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	<title>Jorge Altamira &#187; FMI</title>
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		<title>El alcance de la crisis de Ucrania</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Mar 2014 15:30:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace dos semanas, en la noche del viernes 28, se creó la impresión de que se había llegado a un acuerdo para superar la crisis en Ucrania, que desde el noviembre previo había reunido una multitud en la plaza principal de Kiev, la capital del país. <strong>&#8220;Es esto o la ley marcial&#8221;, advirtió el ministro de Exteriores</strong>, <strong>Sikorski</strong>, uno de los tres miembros de la delegación de la Unión Europea. Se refería al acuerdo alcanzado con el gobierno y el parlamento de Ucrania, por un lado, y Rusia, por el otro, para formar un gobierno de unidad nacional y convocar a elecciones presidenciales para diciembre. La coincidencia debía ser rubricada por la desmovilización de la multitud.</p>
<p>Demasiado bueno para ser cierto, el acuerdo no sobrevivió a su sola enunciación<strong>.</strong> Sea por responsabilidad de la represión, que comenzó a meter bala a los manifestantes; sea por la acción mortal de francotiradores, que podrían obedecer a las fuerzas de seguridad o a los grupos armados de la derecha (declaradamente fascistas y antisemitas) que controlaban la plaza; sea porque el hilo del paquete tenía muchas hilachas; sea por una combinación de estos factores, el acuerdo capotó a la velocidad de la luz. No llegó a la madrugada del sábado. <strong>La plaza lo rechazó y lo mismo hizo el presidente en funciones, Viktor Yanukovich, que eligió repudiarlo con una huida</strong>. Enseguida el orden público pasó al control de las organizaciones establecidas en la plaza, ante el repliegue de las fuerzas de seguridad. El gobierno provisional reunido para la ocasión no tiene autoridad ni en la residencia del gobierno.</p>
<p><span id="more-166"></span>Así descritos los hechos, no debiera sorprender que Vladimir Putin, el presidente de Rusia, haya puesto en marcha el dispositivo militar de ocupación de Crimea, la península sobre el Mar Negro<strong>,</strong> que alberga a la flota rusa, como consecuencia de un tratado que llega a 2050. Los nuevos gobernantes de Ucrania, hasta las elecciones convocadas para el 25 de mayo que viene, no ofrecían ninguna garantía de obediencia a ese acuerdo, y en todo caso podían ser fácilmente superados por las organizaciones de la derecha de Ucrania, que ya dominan algunas regiones en el oeste del país. El ingreso militar de Rusia a Crimea, la intención de desalojar de allí a las fuerzas armadas de Ucrania e incluso la posibilidad de ocupar alguna parte del este, constituyen un golpe o acción preventiva, desde donde discutir el cuadro estratégico de Ucrania sobre nuevas bases.</p>
<p><strong>La restauración del capitalismo ha convertido a Rusia -no importa su extensión territorial o su arsenal nuclear &#8211; en un estado periférico; no tiene posibilidad ni intención de oficiar de alternativa estratégica a los estados capitalistas dominantes</strong>. Rusia podría devenir en un futuro en un estado subordinado de una coalición de estados capitalistas rivales &#8211; de ningún modo jugar un rol independiente. La posibilidad de que algún estado periférico (incluso de los de la UE) desempeñe un papel autónomo en la política mundial, depende de una revolución socialista. En esta hipótesis, su fuerza consistirá en su capacidad de convocatoria a los trabajadores del resto de los países más relevantes.</p>
<p>Las fuerzas en presencia de la crisis operan a pura improvisación. <strong>Ucrania se encuentra económicamente quebrada</strong>: no puede pagar la deuda pública, la factura de gas ni el salario de los empleados del Estado. Para mantenerla en su radio de influencia, Putin le había ofrecido un apoyo de 15 mil millones de dólares -entre créditos, subsidios a la provisión de gas y algún dinero en efectivo. La Unión Europea, a cambio del diez por ciento de la oferta rusa, pretendía que Ucrania firmara un acuerdo de libre comercio que habría liquidado la producción interna, entregado sus activos principales a los monopolios europeos y norteamericanos y, lo que no es menos importante, rematado las tierras más fértiles de Europa en beneficio del capital internacional.</p>
<p>El acuerdo preveía, como ha ocurrido ya con Egipto, la eliminación de los subsidios al consumo de energía por parte de las familias, lo cual dispara, ciertamente, el levantamiento de millones de ucranianos. Cuando la arquitectura que se improvisó para salir de la crisis se vino abajo, la UE reconoció que Ucrania necesitaba un rescate de 50 mil millones de dólares (de los cuales 20 mil dólares no se recuperarían nunca), pero no adelantó ni una sola moneda. <strong>Obama pretende que la plata la ponga Merkel y viceversa</strong>, un litigio que zanjaría, al menos en parte el FMI, con los recursos de todos los países asociados, pero en beneficio de un puñado. En medio de esta crisis, la eliminación mencionada de los subsidios, que reclama más que nadie el FMI, sería un disparate. Rusia, por su lado, luego de poner 3.000 millones de dólares, suspendió la entrega del resto de lo comprometido. Ucrania está al garete.</p>
<p>La separación de Ucrania de la periferia económica y estratégica de Rusia, sería un golpe potencial nada menos que a la unidad nacional de Rusia. Recorrida por numerosas nacionalidades, Rusia no es un estado nacional, el Cáucaso vive una guerra internacional desde hace una década. Las consecuencias centrífugas de la penetración económica y del tutelaje político del capital internacional, constituyen claramente una de las alternativas posibles de la restauración capitalista. <strong>Para la oligarquía que ha emergido del desmantelamiento económico de Rusia, Ucrania es un mercado vital y una vía de pasaje para el gas ruso a Europa; lo mismo ocurre, en sentido contrario, para la oligarquía de Ucrania.</strong> Pero estas mismas oligarquías, definitivamente instaladas en la City de Londres y en los paraísos fiscales, son un vehículo de la desintegración nacional.</p>
<p>Desde un punto de vista formal, la salida &#8216;pacífica&#8217; podría estar servida; bastaría mantener el reconocimiento de las prerrogativas estratégicas de Rusia y sus nichos económicos, y acordar un rescate financiero de Ucrania. La posibilidad de este acuerdo se insinuó varias veces en estos pocos días. Los políticos locales se acomodarían a lo que se les diga. Pero se ha llegado a semejante crisis no por azar sino por razones de peso histórico. La restauración capitalista se encuentra empantanada; J. Sachs, un economista que intervino en la fase de disolución de la URSS, acaba de reiterar que la industria de tecnología de Rusia va a la obsolescencia sin la intervención del capital extranjero y reforzaría la condición de productor primario de Rusia.</p>
<p>El capital mundial necesita de una apertura de mucho mayor alcance de los nuevos mercados, porque lo procesado hasta ahora en China, Rusia y Europa oriental se ha agotado. <strong>No es casual que la UE no quiera admitir a Ucrania en Europa luego de haberlo hecho con los países bálticos y que le exija un nivel de desmantelamiento económico sin precedentes: es que ya no puede sostener como método de colonización económica la igualdad formal de derechos de todas las naciones en la Unión Europea</strong>. Europa enfrenta una deflación rampante, y Estados Unidos y Japón fracasan en los intentos de evitar ese destino. Un parche en Ucrania ahora sería el anuncio de crisis más graves en un futuro inmediato. Las nuevas huelgas en Egipto, frente al deterioro implacable de la economía, es una señal contundente de que la crisis mundial avanza en amplitud y en profundidad. Un parche diplomático tendría otro &#8216;inconveniente&#8217;: recentraría la crisis de Ucrania en el derrumbe interno del régimen económico y político. Se atenuarían las líneas de confrontación internacionales y la agenda pasaría a ser las condiciones de las masas. Una unidad social sobre estas bases es el terror del imperialismo y de la burocracia y oligarquía de Rusia. <strong>Nuestra consigna es: una Ucrania unida, independiente y socialista.</strong></p>
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		<title>Después de las PASO, la crisis política</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Aug 2013 12:12:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>No pasado una semana desde las PASO y la<strong> crisis política</strong> ya se había acentuado. La puso en evidencia, enseguida, la propia <strong>CFK</strong> con su discurso sobre ‘titulares’ y ‘suplentes’. Denunció, en un par de minutos, que había perdido el apoyo de la “burguesía nacional” que la había sustentado, con más altas que bajas, durante una década. Confesó que, como jugadora, tenía tanto tiempo de suplente como <strong>Menem</strong>. Dejó al desnudo que no había ‘construido’ ninguna clase de ‘poder’, sino que había hecho uso, en calidad de ‘gerente’, del que disponían las grandes corporaciones.<strong> La estrategia de la ‘década’</strong> (reconstruir la burguesía nacional” del derrumbe de 2001) <strong>fue la línea maestra que amalgamó a las grandes corporaciones capitalistas con el kirchnerismo</strong>. Esto es ahora cosa del pasado, ha sido demolido por la <strong>crisis mundial</strong> y por las limitaciones insalvables de un programa de reconstrucción nacional sobre bases antiguas y agotadas.</p>
<p>La crisis política del momento se caracteriza por el <strong>descontento de todas las clases sociales</strong>: del capital, que reclama libertad de acción sin perder los subsidios del Estado, por un lado; del conjunto de los trabajadores, quienes ven carcomidas sus condiciones de vida por la inflación, los salarios y jubilaciones mínimas de miseria (las que afectan a la gran mayoría); así como por la precariedad laboral a la que se suma una espantosa crisis de vivienda y de transporte.</p>
<p><strong><span id="more-87"></span>Gordito golpista</strong></p>
<p><strong></strong>La semana que siguió a las elecciones se caracterizó por las posiciones de<strong> ruptura de las patronales con el gobierno</strong> y también por las declaraciones encontradas de los K. En ese marco, las denuncias de <strong>Lanata</strong> acerca de una extraña estadía de CFK en el <strong>paraíso fiscal de Seychelles</strong>, en enero de este año, sirvió para abroquelar a la nube K, que es precisamente lo que buscan los ‘opositores’ para asestar un golpe definitivo al oficialismo en las elecciones de octubre. No se entiende, sin embargo, que los K se sigan desgarrando las vestiduras en favor de una <strong>imposible ‘honestidad’ K</strong>, luego de los años que han pasado<strong> sin que los Kirchner digan que ocurrió con los fondos de la privatización de YPF,</strong> en 1992/94, de más de mil millones de dólares. El oficialismo tampoco desmiente la red de empresas truchas de sus secuaces que se alojan en los paraísos fiscales. La disputa gira apenas en torno al tiempo que duró la permanencia de la presidenta en las islas Seychelles. Por último,<strong> el alcance de la denuncia del ‘gordito golpista’ es mayor del que se sugiere,</strong> puesto que ataca el blanqueo por medio de ‘<strong>cedines</strong>’ y ‘<strong>baades</strong>’, lo cual podrían revelarse como un mero <strong>blanqueo</strong> en beneficio de la camarilla de gobierno. Gente del <strong>Unen</strong> y de <strong>Massa </strong>han dicho que lo primero que harían en el Congreso es promover la anulación del blanqueo.</p>
<p>El tema de la <strong>corrupción</strong> -que está demoliendo literalmente al oficialismo- viene de nuevo al caso, precisamente debido a la licitación de <strong>represas hidroeléctricas en Santa Cruz</strong>, las que plagadas de irregularidades benefician a los grupos económicos pro-oficialistas. Entre ellos se encuentran compañías de <strong>China</strong> -algo que pocos han destacado, pero que ocupa un lugar esencial. Ocurre que CFK reivindicó, en su discurso de la semana, el “financiamiento productivo directo” -en un apoyo directo a las relaciones económicas con China- en oposición al “endeudamiento internacional” que impulsan el <strong>FMI</strong>, la <strong>UE </strong>y <strong>Estados Unidos</strong>. De este modo, el trasfondo de la crisis política viene ocupado también por una pelea internacional, que se registra en otros países.</p>
<p>Si la derrota del kirchnerismo se amplía en octubre,<strong> el gobierno podría perder la mayoría parlamentaria</strong> y, de cualquier modo también la presidencia del Congreso. La ‘opo’ se haría dueña, en tal caso, de la segunda línea de sucesión presidencial, lo que no es poco en un marco de cambio de frente de la burguesía nacional y del cambio de camiseta de la burocracia de los sindicatos.</p>
<p>La cuestión de la presidencia de diputados va a ocupar un lugar crítico en la campaña electoral que se inicia en un par de días. <strong>El gobierno buscará atrincherar sus votos con denuncias de golpismo</strong>, en tanto que esta posibilidad podría abrir rupturas en el campo opositor. Lo que los K no podrán evitar, de todos modos, es quedar en minoría y, en ese caso, perder la presidencia. El bloque de representantes del <strong>Frente de Izquierda</strong> votará, para ese caso, a su propio candidato. Advertimos que el oficialismo ha perdido toda capacidad y, por sobre todo, voluntad de luchar contra un golpe, como lo demuestran las concesiones que hace a los ‘titulares’: pago de la deuda externa y del cupón <strong>PBI</strong>, mientras mantiene el impuesto al salario; dilatación del pago de jubilaciones con sentencia favorable, entrega petrolera a los pulpos norteamericanos, devaluación del peso.</p>
<p>El kirchnerismo supone que la <strong>oposición parlamentaria</strong> podría alcanzar un acuerdo general contra el gobierno, en la línea de lo que hace unos años se conoció como <strong>“grupo A”</strong>. En la Ciudad de Buenos Aires, <strong>el Unen</strong> <strong>ha resuelto “no confrontar con el macrismo”</strong> (<strong>Clarín</strong>, 20/8) en la campaña que viene. ¿Es que ya se está poniendo en marcha el acuerdo para hacer funcionar ese “grupo A”? Sus dirigentes alientan sin disimulos un corte de boleta de <strong>Michetti</strong> con <strong>Carrió</strong>. Massa, es sabido, tiene candidatos macristas, aunque se pelee con ‘Mauricio’ por 2015.</p>
<p><strong>Sucesión pactada</strong></p>
<p>Detrás de las denuncias cruzadas, sin embargo, “titulares” y “suplentes” (al decir de CFK) trabajan tenazmente por una transición pactada. Dentro de las filas oficiales, su principal expresión es <strong>Daniel Scioli</strong>, quien <strong>acaba de proponer una Paso en 2015</strong> para “unir al peronismo” (<strong>La Nación</strong>, 16/8), lo que Massa rechazó. Scioli fue el otro derrotado en las Paso, lo cual deja a los K con el puesto vacante. Ante el vacío, los “dueños de la pelota” reclaman ‘corregir el rumbo para no perder más votos’ (<strong>Méndez</strong>, de la <strong>UIA</strong>).</p>
<p>Antes del relevo definitivo, <strong>las corporaciones quieren que se aplique su programa</strong>: una <strong>devaluación</strong> en regla, la ‘corrección’ de tarifas, la normalización de relaciones con el capital financiero internacional. La perspectiva de una devaluación (desdoblamiento cambiario), de un ajuste al salario y de los tarifazos está inscripta en los cedines, en la liberación de los combustibles y en el acuerdo con <strong>Chevron</strong>.</p>
<p><strong>Polarización artificial</strong></p>
<p>El escenario de “golpes” y “contragolpes” institucionales inaugura esta segunda fase de la campaña electoral. Su propósito inmediato es instalar una polarización política. <strong>Las advertencias oficiales sobre un “golpe”</strong> <strong>apuntan</strong>, sobre todo, <strong>a galvanizar al electorado kirchnerista</strong> con vistas a la elección de octubre. Si sigue este libreto, el electorado del kirchnerismo será el último en salir del barco y en sufrir todas las consecuencias del desbarajuste económico y político. Lo llamamos a que lo haga de inmediato mediante el voto, en octubre, al Frente de Izquierda.</p>
<p>Nosotros, el <strong>Frente de Izquierda</strong>, reforzaremos por nuestro lado, la agitación por una <strong>agenda de prioridades populares</strong>, comenzando por la derogación del impuesto al salario; la imposición del 82% móvil, el fin de la precarización y tercerización laboral, la reorganización urbana a costa de los especuladores y la gestión de la economía nacional por parte de los trabajadores. Esta agenda será precisada y ampliada en los numerosos distritos donde lucharemos por el acceso a las legislaturas y concejos deliberantes, junto a la batalla del Congreso Nacional. <strong>Preparemos sin demoras la batalla que se viene.</strong></p>
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