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	<title>Horacio Minotti &#187; Carlos Menem</title>
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		<title>Macri y la peronización</title>
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		<pubDate>Fri, 09 Oct 2015 03:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[He venido escuchando y leyendo incesantemente, bajo autoría de pretendidos especialistas en campaña electoral, medios, analistas y políticos, que Mauricio Macri “desperonizó su campaña”, que ahora va a “peronizarla”, y que sube o baja en las encuestas como consecuencia de tales supuestos imprecisos. Para saber si alguien se peroniza o desperoniza hay que subir primero... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2015/10/09/macri-y-la-peronizacion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>He venido escuchando y leyendo incesantemente, bajo autoría de pretendidos especialistas en campaña electoral, medios, analistas y políticos, que Mauricio Macri “desperonizó su campaña”, que ahora va a “peronizarla”, y que sube o baja en las encuestas como consecuencia de tales supuestos imprecisos.</p>
<p>Para saber si alguien se peroniza o desperoniza hay que subir primero una cuesta complicadísima y de múltiples senderos, casi todos conducentes a la nada, que implica definir qué es el peronismo. En principio, <b>soy de la idea de que tal concepto encierra una serie de nociones vinculadas a equiparar las posibilidades de todos los ciudadanos, cualquiera sea su origen, estableciendo principios de justicia social, tanto discursivamente como en los hechos</b>. En definitiva, ese es el gran legado del peronismo a la historia argentina: el establecimiento como ineludibles de una serie de derechos del pueblo que ya nadie niega.</p>
<p>En tal sentido, es harto evidente que Mauricio Macri no necesita peronizar su campaña, dado que ya está altamente peronizada, no solamente desde las declaraciones públicas como candidato, sino especialmente desde sus hechos en el Gobierno en la ciudad de Buenos Aires. <b>No ha habido, si tal es el concepto de peronismo, un Gobierno más peronista que el de Macri en esta ciudad</b>. En retrospectiva histórica, es imposible encontrar un mayor y mejor acceso a la salud y la educación públicas que en la gestión macrista. Es imposible recordar que algún otro Gobierno local se haya empecinado de la forma en que lo hizo el de Macri en hacer progresar con infraestructura las zonas más empobrecidas y postergadas históricamente en la ciudad de Buenos Aires, como La Boca, Barracas o Parque Patricios.<span id="more-725"></span></p>
<p>Por ende, desde esos conceptos, ni lo que dice Macri, ni lo que ha hecho, lo desperoniza, todo lo contrario.</p>
<p>Ahora bien, el peronismo también ha sido, especialmente en los últimos años, desde la recuperación democrática, otras cosas, aparte de esos conceptos ideológicos. Ha sido el responsable de la decadencia de los últimos 25 años. <b>Ha acumulado, entre el Gobierno de Carlos Menem, el interinato de Eduardo Duhalde y los de los Kirchner, 24 años de corrupción generalizada, violencia y pobreza</b>. Ni hablar de la provincia de Buenos Aires. ¿En este sentido Macri debería peronizarse?</p>
<p>Algunos estiman que peronizarse es mostrarse públicamente con referentes peronistas. En dicho esquema, Macri comparte hace años su espacio con dirigentes surgidos de las filas del peronismo como Cristian Ritondo, Diego Santilli o Daniel Lipovetzky, y se ha aliado con otros como Patricia Bullrich, Eduardo Amadeo y Gerónimo “Momo” Venegas, entre unos cuantos más. ¿No basta eso para que se lo considere peronizado? ¿Con qué peronistas debería mostrarse? ¿Con los que arrasaron el país? ¿Qué clase de garantía es mostrarse peronizado?</p>
<p>Difícilmente alguien pueda considerarse más peronizado que Carlos Menem, de origen estrictamente peronista. Ganó la interna de su partido, que lo llevó a la candidatura presidencial, contra Antonio Cafiero, y lo hizo apoyado por lo más rancio del peronismo histórico: sindicalismo y líderes caudillescos del interior. Y cuando le tocó gobernar, fue la gestión menos peronista de la historia argentina, desde lo económico, mucho más cercana a la de Videla-Martínez de Hoz que a la de Celestino Rodrigo, antes o Jorge Remes Lenicov, después. Entonces, ¿vale peronizarse en campaña?</p>
<p>La última pregunta nos encamina a una nueva duda respecto de la tan mentada peronización. <b>No hay objeciones a que Daniel Scioli es un candidato peronista. Pocos pueden tenerlas sobre que Sergio Massa es otro candidato peronista. Si faltasen variantes de algún tipo, Adolfo Rodríguez Saá también es candidato y peronista. En ese universo, ¿es legítimo pedirle a Macri que se peronice?</b> Porque esto implicaría contar en la oferta electoral con tres candidatos peronistas y otro peronizado, es decir, alguien que pretende mostrarse peronista sin serlo. ¿No implicaría tal conducta subestimar al elector peronista, pretendiendo venderle un peronizado a cambio de un peronista?</p>
<p>Y en la misma hipótesis, ¿es esto conveniente? Porque, en definitiva, sería creer que casi no existen electores que no sean peronistas. “Peronistas somos todos”, dijo el General. Era otra época. La justicia social, el resguardo de los derechos de los trabajadores y los principios de equidad básicos que introdujo el peronismo están presentes en los discursos de todos los candidatos, desde el principio de la campaña. Nadie que los niegue alcanzaría a superar las PASO.</p>
<p><b>Hoy categorizar a los candidatos en peronizados o no peronizados es incluir categorías de análisis anticuadas, descontextuadas y que el elector no considera</b>. Macri no debe entrar en esos juegos, porque aspira a gobernar para todos, a ser el presidente de la unidad, el que abra la puerta al futuro. Para representar al pasado y a fraccionar a la sociedad ya hay más de un candidato. Los principios justicialistas más puros, los que simbolizan su aporte histórico, están hoy no solamente en discurso sino también en los hechos de su gestión, sencillamente observable. Lo demás es para los estrategas, políticos y analistas que atan el futuro de categorías del pasado.</p>
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		<title>La falacia del vicepresidente decorativo</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2015 03:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que el oficialismo postuló a Carlos Zannini como candidato a vicepresidente de Daniel Scioli, se multiplicaron las voces opinando sobre el rol político de ese cargo. Los que quieren mostrar al gobernador bonaerense como continuador del modelo K resaltan que lo acompaña un hombre muy fuerte del entorno íntimo de la actual presidenta. Los que buscan que Scioli mantenga cierto caudal de voto independiente refutan que Zannini no tendrá rol alguno, porque el vicepresidente es meramente decorativo.</p>
<p>La historia de los vicepresidentes desde la recuperación democrática puede darnos algún indicio sobre la veracidad de alguna de esas afirmaciones. Si nos remontamos al primer vicepresidente de la nación de la era posdictadura, podría afianzarse la postura de quienes dicen que este no tiene rol político. El cordobés Víctor Martínez, que secundó a Raúl Alfonsín en la fórmula, tuvo una escueta y gris participación en aquel Gobierno radical.<span id="more-685"></span></p>
<p>Sin embargo, avanzando a la presidencia posterior, el bonaerense Eduardo Duhalde, vicepresidente de Carlos Menem, tuvo una actividad política bastante más intensa, contrapuesta en muchos casos a su presidente. El gabinete del riojano se dividió a principios de su gestión en dos grupos que la prensa llamó “Celestes” y “Rojo Punzó”. Duhalde integró el grupo Celeste. Menem asumió en medio de una crisis económica hiperinflacionaria y tardó dos años en controlarla, en 1991, cuando se impuso la convertibilidad.</p>
<p>Esos dos años fueron tremendos para Menem y las internas se multiplicaron. Escribía el recordado Hugo Gambini en la revista <i>Redacción</i>: “lo terrible es que se ha deteriorado la credibilidad presidencial, a tal extremo que no son pocos los que le prueban la banda a Duhalde, hasta se habla de una nueva ley de acefalía”.</p>
<p>En sintonía, un artículo de la revista<i> Somos</i>, del 25 de marzo de 1991, firmado por Jorge Grecco, se titulaba “Operación Chaleco”, y describía cómo la mitad del gabinete de Menem consideraba que no estaba en condiciones psiquiátricas de seguir con el gobierno y pretendía su destitución por tales motivos para promover la instalación de Duhalde en el gobierno.</p>
<p>Pensar que el vicepresidente era ajeno a tales múltiples conspiraciones es subestimar a un Duhalde que llegó al poder tras la caída de un gobierno constitucional. Menem lo resolvió: se deshizo de la sombra del hombre de Lomas de Zamora y lo envío como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Pero cuando Menem intentó volver a la competir por la presidencia en 2003, su mayor enemigo fue Duhalde. Le impidió usar el sello del Partido Justicialista (PJ), inventó un candidato hasta entonces inexistente: Néstor Kirchner y dividió al PJ para neutralizar al riojano. Y cumplió su objetivo. Si todo esto es un vicepresidente decorativo, no quiero imaginar lo que es uno con el aparato kirchnerista detrás.</p>
<p>Para su segundo período, Menem eligió un vicepresidente con escaso peso territorial y sin estructura política. Le resultó bien, Carlos Ruckauf nunca fue una amenaza.</p>
<p>Si Carlos “Chacho” Álvarez se considera decorativo en el Gobierno de Fernando De la Rúa, tenemos problemas de lectura. Desde el principio, el vicepresidente de la Alianza fundó un engendro que llamó “oficialismo crítico” y que fue una oposición interna.</p>
<p>Chacho jaqueó y desmoronó al gobierno. Propició una investigación por supuestos sobornos en el Senado para la sanción de una ley laboral. La Alianza tuvo su principal base electoral en el discurso de la transparencia. Cuando Álvarez puso en tela de juicio ese capital político, el gobierno cayó en picada. Para colmo de males, Chacho renunció justamente por dichos sobornos, dejó al gobierno rengo y herido de muerte. Poco tiempo después, De la Rúa, vacío de poder, debió abandonar la Casa Rosada. Álvarez, de decorativo, nada.</p>
<p>La Presidencia interna de Duhalde no tuvo vicepresidente, de modo que debemos pasar directamente a Néstor Kirchner. Su primer vicepresidente fue el propio Scioli. En principio, uno tiende a decir que el exmotonauta no causó problemas, pero esto no es tan cierto. En diciembre de 2005, en plena sesión del Senado, la senadora Cristina Kirchner, apostrofó durante por más de una hora a Scioli, acusándolo de montar una operación mediática en su contra. Al otro día, el presidente Kirchner despidió a todos los sciolistas que trabajaban en la Secretaría de Deportes de la Nación, reducto que detentó para “contener” a los suyos.</p>
<p>En el año 2010, con Scioli ya como gobernador y Cristina como presidente, se registró una nueva escaramuza. Al gobernador se le ocurrió declarar que tenía “las manos atadas” para solucionar el problema de la inseguridad, en elíptica referencia al gobierno nacional. En un acto público compartido con Kirchner, el expresidente lo apuró: “Gobernador, diga quién le ata las manos, con nombre y apellido. ¡No tenga miedo!”. Scioli se mantuvo en silencio y se olvidó del tema.</p>
<p>Como se dijo, Cristina ya era presidente y su vicepresidente, el radical Julio Cobos, inventor del radicalismo K. Algunos dicen que Cobos fue un presidente anodino, y tal vez así haya sido, pero le generó al Gobierno una crisis de proporciones inimaginables, con su voto “no positivo” en el Senado para desempatar la votación por “la 125” y lo puso al borde del colapso de gobernabilidad. Es cierto, luego Cobos fue segregado y se mantuvo en el ostracismo, pero esto se debió a que el radicalismo lo rechazaba por haberse ido con el Gobierno, y los radicales K lo abandonaron cuando “traicionó” al gobierno, por lo cual quedó sin sustento político.</p>
<p>Pero al margen de si la 125 era una medida apropiada, o no lo era, el vicepresidente Cobos generó un daño político catastrófico al Gobierno, que lo llevó a perder las legislativas de 2009. No es poco para una persona sin poder territorial y sin soporte de una estructura política.</p>
<p>El último y actual vicepresidente es Amado Boudou. La selección fue cuidadosa: un hombre absolutamente “del palo” y elegido por la presidenta y nadie más, sin posibilidad alguna de una construcción política propia. Boudou también hizo daño, pero no por disputar política, sino porque se destaparon múltiples hechos de corrupción que lo involucraron.</p>
<p>En conclusión: <b>solamente dos vicepresidentes cumplieron el precepto de ser decorativos, Martínez y Ruckauf</b>. <b>Duhalde, Álvarez y Cobos disputaron políticamente con sus presidentes, buscaron dañarlos y en buena parte lo consiguieron</b>. Respecto a Scioli, debe decirse que planteó algunas disputas, pero por cuestiones de carácter o de estrategia retrocedió cada vez que lo corrieron. Pero lo intentó.</p>
<p>Ahora bien, <b>Zannini es, después de Cristina, el dirigente de mayor peso de kirchnerismo que viene de gobernar 12 años y ha contado con el aparato y la caja del Estado</b>. Ha demostrado vocación de poder y cuenta con el respaldo de La Cámpora. Su grupo político, que no es el de Scioli, ha poblado las listas de candidatos a legisladores nacionales, para dominar el Congreso y varios ítems más que podrían considerarse.</p>
<p>Si Scioli gana las próximas presidenciales, El Chino es, por lejos, el vicepresidente que llega con más poder propio a su cargo desde la recuperación democrática. Ni Duhalde, ni Álvarez, ni Cobos controlaban el Congreso, ni los precedían 12 años de acumulación de poder y dinero desde el Estado nacional. Quien lo considere decorativo vive en Dinamarca o le está mintiendo a la gente.</p>
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		<title>El 2015 será una oportunidad si terminamos con los mitos que nos condicionan</title>
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		<pubDate>Sat, 20 Dec 2014 10:09:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El próximo año electoral ofrece a los argentinos una nueva oportunidad, de ésas que se presentan cada tanto, cuando <strong>uno de los prolongadísimos ciclos políticos de nuestro país llega a su fin.</strong> Así, 2015 puede ser una bisagra en la historia, o simplemente el inicio de otra etapa de ilusión inicial y extenso desencanto final, de chatura y de miras cortas. Pero depende de nosotros, los que ponemos el voto en la urna. Depende de si apostamos por lo de siempre, por las dudas, de si aceptamos que somos un pueblo de módicas expectativas, sometido al gobierno de un único grupo que nos maltrata y manipula una y otra vez; <strong>o de si nos rebelamos contra eso, si <em>corajeamos</em> y apostamos por algo distinto, a ver si esta vez torcemos un destino que no debería ser</strong>. Para eso <strong>sería fundamental terminar con ciertos mitos políticos que suelen condicionarnos, o al menos funcionar como excusa a la hora de justificar el sufragio.</strong></p>
<p><strong>“Este país solamente puede gobernarlo el peronismo”</strong>. Falso de falsedad absoluta. Ninguna versión de las autoproclamadas peronistas nos ha dejado un país exitoso, coherente o en crecimiento. El peronismo suele abandonar el poder con una crisis en marcha, sea ésta económica o institucional o ambas. A la Argentina puede gobernarla cualquier espacio político con ideas y valentía, sólido, articulado y con buena fe. ¿Cuál sería la característica distintiva del peronismo que lo hace la única opción posible?. Suelo escuchar argumentos vinculados al carácter, una decisión atrevida es calificada de “peronismo puro”. Si la identidad de un partido se resume en el carácter personal de sus integrantes estamos atravesando el límite de la pavada. <strong>Hay peronistas decididos como hay dirigentes decididos en todos los partidos</strong>, y hay mequetrefes en todas las expresiones políticas.<span id="more-590"></span></p>
<p>Por caso y sólo a modo de ejemplos, dos sencillos: 1) En marzo de 1991, casi dos años después de asumir Carlos Menem el poder, Hugo Gambini escribía en la Revista Redacción que el presidente estaba totalmente debilitado y que “no son pocos los que mentalmente le prueban la banda a Duhalde”. Un mes después Jorge Grecco en la Revista Somos publicaba “Operación Chaleco”, una nota que explicaba como parte del gabinete pensaba en reemplazar a Menem por deficiencias de sus facultades. 2) El 2 de enero de 2002 Eduardo Duhalde recibió mandato de la Asamblea Legislativa hasta diciembre de 2003. Entregó el poder en mayo a Néstor Kirchner por el asesinato de dos personas en la Estación Avellaneda. Cumplió tan solo el 65% de su período.</p>
<p>En relación a lo anterior se ha dicho que <strong>“nadie puede gobernar con el peronismo en la oposición”.</strong> Otro error. Si el peronismo es un partido democrático, cualquier dirigente electo por el pueblo debería sobrellevar tenerlo como principal opositor, consensuar, dialogar y ejercer la administración que la fue conferida por el soberano, por el plazo del mandato que se le haya otorgado. Ahora bien, la frase tan repetida, <strong>puede apuntar a que el peronismo es un espacio conspirativo que trata de socavar los gobiernos que no son de su propio signo</strong>. Descreo de dicha tesis pero, de ser así, los argentinos no podemos permitir que un sector conspirativo se imponga sistemáticamente frente a la voluntad del pueblo. En 2015 tenemos la oportunidad de terminar con este caprichoso “principio” político establecido por quienes quieren generar miedo a lo distinto.</p>
<p><strong>“Solamente pueden ganar los partidos que tienen aparato en todo el país”.</strong> ¿Qué es en la política moderna el “aparato”?. ¿Consiste en tener comités o unidades básicas? <strong>¿Cuántos votos le lleva a cada candidato el grupo que pinta paredes o pega carteles? Sinceramente hoy la política es otra cosa</strong>. El mensaje llega por otros medios. Al igual que en la frase anterior, hay que marcar una diferencia. Si por “aparato” entendemos un grupo de personas que desarrolla alguna variante de fraude electoral, como el voto cadena, o directamente la manipulación de personas humildes por la vía que sea, los argentinos debemos poner un definitivo límite a los “aparatos”, porque en esta segunda acepción de la palabra, se trataría de una maquinaria siniestra que violenta la voluntad general.</p>
<p><strong>“Acá tiene que venir alguien que…”</strong> He escuchado esa frase infinidad de veces, desde muy chico. La aseveración está mal formulada, no hay “alguien” que vaya a venir, no hay “mesías” en política. <strong>Lo que existe son grupos políticos, equipos de trabajo</strong>. Cuando voto a un candidato voto a toda su gente, no a una persona única e individual. Observemos los entornos y quien es quien en cada uno de ellos y que rol juegan con el candidato que acompañan. Habla más y mejor del candidato la historia de su entorno, que lo que pueda decir en un spot. No tiene nada de novedoso un candidato rodeado de los de siempre.</p>
<p>Queremos progreso y desarrollo, al tiempo que nos atamos a mitos y leyendas urbanas como excusa de un voto repetido y conducente a un irremediable fracaso. <strong>Cambiar es siempre un riesgo aunque, habida cuenta de los resultados, difícilmente haya un riesgo mayor que permanecer en la lógica conservadora de votar siempre lo mismo, haciendo el fracaso, irremediable.</strong></p>
<p>Tenemos otra oportunidad. Seguramente<strong> no será la última de la historia, pero sí lo será para un par de generaciones</strong>, que si no impulsan el cambio hoy, ya no podrán ver una Argentina pujante y honesta. Seamos la bisagra, formemos parte de una disrupción histórica que establezca un antes y un después, sembremos el futuro hoy, para que nuestros hijos lo cosechen mañana, y podamos verlos disfrutarlo. Basta de mitos.</p>
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		<title>Fundar la Tercera República</title>
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		<pubDate>Fri, 02 May 2014 10:40:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Puede considerarse que la Primera República en la Argentina, nació el 15 de enero de 1863 cuando se estableció la composición inicial y se puso en funcionamiento la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Pese a que la misma fue creada por la Constitución Nacional de 1853, no se consiguió hacerla operativa sino 10... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2014/05/02/fundar-la-tercera-republica/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Puede considerarse que la Primera República en la Argentina, nació el 15 de enero de 1863 cuando se estableció la composición inicial y se puso en funcionamiento la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Pese a que la misma fue creada por la Constitución Nacional de 1853, no se consiguió hacerla operativa sino 10 años después. Allí la realidad fáctica nos entregó la plena articulación entre los tres poderes del Estado, independientes, pero basados en un esquema de controles el uno al otro, la Primera República.</p>
<p>Sin embargo esa República fracasó. Desde 1880 se sucedieron una serie de gobiernos basados en el fraude electoral, la supresión del peso de las mayorías en las decisiones que afectaban a todos, y el sistema de gobierno fue republicano por enunciación y oligárquico en los hechos. Pudo haberse considerado la ley Sanz Peña de 1912 y su primera aplicación en 1916, como el inicio de una segunda república, pero lo cierto es que el período de vigencia real fue demasiado breve: ya en 1930, comenzó una sucesión de gobiernos de facto a cargo de fuerzas militares que hicieron trizas el republicanismo. La interrupción más larga de dicho proceso fue el gobierno del General Perón entre 1946 y 1955, en la cual además, se introdujeron cambios constitucionales profundos, pero nuevamente se trató de una fase muy breve y casi todos los cambios mencionados fueron derogados por el gobierno de hecho que lo desplazó del poder.</p>
<p>Por ende, podemos establecer que la Segunda República nació el 10 de diciembre de 1983, con la asunción del presidente Raúl Alfonsín. Como primera medida porque el sistema republicano que restituye ya lleva más de 30 años de vigencia. Desde entonces la división de poderes funciona, con tropiezos pero lo hace; el soberano pueblo impone su voluntad sin mayores inconvenientes, no ha habido elecciones presidenciales formalmente fraudulentas; y la libertad de expresión, los derechos civiles, sociales y políticos están presentes en la cotidianeidad argentina. Se puede decir que <strong>la Segunda República inaugurada por Alfonsín, generó la certeza y conciencia social de la necesidad impostergable de que el sistema se mantenga vigente y pleno</strong>.</p>
<p>Ahora bien, desde el fin del gobierno del líder radical a nuestros días, esta Segunda República se ha ido deteriorando sustancialmente. A diferencia de lo que era previsible, el sistema republicano y democrático ha perdido intensidad y plenitud a medida que pasaron los gobiernos. Un ejemplo claro son los decretos de necesidad y urgencia. En 5 años y medio de mandato, Alfonsín firmó 10 de ellos; pero en un decenio de ejercicio, su sucesor Carlos Menem impuso su voluntad por decreto en 545 ocasiones; Fernando de la Rúa los utilizó 73 veces; pero quien completó su mandato, Eduardo Duhalde, rubricó 158 en un año y medio; y su sucesor Néstor Kirchner, 270 en solamente cuatro años. <strong>Esto es ni más ni menos que el uso de violencia jurídica sobre la división de poderes y la voluntad popular de modo masivo, un comportamiento autocrático.</strong> Que si bien es cierto, mermó con el gobierno de Cristina Fernández, bien puede creerse que esto ocurre por el control que la misma ha tenido del Congreso Nacional, dado que su marido y antecesor, también disminutó la cantidad de decretos firmados a partir de 2006, cuando se hizo se control casi absoluto de ambas Cámaras parlamentarias.</p>
<p>No es el único dato que prueba la descomposición republicana. Los organismos de control, como la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas que ocupaba el centro de la escena en 1983 (los memoriosos recordarán al fiscal Ricardo Molinas en acción) ya casi no existen. Se ha cambiado el número de miembros y la composición de la Corte Suprema de Justicia reiteradamente de acuerdo a las necesidades del gobierno de turno. Desde la creación del Consejo de la Magistratura, el mismo también ha sufrido variaciones con idénticos fines e intentos gravísimos de cambiar el régimen a una elección directa de sus componentes jueces, que no han prosperado, pero el mero intento implica una muestra de “desentendimiento” republicano.</p>
<p>A todo ello puede sumársele la supresión de fiscales “molestos” que han pretendido controlar al poder, la manipulación de la pauta publicitaria del Estado a los medios como un modo sofisticado de censura, la aprobación de concursos irregulares de origen en la designación de magistrados, y los más variados etcéteras. Por eso es que la Segunda República ya ha transitado la decadencia y se encuentra en estado terminal.</p>
<p><strong>La sociedad buscará, en las elecciones del año próximo, al grupo político que sea capaz de fundar la Tercera República.</strong> Algo que no implica mucho más que demostrar que se puede gobernar eficientemente y a la vez cumplir la ley y respetar las instituciones. Que acepte que “democratizar” en muchos casos implica intensificar los controles sobre los organismos y agentes públicos, y que aún controlado, pueda gobernar. La Tercera República deberá demostrar que se puede combatir el delito y respetar los derechos humanos de todos, al mismo tiempo; y también que los intentos de eternización en el poder son nocivos para la sociedad. En síntesis, deberá mantener la esencia de la Segunda República pero en la práctica y prolongándola en el tiempo. Con instituciones sólidas y controles férreos, la corrupción se diluye, la educación, la salud y el trabajo cobran la dimensión que deberían tener, me veo tentado a decir que “se come, se cura y se educa”, porque es cierto. <strong>Los franceses van por su quinta república, nosotros podemos concretar nuestros sueños fundando la Tercera.</strong></p>
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		<title>El dilema del ucraniano</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Feb 2014 10:17:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El discurso político, o politiquero mejor, es recurrentemente utilizado por buena parte de la dirigencia, y si bien todavía hace mella en algunos sectores de la sociedad (hay quienes se sienten impactados por él), a veces resulta sorprendente cuando se escucha de quien además tiene una especialidad profesional, y que debería poder adaptar ese discurso a tal especialidad. En mi caso me refiero al derecho, simplemente porque es lo que conozco.</p>
<p>En una entrevista publicada el domingo al secretario de Justicia y novel miembro del <strong>Consejo de la Magistratura</strong><strong>Alejandro Julián Álvarez</strong>, al margen de una serie de afirmaciones con las que puede coincidir o no, dice: “Ojalá pueda convencer a los jueces de este país. No quiero convencerlos de que sean kirchneristas, quiero convencerlos de que un país inclusivo y pensar en el otro es importante; venimos de un país demasiado ensimismado, del sálvese quien pueda, quisiera que los jueces hagan política a través de sus sentencias mirando al más débil”.</p>
<p><span id="more-520"></span>Imperdible, infinidad de conclusiones surgen de esos pocos renglones. Como primera medida, <strong>es claro que Álvarez no conoce el rol de los jueces,</strong> que no son los que pueden hacer un país inclusivo. Los magistrados tienen el rol de interpretar y aplicar la ley, y ningún otro. Si las leyes que emanan del <strong>Poder Legislativo</strong> -que controla el kirchnerismo hace 10 años y el peronismo en su conjunto hace 30 años- no son inclusivas, no existe modo alguno de que los jueces tengan criterios inclusivos. <strong>El juez no hace lo que se le da la gana, hace lo que marca la ley.</strong></p>
<p>Si una persona usurpa el predio que es propiedad de otra por no tener vivienda, y el propietario no tiene ese predio en uso, seguramente sería más “inclusivo” dejar al intruso permanecer, pero el magistrado tiene la obligación de desalojarlo porque es lo que marca la ley emanado del Poder Legislativo que, repito con énfasis, controla el kirchnerismo.</p>
<p>Por cierto que es muy bueno que toda persona piense que el otro es importante, no solamente los jueces, y que éstos, cuando deban resolver, tengan siempre en consideración la cuestiones sociales que rodean al caso, como por ejemplo lo hizo la <strong>Corte Suprema</strong> al exigir a las provincias una reglamentación del <strong>aborto no punible</strong> en los términos de su propio fallo en el caso “A.F. medida autosatisfactiva” el 13 de marzo de 2012. <strong>El del aborto es un problema social, y el Poder Judicial estuvo incluso más allá de la altura de la circunstancias</strong>, casi podría decirse que hasta superó los límites de sus prerrogativas, dado que el Congreso, y sigo repetitivo, que controlan los K hace 10 años, no se digna a legislar las cuestiones sobre el aborto en forma razonable.</p>
<p>El doctor Álvarez pide además que los jueces hagan política. Imagino que no partidaria, por cierto, eso está fuera de sus facultades y prohibido por la ley. Cabe entender que pretende que surjan políticas sociales desde el Poder Judicial. Pero ¿es que el Ejecutivo y el Legislativo tienen pensado no hacer nada?</p>
<p>La Justicia ha mostrado una gran sensibilidad social pero ajustándose a derecho. Por ejemplo tanto el fuero de la Seguridad Social, como la Corte Suprema misma han dictado miles de sentencias favorables a los jubilados para que se les actualicen sus haberes. El problema es que el Poder Ejecutivo, mediante el <strong>ANSES</strong>, se niega a cumplir las condenas y pagar a ese sector vulnerable de la población. No puedo saber si el tema estará en la agenda de Álvarez, pero si lo está, tal vez entonces pretenderá que la Corte decrete la intervención judicial del ANSES, y la detención de sus autoridades por incumplimiento de órdenes judiciales. Y probablemente debería hacerlo, sería una enérgica nota de la Justicia “mirando al más débil”, como promociona el secretario y consejero Álvarez.</p>
<p>Algunos personajes de este kirchnerismo son verdaderamente fabulosos. Si uno los escucha y no observa lo que hacen, si uno fuese por ejemplo ucraniano y solo escuchase sus declaraciones, creería que el kirchnerismo es oposición o, como mucho, un oficialismo recién llegado con una pesada herencia y con tendencia socialdemócrata. Si uno los observa, pero en “mute”, bien podría creer que <strong>Carlos Menem</strong> sigue en el poder. Ahora el ucraniano que haga ambas cosas al mismo tiempo, si abusa, puede terminar en un neuropsiquiátrico.</p>
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		<title>El Mesías</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jan 2014 10:47:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Si prestamos atención a ciertas conversaciones sobre la realidad de nuestro país, los problemas y las fallas de los gobiernos, detectaremos que muchos de nuestros interlocutores usan la siguiente frase: “<strong>acá tiene que venir alguien que…</strong>”. En ese formato o similar, el concepto se repite. Quienes ya tienen mentalmente definido quién es ese “alguien”, se aventuran un poco más y dicen: <strong>“si estuviera Fulano, tal cosa sería distinta”.</strong></p>
<p>Buscar a “alguien”, o adjudicarle propiedades mágicas a un Fulano, sin analizar qué piensa sobre los más variados aspectos de la realidad que nos envuelve o condiciona, es <strong>un pensamiento mesiánico y a la vez mágico, que nunca o casi nunca, tienen ninguna relación con la realidad.</strong> Es más, en el primero de los casos, el “tiene que venir”, la quita todo carácter decisivo a la voluntad popular, y a la vez nos refugia psicológicamente del eventual fracaso, porque ese alguien “vino”, no es que seamos responsables de que haya venido.</p>
<p><strong>La espera “del salvador” no es saludable</strong>, revela características impropias de una sociedad evolucionada y madura. Es sustancial comprender que nadie “viene” a rescatarnos, que quienes circunstancialmente ocupen el gobierno han sido puestos por nosotros mismos en uso de nuestra soberanía, y su éxito o fracaso nos involucra directamente. Y tan importante como ello es entender que no hay quien pueda gobernar solo o sin proyecto. Votar a una persona por tal es entender que se trata de un mesías, un ser superior al resto que tiene características sobrenaturales para resolver nuestros problemas, es otorgarle condimentos religiosos a la política.</p>
<p><span id="more-507"></span>De tal modo, entregarle nuestro voto a alguien, sin analizar su entorno, o su proyecto de país, conlleva sistemáticamente al fracaso. Quienes votaron por <strong>Néstor</strong> en 2003, ¿se molestaron en saber quiénes eran <strong>Julio De Vido o Carlos Zannini</strong>, por ejemplo? Me atrevo a suponer que muy pocos.</p>
<p><strong> La Argentina no tiene un futuro si los electores no apoyamos y empujamos todos a la vez un proyecto de país.</strong> Por cierto, los ciudadanos de a pie difícilmente tengan el tiempo y los elementos para elaborar ese proyecto, pero lo que sí pueden hacer es exigírselos a los dirigentes antes de darles su voto. Qué país nos proponen y qué caminos sugieren para llegar a él, con qué equipo piensa sustentar ese trabajo, son exigencias mínimas que un ciudadano debe tener para con un dirigente que aspira a gobernarnos.</p>
<p>Por sólo tomar un ejemplo que le cabe a muchos dirigentes. En un periódico de gran circulación del domingo pasado, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, <strong>Daniel Scioli</strong>, dijo: “Sé que la gente me dará una oportunidad y podré hacer un muy buen trabajo”. Muy bien, tal vez sea así, pero ¿oportunidad de hacer qué tipo de “buen” trabajo? ¿Qué quiere hacer Scioli con la Argentina? ¿Lo mismo que hizo en la Provincia? ¿Con qué equipo de trabajo va a resolver el problema de la inseguridad y en base a qué plan? ¿Cómo va a plantear la resolución de los problemas económicos, sociales, el acceso a la Justicia y su eficiencia, la salud y la educación? ¿Por qué se le daría a Scioli una oportunidad si no nos dice para qué la quiere? ¿Por qué habría que creer en él si no sabemos qué quiere hacer y quién lo rodea? El gobernador bonaerense es mencionado solamente a modo de ejemplo, porque muchísimos dirigentes funcionan igual.<strong> Cuando uno los observa y escucha, no termina de saber si están subestimando a los ciudadanos o simplemente no tienen otros recursos.</strong> En cualquiera de ambos casos, la Argentina estará, de seguir en este camino, envuelta en fracasos cíclicos determinados por el azar, la economía internacional, o el precio desmesurado o bajísimo de algún producto surgido de la tierra (como la soja), pero no habrá una gestión estatal con un norte claro y definido, una meta acordada por la mayoría de los ciudadanos, con un conductor convencido de esa meta y de los caminos para alcanzarla.</p>
<p><strong> ¿Cuál es la diferencia entre “la gente me dará una oportunidad” y el “síganme” utilizado por Carlos Menem en su primer campaña presidencial?</strong> ¿Por qué habría que darle la oportunidad o seguirlo sin saber qué quiere hacer o adónde lo estoy siguiendo? Elegir proyectos y equipos de trabajo es el secreto de todo éxito. Y entender que se los elige y no “vienen”. Que es nuestra responsabilidad, tanto que estén como que no estén gobernando. Por supuesto que el líder del proyecto es importante, pero si resulta ser lo único que consideramos, estamos apostando siempre al realismo mágico y multiplicando los fracasos.</p>
<p>Tenemos dos años por delante para definir hacia dónde queremos llevar la Argentina del futuro. Dos años para pensar, analizar a las personas y también sus equipos, su historia, y especialmente su proyecto de país. Si empezamos ahora, es tiempo suficiente. Y <strong>si perdemos el tiempo, si votamos un <em>slogan</em> o una sonrisa o un “anti algo”, seguiremos presos de un espiral interminable que lleva a fracasos periódicos, cada vez más dolorosos y cada vez más irreversibles.</strong></p>
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		<title>Mapa electoral 2015</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Oct 2013 04:36:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Es apresurado, lo sé. Establecer hoy un mapa electoral para las próximas presidenciales, dentro de dos años, en un país como la Argentina, puede transformarse en un boomerang y en unos meses nomás, alguien puede recordarme este artículo con aire burlón y acompañado por un “no pegaste una”. Pero los actores se van delineando y la prospectiva es un... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/10/02/mapa-electoral-2015/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Es apresurado, lo sé. Establecer hoy un mapa electoral</strong> <strong>para las próximas presidenciales</strong>, dentro de dos años, en un país como la <strong>Argentina</strong>, puede transformarse en un boomerang y en unos meses nomás, alguien puede recordarme este artículo con aire burlón y acompañado por un “no pegaste una”. Pero los actores se van delineando y la prospectiva es un juego intelectual interesante. Difícilmente alguien se imagine la elección 2015 sin un candidato de arraigo claramente peronista y utilizando la estructura jurídica del <strong>Partido Justicialista</strong>. Justamente, ayer volvió a reunirse su conducción y hubo algunas líneas que comenzaron a observarse.</p>
<p>Por ejemplo, y en relación a <strong>Sergio Massa</strong> y su <strong>Frente Renovador</strong>, el senador <strong>Aníbal Fernández</strong> espetó: “Es un grupo de rufianes que traicionó a los trabajadores… El mas hijo de p… del peronismo es inmensamente mejor que cualquiera de esa lista”. Contundente y propio del senador, ex duhaldista y ex menemista. Con su apoyo irrestricto a las candidaturas del<strong> Frente para la Victoria</strong>, el gobernador bonaerense<strong> Daniel Scioli</strong> hizo una apuesta definitiva. No por lealtad ni por convicción.</p>
<p><span id="more-377"></span>De otro modo no hubiese estado negociando con Sergio Massa hasta último momento, hasta el último día. Lo hizo porque creyó que era la mejor apuesta. Si el <strong>FpV</strong> se imponía al intendente de <strong>Tigre</strong> en <strong>Provincia de Buenos Aires</strong>, el ex motonauta era el ganador indiscutido de una elección compleja y dejaba en el camino a su único rival interno, o al menos, al que suponía interno hasta ese momento. Si enfrentaba una derrota electoral, el candidato no era él mismo, sino<strong> Martín Insaurralde</strong>, así que de todos modos el panorama no era tan complejo, se hacía en soledad de todo el aparato del FpV y apostaba a abroquelar al <strong>PJ</strong> oficial detrás de sí mismo, cosa en la que hoy trabaja febrilmente.</p>
<p>De hecho, en estos días <strong>los popes del PJ juegan a “ponerle un límite a massita”</strong>, controlando el partido bajo el paraguas de Scioli y buscarlo volver a meterlo a Massa dentro del esquema partidario, para darle un lugar de poco lucimiento y así diluirlo. El debate es: <strong>¿hasta dónde da el peronismo?</strong> A estas alturas, para la gente es una marca de peso en el mercado político.<strong> La discusión es si es “La Vascongada” o “La Serenísima”, es decir si es una marca vigente o una extinguida que solamente pesa en la gente muy mayor</strong>. Y, lo sabe el peronismo desde el ’83, aún estando vigente, depende del producto que traiga dentro del envase. Si el contenido está vencido, no va a ser fácil venderlo.</p>
<p>Otra inquietud que deberían tener los hombres que acompañan a Scioli es si realmente <strong>Massa terminará abrevando en aguas justicialistas o si, por el contrario, eludirá el viejo sello y buscará armar su Frente Renovador en todo el país y competirá con él.</strong> Es cierto, no es tarea fácil sino más bien titánica. Hoy su espacio no tiene personería más que en<strong> </strong>Provincia de Buenos Aires<strong>.</strong> Si el de Tigre se posiciona bien en las encuestas, mantiene su rol protagónico los próximos dos años y llega a 2015 bien parado políticamente, es posible que consiga cerrar las alianzas operativas con referentes de las diversas provincias, incluso del propio justicialismo mermando las fuerzas de Scioli. Pero eso no indica que esté en condiciones de competir. A tal cosa debe sumar el armado jurídico que le permita tener personería en 24 provincias para que su boleta presidencial esté en cada mesa del país.</p>
<p>Es esta la tarea más ardua y más compleja. El<strong> Frente Renovador</strong> es una alianza de partidos. Y si se pretende competir a nivel nacional, deberá ser una alianza gigantesca, donde muchos partidos de las diversas provincias (aunque de orden federal) deberán sumarse<strong>. Massa tendrá que seleccionar partidos con impronta filoperonista sin duda</strong>, sin relaciones extrañas o conflictivas con el pasado (muchas expresiones filoperonistas del interior han tenido fuertes vínculos con la dictadura, por ejemplo), y cuyos líderes provinciales tampoco tengan antecedentes espurios. Deberán ser partidos en condiciones jurídicas de integrar tal alianza (no estar caducos, no haber perdido la cantidad mínima de afiliados, no tener sanciones por falta de rendiciones de cuentas de campañas anteriores). Es por lejos, una tarea mucho más compleja que obtener los apoyos políticos.</p>
<p>No por eso imposible. En alguna medida,<strong> Eduardo Duhalde</strong> consiguió hacerlo en 2011. Creó una alianza a la que llamó <strong>Frente Popular</strong> de ese modo, y consiguió poner su boleta de candidato a presidente en todas las provincias. Es cierto que políticamente la cosa no funcionó, por errores, por imposibilidad de recuperar su imagen frente a la sociedad, etcétera. Pero el “barquito” jurídico para competir se construyó, lo que en principio parece ser el desafío más complejo de Massa, en buena parte porque los políticos suelen subestimar este problema, lo jurídico no es relevante hasta que las papas queman y cuando así ocurre a veces es tarde. El ex titular de <strong>Anses</strong> sabrá cómo hacer.</p>
<p>Pero lo que está claro es que de un modo u otro, Scioli y Massa competirán en 2015. Incluso, si este último no consigue armar su Frente en todo el país, tal vez lo hagan en una gran primaria peronista, escenario éste donde Scioli lleva todas las de ganar. <strong>El peronismo con un promedio de edad de 65 años, rango que incluye varios poderosos gobernadores, insiste en “ponerle límites al pibe”, en referencia a Massa</strong>. De tal modo que si éste hace lo que parece ser su mejor jugada, que es “ir por afuera”, para no ser absorbido por la estructura ni cargar con un sello desgastado, habrá<strong> un peronismo y un post peronismo</strong> enfrentándose en la presidencial. Un esquema similar al de 2003 (pero con un candidato menos), donde dicha expresión política llevó tres candidatos: <strong>Carlos Menem</strong> (la vieja guardia), <strong>Nestor Kirchner</strong> (expresando lo novedoso) y un híbrido, <strong>Adolfo Rodríguez Saa</strong>.</p>
<p>Terminado el análisis del peronismo, debe pensarse en una buena parte de la sociedad que no lo es. Raúl Alfonsín no ganó en 1983 con los votos radicales, lo hizo con los de los que estaban cansados del peronismo, o de ese peronismo. Y aquí empiezan a jugar un rol importante tanto el <strong>PRO</strong>, como el espectro panradical. En el caso del PRO, el candidato es uno y único, <strong>Mauricio Macri</strong>. El jefe de gobierno de la Ciudad tiene algunas ventajas. Seguramente no será objeto de “operaciones” internas para desgastar su imagen. Su partido se conducirá de modo monolítico y articulado. Es cierto,<strong> posee serias deficiencias en todo el interior del país y hay provincias donde ni siquiera posee personería o esta está en conflicto</strong>. Pero suponiendo que puede resolverlo con alianzas adecuadas (en tal sentido tiene muchos menos distritos para poner en vigencia que Massa), la cuestión en su caso es más bien política.</p>
<p><strong>Por un lado, deberá convencer al electorado de que es la mejor “opción no peronista”.</strong> Su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, si bien enfrenta opositores, bien puede ser un puntal. Posiblemente sea más eficiente que la de cualquiera de las demás provincias argentinas. Otra fortaleza es que detenta ese aire de novedad.<strong> Cuando terminan los ciclos, como el kirchnerista, el votante busca algo “novedoso” y Macri puede explotar ese rol.</strong> Seguramente lo dispute con Massa, pero los divide el vínculo con el peronismo. Al mismo tiempo, aquel justicialismo dividido al que se hizo referencia hace algunos párrafos puede beneficiar mucho la candidatura de Macri. En aquel 2003,<strong> Ricardo Lopez Murphy</strong> y<strong> Elisa Carrió</strong> se filtraron entre los candidatos de tal origen. Y “el bulldog” terminó la elección a solamente 5 puntos de Kirchner. Si el ex presidente de <strong>Boca Juniors</strong> aceita la máquina y pone en juego la experiencia de varias elecciones consecutivas ganadas en la Ciudad, no todo está perdido para él.</p>
<p>Tampoco puede dejar de plantearse el papel del espacio panradical-socialista en el esquema 2013. Este cúmulo de voluntades que encierra una buena elección de<strong> Julio Cobos</strong> en <strong>Mendoza</strong>, ganar o estar tan cerca de hacerlo por parte de<strong> Elisa Carrió</strong> en Capital, y el control que <strong>Hermes Binner</strong> va a mantener en la Provincia de <strong>Santa Fe</strong>, sumado a un radicalismo bien posicionado en <strong>Córdoba</strong>, y con alguna estructura superviviente en buena parte del país, pone a esta variante en carrera. Curiosamente, y pese a que se plantean como una opción de centroizquierda, disputarían votos con Macri, al que ellos mismos tratan de ubicar en la derecha sin demasiados argumentos. Es decir, <strong>ambicionan el voto no peronista</strong>. Dependerá de como muevan sus piezas de este complejo ajedrez los próximos dos años, y de si consiguen mantenerse unidos. La experiencia de <strong>UNEN</strong> en Capital en este 2013 puede dejarles una enseñanza:<strong> si se usa adecuadamente el sistema de primarias, pueden posicionar un candidato y resolver la interna al margen de los egos.</strong> Y al mismo tiempo, esa herramienta puede hacerle ganar votos sobre<strong> el macrismo, que no ofrecerá variantes en la fórmula presidencial: es Macri o Macri.</strong> Presentar varios candidatos en una primaria, y encolumnarse luego detrás del ganador, puede significar una ventaja.</p>
<p>En conclusión,<strong> aparecen cuatro espacios con chances de disputar la sucesión del kirchnerismo para 2015.</strong> Una estrictamente <strong>peronista</strong> que seguramente encarne <strong>Scioli</strong>, otra <strong>“post peronista”</strong>, en la persona de <strong>Massa</strong>; y <strong>dos opciones “no peronistas”</strong>: la más homogénea, el <strong>PRO</strong>; y la una más variopinta: la<strong> panradical-socialista.</strong> Más allá del condicionamiento de las etiquetas con las que voluntariamente cargará cada uno, del mejor juego, las mejores decisiones y la mejor estrategia, saldrá el próximo presidente de los argentinos<strong>.</strong> Si se suman los posibles candidatos de los cuatro sectores, es la primera vez en muchos años, que la Argentina tiene, a dos años de la elección, al menos cinco presidenciables.</p>
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		<title>Zamora aplica la doctrina Carlos Saúl</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Sep 2013 10:33:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La jueza Andrea Suárez, de Santiago del Estero, dictó el pasado 16 de septiembre, una sentencia por la cual declara inconstitucional una cláusula transitoria de la Constitución de su provincia, que impide al actual gobernador presentarse a una segunda reelección. El mandatario de esa provincia, Gerardo Zamora, de origen radical, pero completamente entregado al kirchnerismo... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/09/18/zamora-aplica-la-doctrina-carlos-saul/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La jueza <strong>Andrea Suárez,</strong> de Santiago del Estero, dictó el pasado 16 de septiembre, una sentencia por la cual declara inconstitucional una cláusula transitoria de la Constitución de su provincia, que <strong>impide al actual gobernador presentarse a una segunda reelección</strong>.</p>
<p>El mandatario de esa provincia, <strong>Gerardo Zamora,</strong> de origen radical, pero completamente entregado al kirchnerismo desde el inicio de su gestión, asumió en 2005. Durante su primer período, <strong>mandó a reformar la Carta Magna provincial que prohibía las reelecciones,</strong> para poder volver a intentar otro mandato entre 2009 y 2013, cosa que consiguió. Como necesitaba el apoyo de fuerzas opositoras en el legislativo provincial, llegó a un acuerdo para <strong>incluir una cláusula transitoria que indicaba que el mandato entonces vigente de Zamora debería computarse como “primer mandato” en caso de reelegir</strong>.</p>
<p>¿A qué obedece esa cláusula transitoria? Simple. Cuando <strong>Carlos Menem</strong> consiguió reformar la Constitución Nacional para ser reelecto -cosa que ocurrió en 1995-, inmediatamente surgió la tesis entre los menemistas “de paladar negro” de que <strong>el primer mandato de seis años del riojano, regido por la Constitución previa a la reforma, no podía considerarse justamente primero,</strong> porque partía de un cuerpo jurídico diferente que establecía otro régimen. Que el mandato para el que fue electo entre 1995 y 1999 era en realidad el primero del nuevo sistema y, por ende, tenía posibilidad de ser reelecto nuevamente. Los medios lo llamaron la “<strong>re-reelección</strong>”. Y de no ser por el estruendoso fracaso del gobierno entre 1997 y 1999, y la brutal debacle económica, con recesión, caída del empleo y escándalos de corruptela por doquier, tenga la certeza el lector de que tal elucubración diabólica se hubiese puesto a consideración de la <strong>Corte Suprema de Justicia,</strong> por entonces con “<strong>mayoría automática</strong>” vigente.</p>
<p>Existe otro antecedente similar. En la <strong>Provincia de Buenos Aires,</strong> el ahora diputado nacional <strong>Felipe Solá</strong> inició su primer mandato como vicegobernador de <strong>Carlos Ruckauf</strong> en 1999. Un vicegobernador no es un legislador aunque presida el Senado provincial. Es un suplente del gobernador. Y si bien no puede considerarse “Poder Ejecutivo” propiamente (porque éste lo ejerce una sola persona, en este caso el gobernador), el vice es una suerte de suplente de ese Ejecutivo. Tanto fue así, que Ruckauf renunció en 2002 y Solá efectivamente asumió la gobernación. Fue reelecto en 2003, y <strong>en 2007 pretendió volver a la carga, esgrimiendo que su primer mandato fue fruto de la aplicación de la Ley de Acefalía. Sus pretensiones fueron rechazadas por la Justicia, como es lógico.</strong></p>
<p><strong>La intentona de Zamora en Santiago del Estero es aún más ridícula y totalmente lesiva del orden jurídico</strong>. Porque en base a la doctrina menemista de que el segundo mandato era el primero del nuevo régimen, “el constituyente” provincial tomó el recaudo de incorporar una cláusula transitoria bloqueando esa chance, y dejando explícito que “El mandato del gobernador de la provincia, en ejercicio al momento de sancionarse esta reforma, deberá ser considerado como primer período”. Este artículo es el que la jueza Suárez declaró inconstitucional para habilitar la segunda reelección de Zamora, es decir, el artículo específicamente colocado en la Constitución para que esto no ocurra.</p>
<p>Todavía falta que esta ocurrencia dantesca de la magistrada pase por las Cámaras de Apelaciones, la Corte Provincial y eventualmente, la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Y seguramente en algunas de estas instancias, la ridiculez encontrará un límite.</p>
<p>Pero aun así, <strong>sería deseable dejar de elegir gobernantes de esos que sistemáticamente intentar violar la ley,</strong> que les importan un comino las normas dictadas por asambleas soberanas o representantes del pueblo, que pretenden reinar y no administrar. Resulta hastiante tener que andar recurriendo constantemente a los Tribunales para que los mandatarios se avengan a cumplir las normas. <strong>Las leyes están para que todos las cumplamos, pero especialmente y en primer lugar, los mandatarios.</strong> Haga un poco de memoria, gobernador Zamora, recuerde cómo terminó el ex gobernador Juárez por erigirse en emperador de su misma provincia.</p>
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		<title>Vidriera irrespetuosa</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Sep 2013 10:12:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Todo es igual, nada es mejor”, decía Enrique Santos Discépolo en su legendaria obra &#8220;Cambalache&#8220;, cuando intentaba describir el pasado siglo XX. Pero Don Enrique no vió el XXI. Su letra seguramente hubiese sido más dramática y es probable que se le complicase contener su indignación en un formato poético. La política del siglo XXI,... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/09/16/vidriera-irrespetuosa/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Todo es igual, nada es mejor”, decía <strong>Enrique Santos Discépolo</strong> en su legendaria obra &#8220;<strong>Cambalache</strong>&#8220;, cuando intentaba describir el pasado siglo XX. Pero Don Enrique no vió el XXI. Su letra seguramente hubiese sido más dramática y es probable que se le complicase contener su indignación en un formato poético. <strong>La política del siglo XXI, en la Argentina, es inadmisible, inviable.</strong></p>
<p>El 15 de junio de 1996, la revista <strong><em>Noticias</em> </strong>publicó una extensa entrevista a la diputada <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong>, esposa del gobernador de <strong>Santa Cruz</strong>. Se tituló “Una chica al rojo vivo”. <strong>Carlos Menem</strong> acababa de ser reelecto luego de la reforma constitucional y la actual presidente había llegado a la Cámara baja en la misma boleta que el riojano. Una de las preguntas es muy interesante: “<strong>¿A Menem lo votó en el ’89 y en el ’95?</strong>”. Pero más interesante es la respuesta: “<strong>Sí, absolutamente, y creo que no me equivoqué</strong>”. La historia más reciente es conocida. El ex caudillo se transformó en una suerte de Nosferatu con patillas, <strong>Néstor Kirchner</strong> se tocó sus partes pudendas cuando el riojano asumió como senador en pleno recinto, pese a que alcanzó la gobernación de Santa Cruz de la mano del ex presidente y luego de apoyar o al menos guardar absoluto silencio sobre los indultos, igual que su señora esposa.</p>
<p>El sábado 20 de septiembre de 2003, el diario <strong><em>Página/12</em></strong> publica una nota donde cuenta la celebración del triunfo de Néstor Kirchner realizada en la residencia del gobernador de la <strong>provincia de Buenos Aires</strong> en la ciudad de La Plata. Dice el artículo que “con efecto teatral” uno tras otro ingresaron el ganador, <strong>Eduardo Duhalde</strong> (su artífice) y <strong>Felipe Solá</strong>, su gobernador, quien jugaba de local. Reproduce el periódico la frase de Néstor en su discurso triunfante, sobre “el esfuerzo transformador que llevaron adelante Solá y Duhalde durante el tiempo más grave y duro de la Argentina”. La nota rescata algunas presencias en el evento como la de <strong>Florencio Randazzo</strong> al que se mencionaba como hombre de Solá (hoy ministro del Interior y Transportes del kirchnerismo y mañana quién sabe).</p>
<p>Como con Menem, al poco tiempo el kirchnerismo sindicó a Duhalde de diversos intentos golpistas y de ser una de las mayores desgracias argentinas. Solá se enojo cuando no lo dejaron reelegir como gobernador y comenzó un saltimbanqueo ordinario, De Narváez y el PRO, luego otro vez con los K, ahora con <strong>Sergio Massa</strong>.</p>
<p>En 1997 <strong>Daniel Scioli</strong> es elegido diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Se le adjudica la siguiente frase: “<strong>Éste es un triunfo del presidente Carlos Menem que ha llevado a la Argentina en el camino del crecimiento sostenido</strong>”. Ahá, mirá vos. Previo a eso Scioli había enfrentado una interna en el PJ Capital, liderando una lista de menemistas contra una de duhaldistas. En una entrevista con el diario <strong><em>La Nación</em> </strong>del 15 de junio de 1997, ante la pregunta del periodista sobre qué haría en caso de perder dicha interna, el actual gobernador espetó: “Voy a seguir apoyando a Menem como hice siempre”. Chupate esa mandarina. Después, se sabe, el ex motonauta era el gran rival de ajedrez del presidente provisional Eduardo Duhalde, granjearon una profunda amistad y se halagaron recíprocamente. Para despejar dudas Scioli declaró en los últimos tiempos su kirchnerismo a ultranza, su apego por el proyecto nacional y popular y se la jugó por la candidatura de <strong>Martín Insaurralde</strong> como nadie. Un puro, de la primera hora.</p>
<p>Con <strong>Sergio Massa</strong> no vamos a tomarnos la molestia de buscar declaraciones públicas. En 2009 fue candidato a diputado “testimonial” de los K. Dos veces electo intendente por el <strong>Frente para la Victoria</strong> y jefe de gabinete de ministros de Cristina Fernández. En su equipo “renovador” (¿?), lucen el ya mencionado Solá, <strong>Ignacio De Mendiguren</strong> (duhaldista luego kirchnerista), el ex ministro de economía de Cristina <strong>Miguel Peirano</strong>, el ex titular del BCRA de Néstor <strong>Martín Redrado</strong>, el jefe de gabinete del matrimonio y autoproclamado fundador del kirchnerismo <strong>Alberto Fernández</strong>, el ex menemista-duhaldista-kirhcnerista Juan José Álvarez, entre tantísimos otros.</p>
<p>Todo es igual, nada es mejor. “Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón”. Discépolo vio el siglo XX, pero no el XXI. Su poesía dice que, en ese mundo que ve, van juntos “Carnera y San Martín”. Evidentemente la cosa estaba mejor, había al menos un San Martín mezclado con el resto. Ya no “es lo mismo ser derecho que traidor”, querido Discepolín, hoy el traidor tiene una enorme ventaja sobre el resto.</p>
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		<title>Balas de tinta</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Sep 2013 11:58:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Juan Miceli]]></category>
		<category><![CDATA[trabajadores de prensa]]></category>

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		<description><![CDATA[La presidente Cristina Fernández de Kirchner declaró hace solamente unos días que el periodismo “dispara balas de tinta para derrocar gobiernos populares”. Se refería evidentemente a la prensa libre, al menos a aquella prensa que no es solventada por el gobierno, la que siguiendo su lógica, sería un ejército mercenario que le brinda a los gobiernos populares “armaduras de papel”,... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/09/01/balas-de-tinta/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La presidente <strong>Cristina Fernández de Kirchner </strong><strong>declaró hace solamente unos días que el periodismo</strong> “<strong>dispara balas de tinta para derrocar gobiernos populares”.</strong> Se refería evidentemente a la prensa libre, al menos a aquella prensa que no es solventada por el gobierno, la que siguiendo su lógica, sería un <strong>ejército mercenario</strong> que le brinda a los gobiernos populares “armaduras de papel”, o algo así, para continuar con la licencia poética.</p>
<p><strong>Los medios son empresas</strong>. Mantener su funcionamiento, los gastos de papel e impresión de un periódico, un espacio radial o televisivo, el salario de los trabajadores de prensa, tiene un altísimo costo y su sostenimiento depende de una empresa que, como tal, puede soportar dichos costos. Por ende,<strong> cuando el empresario construye un medio, selecciona periodistas en base a su gusto</strong>, y este gusto, si se trata de periodísticas políticos, posiblemente se relacionen con su forma de ver las cosas y no con la forma del vecino. Eso hace que tal medio tenga determinado perfil y las opiniones en él brindadas, una cierta tendencia.</p>
<p><span id="more-340"></span>Sin embargo esto no quiere decir que si un periodista piensa distinto que la empresa en cierto tema, su opinión sea acallada o no se publique. De hecho no tengo la certeza de que todas mis opiniones publicadas en este medio sean del gusto de los demás periodistas, de sus autoridades, ni de él/los propietario/s. <strong>El sindicato de trabajadores de prensa es muy fuerte</strong>, acostumbrado a este tipo de avatares; los empresarios de medios lo saben y se han acostumbrado a que muchas veces, sus medios vuelquen ideas que no coinciden con las suyas propias. Salvo que uno, como <strong>Juan Miceli</strong>, trabaje en un <strong>medio estatal</strong>. <strong>Ahí lo despiden rápidamente y no hay sindicato que lo proteja.</strong> Los mercenarios de armaduras de papel son implacables.</p>
<p>Así los medios determinan un estilo, y de él se desprende un “target” de lectores, generándose opciones para los diversos gustos (sutiles, explícitos, de opinión, de información más pura, de investigación, etcétera). Ahora bien, lo que no puede hacer el periodismo ni un periodista, ni las empresas de medios es mentir u ocultar la verdad.</p>
<p>Ni sobre lo que piensan los que vuelcan opinión, ni sobre lo que averiguan los que se dedican a la investigación o la búsqueda de información. <strong>Las verdaderas balas de tinta consisten el falsear la realidad, o al menos la realidad que la información obtenida ha construido. </strong>Para seguir con la frase de la presidente, todos los gobiernos democráticos son populares, son electos y sostenidos por el pueblo. El suyo no es más popular que otros, como por ejemplo el de <strong>Carlos Menem</strong>, al que el pueblo eligió también dos veces. <strong>No cuenta Cristina con el monopolio de “lo popular”.</strong> Esto es una etiqueta sin significado real. La loca idea de que es más popular repartir planes sociales que generar trabajo pese a haber contado con 10 años de crecimiento descomunal e ininterrumpido es simplemente un disparate.</p>
<p>Uniendo ambos conceptos, las “balas de tinta” dificilmente busquen derrocar gobiernos. No hay prensa, porque no quedan ciudadanos que no hayan aprendido los beneficios democráticos.<strong> Sí hay prensa que piensa distinto, y es casualmente la prensa a la que la presidente no le paga.</strong> Y dista mucho de intentar derrocar a nadie, plasmar una opinión diferente. Y tampoco es menos popular quien descubre constantes actos de corrupción y desfalco al Estado, y lo hace saber a sus lectores/oyentes/televidentes. En realidad, es bastante poco popular tener una gran cantidad de funcionarios corruptos en el gobierno.</p>
<p>En lo personal, mis “balas de tinta” obedecen a que tengo a esta altura casi ninguna coincidencia con las políticas oficialistas, aunque me encuentro en las antípodas de cualquiera que pretenda derrocar a este o cualquier gobierno electo por el pueblo. Los gobiernos terminan sus mandatos y los pueblos padecen sus decisiones por el lapso en que han decidido padecerlas. Y como el orden jurídico establece precisamente un orden, ese lapso es de cuatro años. Y si luego el pueblo decide padecer más, serán otros cuatro.</p>
<p>Aun así, <strong>la prensa no puede dejar de opinar e informar</strong>. <strong>Eso brinda luego elementos al pueblo el momento de volver a decidir.</strong> Los trabajadores de prensa y las empresas de prensa vuelcan opiniones, no dirigen acciones. Habrá quienes coincidan y quienes no lo hagan, con unos u otros. Eso es lo democrático y, en definitiva, lo popular. Brindarle a un gobierno un contexto completo de fantasías, para que no sienta que se lo quiere derrocar es dañino no solamente para los ciudadanos, sino también para el propio gobierno. Los que le dicen al oído, señora presidente, que es usted perfecta, le hacen daño. Los que le cuentan que sus funcionarios son todos maestras jardineras la están lastimando. Tal vez sean los que, consciente o inconscientemente, quieren derrocarla.</p>
<p><strong>El periodismo no es un terreno de “balas”, sino de plumas</strong>. Y si desde él, alguno juega a derrocar gobiernos, los ciudadanos no tardan mucho en darse cuenta, ese periodista o medio pierde credibilidad, pierde lectores y se diluye. <strong>Funciona como con los políticos. Cuando mienten mucho, la imagen se deteriora y se pierden elecciones.</strong> No hay balas de tinta, ni intentos de derrocamiento, ni gobiernos más populares que otros. Hay opinión, información y ejercicio de la administración más o menos eficiente, más o menos corrompido. Es todo mucho más simple de lo que se pretende plantear.</p>
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