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	<title>Jorge Altamira &#187; Francia</title>
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		<title>La Patrie en Danger</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Feb 2014 16:09:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Los intelectuales del kirchnerismo se jactaron alguna vez de la capacidad del gobierno para “construir poder”. Contraponían alegres este oportunismo corrupto contra el principismo político de la izquierda, que asienta su estrategia en categorías históricas. La taba, sin embargo, parece haberse dado vuelta, dialécticamente, digamos, porque la quinceava<strong> Carta Abierta</strong> <strong>se lamenta ahora de que el kirchnerismo es víctima del poder de las corporaciones que él mismo albergó</strong> ‘a paladas’ en la década remanida. Los K devalúan el peso, dice Carta Abierta, contra su propia voluntad, como si el contratiempo cambiara en algo su carácter social regresivo. ¿Qué dirán entonces de la revalorización que registra el peso en estos días como consecuencia de la resolución del<strong> Banco Central</strong> kirchnerista para que la banca local venda la mayor parte su tenencia de cuatro mil millones de dólares al tipo de cambio Bolsa? (11/12 pesos, que compró con la plata de sus depositantes, para realizar un beneficio extraordinario y encima invertirlo al 30% anual con un seguro de cambio que le garantiza una paridad con el dólar).</p>
<p>El famoso poder que se construyó con cooptaciones y sin considerar los prontuarios políticos y judiciales, se ha ‘deconstruido’. <strong>¿Se dan cuenta estos pensadores de que con la caracterización de que el poder pasó a las ‘corpos’ están alentando ‘simbólicamente’ el derrocamiento de su propio gobierno?</strong> Un gobierno que no gobierna es una contradicción en sus términos. Hasta hace poco los K se jactaban de que haber impuesto la soberanía de la política sobre el interés particular, ahora lamentan que diez años de política haya devuelto el poder al llamado ‘poder concentrado’; los K se pasan de bando. <strong>El discurso de los intelectuales K derrama derrotismo</strong>. <em>La patria está en peligro</em> es el documento cobarde de un grupo de capituladores. Hasta el encabezamiento del texto es una farsa: en lugar de un slogan gaucho esgrimen una consigna afrancesada, la de las insurrecciones populares, en <strong>Francia</strong>, entre 1791 y 1793, que convocaban al armamento del pueblo bajo el llamado de <em>la Patrie en Danger</em>. Los filósofos que supimos conseguir no convocan, sin embargo, a ningún levantamiento popular, solo a establecer una <strong>Junta Nacional de Granos</strong> (justo cuando el precio de la soja está en caída). <strong>Jorge Abelardo Ramos</strong>, él mismo un nacionalista que recaló en el menemismo, ironizó una vez que allí donde la burguesía francesa había estampado los derechos del hombre y del ciudadano, la de Argentina se trenzaba por las alícuotas de importación.</p>
<p><strong> <span id="more-137"></span>La devaluación del peso</strong> está en la génesis (o en los genes) del kirchnerismo, que había sido, sin embargo, un fanático de la convertibilidad y el primero, probablemente, en fugar los dólares de<strong> Santa Cruz</strong> a un lugar ignoto para preservarlos de ella. Kirchner llegó al gobierno, precisamente, como consecuencia del derrumbe del peso convertible en 2001 de <strong>Cavallo</strong> y de una recuperación capitalista fundada en una devaluación gigantesca de la fuerza de trabajo. El mismo kirchnerismo nunca dejó de reivindicar el pago serial a los usureros internacionales, que es el principal factor de devaluación – unos 180 mil millones de dólares, según un famoso discurso presidencial. La presidenta, mucho más generosa que <strong>Nicolás Avellaneda</strong> (que quiso pagar la deuda con “la sangre de los argentinos”), prometió que remataría sus propios bienes si fuera necesario para cumplir con los acreedores – aunque no fue lo que hizo con los mencionados fondos santacruceños. Los economistas K aseguraron que el vaciamiento de las arcas del Banco Central y de la ANSES reforzaba la ‘matriz productiva’ y la ‘redistribución de ingresos’.<strong> Carta Abierta llora ahora por la licuación del poder oficial después que aplaudieran a rabiar el remate de las reservas en beneficio de las corporaciones capitalistas</strong>. No se ha estrenado ninguna pieza trágica para representar a la crisis política en curso, pero ya tenemos una opereta escenificada en la Biblioteca Nacional. Mientras los grandes capitales se llevaron de Argentina, en la década, casi dos centenas de miles de millones de dólares – la asignación por hijo no ha llegado hasta hoy a los mil millones de la misma moneda. Mediante la corrida contra el peso, los capitales se abalanzan como buitres sobre los últimos activos disponibles de la quiebra nacional y popular.</p>
<p>¿No aplaudieron, los pensadores de CA, el acuerdo con <strong>Chevron</strong> y aprovecharon la ocasión para reivindicar el acuerdo de <strong>Perón</strong>, en 1954, con la <strong>California Oil</strong>? ¿No aplaudieron, acaso, la emisión de <strong>Cedines</strong> y <strong>Baades</strong>, precursores del desdoblamiento cambiario y la devaluación? ¿No hicieron lo mismo con los pagos en el <strong>Ciadi</strong> a los fondos buitres, la indemnización a <strong>Repsol</strong> y la liberación del mercado Bolsa para la compra de dólares? ¿Por qué no denuncian que el Banco Central decidió remunerar a los bancos con una tasa del 30% y fijar un tipo de cambio futuro que les asegura esa ganancia en dólares? No es la patria la que está en peligro, porque la burguesía nacional, cuya ‘reconstrucción’ fue la piedra fundacional del kircherismo, se encuentra a buen recaudo. Está en peligro el valor la fuerza de trabajo y los ahorros de las mayorías laboriosas; las patrias contratistas, los capitanes de la industria y los monopolios de exportación (incluido el aluminio, el acero, la minería) festejan. Es muy probable que lo estén haciendo en forma prematura porque tiene enfrente una nueva generación obrera que no conoce de derrotas y ya ha producido varias puebladas y derrocado a algún gobierno.</p>
<p><strong> Esgrimir a la patria cuando la burguesía nacional se la está cargando entera, es un acto de ocultamiento</strong>. La patria está desgarrada por un antagonismo de clase irreconciliable, que vuelve a ponerse de manifiesto en esta crisis. La carta caracteriza a la presente crisis como una conspiración de las megacerealeras, justo cuando el gobierno cierra un acuerdo por 2000 millones de dólares de la cosecha después de premiarla con una mega devaluación, un 30% de interés por ese dinero y un tipo de cambio futuro bajo para que puedan sacar esa plata del país, en dólares constantes. La carta abierta no incluye entre los “conspiradores” a los monopolios petroleros, con quienes el gobierno ha suscripto otro pacto –el de la dolarización de sus tarifas y la libertad para secar los ríos y pudrir el medio ambiente. El <strong>negocio Kicillof-Galuccio-Chevron</strong> para estos &#8220;grupos concentrados&#8221; es brillante: el arreglo con Repsol lo es aún más, en especial si se considera que Repsol se construyó entera en base al vaciamiento energético de Argentina.</p>
<p>La Carta bordea la hipocresía cuando exhorta a que la devaluación “no recaiga en los sectores populares”, cuando la función de la devaluación es precisamente esa: reconstruir la tasa de beneficio capitalista mediante una confiscación económica y laboral de los sectores populares. De otro modo la devaluación no tendría sentido. Para que ‘no recaiga’ en los trabajadores debe instalarse un gobierno de trabajadores – que haría pagar la crisis a los capitalistas con un plan integral de nacionalizaciones bajo control y gestión de los trabajadores. Pero esa perspectiva de un gobierno de explotados asusta a carta abierta mucho más que los destituyentes.</p>
<p>Los inventores del concepto (¿?) “destituyente” no mencionan, sin embargo la palabra en su carta, cuando sería más pertinente hacerlo que nunca. Si la patria está en peligro pero no la acecha un golpe, deberíamos concluir que la amenaza parte del gobierno. <strong>Los bancos, las cerealeras, las mineras y las petroleras no vienen sólo por los dólares, vienen por el gobierno</strong> – reclaman uno de ‘confianza’, no se conforman con medidas ‘que van por el rumbo correcto’, quieren todo el paquete. La ocasión que ofrece la crisis, es propicia. ¿De qué otra cosa se habla sino de un golpe cuando se caracteriza una crisis política? De tanto manipular la palabra ‘destituyente’, los firmantes de la carta han perdido la noción de su significado y significante. La omisión es significativa ¡porque los destituyentes están entre ellos mismos!<strong> Diana Conti</strong>, la eterna, y <strong>Kunkel</strong>, el talibán, ya buscan refugio en el <strong>sciolismo</strong>, definitivamente jugado a<strong> explotar el evento destituyente</strong>.</p>
<p>El libro de pases en el pejota ignora que la temporada de fútbol ya comenzó. <strong>Otacehe</strong>, el mimado de <strong>Sabatella</strong> en las últimas elecciones, se acaba de ir con <strong>Massa</strong>, como tantos otros K antes que él. Los chicos de <strong>la Cámpora</strong>, <em>‘les enfants de la patrie</em>’ en peligro, libran apenas una adinerada batalla de retaguardia en<strong> Fútbol para Todos</strong> y en <strong>Aerolíneas</strong>, mientras uno de sus mentores, <strong>Kicillof</strong>, se abraza a <strong>Chevron</strong>, a <strong>David</strong> <strong>Martínez</strong> y al <strong>Fondo</strong> <strong>Gramecy</strong> (<em>sic</em><strong> The Wall Street Journal,</strong> 10.2)<strong>. A <em>la Patria en Peligro</em> hay que salvarla, por sobre todo, del palabrerío engañoso de Carta Abierta.</strong></p>
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		<title>Quién dijo que la bancarrota capitalista es un recuerdo</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Sep 2013 04:50:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jorge Altamira</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Fue, durante mucho tiempo, la noticia más cantada en el mundo financiero: <b>el Banco Central de Estados Unidos</b> pondría fin a la política de compra masiva de la deuda pública norteamericana, la cual se ha desarrollado mediante una <b>emisión monetaria gigantesca</b>. El objetivo perseguido -apalancar a la economía norteamericana e incluso a la del resto del mundo- se habría alcanzado. Esa emisión había logrado mantener la tasa de interés de referencia a poco arriba del cero por ciento, así como transferir las inversiones en deuda pública a las acciones de empresas, lo que promovió un ascenso espectacular de las bolsas. Sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad, la Reserva Federal pestañeó: la cancelación gradual de la política de emisión de moneda quedaría para más adelante. La vacilación de los banqueros centrales dejó al desnudo la profundidad de la bancarrota capitalista mundial, cuando se han cumplido más de seis años desde su inicio.</p>
<p>Es que, a pesar del ‘estímulo’ monetario gigantesco, <strong>la esperada reactivación de la economía apenas se hizo notar</strong>. En relación con el desempleo ocurrió lo mismo: la reducción del 9 al 7,5% se debió a la baja en la gente que dejó de buscar trabajo -bajó la población activa, no la desocupación. Los empleos que se han creado durante la crisis son, por otra parte, de peor calidad y el salario medio no creció, lo cual implica el desplome de quienes ocupan la parte inferior de la escala. “La lectura más reciente -dice <em>The Wall Street Journal</em> (27/6)- muestra un escenario inestable. Las inversiones de las empresas norteamericanas avanzaron apenas un 0,4% en el primer trimestre. <strong>El ritmo de inversiones está un 4% abajo del período pre-recesión</strong>. La producción total de las fábricas norteamericanas, el mes pasado, fue un 5% inferior al promedio de 2007″.</p>
<p><b>Nuevo ciclo especulativo</b></p>
<p>El dinero emitido no fue a la inversión ni al crédito, sino a la compra de activos y papeles que ya se encuentran en circulación, cuyos precios se habían abaratado en relación con el aumento de la deuda pública. Una periodista británica (Gillian Tett, <em>Financial Times</em>, 20/9) tuvo que aludir a la “baja productividad del dinero”, para justificar que tanta plata sólo hubiera logrado producir un incremento del 2% del PBI de Estados Unidos y virtualmente nada en Europa. <strong>El fracaso del ‘estímulo’</strong> puso de manifiesto que los fundamentos de la crisis han empeorado: la tasa de beneficio industrial no se ha recuperado, como tampoco la demanda de los consumidores; el nivel de endeudamiento mundial apenas se ha movido de los 500/600 billones de dólares; el sistema bancario está atiborrado de créditos incobrables -los principales bancos europeos tienen un déficit de capital de cien mil millones de euros. <strong>Grecia y Portugal reclaman nuevos rescates; Italia, España y Francia se encuentran en un completo impasse.</strong> La ya mencionada periodista señala: “Hoy, en el Reino Unido, apenas el 15% del total de flujos financieros es canalizado efectivamente hacia ‘proyectos de inversión’; el resto sustenta activos empresarios, inmobiliarios o finanzas personales no garantizadas, que existen para estabilizar el ciclo de vida del consumo”.</p>
<p>La emisión descomunal de la Reserva Federal de Estados Unidos (a la que acompaña, desde mucho antes, la mayor aún del Banco de Japón) ha operado, en realidad, como una provisión de ‘dinero fácil’ para financiar una especulación financiera, la cual ha superado a la que llevó al derrumbe de 2007/9. Con una expansión de su balance, de casi cero a cuatro billones de dólares, el Banco Central norteamericano desplazó a China y a Japón como los principales tenedores de deuda pública de Estados Unidos. Frenó, de este modo, la amenaza de un retiro de fondos de esos países, motivada por el temor a que la deuda norteamericana no encontrara financiación. Una reducción de los gastos y de la deuda pública de Estados Unidos se encuentra bloqueada en el Congreso norteamericano, aunque el avance de un ‘ajuste’ tendría como resultado un retorno directo a la recesión. Es claro, entonces, que <strong>la Reserva Federal tuvo que recular de la intención de poner fin una política que no lleva a ningún lado</strong>, porque su cancelación (incluso si fuera gradual) habría acentuado la crisis económica en Estados Unidos e incluso agravado la crisis financiera con un derrumbe generalizado de las bolsas. La caída persistente de la cotización del oro, desde que se anunció el propósito de disminuir el ritmo de emisión monetaria, dejó planteado el recrudecimiento de la deflación que acosa al conjunto de la industria mundial.</p>
<p><b>Países emergentes</b></p>
<p>La ‘madre de todas las crisis’ se asomó, sin embargo, en los llamados ‘países emergentes’. Ocurre que la reducción de la tasa de interés norteamericana, como resultado de la compra masiva de deuda pública por medio de emisión de moneda, movilizó los <strong>capitales especulativos</strong> hacia inversiones de mayor rendimiento, en especial a las de aquellos países -sea para deuda pública, la bolsa, préstamos de todo tipo o la financiación del consumo interno. El endeudamiento público y privado de los ‘emergentes’, a través de toda clase de instrumentos financieros, adquirió desde 2010 proporciones colosales y, en especial, el uso de esa financiación para apalancar la deuda doméstica. La deuda de las familias en Brasil (la cual está financiada por créditos internacionales a los bancos) es del 52% de sus ingresos y ha producido una incobrabilidad del 10/12%. El gobierno brasileño ha llegado al ridículo de protestar contra este retiro de fondos internacionales, luego de haberse quejado por lo contrario -el ingreso de fondos- dos años antes, lo cual calificó entonces como una ‘guerra monetaria’. Es también lo que ocurre en Indonesia y la India, en la misma escala. La incobrabilidad, por un lado, y la perspectiva de aumento del costo del crédito internacional -en anticipación al retiro de los ‘estímulos’ de la Reserva Federal- por el otro, han desatado una salida de capitales en gran escala y, por lo tanto, la devaluación de las monedas de esas naciones. Lo mismo pasa en Argentina, donde el crédito con tarjeta ha crecido sin parar, a pesar de que tiene menor exposición al mercado internacional de capitales. En junio pasado, cuando el retiro de los ‘estímulos’ por parte de la Reserva Federal planeaba como una posibilidad, <em>Le Monde</em> (26/6) titulaba: “El costo de los empréstitos inquieta de nuevo a Europa: la tasa de las deudas soberanas de Irlanda y Portugal ha aumentado en forma neta en los últimos días”. Los fondos estadounidenses, que habían inundado de dólares a Europa, luego de la ‘sequía’ de 2011, amenazaban con un nuevo retiro, precisamente por el encarecimiento del crédito a la metrópoli. En efecto, antes del anuncio que después no se produjo, la tasa a largo plazo en Estados Unidos se aproximó al 4%, a pesar de los ‘estímulos’. A finales de junio pasado, una “venta record de títulos públicos de Estados Unidos” obedeció a “la liquidación por parte de países en desarrollo, para financiar la salida de dólares” (<em>Financial Times</em>, 28/6).</p>
<p>La vacilación del Banco Central norteamericano para eliminar en forma progresiva su política de estímulos se explica por el <strong>temor a provocar un derrumbe financiero de alcance internaciona</strong>l. Las críticas al recule no se hicieron esperar, desde los que aseguran que sólo servirá para amplificar la especulación en desarrollo y desatar una crisis aún peor en un futuro próximo, hasta los que aseguran que el derrumbe de la especulación al interior de los ‘países en desarrollo’ es imparable sin importar qué se haga al respecto más allá de sus fronteras. Por eso, es interesante el abordaje de esta crisis por el nuevo presidente del Banco Central de la India, el cual ha elevado en forma drástica la tasa de interés interna para contener la devaluación de la rupia y ha indexado los créditos-deudas -esto para contener la salida de capitales. Es por este camino que rumbea también el kirchnerismo, en especial si se confirma el establecimiento de un nuevo índice de precios que sirva, precisamente, al <strong>ajuste por inflación</strong>. Podría ser, no hace falta decirlo, <strong>la ‘salida’ de los Massa-Lavagna-Nielsen</strong> en el marco de una devaluación del peso.</p>
<p>Todo esto ocurre cuando disminuyen la producción y la demanda de China y se desarrolla -especialmente en ese país- una crisis bancaria formidable. Aunque China es acreedora internacional por un monto bruto de cinco billones de dólares, frente a un pasivo bruto de tres billones (Valor Económico, 4/6), tiene un elevado déficit de inversiones, debido a la diferencia de rendimientos de uno y otro: mientras las inversiones extranjeras en China obtienen rendimientos del 22 al 33% anual, el de las inversiones chinas afuera “es casi nulo”.</p>
<p><strong>La salida de la crisis con métodos especulativos ha desatado una crisis de alcance mayor a la que estalló en 2007/8</strong>; el mercado financiero internacional (incluidos sus mercados domésticos) ocupa el lugar que hace seis años ocupó la crisis hipotecaria y la de los bancos vinculados a ella. El ‘pestañeo’ de la Reserva Federal es la manifestación política del nuevo derrumbe que se encuentra en desarrollo.</p>
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