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	<title>Horacio Minotti &#187; Néstor Kirchner</title>
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		<title>La verdad sobre los DNU</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Feb 2016 10:04:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un grupo de noveles demócratas que adquirió en los últimos dos meses las virtudes del republicanismo constitucional desató una serie de críticas contra el presidente Mauricio Macri e intentó instalar la sensación de que el mandatario pretendía gobernar el país mediante decretos de necesidad y urgencia (DNU). Sin embargo, transcurridos dos meses de gestión, la... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2016/02/16/la-verdad-sobre-los-dnu/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Un grupo de noveles demócratas que adquirió en los últimos dos meses las virtudes del republicanismo constitucional desató una serie de críticas contra el presidente Mauricio Macri e intentó instalar la sensación de que el mandatario pretendía gobernar el país mediante decretos de necesidad y urgencia (DNU).</p>
<p>Sin embargo, transcurridos dos meses de gestión, la actual administración solamente emitió cinco de ese tipo de decretos. <strong>Los artículos de algunos medios, cuando el Presidente tenía apenas días en su cargo, giraban injustamente sobre la idea de que Macri había hecho uso de dicha herramienta constitucional con más frecuencia que todos sus antecesores.</strong> Comparaban la cantidad emitida en pocos días con el promedio anual de los anteriores presidentes, lo que configura un grosero error, porque es evidente que, cuando el Gobierno se ordena y las sesiones ordinarias del Congreso comienzan, el promedio desciende.</p>
<p>De hecho, no se observan notas que refieran a que hoy, a dos meses de administración, Macri sigue teniendo en su haber los mismos cinco DNU, con lo cual su promedio disminuyó a 2,5 por mes, la mitad que los emitidos, por ejemplo, por Néstor Kirchner, sacando el promedio total de su mandato, y un tercio de los que el mismo mandatario dictó en sus primeros dos meses.<span id="more-789"></span></p>
<p>Justamente, es posible comparar, por sus similitudes, el inicio de Macri con el de Kirchner; ambos de algún modo representaron un cambio de estilo de gobierno respecto a sus predecesores. De los cinco DNU emitidos por Macri, uno de ellos es la reforma de la ley de ministerios, algo que, con toda lógica, debe realizar un presidente para ordenar su administración y nuevo estilo de gobierno. De hecho, también lo hizo de ese modo Néstor Kirchner el 4 de junio de 2003. Otro de los decretos que se le contabilizan al actual Presidente es el que derogó uno dictado pocos días antes de que su predecesora dejara el cargo y que, a entender el nuevo mandatario, complicaba su gestión. La realidad en este caso indica que Macri no hubiese tenido que dictar dicha norma si la Presidente anterior, carente ya de legitimidad y a diez días del traspaso del mando, no hubiera tenido la mala fe de emitirlo. Un tercer DNU crea el nuevo Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom), reforma así la ley de comunicación audiovisual; el cuarto posterga la vigencia del nuevo Código Procesal Penal, y el quinto traspasa de la Procuración a la Corte Suprema las escuchas telefónicas.</p>
<p>Para proceder con la comparación respecto al inicio de Kirchner, debe resaltarse una diferencia sustancial: el santacruceño empezó su mandato con el Congreso en plenas sesiones ordinarias y mayoría en ambas Cámaras. Sea por apuro o por puro gusto, decidió lanzarse a la emisión de DNU, a diferencia del caso de Macri, en que el Congreso está en receso.</p>
<p>Dicho esto y establecida la marca de los primeros dos meses del actual Presidente, hay que dejar sentado que Kirchner emitió, entre el 25 de mayo de 2003 y el 25 de julio del mismo año, 15 DNU, a un promedio de 7,5 por mes. Soslayando que a los 12 meses de mandato llevaba 55 (performance inigualable), debe considerarse que los actuales republicanistas que otrora abrazaron el kirchnerismo con entusiasmo sin par, o nos toman por tontos o han perdido la memoria. Es decir que, si bien el promedio total del mandato de Néstor es de cinco DNU por mes, <b>si se consideran sus primeros dos meses, para hacer una comparación justa con el comienzo macrista, el promedio es de 7,5 por mes contra el 2,5 del Presidente en funciones.</b></p>
<p>Toda la información sobre aquellos DNU puede encontrarse en el “Dossier legislativo-Decretos de necesidad y urgencia, 1994-2014”, elaborado por la Comisión Administradora Bicameral de la Biblioteca del Congreso de la Nación, bajo la Presidencia de la senadora justicialista Roxana Latorre; comisión de la que participó, entre otros, la diputada camporista Mayra Mendoza.</p>
<p>Cuando el actual Presidente asumió y debía ordenar los primeros días de su Gobierno con el Congreso en receso, llovían los pronunciamientos sobre el supuesto alto promedio de DNU emitidos. Hoy no he podido encontrar artículos sobre cómo ese promedio se redujo a la mitad, ni comparaciones con cierto rigor técnico con situaciones similares anteriores. Pero los números no pueden mentir, la aritmética es inobjetable y la parcialidad poco rigurosa en el manejo de la información, también.</p>
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		<title>La falacia del vicepresidente decorativo</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2015 03:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde que el oficialismo postuló a Carlos Zannini como candidato a vicepresidente de Daniel Scioli, se multiplicaron las voces opinando sobre el rol político de ese cargo. Los que quieren mostrar al gobernador bonaerense como continuador del modelo K resaltan que lo acompaña un hombre muy fuerte del entorno íntimo de la actual presidenta. Los que buscan que Scioli mantenga cierto caudal de voto independiente refutan que Zannini no tendrá rol alguno, porque el vicepresidente es meramente decorativo.</p>
<p>La historia de los vicepresidentes desde la recuperación democrática puede darnos algún indicio sobre la veracidad de alguna de esas afirmaciones. Si nos remontamos al primer vicepresidente de la nación de la era posdictadura, podría afianzarse la postura de quienes dicen que este no tiene rol político. El cordobés Víctor Martínez, que secundó a Raúl Alfonsín en la fórmula, tuvo una escueta y gris participación en aquel Gobierno radical.<span id="more-685"></span></p>
<p>Sin embargo, avanzando a la presidencia posterior, el bonaerense Eduardo Duhalde, vicepresidente de Carlos Menem, tuvo una actividad política bastante más intensa, contrapuesta en muchos casos a su presidente. El gabinete del riojano se dividió a principios de su gestión en dos grupos que la prensa llamó “Celestes” y “Rojo Punzó”. Duhalde integró el grupo Celeste. Menem asumió en medio de una crisis económica hiperinflacionaria y tardó dos años en controlarla, en 1991, cuando se impuso la convertibilidad.</p>
<p>Esos dos años fueron tremendos para Menem y las internas se multiplicaron. Escribía el recordado Hugo Gambini en la revista <i>Redacción</i>: “lo terrible es que se ha deteriorado la credibilidad presidencial, a tal extremo que no son pocos los que le prueban la banda a Duhalde, hasta se habla de una nueva ley de acefalía”.</p>
<p>En sintonía, un artículo de la revista<i> Somos</i>, del 25 de marzo de 1991, firmado por Jorge Grecco, se titulaba “Operación Chaleco”, y describía cómo la mitad del gabinete de Menem consideraba que no estaba en condiciones psiquiátricas de seguir con el gobierno y pretendía su destitución por tales motivos para promover la instalación de Duhalde en el gobierno.</p>
<p>Pensar que el vicepresidente era ajeno a tales múltiples conspiraciones es subestimar a un Duhalde que llegó al poder tras la caída de un gobierno constitucional. Menem lo resolvió: se deshizo de la sombra del hombre de Lomas de Zamora y lo envío como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Pero cuando Menem intentó volver a la competir por la presidencia en 2003, su mayor enemigo fue Duhalde. Le impidió usar el sello del Partido Justicialista (PJ), inventó un candidato hasta entonces inexistente: Néstor Kirchner y dividió al PJ para neutralizar al riojano. Y cumplió su objetivo. Si todo esto es un vicepresidente decorativo, no quiero imaginar lo que es uno con el aparato kirchnerista detrás.</p>
<p>Para su segundo período, Menem eligió un vicepresidente con escaso peso territorial y sin estructura política. Le resultó bien, Carlos Ruckauf nunca fue una amenaza.</p>
<p>Si Carlos “Chacho” Álvarez se considera decorativo en el Gobierno de Fernando De la Rúa, tenemos problemas de lectura. Desde el principio, el vicepresidente de la Alianza fundó un engendro que llamó “oficialismo crítico” y que fue una oposición interna.</p>
<p>Chacho jaqueó y desmoronó al gobierno. Propició una investigación por supuestos sobornos en el Senado para la sanción de una ley laboral. La Alianza tuvo su principal base electoral en el discurso de la transparencia. Cuando Álvarez puso en tela de juicio ese capital político, el gobierno cayó en picada. Para colmo de males, Chacho renunció justamente por dichos sobornos, dejó al gobierno rengo y herido de muerte. Poco tiempo después, De la Rúa, vacío de poder, debió abandonar la Casa Rosada. Álvarez, de decorativo, nada.</p>
<p>La Presidencia interna de Duhalde no tuvo vicepresidente, de modo que debemos pasar directamente a Néstor Kirchner. Su primer vicepresidente fue el propio Scioli. En principio, uno tiende a decir que el exmotonauta no causó problemas, pero esto no es tan cierto. En diciembre de 2005, en plena sesión del Senado, la senadora Cristina Kirchner, apostrofó durante por más de una hora a Scioli, acusándolo de montar una operación mediática en su contra. Al otro día, el presidente Kirchner despidió a todos los sciolistas que trabajaban en la Secretaría de Deportes de la Nación, reducto que detentó para “contener” a los suyos.</p>
<p>En el año 2010, con Scioli ya como gobernador y Cristina como presidente, se registró una nueva escaramuza. Al gobernador se le ocurrió declarar que tenía “las manos atadas” para solucionar el problema de la inseguridad, en elíptica referencia al gobierno nacional. En un acto público compartido con Kirchner, el expresidente lo apuró: “Gobernador, diga quién le ata las manos, con nombre y apellido. ¡No tenga miedo!”. Scioli se mantuvo en silencio y se olvidó del tema.</p>
<p>Como se dijo, Cristina ya era presidente y su vicepresidente, el radical Julio Cobos, inventor del radicalismo K. Algunos dicen que Cobos fue un presidente anodino, y tal vez así haya sido, pero le generó al Gobierno una crisis de proporciones inimaginables, con su voto “no positivo” en el Senado para desempatar la votación por “la 125” y lo puso al borde del colapso de gobernabilidad. Es cierto, luego Cobos fue segregado y se mantuvo en el ostracismo, pero esto se debió a que el radicalismo lo rechazaba por haberse ido con el Gobierno, y los radicales K lo abandonaron cuando “traicionó” al gobierno, por lo cual quedó sin sustento político.</p>
<p>Pero al margen de si la 125 era una medida apropiada, o no lo era, el vicepresidente Cobos generó un daño político catastrófico al Gobierno, que lo llevó a perder las legislativas de 2009. No es poco para una persona sin poder territorial y sin soporte de una estructura política.</p>
<p>El último y actual vicepresidente es Amado Boudou. La selección fue cuidadosa: un hombre absolutamente “del palo” y elegido por la presidenta y nadie más, sin posibilidad alguna de una construcción política propia. Boudou también hizo daño, pero no por disputar política, sino porque se destaparon múltiples hechos de corrupción que lo involucraron.</p>
<p>En conclusión: <b>solamente dos vicepresidentes cumplieron el precepto de ser decorativos, Martínez y Ruckauf</b>. <b>Duhalde, Álvarez y Cobos disputaron políticamente con sus presidentes, buscaron dañarlos y en buena parte lo consiguieron</b>. Respecto a Scioli, debe decirse que planteó algunas disputas, pero por cuestiones de carácter o de estrategia retrocedió cada vez que lo corrieron. Pero lo intentó.</p>
<p>Ahora bien, <b>Zannini es, después de Cristina, el dirigente de mayor peso de kirchnerismo que viene de gobernar 12 años y ha contado con el aparato y la caja del Estado</b>. Ha demostrado vocación de poder y cuenta con el respaldo de La Cámpora. Su grupo político, que no es el de Scioli, ha poblado las listas de candidatos a legisladores nacionales, para dominar el Congreso y varios ítems más que podrían considerarse.</p>
<p>Si Scioli gana las próximas presidenciales, El Chino es, por lejos, el vicepresidente que llega con más poder propio a su cargo desde la recuperación democrática. Ni Duhalde, ni Álvarez, ni Cobos controlaban el Congreso, ni los precedían 12 años de acumulación de poder y dinero desde el Estado nacional. Quien lo considere decorativo vive en Dinamarca o le está mintiendo a la gente.</p>
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		<title>El márketing legislativo de Ricardo Alfonsín</title>
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		<pubDate>Tue, 20 May 2014 10:25:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante la semana pasada, el diputado nacional Ricardo Alfonsín presentó un proyecto de ley con el que dice pretender “prohibir las candidaturas testimoniales”, es decir aquellas a las que determinados candidatos se presentan sin ninguna intención de asumir, con la idea de que su presencia “arrastrará votos” a favor de la lista que integran pero... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2014/05/20/el-marketing-legislativo-de-ricardo-alfonsin/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante la semana pasada, el diputado nacional Ricardo Alfonsín presentó un proyecto de ley con el que dice pretender “prohibir las candidaturas testimoniales”, es decir aquellas a las que determinados candidatos se presentan sin ninguna intención de asumir, con la idea de que su presencia “arrastrará votos” a favor de la lista que integran pero defraudando al electorado. <strong>El problema con el proyecto del diputado es que las “testimoniales” ya están prohibidas.</strong></p>
<p>El artículo 140 del Código Electoral Nacional, inserto dentro del Capítulo “Delitos Electorales”, tipifica: “Se impondrá prisión de dos meses a dos años al que con engaños indujere a otro a sufragar de determina forma o a abstenerse de hacerlo”. Toda conducta descripta en un tipo penal, que por definición contiene una sanción, es una conducta prohibida. Y resulta evidente que presentar una candidatura que no se piensa asumir si resultase electo es un modo de inducir el voto hacia determinada lista de manera engañosa.</p>
<p>Difícilmente el legislador de marras no conozca la existencia de este artículo 140, dado que responde al Código Electoral Nacional original, sancionado mediante la ley 19.945 de 1972. <strong>Aunque debe reconocerse, suena bien a oídos del ciudadano que no tiene porqué conocer derecho electoral que alguien quiera “prohibir las testimoniales”, dado que casi nadie sabe que ya están prohibidas</strong>. Marketing legislativo podría llamárselo.</p>
<p>El radicalismo tuvo una intervención mediática bastante importante en el año 2009, cuando en las elecciones legislativas se presentó en la Justicia Electoral intentando impedir las candidaturas de Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa en la lista de candidatos a diputados nacionales del Frente para la Victoria por la Provincia de Buenos Aires. Aducían que estos no asumirían los cargos para los que se proponían, que simplemente pretendían obtener votos para su partido y que defraudarían al elector.<strong> Su pretensión fue rechaza por la Cámara Nacional Electoral, sencillamente porque como en todo proceso judicial, hacían falta pruebas para aplicar la sanción pretendida, que en este caso era, prohibirles ser candidatos.</strong></p>
<p>¿Qué elementos probatorios ofreció el radicalismo?. Solamente rumores periodísticos. Citados los presuntos “candidatos testimoniales”, todos aseguraron a los jueces que asumirían sus cargos en caso de ser electos, por lo cual la Justicia no tuvo otra opción que permitirles ser candidatos. En ese caso también, la presentación fue un juego de marketing, los letrados que la efectuaron debían saber que jamás podrían probar lo que alegaban y que el destino del expediente era el que termino siendo, dado que la prueba del mismo era “diabólica”: consistía en que los jueces viajasen al futuro para asegurarse que los electos no asumirían sus cargos y volviesen al 2009 para aplicar la sanción. Es más, el planteo equivocó el cálculo al menos con un candidato: Kirchner fue electo y asumió su cargo, con los cual de habérselo prohibido como pretendía la presentación del diputado Ricardo Gil Lavedra, se hubiese privado de su derecho constitucional a ser elegido a un ciudadano que no conformó la conducta que el presentante predecía que llevaría a cabo.</p>
<p>Tan alejada de la real intención de hacer justicia y tan cercana al marketing electoral fue la apuesta judicial del radicalismo por entonces, que terminado el proceso electoral, y viendo que los candidatos Scioli y Massa efectivamente no asumieron los cargos para los que fueron electos, no efectuaron las denuncias correspondientes por infracción al artículo 140 del Código Electoral Nacional. En ese caso sí, habiéndose configurado el hecho, la acción delictiva podría entenderse como consumada y era pasible de sanciones.<strong> Ciertamente, luego del proceso electoral, la presentación no generaba ya efectos políticos en términos de captación de votos, sino que era una acción exclusivamente en busca de justicia efectiva y en términos de respeto al voto del ciudadano, con lo cual, jamás hubo presentación alguna.</strong></p>
<p>El proyecto de ley para “prohibir” unas testimoniales que ya están prohibidas se inscribe en el mismo juego, una supuesta pretensión de protección al elector que no es tal porque al momento de promover las sanciones nadie lo hace porque no generan rédito político.</p>
<p>Seguramente ha de ser muy complejo, pero sería importante buscar el modo de “prohibir los proyectos de ley testimoniales”, aparte de las candidaturas. Es decir, que los legisladores electos por el pueblo no puedan usar sus bancas para proponer proyectos sobre problemáticas ya resueltas por otras normas, que tienen como único fin aprovechar el desconocimiento del ciudadano para hacerse algunos votos.</p>
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		<title>Fundar la Tercera República</title>
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		<pubDate>Fri, 02 May 2014 10:40:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Puede considerarse que la Primera República en la Argentina, nació el 15 de enero de 1863 cuando se estableció la composición inicial y se puso en funcionamiento la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Pese a que la misma fue creada por la Constitución Nacional de 1853, no se consiguió hacerla operativa sino 10 años después. Allí la realidad fáctica nos entregó la plena articulación entre los tres poderes del Estado, independientes, pero basados en un esquema de controles el uno al otro, la Primera República.</p>
<p>Sin embargo esa República fracasó. Desde 1880 se sucedieron una serie de gobiernos basados en el fraude electoral, la supresión del peso de las mayorías en las decisiones que afectaban a todos, y el sistema de gobierno fue republicano por enunciación y oligárquico en los hechos. Pudo haberse considerado la ley Sanz Peña de 1912 y su primera aplicación en 1916, como el inicio de una segunda república, pero lo cierto es que el período de vigencia real fue demasiado breve: ya en 1930, comenzó una sucesión de gobiernos de facto a cargo de fuerzas militares que hicieron trizas el republicanismo. La interrupción más larga de dicho proceso fue el gobierno del General Perón entre 1946 y 1955, en la cual además, se introdujeron cambios constitucionales profundos, pero nuevamente se trató de una fase muy breve y casi todos los cambios mencionados fueron derogados por el gobierno de hecho que lo desplazó del poder.</p>
<p>Por ende, podemos establecer que la Segunda República nació el 10 de diciembre de 1983, con la asunción del presidente Raúl Alfonsín. Como primera medida porque el sistema republicano que restituye ya lleva más de 30 años de vigencia. Desde entonces la división de poderes funciona, con tropiezos pero lo hace; el soberano pueblo impone su voluntad sin mayores inconvenientes, no ha habido elecciones presidenciales formalmente fraudulentas; y la libertad de expresión, los derechos civiles, sociales y políticos están presentes en la cotidianeidad argentina. Se puede decir que <strong>la Segunda República inaugurada por Alfonsín, generó la certeza y conciencia social de la necesidad impostergable de que el sistema se mantenga vigente y pleno</strong>.</p>
<p>Ahora bien, desde el fin del gobierno del líder radical a nuestros días, esta Segunda República se ha ido deteriorando sustancialmente. A diferencia de lo que era previsible, el sistema republicano y democrático ha perdido intensidad y plenitud a medida que pasaron los gobiernos. Un ejemplo claro son los decretos de necesidad y urgencia. En 5 años y medio de mandato, Alfonsín firmó 10 de ellos; pero en un decenio de ejercicio, su sucesor Carlos Menem impuso su voluntad por decreto en 545 ocasiones; Fernando de la Rúa los utilizó 73 veces; pero quien completó su mandato, Eduardo Duhalde, rubricó 158 en un año y medio; y su sucesor Néstor Kirchner, 270 en solamente cuatro años. <strong>Esto es ni más ni menos que el uso de violencia jurídica sobre la división de poderes y la voluntad popular de modo masivo, un comportamiento autocrático.</strong> Que si bien es cierto, mermó con el gobierno de Cristina Fernández, bien puede creerse que esto ocurre por el control que la misma ha tenido del Congreso Nacional, dado que su marido y antecesor, también disminutó la cantidad de decretos firmados a partir de 2006, cuando se hizo se control casi absoluto de ambas Cámaras parlamentarias.</p>
<p>No es el único dato que prueba la descomposición republicana. Los organismos de control, como la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas que ocupaba el centro de la escena en 1983 (los memoriosos recordarán al fiscal Ricardo Molinas en acción) ya casi no existen. Se ha cambiado el número de miembros y la composición de la Corte Suprema de Justicia reiteradamente de acuerdo a las necesidades del gobierno de turno. Desde la creación del Consejo de la Magistratura, el mismo también ha sufrido variaciones con idénticos fines e intentos gravísimos de cambiar el régimen a una elección directa de sus componentes jueces, que no han prosperado, pero el mero intento implica una muestra de “desentendimiento” republicano.</p>
<p>A todo ello puede sumársele la supresión de fiscales “molestos” que han pretendido controlar al poder, la manipulación de la pauta publicitaria del Estado a los medios como un modo sofisticado de censura, la aprobación de concursos irregulares de origen en la designación de magistrados, y los más variados etcéteras. Por eso es que la Segunda República ya ha transitado la decadencia y se encuentra en estado terminal.</p>
<p><strong>La sociedad buscará, en las elecciones del año próximo, al grupo político que sea capaz de fundar la Tercera República.</strong> Algo que no implica mucho más que demostrar que se puede gobernar eficientemente y a la vez cumplir la ley y respetar las instituciones. Que acepte que “democratizar” en muchos casos implica intensificar los controles sobre los organismos y agentes públicos, y que aún controlado, pueda gobernar. La Tercera República deberá demostrar que se puede combatir el delito y respetar los derechos humanos de todos, al mismo tiempo; y también que los intentos de eternización en el poder son nocivos para la sociedad. En síntesis, deberá mantener la esencia de la Segunda República pero en la práctica y prolongándola en el tiempo. Con instituciones sólidas y controles férreos, la corrupción se diluye, la educación, la salud y el trabajo cobran la dimensión que deberían tener, me veo tentado a decir que “se come, se cura y se educa”, porque es cierto. <strong>Los franceses van por su quinta república, nosotros podemos concretar nuestros sueños fundando la Tercera.</strong></p>
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		<title>Mapa electoral 2015</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Oct 2013 04:36:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Es apresurado, lo sé. Establecer hoy un mapa electoral</strong> <strong>para las próximas presidenciales</strong>, dentro de dos años, en un país como la <strong>Argentina</strong>, puede transformarse en un boomerang y en unos meses nomás, alguien puede recordarme este artículo con aire burlón y acompañado por un “no pegaste una”. Pero los actores se van delineando y la prospectiva es un juego intelectual interesante. Difícilmente alguien se imagine la elección 2015 sin un candidato de arraigo claramente peronista y utilizando la estructura jurídica del <strong>Partido Justicialista</strong>. Justamente, ayer volvió a reunirse su conducción y hubo algunas líneas que comenzaron a observarse.</p>
<p>Por ejemplo, y en relación a <strong>Sergio Massa</strong> y su <strong>Frente Renovador</strong>, el senador <strong>Aníbal Fernández</strong> espetó: “Es un grupo de rufianes que traicionó a los trabajadores… El mas hijo de p… del peronismo es inmensamente mejor que cualquiera de esa lista”. Contundente y propio del senador, ex duhaldista y ex menemista. Con su apoyo irrestricto a las candidaturas del<strong> Frente para la Victoria</strong>, el gobernador bonaerense<strong> Daniel Scioli</strong> hizo una apuesta definitiva. No por lealtad ni por convicción.</p>
<p><span id="more-377"></span>De otro modo no hubiese estado negociando con Sergio Massa hasta último momento, hasta el último día. Lo hizo porque creyó que era la mejor apuesta. Si el <strong>FpV</strong> se imponía al intendente de <strong>Tigre</strong> en <strong>Provincia de Buenos Aires</strong>, el ex motonauta era el ganador indiscutido de una elección compleja y dejaba en el camino a su único rival interno, o al menos, al que suponía interno hasta ese momento. Si enfrentaba una derrota electoral, el candidato no era él mismo, sino<strong> Martín Insaurralde</strong>, así que de todos modos el panorama no era tan complejo, se hacía en soledad de todo el aparato del FpV y apostaba a abroquelar al <strong>PJ</strong> oficial detrás de sí mismo, cosa en la que hoy trabaja febrilmente.</p>
<p>De hecho, en estos días <strong>los popes del PJ juegan a “ponerle un límite a massita”</strong>, controlando el partido bajo el paraguas de Scioli y buscarlo volver a meterlo a Massa dentro del esquema partidario, para darle un lugar de poco lucimiento y así diluirlo. El debate es: <strong>¿hasta dónde da el peronismo?</strong> A estas alturas, para la gente es una marca de peso en el mercado político.<strong> La discusión es si es “La Vascongada” o “La Serenísima”, es decir si es una marca vigente o una extinguida que solamente pesa en la gente muy mayor</strong>. Y, lo sabe el peronismo desde el ’83, aún estando vigente, depende del producto que traiga dentro del envase. Si el contenido está vencido, no va a ser fácil venderlo.</p>
<p>Otra inquietud que deberían tener los hombres que acompañan a Scioli es si realmente <strong>Massa terminará abrevando en aguas justicialistas o si, por el contrario, eludirá el viejo sello y buscará armar su Frente Renovador en todo el país y competirá con él.</strong> Es cierto, no es tarea fácil sino más bien titánica. Hoy su espacio no tiene personería más que en<strong> </strong>Provincia de Buenos Aires<strong>.</strong> Si el de Tigre se posiciona bien en las encuestas, mantiene su rol protagónico los próximos dos años y llega a 2015 bien parado políticamente, es posible que consiga cerrar las alianzas operativas con referentes de las diversas provincias, incluso del propio justicialismo mermando las fuerzas de Scioli. Pero eso no indica que esté en condiciones de competir. A tal cosa debe sumar el armado jurídico que le permita tener personería en 24 provincias para que su boleta presidencial esté en cada mesa del país.</p>
<p>Es esta la tarea más ardua y más compleja. El<strong> Frente Renovador</strong> es una alianza de partidos. Y si se pretende competir a nivel nacional, deberá ser una alianza gigantesca, donde muchos partidos de las diversas provincias (aunque de orden federal) deberán sumarse<strong>. Massa tendrá que seleccionar partidos con impronta filoperonista sin duda</strong>, sin relaciones extrañas o conflictivas con el pasado (muchas expresiones filoperonistas del interior han tenido fuertes vínculos con la dictadura, por ejemplo), y cuyos líderes provinciales tampoco tengan antecedentes espurios. Deberán ser partidos en condiciones jurídicas de integrar tal alianza (no estar caducos, no haber perdido la cantidad mínima de afiliados, no tener sanciones por falta de rendiciones de cuentas de campañas anteriores). Es por lejos, una tarea mucho más compleja que obtener los apoyos políticos.</p>
<p>No por eso imposible. En alguna medida,<strong> Eduardo Duhalde</strong> consiguió hacerlo en 2011. Creó una alianza a la que llamó <strong>Frente Popular</strong> de ese modo, y consiguió poner su boleta de candidato a presidente en todas las provincias. Es cierto que políticamente la cosa no funcionó, por errores, por imposibilidad de recuperar su imagen frente a la sociedad, etcétera. Pero el “barquito” jurídico para competir se construyó, lo que en principio parece ser el desafío más complejo de Massa, en buena parte porque los políticos suelen subestimar este problema, lo jurídico no es relevante hasta que las papas queman y cuando así ocurre a veces es tarde. El ex titular de <strong>Anses</strong> sabrá cómo hacer.</p>
<p>Pero lo que está claro es que de un modo u otro, Scioli y Massa competirán en 2015. Incluso, si este último no consigue armar su Frente en todo el país, tal vez lo hagan en una gran primaria peronista, escenario éste donde Scioli lleva todas las de ganar. <strong>El peronismo con un promedio de edad de 65 años, rango que incluye varios poderosos gobernadores, insiste en “ponerle límites al pibe”, en referencia a Massa</strong>. De tal modo que si éste hace lo que parece ser su mejor jugada, que es “ir por afuera”, para no ser absorbido por la estructura ni cargar con un sello desgastado, habrá<strong> un peronismo y un post peronismo</strong> enfrentándose en la presidencial. Un esquema similar al de 2003 (pero con un candidato menos), donde dicha expresión política llevó tres candidatos: <strong>Carlos Menem</strong> (la vieja guardia), <strong>Nestor Kirchner</strong> (expresando lo novedoso) y un híbrido, <strong>Adolfo Rodríguez Saa</strong>.</p>
<p>Terminado el análisis del peronismo, debe pensarse en una buena parte de la sociedad que no lo es. Raúl Alfonsín no ganó en 1983 con los votos radicales, lo hizo con los de los que estaban cansados del peronismo, o de ese peronismo. Y aquí empiezan a jugar un rol importante tanto el <strong>PRO</strong>, como el espectro panradical. En el caso del PRO, el candidato es uno y único, <strong>Mauricio Macri</strong>. El jefe de gobierno de la Ciudad tiene algunas ventajas. Seguramente no será objeto de “operaciones” internas para desgastar su imagen. Su partido se conducirá de modo monolítico y articulado. Es cierto,<strong> posee serias deficiencias en todo el interior del país y hay provincias donde ni siquiera posee personería o esta está en conflicto</strong>. Pero suponiendo que puede resolverlo con alianzas adecuadas (en tal sentido tiene muchos menos distritos para poner en vigencia que Massa), la cuestión en su caso es más bien política.</p>
<p><strong>Por un lado, deberá convencer al electorado de que es la mejor “opción no peronista”.</strong> Su gestión en la Ciudad de Buenos Aires, si bien enfrenta opositores, bien puede ser un puntal. Posiblemente sea más eficiente que la de cualquiera de las demás provincias argentinas. Otra fortaleza es que detenta ese aire de novedad.<strong> Cuando terminan los ciclos, como el kirchnerista, el votante busca algo “novedoso” y Macri puede explotar ese rol.</strong> Seguramente lo dispute con Massa, pero los divide el vínculo con el peronismo. Al mismo tiempo, aquel justicialismo dividido al que se hizo referencia hace algunos párrafos puede beneficiar mucho la candidatura de Macri. En aquel 2003,<strong> Ricardo Lopez Murphy</strong> y<strong> Elisa Carrió</strong> se filtraron entre los candidatos de tal origen. Y “el bulldog” terminó la elección a solamente 5 puntos de Kirchner. Si el ex presidente de <strong>Boca Juniors</strong> aceita la máquina y pone en juego la experiencia de varias elecciones consecutivas ganadas en la Ciudad, no todo está perdido para él.</p>
<p>Tampoco puede dejar de plantearse el papel del espacio panradical-socialista en el esquema 2013. Este cúmulo de voluntades que encierra una buena elección de<strong> Julio Cobos</strong> en <strong>Mendoza</strong>, ganar o estar tan cerca de hacerlo por parte de<strong> Elisa Carrió</strong> en Capital, y el control que <strong>Hermes Binner</strong> va a mantener en la Provincia de <strong>Santa Fe</strong>, sumado a un radicalismo bien posicionado en <strong>Córdoba</strong>, y con alguna estructura superviviente en buena parte del país, pone a esta variante en carrera. Curiosamente, y pese a que se plantean como una opción de centroizquierda, disputarían votos con Macri, al que ellos mismos tratan de ubicar en la derecha sin demasiados argumentos. Es decir, <strong>ambicionan el voto no peronista</strong>. Dependerá de como muevan sus piezas de este complejo ajedrez los próximos dos años, y de si consiguen mantenerse unidos. La experiencia de <strong>UNEN</strong> en Capital en este 2013 puede dejarles una enseñanza:<strong> si se usa adecuadamente el sistema de primarias, pueden posicionar un candidato y resolver la interna al margen de los egos.</strong> Y al mismo tiempo, esa herramienta puede hacerle ganar votos sobre<strong> el macrismo, que no ofrecerá variantes en la fórmula presidencial: es Macri o Macri.</strong> Presentar varios candidatos en una primaria, y encolumnarse luego detrás del ganador, puede significar una ventaja.</p>
<p>En conclusión,<strong> aparecen cuatro espacios con chances de disputar la sucesión del kirchnerismo para 2015.</strong> Una estrictamente <strong>peronista</strong> que seguramente encarne <strong>Scioli</strong>, otra <strong>“post peronista”</strong>, en la persona de <strong>Massa</strong>; y <strong>dos opciones “no peronistas”</strong>: la más homogénea, el <strong>PRO</strong>; y la una más variopinta: la<strong> panradical-socialista.</strong> Más allá del condicionamiento de las etiquetas con las que voluntariamente cargará cada uno, del mejor juego, las mejores decisiones y la mejor estrategia, saldrá el próximo presidente de los argentinos<strong>.</strong> Si se suman los posibles candidatos de los cuatro sectores, es la primera vez en muchos años, que la Argentina tiene, a dos años de la elección, al menos cinco presidenciables.</p>
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		<title>Vidriera irrespetuosa</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Sep 2013 10:12:08 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>“Todo es igual, nada es mejor”, decía <strong>Enrique Santos Discépolo</strong> en su legendaria obra &#8220;<strong>Cambalache</strong>&#8220;, cuando intentaba describir el pasado siglo XX. Pero Don Enrique no vió el XXI. Su letra seguramente hubiese sido más dramática y es probable que se le complicase contener su indignación en un formato poético. <strong>La política del siglo XXI, en la Argentina, es inadmisible, inviable.</strong></p>
<p>El 15 de junio de 1996, la revista <strong><em>Noticias</em> </strong>publicó una extensa entrevista a la diputada <strong>Cristina Fernández de Kirchner</strong>, esposa del gobernador de <strong>Santa Cruz</strong>. Se tituló “Una chica al rojo vivo”. <strong>Carlos Menem</strong> acababa de ser reelecto luego de la reforma constitucional y la actual presidente había llegado a la Cámara baja en la misma boleta que el riojano. Una de las preguntas es muy interesante: “<strong>¿A Menem lo votó en el ’89 y en el ’95?</strong>”. Pero más interesante es la respuesta: “<strong>Sí, absolutamente, y creo que no me equivoqué</strong>”. La historia más reciente es conocida. El ex caudillo se transformó en una suerte de Nosferatu con patillas, <strong>Néstor Kirchner</strong> se tocó sus partes pudendas cuando el riojano asumió como senador en pleno recinto, pese a que alcanzó la gobernación de Santa Cruz de la mano del ex presidente y luego de apoyar o al menos guardar absoluto silencio sobre los indultos, igual que su señora esposa.</p>
<p>El sábado 20 de septiembre de 2003, el diario <strong><em>Página/12</em></strong> publica una nota donde cuenta la celebración del triunfo de Néstor Kirchner realizada en la residencia del gobernador de la <strong>provincia de Buenos Aires</strong> en la ciudad de La Plata. Dice el artículo que “con efecto teatral” uno tras otro ingresaron el ganador, <strong>Eduardo Duhalde</strong> (su artífice) y <strong>Felipe Solá</strong>, su gobernador, quien jugaba de local. Reproduce el periódico la frase de Néstor en su discurso triunfante, sobre “el esfuerzo transformador que llevaron adelante Solá y Duhalde durante el tiempo más grave y duro de la Argentina”. La nota rescata algunas presencias en el evento como la de <strong>Florencio Randazzo</strong> al que se mencionaba como hombre de Solá (hoy ministro del Interior y Transportes del kirchnerismo y mañana quién sabe).</p>
<p>Como con Menem, al poco tiempo el kirchnerismo sindicó a Duhalde de diversos intentos golpistas y de ser una de las mayores desgracias argentinas. Solá se enojo cuando no lo dejaron reelegir como gobernador y comenzó un saltimbanqueo ordinario, De Narváez y el PRO, luego otro vez con los K, ahora con <strong>Sergio Massa</strong>.</p>
<p>En 1997 <strong>Daniel Scioli</strong> es elegido diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Se le adjudica la siguiente frase: “<strong>Éste es un triunfo del presidente Carlos Menem que ha llevado a la Argentina en el camino del crecimiento sostenido</strong>”. Ahá, mirá vos. Previo a eso Scioli había enfrentado una interna en el PJ Capital, liderando una lista de menemistas contra una de duhaldistas. En una entrevista con el diario <strong><em>La Nación</em> </strong>del 15 de junio de 1997, ante la pregunta del periodista sobre qué haría en caso de perder dicha interna, el actual gobernador espetó: “Voy a seguir apoyando a Menem como hice siempre”. Chupate esa mandarina. Después, se sabe, el ex motonauta era el gran rival de ajedrez del presidente provisional Eduardo Duhalde, granjearon una profunda amistad y se halagaron recíprocamente. Para despejar dudas Scioli declaró en los últimos tiempos su kirchnerismo a ultranza, su apego por el proyecto nacional y popular y se la jugó por la candidatura de <strong>Martín Insaurralde</strong> como nadie. Un puro, de la primera hora.</p>
<p>Con <strong>Sergio Massa</strong> no vamos a tomarnos la molestia de buscar declaraciones públicas. En 2009 fue candidato a diputado “testimonial” de los K. Dos veces electo intendente por el <strong>Frente para la Victoria</strong> y jefe de gabinete de ministros de Cristina Fernández. En su equipo “renovador” (¿?), lucen el ya mencionado Solá, <strong>Ignacio De Mendiguren</strong> (duhaldista luego kirchnerista), el ex ministro de economía de Cristina <strong>Miguel Peirano</strong>, el ex titular del BCRA de Néstor <strong>Martín Redrado</strong>, el jefe de gabinete del matrimonio y autoproclamado fundador del kirchnerismo <strong>Alberto Fernández</strong>, el ex menemista-duhaldista-kirhcnerista Juan José Álvarez, entre tantísimos otros.</p>
<p>Todo es igual, nada es mejor. “Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches, se ha mezclao la vida, y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón”. Discépolo vio el siglo XX, pero no el XXI. Su poesía dice que, en ese mundo que ve, van juntos “Carnera y San Martín”. Evidentemente la cosa estaba mejor, había al menos un San Martín mezclado con el resto. Ya no “es lo mismo ser derecho que traidor”, querido Discepolín, hoy el traidor tiene una enorme ventaja sobre el resto.</p>
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		<title>¿Se agotó el peronismo?</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Jul 2013 06:39:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Horacio Minotti</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La década kirchnerista y el reacomodamiento de los actores políticos en este proceso electoral, marcan una ausencia interesante en la simbología política que traducen aquellas escenografías desde las que los candidatos tratan de captar el voto. No es un secreto que el kirchnerismo no se muestra “peronista de Perón”. Especialmente desde el advenimiento de Cristina Fernández de Kirchner,... <a href="http://opinion.infobae.com/horacio-minotti/2013/07/16/se-agoto-el-peronismo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La década kirchnerista<strong> </strong>y el reacomodamiento de los actores políticos en este proceso electoral, marcan una ausencia interesante en la simbología política que traducen aquellas escenografías desde las que los candidatos tratan de captar el voto. No es un secreto que el kirchnerismo no se muestra “<strong>peronista de Perón”.</strong></p>
<p>Especialmente desde el advenimiento de<strong> Cristina Fernández de Kirchner, la figura del General Perón no ha jugado un papel relevante</strong>, ni es mencionada como antecedente en “el relato”. Sí, es cierto, se rescata con cierta asiduidad la figura de <strong>Eva Perón</strong>, y algunos iconos setentistas, pero no la del propio Perón. La presidente, de hecho, casi no lo ha mencionado públicamente.</p>
<p><span id="more-292"></span>Incluso en las boletas para la próxima elección, a las tradicionales caras de Perón y Evita juntos que suelen incluir las papeletas del <strong>Justicialismo</strong>, se le ha agregado, del otro lado, un símbolo similar, pero con la cara de <strong>Néstor Kirchner</strong>. A la misma altura y con el mismo tamaño, como una nueva simbología.</p>
<p>Tampoco puede extraerse del análisis que pese a contar con el control completo y total del Partido Justicialista en todo el país, el kirchnerismo nunca ha ido a elecciones con él. Siempre ha sido el “<strong>Frente para la Victoria</strong>”, dándole a su instrumento electoral el nombre de uno de los pequeños partidos que integran esa alianza, el Partido de la Victoria. Cuando bien pudo usar el nombre, por ejemplo, de <strong>Frente Justicialista</strong>.</p>
<p>Desde los sectores de la oposición que la prensa, a fin de simplificar el mensaje, designa como “peronistas”, puede observarse una todavía más profunda lejanía del peronismo. <strong>Francisco De Narváez se llama a sí mismo “peronista”, pero lo cierto es que no existen ni en sus publicidades, ni en sus símbolos, ni tampoco en su discurso, referencias al peronismo.</strong></p>
<p>Quien intenta jugar el papel de opositor moderado y unificador del “peronismo”, <strong>Sergio Massa</strong>, no usa ninguna simbología vinculada a Perón o Evita, o a sus logros o bondades. En su primer acto de campaña, se observaba una estética bastante moderna y aséptica, similar a la adoptada habitualmente por el <strong>PRO</strong>, clara y cuidadosamente estudiada por algún gurú del marketing, con un logo de campaña nada peronista (se veía por todos lados ­­<strong>+a por Massa)</strong>. Nada de marcha alusiva, ni “que grande sos”.</p>
<p>Eso en <strong>Provincia de Buenos Aires</strong>. En <strong>Capital Federal</strong> no se observan vestigios de peronismo. Salvo en algún local de <strong>Propuesta Peronista</strong> del vicepresidente primero de la Legislatura <strong>Cristian Ritondo</strong>, a los que los militantes llaman “básicas” (por unidades básicas el nombre histórico de los locales justicialistas) y en los que se ve (no en todos) alguna fotografía de Perón rodeada del color amarillo que distingue al PRO, no hay otras identificaciones peronistas, más allá de las boletas de votación de <strong>Daniel Filmus </strong>que tienen la misma lógica ya descripta de todo el Frente para la Victoria.</p>
<p>Solamente aquellos sectores con fuerte impronta sindical mantienen un alto grado de simbología peronista y prometen rescatar los valores del justicialismo tradicional. Usan en sus actos grandes fotografías de los viejos líderes, y vuelcan en sus discursos algunos conceptos a la usanza tradicional, sin profundizarlos demasiado.</p>
<p><strong>¿Qué pasa con el peronismo? ¿Se agotó?</strong> <strong>Incluso los que se llaman a sí mismos peronistas, ¿creen que serlo es “piantavotos?</strong> Una de las cosas que debe reconocerse es que el paso del tiempo es inexorable, y que las figuras políticas relevantes se desdibujan con él. Incluso cuando sus participaciones en la vida pública hayan sido superlativas, sus medidas, propuestas o improntas son acomodadas a su época, tal vez con una visión de futuro, pero nunca eternas. Posiblemente si Perón, <strong>Yrigoyen</strong> o incluso <strong>Mariano Moreno</strong> viviesen hoy, sus ideas base serían las mismas que en sus tiempos, pero su aplicación, instrumentación e incluso su “puesta en escena” serían muy diferentes.</p>
<p>También es cierto que cuando los procesos políticos son muy personalistas, el mero paso del tiempo diluye el liderazgo. <strong>El Perón profundamente transformador de 1950 sólo es conocido por gente que hoy tenga más de 73 años.</strong> Porque para saber medianamente de qué se trataba, sentir con cierta lucidez el imán del líder, debía tenerse al menos 10 años a 1950. Si a eso se suma que las estadísticas electorales indican que en 2015 la mitad de los electores tendrán menos de 40 años, la dilución del peronismo es lógica y casi obvia.</p>
<p>El Perón posterior, el que algunos podemos recordar con cierta nitidez, fue el que volvió en los &#8217;70, con un país diferente, con problemáticas distintas y un grado de conflictividad que el General no pudo resolver. No es un peronismo “para recordar” como la base de un diseño político futuro.</p>
<p><strong>¿Esto quiere decir que murieron las ideas del peronismo?</strong> Por cierto que no. Al menos no muchas de ellas que resultaron fundacionales, como el concepto de <strong>justicia social</strong>, por ejemplo. Sin embargo, hoy forman parte de un “diseño” de plexo de derechos mucho más ampliado, al que llamamos con mayor precisión &#8221;<strong>derechos humanos</strong>&#8220;<strong>.</strong> Y ese esquema se ha desarrollado con tanta velocidad en los últimos 50 años que ha subsumido, por ejemplo, a los derechos de los trabajadores dentro de ellos. Nadie puede negar hoy la necesidad de respetar y profundizar los derechos humanos. Pero toda la ideología peronista gira alrededor de una porción de tales derechos. En ese sentido<strong>, la frase de Perón, “peronistas somos todos”, fue una lectura del futuro.</strong></p>
<p>Más allá de que se haga en mayor o menor medida, con un matiz o con otro, ninguna expresión política de estos tiempos, con alguna aspiración de alcanzar el mandato popular, puede negar la necesidad de la existencia del derecho del trabajo por ejemplo, que expresa mecanismos de equidad jurídica entre el más débil, el trabajador, y el más fuerte, el empleador. Ni tampoco la necesidad de que existan mecanismos de generación de empleo en condiciones dignas, o de proteger las fuentes de trabajo nacionales, o el derecho de huelga o las potestades de los trabajadores de agremiarse y defender todos juntos sus reclamos.</p>
<p>Pero eso será, en todo caso, el aporte histórico que el peronismo hizo a los argentinos. No forma parte de una batalla actual, ya es una conquista inalienable, pero pasada. Por eso no integra los discursos de campaña, así como tampoco están en la escenografía de campaña los iconos de aquellos logros.</p>
<p>Antes del advenimiento del kirchnerismo, hubo otra expresión política que dio el primer paso en este proceso de “disolución” del peronismo. Fue el <strong>menemismo</strong>, que entremezcló en sus filas sectores devenidos de fuerzas políticas que en nada coincidían con la doctrina peronista, como la por entonces pujante <strong>UCeDe</strong>. Y esa mixtura al menos extraña generó secuelas, no fue un hecho momentáneo. Tanto es así que muchas figuras “peronistas” de hoy provienen de aquella UCeDe. <strong>El propio Massa fue un militante juvenil del partido de Álvaro Alsogaray</strong>. Y si vamos al riñón kirchnerista, <strong>Amado Boudou</strong>, nada menos que el vicepresidente K, o <strong>Ricardo Echegaray</strong>, titular de la <strong>AFIP</strong>, provienen de la misma cuna.</p>
<p>Esto explica, por ejemplo, la estética massista del acto de lanzamiento. O la guitarra de Boudou en sus presentaciones. Algunos pueden decir que son pragmáticos. Yo creo que la mejor definición es que son híbridos, su origen es confuso, mestizo; salvo dentro de las organizaciones del movimiento obrero, no hay ya puros.</p>
<p><strong>Todavía hay muchos dirigentes que ciertamente se reputan a sí mismos peronistas. Pero cuando uno los escucha hablar, queda claro que no son “de aquellos peronistas”</strong>. No tienen nada que ver. Uno sospecha, en realidad, que se hacen eco del mito popular de que “en este país sólo pueden gobernar los peronistas”, y que para sentir que tienen la posibilidad de acceder a espacios de poder, o crecer a partir de los que ya tienen, deben autodenominarse peronistas.</p>
<p>Desde tal idea, <strong>parece que ser peronista, por estos días, tiene más relación con el preconcepto social del supuesto modo que el peronismo tiene de ejercer el poder, que lo hace el único viable</strong>. “Me hago llamar peronista para que la gente sepa que yo puedo gobernar” o porque “me otorga un halo de persona decidida”. Pero el peronismo no es un “carácter”. Es una forma de pensar la política, una ideología. En todos los sectores políticos hay personas con carácter para ejercer el gobierno y tomar las decisiones y otras que no. Solamente por citar ejemplos: ¿que <strong>Daniel Scioli</strong> nunca termine de decidir qué hacer lo hace un estratega porque es supuestamente peronista, y a cualquier otro lo transformaría en un pelafustán porque no se autoproclame peronista? Lo mismo hubiese cabido en su momento a <strong>Carlos Reutemann</strong>.</p>
<p>De hecho, la sociedad se niega a recordarlo por algún mecanismo de psicología social intrincado, pero la<strong> Asamblea Legislativa</strong> de enero de 2002 nominó a <strong>Eduardo Duhalde </strong>para terminar el mandato de <strong>Fernando De la Rúa</strong>, hasta el 10 de diciembre de 2003. <strong>Y el poderoso cacique bonaerense fue incapaz de terminar ese mandato</strong>. Por un evento que costó la vida de dos personas en la Estación de tren de <strong>Avellaneda</strong>, adelantó 6 meses las elecciones y 8 la entrega del poder a <strong>Néstor Kirchner</strong>. Ese solo hecho debió dar por tierra con el mito de que solo los peronistas terminan sus mandatos. Duhalde, a quien nadie puede negarle su peronismo casi en estado puro, recibió manda constitucional por 23 meses y sintió la necesidad de abandonar ese mandato luego de sólo 15. La realidad es que entregó el poder tres meses antes que, por ejemplo, <strong>Raúl Alfonsín</strong>. En términos porcentuales, Alfonsín gobernó el 93% del mandato otorgado, mientras que Duhalde, peronista, solo llegó a cumplir el 65% del suyo, poco más que Fernando De la Rúa que aneas superó el 50% en un gobierno de coalición como era la Alianza, que también incluía peronistas disidentes, como el llamado <strong>Frepaso</strong>, del cual buena parte de sus cuadros eran de origen peronista.</p>
<p>Por ende, no es disparatado evaluar que buena parte de los dirigentes políticos que hoy se autopostulan como peronistas en realidad lo hacen para continuar el poco consistente mito popular que prescribe que solamente siendo peronista se puede ejercer el poder. Pero cuando se trata de la captación de voto, de buscar la identificación del elector con su idea o sus candidatos, se recurre a estéticas despojadas de peronismo, o diluidas, como el caso de la boleta del Frente para la Victoria, con el rostro de Kirchner.</p>
<p>¿<strong>Esto implica que murió el peronismo, que ya no existe?</strong> Depende de cómo se lo vea. El peronismo dejó su huella indeleble en la historia, grandiosa o nefasta, depende quién sea el observador, y no es tema de estas líneas esa evaluación, aunque el suscripto se inclina por valorar los extraordinarios logros que obtuvo a mediados del siglo pasado. Lo que sí parece quedar claro es que <strong>los protagonistas de la política de hoy no consideran al peronismo una matriz idónea para la captación del voto</strong>, y eso lo conduce inequívocamente a ocupar su destacadísimo lugar en la historia, y un espacio cada vez menos definitorio en el presente y futuro.</p>
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