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	<title>George Chaya &#187; Nuri Al-Maliki</title>
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		<title>Una guerra por poder político no es una guerra sectaria</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jul 2014 21:55:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La actual crisis en Irak es descripta de forma rutinaria por los comentaristas de medios internacionales, especialmente en Occidente, como una guerra sectaria. El supuesto es que Irak está siendo destrozado porque sus diferentes elementos, especialmente los árabes sunitas y chi’ítas, han decidido, de alguna manera, que ya no pueden vivir juntos. Sin embargo, Irak... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2014/07/01/una-guerra-por-poder-politico-no-es-una-guerra-sectaria/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La actual crisis en Irak es descripta de forma rutinaria por los comentaristas de medios internacionales, especialmente en Occidente, como una guerra sectaria. El supuesto es que Irak está siendo destrozado porque sus diferentes elementos, especialmente los árabes sunitas y chi’ítas, han decidido, de alguna manera, que ya no pueden vivir juntos.</p>
<p>Sin embargo, Irak no es Siria. Entonces ¿qué tan preciso es este el análisis? Es claro que la respuesta a la pregunta podría tener un impacto importante en la configuración del resultado de la crisis. Algunos de los que afirman que los iraquíes ya no pueden vivir juntos <strong>insisten en que las fronteras dibujadas tras el colapso del Imperio Otomano</strong> han perdido el sentido y ya no son válidas. En consecuencia, debería considerarse establecer nuevas fronteras para los estados-nación modernos.</p>
<p>Lo cierto es que en el origen de este tipo de análisis se afirma -a mi juicio erróneamente- que Irak es un país artificial e inviable desde su creación misma. Es aquí donde me permitiré recordar una experiencia profesional. Unos años atrás, en un programa de la TVE en Madrid, fui agraviado intelectualmente por un profesor universitario español porque sugerí que EEUU debió haber permanecido durante unos años más al lado de Irak, como ocurrió en el caso de Alemania Occidental después de la Segunda Guerra Mundial, huelga indicar que los hechos actuales han ratificado mi posición acertada, ayudar a los iraquíes a consolidar sus nuevas instituciones era de fundamental importancia y tal cosa no estuvo presente por la decisión del presidente Obama de retirarse de allí.</p>
<p>Recuerdo que en tono de burla, el profesor español me replicó que &#8220;al ser un estado nuevo y sin experiencia democrática, Irak no podía ser comparado con Alemania puesto que la última tenía una larga historia y una gran experiencia democrática&#8221;<i>. </i><b>Al parecer, nuestro profesor no sabía que Irak tiene una historia que se remonta a unos 4.000 años, es decir, mucho antes de que las primeras tribus germánicas aparecieran en Europa</b><b>.</b> <b>Tampoco sabía que Alemania se convirtió en Estado-nación en 1870. Y que el Irak moderno alcanzó el mismo estatus en 1921, y que tanto Alemania como Irak surgieron de los escombros de distintos imperios. En cuanto a la &#8220;experiencia democrática&#8221;, ni la tragedia de Alemania bajo el nazismo, ni Irak en la era del ba’azismo fueron lo que podríamos denominar una &#8220;experiencia democrática&#8221;.</b></p>
<p>Pero no es mi intención humillar al pobre hombre más de lo que hizo por sí mismo en aquel programa televisivo, menos aun transcurridos cuatro años de la anécdota. Lo traje al artículo para mostrar el calibre y la magnitud del daño que los ignorantes causan y han causado al mundo árabe en particular y a los países en general cuando hablan y se constituyen en ‘soberbios opinologos’ sin la mínima formación académica sobre la temática. Por tanto, dejo al profesor que vaya de tapas y pinchos y me remito al rigor histórico y al pensamiento proactivo que pretende aportar soluciones claras.</p>
<p>Bajo su monarquía, Irak disfrutó de toda la libertad que los diversos componentes del futuro estado alemán habían tenido bajo sus respectivos príncipes.</p>
<p>La fundamentación que esgrimen contra Irak sus detractores -como el profesor español- ha sido y es, que los iraquíes, por ser árabes o musulmanes, son incapaces de vivir en libertad. A los árabes y los musulmanes, en esta corriente de opinión, generalmente se los considera programados genéticamente para favorecer un gobierno despótico. Sin embargo, si la ‘artificialidad’ de Irak significa que no tiene derecho a ser un Estado-nación moderno y unificado, ¿por qué no aplicar la misma norma a los 158 miembros de Naciones Unidas que son más recientes y tan artificiales como Irak? Con el criterio de los detractores de Irak cualquier país del mundo se puede dividir en dos o más partes y cada uno puede redibujar sus fronteras. Sostener tal cosa es un absurdo<b><i>. </i>Lo crea o no el lector, con prescindencia del caos politico del presente, Irak en su forma actual es uno de los tres estados árabes modernos más antiguos. </b></p>
<p>Es innegable que hay varias potencias y algunas energías dentro del propio Irak con especial interés en que el país sea desmembrado. Desmontar Irak podría adaptarse a las estrategias de esos poderes y esas energías, pero no será una solución a la crisis actual que tiene sus raíces en otros lugares.</p>
<p>A mi juicio, la crisis en curso podría describirse como una guerra entre fanáticos en lugar de una guerra sectaria. <b>La masa de los sunitas y los chi’ítas de Irak no están involucrados en este conflicto, salvo como víctimas, </b>pues son ellos los que están muriendo.</p>
<p><strong>El hecho de que facciones sectarias de ambos bandos utilicen un lenguaje teológico no nos debe inducir al error</strong>. La razón es que la lengua islámica y en particular el idioma árabe, <b>carece de un vocabulario político secular</b>. Esta manifestación ha sido una constante en toda la historia árabe-islámica.</p>
<p>La primera guerra civil en el islam, entre <b>Ali Ibn-Taleb y Muawiya I</b>, no tuvo nada que ver con las interpretaciones de rivalidades en la fe. <b>Se trato únicamente de vencerse entre sí  para ganar poder político.</b></p>
<p>Sin embargo, la única manera de expresar la rivalidad en aquel momento era a través de un léxico discursivo-teológico, el cual a su vez y durante varios siglos, alentó la confrontación y el cisma doctrinal. Esto es bien simple y no debería ser de difícil comprensión para los analistas occidentales, deben estudiar historia antigua del mundo árabe y con ella el comportamiento del liderazgo y las masas. Previamente, claro que deben aprender el idioma árabe ya que no hay bibliografía en español o inglés sobre la materia. Pero hay colegas de este lado del atlántico que podrían lograrlo, desde luego que sí.</p>
<p>El escenario iraquí es bien sencillo de interpretar, el primer ministro, <b>Nuri Al-Maliki,</b> quiere mantenerse en el poder tanto tiempo como le sea posible. Esto no tiene nada que ver con que él sea un chi’íta. <b>Saddam Hussein</b>, era un sunita que tuvo una actitud similar hasta las últimas consecuencias, no creo que haga falta mencionar su bien conocido final.</p>
<p>Es cierto que el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS<b><i>)</i></b> y sus enemigos están causando estragos en Irak, pero también es cierto que están motivados por la sed de poder político en lugar de cualquier interpretación específica de la fe. <b>A quien lo quiera ver despojado de sectarismo, hay que decirle que estos sujetos realizan sus desmanes y luchan militarmente por objetivos políticos disfrazados de fines religiosos.</b></p>
<p>Esto que expongo queda demostrado en el hecho de que ningún teólogo creíble suní o chía ha proporcionado una cubierta religiosa a los combates. En el lado suní, casi todos los teólogos han hecho un llamamiento de buena fe por la paz y la reconciliación. En el lado chií también, el tono abrumador de los clérigos de alto nivel ha estado a favor de calmar los ánimos. A pesar de una serie de presiones políticas, los religiosos de alto rango, como el ayatollah de la ciudad de Nayaf,<b> Ali al-Sistani </b>y el ayatollah de Qom,<b> Alawi Boruyerdi<i>, </i></b>se han negado a declarar la ‘yihad’ contra el ISIS. En Qom, sólo el ayatollah, <b>Makrem Shirazi</b> utilizo el término yihad, indicando con ello su ignorancia sobre los principios y las reglas bajo las cuales se realiza una llamada de este tipo. Sin embargo, <b>Shirazi</b>, al igual que el líder supremo iraní <b>Ali Khamenei</b>, es una figura política más que religiosa, por lo tanto ‘no puede pretender expresar una posición teológica, cuando lo que efectúa es absoluta acción política’.</p>
<p>En esta situación, el que ha demostrado inteligencia y pragmatismo ha sido el teólogo <b>Alawi Boruyerdi</b>, quien a través de una<em> <b>fatwa</b></em>, ha declarado, independientemente de posiciones sectarias, que los iraquíes deben luchar en defensa propia, en el apoyo de sus fuerzas armadas regulares, por su propio país y contra los que quieren desmembrar su estado. Por tanto, el actual conflicto no debería ser capitalizado por aventureros para revivir sus milicias sectarias y empujar a Irak de regreso a los viejos tiempos del terror en nombre de la fe.</p>
<p>Irak puede y debe resistir la tormenta. Debe preservar su soberanía e integridad territorial intacta y es en el mejor interés de todos los iraquíes que lo debe hacer. Con ello se quitara a todo aquel que desee deglutirlo utilizando la cortina de humo teológica.</p>
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		<title>El liderazgo iraquí dilapida oportunidad de construir un Estado unificado</title>
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		<pubDate>Fri, 21 Mar 2014 18:05:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La dirigencia política de Irak ha perdido la oportunidad de conformar un Estado iraquí fuerte y unificado. La pregunta es ¿por qué sucedió algo así? De hecho, han tenido tiempo suficiente para hacer un mejor trabajo. Pasaron ocho años desde que se ratificó la actual constitución y seis desde que un parlamento estable fue electo... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2014/03/21/el-liderazgo-iraqui-dilapida-oportunidad-de-construir-un-estado-unificado/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La <strong>dirigencia política de Irak ha perdido la oportunidad de conformar un Estado iraquí fuerte y unificado.</strong> La pregunta es ¿por qué sucedió algo así? De hecho, han tenido tiempo suficiente para hacer un mejor trabajo. Pasaron ocho años desde que se ratificó la actual constitución y seis desde que un parlamento estable fue electo democráticamente, lo que luego dio a la conformación de un gobierno permanente como el de Nuri Al-Maliki. La respuesta es que &#8220;todas estas instituciones no han representado mayoritariamente a la ciudadanía ni han sabido direccionar la política, la economía, la seguridad y la lucha contra la corrupción para generar la realidad de un estado unificado&#8221;.</p>
<p>¿Dónde está la enfermedad? Antes de que Saddam Hussein fuera derrocado, todos en Occidente, incluso las fuerzas del islam político en el mundo árabe, se unieron en oposición a su gobierno. El pueblo de Irak estaba listo para una alternativa democrática real para librarse de aquella terrible dictadura y poner fin a una larga historia de dolor, guerra y tragedia. Esta esperanza fue agitada por la llegada de las fuerzas estadounidenses en 2003. Sin embargo, lo ocurrido desde entonces &#8220;no se parece en nada a la democracia&#8221;. ¿Usted cree que si? Yo no me atrevería a conceptualizar de tal modo el escenario actual de Irak <strong>donde los islamistas capean a sus anchas y diariamente observamos el incremento de la carnicería entre sunitas y chiítas, y los kurdos no les van en zaga.</strong></p>
<p><span id="more-298"></span>El primer Consejo de gobierno, establecido por los norteamericanos en 2004, se basaba en la creencia de que &#8220;en virtud de la composición sectaria de Irak (compuesto por chiítas, sunitas y kurdos) dividiendo la torta política de acuerdo a los porcentajes de la población podría servir como garante contra la exclusión y la inestabilidad’. <strong>Los estadounidenses se equivocaron, leyeron erróneamente el problema desde una perspectiva social.</strong> No entendieron nunca que el problema era y es de naturaleza política. <strong>Pero los americanos ya no están. ¿Qué está sucediendo entonces?</strong> Eso deberían responder aquellos que se constituyeron en absurdos defensores de los islamistas por el mero hecho de no evolucionar en su antiamericanismo ideológico y pueblerino. Lo cierto es que el proceso de marginación se inició mucho antes y con el establecimiento del propio Estado de Irak entre los años 1920 y 1930, y la naturaleza del problema es absolutamente política, no nacionalista o sectaria. Aunque es innegable que los últimos movimientos han jugado en favor de las dos últimas variables.</p>
<p>Bajo la monarquía iraquí, ningún movimiento nacional pudo establecerse o ganar simpatías populares, la monarquía trascendió las lealtades sectarias y nacionalistas, incluidas las de los kurdos. En la monarquía pre-Saddam, el conflicto giró en torno a los nacionalistas (baasistas y nasseristas) por un lado y los izquierdistas y liberales, por el otro. Hoy, todo ese escenario ha desaparecido por completo. Antes de la caída de Saddam, los opositores creían que la ciudadanía iraquí debía basarse en la idea de &#8220;una identidad nacional unificadora que trascendiera la nacionalidad, la religión y la secta&#8221;. Durante la era de Saddam esto funcionó, desde luego, en absoluto contraste con aquel régimen totalitario que acogió y protegió a los baasistas en detrimento del resto de los ciudadanos.</p>
<p>En abril de 2003, el régimen de Saddam se reveló como irreal y se derrumbó como el castillo de naipes que siempre había sido. En solo dos días, todas las instituciones civiles y militares se derrumbaron y <strong>Saddam huyó de Bagdad para esconderse en un agujero</strong>. Su dictadura desapareció sin dejar rastro y los documentos oficiales, como los registros personales, fueron quemados o saqueados. El Estado iraquí que había implementado el Baaz junto al que se decía uno de los ejércitos más poderosos del mundo árabe dejo de existir en menos de 72 horas.</p>
<p>Sin embargo, el Estado iraquí actual no ofrece una mejor y más moderna alternativa. No se basa en la identidad plural y deriva de lealtades secundarias, ya sea doctrinales, políticas o nacionalistas. Por otro lado,<strong> la cuestión identitaria, otrora piedra angular del viejo Irak se ha fragmentado en los últimos ocho años haciendo que el país vuele por el aire</strong>, lo cual significó el mayor impedimento para la creación de un Estado iraquí real.</p>
<p>Es evidente que la democracia sólo puede ser construida por un liderazgo con mentalidad libre y verdaderas ideas democráticas, si no es así, fracasa. El modernismo y verdadero progreso solo puede alcanzarse con el trabajo de manos y mentes civiles y, en el caso de Iraq, no ha habido un civil de mentalidad democrática entre los que han llegado al poder en los últimos ocho años. Por el contrario, el poder ha estado en disputa entre los defensores del islam político chiíta y sunita por igual, y todo lo que ese liderazgo ha estado haciendo es lo mismo que hicieron desde siempre: combatir por dominar y someter al diferente como lo hacen desde hace 1400. <strong>Por ello, mas allá de los esfuerzos de EEUU, Occidente y Arabia Saudita en ayudar a formar un Estado representativo construido sobre un acuerdo chiíta, sunita y kurdo, la ilusión duró poco.</strong> El proyecto pronto fue reemplazado por las viejas rivalidades sectarias-confesionales.</p>
<p>Los representantes de las tres facciones no han logrado acordar una constitución consensuada, amplia e inclusiva que abra el camino para establecer <strong>un Estado civil y democrático</strong> como el que los líderes políticos sectarios iraquíes prometieron a su pueblo luego de la salida estadounidense de su suelo. <strong>La Constitución contiene errores fatales que han corroído las instituciones.</strong> Hubo un acuerdo temporal para enmendarla y reparar sus deficiencias, como las del artículo 142, que daba preeminencia sectaria a unos sobre otros, y aunque ese artículo se modificó con éxito en el papel, jamás se aplicó en la práctica. De hecho, un comité formado por el primer Consejo de Representantes propuso enmiendas a más de 40 artículos, pero ni aquel Consejo, ni el actual, cuyo mandato expira en las próximas semanas, han logrado éxito alguno.</p>
<p><strong> La falta de pluralismo, la intolerancia sectaria y una constitución contradictoria aseguró que Irak esté condenado a la fractura definitiva</strong>. El gobierno actual apenas puede operar un sistema de consenso legislativo entre las fuerzas políticas-sectarias dominantes que dividen los recursos y los empleos de gobierno entre ellos. Las direcciones y jerarquías de todos los ministerios y todas las instituciones de gobierno se han politizado de esta manera. Este sistema estableció eficazmente una red de partidarios de <strong>cantones sectarios o nacionalistas</strong> que fingen un aparente &#8220;Estado iraquí&#8221;. Pero hay una gran diferencia entre un sistema de cantones y una nación. Máxime cuando el<em> statu quo</em> sirve a los intereses de la élite financiera y autoritaria, por lo que estos solo se focalizan en un desesperado esfuerzo por defenderlo y se alejan de las demandas populares. Eso es lo que está sucediendo ahora: los líderes de los diferentes cantones no quieren que las instituciones del Estado modifiquen la política para evitar que sus intereses sean socavados.</p>
<p>Así, el liderazgo iraquí se ha mostrado incapaz y poco dispuesto a crear instituciones de un Estado democrático que incluya los líderes que no son parte del proceso político actual: <strong>un liderazgo civil y democrático fuera de las filas antidemocráticas de Islam político es imposible en el Irak de hoy</strong>. Las elecciones parlamentarias del 30 de abril no ofrecerán ninguna posibilidad al país. El liderazgo civil y laico está anulado por la élite política sectaria. Y esto no cambiará, al menos por los próximos diez años.</p>
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		<title>Irak: reaparece el fantasma de Saddam</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jan 2014 15:10:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Cualquier persona que por estos días escuche noticias sobre <strong>Irak</strong> escuchara el batir de tambores de guerra. El primer ministro <strong>Nuri Al-Maliki</strong> parece estar preparándose para un asalto militar contra los grupos opositores en la provincia de <strong>Anbar</strong>, específicamente con la ciudad de <strong>Falluyah</strong> como blanco principal de su ofensiva para acabar con la <strong>sedición sunita </strong>que alberga los residuales leales a <strong>Saddam Hussein</strong>, hoy asociados con elementos de <strong>Al-Qaeda. </strong>Aunque puede ser demasiado tarde para debatir la conveniencia de tal medida o para ofrecer consejos sobre la solución de la crisis. Sin embargo, el mejor consejo que Maliki podría tomar es el de reconsiderar su estrategia militar.</p>
<p>Puede parecer que el primer ministro tenga la situación a su favor pues el nuevo ejército iraquí con casi un millón de hombres, incluidas las fuerzas armadas regulares y los equipos de seguridad y policiales es controlado absolutamente por él. También tiene algunos aliados entre las tribus árabes sunitas en Anbar, incluyendo parte de la <strong>As-Sahwah</strong> (una coalición que ayudó a derrotar la resistencia favorable a Saddam hace casi una década). Su estrategia patriotera también goza de apoyo entre varios grupos chiítas dentro del país. El referente de la política iraquí chiíta, <strong>Sheikh Mokhtada Al-Sadr</strong>, ha suavizado su tono beligerante de otros tiempos contra Maliki en nombre de la solidaridad chiíta, lo cual fortalece al primer ministro en sus planes militares y lejos de buscar un consenso político, cada vez lo empuja más hacia la salida armada.</p>
<p>Es claro que el primer ministro está dispuesto a buscar un tercer mandato en las próximas elecciones generales, el ha conseguido un impresionante nivel de apoyo extranjero. Los mulás iraníes, a quienes nunca les simpatizo porque pensaban que era el hombre de <strong>Washington</strong> en <strong>Irak</strong>, ahora lo apoyan y sostienen que es la única figura chiíta iraquí capaz de mantener unida a la comunidad ante los próximos desafíos políticos locales y regionales. También la <strong>administración Obama</strong> está jugando ficha a favor de Maliki proporcionándole sofisticados aviones no tripulados y misiles. Algunos círculos en <strong>Washington y Teherán</strong> están propagando la idea que <strong>EEUU</strong> y la <strong>República Islámica</strong> tienen un interés compartido en el aplastamiento de los grupos de la resistencia sunita iraquí, tanto igual que en el mantenimiento de un debilitado presidente <strong>Bashar Al-Assad</strong> en <strong>Siria</strong> para mantenerlo como marioneta a manipular de forma conjunta.</p>
<p><span id="more-250"></span>En cualquier caso y como lo más importante, <strong>Maliki tiene al menos dos argumentos que operan en su favor:</strong></p>
<p>a) El primero es que tanto <strong>EEUU</strong> como <strong>Irán</strong> no desean permitir que ningún grupo armado desestabilice Irak. Ello sin mencionar los planes de la insurgencia para derrocar un gobierno electo por medio del voto popular (tal lo que representa a su manera el gobierno de Maliki). Esto último es lo que fortalece al primer ministro en sus planes militares ya que es lo que los rebeldes de <strong>Falluyah</strong> y <strong>Ramadi</strong> parecen estar planeando.</p>
<p>b) El segundo argumento es que <strong>los insurgentes de Anbar</strong> pertenecen al mismo grupo nebuloso de <strong>yihadistas</strong> que han estado tratando de<strong> hundir a Irak en la guerra sectaria </strong>desde la caída de <strong>Saddam Hussein</strong> en 2003, y ninguno de los actores principales en suelo iraquí desea un escenario futuro donde <strong>los grupos satelitales de Al-Qaeda</strong> se fortalezcan y adquieran mayor poder militar con el que fragmenten territorialmente el país.</p>
<p>Sin embargo, todos los elementos de la estrategia de Maliki, incluidos los argumentos a su favor, podrían convertirse rápidamente en su opuesto. Para empezar, si el primer ministro tiene éxito en aplastar la insurrección por la fuerza y con ello abre camino a su victoria en las próximas elecciones, se pondría en peligro el único logro importante de Irak desde la caída de Saddam. El logro en cuestión, es que los iraquíes podrían, como ya lo han hecho en tres ocasiones, cambiar su gobierno a través de elecciones en lugar de golpes militares, guerra civil o el accionar del terrorismo. <strong>Pero al invadir Falluyah, Maliki se arriesgaría a perder legitimidad democrática,</strong> y en caso de ganar, se convertiría en otro ‘dictador árabe’ que se aferra al poder masacrando a sus oponentes. ‘Esta regla, que debe su legitimidad a la espada, en el mundo árabe ha mostrado siempre que quien así se legitima se enfrenta al riesgo de caer del mismo modo: por la espada’.</p>
<p>Una estrategia basada en la neutralización por la fuerza de los sunitas seguramente sacudirá e intranquilizara a los kurdos, que representan por lo menos una quinta parte de la población de <strong>Irak</strong>, y que seguramente se preguntaran cuánto demorará en disparar y volverse contra ellos un gobierno que dirime sus batallas políticas con tanques y aviones no tripulados aplastando hoy a los sunitas.</p>
<p>Si Maliki rompe los puentes de diálogo con la comunidad sunita<strong>,</strong> todo lo que lograra es erigirse como una figura sectaria simbolizando un factor de división en momentos en que Irak necesita de la unidad. Eso lo convertiría en rehén de poderes regionales con un pedigrí clerical que, en el mediano plazo lo eclipsará y afianzará la presencia teocrática en el país. Incluso entonces, no es seguro que con alrededor del 40 % del electorado, Maliki pueda formar un gobierno dentro de un marco de legitimidad constitucional y sólo llevará de retorno al país a los años más violentos y oscuros de la era de Saddam Hussein. Más importante aún, quizás los chiítas serían repudiados por las demás sectas iraquíes, lo que atizará la sectarización no sólo de la política en Irak, sino también los enfrentamientos y el mayor derramamiento de sangre inter-árabe en la región. <strong>Ese es el peligro de la estrategia actual de Maliki que podría dividir al país y generar el asilamiento de la comunidad chiíta además de alienar a la dirigencia clerical sunita de Najjaf.</strong></p>
<p><strong>Ganar con el apoyo de Irán y los EEUU también debilitaría la posición del primer ministro.</strong> Él aparecería inexorablemente en el papel de títere, tanto de EEUU como de Irán, países que desprecian la agenda política de Irak según la visión sunita. Lo que generara el rompimiento de la frágil tregua entre sectores moderados sunitas con el poder chiíta del país. Un peligro aún mayor es la utilización y el uso de los militares para alcanzar el poder político, tal cosa revivirá la tradición que los ejércitos árabes se alinean como árbitros de las luchas de poder y terminan tomando el poder para sí. Si eso sucediera, los iraquíes podrían preguntarse de que valió una década de sufrimiento luego de la caída de Saddam Hussein.</p>
<p>Lo inexplicable es que Maliki está actuando en contra de su experiencia, incluso de su carácter. Personalmente tengo una opinión positiva de Maliki por su capacidad de ofrecer una variante de firmeza y flexibilidad en su gestión. Él debería usar esa habilidad en el trato con varios grupos armados chiítas en las provincias mayormente chiítas, en particular mediante la domesticación de <strong>Al Shaysh Al-Mahdi</strong> (el <strong>Ejército del Mahdi)</strong> y evitar la proliferación los grupos revanchistas sunitas.</p>
<p>Maliki debe recordar que sigue siendo un primer ministro que goza de legitimidad democrática. Mediante el uso de la fuerza para &#8220;reconquistar&#8221; Falluyah, estaría comportándose como <strong>Bachar</strong> <strong>Al-Assad,</strong> por no mencionar a su antecesor, Saddam Hussein.</p>
<p>Como sea, <strong>Nuri Al-Malik</strong>i dispone del beneficio de la duda aunque no sea más que por lo hecho hasta aquí en ayudar a enterrar la cultura política represiva de Saddam. Ahora, mientras está enviando tropas a invadir Falluyah, puede estar perdiendo la brújula política ‘del consenso’ que lo caracterizó, y con ello <strong>está llevando a Irak al peligro de regresar a la cultura diabólica de Saddam Hussein.</strong></p>
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		<title>Sin líneas rojas: el conflicto intersectario árabe</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Jul 2013 04:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>George Chaya</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Cuando el influyente clérigo Yusuf Al-Qaradawi llamó en su sermón del pasado viernes a los musulmanes suníes a unirse masivamente a los rebeldes que luchan contra el régimen del presidente sirio, Bashar al-Assad, lo que hizo efectivamente fue quitar el manto de hipocresía reinante en el mundo árabe islámico en torno del desenfrenado enfrentamiento histórico entre sunitas y chiítas... <a href="http://opinion.infobae.com/george-chaya/2013/07/04/sin-lineas-rojas-el-conflicto-intersectario-arabe/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando el influyente clérigo <strong>Yusuf</strong> <strong>Al-Qaradawi</strong> llamó en su sermón del pasado viernes a los musulmanes suníes a unirse masivamente a los rebeldes que luchan contra el régimen del presidente sirio, <strong>Bashar al-Assad</strong>, lo que hizo efectivamente fue quitar el manto de hipocresía reinante en el mundo árabe islámico en torno del desenfrenado enfrentamiento histórico entre <strong>sunitas</strong> y <strong>chiítas</strong> en el <strong>Oriente Medio.</strong></p>
<p><strong>Qaradawi dijo que no era su intención demonizar a todos los musulmanes chiítas</strong> -lo cual es difícil de creer conociendo sus posiciones- pero ese ha sido precisamente el efecto de sus palabras que inflamaron más aún la confrontación en curso. El clérigo suní denunció a la secta <strong>alawita</strong> (rama del islam chiita) a la que pertenece Bachar Al- Assad, como <strong>&#8220;más infiel que los cristianos y los judíos</strong>&#8220;. Extendiendo, precisamente, a todos los chiítas la demonización que indicó no iba a hacer. <strong>También sostuvo que la organización chiíta Hezbollah (cuyo nombre se traduce como &#8220;partido de Dios&#8221;) es realmente &#8220;el partido del diablo.&#8221;</strong></p>
<p><span id="more-113"></span>Lejos de bajar el nivel del conflicto sectario, Qaradawi lo estimulo profundamente cuando ante sus seguidores se pregunto:<strong> ¿Cómo podrían cien millones de chiitas en todo el mundo, derrotar a 1.700 millones de sunitas?</strong> En palabras poco componedoras, Yusuf Al-Qadarawi dijo que eso sólo podría suceder si ellos (los sunitas) fueran débiles.</p>
<p>Estas provocativas declaraciones de Qaradawi, quien en 2008 advirtió de la &#8220;chiitization&#8221; de Oriente Medio, han arrojado más combustible al fuego y seguramente podrían intensificar el conflicto en <strong>Siria</strong>, <strong>Irak</strong> y <strong>Líbano</strong>. Su retórica también podría envalentonar a la mayoría sunita de<strong> Arabia Saudita</strong> y generar profunda reacción con la mayoría chiíta de <strong>Bahréin</strong>, donde la familia real sunita está luchando contra el levantamiento chiíta. Además, sus declaraciones pueden agregar legitimidad a la alarma en <strong>Egipto</strong>, donde los sunitas temen una posible, aunque improbable, infiltración del Islam chiíta de Irán.</p>
<p>Qaradawi es <strong>una figura polémica en Occidente</strong>, pero tiene millones de seguidores sunitas en el mundo árabe y<strong> es sumamente peligrosa su posición antagónica con Hassan Nasrallah, el líder de Hezbollah</strong>. Cuando Nasrallah reconoció lo que era un secreto conocido por millones -que los combatientes de Hezbollah están luchando contra la oposición sunita en apoyo del régimen alawita de Al-Assad-, Qaradawi sugirió que un buen musulmán sunita debería encargarse de Nasrallah, en clara alusión a perpetrar un ataque contra la vida de Nasrallah, y si algo así sucediera<strong>, la orgía de sangre y venganzas se convertiría en una espiral de violencia de nunca acabar</strong>. Algo peligrosísimo para la estabilidad de los pueblos de la región.</p>
<p>Como Qaradawi, Nasrallah dijo que su condena a los sunitas no se aplicaba a toda la secta suní -sino a aquellos que luchan para derrocar a su amigo Assad- pero él también tuvo como objetivo intensificar la animosidad sectaria que ya ha comenzado a cuajar en el mundo musulmán. Lo que llama la atención sobre las declaraciones cruzadas entre Nasrallah y Qaradawi es que el otro secreto a voces -un conflicto sectario profundizado dramáticamente a partir de los levantamientos árabes- es conocido públicamente en todo el mundo árabe desde hace miles de años. En el pasado, ambos líderes hablaron falsedades acerca de la otra secta. <strong>Nasrallah afirmo que Hezbollah estaba luchando encarnando la &#8220;resistencia&#8221; de todos los musulmanes en su guerra contra Israel, y Qaradawi propuso cerrar filas entre chiítas y sunitas en tal causa.</strong></p>
<p>Pero el 31 de mayo pasado, Qaradawi dio un mensaje muy distinto en lengua árabe en su discurso de <strong>Doha</strong> y <strong>sostuvo que aquellos musulmanes que asesinan sunitas merecen que les sea arrancado el corazón</strong>, en claro mensaje para Nasrallah y las tropas de Hezbollah que combaten en siria actualmente.</p>
<p>Qaradawi declaro también que durante muchos años llevó adelante esfuerzos para cerrar la brecha sectaria, y que por ello viajó a Irán en tiempos del ex presidente <strong>Mohammad Khatami</strong>, pero según sus propias palabras, <strong>&#8220;los fanáticos del gobierno iraní tienen por objetivo debilitar a los sunitas’’</strong>. Y confesó que había sido engañado por los iraníes, que han engañado también a muchos otros clérigos sunitas diciendo que ellos quieren superar las diferencias, cuando en realidad lo que desean es ampliar el poder persa chiita en los países árabes sunitas.</p>
<p><strong>Es muy posible que la escalada del conflicto sectario conduzca a una profunda división entre algunos estados árabes</strong>. Esto ya es una posibilidad altamente probable en Siria si no se llega a un acuerdo negociado entre el gobierno de Al-Assad y la oposición. Así, <strong>el presidente Al-Assad y la minoría alawita podrían dividir el país mediante la formación de su propio enclave</strong>, quedando la actual Siria dividida territorialmente y a manos de la mayoría sunita.</p>
<p>En Irak, el primer ministro <strong>Nuri Al-Maliki está tratando de sostener y consolidar la dominación chiíta al excluir a los sunitas de las instituciones más importantes del estado y etiquetarlos de terroristas</strong>. En términos concretos, el país está dividido y es testigo de un retorno del choque entre chiítas y sunitas a nivel político, social y religioso, un choque que no se veía desde la peor época de la posguerra en 2006. Incluso antes de que comenzara la guerra civil siria.</p>
<p><strong>El conflicto sectario fue un importante resultado de la intervención de los EEUU</strong><strong>en Irak,</strong> pero no acumulaba la cantidad de ataques terroristas mutuos y diarios como los que se observan hoy con desesperanzador saldo en vidas humanas entre chiitas y sunitas. Y nada indica que Siria no acabará siendo un espejo del Irak actual.</p>
<p>La tensión entre chiítas y sunitas es improbable que disminuya. La dialéctica de <strong>Qaradawi</strong> es posible que aumente, el poder de <strong>Nasrallah</strong>, quien una vez fue un líder que tuvo el apoyo de los sunitas para enfrentar a <strong>Israel,</strong> puede que transite complicaciones graves dentro del <strong>Líbano</strong>.</p>
<p>Ello porque en su lucha en favor al presidente Assad, Hassan Nasrallah transformó su movimiento en una fuerza estrictamente paramilitar chiíta comprometiéndose en una guerra de resultado incierto. Esa no ha sido una decisión estratégica positiva para Hezbollah en directa relación al apoyo popular árabe que disponía y que hoy está resquebrajándose.</p>
<p>Al tiempo que Qaradawi vive la ola de creciente triunfalismo sunita en la región y su retórica sectaria es probable que refuerce el predominio sunita sin importar lo que suceda en Siria.<strong> Lo concreto es que las declaraciones de los dos hombres dejan poca esperanza para la reconciliación entre chiítas y sunitas en el corto plazo.</strong> En su lugar, la <strong>batalla</strong> <strong>mediática</strong> a la que se han lanzado abiertamente opera como una invitación a mayor violencia sectaria con resultados sumamente negativos para los ciudadanos de aquella región del planeta. El peligro de represalias suníes podría obligar a Hezbollah a tomar un mayor control militar sobre el terreno tanto en Siria como en Líbano, y si Irán evalúa necesario amortiguar la situación de su socio Assad, podría ordenar a Nasrallah desencadenar otra guerra con Israel, exactamente igual a la del julio de 2006.</p>
<p>Hezbollah ha dicho que no va a ser arrastrado a una guerra sectaria en Líbano, donde es la milicia más poderosa, pero el peligro puede provenir de grupos satelitales de<strong> Al-Qaeda</strong> tanto en <strong>Trípoli</strong> como en <strong>Sidón</strong>, esos grupos <strong>wahabíes</strong> y/o <strong>salafistas</strong> pueden tomar <strong>represalias contra Hezbollah con ataques suicidas. </strong>Esta hipótesis es la manejada actualmente por las agencias de seguridad libanesas.</p>
<p>Políticamente, la guerra en Siria y la rivalidad entre los partidos pro y antisirio del Líbano han impedido la formación de un nuevo gobierno y ha retrasado las elecciones parlamentarias de este año con fecha incierta. Hay un peligroso vacío de poder. Las fuerzas militares y de seguridad libanesas están sobrecargadas en Trípoli, el <strong>valle del Bekaa</strong> y otros lugares al norte del <strong>río</strong> <strong>Litani</strong>. En tal escenario, <strong>Hezbollah se ha convertido en la fuerza dominante en este corredor de poder y es el grupo político que dispone de mayor fuerza militar como base de ese poder político.</strong></p>
<p><strong>Al mismo tiempo, esta situación ha hecho que Nasrallah pierda credibilidad en la calle árabe</strong>. Él no está de humor para un compromiso intersectario y ha demostrado que no tiene respeto por ninguna línea roja. Sus líneas rojas se cruzan y se diluyen cuando sus hombres salen a las calles y cuando siente que los sunitas ponen en peligro su poder político y su hegemonía militar.</p>
<p>Si la opinión pública vio con asombro y rechazo la violencia de los últimos dos años de las revueltas árabes, debe saber que en el mundo árabe siempre se puede caer más profundo en las crisis que lo acucian. En esta línea de comprensión, bien vale mencionar <strong>el pensamiento popular árabe que indica, que en aquella región del planeta, ‘’cuando las cosas están mal, siempre pueden estar peor’’</strong>.<strong> Y que los próximos meses, infortunadamente, pueden ser mucho más turbulentos y caóticos de lo visto hasta hoy.</strong></p>
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