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	<title>Gonzalo Sarasqueta</title>
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		<title>A no olvidarse de Félix Díaz</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Mar 2016 03:00:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Félix Díaz]]></category>
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		<category><![CDATA[Milagro Sala]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos originarios]]></category>

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		<description><![CDATA[“Sabemos dialogar y no queremos seguir sintiéndonos usados”, tituló el cacique Félix Díaz la semana pasada. Lo hizo como respuesta a la indiferencia del Estado nacional, que continúa ignorando los reclamos de los pueblos originarios. Ayer el kirchnerismo, hoy Cambiemos: al líder indígena le sobran razones para sentirse utilizado. En diciembre pasado, Mauricio Macri le... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2016/03/22/a-no-olvidarse-de-felix-diaz/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b></b>“Sabemos dialogar y no queremos seguir sintiéndonos usados”, tituló el cacique Félix Díaz la semana pasada. Lo hizo como respuesta a la indiferencia del Estado nacional, que continúa ignorando los reclamos de los pueblos originarios. Ayer el kirchnerismo, hoy Cambiemos: al líder indígena le sobran razones para sentirse utilizado.</p>
<p>En diciembre pasado, Mauricio Macri le prometió a Félix Díaz que aceptaría una mesa de diálogo directa con los qom para solucionar sus principales problemas. El cacique confió en el jefe del Ejecutivo y levantó, horas después, el acampe en la avenida 9 de julio. Pero pasaron más de tres meses y no hubo respuesta. O sí la hubo, pero fue la misma que esgrimía el kirchnerismo: el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) es el canal formal por donde deben fluir las negociaciones entre el Estado y las comunidades originarias. Por afuera de ese ente, nada.</p>
<p>¿Otra frustración? Hasta el momento, sí. Nada parece indicar lo contrario. <b>Félix Díaz y su pueblo siguen aguardando una señal del Gobierno</b>. El secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, les informó que les iba a comunicar a Marcos Peña y a Macri la propuesta (un canal comunicacional directo para atender las problemáticas). El tema es que el Presidente ya la conoce. La escuchó —mínimo— dos veces: cuando pisó el acampe en las vísperas del ballotage y en los primeros días de su gestión. En ambas ocasiones se comprometió a materializarla. ¿La tercera es la vencida?<span id="more-187"></span></p>
<p>La (hasta ahora) apatía del oficialismo deja al descubierto la instrumentalización que se hizo durante todos estos años de los reclamos de Félix Díaz y de otros pueblos como los mocoví, bya guaraní, aba guaraní, chorote, tapiete y wichí. Desde las primeras protestas de envergadura, allá por el 2010, para reclamar la restitución del territorio de la comunidad Potae Napocna Navogoh en Formosa, hasta el acampe de la semana pasada en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), para pedirle a Macri que cumpla con su palabra electoral, <b>la lucha de los pueblos originarios ha sido reducida —en numerosas ocasiones y por sectores de diferente cuña— a una herramienta política.</b><b></b></p>
<p>Mientras el jefe indígena denunciaba la expropiación de tierras por parte del Gobierno provincial de Gildo Insfrán, espacios políticos y mediáticos aprovecharon el conflicto para erosionar la autoestima progresista del kirchnerismo. Frente a la ficción del relato oficial que invisibilizó las atrocidades acaecidas en el norte, levantaron un contrarrelato que recortó y mudó un conflicto de calado histórico, como es el ensamble entre pueblos originarios y Estado, a una gramática polarizante coyuntural: Frente para la Victoria-oposición. Esta última narrativa convirtió a Félix Díaz en una catapulta. Sus demandas funcionaban como cascotes (simbólicos) que derribaban el castillo del relato kirchnerista.</p>
<p>El siguiente acto fue el encuentro con el papa Francisco. La foto entre Díaz y el máximo pontífice, en junio de 2013, fue traducida como la antítesis de la (supuesta) grieta imperante en el país. Un ejemplo de diálogo, tolerancia y convivencia que contrarrestaba con el autismo, la prepotencia y la radicalización que irradiaba el oficialismo de aquel entonces. Otro cross de costado al kirchnerismo, señalado como el único promotor de la división de los argentinos.</p>
<p>Dentro de ese antagonismo, se elaboró un juego dialéctico con Milagro Sala. La visión crítica de Félix Díaz sobre el Gobierno nacional le concedió un afable trato mediático, que lo acercó al mito del buen salvaje: honesto, justo y sosegado. En cambio, la líder de la Túpac Amaru fue colocada en la vidriera de enfrente, como la salvaje incorregible, violenta y envilecida por las arcas estatales. Dos lecturas tajantes que escondían el clivaje dicotómico circulante. Ambos actores eran valorados sólo en función de su geografía política: cuál era su ubicación frente al kirchnerismo. Poco se decía sobre el trasfondo de sus reivindicaciones, sus luchas y sus hojas de ruta. Mucho fin, nada de medios.</p>
<p>Ya derrotado el kirchnerismo, el eco de Félix Díaz se apaga lentamente. Las demandas de su pueblo pierden resonancia. Son contados los medios de comunicación y los dirigentes políticos que lo siguen acompañando en su lucha. Eso sí, las que no se extinguen son las calamidades que sufren los pueblos originarios: persecución, desnutrición, represión, expoliación, falta de agua y vivienda, por citar las más acuciantes. Estas siguen intactas, sin bandera partidaria alguna. Son de todos. Como dijo el mismo Díaz: “No queremos más migajas, exigimos un gesto del Gobierno que incluya al pueblo indígena como tal y no como macrista, peronista o radical”.</p>
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		<title>La paradoja Vidal</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Mar 2016 03:00:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Igualdad de género]]></category>
		<category><![CDATA[María Eugenia Vidal]]></category>
		<category><![CDATA[Provincia de Buenos Aires]]></category>

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		<description><![CDATA[Que bajó 15 kilos. Que probablemente se haya hecho un tratamiento de piel. Que las ojotas doradas. Que la mochila animal print. En fin: las observaciones estéticas que hacen los medios de comunicación sobre María Eugenia Vidal merecen un etcétera. Pocos detalles quedan afuera. El último descubrimiento —que alcanzó el estatus de titular— fue que... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2016/03/16/la-paradoja-vidal/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Que bajó 15 kilos. Que probablemente se haya hecho un tratamiento de piel. Que las ojotas doradas. Que la mochila animal print. En fin: las observaciones estéticas que hacen los medios de comunicación sobre María Eugenia Vidal merecen un etcétera. Pocos detalles quedan afuera. El último descubrimiento —que alcanzó el estatus de titular— fue que la primera dama, Juliana Awada, era su asesora de vestuario. Toda una ¿primicia?</p>
<p>Meses atrás, cuando Vidal ya había ganado la Gobernación, el filósofo José Pablo Feinmann tropezó en una entrevista radial con su propio machismo y soltó entre risas: “Soy un tipo de mucho humor, porque si no, no podés tolerar que esta chica tan rica, tan linda, haya ganado la provincia de Buenos Aires. No sabe lo que le va a pasar ahí. Puede gobernar brillantemente la provincia de Buenos Aires o puede ser víctima de ese trabajo y terminar en una trata de blancas”. La opinión pública, con razón, le saltó a la yugular.</p>
<p>Lo paradójico es que entre los críticos más entusiastas del intelectual estaba ese mismo periodismo que hoy empuja a la gobernadora a caminar por la pasarela. Esa prensa que reduce el mundo de la joven dirigente a un escaparate. Esos medios que dicen poco —o nada— sobre sus cualidades técnicas, su olfato político o sus yerros en la gestión. La cobertura gira en torno a su figura; lo político queda relegado al rincón de la anécdota. Como si fuera un complemento, cuando es lo primordial, la razón que justifica que Vidal sea noticia.<span id="more-182"></span></p>
<p>La variable cultural puede explicar esta cosificación. A tono con la preocupante radiografía social (según la organización La Casa del Encuentro, durante el 2015, hubo un femicidio cada treinta horas en el país), <b>el periodismo continúa empapado de determinadas concepciones que postergan la igualdad de género</b>. Es decir, dista de ser un instrumento pedagógico de vanguardia que ayude a revisar ciertas estructuras arraigadas en el inconsciente colectivo y, en simultáneo, invite a realizar una introspección social. Simplemente, galopa al compás del sentido común. Oficia como caja de resonancia de una sociedad que, en su mayoría, permanece atada al imaginario del macho alfa.</p>
<p>También está la opción política. Por simpatía ideológica o beneficios económicos, los principales medios de comunicación utilizan este tipo de noticias como artificios para distraer a la sociedad y así evitar una erosión temprana en el Gobierno provincial que conduce Vidal. Es que los primeros tres meses no han sido para nada sencillos en el sillón de Dardo Rocha. Despidos por doquier, calurosas negociaciones con los sindicatos y recortes en áreas estratégicas del Estado fueron algunas de las medidas que suspendieron la clásica luna de miel que tiene cualquier flamante gestión con la ciudadanía.</p>
<p>Pero quizás lo que no detectan los jefes de redacción es que, en el mediano y el largo plazo, tanto en su tarea al frente de la provincia como en su proyección como cuadro político, este tratamiento mediático puede llegar a condicionar a Vidal. Si bien la estética es gravitante en la escena contemporánea (al menos eso indican los manuales de marketing político y los estudios demoscópicos), la percepción de liderazgo que realizamos como ciudadanos es bastante más compleja. Factores como la capacidad para generar consensos, la solidez discursiva, la muñeca para manejar situaciones críticas y el equipo de trabajo también entran en juego en nuestros esquemas mentales. El elector necesita nutrirse de esa información para moldear su apreciación política. Y si no se la brindan, el concepto que se forma queda trunco.</p>
<p><b>Despojar a una dirigente de estas competencias es, sin duda, quitarle la posibilidad de ungirse como una líder. No permitirle que sea evaluada, como cualquier otro político, de manera completa por la ciudadanía</b>. Y eso, además de socavar el principio de objetividad, fundamento rector del periodismo, que rechaza cualquier recorte parcial de la realidad, significa una desventaja para la ex vicejefe del Gobierno porteño. Vidal, de esta manera, no puede ser analizada desde todos los ángulos. <b>Su liderazgo, según este enfoque periodístico, se acota al plano estético. </b>Nada más. Lo que denota una desconfianza tácita hacia las virtudes de la gobernadora por parte de estos sectores mediáticos.</p>
<p>Todavía flota cierta resistencia en el periodismo vernáculo al ascenso de la mujer. Como si las empresas comunicacionales no quisieran asumir que el sexo femenino se mudó —hace tiempo— de las páginas de sociedad, moda y cocina a la sección de política. Y que, de ahí, no va a moverse. Al contrario: cada vez más seguido va a pedir portada. Porque, como lo demuestran la región (Michelle Bachelet, Dilma Rousseff, por citar dos casos retumbantes), Europa (Ángela Merkel lleva las riendas del viejo continente) y Estados Unidos (Hillary Clinton se encamina a ocupar el Despacho Oval), cada día son más las mujeres que pierden el miedo, esquivan estas estigmatizaciones y se animan a tomar el timón. Es un proceso ineluctable. Ya no hay vuelta atrás. Resta saber si lo harán solas o acompañadas y con el diario debajo del brazo.</p>
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		<title>Clima enrarecido</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2016 09:30:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Civismo]]></category>
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		<category><![CDATA[Violencia política]]></category>

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		<description><![CDATA[Corre el mes de febrero. Neonazis le dan una brutal paliza en Mar del Plata a un activista del colectivo LGTB. De yapa, destrozan el local de la organización. Nos mudamos a marzo. También en la ciudad balnearia, una itaca (por ahora, la única culpable) talla con cinco balazos la fachada de un local de... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2016/03/08/clima-enrarecido/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Corre el mes de febrero<b>. </b>Neonazis le dan una brutal paliza en Mar del Plata a un activista del colectivo LGTB. De yapa, destrozan el local de la organización. Nos mudamos a marzo. También en la ciudad balnearia, una itaca (por ahora, la única culpable) talla con cinco balazos la fachada de un local de La Cámpora. Más plomo, esta vez en tierras porteñas. Balacera contra un local de Nuevo Encuentro en Villa Crespo. El saldo son dos mujeres heridas. Ambas están fuera de peligro. El odio, esta vez, no tuvo puntería.</p>
<p><b>Una extraña espiral de violencia cobra relieve en la política dómestica. Ciertos gérmenes de intolerancia se materializan en un malevaje visceral.</b> ¿Nostálgicos de la Liga Patriótica? Puede ser: nacionalismo, catolicismo y homofobia es el cóctel de la primera agresión. En los otros dos atentados prevalecen el anonimato, la inorganicidad y el silencio. No hay patrones ni indicios que endilguen la autoría a algún espacio político en particular. Sólo queda clara una cosa: el kirchnerismo es el blanco.</p>
<p>Pero, más allá de la autoría, el método y los fines de estos agravios, vale la pena reposar el lente reflexivo sobre las condiciones sociales, mediáticas y políticas que permiten su irrupción. Repasar el momento que estamos atravesando. Escarbar en la realidad para intentar encontrar algunas razones, explicaciones o al menos hipótesis. Alguna línea que invite a pensar por qué el presente le abre la puerta a este tipo de anomalías.<span id="more-173"></span></p>
<p>Empecemos por casa. Salvo contadas excepciones, desde hace tres meses, los medios de comunicación están empecinados en replicar, amplificar y fogonear la díada Gobierno nacional-kirchnerismo. Cada noticia está enmarcada con esa lógica binaria. Pocos periodistas se animan a afinar el sentido crítico, buscar argumentos alternativos y escapar del facilismo dicotómico. La mayoría continúa encerrada en ese dúplex analítico. El desafío consiste en encontrar el contraste más filoso, la perspectiva más cortante, la contradicción que mejor sintetice la (supuesta) fractura social que corta en dos porciones simétricas al país. Sin caer en el reduccionismo de la teoría de la aguja hipodérmica (el ciudadano es un recipiente vacío al que se le inyecta información), los <i>mass media</i> ayudan a la instalación de un clima cerrado, hostil e inflamado.</p>
<p>La dirigencia política, siendo benevolente, tampoco colabora mucho. Ejemplo tangible fue la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso. Allí quedó en evidencia la falta de voluntad para sellar rispideces e inaugurar una nueva etapa —obviamente, sensible tanto a consensos como a disensos— que permita tonificar los aciertos de años anteriores y rectificar sus bemoles. Cada uno desde su cosmovisión, claro está. Nadie pide abandonar las tonalidades ideológicas. Sería un craso error, además de un espejismo, típico del argumentario neoliberal, que postergaría debates sustanciales para el país. Pero sí es imperioso cumplir con reglas mínimas de respeto, debate y tolerancia. Dejar atrás la jerga patotera y adentrarnos en la esgrima retórica, el razonamiento de calado y el verbo elocuente.</p>
<p><strong>Las instituciones políticas tienen la responsabilidad de ser una muestra cabal de civismo</strong>. Ellas son las encargadas de colocar la vara de la discusión a una altura elevada, lejos de las simplificaciones, las mediocridades y las banalidades que permiten el ingreso de la violencia (verbal o física) como mecanismo resolutivo. En otras palabras: deben ser un arquetipo para la ciudadanía de cómo, pacíficamente, se confrontan, confluyen y enriquecen opiniones de distinta naturaleza.</p>
<p>¿Y la sociedad? No se queda atrás. El barrio virtual es prueba de ello. Las redes sociales destilan resentimiento, bronca y agravios por doquier. Ninguna fuerza política ostenta el patrimonio exclusivo de estos atropellos. En cualquier rincón del espectro ideológico se percibe un desprecio visceral hacia el pensamiento ajeno. Los muros de Facebook sirven como paredones de fusilamiento simbólico. La falacia <i>ad hominem </i>es la moneda de cambio en Twitter. Bastante lejos queda la proyección de estas herramientas 2.0 como espacios deliberativos que agregarían estímulos participativos a nuestra cultura política y ensancharían los márgenes de la democracia. No. Hasta ahora ha predominado la vertiente cloacal: el canal por donde fluye todo nuestro lenguaje escatológico.</p>
<p>Podríamos echar mano a la excusa de “siempre hay una minoría de violentos energúmenos”. Seguro. Pero sería patear la pelota al tejado. No tomar dimensión de la gravedad de estos hechos. Porque el problema de estos incidentes, delicados para cualquier sociedad que aspira a vivir bajo la égida del Estado de derecho, es que si no se atienden a tiempo, con la voluntad y los instrumentos apropiados, la metástasis en el tejido social es inmediata. La exaltación se propaga con facilidad, y más cuando los engranajes institucionales no están aceitados, como en el caso argentino. “Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”, advertía Voltaire. Estamos a tiempo.</p>
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		<title>¿Infidelidad en plena luna de miel?</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Dec 2015 03:00:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Código Procesal Penal]]></category>
		<category><![CDATA[Designación de jueces]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Ley de medios]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[“Una cosa es tener distintas visiones, ideas y propuestas; otra, avasallar las instituciones con proyectos personalistas o hacer uso del poder en beneficio propio”, deslizó el flamante Presidente en su discurso de asunción. Con cadencia, sosiego y firmeza, Mauricio Macri agregó: “El autoritarismo no es una idea distinta, es el intento de limitar la libertad... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/12/22/infidelidad-en-plena-luna-de-miel/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Una cosa es tener distintas visiones, ideas y propuestas; otra, avasallar las instituciones con proyectos personalistas o hacer uso del poder en beneficio propio”, deslizó el flamante Presidente en su discurso de asunción. Con cadencia, sosiego y firmeza, Mauricio Macri agregó: “El autoritarismo no es una idea distinta, es el intento de limitar la libertad de las ideas y de las personas”. El hemiciclo respondió el guiño institucionalista con un aplauso medido, pero sostenido. La república recuperaba las fronteras que separan a sus tres poderes. Kirchnerismo sonaba a <i>ancien régime</i>.<i> ¿</i>Pluralismo para todos y todas?</p>
<p>Días después, el nuevo inquilino de la Casa Rosada trituró sus palabras. Eludió a la Cámara Alta y designó mediante un decreto a dos jueces para la Corte Suprema. El relato procedimental que desplegó durante toda la campaña electoral quedó hecho trizas. Le saltaron a la yugular el periodismo, los constitucionalistas y la totalidad de la oposición. La luna de miel sufrió su primer altercado. Macri conoció el lado b de la máxima envestidura; sintió el revés, recalculó y pateó la pelota para febrero.</p>
<p>La primera lectura —al vuelo— indica que el jefe del Ejecutivo mostró su faceta autoritaria, la predominante, aquella que pudo esconder detrás del humo del marketing político. Este sería el Macri empírico: alérgico a los frenos y los contrapesos republicanos, adicto a las mieles del poder. Como cualquier caudillo. Como cualquier populista. Como cualquier <i>outsider</i> que descubre la textura interna del poder. Cuando se llega al centro de mando, se acaban las prédicas consensualistas. Esta decodificación fue la que imperó en el kirchnerismo nuclear. El resto de la góndola política contuvo la respiración y se acotó a criticar la jugada.<span id="more-167"></span></p>
<p>Otra interpretación —bastante subterránea y propia del club de la <i>realpolitik</i>— es que Macri marcó la cancha. Al igual que Cristina Fernández de Kirchner, el Presidente piensa llevar las riendas bien cortas. Nada de error: el <i>per saltum</i> fue una señal. Una muestra cabal de dominio de la situación. Los canales institucionales convencionales serán utilizados mientras den las matemáticas. Cuando fallen las negociaciones, la gestión pasará a la órbita del dedo presidencial. El cómo (el estilo) será reemplazado por el qué (lo sustantivo). El inmovilismo, indudablemente, no será una política de Estado. En este sentido, parece que la experiencia de la Alianza ha servido como aprendizaje al cosmos no peronista. “O se avanza o se ingresa automáticamente en zona de turbulencia”, dice el axioma.</p>
<p>Esta última perspectiva, obviamente, dejaría con la boca abierta al justicialismo (al menos a la corriente que es poco sensible a los mandatos de la democracia representativa liberal). O, mejor dicho, le quitaría su elemento diferenciador. Su principal capital político: el pragmatismo radical que moldea reglas a su medida para (auto)erigirse como el guardián de la gobernabilidad. Esa vocación por mantener la democracia criolla bajo la tutela de un líder omnímodo, que concentra facultades extraordinarias para sortear momentos excepcionales —que finalmente son los 365 días del año—, empezaría a ser un patrimonio compartido. Preocupación de sobra para el movimiento político más popular del país.</p>
<p><b>Pero lo cierto es que Macri también está horneando otras medidas que generarán cambios considerables en la geometría institucional. Y todas se materializarían mediante decretos</b>. Por eso, más allá de la rectificación —o no— de Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti como miembros del tribunal supremo, esta lógica decisional del nuevo mandatario continuará. No fue un lapsus, sino el inicio de una secuencia. Algunos ejemplos destacables serían la fusión de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) y la Autoridad Federal de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (Aftic) (lo cual subvertiría la ley de medios aprobada por el Congreso en el 2009), la reforma de la ley de Ministerio Público y la puesta en marcha del nuevo <i>Código Procesal Penal</i>.</p>
<p><b>Evidentemente, al Presidente actual la legalidad fraguada al calor del kirchnerismo le sienta incómoda. El problema es que, sea por impericia o demostración de fuerza, el decisionismo presidencial convierte al Estado de derecho en una arena movediza.</b> Las leyes nunca terminan de institucionalizarse. Pierden consistencia. Su peso se relativiza. Caen los incentivos para cumplirlas. Y, en ese péndulo legal, la ciudadanía se inclina por la anomia. A esta altura, no hace falta aclarar qué sucede cuando la ley pasa a ser letra muerta. O sí, para no caer en errores tan frescos: caos, anarquía, saqueos, acuartelamientos, represión, etcétera.</p>
<p><b>La otra secuela es la concentración del poder.</b> <b>Lo que se gana en celeridad se pierde en pluralismo: cimiento esencial del sistema democrático.</b> La descentralización muta en centralización. En vez de contar con una constelación de pequeños centros de poder y autoridad, se dispone de un gran núcleo ordenador, generalmente condensado en la figura del presidente. El caldo de cultivo ideal para que brote un autoritarismo de baja intensidad. Macri tiene la responsabilidad de desechar esta posibilidad y también, claro, de respetar el discurso que ofertó para llegar al sillón de Rivadavia.</p>
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		<title>Las riendas del PJ están sueltas</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Dec 2015 09:48:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cristina Fernández]]></category>
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		<description><![CDATA[Poco dura el peronismo en el diván. Todavía no cayeron los últimos cascotes de la derrota y en el movimiento ya se abrió el mercado de especulaciones. Nada de introspección profunda. Mucho menos de autoflagelo. “No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer”, apuntaba Arturo Jauretche. Las riendas del Partido Justicialista (PJ) están... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/12/08/las-riendas-del-pj-estan-sueltas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Poco dura el peronismo en el diván. Todavía no cayeron los últimos cascotes de la derrota y en el movimiento ya se abrió el mercado de especulaciones. <strong>Nada de introspección profunda. Mucho menos de autoflagelo</strong>. “No es posible quedarse a contemplar el ombligo de ayer”, apuntaba Arturo Jauretche. <strong>Las riendas del Partido Justicialista (PJ) están sueltas y varios son los domadores que se alistan para tomarlas.</strong> Cada uno con su impronta. Cada uno con su <i>ethos</i>. Cada uno con su receta para recuperar el centro de gravedad de la política criolla.</p>
<p>Y, sin duda, la nominación empieza con Cristina Fernández de Kirchner. Luego de ocho años en el poder, la Presidente cuenta con credenciales suficientes para no bajarse de la montura. Pero primero, claro, debe decidir si continuará en el frenesí de las arenas políticas u optará por el embalsamamiento, esperando que los manuales de historia hagan su parte. Viudez, cirugías de riesgo y el estrés que implica comandar los destinos de un país parecen razones de sobra para escoger esta última posibilidad. El matiz sería una hibernación patagónica extendida para recobrar energías y volver al ruedo en el 2017. De cualquier modo, CFK seguirá de reojo los movimientos en Comodoro Py. Varias denuncias por presunta corrupción descansan ahí, listas para materializarse en causas judiciales o pasar al olvido en los sótanos del palacio.<span id="more-161"></span></p>
<p>De seña, la abogada deja una legión de espartanos en el Congreso. Dos docenas de diputados de La Cámpora defenderán con uñas, dientes y mística lo que ellos consideran como los logros intocables. A ese contingente se le sumarán la gestión santacruceña de Alicia Kirchner y las células no peronistas (Nuevo Encuentro, Socialismo para la Victoria, Forja, etcétera). <b>Mantener impoluto el legado será esencial para disputar el liderazgo del justicialismo. A falta de caja, el capital simbólico será uno de los recursos esenciales que tendrá el cristinismo para cuidar posiciones.</b> El problema es que, del otro lado del mostrador, gobernadores, sindicalistas e intendentes suelen cobrar en metálico. En general: son poco propensos a los bienes intangibles. Veremos cómo avanza el comercio de voluntades.</p>
<p>Como contracara, asoma el peronismo republicano. Encabezada por el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, esta corriente aspira a institucionalizar la fuerza y convertirla, definitivamente, en un partido electoral competitivo. Esta especie de <i>remake</i> del cafierismo incluye una oposición sensata, puentes permanentes con la Casa Rosada y acuerdos transversales para afrontar problemas acuciantes como la inflación, el narcotráfico y la pobreza. Portones adentro, la renovación pretende federalizar el PJ, establecer reglas claras para el acceso a los puestos de mando y pasar de la arenga ideológica a una prédica consensual. A tono con los vientos amarillos que soplan. Para dejar bien sentada su posición, el responsable de La Linda no acudió la semana pasada a la convocatoria de Cristina en Balcarce 50. Y estilizó su propuesta con un titular contundente: “El peronismo debe colaborar para que al país le vaya bien. No tenemos que ser un obstáculo, tenemos que presentarnos como un estadio superior&#8221;. Tan sencillo como rentable el mensaje.</p>
<p><b>Algo vacilante</b><b>, aparece Daniel Scioli. El gobernador saliente aún no define cuál es su menú</b>. Por momentos muestra retazos de su etapa <i>catch all </i>—antes de la campaña electoral—, cuando marcaba distancia del kirchnerismo nuclear, y en otras ocasiones —como en la recta final del ballotage— se calza el traje del Nestornauta y ve neoliberalismo hasta en la sopa. Dos posibles lecturas: está jugando de trapecista entre las dos vertientes anteriores para ungirse como paladín de la unidad o, siendo más pesimista, quedó atrapado entre los dos personajes y está al borde de la alienación política. Un buen termómetro serán los primeros meses de gestión de Mauricio Macri. Ahí el ex candidato deberá dejar en claro su derrotero, si quiere estar en primera fila.</p>
<p>Por fuera del barrio, <strong>merodea Sergio Massa</strong>: el <i>outsider</i> que sueña con colonizar el PJ a la distancia. Si bien está en plena simbiosis con Cambiemos —prueba palpable: el acuerdo en la Legislatura bonaerense—, el del Delta no se da por vencido. Y tiene con qué. Además de un bolsón con 21% de votos, cuenta con piezas claves para rearmar el rompecabezas del general: el peronismo cordobés, parte del sindicalismo (Facundo Moyano <i>and company</i>) y algunos intendentes del Conurbano. No es un coeficiente de poder determinante. No. Pero para tocar el timbre y probar suerte alcanza y sobra.</p>
<p>Lo que quizás conecte a estos diferentes senderos sea la amenaza que representa Macri. <strong>O, mejor dicho, las arcas que manejará el ingeniero: nación, provincia de Buenos Aires y Ciudad Autónoma de Buenos Aires.</strong> “Toda la macrocefalia junta”, como bien señalan Tomás Borovinsky y Martín Rodríguez. El magnetismo de la chequera es potente, en tierras peronistas conocen este <i>leitmotiv</i>. Puede llegar a producir una diáspora importante, por no decir concluyente. Contener a los garrochistas será el principal desafío hasta mayo, cuando el Congreso partidario defina la línea editorial a seguir, aunque como advirtió John William Cooke: “La masa no será detenida con consignas, sino con la satisfacción de las necesidades”.</p>
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		<title>Entre el ingeniero y el Cuervo, la política</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Nov 2015 03:00:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Ballotage]]></category>
		<category><![CDATA[Frente para la Victoria]]></category>
		<category><![CDATA[kirchnerismo]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[Fecha: 31 de octubre de 2012. Con el dedo levantado, la garganta encendida y una arenga de barricada, el diputado nacional Andrés Larroque trona: “Nunca escuché en la historia hablar de narcosocialismo”. La Cámara Baja se transforma en una caldera a punto de reventar. Vale todo. Insultos cruzados entre los legisladores. El presidente Julián Domínguez... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/11/24/entre-el-ingeniero-y-el-cuervo-la-politica/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Fecha: 31 de octubre de 2012<b>. </b>Con el dedo levantado, la garganta encendida y una arenga de barricada, el diputado nacional Andrés Larroque trona: “Nunca escuché en la historia hablar de narcosocialismo”. La Cámara Baja se transforma en una caldera a punto de reventar. Vale todo. Insultos cruzados entre los legisladores. El presidente Julián Domínguez pidiendo —en vano y sin autoridad— calma. Silbidos. Más descalificaciones. Y, como si fuera poco, con una sonrisa altanera, el Cuervo ultima: “Ustedes son esclavos de las corporaciones”. El recinto termina de convertirse en una gallera.</p>
<p>Tres años y veintitrés días después, Mauricio Macri agradece por doquier. “Esperanza, “juntos” y “alegría” son las muletillas que pueblan su discurso. A continuación, llueven globos de todos los colores. El dj sacude con Tan Biónica a Patricia Bullrich y Diego Santilli. El Presidente electo saca de la galera un swing inédito. Difícil de superar. Una mezcla de Mick Jagger y Michael Jackson con algunos retazos de Gilda. Alfredo de Angeli, estático, sabe que esta parte de la película no es su fuerte. Abajo, oficinistas sub 40 acompañan con un pogo sincronizado. Rebota el pabellón 6 de Costa Salguero. El país mágico está al palo.</p>
<p>Dos instantáneas de la Argentina. Dos relatos en búsqueda del sentido común de la ciudadanía. <b>Dos interpret</b><b>aciones de la política: una que puso, permanentemente, el dedo en la llaga del conflicto y otra que decodifica a la democracia como la posibilidad del consenso absoluto.</b> El domingo, ante dicha bifurcación, la mayoría escogió el segundo tramo para recorrer los próximos cuatro años. ¿Agotamiento? Puede ser: fueron doce almanaques a pura adrenalina.<span id="more-151"></span></p>
<p>Desde diferentes rincones del edificio social, se venía reclamando bajar los decibeles. Periodistas, intelectuales, dirigentes de la oposición y hasta sectores del mismo kirchnerismo pedían tolerancia. Más oxígeno. Más espacios para el disenso. El debate, en los últimos años, había mutado en una especie de riña donde se medía quién tenía el agravio más filoso. Y vale la pena señalar que esta lógica no fue patrimonio exclusivo de una fuerza política. Si bien es cierto que el Frente para la Victoria, quizás obnubilado por la pluma de Ernesto Laclau, armó el cuadrilátero, pocos de la ribera de enfrente rechazaron la propuesta de calzarse los guantes, morder el bucal y subir a probar suerte al ring. Casi todos tuvimos nuestro round. Algunos más que otros, seguro, pero la autocrítica vale para el conjunto.</p>
<p>Pero parece que esa dinámica es pretérita. Como lo dejó en evidencia el <i>speech</i> dominical de Macri, los vientos están cambiando de dirección. El futuro inquilino de la Casa Rosada, en el medio de la euforia, aseveró —alrededor de cinco veces y de manera distinta— que va a “gobernar para todos”. ¿Es posible? ¿Sin jerarquizar demandas? ¿A favor de todos, en contra de nadie?</p>
<p><b>La narrativa consensual que crece sobre los cascotes del kirchnerismo es tan perjudicial para la democracia vernácula como aquella que esgrimían Cristina Kirchner y sus huestes</b>. Negar el conflicto es ni más ni menos que impugnar la política. Todo entramado social plural está supeditado al choque de intereses contrapuestos. Es sencillo de comprender: mientras haya desigualdades, la tensión siempre va a dar el presente. ¿De un tirón, sin ser aguafiestas? El conflicto permanecerá entre nosotros mientras haya personas que piensen que merecen algo y no lo tienen.</p>
<p>Como la economía existe para solucionar el problema de la escasez (en un pueblo donde todo fuera abundante no sería necesaria), la política se presenta ante nosotros como una herramienta para solventar los enfrentamientos (en una sociedad donde todo fuera armónico prescindiríamos de ella). Su función cardinal es mantener esas colisiones dentro del campo de las instituciones democráticas, la <i>Constitución</i> y la palabra, e impedir que se llegue a la instancia de la coacción física.</p>
<p>El silencio levanta sospechas en democracia. Siempre. Y con razón. Por más que no se las mencione, las disputas siempre están latentes. Listas para transformarse en pugnas concretas. Se inician, se coagulan y, dependiendo de la cintura de los líderes políticos, sociales o sindicales, se descomponen rápida o lentamente. Sin duda, el proceso de desarme de cualquier conflicto se inicia con su identificación. Nombrándolo. Mapeándolo. Colocándolo en la agenda. De ahí la importancia de interpretar a los discursos como proyectores de un orden social, cultural y político. De ahí la relevancia de parar las antenas cuando nos quieran endulzar los oídos con diálogo, optimismo y frenesí para todos.</p>
<p>La política es bipolar por antonomasia. En su seno habitan tanto el conflicto como el consenso. Los estadistas son aquellos líderes con hocico para olfatear en qué momento darle cuerda a uno o a otro. El flamante jefe del Ejecutivo, en el postescrutinio, en lo que podría definirse como el minuto cero de su gestión, cayó en una simplificación que orilló con la demagogia. Claro que a contramano de Cristina. Mientras la abogada opta por el guion dicotómico schmitteano (amigo-enemigo), el ingeniero se compenetra con un libreto carente de adversarios, obstáculos y fricciones. La diferencia radica en que, para la primera, el poder comienza a ser una nostalgia y, para el segundo, un horizonte. Ergo: está a tiempo de encontrar el equilibrio.</p>
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		<title>Decálogo del arte del debate</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Nov 2015 11:26:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Debate]]></category>
		<category><![CDATA[Elecciones 2015]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>

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		<description><![CDATA[Tiempo de esgrima retórica. Tiempo de confrontar ideas. Tiempo de legitimarse. Hoy millones de argentinos serán testigos del primer debate presidencial a dos bandas en la historia del país. Una instancia deliberativa en la que los dos candidatos, Mauricio Macri y Daniel Scioli, serán evaluados minuciosamente. Parte del electorado aguarda este evento para orientar su... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/11/15/decalogo-del-arte-del-debate/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tiempo de esgrima retórica. Tiempo de confrontar ideas. Tiempo de legitimarse. Hoy millones de argentinos serán testigos del primer debate presidencial a dos bandas en la historia del país. Una instancia deliberativa en la que los dos candidatos, Mauricio Macri y Daniel Scioli, serán evaluados minuciosamente. Parte del electorado aguarda este evento para orientar su voto del domingo próximo. Por eso, es primordial ajustar el lente crítico, estar atento a los detalles y hacer una lectura rigurosa del evento. A continuación, un pack de tips para sacarle el máximo provecho a este espectáculo dialógico que estimula los principales músculos de la democracia: pluralismo, libertad de expresión, competencia pacífica y respeto a las reglas.</p>
<p><strong>El <em>kick off</em></strong>. La primera intervención –en este caso, será sobre “Desarrollo Económico y Humano– es fundamental. Es el momento ideal para inclinar la balanza. La audiencia está fresca, sensible y con un nivel de atención elevado. El candidato que esté más sólido, suelto y agudo acá, tendrá medio debate “en el bolsillo”.</p>
<p><strong>¿Negatividad?</strong> <strong>Sí, pero no tanto.</strong> La idea de un debate es erosionar la imagen política –credibilidad, carácter y estética– del contrincante. Mostrarle a la sociedad los puntos débiles del oponente. Todo, obvio, dentro de los marcos del respeto. Sin caer en los golpes bajos. Mostrarse agresivo, despreciable e inestable puede llegar a ser contraproducente. En cualquier situación de ataque desproporcionado, los indecisos siempre se ponen del lado de las víctimas.</p>
<p><strong>Capacidad argumentativa.</strong> Saber pasar de lo abstracto a lo concreto, traducir lo complejo en ejemplos cotidianos, manejar cifras contundentes, mechar citas memorables, emplear un amplio vocabulario (pero sencillo a la vez), son algunos de las habilidades que deberán mostrar los candidatos si quieren convencer. El logos es una de las piedras basales de este encuentro cívico.</p>
<p><strong>Reflejos y humor.</strong> Nada más acertado que salir de un ataque contundente por la tangente del ingenio. Demostrarle al espectador que, hasta en los momentos de mayor intensidad y estrés, se posee una cuota de humor. Esto genera empatía, proximidad y confianza. Es conocida la anécdota del ex presidente norteamericano Ronald Reagan que, ante la pregunta del moderador sobre si, a los 74 años, todavía contaba con energías para conducir un país, contestó: “Sí, y además, no voy a explotar con fines políticos la juventud de mi oponente y su inexperiencia”. Algo exagerado, su contrincante, el demócrata Walter Mondale, admitió semanas después que había perdido las elecciones por esa chicana.</p>
<p><strong>Lenguaje corporal.</strong> Solo el 7% de lo que absorbemos en un acto comunicacional proviene de las palabras; el 93% restante pertenece a los gestos, los ademanes, el tono de la voz, las miradas, la postura, las expresiones faciales y la apariencia. Ambos presidenciables tendrán que ser minuciosos en este aspecto. Richard Nixon, en el primer debate presidencial televisivo (1960), lució agotado, con ojeras, transpirado y dejado. ¿Resultado? Los medios lo dieron como claro perdedor frente a un John Kennedy fresco, descansado, prolijo y bronceado, que, a sabiendas de la envergadura de este aspecto, se había asesorado con el famoso rat pack: un grupo de actores y artistas –entre ellos, Frank Sinatra y Peter Lawford (cuñado del que sería el primer y único presidente católico de Estados Unidos)– que manejaban los códigos, lenguajes y efectos de la pantalla chica.</p>
<p><strong>Los componentes paralingüísticos.</strong> Más sencillo: ¿cómo nos expresamos? Los cambios de volumen, tonos y velocidades son fundamentales para magnetizar. A través de ellos se cautiva. El disertante que caiga en la monotonía, la lentitud y la opacidad distraerá al público. Y una vez que se pierde la atención del espectador, es muy difícil –por no decir, imposible– recuperarla. Dos ejemplos patentes del uso correcto de estos elementos son Cristina Kirchner y Elisa Carrió.</p>
<p><strong>Fluidez verbal.</strong> Se dice que los debates no se ganan: se pierden. Bueno, un tartamudeo, la reiteración de balbuceos o, en el peor de los casos, quedarse con la mente en blanco, pueden llevar al candidato a las arenas del ridículo. Y de ahí, claro está, no se vuelve. Por eso es imprescindible que las exposiciones estén aceitadas, sean dinámicas y tengan cadencia.</p>
<p><strong>Cronométrica.</strong> Los aspirantes a la Casa Rosada deben ajustarse a un tiempo determinado: un minuto para preguntar, responder, repreguntar y volver a responder, y dos minutos para exponer sobre cada tema. Si las ideas son interrumpidas por el timbre del reloj o el moderador, llegarán “turbias” a los destinatarios. Es crucial que los oradores sepan amoldar sus intervenciones al formato temporal estipulado.</p>
<p><strong>Lenguaje emocional.</strong> La literatura en comunicación política sostiene que cuando colisionan una idea y un sentimiento en una persona, prevalece este último. Ergo: eso que Aristóteles denominaba como pathos, será sustancial para seducir. Sin duda, los dos minutos de cierre que tendrá cada uno será la oportunidad perfecta para apelar a las emociones de los televidentes.</p>
<p><strong>Mensaje compacto.</strong> Todo lo anterior será en vano si el candidato no deja en claro su idea matriz. O sea, su relato, además de coherencia, debe tener un título. Todas las intervenciones tienen que estar sujetadas a ese rótulo. Cuanto más claro, sencillo y articulado sea ese concepto, más posibilidades tendrá el político de tallar al imaginario social con su propuesta.</p>
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		<title>Anatomía de un regreso radical</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Nov 2015 02:38:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<category><![CDATA[Ernesto Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[PRO]]></category>
		<category><![CDATA[Radicalismo]]></category>
		<category><![CDATA[UCR]]></category>

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		<description><![CDATA[“Siempre adelante, radicales. Adelante sin cesar. Que se rompa y no se doble”, traía tímidamente de fondo un par de parlantes. En Adolfo Alsina al 1786, el color lo ponía un puñado de militantes fieles, que tronaba a capela: “¡Olé, olé, olé, olá, yo tengo hue…, sigo siendo radical!”. A metros, Leopoldo Moreau, escoltado por... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/11/09/anatomia-de-un-regreso-radical/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Siempre adelante, radicales. Adelante sin cesar. Que se rompa y no se doble”, traía tímidamente de fondo un par de parlantes. En Adolfo Alsina al 1786, el color lo ponía un puñado de militantes fieles, que tronaba a capela: “¡Olé, olé, olé, olá, yo tengo hue…, sigo siendo radical!”. A metros, Leopoldo Moreau, escoltado por el misionero Mario Losada, intentaba explicar ante las cámaras la peor cosecha electoral de su historia: 2,34% en el rubro presidencial. El partido político más antiguo del país ingresaba a terapia intensiva el lunes 28 de abril de 2003.</p>
<p>Doce almanaques después, la escudería centenaria muestra síntomas de mejoría. Si bien en la máxima categoría la deuda continúa —Ernesto Sanz sumó en las PASO tan sólo el 3,45 por ciento—, su musculatura recupera volumen: tres gobernadores —Ricardo Colombi (Corrientes), Gerardo Morales (Jujuy) y Alfredo Cornejo (Mendoza)—, dos vicegobernadores —Daniel Salvador (Buenos Aires) y Jorge Henn (Santa Fe) —, 446 intendencias, 43 diputados y nueve senadores nacionales (será la segunda fuerza partidaria del Congreso). “Si se esperan las ruinas, en las ruinas encontrarán una bandera”, advirtió alguna vez Ricardo Balbín.</p>
<p>Claro que la cicatrización del tejido no fue sencilla. El camino tuvo sus mareos: la importación de un candidato justicialista como Roberto Lavagna, en el 2007; la alianza con Francisco de Narváez, en el 2011; y el fugaz entramado UNEN, en el 2014. Prueba y error, hasta llegar a los portones del PRO. Ahí las piezas cuajaron. <b>A la Unión Cívica Radical (UCR) le faltaba una cabeza, Mauricio Macri andaba en búsqueda de un cuerpo</b>: <i>win to win</i> fue el resultado. ¿Capitulación ideológica?<span id="more-143"></span></p>
<p>No. Como movimiento de masas, el radicalismo ha alojado en su seno diferentes líneas de pensamiento y acción. El siglo XX fue testigo de esas vicisitudes: el populismo —sin connotación negativa— de Hipólito Yrigoyen, el liberalismo de Marcelo T. de Alvear, el desarrollismo de Arturo Frondizi, el republicanismo de Balbín y la socialdemocracia alfonsinista, por citar los casos que calaron en el imaginario social. Por ende, aquella proclama de Leandro Alem: “Se nos ha llamado radicales intransigentes. ¡Aceptamos ese nombre con orgullo!”, es sólo una nostalgia, propia de una época en la que el partido habitaba los márgenes del sistema político. Las boinas blancas entendieron —antes que el peronismo y con menor plasticidad— que las riendas de este país se llevan mejor con el cuarteto churchilliano de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor” que con la pureza de las doctrinas.</p>
<p>Hoy la UCR retoma de su extensa biografía las páginas escritas por Balbín. Sea por alergia al kirchnerismo o vocación institucional de la actual cúpula, el legado del Chino es la guía en estos tiempos. La división de poderes, el espíritu cívico, la transparencia, la libertad de expresión y el consenso son el motor de los ejes de la UCR en el 2015. <b>Antes de separar los paquetes ideológicos, hay que restaurar el edificio republicano. Esa es la prioridad. Esa es la agenda. Eso es Cambiemos para los radicales.</b></p>
<p>La jugada craneada por Ernesto Sanz en la Convención de Gualeguaychú, como se observa, está dando sus frutos. La recomposición partidaria avanza en paralelo al derrumbe del kirchnerismo. Solamente resta concretar el asalto a Balcarce 50, operación a cargo de la vanguardia amarilla; en la retaguardia quedaron el martillo y la pluma.</p>
<p>Y, precisamente, este es uno de los escollos a superar por la UCR en los años venideros: no convertirse en la versión casera del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). Es decir, transformarse en un copiloto esencial para formar coaliciones de Gobierno, pero no para agarrar el timón. Para eso, deberá comenzar a modelar su propia figurita presidencial. Proyectar un liderazgo contundente, moderno, carismático y con recorrido ejecutivo. Sanz demostró capacidad de armado, aunque carece de estas virtudes. Sólo estuvo a cargo del municipio mendocino de San Rafael. El resto de su currículum está plagado de referencias legislativas.</p>
<p>Revisando el semillero, asoman figuras interesantes. Ramón Mestre, intendente de la capital cordobesa, es una de ellas. Posee linaje (es el hijo del ex gobernador y ministro del Interior, Ramón Bautista Mestre), detenta frescura (tiene 43 años) y, además, recuperó la ciudad después de 12 años de gestión peronista. José Corral, con 47 años, a cargo de la municipalidad de Santa Fe, también emerge como alternativa sub 50. Entre los curtidos, habrá que ver cómo evolucionan las experiencias provinciales de Morales y Cornejo. Esto sin descartar, a largo plazo, la adopción de un dirigente, con horizonte en la ciudad de Buenos Aires, como Martín Lousteau. El economista tiene <i>feeling</i> con Sanz y cuenta con el respaldo del radicalismo porteño. Todo puede ser.</p>
<p>El otro desafío que aparece es la gobernabilidad. Desde aquel añejo 12 de octubre de 1928, cuando Marcelo Torcuato de Alvear finalizó su mandato constitucional, la fuerza no ha podido concluir en orden y tiempo un período presidencial. Si se impone en el ballotage y llega entero a diciembre del 2019, Macri les podría dar una mano con el entierro del axioma “Sólo el Partido Justicialista puede gobernar la Argentina”. Mientras tanto, los dirigentes que estén en primera línea de combate deberán probar que, al igual que los peronistas, no padecen el poder: al contrario, lo disfrutan. El verdadero cambio empieza por ahí.</p>
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		<title>Inquisición 2.0</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Nov 2015 03:30:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Ballotage 2015]]></category>
		<category><![CDATA[Daniel Scioli]]></category>
		<category><![CDATA[Mauricio Macri]]></category>
		<category><![CDATA[Redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[Sergio Massa]]></category>

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		<description><![CDATA[“Gorila”, “fusiladores en el 55 y en el 2001”, “séquitos de Videla”, “cipayos en oferta”, “lacras venenosas”, “neofascistas”, “resaca nazi”, “militonto”, “cleptómanos profesionales”, “otro cibertibio”, son algunos de los descalificativos —más originales— que estuvieron rebotando la última semana en las redes sociales. Hay de y para todas las fuerzas políticas. Lejos de ser propiedad exclusiva... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/11/03/inquisicion-2-0/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Gorila”, “fusiladores en el 55 y en el 2001”, “séquitos de Videla”, “cipayos en oferta”, “lacras venenosas”, “neofascistas”, “resaca nazi”, “militonto”, “cleptómanos profesionales”, “otro cibertibio”, son algunos de los descalificativos —más originales— que estuvieron rebotando la última semana en las redes sociales. Hay de y para todas las fuerzas políticas. Lejos de ser propiedad exclusiva de uno, el fenómeno es transversal. Contamina a toda la góndola.</p>
<p>Se sabe que en el barrio 2.0 abunda el lenguaje cloacal. La virtualidad es una arena propicia para despedir todas aquellas escatologías verbales que, en persona, en el mundo tangible, pocos se animan a decirle en la cara al vecino, amigo o compañero de trabajo. La red es un atajo para la cobardía. Siempre lo fue, pero nunca como en estas horas.<b> El nivel de agresividad que se desató después de conocerse la voluntad de las urnas es inédito</b>. ¿Por qué? ¿A qué se debe? ¿Estamos listos para afrontar un ballotage de estas características?</p>
<p>Para empezar, recalcar la sorpresa de quien escribe. Supuestamente estábamos ante una campaña electoral de baja crispación. Los tres principales candidatos —Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri— se manejaron dentro del margen crítico que permite cualquier sistema democrático. Hubo contados golpes bajos. La negatividad brilló por su ausencia. Sus discursos se articularon en torno a abstracciones tales como “esperanza”, “victoria”, “cambio”, “fe”, “diálogo”, “consenso”. A tal punto que, a principio de año, desde los medios de comunicación se les pidió precisión, contundencia y hasta inclusive mayor diferenciación entre ellos. Deducción al vuelo: ellos no fueron los artesanos de este fanatismo <i>in crescendo</i>. A bucear en otras aguas.<span id="more-135"></span></p>
<p>Quizás sea el momento de sumergirse en la cultura política, ese cúmulo de prácticas, valores, creencias, opiniones, preferencias y costumbres que compartimos como sociedad. Con este lente analítico, se podría hallar una explicación tentativa. Un primer paso puede ser el mesianismo. Ninguna novedad. A lo largo de estos 200 años y monedas, nos hemos acostumbrado a tercerizar nuestras responsabilidades, obligaciones y expectativas en un líder redentor. Un individuo ubicuo, todopoderoso y mítico que nos llevaría —sin mucho esfuerzo ni sacrificio— a los portones del paraíso: primer mundo o liberación, según la cantinela ideológica. Empresas que, espiando por el espejo retrovisor de la historia, han terminado en auténticos escombros.</p>
<p>Y mesianismo no rima con tolerancia. <strong>Cuando la emotividad desplaza por completo al intercambio racional, elimina el equilibrio entre razón y sensibilidad que debería albergar cualquier acción política, los matices se vuelven una especie en extinción. La ideología muta en catecismo</strong>. El derecho al disenso pasa a ser la excepción, no la norma. Y el repertorio lingüístico circulante cambia drásticamente: el adversario ahora es un enemigo, el aliado se convierte en un servidor condescendiente y los seguidores se transforman en soldados o apóstoles al servicio de la causa. En otras palabras: el imaginario político le cede el paso al bélico.</p>
<p>Pero el cortocircuito continúa. Al moverse solamente en un monoambiente de ideas, la capacidad dialógica se atrofia. Se consolida un pensamiento autista, cerrado e impermeable a cualquier reflexión exterior. Sólo se consumen opiniones afines. El perímetro del sentido común del ciudadano finaliza en el mismo punto donde concluye su catecismo. Todo aquel que provenga del otro lado de la frontera y pretenda desarmar la estructura de creencias mediante un análisis distinto es apedreado simbólicamente. Los anticuerpos de la necedad se activan. Cuanto más se extienda en el tiempo este círculo vicioso, más vehemente será el ataque hacia la materia gris foránea.</p>
<p>Cuando urge salir de la zona intelectual de confort, en este caso porque se debe convencer a un 30% de indecisos para ganar un ballotage, queda en evidencia la falta de entrenamiento para persuadir, explicar o fundamentar. Y, ante esta impotencia, aparece la <i>falacia ad hominem</i>: atacar a la persona y no al argumento. Un recurso que, sin duda, genera el efecto contrario: en vez de embelesar voluntades, se las expulsa del espacio. Y ahí se redobla la apuesta combativa. Aumentan la persecución, el interrogatorio y el linchamiento. Pero, salvo que se esté ante un caso de síndrome de Estocolmo político, la inquisición 2.0 termina ahuyentando el voto.<i> </i>Pocos parecen entender esta ecuación sencilla.</p>
<p>El universo 2.0 ha subrayado esta falencia que tenemos como sociedad. O, mejor dicho, la ha sacado a la luz, porque la intolerancia siempre estuvo ahí, latente, entre nosotros. Solamente que, ahora, la exposición, el <i>feedback</i> y la instantaneidad de estos dispositivos, más la instancia de un escenario polarizado, como una segunda vuelta, la han puesto sobre el tapete. Restan diecinueve días para el cuarto oscuro, tiempo escaso para dar un salto importante en materia deliberativa. Pero, para comenzar a sembrar, la primavera es una estación ideal.</p>
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		<title>Cambio de guión, escenografía y ¿actores?</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Oct 2015 10:37:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gonzalo Sarasqueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El aluvión amarillo arrasó con todo: encuestas, análisis, opiniones, peronismo, barones del conurbano, aparatos clientelares. Y nadie lo vio venir. Nadie. Ni siquiera Mauricio Macri, que quedó cabeza a cabeza con Daniel Scioli para el ballotage del 22 de noviembre. Pero antes de sumergirnos en la instancia definitoria, hay que animarse a husmear en este... <a href="http://opinion.infobae.com/gonzalo-sarasqueta/2015/10/26/cambio-de-guion-escenografia-y-actores/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El aluvión amarillo arrasó con todo: encuestas, análisis, opiniones, peronismo, barones del conurbano, aparatos clientelares. Y nadie lo vio venir. Nadie. Ni siquiera Mauricio Macri, que quedó cabeza a cabeza con Daniel Scioli para el ballotage del 22 de noviembre. Pero antes de sumergirnos en la instancia definitoria, hay que animarse a husmear en este batacazo electoral que dio, a lo largo y ancho del país, el frente Cambiemos.</p>
<p><strong>Para empezar, conviene ir a lo irrebatible: la ciudadanía se inclinó por la alternancia.</strong> O, al menos, por poner en tela de juicio la continuidad “descafeinada” que proponía el gobernador bonaerense. Después de 12 años de kirchnerismo, la sociedad eligió profundizar el debate. No entregar ningún cheque en blanco. Ambos presidenciables tendrán que transpirar –y de lo lindo– la camiseta para llegar a ser los nuevos inquilinos de la Casa Rosada. En este sentido, se puede llevar un porotito la democracia criolla: los dos aspirantes tendrán que tonificar sus proyectos, ser más quirúrgicos con sus propuestas y dejar a un lado las predicaciones abstractas de “Fe”, “Desarrollo” y “Esperanza”.</p>
<p>Siguiendo la estela de la sustancia discursiva, el mensaje escogido por el ecuatoriano Jaime Durán Barba para el jefe Porteño dio en el blanco. A pesar de las críticas de diferentes sectores afines (mediáticos, políticos e intelectuales), que reclamaban un speech más rabioso contra DOS, el gurú comunicacional del PRO insistió con la concordia, el acercamiento y la desdramatización como elementos diferenciadores. El experimento fue exitoso. Una gran parte del tejido social reclamaba un cambio en las formas políticas: más diálogo, menos conflicto. Resta saber si esta táctica discursiva cambiará de acá al ballotage. La exposición de Mauricio Macri de ayer en Costa Salguero indicaría que no. En cambio, el ex motonauta, como deslizó en las tablas del Luna Park, promete sacar a relucir su veta más kirchnerista: activar el contraste externo al máximo con su rival, ajustar la mira ideológica e instalar el regreso del “fantasma neoliberal”.</p>
<p>En tercera instancia, y siendo más osado, toca pasar revista a las arquitecturas de poder que se enfrentaron en la contienda. Y una muestra significativa, sin duda, es la provincia de Buenos Aires. Allí, el triunfo de María Eugenia Vidal puso en evidencia el óxido que detenta la maquinaria del Partido Justicialista. Sin un fuerte anclaje territorial y con pocos conductos estatales locales para desembarcar, caperucita amarilla dio una muestra cabal de lo que es ir por la positiva. Capitalizó su buena vibra con los medios de comunicación, criticó lo justo a su contrincante, Aníbal Fernández, y se preocupó en cautivar tanto a los radicales como a los independientes y los indecisos. Todo en la misma toma. Los resultados están a la vista: barones del conurbano, como Hugo Curto (Tres de Febrero) o “Barba” Gutiérrez (Quilmes), cederán sus centros de mando a los intérpretes de Vidal, que será la primera mujer que se siente en el sillón de Dardo Rocha.</p>
<p>Otro acierto en el armado fue la alianza con la UCR. Córdoba, Jujuy, Entre Ríos, Mendoza, La Rioja y Santa Fe fueron fecundos ejemplos que la conjugación con las boinas blancas le brindó a la fuerza que encabeza Macri un carácter federal del que antes carecía. <strong>El PRO cedió protagonismo en lo local, pero ganó arrastre a escala presidencial. La ecuación cuajó en los guarismos. Ahora habrá que ver cómo encaja en los procesos de gobernanza.</strong></p>
<p>Sobre las perspectivas de cara al balottage, tres puntos a subrayar. El primero, quizás el más urgente, la negociación entre Macri y Massa. Y acá el ingeniero deberá reavivar su faceta más empresarial, porque el asunto, por lo visto, viene de regateo. El tigrense ya dejó en claro que piensa hacer valer su 21%. Necesita rincones de poder para sobrevivir estos años y detener la sangría de dirigentes en su espacio. Por eso, habrá que ver con qué cartera se lo puede seducir. Una buena noticia es que, a diferencia de Scioli, Macri le puso nombre y apellido a pocos Ministerios y Secretarías. O sea, tiene varias vacantes. Veremos cuáles escoge para ofertar. Por fuera de la mesa de trueque, el desafío amarillo será dar señales contundentes y no dejar escapar el sufragio peronista que optó por el Frente Renovador. El equilibrio tendrá que ser entre la imagen de “lo nuevo” y la “cosmovisión justicialista”. Todo un reto simbológico.</p>
<p>En segunda línea, otra noticia alentadora para el PRO es que Daniel Scioli no contará con el efecto cascada de los intendentes adeptos. El 22 de noviembre se irá solo a depositar la boleta presidencial, ergo: disminuyen los incentivos de los jefes comunales para movilizar sus tropas. Sus destinos ya están marcados, ahora hay que asegurarse que lleguen los recursos desde Balcarce 50. Este desfasaje era uno de los problemas que, en caso de segunda vuelta, preocupaba al sciolismo. En la ola naranja conocen el pragmatismo imperante a nivel municipal. Saben que la “chequera manda”. A tal punto que no descartan negociaciones subterráneas de los caudillos locales con CABA.</p>
<p>Y, por último, aterrizando al planeta CFK: ¿qué hará la presidenta en estos días de campaña? Dos posibilidades.Usará los lentes del presente y asumirá esta cita electoral como referéndum a sus dos gestiones. O la segunda: calmará la ansiedad e imaginando el futuro, decodificará estas urnas como una excelente ocasión para deshacerse de Scioli y quedarse con el timón opositor, lo que algunos llaman “operativo retorno 2019” o, siendo más latinoamericanistas, “la gran Bachelet”. Posee la guarida de Santa Cruz, ahora en manos de su cuñada, Alicia Kirchner, y una milicia de veinte diputados nacionales camporistas, digitada por su hijo Máximo, para resistir “el llano”. La trama permanece abierta. Solo que esta vez, parece ser, la escribe otro.</p>
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