árabes. De allí que los voluntariosos académicos, periodistas y opinólogos occidentales deberían comenzar a considerar estas pautas cuando incursionan en asuntos árabes islámicos.</p>
<p>Cuando los occidentales hablan de democracia, asumen ingenuamente que significa lo mismo para todos los pueblos en todas partes. La tesis que sostienen es que el poder popular va de la mano con la libertad y la tolerancia a las minorías en todos los lugares del mundo. Ello es una suposición absurda y no fundada sobre historia o razón alguna para ser aplicada en el mundo árabe, y configura nada más que una<strong> mera ilusión del pensamiento occidental. </strong>En Oriente Medio y otras partes del mundo donde capea el integrismo,<strong> la <em>ideología yihadista</em> funciona como &#8220;una tiranía teocrática siempre’&#8221; y esto no cambiara hasta que la mezquita sea separada del Estado.</strong></p>
<p>En casos como el egipcio, la injerencia de ideologías salafistas o wahabíes, portadoras siempre de segundas intenciones y dirigidas al establecimiento de un nuevo sistema de gobierno cercano al ‘’<strong>califato universal</strong>’’, era una obviedad que dispararía al caos actual. Esta situación llegó a pasar con casi todos los eventos en el mundo árabe. Desde <strong>Túnez</strong> a <strong>Egipto</strong> desde <strong>Libia</strong> al <strong>Yemen</strong>.<strong> Era claro que este escenario era lo que sobrevendría, pero no fue comprendido por las potencias occidentales ni por los opiniólogos</strong> que han analizado y hasta celebrando tal dislate en su momento. Aunque curiosamente se han llamado a silencio o han cambiado sus posiciones hoy.</p>
<p>En <strong>Egipto</strong>, dos facciones avanzan decididamente hacia la toma del poder, incluso de cara a las próximas elecciones libres y democráticas -si es que tienen lugar-, estos polos de poder son el <strong>Consejo Supremo de las fuerzas armadas</strong> (el ejército egipcio) y el grupo de la <strong>hermandad musulmana</strong>. Esta organización, que se sitúa en el epicentro del fundamentalismo radical, es un grupo que actúa como punto focal y espiritual de organizaciones yihadistas en todo el mundo.</p>
<p>La hermandad musulmana es la facción mejor organizada dentro del pueblo egipcio. De hecho, gran parte del pueblo egipcio está más cercano a la hermandad musulmana que a los militares, a quienes aun no ha declarado abierta hostilidad porque espera que faciliten y garanticen las próximas elecciones, pero este no será el caso si la hermandad declara una guerra abierta a las fuerzas armadas para que el destituido presidente Mursi sea repuesto en el poder.</p>
<p><strong>Lo concreto es que dos años después del inicio de la revolución egipcia &#8220;hay que reconocer que la calificación de primavera ha sido meramente una expresión de deseo occidental y todo ha pasado a ser un invierno islamista de destrucción y violencia&#8221;</strong> donde ya no se escuchan los análisis eufóricos que alababan &#8220;la revolución egipcia&#8221;. Ahora que los salafistas están quemando iglesias, asesinando cristianos y miembros de la fuerzas de seguridad obligando al ejercito a responder con la violencia que se ve estos días todo es muy claro, y les guste a no a los deformadores de la realidad,<strong> el escenario actual viene a confirmar que: ni antes ni ahora ha habido tal cosa a la que llamar primavera egipcia.</strong></p>
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