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	<title>Javier Milei &#187; PIB</title>
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		<title>La imposibilidad de aplicar metas de inflación en el Banco Central</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2015 03:00:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Sin lugar a dudas, a juzgar por los resultados en materia de inflación a lo largo de la historia del país, el desempeño del Banco Central (BCRA) está muy lejos de ser materia de orgullo. Concretamente, previo a su creación, en 1935, la cantidad de dinero de alta potencia (base monetaria) crecía a una tasa del 6%, mientras que la inflación y el tipo de cambio subían a un ritmo en torno al 3% y 4% anual. A su vez, en los primeros diez años de operación, la cantidad de dinero pasó a crecer a un ritmo del 14%, mientras que la inflación y el tipo de cambio lo hicieron al 6 y 2 por ciento.</p>
<p>Sin embargo, luego de la estatización del órgano de control monetario en el año 1946, la tasa de crecimiento promedio de la cantidad de dinero se disparó a niveles del 130%, mientras que las tasas de inflación y de devaluación treparon a niveles del 160 y 150 por ciento. Por lo tanto, el desempeño del Banco Central desde mediados del siglo XX ha sido altamente cuestionable. Además, sus marcas registran períodos de muy alta inflación, dos hiperinflaciones y la destrucción de cinco signos monetarios (en rigor, son seis si se tiene en cuenta que los actuales pesos dejaron de ser convertibles en el año 2002), motivo por el cual <b>debería resultar claro que la misión del BCRA tiene que ser reconsiderada muy seriamente.<span id="more-231"></span></b></p>
<p>Si uno asumiera que en la economía existiera un único agente representativo, donde además los precios relativos son constante, tal que pueda pensarse en un único bien y que dado estos elementos no existieran efectos distributivos en términos de ingreso y riqueza (al margen de que las adiciones de dinero afectarían el nivel de utilidad del agente y, por ende, de su gasto), se podría definir que el único objetivo del BCRA debería ser el de preservar el valor de la moneda, esto es, defender su poder adquisitivo. En otros términos, dado el equilibrio del lado real de la economía, el BCRA debería minimizar la tasa de crecimiento de los precios de la economía, que bajo este encuadre significaría mantener una baja tasa de inflación.</p>
<p>Para lograr dicho objetivo, existen por lo menos dos metodologías. Por un lado, está el sistema de metas de inflación, el cual se ha estado aplicando en el mundo con gran éxito. Por otro lado, está el método basado en el control de los agregados monetarios, el cual ha caído en desuso desde mediados de los ochenta en los países desarrollados y en los emergentes luego de los noventa.</p>
<p>Si bien esto último parecería indicar que el método a seguir para reducir la inflación en la Argentina debería ser el sistema de metas de inflación, su implementación requiere de nueve condiciones que hoy no se cumplen : (i) marco institucional que asegure la independencia operativa del BCRA y sus responsabilidades, (ii) transparencia en la comunicación, (iii) expectativas de inflación ancladas, (iv) reputación y credibilidad, (v) transparencia de la política monetaria, (vi) transparencia de la información, (vii) presentación de un objetivo con metas piso y techo sobre un índice de precios confiable, (viii) coordinación con la política fiscal y (ix) desarrollo de modelos de predicción.</p>
<p>Al mismo tiempo, el supuesto éxito aludido a su uso durante 2002 y 2003 ha sido fruto de lo que se conoce como error tipo II (resultado deseado haciendo lo incorrecto), donde la fuerte iliquidez emergente a la salida de la convertibilidad, la exagerada devaluación de la moneda respecto al dólar y el homérico ajuste fiscal de Eduardo Duhalde fueron las bases del éxito logrado. De hecho, las condiciones de la economía hoy son radicalmente distintas: (i) el fisco es la más importante fuente de emisión de pesos, (ii) no existe sobrante de dólares y (iii) hay un apreciable exceso de pesos, motivo por el cual es imposible anclar las expectativas.</p>
<p>Por otra parte, acorde con una serie de trabajos que hemos publicado junto a Diego Giacomini (<em>El nuevo BCRA y la reforma monetaria</em> y <em>Ensayos monetarios para economías abiertas: el caso argentino</em>), existe una muy profunda relación causal entre M1 (circulante en poder del público, más depósitos a la vista) y el PIB nominal (existencia de cointegración), motivo por el cual la literatura especializada en la materia sugiere que la política monetaria, hasta que se reduzca la tasa de inflación y las expectativas queden ancladas, debería ser diseñada con base en metas cuantitativas sobre M1.</p>
<p>Esta importancia estadística de M1 sobre la determinación del PIB nominal, y dado el nivel que suele tener la tasa de crecimiento de la economía, amplifica el vínculo causal entre la tasa de crecimiento de dicho agregado monetario con la tasa de inflación. En este contexto es donde además se vuelve más relevante la discusión sobre la existencia de un sobrante de pesos.</p>
<p>Acorde con los trabajos mencionados, cuando se procede a estimar la demanda de dinero (M1) en términos del PIB en los últimos 70 años, la estimación sugiere que sobran pesos por cerca de 3,8% del PIB (unos doscientos mil millones de pesos). A su vez, el nivel de M1 en términos de PIB de Argentina supera en 3,9 puntos porcentuales el promedio de la región, donde además, mientras que la relación M1/M3 promedio de la región es del 20%, en nuestro país se ubica en el 50 por ciento. Por ende, <b>todos los indicadores estarían dando cuenta de un fuerte sobrante de pesos (algo normal cuando se ponen restricciones como el cepo)</b>, lo que, además, se ha visto validado empíricamente al estudiar los residuos (parte no explicada de la estimación estadística) de la relación entre M1 y el PIB nominal.</p>
<p>Esta situación monetaria ya se ha observado dos veces en la economía del país. La primera tuvo lugar en 1959 y la segunda en 1975 (el Rodrigazo). En ambos casos, la tasa de inflación llegó a multiplicarse por seis veces y el PIB cayó un 6% en el momento más agudo de la crisis. Por lo tanto, frente a este riesgo, resulta recomendable la colocación de un bono en dólares suscribible en pesos, de modo tal que se retire el sobrante de pesos. A su vez, como dicha solución implica una manifestación de demanda potencial por moneda extranjera, al ser neutralizada se podría abrir el cepo cambiario de modo exitoso y sin corrida alguna.</p>
<p>Finalmente, desde el punto de vista de los riesgos, <b>si los bonos en cuestión no tuvieran demanda, ello no sólo no tendría costos, sino que además implicaría una fuerte manifestación de confianza en la moneda local</b>. Sin embargo, si, por el contrario, se trabajara con la hipótesis de que no hay sobrante de pesos y al abrirse el cepo la demanda de dinero local se derrumba y genera una corrida cambiaria, la economía podría replicar la experiencia del Rodrigazo. Consecuentemente, tanto en materia de diseño de la política monetaria como en términos de control de riesgos, las nuevas autoridades deberían abstenerse de apostar por el error tipo II, al tiempo que deberían intentar minimizar los riesgos. De confirmarse la existencia de un sobrante de pesos y no mediar una gran dosis de buena suerte, el resultado final podría ser muy negativo para el bienestar de los argentinos.</p>
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		<title>La herencia de doce años de populismo</title>
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		<pubDate>Sun, 08 Mar 2015 11:23:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La historia económica argentina del Siglo XX y la que va del presente es la crónica de una decadencia sin parangón a nivel mundial. El país, que durante la primera mitad del siglo XX se encontraba entre los países más rico del mundo, luego de haber sido sometido a la aplicación sistemática del manual de política económica heterodoxa (mezcla de la irresponsabilidad fiscal keynesiana y los groseros desatinos monetarios de los estructuralistas locales) durante cerca de setenta años, hoy nos encuentra en la categoría de país de frontera (menos que emergente) y posicionados en un sendero inclinado que, salvo que tomemos el toro por las astas, nos verá en un futuro ocupando la posición de país pobre. Así como al inicio del siglo pasado se nos veía como una potencia con capacidad de disputarle el liderazgo mundial a los Estados Unidos, hoy lucimos como un país que tiene un destino asimilable al presente africano.</p>
<p><strong>La evidencia empírica internacional muestra que en aquellos países donde la inflación es alta, y existen mercados paralelos, retraso cambiario, déficit fiscal, bajos niveles de monetización y cierre de la economía, el resultado es una feroz pérdida de riqueza.</strong> En esta línea, si uno observa que la gestión kirchnerista hizo trepar la tasa de inflación del 3,8% al 40%, gestó una brecha cambiaria en torno al 50%, redujo el resultado fiscal primario en 6 puntos porcentuales del PIB, los agregados monetarios se estancaron y cada día se cierra mas a la economía, no resulta difícil entender por qué Argentina muestra un producto per-cápita que oscila entre USD 13.000 y USD 9.000 (según sea el tipo de cambio que se considere) cuando debería tener un ingreso per-cápita en torno a los USD 30.000 (que surge de considerar conjuntamente el crecimiento tendencial, la presencia de convergencia y el mejor contexto internacional de la historia). Esto es, la magnitud del fracaso asciende a una diferencia en el PIB por habitante del 130% medido al tipo de cambio oficial y de 260% cuando se usa el paralelo. Tal como señala el especialista en crecimiento y desarrollo, William Easterly: “Los malos gobiernos, al igual que la mala suerte, pueden acabar con el crecimiento”.</p>
<p><strong>Al mismo tiempo, más allá de los daños en torno a la oportunidad perdida, todos los motores del crecimiento han sido brutamente estropeados.</strong> La estimulación del consumo sin contrapartida sólida en términos de ingreso permanente ha llevado a una merma en el ahorro y en la inversión, de modo tal que nos hemos consumido una parte importante del capital físico. Sin lugar a dudas, el caso más escandaloso es el de la inversión en infraestructura, donde el Gobierno (quien buscó liderar dicho proceso), pese a contar con la mayor cantidad de recursos de la historia, invierte como en períodos de vacas flacas y con peores resultados.</p>
<p>Por otra parte, en materia educativa, los resultados en las pruebas PISA dan cuenta de la pésima calidad en nuestro capital humano, donde por ejemplo, en matemáticas, los resultados muestran que estamos un 35% por debajo del promedio de los países de la OCDE, al tiempo que cerca del 70% no llega a cubrir los conocimientos mínimos y menos del 0,5% puede alcanzar niveles de excelencia. Algo similar nos sucede en lectura y literatura. Esta situación se ve agrava aún más si consideramos que Argentina está disfrutando la fase de la transición demográfica que permite repotenciar la tasa de crecimiento, para lo cual se requiere de acciones coordinadas en materia de capital humano, sistema previsional, estabilidad macroeconómica e instituciones de modo tal que sea posible acelerar la convergencia al mundo desarrollado. Sin embargo, un contexto en el que prolifera la desnutrición infantil, se jubilan personas sin aportes al tiempo que los fondos previsionales se invierten de modo cuestionable, una tasa de inflación creciente que castiga al ahorro y un continuo atropello a las libertades individuales, todo hace parecer que nuestro país estuviera empecinado en convertir al bono demográfico en un regalo envenenado.</p>
<p>Paralelamente, tampoco es menor el daño causado en el aspecto institucional. No sólo se ha tomado una visión relativista de la justicia (la cual mira de reojo por debajo de la venda para dar crédito a quien viola la ley) que no solo invierte la responsabilidad de los crímenes haciendo una víctima del victimario y viceversa, sino que además, el respeto de los derechos de propiedad se ha transformado en un objeto de máxima elasticidad. En este sentido, mientras que en casi todos los países del mundo se avanza hacia la liberta económica (los países libres son en promedio 9,5 veces más rico y tienen una incidencia de la pobreza 75% menor que en los países reprimidos), en nuestro país no paramos de retroceder. La contracara de ello es un riesgo país que hace de la inversión un acto heroico, aún admirable hasta para un Cíclope.<strong> De hecho, si Argentina hubiera llevado un conjunto de políticas similares al resto de los emergentes, sus activos financieros y el stock de capital físico se deberían haber triplicado.</strong> Puesto en otros términos, desde 1998 (pico de ciclo en Argentina) a la fecha, el promedio de América Latina incrementó su producto por habitante en un 80% mientras que nuestro país, a tipo de cambio oficial, ha caído un 10%.</p>
<p>Adicionalmente, se ha dañado el capital social. La continua exacerbación de la puja distributiva encarada por el Gobierno ha llenado a la sociedad de animosidad y resentimiento, la cual, busca mediante el uso y el abuso del poder la utopía de la igualdad de resultados, cuando lo que se debería reclamar son las condiciones para que cada persona se pueda desarrollar libremente, percibiendo los beneficios de sus esfuerzos y pagando los costos de sus errores. En otras palabras, nos vemos atrapados en un marco que ha pervertido profundamente al sistema de incentivos que conduce a la creación de riqueza, donde el mismo, entre otra infinidad de cosas, promueve estudiantes sin aplazos, el castigo al exitoso, la pontificación del fracaso, vivir del trabajo ajeno y la multiplicación desenfrenada de delincuentes sin condena.</p>
<p>En definitiva, no sólo que no hemos podido aprovechar una oportunidad histórica para acelerar la convergencia (y así poder ingresar al pelotón de los países de altos ingresos), sino que a su vez, el populismo-keynesiano-estructuralista nos ha posicionado en un sendero que nos conduce a un futuro de extrema pobreza. Sin embargo, cargar toda la responsabilidad sobre kirchnerismo y parte de la corporación política es una simplificación adolescente, ya que como señalara Ayn Rand: “La raíz de todos los desastres modernos son de índole filosófica y moral. La gente no abraza al colectivismo por haber sido cooptados por una mala teoría económica. La gente acepta a la mala teoría económica porque ha decido abrazarse al colectivismo”. Esto es, si la sociedad no cambia sus valores, estamos condenados a hundirnos en la más absurda de las miserias.</p>
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		<title>El debate sobre el nivel óptimo de reservas</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 09:51:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Durante estos días las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina han vuelto a ubicarse en el orden de los USD 30.000M, situación que, como ya es casi natural, ha dado lugar a dos lecturas. Por un lado, la versión plena de euforia por parte del Gobierno que muestra al hito como un... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2014/12/16/el-debate-sobre-el-nivel-optimo-de-reservas/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Durante estos días las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina han vuelto a ubicarse en el orden de los USD 30.000M, situación que, como ya es casi natural, ha dado lugar a dos lecturas. Por un lado, la versión plena de euforia por parte del Gobierno que muestra al hito como un logro de política económica y da por tierra con todas las visiones sombrías en torno al desempeño del país, <strong>como si una inflación anual del 40%, una caída del PIB en torno al 2,5% y la destrucción de cerca de 500 mil puestos de trabajo fueran los datos de una economía floreciente.</strong> Por otra parte, la visión más oscura del fenómeno viene dada por el cómputo de las reservas de libre disponibilidad. De este modo, cuando a las reservas internacionales informadas por el BCRA se les depura: (i) USD 8.000M en concepto de encajes bancarios, (ii) deudas con importadores por USD 5.000M, (iii) préstamos de los Bancos Centrales de China y Francia por USD 4.000M y (iv) la posición en Derechos Especiales de Giro de USD 3.000M, <strong>el monto final se ubica en un exiguo USD 10.000M.</strong></p>
<p>Más allá de las cuestiones acerca de si el nivel es adecuado o no, resulta clave comprender el rol de las reservas en la economía a la luz del esquema cambiario elegido por el Banco Central. Así, en términos generales, con tipo de cambio totalmente flexible, las reservas serían nulas (siendo el precio de la moneda extranjera la variable de ajuste), mientras que bajo otro esquema, para el caso de una economía normal, el nivel estaría vinculado principalmente a dos motivos: (i) la necesidad de sincronizar los pagos y cobros que debe realizar la economía (transacción) y (ii) la necesidad de disponer de fondos líquidos ante la presencia de un shock externo negativo de tipo transitorio (precautorio).</p>
<p>Sin embargo, desde mi punto de vista, <strong>esta idea de contar con un mayor nivel de reservas en la medida que se hace más rígido el esquema cambiario es incorrecta.</strong> De hecho, al menos desde el plano teórico, existe un conjunto de condiciones bajo las cuales una economía podría mantener un tipo de cambio fijo sin reservas. Si bien el resultado en cuestión es “impactante”, al menos desde el punto de vista empírico, uno podría preguntarse si los Estados Unidos hubiese podido durante los últimos 70 años mantener un tipo de cambio fijo respecto de la moneda argentina sin acumular un solo billete emitido por el BCRA. La respuesta no sólo que es afirmativa, sino que además los americanos deberían dar las gracias por no haberlo hecho, salvo que mostraran un amor fanático por la inflación (donde la contra-cara local es la destrucción de 5/6 signos monetarios junto a la eliminación de 13 ceros a la moneda). En este sentido, para que el nivel óptimo de reservas fuera nulo, ello implicaría cumplir al menos con alguna de las siguientes tres condiciones: (i) una demanda de dinero no decreciente y/o, (ii) una política fiscal totalmente flexible como para compensar las fluctuaciones en el mercado de divisas y/o (iii) pleno acceso al mercado de capitales.</p>
<p><strong>Claramente, Argentina no cumple ninguna de dichas condiciones. Asociado con el alto nivel de inflación y las recurrentes crisis de balanza de pagos que sufrió el país a lo largo de la historia, la demanda de dinero muestra un comportamiento sumamente volátil</strong>. Respecto a la política fiscal, la regla ha sido la compulsión por gastar, donde la única forma de bajar el gasto real ha sido la vía de la licuación inflacionaria. En cuanto a la posibilidad de acceder a fondos externos para nivelar los desequilibrios cambiarios parecería ser una tarea gigante, aún hasta para uno o varios de los Cíclopes. Por lo tanto, a la luz de los hechos, debería quedar claro que el BCRA tendría que contar con una muy buena posición de reservas.</p>
<p>En función de todo lo expresado anteriormente, uno debería preguntarse cuánto debería ser el nivel óptimo de reservas. Cómo no podría ser de otra manera en el gremio, la respuesta depende del criterio. <strong>Si nos guiáramos por el criterio comercial, esto es, cuatro meses de importaciones, las reservas de libre disponibilidad deberían ser del orden de los USD 25.000M. Por otra parte, si utilizáramos el criterio de optimalidad desarrollado por el propio BCRA durante la gestión de Martín Redrado, el nivel debería estar en torno a los USD 55.000M.</strong> <strong>Finalmente, si el criterio se basara en minimizar la probabilidad de crisis, el nivel que haría nula a la misma (lo cual no tiene porque ser óptimo, salvo que el nivel de aversión al riesgo sea infinito) estaría en el orden de los USD 100.000M.</strong> Ahora bien, dado que la distancia entre los criterios prudenciales y el nivel observado luce abismal, para tener claro si los cálculos tienen sentido debemos por lo menos recordar tres datos: (i) el nivel de reservas del BCRA para el año 2010 era de USD 52.000M, (ii) por otra parte, si se toma la cantidad de divisas compradas por el BCRA y que de no haberse perdido por la inconsistencia fiscal-monetaria-cambiaria, el monto de reservas se ubicaría en torno de los USD 95.000M, (iii) finalmente, durante la última década se han fugado del país USD 100.000M que de otra manera podrían haber engrosado las reservas del BCRA.</p>
<p>Una forma alternativa de contrastar las estimaciones es comparar contra nuestros vecinos, como ser Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay Perú y Uruguay, cuyo nivel de reservas sobre PIB (para 2013) se ubican en 46%, 17%, 15%, 11%, 20%, 33% y 29% respectivamente. Por otra parte, en cuanto a los meses de importaciones para los países mencionados se ubican en 18, 19, 7, 9, 6, 19 y 17 meses. Esto es, el promedio simple de los países considerados muestra que el monto de reservas en términos del PIB es del 17%, al tiempo que los meses de importación se ubica en 15, lo cual contrasta fuertemente con el caso argentino, donde el indicador en términos de ingreso es del 5% y de 5 meses por el criterio comercial (lo cual si se ajusta por los encajes de los bancos cae a 3,7 meses). Puesto en otros términos, acorde a los datos regionales, el nivel de reservas debería oscilar entre USD 90.000M (en importaciones) y USD 110.000M (en PIB). Naturalmente podría objetarse la muestra, en especial por el hecho de excluir a Venezuela, cuyo nivel de reservas representa 6% del PIB y 6 meses de importaciones. Sin embargo, ello obedece a la intención de darle un crédito al Gobierno cuando afirma que no es su objetivo convertirse en el espejo de la República Bolivariana de Venezuela. Desafortunadamente, los números no dicen lo mismo.</p>
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		<title>Cuanto más tarde el ajuste, más difícil será encauzar la economía</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jun 2014 10:55:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los heterodoxos y keynesianos locales mienten de manera flagrante cuando acusan al Banco Central de haber metido a la economía en una recesión, lo que es toda una paradoja para los adoradores del gasto público que desprecian la efectividad de la política monetaria. Puede que ello se deba a la necesidad de lavar culpas por... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2014/06/03/cuanto-mas-tarde-el-ajuste-mas-dificil-sera-encauzar-la-economia/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Los heterodoxos y keynesianos locales mienten de manera flagrante cuando acusan al Banco Central de haber metido a la economía en una recesión, lo que es toda una paradoja para los adoradores del gasto público que desprecian la efectividad de la política monetaria. Puede que ello se deba a la necesidad de lavar culpas por permanecer callados, o hasta por mostrarse eufóricos, mientras el gasto público volaba. Alternativamente, puede que acorde a su tradición de vivir de espaldas a los datos, desconocían que la economía se venía desacelerando desde fines de 2013 y que la recesión era número puesto. Es más, de tanto haber criticado a Milton Friedman, por osmosis deberían haber asimilado que la política monetaria opera con largos rezagos y que además los mismos son variables. Por último, pese a vivir en un país de alta tradición inflacionaria, siguen confundiendo la tasa de interés real con la nominal. Casi les faltaría afirmar que el Presidente Alfonsín fue el que más hizo por los trabajadores en la historia, llegando a subir los salarios en el año 1989 un 3.954,2% anual.</p>
<p><strong>El déficit fiscal financiado con emisión monetaria aceleró la tasa de inflación, donde al no tener como contraparte un movimiento similar en el precio de la moneda extranjera terminó ajustando sobre el nivel de reservas del BCRA.</strong> La respuesta, propia de quien no cree en sistema de precios, fue inducir a un ajuste de cantidades vía la instauración del cepo cambiario, el cual, no sólo no frenó el drenaje de divisas, sino que bloqueó el ingreso de dólares para financiar una cuenta corriente negativa. La contracara monetaria de dicho proceso fue la gestación de un sobrante de pesos por el equivalente a 5% del PIB, que alimentaban la fantasía de haber encontrado sustento empírico para la trampa de la liquidez al tiempo que aumentaba la base imponible del impuesto inflacionario.</p>
<p>Frente a estos profundos y crecientes desequilibrios, el público atacó las reservas para sacarse los pesos de encima. En este contexto, Juan Carlos Fábrega, como un digno hijo de Urano y Gea, se puso el traje de cíclope. Sin más alternativa devaluó la moneda un 25%, subió la tasa de interés al 30%, piso el pago de importaciones, adelantó dólares de los sojeros, recibió fondos de Chevron e YPF y obligó a los bancos a liquidar posiciones en moneda extranjera.</p>
<p>Es más, entre la suba del PIB nominal (ajustado sobre la base anterior) y el apretón monetario previo a la financiación del Sector Público, el sobrante de pesos cayó en 3,5% del PIB, lo cual redujo un 70% de la tasa de inflación potencial. <strong>Por lo tanto, de no ser por el BCRA, el exceso de pesos hubiera derivado en un nuevo Rodrigazo, donde no sólo la caída del producto hubiera sido más aguda sino que la tasa de inflación estaría en niveles insoportables.</strong></p>
<p>Simultáneamente, en el frente externo se anuncio el pago a los juicios en el CIADI, se llegó a un acuerdo con Repsol y el Club de París por la regularización de la deuda y se llevó adelante una adecuación de las estadísticas del IPC y de las cuentas nacionales que serían supervisadas por el FMI. Es más, como parte de dicho proceso se redujo el cómputo del crecimiento del PIB, lo cual permitiría ahorrar al país en concepto del cupón ligado con actividad una importante cantidad de divisas.</p>
<p><strong>Sin embargo, aún falta la verdadera prueba de amor de un programa ortodoxo: el ajuste del gasto público.</strong> La inacción en materia de reducción del gasto público no solo se está consumiendo el valioso tiempo comprado por el BCRA, sino que la profundización de los desequilibrios macroeconómicos aumenta cada día. A su vez, las cuentas públicas suelen empeorar hacia final del año, muy especialmente en el último trimestre. Por otra parte, en lo monetario, la deuda del Banco Central habrá que renovarla y, de no cambiar la política fiscal, su costo será cada vez mayor (por lo que al final del proceso, el nivel de precios puede terminar siendo más alto -desagradable aritmética monetarista).</p>
<p><strong>Es más, cuanto más tiempo se tarde en hacer el ajuste, cada vez será menos posible encauzar la economía sin costos.</strong> De hecho, el exagerado nivel de consumo ha diezmado la capacidad productiva de la economía (retracción de la frontera de posibilidades de la producción), por lo que si no cae el salario real no habrá empleo para todos y si se cubre con empleo público habrá reparto de pérdidas masivo. Por lo tanto, aplicar el manual keynesiano de políticas expansivas con una oferta que se contrae sería como tirar más nafta al fuego inflacionario.</p>
<p>Por el momento, pareciera que la única estrategia consta en esperar que caigan del cielo una lluvia de dólares que permitan construir un puente verde hasta el último trimestre de 2015. De ser este el caso, resulta importante el monto involucrado. En este sentido, con el mismo modelo que usamos en “Política Económica Contrarreloj” y parados en enero 2014, para llegar hasta octubre eran necesarios USD 20.000M. A su vez, el no pago del cupón atado al PIB, los fondos de Chevron y la colocación de deuda por parte de YPF redujo las necesidades a USD 13.000M.<strong> Sin embargo, para que la suma sea suficiente, el fondeo del BCRA al tesoro no debería superar los $ 100.000M y el desequilibrio del fisco para 2015 (en dólares) debería estar en línea con la balanza comercial.</strong></p>
<p>El problema radica en que el balance comercial está cayendo y de ubicarse en los USD 6.000M, manteniendo la brecha financiera del fisco de USD 12.000M, harían falta otros USD 6.000M. Por ende, para cerrar la diferencia entre el lado comercial y el fiscal, una posibilidad es que mejore el precio de la soja un 26%, en un contexto donde las tasas de interés internacionales parecieran estar poniendo un techo al mismo. Otra posibilidad es que, a precios dados, las importaciones caigan cerca de un 10%, lo cual generaría una retracción del PIB y el empleo. Por último, se podría devaluar la moneda, lo cual no sólo mejoraría la balanza comercial, sino que además bajaría el desequilibrio fiscal en dólares. Sin embargo, esto último generaría un nuevo salto inflacionario.</p>
<p>Finalmente, los nuevos descubrimientos hechos por YPF, a lo que se le podría agregar una solución favorable tanto con el Club de París como con los holdouts, dado el bajo nivel de endeudamiento del país, se podría abrir una ventana de financiamiento por los USD 19.000M necesarios para evitar sobresaltos. Por lo tanto, existe una solución en la que no hay ajuste fiscal sin crisis. El tema central es, al margen de la herencia a futuro, su probabilidad de ocurrencia sin que en el medio se caiga la demanda de dinero.</p>
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		<title>Recursos naturales y crecimiento económico: ¿bendición o regalo envenenado?</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Nov 2013 10:47:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los determinantes de la renta es la presencia de recursos naturales. No sólo se produce con trabajo, capital físico y humano y tecnología. También se necesitan recursos naturales como suelo agrícola, bosques, gas, petróleo y minerales (entre otros), que se insertan en el proceso de generación del PIB. Pareciera entonces que aquellos países que tienen mayor... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/11/18/recursos-naturales-y-crecimiento-economico-bendicion-o-regalo-envenenado/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los determinantes de la <strong>renta</strong> es la presencia de<strong> recursos naturales</strong>. No sólo se produce con trabajo, capital físico y humano y tecnología. También se necesitan recursos naturales como suelo agrícola, bosques, gas, petróleo y minerales (entre otros), que se insertan en el proceso de generación del <strong>PIB</strong>. Pareciera entonces que aquellos países que tienen mayor cantidad de recursos naturales per-cápita deberían ser más ricos que los que carecen de reservas. Sin embargo, la relación entre las dotaciones de recursos y la renta ha demostrado ser más compleja de lo que se pensaba inicialmente. En el período posterior a la <strong>Segunda Guerra Mundial</strong>, a diferencia de lo ocurrido desde el siglo XIX, la relación entre crecimiento económico y las dotaciones de recursos ha sido ambigua. Si bien muchos países se han enriquecido gracias a los recursos naturales, también existen casos que se han enriquecido a pesar de no contar con ellos. Es más, a favor de la inversa, muchos países han seguido siendo pobres a pesar de tener una generosa dotación de recursos naturales.</p>
<p>En este sentido, <strong>Gylfason</strong> examinó el papel de los recursos naturales en el crecimiento, para ello calculó la proporción de <strong>riqueza</strong> <strong>nacional</strong> que consistía en <strong>capital</strong> <strong>natural</strong> y observó que <strong>los países en los que el capital natural representaba una elevada proporción de la riqueza nacional crecieron</strong> (entre 1965 y 1998), <strong>mucho más lento que aquellos países donde la proporción era menor</strong>. Por otra parte, <strong>Sachs y Warner</strong> demostraron que aquellos países que basan sus exportaciones sobre la base de recursos naturales, en el período que va desde 1970 a 1990 han crecido a un ritmo más lento que aquellos que muestran otra base exportadora. En definitiva, estos estudios plantean un enigma, donde<strong> la presencia de recursos naturales puede impedir el crecimiento económico</strong>. Puesto en otros términos, el análisis histórico y los distintos estudios sugieren la existencia de una<strong> &#8220;maldición de los recursos naturales&#8221;.</strong></p>
<p><span id="more-57"></span>Una de las explicaciones de la maldición de los recursos comienza con la observación de que <strong>los rápidos aumentos de la renta provocados por los recursos naturales tienden a ser transitorios</strong>. A su vez, estos aumentos transitorios del producto parecieran llevar a los países a incrementar su consumo como si este aumento fuera permanente. Así, en los países que sus recursos dejaron de crecer tienen bajas tasas de ahorro (en el intento de mantener su nivel de consumo en el tiempo) y por ende, muestran un menor nivel de inversión. Dado que el crecimiento requiere de inversión, el resultado final tras el aumento transitorio de los recursos es un nivel de renta más bajo que si estos nunca hubieran aumentado.</p>
<p>La segunda explicación de la maldición de los recursos naturales es que estos distorsionan la estructura de una economía produciendo beneficios a corto plazo, pero costos a largo plazo. Un país que tiene recursos naturales para exportar, importa para su propio consumo otros productos, generalmente bienes manufacturados. A su vez, esta importación provoca una contracción del sector manufacturero local. Si bien, a corto plazo, esta contracción es eficiente, de largo puede que no lo sea. Generalmente, el sector manufacturero agrupa firmas donde el progreso tecnológico es más rápido. Así, un país que importe sus bienes manufacturados no estaría aprovechando este progreso y es posible que su bienestar a largo plazo sea menor que el de un país que carece de un recurso natural.<strong> Este proceso por el que la presencia de un recurso natural acaba siendo perjudicial para el sector manufacturero nacional se denomina enfermedad holandesa.</strong></p>
<p>Finalmente, <strong>los recursos naturales pueden tener un efecto tóxico en el sistema político</strong>, el cual podría canalizarse al menos por dos vías. En primer lugar, a menudo provocan una <strong>expansión excesiva del sector público</strong> de la economía. Esta expansión se debe tanto a que los recursos naturales constituyen una fácil fuente de ingresos del Estado, como a que un Estado de grandes dimensiones a menudo es un medio a través del cual se distribuyen, legalmente o no, los recursos naturales entre distintos grupos. En segundo lugar, la presencia de recursos naturales, al aumentar los ingresos que puede distribuir el gobierno entre grupos favorecidos, aumenta los intereses en juego en la lucha por el control del gobierno, conllevando al despilfarro. En este sentido, los efectos tóxicos que producen los recursos naturales en el sistema político son más graves cuanto más elevada la relación entre ingresos y costos de explotación (esto es, la renta) y, en el límite, la lucha por el control de los ingresos generados por los recursos naturales podrían adoptar diversas formas que van desde la corrupción política hasta la guerra civil.</p>
<p>Por lo tanto, de lo anterior surge que<strong> lo negativo para el crecimiento no es la presencia de recursos naturales<em> per se</em>, sino la interacción de esta abundancia con algún otro factor</strong>. En el caso de un crecimiento rápido y transitorio del recursos, un país cuya población y/o cuyo gobierno fueran suficientemente previsores podrían invertir productivamente para propiciar una mayor tasa de crecimiento. De hecho, la extracción de recursos naturales puede estimular la producción en otros sectores a través de vínculos hacia atrás, cuando la industria de extracción del recurso utiliza como factores los bienes producidos localmente, y de los vínculos hacia delante, al transformase o utilizarse el recurso natural para producir otros bienes. Así, cuando existen vínculos hacia atrás o hacia delante, la explotación de un recurso natural puede impulsar el desarrollo de la economía en su conjunto. De esta forma, el país podría escapar a la maldición de los recursos naturales y acabar en el largo plazo siendo más rico. En definitiva, tal como afirma un proverbio chino: <strong>“no maldigamos a la oscuridad, mejor encendamos una luz”.</strong></p>
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		<title>Productividad y crecimiento en América Latina</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Oct 2013 10:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[América Latina padece del síndrome crónico del crecimiento lento. En contra de la opinión corriente, el bajo crecimiento y las resultantes brechas de ingresos no pueden atribuirse en mayor medida a un problema de acumulación de factores (capital físico y trabajo) sino a un déficit permanente en el crecimiento de la productividad (total de los factores-PTF). Desde 1960 hasta... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/10/15/productividad-y-crecimiento-en-america-latina/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>América Latina padece del síndrome crónico del crecimiento lento.</strong> En contra de la opinión corriente, el bajo crecimiento y las resultantes brechas de ingresos no pueden atribuirse en mayor medida a un problema de acumulación de factores (capital físico y trabajo) sino a un déficit permanente en el crecimiento de la productividad (total de los factores-PTF). Desde 1960 hasta el presente, los países de la región se han retrasado respecto al <strong>PIB</strong> <strong>per-cápita</strong> de los <strong>Estados Unidos</strong> un 37%, donde un 70% de la diferencia es explicada por un menor crecimiento de la productividad. Esta profunda diferencia en la <strong>PTF</strong> entre países no exige preguntarnos por qué algunos utilizan de manera más eficiente que otros el capital y el trabajo que disponen.</p>
<p>Un factor importante es el capital humano, el cual consta de la cantidad de conocimientos y de habilidades que acumulan los individuos a lo largo de su vida y que los hace más productivos. Este capital se acumula cuando los alumnos de los distintos niveles incorporan conocimientos, cuando los trabajadores de la construcción aprenden a manejar una grúa o cuando los médicos dominan una nueva técnica quirúrgica&#8230; Por ejemplo, en Estados Unidos cada año adicional de estudio tiene un rendimiento del 7%, mientras que en los países en desarrollo estos retornos son del orden del 12%.</p>
<p><span id="more-51"></span>Otra de las causas a las que puede deberse las diferencias en la <strong>PTF</strong> es que<strong> los países ricos y los países pobres producen con tecnologías diferentes</strong>. Algunos bienes tales como los chips de ordenadores de última generación, programas informáticos, nuevos productos farmacéuticos, los aviones supersónicos y los rascacielos, como así también las técnicas de producción y gestión para la creación de valor de las firmas, la tecnología de la información y las redes de transporte estrechamente integradas, son más frecuentes en los países ricos que en los pobres.</p>
<p>Sin embargo, aunque los países sean ricos debido a su capital físico, a su capital humano y a sus tecnologías de vanguardia, el punto es determinar qué impide que los países pobres disfruten de los mismos niveles elevados de capital y tecnología. Frente a ello, puede que las <strong>diferencias institucionales</strong> sean parte importante de la explicación.<strong> Mancur Olson</strong> (1996) comparó la situación entre <strong>Corea del Norte y del Sur, Alemania Oriental y Occidental y Hong Kong con China Continental</strong>. Cada uno de estos pares de países era un único país. Los habitantes de cada uno de estos comparten culturas parecidas y ninguno tiene ventajas geográficas relativas, al mismo tiempo que al inicio tenían una renta parecida. Luego de un tiempo surgieron diferencias enormes. Corea del Norte hoy es uno de los países más pobres del planeta, mientras que Corea del Sur constituye uno de los milagros del crecimiento.</p>
<p>En 1989, cuando cayó el <strong>muro de Berlín</strong>, <strong>la diferencia en el nivel de vida entre las dos Alemanias era abismal</strong>. Por último, pese al crecimiento de las últimas décadas, el ingreso per- <span style="font-size: 13px; line-height: 19px;">cápita de China es seis veces menor al de Hong Kong. En definitiva, los derechos de propiedad, </span>el imperio de la ley, el cumplimiento de los contratos y la separación de poderes son esenciales para el éxito económico. En su ausencia, los costos de invertir en capital físico, capital humano y tecnología pueden ser mayores que los beneficios y, por ende, pueden no realizarse inversiones que, de otra manera, serían rentables.</p>
<p><strong>Respecto al caso de América Latina, los tres desafíos más apremiantes en cuanto al diseño institucional son aquellos que permitan lograr un aumento sostenido de la productividad.</strong> En este sentido sería necesario: (i) aumentar la<strong> tasa de</strong> <strong>ahorro</strong> <strong>doméstico</strong> (donde el rol del sector público es clave), (ii) mejorar la <strong>infraestructura</strong> y (iii) <strong>reformar</strong> el <strong>mercado</strong> <strong>laboral</strong>. En cuanto al primer punto, actualmente, el país con mayor tasa de ahorro en la región no alcanza al mínimo del sudeste asiático y un salto en la inversión que impulse al crecimiento puede que, de cara a los próximos años, sea una ardua tarea financiarlo con ahorro externo. Así, tal como señalara <strong>Adam Smith</strong> en <strong><em>La Riqueza de las Naciones</em> </strong>(1776): &#8220;todo hombre derrochador es un enemigo público y todo hombre ahorrador es un benefactor público&#8221;. Hecho confirmado por la teoría y la evidencia empírica, donde a mayor tasa de ahorro no sólo el PIB per-cápita de largo aumenta, sino que la mejora en la tasa de crecimiento es permanente.</p>
<p>En cuanto al segundo, el mismo consta en cerrar la brecha de infraestructura tanto en materia de inversión física (hardware) como en materia contractual (software). Para lograr un crecimiento sostenido del 4% en el ingreso per-cápita sería necesario invertir en infraestructura un 5,5% del PIB (y 8% para equiparar los niveles asiáticos). Así, el déficit en materia de hardware sumado a los problemas contractuales (con pesos similares) hace que el comercio de la región esté 50% debajo de su potencial. Esto es, de cerrarse las brechas mencionadas sería posible duplicar el comercio, mejorar la productividad vía economías de escala y con ello potenciar el crecimiento. Finalmente, la reforma del mercado laboral debería estar destinada a reasignar el trabajo hacia los sectores más productivos. Así, cuando el diseño impositivo castiga la formación de capital humano y al mayor esfuerzo, ello estimula la sustitución a favor de actividades no alcanzadas por los impuestos, lo cual se traduce en menor producción en el tramo gravado y un deterioro de la productividad en el sector de servicios, que hace caer la competitividad de la economía.</p>
<p><strong>Estas tres reformas son un punto de partida necesario en la búsqueda de un mejor nivel de vida para el continente.</strong> No hay ningún sustituto que permita innovar, capacitar, adaptar, cambiar, experimentar, reasignar y emplear el trabajo, el capital y la tierra con mayor eficiencia que un <strong>sostenido aumento del nivel de productividad</strong>, de ahí que su exitosa gestión sea el máximo desafío de la política económica.</p>
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		<title>Comercio y crecimiento luego de la crisis global</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Aug 2013 12:33:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Javier Milei</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Luego de la quiebra de Lehman Brothers, el mundo enfrentaba la amenaza de caer en una nueva Gran Depresión. Aún peor que la de 1929-1933. Sin embargo, como consecuencia de 75 años de acumulación de conocimientos sobre el funcionamiento de la economía y el esfuerzo de los países que integran el G20, se coordinaron las políticas económicas que... <a href="http://opinion.infobae.com/javier-milei/2013/08/27/comercio-y-crecimiento-luego-de-la-crisis-global/">continuar leyendo &#8594;</a>]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Luego de <strong>la quiebra de Lehman Brothers</strong>, el mundo enfrentaba la amenaza de caer en una nueva <strong>Gran Depresión</strong>. Aún peor que la de 1929-1933. Sin embargo, como consecuencia de 75 años de acumulación de conocimientos sobre el funcionamiento de la economía y el esfuerzo de los países que integran el <strong>G20</strong>, se coordinaron las políticas económicas que permitieron derrotar al fantasma tan temido.</p>
<p>Pasado el shock inicial, el mundo se movió a dos velocidades, fuerte en los emergentes y más débil en los desarrollados. Hoy, a poco más de cuatro años del episodio,<strong> el mundo se recupera a tres velocidades</strong>. Por un lado, los emergentes, si bien crecen a tasas algo menores, mantienen su dinamismo. Por otra parte, <strong>EEUU</strong> (pese al freno que implica la consolidación fiscal) y <strong>Japón</strong>, sus políticas monetarias están dando el soporte necesario para alcanzar una recuperación sólida.</p>
<p><span id="more-35"></span>Finalmente, <strong>la zona del euro ha logrado frenar su caída</strong>. El sistema fue puesto a prueba y respondió de manera exitosa. Para verlo, sólo basta con recordar que cuando la economía había tocado fondo durante la Gran Depresión, el nivel de actividad se había contraído en torno al 30% y la <strong>tasa de desempleo</strong> en el mundo oscilaba en niveles del 20% al 30%. De hecho, el nivel de actividad se recompuso luego de diez años, mientras que hoy se discute la vuelta al crecimiento de tendencia.</p>
<p>En este contexto, pese a las fluctuaciones que puedan tener los términos de intercambio y las tendencias futuras sobre las tasas de interés, las perspectivas de largo plazo son alentadoras. A diferencia de la <strong>primera ola de globalización</strong> iniciada en el siglo XIX y que se retrajo durante las dos guerras, esta <strong>segunda tendencia globalizadora</strong> iniciada en los ‘50 continúa vigorosa.</p>
<p>En definitiva, el mundo se ha convertido en un lugar mucho más sólido y ello abre un ventanal gigante de oportunidades. De hecho, pocas ideas despiertan menos controversia entre los economistas que aquella que afirma que el comercio internacional es positivo para todos y que debe ser incentivado ya que potencia al crecimiento económico.</p>
<p>Los países extranjeros representan una oferta potencial de factores de producción que pueden ser escasos en un país dado, así como una salida para los factores abundantes. También son una fuente de transferencia de tecnología y brindan a un país la oportunidad de especializarse en las áreas de producción en las que es mejor. Desde este punto de vista, e<strong>l cauce principal a través del cual la apertura al comercio mundial eleva la renta per-cápita es mediante el efecto que genera vía el aumento de la productividad</strong>. Así, puede entenderse al comercio mismo como una forma de mejora tecnológica.</p>
<p>La evidencia empírica internacional muestra la existencia de una fuerte relación positiva entre el crecimiento del <strong>PIB</strong> y el crecimiento en el grado de <strong>apertura comercial</strong>. Así, un cambio en el grado de apertura induce a un mayor crecimiento del PIB y consecuentemente, del ingreso por habitante. Desde este punto de vista,<strong> sumarse a la globalización es bueno para el crecimiento económico de un país</strong> y existen tres tipos de pruebas que avalan dicha reflexión:</p>
<p>(i) En primer lugar, la apertura lleva a la <strong>convergencia económica</strong>: los países pobres que están abiertos al comercio crecen más deprisa, en promedio, que los ricos, mientras que los países pobres que están cerrados al comercio crecen más despacio que los países ricos.</p>
<p>(ii) En segundo lugar, los países que abren sus mercados a la economía mundial experimentan una aceleración del crecimiento, mientras que los que cierran su mercado experimentan su desaceleración.</p>
<p>(iii) Por último, los países que son menos capaces de participar en el comercio mundial por su posición geográfica tienen una renta más baja como consecuencia de su aislamiento. En este sentido, los datos para la segunda mitad del siglo XX muestran que <strong>aquellos países que siempre estuvieron abiertos son en promedio, siete veces más ricos que los que nunca lo estuvieron.</strong> A su vez, los países que mantuvieron su apertura al comercio durante más de la mitad del período son en promedio una vez y media más ricos que aquellos que lo hicieron por menos de la mitad del período de estudio.</p>
<p>Sin embargo, tal como señalara <strong>William Baumol</strong>: “Probablemente la razón más persistente para la resistencia de los no economistas, a las más preciadas recomendaciones de la profesión, sea la falta de consideración sobre las implicancias que éstas tienen en términos distributivos”. El comercio internacional, a lo igual que el<strong> progreso tecnológico <em>schumpeteriano</em></strong>, si bien de largo plazo favorece a toda la sociedad en su conjunto (nadie dejó la luz eléctrica para volver a las velas), en el corto plazo hay un conjunto de agentes que se perjudican con la llegada de los nuevos bienes. En este contexto, resulta de crucial importancia acompañar a estos grupos hasta que logren reconvertirse, ya que en su defecto se opondrán al cambio, generarán tensión social y con ello podría abortarse un proceso que de largo plazo beneficia a todos.</p>
<p>Por lo tanto, aquellos países que sean capaces de superar con inteligencia y conocimiento los desafíos de la globalización y del progreso tecnológico, tendrán un futuro mucho mejor de lo que alguna vez se hayan permitido imaginar. <strong>Los que no se adapten a la nueva realidad seguirán viendo pasar el tren de la convergencia.</strong></p>
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