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	<title>Gustavo Gorriz &#187; revista DEF</title>
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		<title>Ciberdefensa y fútbol</title>
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		<pubDate>Fri, 22 May 2015 08:51:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días, dos preocupaciones me consumían horas antes de que comenzara la jornada académica sobre Ciberguerra, organizada conjuntamente por la editorial TAEDA y la UADE. Una de ellas era el éxito de este seminario por el cual habíamos trabajado arduamente durante varios meses; y la otra, era el partido de esa noche en el cual se dirimiría cuál de los equipos más populares de la Argentina continuaría en la Copa Libertadores. <strong>Lo cierto es que la jornada académica fue un éxito, pero como todos saben, la deportiva terminó en un verdadero bochorno que excede lo estrictamente futbolístico y que ya ha merecido miles de reflexiones. </strong></p>
<p>El caso es que en esas horas previas al partido entre Boca y River, analizábamos durante el evento académico, las implicancias que en la vida de todos los ahí presentes tenía la Ciberseguridad y la Ciberdefensa, hasta en nuestras propias libertades individuales. La aparición de Internet había revolucionado nuestras vidas a una velocidad desconocida en toda la historia de la humanidad. <strong>Y mientras científicos, académicos y periodistas diseccionaban este espacio de conflicto relativamente nuevo, yo no podía abstraerme de vincular una vez más todo lo que se discutía en ese seminario con nuestro deporte más popular.</strong> Es que, viendo a esos centenares de jóvenes en el auditorio, de edades similares a las de mis hijos, vino a mi mente el recuerdo de un 20 de diciembre de 1992 en el que un juvenil jugador de nombre Claudio Edgar Benetti, marcaba el gol de la victoria con el que Boca se consagraba campeón ante San Martín de Tucumán, después de once años de no obtener títulos (el período más largo sin campeonatos de toda su historia).<span id="more-126"></span></p>
<p>A esta altura, usted se preguntará a qué vienen estos vínculos deshilvanados y dudará si, al escribir esta columna, estoy en mis cabales. Bien, a eso voy, recuerdo perfectamente esa fecha: vivía entonces en Cochabamba, Bolivia, y mi hijo menor tenía un mes y dos días, y desde la terraza de mi casa en aquella noche de verano intentaba realizar dos cosas: consolar al bebé que lloraba, y conocer el resultado del partido de Boca haciendo girar en vano una radio de cinco bandas que iba y venía con su sonido. <strong>Eran tiempos en los cuales, estando en el extranjero, uno hacía cien kilómetros si se enteraba de que un amigo tenía un par de periódicos nacionales que ya tenían tres o cuatro días de vida.</strong> Finalmente, aquella noche, en un instante único y más que breve, llegué a escuchar la frase “Boca campeón”.</p>
<p>Esta pequeña historia testimonial viene a cuento de que, si bien es verdad que esto ocurrió en el siglo pasado, es también verdad que <strong>fue apenas hace veintidós años, precisamente los años que tiene mi hijo</strong> –un bebé en aquel entonces– y que coinciden además con el inicio de la masificación de Internet, hasta entonces desconocida. Cuánta agua ha corrido en estos pocos años, cuántas veces en esta década con nuestra revista <i>DEF</i>, hemos analizado este nuevo espacio donde se desarrolla el ciberconflicto y cuántas veces nos hemos sorprendido de los adelantos que existen y los adelantos en ciernes. Julio Verne quedó atrás, y también Bradbury y Asimov.</p>
<p><strong>Es de verdad increíble que en el cuarto de la vida media de un ser humano hayamos hecho este recorrido tan extraordinario.</strong> También es increíble que aún con muchas dificultades, hayamos podido asimilar los cambios. Sin embargo, ese camino tan notable parece encontrar una peligrosa pared en las opiniones que hace pocos días ha manifestado Stephen Hawking. El extraordinario científico postrado en una silla de ruedas nos advirtió sobre dos gravísimos peligros inminentes, por un lado, <strong>la posibilidad de que la Big Data (la red global) pudiera caer en manos equivocadas e inmovilizar al mundo</strong> y pudiera “convertirse en el centro de mando para los terroristas”; y por el otro, que la hiperacumulación de conocimientos desembocara finalmente en la independencia de las máquinas que terminarían por gobernar a los humanos. Al referirse a la EI (Inteligencia artificial), dijo Hawking: <strong>“Las máquinas podrían tomar el control de sí mismas, rediseñándose a un ritmo que aumentará cada vez más.</strong> Los humanos, limitados por su evolución biológica, no podrán seguir el ritmo y serán superados”.</p>
<p>No se equivocarán quienes vinculen este augurio dramático con la película Matrix, aquella obra llena de fanáticos que relataba una historia futurista donde las máquinas (Matrix) se alimentaban de los hombres, de donde obtenían la energía, y existía un submundo donde batallaban unos pocos humanos que no habían sido atrapados. Ese era el mundo de la ficción, donde Morfeo, Neo y Trinity luchaban contra aquello que el genial científico británico augura hoy como posible en la vida real: unas máquinas autonomizadas del ser humana que controlan la vida sobre el planeta.</p>
<p>Lo cierto es que <strong>el futuro se presenta apasionante, maravilloso, seguramente cargado de noticias extraordinarias en todos los rubros del conocimiento humano,</strong> y ello incluye la prolongación de la vida y cualquier cosa imaginable. Pero, como contrapartida, ese porvenir también se presenta extremadamente <strong>peligroso, difícil y siniestro.</strong> Por ejemplo, si aquel fatídico 11 de septiembre en que vimos caer las Torres gemelas requirió una operación previa compleja y de una instalación de inteligencia de años, ¿qué podría ocurrir hoy, mañana, cuando el poder de destrucción se multiplique por cien o por mil? ¿O cuando una operación de Ciberguerra paralice completamente a un país o a un continente?</p>
<p>Hace apenas veintidós años y casi de manera casual, me di por enterado del triunfo de mi equipo. En esas dos décadas transcurridas, han ocurrido cuestiones jamás pensadas en aquel lejano 1992. <strong>Dicen hoy los científicos que cada cinco años, se duplicará el conocimiento</strong>, y esto es un hecho absolutamente inaudito en la historia de la humanidad, y nadie puede predecir hoy de qué estaremos hablando en la próxima década.</p>
<p>Si bien no es motivo central de estas mínimas reflexiones, no puedo omitir el hecho de que tanto avance científico y tecnológico resulte casi mágico y que, en medio de las graves preocupaciones que también genera, continúe existiendo un factor para nada tecnológico que sigue casi como hace dos mil años. <strong>Me refiero a la conducta primitiva e irracional que pueden asumir los seres humanos</strong>. Que estos hayan sufrido tan pocos cambios en su propia naturaleza también resulta inimaginado y al mismo tiempo mágicamente trágico.</p>
<p>Cualquier vínculo con estos últimos hechos “deportivos” vividos queda para la imaginación del lector.</p>
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		<title>Por qué ganó Dilma en las favelas</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Nov 2014 10:26:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace pocos días finalizaron las elecciones más reñidas que supo tener nuestro gigante vecino y estamos en tiempo de evaluaciones. Hay miles de análisis, son pocos los desinteresados y la gran mayoría están cargados de animosidad y parcialidad ideológica hacia uno u otro sector. La historia electoral de Brasil dirá que el margen final entre los dos candidatos en el balotaje –Dilma Rousseff y Aécio Neves– fue el más estrecho desde el regreso de la democracia, pero también <strong>recordará esta contienda como la más feroz, como una batalla desconocida para la política casi <i>light</i> de nuestros socios, con chicanas, operaciones de prensa y acciones impensables que dejaron un tendal de heridos y consecuencias que aún no es tiempo de mensurar.<span id="more-101"></span></strong></p>
<p>Fueron meses tensos y de fuertes vaivenes, cuyo resultado final mantuvo a Dilma en la presidencia, aunque solo por escasos 3,6 puntos de diferencia y habiendo además perdido en la Capital y en otros doce estados. Esto produjo, desde la primera hora de la victoria, un importante cambio en la propia actitud de la presidenta, una revisión del futuro gabinete y una mirada aparentemente profunda vinculadas a las medidas que deberá adoptar su gobierno en los próximos cuatro años. <strong>Dicen que perdió el sur rico y que ganó el norte pobre y subsidiado.</strong> También mucho se comenta que donde no se discutió el <strong>triunfo abrumador del oficialismo fue en las empobrecidas favelas de Río</strong>, que además aseguraron la reelección del gobernador Luis Fernando Pezão –un aliado de Dilma– con más de diez puntos de ventaja sobre su rival.</p>
<p>Justamente, hace un mes estuvimos en Río haciendo un relevamiento periodístico en varias favelas en vísperas del Seminario de Seguridad Regional que desarrollaremos esta semana en la UCA. <strong>Ingresando a las favelas es bastante simple comprender el apoyo generalizado recibido por Dilma Rousseff desde esas barriadas paupérrimas</strong>, donde viven hacinadas cientos de miles de personas, dentro de una geografía compleja compuesta por morros inaccesibles. A esta descripción debe sumársele que muchas de ellas limitan con los barrios más pudientes y acomodados de la “cidade maravilhosa” de Sudamérica.</p>
<p>Ni por asomo pensar que ese mundo cambió de manera extraordinaria, pero nosotros, con la revista DEF, hemos seguido este proceso a lo largo de muchos años y valoramos los verdaderos progresos realizados. Estuvimos allí por primera vez en febrero de 2008 e ingresamos a la favela Rocinha, apadrinados por el grupo interno “Amigos da Rocinha” en tiempos superviolentos, en los cuales pensar en la presencia policial era algo absolutamente disparatado. Allí narcos y delincuentes se movían con armas de guerra de todo calibre, en absoluta libertad, haciendo y deshaciendo a su antojo. Manejaban el delito en todas sus formas, pero además reemplazaban al Estado en el control de negocios lícitos, así manejaban las garrafas de gas, la seguridad y cobraban lo pésimos servicios esenciales existentes.</p>
<p>Ya entonces era Secretario de Seguridad Pública José Mariano Beltrame, un gaúcho especialista en inteligencia estratégica, quien mantiene el cargo hasta estos días. Los ciudadanos comunes de Río le reconocen en forma masiva los avances en la lucha contra el delito y también lo señalan como hacedor de la victoria electoral en el Estado, se dice también que la propia presidenta tiene puesta la mirada en el futuro político de Beltrame.</p>
<p>Quizás su éxito más emblemático sea la creación de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), un cuerpo especial que puso pie en las favelas, no para ingresar y salir combatiendo, sino para <strong>permanecer en ellas y asegurar así la presencia del Estado de manera definitiva.</strong> Aún en proceso de desandar décadas de desconfianza mutua y de violencia parapolicial, pareciera que estas medidas se volvieron esenciales en una batalla que empieza a dar signos positivos y que formó parte fundamental de la campaña electoral del gobernador de Río. En ella prometió incorporar otros once mil efectivos a esas unidades de policía. Imposible aquí olvidar que en el 2008 el BOPE, Unidad de Fuerzas Especiales inmortalizadas en la película <i>Tropas de elite</i>, ingresaba a la favela Complexo Alemão (hoy pacificada), combatiendo en sus hondonadas durante horas desde sus vehículos blindados.</p>
<p>Como dijimos, muchos ha cambiado, pero mucho queda por hacer, <strong>alcanza con decir que el Ejército debe hoy ocupar la favela Maré, de 130 mil habitantes, para entender realmente cuánto falta por hacer.</strong> Estuvimos hace pocas semanas ahí y conocimos la célebre y apócrifa  “Franja de Gaza”, un corredor donde todas las noches dirimen sus diferencias los narcotraficantes del Comando Vermelho y del Terceiro Comando (TC), las casas de los vecinos cercanos dan muestras de ello con los cientos de miles de impactos de bala en las paredes de sus hogares.</p>
<p>Las favelas entonces, donde viven millares de personas decentes que trabajan y estudian, <strong>dieron su apoyo irrestricto porque conocieron desde el gobierno de Lula medidas vinculadas a la inclusión y al desarrollo humano. También votaron las medidas de seguridad en ejecución,</strong> esas que tienen el rostro del secretario Beltrame. Él nos visitará en nuestro seminario de Seguridad Regional en los próximos días. Quizás se explaye allí sobre el libro que acaba de editar resumiendo su valiosa experiencia, la de intentar integrar tantas ciudades paralelas dentro de Río, esas ciudades que la gran urbe contenía en su vientre sin control alguno. El título de la obra creo que es emblemático: <i>Todos los días son lunes</i>, lo que pareciera ser la única manera de dar batalla a fuerzas del mal enquistadas a lo largo de décadas.</p>
<p><strong><i>Todos los días son lunes</i> </strong>pareciera un buen título también para combatir seriamente el delito organizado en nuestro país y en el resto de nuestra convulsionada región.</p>
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		<title>Ganas de matar</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Feb 2014 11:23:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Gustavo Gorriz</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Hace un par de semanas, le pegaron un tiro a Cacho. Le robaron el celular, le apuntaron a la cabeza y le dispararon, pero no lo mataron. Cacho tiene una librería escolar a unas veinte cuadras de donde vivo. Tuvo suerte, la bala apenas le rozó el parietal. Estuvo unos días internado en el hospital... <a href="http://opinion.infobae.com/gustavo-gorriz/2014/02/26/ganas-de-matar/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">&#8220;Hace un par de semanas, le pegaron un tiro a Cacho. Le robaron el celular, le apuntaron a la cabeza y le dispararon, pero no lo mataron. Cacho tiene una librería escolar a unas veinte cuadras de donde vivo. Tuvo suerte, la bala apenas le rozó el parietal. Estuvo unos días internado en el hospital municipal y luego volvió a su casa. No salió en los diarios. Si lo que le pasó hubiera ocurrido diez años atrás, a lo mejor la historia nos sorprendería y generaría el interés periodístico necesario para convertirla en noticia. Sin embargo, <strong>hoy parece no ser novedad que alguien esté dispuesto a matar a otro después de robarle su teléfono móvil</strong>. Solo algunos diarios zonales se acercaron a preguntar detalles de lo sucedido. Pero Cacho no tiene ganas de hablar.&#8217;Para qué&#8217;, dice. Cuenta lo indispensable: a las siete de la tarde de un día cualquiera, cerraba el portón de su casa en un barrio de gente de trabajo del cono urbano bonaerense cuando se acercaron unos chicos a robarle el celular, se lo dio pero no fue suficiente y le dispararon a la cabeza. Nada que, detalles más, detalles menos, no hayamos escuchado antes&#8221;.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Claudia Piñeiro</strong></p>
<p>Con el extracto de este texto de la exitosa escritora argentina, se iniciaba un editorial (<strong><em>Horas oscuras</em></strong>) que publicamos en la <strong>revista <em>DEF</em></strong> en un ya lejano marzo de 2008. Hace pocos días, y cumpliéndose lo que auguraba aquel texto –solo que con un final más triste– fue asesinado en <strong>Quilmes</strong>,<strong> Carlos Marcelo Fernández Durañona</strong> en una entradera en la puerta de su casa. El abogado apenas alcanzó a pedir que no se llevaran a su esposa Verónica durante el robo del auto con el que ella llegaba del trabajo y por toda respuesta recibió un disparo en el pecho y murió en minutos. Su mujer fue liberada en <strong>Bernal</strong>, previo canje de 500 pesos, 300 dólares y dos computadoras. Esposa viva, marido muerto. Delincuentes casi tan pobres como al principio del raid.</p>
<p><span id="more-31"></span>Este es el valor de una vida hoy en la Argentina. Solemos recordar que este tipo de hechos no ocurrían en nuestro país, eran tiempos en que los vecinos se “ventilaban” en las veredas de los barrios. La costumbre continuaba hasta bien entrada la noche y formaba parte de la serena vida de nuestra comunidad. Pero sucede que esas historias son cosas del pasado, definitivamente del pasado. <strong>La vida hoy vale 500 pesos, 300 dólares y dos computadoras</strong>. Hace siete años, Claudia Piñeiro prologaba aquel antiguo editorial. Las horas son mucho más oscuras que entonces. Han crecido las ganas de matar.</p>
<p>En la Argentina de estos días, los funcionarios discuten y no logran ponerse de acuerdo en cuestiones básicas vinculadas al delito y al narcotráfico y a las probabilidades de combatir con éxito estos males que, como la hidra de Lerma en la mitología griega, regeneran doblemente cada cabeza cortada. Esta pelea se extiende incluso a las estadísticas, a las cantidades de homicidios, a los responsables de la trata de personas y a cuál es la verdadera realidad de la droga. En casi ningún tema se ponen de acuerdo, en esta lucha diaria, desigual y hasta la fecha, perdidosa.</p>
<p>No es cuestión de caerles a los políticos con rencor, no dudo de su inteligencia ni de su dedicación a la tarea encomendada. Lo que sí sospecho –y creo que esta sospecha es compartida cada vez más por más ciudadanos– es que sus opiniones están vinculadas a sus cargos y responsabilidades y que no parecen mostrar en sus discursos las firmes convicciones que requiere el dramatismo del ahora. La pregunta que nos hacemos es qué pasaría si estos intercambiaran roles en los puestos de gobierno, si serían capaces de decir mañana lo contrario de lo que hoy afirman. También nos asiste la supina certeza de que si alguno de ellos fuera mañana oposición, radicalizaría geométricamente cada uno de sus argumentos. Creo que nuestra sociedad está agotada de ver esconder a sus muertos debajo de la alfombra, de mirar los fardos encendidos que se arrojan unos contra otros y de escuchar declaraciones cargadas de dramaturgia y ausentes de cualquier contenido.</p>
<p>Ya Carlos M. Fernández Durañona es historia, seguro le ganó la pulseada la última declaración prostibular de la <strong>Ritó</strong>, que nombre llevará el nuevo bebé del Diego o los muertos que dejaron en <strong>Rosario</strong> la banda de “<strong>Los Monos</strong>”. El fin del joven abogado de Quilmes ya es historia para todos, menos para sus deudos. Ellos ya no se reirán nunca más durante años, seguramente no festejarán la Navidad y el cumpleaños 44 de Carlos solo será un calvario a superar. <strong>A lo mejor, para el “fierita” que lo mató sin piedad, su muerte es la consecuencia de haber tenido una casa, de haber tenido un auto, de haber soñado un futuro… ese futuro que quizás para él jamás existió.</strong></p>
<p>Lo poco que vale la vida en nuestra sociedad no es obra de un par de casos aislados ni una casualidad no cuantificable. La vida no vale nada porque hay miles de personas excluidas que no trabajan y que no estudian, también porque la violencia y la droga hacen estragos con ellos; la pérdida de valores esenciales se refleja además en todos los niveles de nuestra sociedad. Los más excluidos jamás están a mitad de cuadra –eufemismo solo para decir que “curten la esquina”–: son los pibes con horas y horas sin hacer nada, son los consumidores de paco, esos que se turnan para limpiar parabrisas, esos que esperan a la abuela descuidada o a la escolar que regresa a su casa. Buscan hacer la plata para vivir hoy, mañana será otro día.</p>
<p>Disculpen todos, pero acá sí que no hay tu tía, un deterioro de este calibre se gesta durante décadas y excede al oficialismo de turno. Es más, excede a la propia política y es responsabilidad de todos. Dicen que “a los tibios los vomita Dios”, este diagnóstico es una cuestión de Estado donde el individualismo y la conveniencia política es el peor veneno posible. Una pelea frontal de todos los estamentos del Estado y una sociedad involucrada, quizás permitirían hacerle saber a <strong>Escobar Gaviria</strong> en el infierno, que sí es posible vencer estos gravísimos flagelos.<strong> Recuperar la paz a tiempo le permitirá al vecino volver a la vereda “a tomar el fresco”, al decir de nuestros abuelos. Ganar esa batalla tiene que ser posible.</strong></p>
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