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	<title>Iván Petrella</title>
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		<title>Cultura y paz</title>
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		<pubDate>Tue, 31 May 2016 03:00:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cumbre Iberoamericana de Ministros de Cultura]]></category>

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		<description><![CDATA[“Lograr la paz es mucho más que silenciar las armas. Lograr la paz es desarmar nuestro espíritu, promover la convivencia, reconocer la belleza de la diversidad, en todo esto la cultura es fundamental”, fueron las oraciones que más me gustaron del discurso del presidente colombiano Juan Manuel Santos. Lo dijo en la apertura de la... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2016/05/31/cultura-y-paz/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>“Lograr la paz es mucho más que silenciar las armas. Lograr la paz es desarmar nuestro espíritu, promover la convivencia, reconocer la belleza de la diversidad, en todo esto la cultura es fundamental”, fueron las oraciones que más me gustaron del discurso del presidente colombiano Juan Manuel Santos.</p>
<p>Lo dijo en la apertura de la Cumbre Iberoamericana de Ministros de Cultura, en Cartagena de Indias, Colombia, donde tuve el honor de representar al ministro Pablo Avelluto y a nuestro país. El espacio iberoamericano se compone de 22 países y estábamos reunidos para compartir ideas, mejores prácticas, aprendizajes. Tengo que destacar el gran recibimiento al nuevo Gobierno de Cambiemos. Todos los países expresaron el deseo de que la Argentina se involucre de manera más activa en la agenda cultural iberoamericana y global. Es fundamental que así sea.</p>
<p><b>El gran problema de la pobreza y la desigualdad que azota a toda la región, por ejemplo, no se puede solucionar sin un ambicioso programa cultural</b>. Hay que hacer cloacas, calles y escuelas. Pero la arquitectura física de por sí sola no alcanza, hace falta también la arquitectura social, el saneamiento de un tejido social lastimado por años de crisis y conflictos. Es un desafío netamente cultural, de cambio cultural.<span id="more-81"></span></p>
<p>Los desafíos globales también demandan soluciones que no escapan del ámbito de la cultura. El problema del cambio climático, por ejemplo, no se va resolver solamente desde la inversión en energías renovables. Requiere de un cambio de conciencia ciudadana. El drama de los más de cincuenta millones de refugiados obviamente surge de guerras y Estados fallidos, pero también es el producto de la incapacidad de trasladar la noción del “nosotros” a personas que hoy se ven como “ellos”. Expandir las fronteras de la solidaridad es otro desafío cultural. La Argentina, por su peso político y su tradición, puede y debe jugar un papel relevante en estos ámbitos y debates globales.</p>
<p>Todo esto son ecos de las palabras del Presidente colombiano que vale la pena leer de nuevo: “Lograr la paz es mucho más que silenciar las armas. Lograr la paz es desarmar nuestro espíritu, promover la convivencia, reconocer la belleza de la diversidad”. Y se dijeron en Colombia, donde existe la posibilidad de cerrar el conflicto armado más antiguo del hemisferio; uno que ya tiene cincuenta años de sangre y en el que desfilaron grupos de extrema izquierda, de derecha, represión estatal por fuera de la ley y cárteles de narcotráfico, entre otros. Y lo peor: miles y miles de inocentes asesinados y desplazados.</p>
<p>Ojalá que se abra una nueva etapa de convivencia, solidaridad y aprendizaje entre todas las identidades culturales que integran Iberoamérica. Tenemos mucho para ofrecer al mundo.</p>
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		<title>Algunas cosas ya cambiaron</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Nov 2015 03:00:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La victoria de Mauricio Macri frente a Daniel Scioli pone fin a uno de los procesos electorales más emocionantes de nuestra joven democracia. Y, aunque probablemente estos meses se estudien una y otra vez en los años por venir, ya se pueden hacer algunas observaciones para intentar explicar lo que sucedió el domingo. Las estrategias... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2015/11/22/algunas-cosas-ya-cambiaron/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La victoria de Mauricio Macri frente a Daniel Scioli pone fin a uno de los procesos electorales más emocionantes de nuestra joven democracia. Y, aunque probablemente estos meses se estudien una y otra vez en los años por venir, ya se pueden hacer algunas observaciones para intentar explicar lo que sucedió el domingo.</p>
<p>Las estrategias electorales de ambos frentes, en primer lugar, fueron diametralmente opuestas. Cambiemos, surgido del encuentro de PRO, la Coalición Cívica y la Unión Cívica Radical, optó por decidir su candidato presidencial mediante las PASO. Lejos de desgastar, esto legitimó a Mauricio Macri como candidato. El Frente para la Victoria hizo lo contrario: frustró con verticalismo las aspiraciones de Florencio Randazzo y se inclinó muy rápido por el resistido Scioli. Esta falta de competencia legitimadora hizo que el candidato oficialista tuviera que destinar mucha energía a convencer al kirchnerismo más ortodoxo de que él los representaba, mientras muchos de estos decían que lo votarían a regañadientes.</p>
<p>Algo similar ocurrió con el debate. Scioli, bajo la verdad no comprobada de que el que lidera la intención de voto no debate porque no le conviene, decidió no asistir y posibilitó que todos los candidatos no oficialistas compartieran un escenario y una foto ante un atril vacío. <b>Creo</b><b> que pocas cosas en toda la campaña hicieron más por acercar a los votantes opositores que esa decisión del oficialismo </b><b>de no reconocer que el debate tenía un significado que trascendía la campaña y los candidatos</b>: era el primer debate presidencial de la historia de nuestro país.<span id="more-75"></span></p>
<p>Otro factor clave fue la campaña para la segunda vuelta. Cambiemos optó por mirar a futuro y centrar su discurso en el objetivo de la pobreza cero, la lucha contra el narcotráfico y la unión de los argentinos. El Frente para la Victoria optó por el miedo: convertirse en voceros de todo lo que un Gobierno de Macri supuestamente haría, resaltar la idea de que quienes votaban por Cambiemos lo hacían engañados. Finalmente, uno de los candidatos les decía a las personas que podían estar mejor y otro les indicaba que podían perder lo que tienen. El error fue la vanidad: el ciudadano no estaba tan satisfecho con el Gobierno nacional como para no querer nada más.</p>
<p>También fue importante la comparación entre dos candidatos presidenciales que aún hoy ejercen la máxima función ejecutiva en sus distritos. Mientras Macri logró elegir a su sucesor tras ocho años de Gobierno y que este triunfara en tres elecciones consecutivas (PASO, primera vuelta y ballotage), Scioli no sólo falló en su apuesta por Julián Domínguez, sino que perdió la provincia de Buenos Aires ante María Eugenia Vidal, la revelación del año electoral. El resultado asimétrico puso de manifiesto algo que ya era una verdad incómoda para el oficialismo: Mauricio Macri se desempeñó mejor que Daniel Scioli, no solamente como gobernante, sino también como líder político.</p>
<p>Finalmente, no se pueden analizar las elecciones sin hablar del comportamiento de la ciudadanía. Paradójicamente, es a partir de conceptos de Ernesto Laclau, sostén teórico de gran parte del discurso kirchnerista, que se puede explicar la derrota del Frente para la Victoria. Según Laclau, el pueblo se constituye como subjetividad social a través de un proceso en el que demandas particulares, llamadas “democráticas”, se articulan de manera cada vez más amplia. El kirchnerismo, en su creciente divergencia entre relato y realidad, se alejó cada vez más de esas demandas. Dejó de oír los reclamos de la gente diciendo que eran la expresión de los poderosos y esas demandas democráticas fueron, precisamente, las que se unieron de manera cada vez más amplia y llevaron a la mayoría de argentinos a elegir un cambio.</p>
<p><b>Más allá de las enormes expectativas que recaen sobre el </b><b>nuevo Gobierno</b><b>, el proceso electoral ya trajo cosas positivas.</b> Será raro que, en el futuro, un aspirante presidencial opte por no competir en internas para ganarse su lugar y se niegue a debatir con sus oponentes. Será contraindicado centrar toda una campaña en el miedo y el rechazo al otro candidato y no en las propias propuestas y virtudes. Será difícil que se apueste por alguien que no tiene grandes logros de gestión anteriores que lo posicionen para ser presidente. Y, por sobre todas las cosas, probablemente se escuchará más a la ciudadanía cuando empiece a murmurar su deseo de cambio. Por suerte, algunas cosas ya cambiaron.</p>
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		<title>Democracia sin miedo</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Nov 2015 03:00:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Campaña electoral]]></category>
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		<description><![CDATA[Las campañas políticas basadas en el miedo no son una novedad. Sin embargo, no siempre se reconoce una verdad incómoda: la campaña del miedo no es en realidad una campaña contra un candidato particular, sino una campaña contra la democracia misma. Puede servir para que gane un candidato, pero es la democracia la que siempre... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2015/11/05/democracia-sin-miedo/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Las campañas políticas basadas en el miedo no son una novedad. Sin embargo, no siempre se reconoce una verdad incómoda: la campaña del miedo no es en realidad una campaña contra un candidato particular, sino una campaña contra la democracia misma. Puede servir para que gane un candidato, pero es la democracia la que siempre pierde.<b></b></p>
<p>En <i>Creative Democracy</i>, el gran filósofo norteamericano John Dewey advertía que la democracia no es algo que se preserve por sí misma. Dicho de otra manera, hay que dejar de lado la idea de que una vez puesto en marcha un régimen democrático el trabajo ya está terminado. Una idea muy característica de Dewey es que la democracia es un modo de vida e, incluso, un modo personal e íntimo de vida. En este sentido, la democracia implica que cada uno tenga y practique un conjunto de actitudes y conductas acordes.</p>
<p>Esto lleva a una conclusión fundamental: no es que las personas se ajusten a las instituciones democráticas, sino que esas instituciones son expresiones de las actitudes y las disposiciones de las personas. Sin incorporar esta dimensión personal corremos el riesgo de que nuestra democracia quede como un simple mecanismo formal: una cáscara que, en realidad, no protege nada.<span id="more-69"></span></p>
<p>Adoptar una perspectiva como esta lleva a entender que el régimen democrático no se encuentra amenazado solamente desde los extremos de los golpes de Estado, sino que se erosiona con el deterioro de las actitudes y las conductas personales de los ciudadanos y los gobernantes. Por ejemplo, si somos intolerantes con las opiniones con las que no coincidimos, el resultado es la limitación de la comunicación entre nosotros, que conduce a una sociedad dividida en facciones y con barreras entre las personas cada vez más difíciles de cruzar.</p>
<p><b>Una democracia más fuerte requiere confiar en la cooperación para resolver las disputas, basándonos más en la conciliación de los puntos de vista que en la victoria de uno y la derrota del otro</b>. Requiere también dejar de lado las actitudes vengativas, la ridiculización y la intimidación. Implica aceptar las diferencias y no querer aplastarlas, viendo que lo que no es como nosotros no nos amenaza, sino que nos enriquece. Por sobre todas las cosas, hay que aceptar que la democracia, que es el Gobierno de todos, funciona mejor cuando suponemos que el otro es una persona decente y falla cuando sospechamos que sólo quiere dañarnos.</p>
<p><b>La campaña del miedo es la antítesis de esto</b><b> y por eso atenta contra la democracia. </b><b>Es la suposición de que un frente electoral quiere el poder para dañar a los argentinos.</b> Es la agresividad ante sus votantes, a los que se trata como si fueran malas personas y se agrede constantemente. Es la idea de que no importa insultar o mentir si se trata de imponer el punto de vista propio. Llevadas al extremo, estas actitudes conducen a escenas como la de una nena llorando en un video por el resultado de las elecciones y su madre que le dice, a modo de consuelo, que si Mauricio Macri es presidente van a ir a Plaza de Mayo a sacarlo. El miedo afianza divisiones y culmina en una triste paradoja: se cree que se defiende la democracia, pero en realidad no se hace más que perjudicarla.</p>
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		<title>Jóvenes, viejos y el cambio que necesitamos</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Oct 2015 03:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Esperanza de cambio]]></category>
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		<description><![CDATA[Ser joven no es una virtud ni un defecto, como tampoco lo es ser viejo. Sin embargo, en política es habitual escuchar valoraciones positivas de lo uno y de lo otro: “Qué bueno que los jóvenes se involucren en política”, dicen algunos; o resaltan la virtud de la experiencia de un candidato. La realidad es... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2015/10/18/jovenes-viejos-y-el-cambio-que-necesitamos/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ser joven no es una virtud ni un defecto, como tampoco lo es ser viejo. Sin embargo, en política es habitual escuchar valoraciones positivas de lo uno y de lo otro: “Qué bueno que los jóvenes se involucren en política”, dicen algunos; o resaltan la virtud de la experiencia de un candidato. La realidad es que lo importante es menos la edad que la capacidad para hacer algo distinto, para aprender, para cambiar: jóvenes o viejos, tras muchos años de estancamiento, Argentina necesita cambiar.</p>
<p>La virtud viene de lo que hacemos con nuestras vidas, no de la edad que tenemos. Lo que sí traen los jóvenes es la esperanza del cambio. Por definición, nacieron y crecieron en el mundo que sus padres crearon y en gran medida lo entienden mejor. Manejan mejor la tecnología que sus padres, se comunican al doble de velocidad que ellos y procesan una cantidad de información impensable décadas atrás. Es cierto que la juventud es un accidente cronológico, pero también lo es que parece ser la astucia de la historia para que, paso a paso, avancemos y progresemos.</p>
<p>Esa esperanza de cambio, sin embargo, no siempre se cumple. Un peligro viene de la idea, aparentemente bienintencionada, de: “Los jóvenes son el futuro”. Por un lado, lo serán sólo y en cuanto se sumen a construir el futuro. Pero el problema es otro: <b>la idea, el mantra, el c</b><b>liché de que los jóvenes son el futuro es también una manera sutil de robarles el protagonismo en el presente</b>. Si son el futuro, les toca esperar y su momento aún no llegó. Muchas veces, cuando un político más viejo le dice al joven que su tiempo es el futuro, simplemente está posponiendo su llegada a la discusión del ahora. Este peligro se salva haciendo algo muy sencillo: no posponiendo la participación y la discusión para otro momento.<span id="more-64"></span></p>
<p>También puede ocurrir que los jóvenes queden atrapados en estructuras antiguas y así no puedan dar nunca lo mejor. <b>Otra manera de perder la fuerza transformadora es no cuestionando los consensos de los padres</b>. En ese sentido, hay un parte de la juventud en política que siempre se mira en el espejo del capítulo más triste de nuestra historia, el del terrorismo, la dictadura y los desaparecidos. La memoria lleva a tener muy presente cuánto costó llegar a la democracia, la que a veces naturalizamos y hace falta colocar el recuerdo presente. Pero el discurso de la memoria corre el peligro de conducir a un resultado indeseado: el de una juventud paralizada fuera de su tiempo.</p>
<p>Hay un tercer peligro que deriva de una asociación que se suele hacer entre el lugar de la juventud en política con la militancia, entendiendo militancia como una defensa acérrima de ideas o convicciones establecidas por otras personas, por personas mayores. No hay virtud en “bancar” una causa o una bandera por el mero hecho de bancar. Creo que Nietzsche tenía razón cuando decía que el verdadero coraje no es el de defender las convicciones, sino el de cuestionarlas. La idea de que el lugar de los jóvenes es “bancar” una causa o ser un “soldado” es otra manera de robarles protagonismo. Es una postura que los pone en el lugar de simple acompañante y no de productor o transformador de la realidad. Nuevamente, como con la idea de que son el futuro, les quita protagonismo.</p>
<p>Lo peor que les puede pasar a los jóvenes es tener que empezar a hacerse cargo no sólo del mundo que heredan, sino también de mochilas que nos les corresponden. Deberían escapar siempre de ese lugar de relleno, de las viejas etiquetas y hacer lo contrario: traer categorías y perspectivas nuevas a la política. El futuro se hace con todos: los viejos, los jóvenes y los que están por venir. El futuro argentino será distinto si todos ellos, pero, sobre todo, si los jóvenes se animan a probar cosas distintas, a estirar los límites, a encarnar esa esperanza de cambio. Somos, individualmente y como país, lo que hacemos con nuestra libertad. Si queremos la transformación del país, necesitamos que los jóvenes traigan algo nuevo en serio.</p>
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		<title>Una tarea ineludible</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Oct 2015 10:20:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El martes, Mauricio Macri anunció el Plan Belgrano para el norte argentino. Basta con una recorrida por las provincias a las que afectaría para encontrar una realidad ineludible: Argentina es un país que funciona a dos velocidades. Por un lado, tenemos el centro, relativamente integrado a la economía internacional y con estándares educativos, sociales y... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2015/10/03/una-tarea-ineludible/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El martes, Mauricio Macri anunció el Plan Belgrano para el norte argentino. Basta con una recorrida por las provincias a las que afectaría para encontrar una realidad ineludible: Argentina es un país que funciona a dos velocidades.</p>
<p>Por un lado, tenemos el centro, relativamente integrado a la economía internacional y con estándares educativos, sociales y económicos cercanos a los países desarrollados. Por el otro, el norte, donde la situación es completamente distinta y su desarrollo se dificulta cada vez más, con una desigualdad no atendida por las sucesivas políticas económicas y los distintos Gobiernos.</p>
<p>Para revertir este proceso <b>hay que hacer que el norte crezca de manera sostenida por encima del promedio del país. Y no hay forma de lograrlo sin una intervención específica por parte del Estado</b>, porque, con el marco actual, la brecha no hace más que ampliarse. Desde Cambiemos sentimos que la obligación de impulsar esta tarea no es solamente económica, es también moral.<span id="more-57"></span></p>
<p>Argentina tiene que aspirar a tener una sociedad equitativa. Todos los argentinos tendríamos que tener la posibilidad de desarrollar nuestro máximo potencial y no empezar condicionados por el lugar donde nacimos. El garante por excelencia de esa igualdad de oportunidades tiene que ser el Estado. Hay un dato que habla por sí solo: El 25 % de los niños menores de diez años de nuestro país vive hoy en el norte argentino. Lo mismo ocurre con la población de entre 10 y 17 años, 27 % de los adolescentes del país. <b>Una gran proporción de nuestro futuro crece hoy en zonas empobrecidas y sin capacidad para desarrollar proyectos ambiciosos de vida</b>. Es una situación que simplemente no podemos aceptar.</p>
<p>El marco moral lleva a las cuestiones técnicas: Un norte relegado conduce a una Argentina con menor producción. En zonas postergadas aparece, además, una fuerte vulnerabilidad territorial. Es el terreno fértil en el que crecen amenazas del siglo XXI como el narcotráfico y los Estados paralelos. La realidad es que hoy el Gobierno no planifica esta región y se limita a ser un empleador de último recurso. En otras palabras, cumple una función puramente paliativa que nunca puede ser suficiente. Tendría, en cambio, que actuar de manera proactiva: invertir en cloacas, agua, caminos, educación, salud; diseñar el futuro con políticas de largo plazo que ayuden a desarrollar el capital humano de toda la región.</p>
<p>En las economías regionales está el potencial del desarrollo, pero es imposible que se dé con los actuales impuestos al trabajo, las retenciones, los altos costos logísticos y de infraestructura productiva y social postergada. La solución sólo vendrá de la mano de un Gobierno que aplique políticas públicas inteligentes y sostenidas en el tiempo, pero también transparentes, automáticas y que no discriminen por personalismos o sectores. No hay demasiadas dudas de que este Gobierno no pudo o no quiso seguir ese camino.</p>
<p>En la vereda opuesta, el Plan Belgrano de Mauricio Macri representa un gran avance y una promesa que permite ilusionarse: un plan de acción específico para el Norte Grande, que intenta quebrar una tendencia histórica y permitir un desarrollo más armónico del país, de su integración regional y de la tan buscada igualdad de oportunidades. Pensar y planificar para esta región es una tarea ineludible de cara a la Argentina que todos queremos construir.</p>
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		<title>Intelectuales por el cambio</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 03:00:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace unas semanas, en una reunión del Grupo Manifiesto, un reconocido filósofo argentino criticaba con dureza al kirchnerismo y a Daniel Scioli en particular. Respecto de Mauricio Macri, pese a expresar diferencias personales hacia él y algunas críticas al PRO, señalaba que la gestión en la ciudad de Buenos Aires había sido muy buena. Por... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2015/09/14/intelectuales-por-el-cambio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unas semanas, en una reunión del Grupo Manifiesto, un reconocido filósofo argentino criticaba con dureza al kirchnerismo y a Daniel Scioli en particular. Respecto de Mauricio Macri, pese a expresar diferencias personales hacia él y algunas críticas al PRO, señalaba que la gestión en la ciudad de Buenos Aires había sido muy buena. Por eso sorprendió cuando cerró su exposición diciendo que, en un eventual ballotage, lamentaba inclinarse por Scioli y no por Macri.</p>
<p>Para justificar su postura ejerció un pesimismo resignado. En su intento por desterrar prácticas políticas como el clientelismo, el nepotismo y la corrupción, un Gobierno de Cambiemos tendría problemas de gobernabilidad. <b>Temía que eso, sumado al legado institucional y económico que deja el kirchnerismo, pudiera conducir a una crisis similar a la de diciembre de 2001.</b> El kirchnerismo en el poder, en cambio, significaría la continuación de la degradación actual, pero eso sería mejor que arriesgar otro estallido. Se trata de una postura frecuente en el ambiente intelectual opositor: creer que nada realmente puede cambiar y que lo máximo a lo que podemos aspirar es a hacer más lento el proceso de deterioro que sufrimos.<span id="more-49"></span></p>
<p>Esa falta de esperanza de cambio también asume otras formas en el mundo intelectual. <b>Están los que, como Beatriz Sarlo, opinan que Macri y Scioli son “hermanitos gemelos”: Dos candidatos que serían expresión de lo mismo</b>. Ante una alternativa que ven como falsa, suelen llamar a votar por candidatos minoritarios, que no tienen opción real de hacer frente al caudal de votos que acompaña al Frente para la Victoria. Acá también hay resignación: cerrarse en proyectos políticos que no terminan de encontrar el camino para convertirse en mayoría. Es una postura que favorece el <i>status quo</i> y en ese sentido <b>todo lo contrario a lo que el director de la Escuela de Frankfurt, Axel Honneth, recientemente definió como la tarea del intelectual: aumentar la confianza de la ciudadanía en su capacidad de mejorar su democracia</b>.</p>
<p>Ya estamos en camino. En las PASO, el Frente para la Victoria obtuvo 38 % de los votos, un claro retroceso respecto del 50 % de Cristina Kirchner en las primarias de 2011. También hubo un crecimiento de la oposición. En las elecciones de 2007, la opción opositora mejor posicionada fue la Coalición Cívica, que obtuvo 23 % y quedó a más de veintidós puntos del oficialismo. En 2011 el opositor más votado fue Hermes Binner, pero el 17 % de su Frente Amplio Progresista aparecía a 37 puntos de la fórmula ganadora. Mirando esto, los ocho puntos que separaron a Cambiemos del Frente para la Victoria son auspiciosos para una visión de cambio.</p>
<p>Ernesto Sanz entendió perfectamente lo que está en juego. Su planteo en la Convención de Gualeguaychú de formar un frente con la Coalición Cívica y el PRO fue el puntapié inicial para el surgimiento de Cambiemos. Para eso, tuvo que poner la necesidad del país antes que todo lo demás: Tuvo que pedirle a la Unión Cívica Radical y a los radicales que se atrevieran a hacer algo distinto para llegar a un futuro diferente. El PRO y la Coalición Cívica también tuvieron que cambiar. Nadie se ató a identidades fijas o prejuicios, todos vieron la relevancia histórica del momento e hicieron una apuesta por un nuevo experimento político de esos que hacen a la democracia. En ese experimento también hay lugar para los progresistas, los socialistas, los peronistas y todos aquellos que quieren un país mejor y a quienes hoy les cuesta encontrar opciones electorales competitivas que los representen. Cambiemos es un futuro donde hace falta de todos y donde se habla, se escucha, se discute, se vuelve a escuchar. Mientras que en la continuidad del kirchnerismo no parece haber mucho lugar para la palabra distinta.</p>
<p>En contra de posturas intelectuales como las anteriores, es fundamental mantener la esperanza de que nuestro país pueda cambiar. <b>No sirve entronizar a la gobernabilidad, un fetiche conveniente para Gobiernos que violan preceptos básicos de la democracia y nunca logran resultados aceptables ni en lo social ni en lo económico</b>. Tampoco es razonable cerrarse en decir que Scioli y Macri son indistinguibles, cuando tenemos en la memoria a la provincia de Buenos Aires bajo el agua, la muerte de Jorge Ariel Velásquez o las escandalosas elecciones en Tucumán.</p>
<p>Podemos hacer que los doce años de kirchnerismo no se conviertan en dieciséis. Pero para eso hay que dejar atrás la resignación de decir que todos los candidatos competitivos dan igual o que lo mejor es perseverar en la conocida decadencia controlada.</p>
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		<title>El desafío de ser mayoría</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Aug 2015 09:00:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Ya pasó más de una década, pero la historia es bien conocida. Con la crisis de 2001 y el final del Gobierno de la Alianza colapsó el sistema de partidos. Era la época del “Que se vayan todos”, el radicalismo había desaparecido del escenario político y el peronismo, con el Gobierno de Eduardo Duhalde, pasaba por una enorme crisis de legitimidad.<b> </b><b>Ese contexto de crisis y descreimiento fue el terreno en el que surgieron los dos grandes emergentes políticos del siglo XXI argentino: el kirchnerismo y PRO</b>. Sin embargo, lo particular y peculiar de PRO es que no surgió dentro de una fuerza ya existente, como el kirchnerismo dentro del peronismo, sino por fuera de la política tradicional.</p>
<p>Este arribo de <i>outsiders </i>a la política es un rasgo común en los últimos años en América Latina. En este sentido, muchas veces se dice que el PRO es moderno. Habría que agregar que lo es no solo como un deseo, sino también como una realidad inevitable: Es el único de los grandes actores de la política argentina que nació plenamente en este siglo y no en el pasado o en el anterior. Por eso le suenan tan externas y extrañas las críticas que lo vinculan con Gobiernos y experiencias políticas con los que nunca convivió; críticas que además lo desconciertan, porque, paradójicamente, esa es la situación de sus contrincantes y sus denunciantes que sí formaron parte de Gobiernos y experiencias políticas por lo menos erráticas.<span id="more-38"></span></p>
<p>En este 2015, PRO está en su mejor momento como partido político y también enfrenta sus mayores desafíos. Retuvo con autoridad el distrito que lo vio nacer, a pesar de la difícil prueba de no contar con Mauricio Macri en la boleta; crece hace dos años a nivel nacional, comienza a instalarse en varias provincias y a ser noticia en cada vez más municipios. Los resultados de las últimas elecciones lo colocan como ganador de su interna y la opción opositora más competitiva. Además, junto con Cambiemos, logró una elección excelente en la provincia de Buenos Aires, la columna vertebral de la política tradicional peronista, lo que sorprendió a los analistas políticos y demostró que hay nuevos liderazgos dentro de las filas.</p>
<p>Ese crecimiento trae una nueva discusión a la que tarde o temprano llegan las fuerzas políticas cuando logran proyección nacional. Es el dilema de ser un partido de ideas o convertirse en un partido de mayorías. El ejemplo histórico de un partido de ideas, aunque no el único, es la Unión del Centro Democrático o UCeDé, fundada en 1982 por Álvaro Alsogaray. Sus miembros predicaban y defendían una combinación entre el conservadurismo en lo político y la libertad de mercado en lo económico, que tuvo fuerte impacto en la escena política de la década de 1980, con un Gobierno que se colocaba en una posición bastante opuesta a esos lineamientos.</p>
<p>La declinación de la UCeDé es bien conocida: el Gobierno peronista de Carlos Menem adoptó un marco de ideas similares a las del partido de Alsogaray, cuyos miembros o bien se unieron al Gobierno para nunca más separarse del peronismo o pasaron al segundo plano de la política argentina. Pero no es el único caso de partidos que aparecen, crecen y luego desaparecen o se vuelven intrascendentes en el escenario del país. De hecho, es un riesgo bastante común para quienes pretendieron ocupar un tercer lugar o una tercera vía más allá del peronismo y el radicalismo.</p>
<p>El Frente Progresista Cívico y Social, por ejemplo, alcanzó en 2007 su primera gobernación con la victoria de Hermes Binner en Santa Fe. Cuatro años más tarde, en 2011, el Frente volvió a ganar a nivel provincial con Antonio Bonfatti, mientras Hermes Binner obtenía el segundo lugar en la elección presidencial como candidato del Frente Amplio Progresista. En 2015, el Frente retuvo por un margen muy pequeño la gobernación, pero no tiene candidato a presidente y Binner, como candidato a senador nacional, obtenía el domingo un inapelable cuarto puesto.</p>
<p>La UCeDé y el Frente Progresista tienen muchas diferencias y algo en común: Se constituyeron al principio como partidos de ideas, pero no pudieron o no quisieron dar el salto y transformarse en partidos de mayorías. En esa incapacidad estuvo marcada, aun en sus momentos de mayor popularidad, su fecha de vencimiento. La UCeDé perdió su razón de ser cuando sus ideas se convirtieron en agenda de Gobierno. El discurso del Frente Progresista, popular hace unos años, se aleja cada vez más del éxito en las urnas al corresponderse cada vez menos con el clima de época. Puede no sonar del todo bien, pero se necesita algo más que ideas para ocupar un lugar relevante y sostenido en el tiempo en la escena principal de la política.</p>
<p>PRO es un partido político y, como tal, tiene sus propias ideas, que han expresado su principal figura, Mauricio Macri, su bloque de diputados nacionales desde 2003 y sus acciones como el partido que gobierna la ciudad de Buenos Aires desde 2007. Nadie podría dudar de ello. <b>Con esas ideas se ha opuesto al kirchnerismo y a su Gobierno por más de una década, remarcando una y otra vez que no compartía ni el proyecto oficialista para el país, ni su concepción de la república o de la democracia</b>. Pero además de las ideas, PRO tiene la voluntad de ser un actor de primera plana de la política argentina. De allí, también, el surgimiento del frente Cambiemos. Quiere ganar estas elecciones presidenciales y muchas más elecciones en el futuro del país. El primer plano lo ocupa la voluntad de representar a la mayoría, de escucharla y de entenderla, y nunca de pelearse con ella desde la seguridad de cristal de un discurso para pocos. Eso se llama voluntad de poder.</p>
<p>PRO es un partido joven con aspiraciones grandes: disputar con Mauricio Macri la presidencia de la nación en una democracia en la que en los últimos doce años el kirchnerismo no ha tenido contendientes reales. Ahora sí la tiene, porque más allá de las ideas, el fondo de la cuestión es la voluntad política. La voluntad de convertirse en un nuevo partido de mayorías a partir de la interpelación de la ciudadanía de un modo acorde con el siglo en el que vivimos. Mostrar, ya en el día a día, desde el Gobierno nacional, que otra forma de hacer política es posible.</p>
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		<title>¿Continuidad o cambio?</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Jul 2015 03:00:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A solo unos meses de las elecciones presidenciales, la gran discusión política pasa entre prorrogar cuatro años más de kirchnerismo o apostar a otra alternativa: detrás de la consigna “continuidad o cambio” se esconde nuestro destino próximo como país. Pero, ¿qué contenido hay detrás del binomio? Intentar responder a esta pregunta es de una importancia... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2015/07/11/continuidad-o-cambio/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A solo unos meses de las elecciones presidenciales, la gran discusión política pasa entre prorrogar cuatro años más de kirchnerismo o apostar a otra alternativa: detrás de la consigna “continuidad o cambio” se esconde nuestro destino próximo como país. Pero, ¿qué contenido hay detrás del binomio? Intentar responder a esta pregunta es de una importancia enorme en la Argentina de hoy.</p>
<p>En su sentido más básico, continuidad y cambio refieren al apoyo o la crítica de los lineamientos políticos y económicos del actual gobierno. Sin embargo, muchos de los que dicen querer un cambio reconocen aciertos del Gobierno, tales como la asignación universal por hijo o el matrimonio igualitario. Del mismo modo muchos de los que quieren la continuidad del kirchnerismo no niegan la necesidad de modificaciones para solucionar problemas como la falta de empleo, la inflación o la inseguridad. Considerada bajo este lente, la discusión del cambio y la continuidad parece tan solo una cuestión de grados.<span id="more-32"></span></p>
<p>La realidad es que <b>las grandes diferencias entre continuidad y cambio no se encuentran en el apoyo o no a una serie de políticas públicas</b>. Eso hace parecer como si la cuestión fuera de índole técnica y no es así.  Las diferencias se hallan, de manera más profunda, en dos actitudes ante la actual estructura política y discursiva del país.</p>
<p>En este nivel más profundo, <b>hay una actitud conservadora, la de continuidad, que se empeña en que siga gobernando alguna expresión del partido justicialista</b>. El kirchnerismo y sus principales figuras son parte de una corporación política que gozó del monopolio del Estado durante casi la totalidad del tiempo desde la vuelta de la democracia. Esa corporación se sentó en el sillón de Rivadavia durante veintitrés de los últimos treinta y dos años y gobernó veintinueve de los últimos treinta y dos años en la provincia de Buenos Aires. Además, mantuvo y mantiene hegemonía absoluta en varias provincias. <b>Les sobró tiempo en el poder, lo que les faltó fue coherencia con una visión de país</b>: los actores del neoliberalismo noventista y del progresismo de la “década ganada” son los mismos y no titubean a la hora de defender posturas diametralmente opuestas. Hoy la continuidad es seguir siendo gobernados por un grupo que le da más importancia a aferrarse al Estado que a empoderar a los más necesitados.</p>
<p>La continuidad también es conservadora en la medida en que plantea un discurso del miedo. Se insiste una y otra vez con que un triunfo opositor desmantelaría aquello logrado por el gobierno. En un caso extremo y disparatado, se dijo que no habría más medicamentos para portadores del VIH. Mensajes de este tipo se repiten: no habrá jubilaciones, se echará a los empleados del Estado y no tendremos ni AUH ni planes sociales, más allá de que ninguna de todas estas posibilidades se deduzca de las opiniones o las acciones de los opositores. Hoy, el discurso de la continuidad propone poco de positivo. No vislumbra nuevos horizontes e instala temor respecto de lo que podrían hacer los demás.</p>
<p>Como si esto ya no fuera mezquino y conservador, la continuidad se basa en mirar siempre hacia atrás. Específicamente, la referencia se ancla en el estallido de diciembre de 2001 y en el final del gobierno de la Alianza. Poco a poco, el relato oficialista ha dejado de mirar al futuro para centrarse únicamente en la narración de un pasado trágico que ellos habrían logrado superar. Más allá de la conveniente lectura histórica que describe su llegada al poder en 2003 y en igualar falsamente esos días con la realidad del caos del 2001, hay pocas cosas más conservadoras que atemorizar a la ciudadanía evocando una crisis pasada. Es el mensaje que sirve como encierro funcional para quienes están cómodos con el estado actual de las cosas.</p>
<p>Finalmente, la continuidad es que continúen los mismos problemas. Pensábamos que habíamos resuelto el flagelo de la inflación, pero no fue así. Pensábamos que habíamos logrado solucionar la cuestión de la deuda, pero, nuevamente, tampoco fue así. A pesar de contar con los términos de intercambio más favorables de nuestra historia, no logramos reducir la pobreza, llegar con servicios básicos a los hogares más vulnerables del país, ni mejorar la educación. Ante esta realidad, la continuidad niega el problema o le echa la culpa a otro. El problema no es tener problemas, todos los países los tienen, el problema es que son siempre los mismos.</p>
<p>Si entendemos así a la continuidad, el cambio aparece delineado de manera muy clara. En primer lugar, cambiar significa no cerrar el grupo de los que nos gobiernan. Hoy, muchos de los políticos preeminentes de las últimas décadas actúan solamente para mantener el poder. Un buen ejemplo de esta supervivencia a toda costa se vio en el último año en la provincia de Buenos Aires: gran cantidad de dirigentes que habían sido incondicionales del kirchnerismo decidieron apoyar a Sergio Massa, para después, ante su baja en la encuestas, volver al oficialismo, como si nada hubiera pasado. Contra esta actitud, cambiar es abrir la toma de decisiones a políticos que no entiendan el poder como una posesión a cuidar, sino como la herramienta para mejorar la realidad.</p>
<p>En segundo lugar, <b>optar por el cambio es optar por dejar atrás el discurso del miedo y adoptar un discurso de lo posible</b>. En vez de ser conservadores y aferrarnos a lo que tenemos, significa avanzar a partir de lo ya logrado, abrirnos a pensar en lo que podemos tener y en cómo alcanzarlo. Que la política no se limite a conservar lo que ya está hecho, sino que, con creatividad y capacidad, se ocupe de pensar cómo hacer realidad todo lo que falta. El discurso del miedo busca cerrarse sobre lo que tenemos para que nadie mire un poco más allá, mientras que el discurso de lo posible quiere que, construyendo sobre lo construido, empecemos a trabajar pensando en cuánto mejor podríamos estar.</p>
<p>En tercer lugar, cambiar es levantar el ancla que nos amarra al pasado, no mirarnos más en el espejo conformista de la crisis de 2001, sino encarar hacia donde queremos estar en cinco, diez o veinte años. Hace un tiempo, el kirchnerismo pensaba este tipo de cosas. Cristina Kirchner decía que para el futuro de Argentina le gustaba un modelo de país como Alemania y a ese modelo solo se pudo llegar con declaraciones absurdas basadas en números de pobreza que nadie cree. Hoy, la continuidad obliga a no levantar la cabeza, a no aceptar que avanzamos mucho menos de lo deseado. Cambiar es hacerse cargo de eso, proponer una visión de futuro y no conformarnos con pensar que alguna vez estuvimos peor.</p>
<p>Finalmente, el cambio significa encarar la búsqueda de soluciones a desafíos pendientes sin prejuicios, con la mirada puesta no en ganar una discusión ideológica, sino en mejorar la calidad de vida de los argentinos. El eje de la discusión en torno al manejo de Aerolíneas Argentinas, para dar un ejemplo, no pasa por si debe ser privada o estatal, como les preguntaba Mariano Recalde a sus contrincantes en un debate electoral, sino por cómo conectar mejor al país, con todo lo que eso implica para la creación de trabajo y el desarrollo de las economías regionales. El cambio es dejar atrás los dos guiones facilistas de las últimas décadas, el noventista y el progresista, y enfrentar los problemas en su actualidad.</p>
<p>No niego que la corporación política que domina el país y que tiene al kirchnerismo como su expresión más reciente haya tenido, en el pasado, la épica de la revolución, el anhelo de cambiar la realidad. La tuvo al incorporar masas excluidas al proceso democrático y a las bondades del consumo, al forjar una conciencia popular y al consolidar nuevos derechos sociales y sexuales. Esos logros son la base sobre la cual hay que construir. Hoy, sin embargo, ese mismo espíritu de transformación e inclusión social se encuentra en el cambio. La continuidad es seguir encerrados con la misma corporación política y su apología del statu quo. Es el conservadurismo al extremo. Elegirlos nuevamente sería, creo, conformarnos con demasiado poco.</p>
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		<title>ISIS: ¿el Islam es la solución?</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Oct 2014 10:56:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Históricamente, la comunidad internacional intentó combatir los grupos fundamentalistas del Medio Oriente interviniendo militarmente y a partir de ahí tratando de secularizar el conflicto. Ahora, ante las atrocidades que viene cometiendo ISIS, una fuerte ofensiva militar se está complementando con una nueva alternativa: el combate teológico, la batalla por la definición del Islam. Lo que... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2014/10/08/isis-el-islam-es-la-solucion/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Históricamente, la comunidad internacional intentó combatir los grupos fundamentalistas del Medio Oriente interviniendo militarmente y a partir de ahí tratando de secularizar el conflicto. Ahora, ante las atrocidades que viene cometiendo ISIS, una fuerte ofensiva militar se está complementando con una nueva alternativa: <strong>el combate teológico, la batalla por la definición del Islam</strong>. Lo que se busca es que el Islam sea una herramienta, y a largo plazo tal vez la herramienta central, en la pelea contra fundamentalistas.</p>
<p>El argumento que subyace a esta tercera opción fue resumido por un importante referente del clero musulmán, el <strong>Sheik Bin Bayyah: &#8220;Si no derrotas las ideas intelectualmente, las ideas van a resurgir&#8221;</strong>. Por eso, <strong>hay que combatir ISIS con el Islam y así evitar que sean los extremistas quienes definan la fe.</strong> El combate se está dando en tres niveles distintos: juristas y autoridades del Islam, sociedad civil y Estados nación.<span id="more-27"></span></p>
<p>La oposición al accionar de ISIS por parte de reconocidos académicos musulmanes no es algo nuevo. Desde que declaró el establecimiento de un califato, el grupo fue condenado por diversos referentes de la fe. <strong>Figuras importantes de Al-Azhar, la universidad más antigua del Islam, lo rechazaron abiertamente</strong>: &#8220;El califato islámico no puede ser restaurado por la fuerza. Ocupar un país y matar la mitad de su población (&#8230;) no es un estado islámico, eso es terrorismo&#8221;.</p>
<p>Lo novedoso es que representantes de distintas interpretaciones, moderadas y extremas, se unan en contra del grupo terrorista. Ciento veinticinco académicos y clérigos del Islam, de distintas nacionalidades, redactaron una carta en la cual criticaron a ISIS por justificar sus atrocidades en nombre de Dios. El documento incluye una lista detallada de los horrores cometidos por los extremistas y explica por qué cada uno viola versos específicos del Corán y las enseñanzas del profeta. <strong>Premisas como &#8220;agredir en nombre de Dios no es propio del Islam&#8221; y &#8220;obligar a la gente a convertirse es ajeno al Islam&#8221; son sostenidas con extractos de los textos sagrados.</strong> La carta está dirigida al líder de ISIS, pero también hacia la comunidad musulmana en general, con el fin de evitar que nuevos fieles se alisten o colaboren financieramente.</p>
<p>La sociedad civil también se apropió de la tarea de difundir que ISIS no representa el Islam. Cuando se dio a conocer que en los actos de ISIS participaban jóvenes provenientes de países occidentales, jóvenes musulmanes británicos comenzaron en las redes sociales <strong>la campaña #notinmyname</strong> (no en mi nombre). Creyentes de todo el mundo se sumaron a la iniciativa y la semana pasada miles de fieles en Francia, Alemania y Noruega participaron de demostraciones en contra del accionar y la ideología de los extremistas.</p>
<p>La misma lógica se puede encontrar a nivel estatal si se tiene en cuenta que <strong>los primeros en unirse a la coalición liderada por Estados Unidos fueron países musulmanes como Arabia Saudita, Bahréin, Qatar, Emiratos Árabes, Egipto y Jordania</strong>. En este sentido, el presidente Obama hizo hincapié en sus discursos en la necesidad de marcar la distancia entre ISIS y el Islam; sostuvo que ninguna religión justifica el asesinato de inocentes y remarcó que, hasta el momento, la mayoría de las víctimas han sido musulmanes.</p>
<p><strong>Todo lo dicho no minimiza la importancia de la respuesta armada en el corto plazo.</strong> Pero hay que evitar el peligro de que nuevamente el accionar de un grupo extremista lleve a la generalización y a la identificación de una enorme cantidad de creyentes con la violencia de una minoría. Culpar a 1.400 millones de personas por las atrocidades que cometen algunos refuerza la postura fundamentalista, en la cual un grupo se considera el representante del Islam en su totalidad. De la misma forma, ver el conflicto como un enfrentamiento entre Islam y Occidente le resulta funcional a grupos como ISIS, quienes precisamente postulan esa dicotomía. Por eso es un avance que haya surgido esta tercera vía, que rompe con la idea de que ISIS es el Islam.</p>
<p>En su último discurso frente al Consejo de Seguridad de la ONU, la presidente Cristina Fernández de Kirchner sostuvo que &#8220;está claro que la forma en que se ha venido combatiendo al terrorismo no es la adecuada porque cada vez se complica más, cada vez son más grupos, cada vez son más violentos, cada vez cuentan con más poder&#8221;. Algo de razón tiene, pero falta dar el siguiente paso. Para combatir a grupos extremistas como ISIS <strong>el Islam inevitablemente debe ser parte de la solución</strong>, lo cual requiere un esfuerzo de la comunidad musulmana y de la comunidad internacional. La Argentina es el país con mayor número de musulmanes de América Latina y ejemplo destacado de la convivencia de las tres religiones de raíz abrahámica. Seguramente podríamos aportar nuestra experiencia para ayudar en esta tarea urgente.</p>
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		<title>En los márgenes de la paz</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jul 2014 16:55:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Petrella</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El pasado lunes se encontraron los cuerpos sin vida de los tres adolescentes israelíes perdidos desde el 12 de junio. El caso mantuvo en vilo al país durante las últimas semanas y alcanzó una enorme trascendencia a nivel internacional. Israel, y particularmente el primer ministro Netanyahu, responsabilizaron a Hamas, la organización terrorista palestina. Este hecho,... <a href="http://opinion.infobae.com/ivan-petrella/2014/07/02/en-los-margenes-de-la-paz/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado lunes se encontraron los cuerpos sin vida de los tres adolescentes israelíes perdidos desde el 12 de junio. El caso mantuvo en vilo al país durante las últimas semanas y alcanzó una enorme trascendencia a nivel internacional. Israel, y particularmente el primer ministro Netanyahu, responsabilizaron a Hamas, la organización terrorista palestina.</p>
<p>Este hecho, sumado al reciente pacto entre Hamas y la Autoridad Palestina, refuerzan la idea simplista de que estamos ante los dos bandos tradicionales en el conflicto: Israel versus Palestina. Sin embargo, al adentrarse en lo sucedido y en la relación entre las partes, la situación que se presenta es aún más compleja: <strong>Palestina, e Israel en algún punto, están lejos de ser actores homogéneos.</strong></p>
<p><span id="more-23"></span></p>
<p>Después de siete años, los dos principales grupos políticos de Palestina, <strong>Hamas y Fatah, formaron un gobierno en conjunto</strong>. El pacto es un intento de unificar Cisjordania y la Franja de Gaza, tras un largo período de división política y social de la Autoridad Palestina. Mohammed Abbas, perteneciente a Fatah y presidente de la Autoridad Palestina en Cisjordania, pasó a ser presidente del nuevo gobierno de reconciliación. La decisión de lograr un gobierno apoyado por Hamas fue mal recibida por el Primer Ministro israelí, quien rechazó cualquier tipo de alianza con un grupo terrorista. <strong>Uno de los principales desafíos de esta nueva unión era, justamente, mantener la cooperación palestino-israelí en materia de seguridad. </strong></p>
<p>Desde el final de la segunda Intifada y especialmente desde que Hamas ocupó la Franja de Gaza en 2007, la relación entre las fuerzas de seguridad de Israel y del gobierno de Abbas se intensificó. Esta cooperación tiene altibajos y aunque ambos gobiernos se benefician prefieren cultivar un bajo perfil. Aparentemente, abarca reuniones, intercambio de inteligencia y comunicación sobre lo que cada uno está haciendo. Sin embargo, no realizan operaciones en conjunto e Israel no pide permiso antes de enviar soldados a las áreas palestinas. <strong>Esta cooperación permitió disminuir la violencia previniendo y evitando ataques terroristas</strong>.</p>
<p>Hasta el mes pasado. El secuestro de los tres adolescentes israelíes puso en jaque a las partes involucradas y a este fuerte vínculo en el tema de seguridad. Abbas condenó los secuestros y declaró que los culpables, sean quienes fueren, serían castigados. En la misma conferencia admitió que sus fuerzas de seguridad estaban trabajando con Israel ayudando en la búsqueda de los secuestrados, además de llamar a ambas partes a abstenerse de la violencia.</p>
<p>Por su parte, Hamas no se responsabilizó por los secuestros, pero los elogió y tildó a Abbas de traidor por colaborar en asuntos de seguridad con Israel. En particular Sami Abu Zuhri, un referente de Hamas, criticó las declaraciones de Abbas sobre la cooperación entre ambas partes: &#8220;Son injustificables y perjudican la reconciliación palestina y están en contra del consenso palestino&#8221;. Además, agregó: &#8220;Nosotros enfatizamos el derecho de nuestro pueblo de defenderse por sí mismo y contrarrestar la ocupación por cualquier medio&#8221;.</p>
<p>Israel también cuenta con divisiones, que van desde cómo resolver el histórico conflicto con Palestina hasta la cuestión de la separación Estado-Religión. <strong>Los asesinatos de los tres adolescentes sirven para unificar al país en torno a un enemigo común, justificando las acciones armadas en blancos palestinos.</strong> Con los últimos sucesos, el primer consenso entre los líderes israelíes es un pedido a Abbas para que se separe de Hamas y rompa el pacto de reconciliación.</p>
<p>Como se ve, ambos bandos están lejos de ser actores homogéneos en este conflicto. Abbas condena los asesinatos y pide a líderes del mundo que ayuden a evitar una respuesta excedida por parte de Israel. Paralelamente, Hamas niega su responsabilidad y amenaza con &#8220;abrir las puertas del infierno&#8221; contra Israel en caso de que éste lance un ataque en la Franja de Gaza. Finalmente, y como consecuencia de la tragedia, se podría hablar de un Israel menos heterogéneo, pero no homogéneo.</p>
<p>En este contexto, <strong>es necesario aceptar que existen elementos que, aparentemente, no quieren ver un acuerdo de paz por diferentes razones</strong>. Como sostuvo Abbas: &#8220;<strong>Aquel que cometió semejante acto quiere destruirnos</strong>&#8220;. La opción es potenciar a los que tienen la voluntad de cooperar y superar el status quo de violencia que sólo favorece a los violentos. Esa es la forma de mantener algún grado de optimismo luego de lo acontecido. La oración por la paz organizada por el Papa Francisco, que contó con la presencia de los presidentes de ambos países y la cooperación en seguridad durante la última década, representa un avance, aunque hoy cueste verlo de esta manera. El desafío es seguir construyendo bases de consenso y evitar caer en la clásica homogeneización de los bandos.</p>
<p>En cuestiones de política exterior, las cosas no son ni tan blancas ni tan negras. <strong>Tal vez en este caso, la prioridad sea impedir que el deleznable asesinato de tres jóvenes inocentes sirva de excusa para agrandar los trágicos conflictos que ya generaron incontables víctimas y millones de refugiados en la región</strong>. Siempre existen márgenes sobre los que se puede operar y donde quedan oportunidades para la paz. Descubrirlos y utilizarlos es la tarea de los grandes estadistas.</p>
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